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28/11/08

Laberints, de Ramon Espelt

(…) con lo cual la maraña de tubos alcanzó un grado de tupidez tan grande que a primera vista aquello se asemejaba a un lío. «No, amigos míos. No un lío, sino todo un laberinto. El laberinto es la razón que se ríe de sí misma y desarrolla las posibilidades de oscuridad que su naturaleza le permite. A primera vista, claro. Si ustedes lo observan bien, mi Laberinto de Tubos no abandona en un solo momento de su trayecto el principio matemático. Quiere decir que el genio no está al alcance de todas las conciencias.»
G. Torrente Ballester, La saga/fuga de J.B.


Lewis Carroll Maze

Ramon Espelt consigue en Laberints explorar el inagotable mundo de los laberintos, casi insinuado, compuesto de lugares y textos, de imágenes y films” (traduzco). El libro de Espelt es una invitación a explorar el laberinto como símbolo universal y como influencia en todos los ámbitos de la cultura.
Es inevitable la mención a Borges como impulsor del laberinto como referencia posmoderna desde La biblioteca de Babel, tema que recorre toda su obra:

¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad también está ordenada. Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas —traduzco a leyes inhumanas— que no acabamos nunca de percibir. Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.
Jorge Luis Borges: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; El jardín de senderos que se bifurcan (1941).



Espelt se introduce en el laberinto de las influencias del laberinto en nuestra cultura. Nos incita a seguir el rastro, a introducirnos, siguiendo el hilo que tiende su texto, las migas de pan de sus referencias, a que recordemos y descubramos esos jardines de senderos que se bifurcan en cuyo centro nos aguarda el brutal Minotauro.




De momento sigo explorando las sugerencias de Espelt dejando que el laberinto se multiplique en los espejos. Hay muchas referencias desconocidas, pero algunas son compartidas por el autor del libro y El lamento como este Homenaje a Resnais de Cortázar.


...Marienbad y Rayuela, The Shining y la Alice de Carroll, Borges y Fritz Lang, Calvino y Welles...


Entre las muchas e interesantes referencias sólo eché en falta una de La torre de los siete jorobados, de Emilio Carrere y Jesús de Aragón. Y no por la descripción de un laberinto que incluye (una torre en la novela y una torre que se hunde en las profundidades de la tierra en la película) sino porque la novela de Carrere-Aragón es en sí un laberinto.
Tampoco se menciona el laberinto de tubos de La saga/fuga de J.B., pero no es de extrañar. Sería imposible compilar todas las referencias al laberinto que albergan las obras literarias y cinematográficas.

Es una lectura recomendable y amena, aunque de momento sólo se puede encontrar en catalán. Agradezco desde aquí al amigo que tan generosamente me “recomendó” la obra de Espelt.
Ese mismo amigo me proporcionó un regalo inesperado. Una visión de una obra fundamental de nuestro tiempo como un laberinto en forma de árbol cuyas ramas se pierden en la incompletitud. La discreción me impide hablar más.

Así que finalmente volví a Bolaño y a la deconstrucción del laberinto. Londres como laberinto es una imagen recurrente, cierto. Pero en esta historia hay que adivinar quién es el Minotauro:

Y el taxista, un paquistaní, durante los primeros minutos los observó por el espejo retrovisor, en silencio, como si no diera crédito a sus oídos, y luego dijo algo en su lengua y el taxi pasó por Harmsworth Park y el Imperial War Museum, por Brook Street y luego por Austral y luego por Geraldine, dando la vuelta al parque, una maniobra a todas luces innecesaria.
Y cuando Norton le dijo que se había perdido y le indicó qué calles debía tomar para enderezar el rumbo el taxista permaneció, otra vez, en silencio, sin más murmullos en su lengua incomprensible, para luego reconocer que, en efecto, el laberinto que era Londres había conseguido desorientarlo.
Algo que llevó a Espinoza a decir que el taxista, sin proponérselo, coño, claro, había citado a Borges, que una vez comparó Londres con un laberinto. A lo que Norton replicó que mucho antes que Borges Dickens y Stevenson se habían referido a Londres utilizando ese tropo. Cosa que, por lo visto, el taxista no estaba dispuesto a tolerar, pues acto seguido dijo que él, un paquistaní, podía no conocer a ese mentado Borges, y que también podía no haber leído nunca a esos mentados señores Dickens y Stevenson, y que incluso tal vez aún no conocía lo suficientemente bien Londres y sus calles y que por esa razón la había comparado con un laberinto, pero que, por contra, sabía muy bien lo que era la decencia y la dignidad y que, por lo que había escuchado, la mujer aquí presente, es decir Norton, carecía de decencia y de dignidad, y que en su país eso tenía un nombre, el mismo que se le daba en Londres, qué casualidad, y que ese nombre era el de puta, aunque también era lícito utilizar el nombre de perra o zorra o cerda, y que los señores aquí presentes, señores que no eran ingleses a juzgar por su acento, también tenían un nombre en su país y ese nombre era el de chulos o macarras o macrós o cafiches.
Discurso que, dicho sea sin exagerar, pilló por sorpresa a los archimboldianos, los cuales tardaron en reaccionar, digamos que los improperios del taxista fueron soltados en Geraldine Street y que ellos pudieron articular palabra en Saint George’s Road. Y las palabras que pudieron articular fueron: detenga de inmediato el taxi que nos bajamos. O bien: detenga su asqueroso vehículo que nosotros preferimos apearnos. Cosa que el paquistaní hizo sin demora, accionando, al tiempo que aparcaba, el taxímetro, y anunciando a sus clientes lo que éstos le adeudaban. Acto consumado o última escena o último saludo que Norton y Pelletier, tal vez aún paralizados por la injuriosa sorpresa, no consideraron anormal, pero que rebalsó, y con creces, el vaso de la paciencia de Espinoza, el cual, al tiempo que bajaba, abrió la puerta delantera del taxi y extrajo violentamente de éste a su conductor, quien no esperaba una reacción así de un caballero tan bien vestido. Menos aún esperaba la lluvia de patadas ibéricas que empezó a caerle encima, patadas que primero sólo le daba Espinoza, pero que luego, tras cansarse éste, le propinó Pelletier, pese a los gritos de Norton que intentaba disuadirlos, las palabras de Norton que decía que con violencia no se arreglaba nada, que, por el contrario, este paquistaní después de la paliza iba a odiar aún más a los ingleses, algo que por lo visto traía sin cuidado a Pelletier, que no era inglés, menos aún a Espinoza, los cuales, sin embargo, al tiempo que pateaban el cuerpo del paquistaní, lo insultaban en inglés, sin importarles en lo más mínimo que el asiático estuviera caído, hecho un ovillo en el suelo, patada va y patada viene, métete el islam por el culo, allí es donde debe estar, esta patada es por Salman Rushdie (un autor que ambos, por otra parte, consideraban más bien malo, pero cuya mención les pareció pertinente), esta patada es de parte de las feministas de París (parad de una puta vez, les gritaba Norton), esta patada es de parte de las feministas de Nueva York (lo vais a matar, les gritaba Norton), esta patada es de parte del fantasma de Valerie Solanas, hijo de mala madre, y así, hasta dejarlo inconsciente y sangrando por todos los orificios de la cabeza, menos por los ojos.
Cuando cesaron de patearlo permanecieron unos segundos sumidos en la quietud más extraña de sus vidas. Era como si, por fin, hubieran hecho el ménage à trois con el que tanto habían fantaseado.
Roberto Bolaño, 2666.

23/7/08

Películas de Bolaño (III)

2666, La parte de Fate

Al despertar creyó que había soñado con una película que había visto no hacía mucho. Pero todo era distinto. Los personajes eran negros, así que la película del sueño era como un negativo de la película real. Y también ocurrían cosas distintas. El argumento era el mismo, las anécdotas, pero el desarrollo era diferente o en algún momento daba un giro inesperado y se convertía en algo totalmente distinto. Lo más terrible de todo, sin embargo, es que él, mientras soñaba, sabía que no necesariamente tenía que ser así, percibía la similitud con la película, creía comprender que ambas partían de los mismos postulados, y que si la película que había visto era la película real, la otra, la soñada, podía ser un comentario razonado, una crítica razonada y no necesariamente una pesadilla. Toda crítica, al cabo, se convierte en una pesadilla, pensó mientras se lavaba la cara en la casa donde ya no estaba el cadáver de su madre.
(...)
Decidió entrar aunque la película, tal como le anunció la taquillera, ya hacía rato que había empezado.
Permaneció sentado en la butaca durante una sola escena.
Un tipo blanco era detenido por tres policías negros. Los policías no lo llevan a una comisaría sino a un aeródromo. Allí el tipo detenido ve al jefe de los policías, que también es negro. El tipo es bastante listo y no tarda en comprender que son agentes de la DEA. Con sobrentendidos y silencios elocuentes, llegan a una especie de trato. Mientras hablan, el tipo se asoma a una ventana. Ve la pista de aterrizaje y una avioneta Cesna que carretea hacia un lado de la pista. De la avioneta sacan un cargamento de cocaína. El que abre las cajas y extrae los ladrillos es negro. Junto a él hay otro negro que va tirando la droga en el interior de un barril con fuego, como los que usan los sin casa para calentarse durante las noches de invierno. Pero estos policías negros no son mendigos sino agentes de la DEA, bien vestidos, funcionarios del gobierno. El tipo deja de mirar por la ventana y le hace notar al jefe que todos sus hombres son negros.
Están más motivados, dice el jefe. Y después dice: ahora puedes largarte. Cuando el tipo se va el jefe sonríe pero la sonrisa no tarda en convertirse en una mueca. En ese momento Fate se levantó y se dirigió a los lavabos, en donde vomitó lo que quedaba de cordero en su estómago. Después salió a la calle y volvió a casa de su madre.
(...)
La verdad es que sólo hay una estrella y esa estrella no es ninguna apariencia ni es una metáfora ni surge de ningún sueño o pesadilla. La tenemos ahí afuera. Es el sol. Ésa es, para nuestra desgracia, la única estrella. Cuando yo era joven vi una película de ciencia ficción. Una nave pierde el rumbo y se aproxima al sol. Los astronautas empiezan a sentir dolores de cabeza, eso lo primero. Después todos sudan copiosamente y se sacan sus trajes espaciales y aun así no pueden dejar de sudar como locos y de deshidratarse. La gravedad del sol los atrae implacablemente.
El sol empieza a derretir el revestimiento de la nave. El espectador no puede evitar sentir, sentado en su butaca, un calor insufrible. Ya no recuerdo el final. Creo que se salvan en el último minuto y corrigen el rumbo de la nave, otra vez con destino a la Tierra, y atrás queda el sol, enorme, una estrella enloquecida en la inmensidad del espacio.

12/7/08

Películas de Bolaño



Aquella noche, mientras Liz Norton dormía, Pelletier recordó una tarde ya lejana en la que Espinoza y él vieron una película de terror en una habitación de un hotel alemán.
La película era japonesa y en una de las primeras escenas aparecían dos adolescentes. Una de ellas contaba una historia.
La historia trataba de un niño que estaba pasando sus vacaciones en Kobe y que quería salir a la calle a jugar con sus amigos, justo a la hora en que daban por la tele su programa favorito.
Así que el niño ponía una cinta de vídeo y lo dejaba listo para grabar el programa y luego salía a la calle. El problema entonces consistía en que el niño era de Tokio y en Tokio su programa se emitía en el canal 34, mientras que en Kobe el canal 34 estaba vacío, es decir era un canal en donde no se veía nada, sólo niebla televisiva.
Y cuando el niño, al volver de la calle, se sentaba delante del televisor y ponía el vídeo, en vez de su programa favorito veía a una mujer con la cara blanca que le decía que iba a morir.
Y nada más.
Y entonces llamaban por teléfono y el niño contestaba y oía la voz de la misma mujer que le preguntaba si acaso creía que aquello era una broma. Una semana después encontraban el cuerpo del niño en el jardín, muerto.
Y todo esto se lo contaba la primera adolescente a la segunda adolescente y a cada palabra que pronunciaba parecía morirse de la risa. La segunda adolescente estaba notablemente asustada.
Pero la primera adolescente, la que contaba la historia, daba la impresión de que de un momento a otro iba a empezar a revolcarse en el suelo de risa.
Y entonces, recordaba Pelletier, Espinoza dijo que la primera adolescente era una psicópata de pacotilla y que la segunda adolescente era una gilipollas, y que aquella película hubiera podido ser buena si la segunda adolescente, en vez de hacer pucheritos y morritos y poner cara de angustia vital, le hubiera dicho a la primera que se callase. Y no de una forma suave y educada, sino más bien del tipo: «Cállate, hija de puta, ¿de qué te ríes?, ¿te pone caliente contar la historia de un niño muerto?, ¿te estás corriendo al contar la historia de un niño muerto, mamona de vergas imaginarias»?

2666, La parte de los críticos

22/6/08

El Pla B (Barcelona, 25 de juny, a les 20.00)

Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.

Roberto Bolaño


Dia 25 de juny, a les 20.00 h.
bar Horiginal, c/Ferlandina, 29

El Pla B, un plan que es de todos y de ninguno y que es, ante todo, un homenaje a Roberto Bolaño y también a quienes han sentido la pulsión irrefrenable de la escritura y la lectura, se ejecutará este próximo miércoles 25 en Barcelona.

Podéis leer en La segona perifèria el orden del día de un acto que estará lleno de rabia y de violencia y de excelente literatura.

Después, al amparo de la oscuridad ocurrirá lo inevitable, que "La literatura se instala en el terreno de la colisión y el desastre"

3/6/08

Amberes, de Roberto Bolaño

Dice Bolaño: Escribí este libro para mí mismo, y ni de eso estoy muy seguro.

Amberes es el guión de una película rodada en blanco y negro en muy baja definición y después trasladada a una cinta de celuloide deteriorada. La banda sonora es el viento agitando las hojas (o las ratas agitando las hojas) y gemidos y crujidos y el sonido de las pisadas de los camareros avanzando por la arena.

Dice Bolaño: Escribí este libro para los fantasmas, que son los únicos que tienen tiempo porque están fuera del tiempo.

Leí Amberes retorcido en el sillón, con el dolor martilleando mi cabeza, en un estado febril que es, por otra parte, cómo hay que leer Amberes. Como si formase parte de una pesadilla. Amberes es la enfermedad de la literatura, es lo hermético como un pecio amenazante (en la arena, una filmación granulosa, una presencia invisible y ominosa), es el límite de lo inteligible y es la narración ininteligible.

Dice Bolaño: El desprecio que sentía por la así llamada literatura oficial era enorme, aunque sólo un poco más grande que el que sentía por la literatura marginal. Pero creía en la literatura: es decir no creía ni en el arribismo ni en el oportunismo ni en los murmullos cortesanos. Sí en los gestos inútiles, sí en el destino. Aún no tenía hijos. Aún leía más poesía que prosa.

Amberes supone la creación literaria completamente libre. Solipsista, de acuerdo, pero sin acarrear el lastre de las convenciones. Solus ipsus: no hay editor posible, no hay lector… no, no hay lector, es impensable el lector. Sólo escribir y escribir y escribir… como una enfermedad.

Dice Bolaño: Mi enfermedad, entonces, era el orgullo, la rabia y la violencia. Estas cosas (rabia, violencia) agotan y yo me pasaba los días inútilmente cansado.

Amberes no es un juego (y eso es significativo, ¿cuántas veces he dicho que tal o cual obra es “como un juego”? Amberes no) Es prosa rescatada después de veinte años. Es poesía transformada en una narración ininteligible. Es el guión de una película surrealista en la que los sueños aparecen como amenazas y la realidad, como destellos luminosos de otra película. Quizás una de género negro.

Dice Bolaño: Después de la última relectura (ahora mismo)* me doy cuenta de que no sólo el tiempo importa, de que no sólo el tiempo es un motivo de terror. También el placer puede aterrorizar, también el valor puede aterrorizar.
* 2002 (Todos los textos del prólogo de Amberes; Anarquía Total: veintidós años después)

Amberes: Placer y terror. Pesadilla y fiebre. Literatura sin lector. 55 fragmentos temerarios que demuestran que es posible y a la vez que no es posible.

Anarquía Total

24/5/08

Avances

Lo que viene a continuación es una cita. Es genial que reflexionen por tí. La verdad es que pensaba que Bolaño hablaba sobre la inteligibilidad de la literatura... pero la memoria me traicionó proyectando mis ambiciones:

Declaración de principios:

En principio yo no tengo nada contra la claridad y la amenidad. Luego, ya veremos.
(...)
Hay una pregunta retórica que me gustaría que alguien me contestara: ¿Por qué Pérez Reverte o Vázquez Figueroa o cualquier otro autor de éxito, digamos, por ejemplo, Muñoz Molina o ese joven de apellido sonoro De Prada, venden tanto? ¿Sólo porque son amenos y claros? ¿Sólo porque cuentan historias que mantienen al lector en vilo? ¿Nadie responde? ¿Quién es el hombre que se atreve a responder? Que nadie diga nada. Detesto que la gente pierda a sus amigos. Responderé yo. La respuesta es no. No venden sólo por eso. Venden y gozan del favor del público porque sus historias se entienden. Es decir: porque los lectores, que nunca se equivocan, no en cuanto lectores, obviamente, sino en cuanto consumidores, en este caso de libros, entienden perfectamente sus novelas o sus cuentos.

Roberto Bolaño, Los mitos de Chtulhu; El gaucho insufrible.

¿Estamos en el límite? ¿Es la inteligibilidad un requisito indispensable de la literatura? ¿Estamos preparados para descubrir aquellos productos que aprovechan una fachada de "profundidad" y "oscurantismo" para vendernos disfrazado "lo mismo de siempre"? ¿Es la vanguardia un fraude? ¿Existe la vanguardia literaria?

Muy pocos corren a prosternarse, en cambio, ante Tolstoi o Stendhal. Leemos una página de Rojo y Negro y tenemos la curiosa creencia de que cualquiera de nosotros sería capaz de escribir algo parecido; pero tropezamos con una frase como "el tensor G es nulo" y nos ponemos a temblar de pavor y sentimiento de inferioridad.
Aunque parezca increíble, esa actitud se debe a que la matemática es el tipo de conocimiento más sencillo que existe. Precisamente por su simplicidad, las equivocaciones en un razonamiento matemático quedan a la vista: no hay muchos lugares donde ocultarse en un triángulo o en un paraboloide; mientras que en la complejísima realidad de la psicología o de la política es muy arduo distinguir lo verdadero de lo falso, con el resultado de que cualquier tonto se siente en condiciones para escribir una novela, y cualquier audaz puede engañar políticamente a un pueblo. Razones en suma semejantes a las que favorecen los asaltos y crímenes durante la noche.

Ernesto Sábato, Poderío e impotencia de Einstein


Que nadie piense que esto es un ataque personal... al menos no a quienes suelen acercarse por este blog. Esto es una especie de avance de próximos proyectos, unos por confirmar, algunos sorpresa y otros en colaboración con j. (a quien debo el descubrimiento del texto de Sábato) y HermanoCerdo... pero también debo escribir sobre Alice Munro, cuyos textos me han impresionado hasta convertirme en... no sé, ¿devoto,afecto, fanático? qué útiles los diccionarios... sobre Aharon Appelfeld (gracias Roth por descubrírnoslo), sobre... yo que sé... si ni siquiera tengo principios que declarar... la verdad es que no quiero escribir sobre nada y quiero cagarme en todo y escribirlo, quiero escribir un puto relato sobre zombies y desmenuzarlo... quiero escribir algo ininteligible que todos podamos entender y solo se me ocurre una línea en blanco
y un pitido penetrante
una línea blanca sobre un fondo negro
y nada más.

8/10/07

Demostración, por reducción al absurdo, de la existencia de Enrique Vila-Matas (I)

1- Jueves, 4/X/2007

Como se puede comprobar por las crónicas de j. , Absence y Spaulding (entre otros), el día de la inauguración del Festival de Sitges llovió copiosamente. Los zapatos de Spaulding son bastante elocuentes al respecto. La tormenta, acompañada de un fuerte aparato eléctrico colapsó, otra vez más, el servicio de cercanías de Renfe... pero esa es otra historia. Lo que importa es todos sabemos desde H. G. Wells (¿o es desde Steven Spielberg?) que los marcianos desembarcan en la Tierra transportados en los rayos.
Ese mismo día recibo un mensaje de Mateo Monasterio pidiéndome ponerse en contacto con Arturo Belano para pedirle explicaciones sobre el uso de su nombre y apellido en un relato. Mis peores presentimientos se van materializando.

2.-Viernes 5/X/2007

Busco en los textos de Roberto Bolaño alguna referencia al personaje de Mateo Monasterio sin ningún éxito. Por casualidad me reencuentro con un relato que había olvidado de Bolaño que pertenece a Llamadas telefónicas, titulado Enrique Martín y dedicado a Enrique Vila-Matas. Lo leo. En él, Belano narra como en sus primeros años en Barcelona conoció a Enrique Martín y la extraña relación que mantuvieron a lo largo de los años. Extraña porque el personaje de Enrique Martín (y recordemos que es un relato dedicado a Vila-Matas, con quien comparte el personaje nombre) es extraño. Martín es un poeta cuyos versos recuerdan a los de otros poetas y que se ve envuelto en una turbia historia conspiratoria. Lo que ahora interesa es que en algún momento Enrique Martín colabora con una revista que trataba sobre “lo desconocido”:

Se llamaba Preguntas & Respuestas y creo que aún se vende. Pregunté, preguntamos, en qué consistía exactamente lo que ellos hacían. Enrique (su compañera casi no habló durante la última cena) nos lo explicó: iban, los fines de semana, a lugares donde se producían avistamientos (de platillos volantes), entrevistaban a las personas que los habían visto, examinaban la zona, buscaban cuevas (esa noche Enrique afirmó que muchas montañas de Cataluña y del resto de España estaban huecas), pasaban la noche en vela metidos en sacos de dormir y con la cámara fotográfica al lado, a veces iban ellos dos solos, las más iban en grupo, cuatro, seis personas, noches agradables al aire libre, cuando todo concluía preparaban un informe y parte de él (¿a quién le mandaban el informe completo?) lo publicaban, junto con las fotos, en Preguntas & Respuestas.


Intenté relacionar el relato de Bolaño y al personaje de Enrique Martín con el curioso relato incluido en Exploradores del abismo, Amé a Bo, escrito por Vila-Matas, en la que se narra un largo viaje interplanetario y el encuentro con una cultura extraterrestre. Eso sí, a lo Swift.
Por la tarde un compañero de trabajo, X., me muestra una fotografía realizada unas horas antes. Tomada en la carretera entre Vilanova i La Geltrú y Vilafranca del Penedes, a pocos kilómetros de Sitges, X. intentaba capturar la forma de la nube cuando una extraña forma surcó el cielo como una exhalación:



Para ver la fotografía en tamaño grande pulsa aquí

Pienso que debería resolver el mensaje cifrado del relato de Bolaño:

3860 + 429777–469993? + 51179–
588904 + 966 – 39146 + 498207856

3.- Noche del Viernes al Sábado.

Compruebo personalmente en Sitges como los marcianos se encuentran entre nosotros. Algunos parece que todavía no se han acostumbrado a nuestra gravedad y chocan aparatosamente contra las vallas que delimitan la cola de entrada al auditorio.
Vemos Dororo
Le comento a j. los acontecimientos del día: el relato de Bolaño, la dedicatoria a Vila-Matas, Preguntas & Respuestas, la foto del ovni.... Discutimos sobre algunos aspectos curiosos de los relatos de Exploradores del abismo, sobre todo la recurrencia en ellos de los personajes de Maurice Forest-Meyer y Delia Dumarchey. Concluimos que debe haber un plan oculto en ello.
Regreso a casa escudriñando el cielo.
Nada.

(continuará)

9/7/07

Situarse en el mundo; por E. Vila-Matas

Artículo de Vila-Matas aparecido en EL PAÍS (05/07/07):

Convertido en escritor español por arte de birlibirloque o por el arte político de no haber sido demasiado invitado a Frankfurt, quiero tratar ciertas cuestiones relacionadas con el idioma que utilizo, cuestiones que creo que también pueden ser de interés de los que escriben en catalán. Como dije en un reciente boletín del Instituto Cervantes, está claro que la lengua española es la cuarta más hablada del mundo, detrás del chino, el inglés y el hindi, y que eso ha producido una indudable expansión del español. El propio Instituto Cervantes sabe mucho de eso, pues conoce el aumento espectacular del interés por aprender esa lengua, lo que no necesariamente va acompañado de una ampliación del horizonte cultural de los nuevos hispanohablantes, que muchas veces constituyen a lo sumo un contingente de lectores potenciales, susceptible, eso sí, de convertirse en público lector de nuestros libros de ficción.

Por lo general, se aprende español para tener acceso a trabajos remunerados que requieren el conocimiento de esa lengua. Nadie niega que se ven películas de Almodóvar y Amenábar y se tienen ligeras nociones sobre Buñuel, Dalí o Lorca. Pero, por lo demás, son unas minorías muy minoritarias las que conocen algo de la literatura española actual. Hubo una cierta curiosidad por esa literatura en los años ochenta, coincidiendo con la aparición de la llamada nueva narrativa española y la consolidación de la democracia en España. Sin embargo, recuerdo haber participado en esa época, por ejemplo, en la Feria de Frankfurt o en el Salón del Libro de París (dedicados ambos eventos a la nueva y joven literatura española de entonces, savia fresca para la vieja Europa) y haber visto muchos escaparates de librerías decorados con imágenes tópicas de toros y flamenco. Particularmente lamentable, dentro del lanzamiento de nuestra literatura en Frankfurt, fue el pabellón dedicado a la tortilla española, el más visitado, con una afluencia de público (se invitaba a tortilla de cebolla a quien quisiera) muy superior a la de los stands de libros. Eran entonces la gran mayoría de escritores españoles muy jóvenes y activos y nadie intuía que tardarían muy poco en apoltronarse y ser engullidos por la repentina necesidad de llevar una vida de correctos hombres de negocios. Hoy en día no queda casi nada de aquella narrativa que pudo impactar en Europa.

El gran problema que tienen los escritores españoles de hoy es su visibilidad internacional. En mi caso particular, creo o imagino que ese problema lo he roto de fuera hacia dentro, trabajando contra el superficial canon nacional que algunos críticos crearon en los años ochenta. En vista de que no encajaba en esa narrativa nueva española (donde se jaleaba el casticismo y el rechazo de todo experimentalismo), opté por escribir una literatura no nacional española. Y así Portugal, Francia, México o Argentina se acercaron a mi obra mucho antes de que ésta fuera mínimamente aceptada por mis conciudadanos. Me inscribí en una tradición literaria híbrida en la que cabían el italo-germánico Claudio Magris y el anglo-alemán W. G. Sebald, franceses excéntricos como Perec y Roussel, mexicanos como Sergio Pitol, argentinos como Ricardo Piglia, César Aira o el inefable Borges, españoles como Juan Benet y Javier Marías.

Lo hablaba, el otro día, con José María Pozuelo Yvancos. El gran reto, hoy, de la literatura española (que es también, por supuesto, el de la catalana, precisamente en puertas de Frankfurt) consiste en situarse en el mundo. ¿Por qué no tenemos visibilidad internacional? La respuesta nos lleva a un elemento contradictorio: los hispanoamericanos más visibles son los que publican en editoriales españolas. En Estados Unidos entra con más fuerza un autor, por ejemplo, mexicano que un español (y si entra alguien español no es lo mejor de cada casa, sino un narrador de historias bañadas en kétchup, no aptas para lectores literarios europeos).

Hace tiempo que el celebérrimo boom dejó de tener la potencia de antaño, salvo en sus impresentables epígonos. Y sin embargo, a veces uno diría que nadie parece haberse dado cuenta de eso. Tenemos así el caso del chileno mexicano-catalán Roberto Bolaño, que dio, en la noble vertiente de Rayuela, un giro generacional a la herencia de García Márquez y sus novelas adláteres, pero no son tantos los que, a estas alturas del partido, parecen haberse dado cuenta en España de ese giro. Tal vez es significativo que, como todo parece indicar, Vargas Llosa, bastión clave del boom y modelo de solvente intelectual en activo, no haya dado señal alguna de haber registrado la evidente y fuerte irrupción (véase lo que está sucediendo en Estados Unidos) de Bolaño en el panorama de las letras mundiales.

Hay que romper esa invisibilidad. Mi experiencia personal me indica que he tenido que viajar a muy diversos países y padecer de cerca el desconocimiento de la literatura española en casi todas partes. Sólo cinco o seis nombres de escritores en lengua española -best sellers casuales aparte- son realmente conocidos por el público literario europeo. El referéndum más cruel lo pasan los escritores españoles en Hispanoamérica, donde, a diferencia de Europa, sólo dos o tres escritores -más bien los más alejados del tradicional realismo hispánico y de la prosa barroca que huele a tortilla de cebolla pasada por Frankfurt- interesan. Si comienzan por no interesar en Hispanoamérica, ¿cómo van a interesar al mundo? Los 101 escritores catalanes que acuden a Frankfurt podrían comenzar a tomar nota de esto, pues quizás les convenga no caer en el mismo pozo en el que han caído numerosos escritores españoles.

Gracias a
Subal y a Bitácora Almendrón

(Lo mejor, como siempre, en los comentarios)

5/6/07

Zuckerman y Lima en Israel

En diciembre de 1978 Alain Lebert, en el bar Chez Raoul, de Port Vendres, Francia declara que a finales de septiembre y principios de octubre, estuvo faenando en el golfo de los Leones junto a Ulises Lima. Después de una pesca exitosa, Lima reunió suficiente dinero para viajar a Israel como tenía planeado desde hacía tiempo

"A las doce Lima iba a coger el tren de París y en París cogería el primer avión rumbo a Tel-Aviv. En la estación, lo juro, no había ni un alma. Nos sentamos en una banca, afuera, y poco después el Pirata se quedó dormido. Bueno, dijo Belano, se me hace que ésta es la última vez que nos vemos. Llevábamos mucho rato callados y su voz me sobresaltó. Pensé que se dirigía a mí, pero cuando Lima le contestó en español supe que no hablaba conmigo. Ellos siguieron con su cháchara durante un rato. Luego llegó el tren, el tren que venía de Cerbére, y Lima se levantó y me dijo adiós. Gracias por enseñarme a ir en un barco, Lebert, eso fue lo que me dijo".

La siguiente noticia que tenemos del poeta mexicano nos llega desde Israel. Norman Bolzman, sentado en un banco del parque Edith Wolfson, Tel-Aviv, octubre de 1979, cuenta:

"Todo comenzó en febrero pasado, una tarde gris, delgada como un sudario, que a veces suelen estremecer el cielo de Tel-Aviv. Alguien tocó el timbre de nuestro departamento de la calle Hashomer. Cuando abrí apareció ante mí el poeta Ulises Lima, el jefe del grupo autodenominado real visceralista. No puedo decir que lo conociera, en realidad sólo lo había visto una vez, pero Claudia solía contar historias de él y Daniel alguna vez me leyó alguno de sus poemas. La literatura, sin embargo, no es mi fuerte y posiblemente nunca supe apreciar el valor de sus versos. En cualquier caso, el hombre que tenía ante mí no parecía un poeta sino más bien un mendigo".

(Los fragmentos anteriores corresponden a Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño)

En diciembre de 1978 se promulga la Constitución española, muere Golda Meier, Anwar el-Sadat y Menahem Begin reciben el premio Nobel de la Paz y Andrei Romanovich Chikatilo, “el carnicero de Rostov”, inicia una cruenta carrera criminal asesinando a una niña de nueve años.

En diciembre de 1978 Nathan Zuckerman llega Israel buscando a su hermano.
Ya hablaremos más adelante sobre cómo Henry Zuckerman muere en la primera parte de La Contravida y en la segunda se instala en un asentamiento en Agor, cerca de Hebrón.

Nathan Zuckerman, personaje literario y alter-ego de Philip Roth comparte espacio y tiempo con Ulises Lima, personaje de Bolaño inspirado en su amigo, el poeta Mario Santiago Papasquiaro.

Hay tiempos muertos: La llegada al aeropuerto de Tel-Aviv, uno desde Londres, el otro desde Paris, la desaparición de Lima (“Una semana más tarde nos llegó una postal desde Hebrón”) y su permanencia en la cárcel de Beersheba, la detención de Zuckerman tras su aparente intento de secuestro de un avión...

Dos personajes literarios que se encuentran en la calle saben reconocerse.
Dos personajes literarios que se reconocen interactúan.
Los resultados pueden ser catastróficos.


Hay una curiosa reflexión de Zuckerman en La Contravida que confirma nuestras sospechas:

"Pero eso era como esperar que la vecina de al lado, de quien sospechas que está engañando a su marido, te confiese de pronto que es Emma Bovary y, además, que lo haga en el francés de Flaubert. Los demás, en general, no suelen presentársenos a los escritores como personajes literarios de cuerpo entero..."
(Traducción de Ramón Buenaventura)

Hay una fisura en la ...

20/4/07

Bolaño póstumo (II)

Escribía hace tiempo en torno a Bolaño:

La obra de Bolaño (...) es un juego consentido y alentado por el autor quien, como director del juego, demuestra ser finalmente más listo que todos sus lectores.
La única respuesta posible ante la magnitud de este juego es practicarlo en solitario.
Convertirse en lectores onanistas de Bolaño. Lo primero que dije fue que no se podía hablar de 2666. No se puede hablar de Bolaño.

A vueltas con Bolaño

Después rompimos esa premisa y nos lanzamos a hablar con entusiasmo de Bolaño y su obra, de sus narradores y de las trampas metaliterarias a las que nos conducía y en las que caíamos como ingenuos lectores.
Entre esas trampas se podía incluir el carácter minimalista de algunos de sus relatos, que mostraban fragmentos inconclusos de “realidad” (o eso podíamos llegar a pensar) ...más o menos lo mismo que hemos visto en Salinger a través del Proyecto Nueve Cuentos... más o menos lo mismo que gran parte de la narrativa estadounidense de mediados del siglo XX: Carver, Cheever... pero Bolaño mejor ( o al menos eso creo)
Comentaba Settembrini en torno a la “poética de la inconclusión” con la que algunos han tratado de definir la narrativa corta de Bolaño que “a la fuerza ahorcan”
¿Hablaríamos de inconclusión, de “poética de la inconclusión”, si Bolaño no hubiese fallecido dejando inacabada 2666 y el puñado de relatos, de esbozos en muchos casos, de primeros apuntes que constituye ahora la recopilación de textos titulada El secreto del mal?
Coincido con Sett, “poética de la inconclusión” es una definición un tanto pedestre para referirse a la extensa e intensa obra de Bolaño.
Fuca dice que pensaba en mí leyendo “El hijo del coronel” porque sabe lo que me gusta el cine de terror. Pero no sólo por el género que trata se convierte en mi cuento favorito (de momento) de El secreto del mal. Además, como apunta j. en La balada del elefante azul : “Y la clave del cuento, lo que lo dota de un doble sentido jugoso y misterioso, es la afirmación de que esta película constituye, para el narrador, «mi biografía o mi autobiografía o un resumen de mis días en el puto planeta Tierra.» Esta declaración, expresada en el primer párrafo del relato, nos obliga a una lectura paralela no explícita sobre la historia a escuchar, redefine de inmediato la experiencia de la película, nos fuerza a preguntarnos reiterativamente a qué se refiere, cuál es la verdadera historia”
No es la primera vez que Bolaño (perdón, los narradores de Bolaño) nos cuenta películas, algunas reales (Andrei Rublev, por ejemplo) y otras, como El hijo del coronel, imaginarias. Lo que se hace difícil entender en la declaración inicial del narrador en el cuento es como la delirante película que nos cuenta puede ser “un resumen de mis días en el puto planeta Tierra”. No hace falta explorar mucho en el relato para darse cuenta que todo es excepcional en la película que nos cuenta, que nada obedece a los normas del género fantástico, que lo que se nos está contando es otra cosa revestida de película de zombies.
Lo curioso es que parece que en la película los muertos quieren descansar.
Y el protagonista quiere revivir aquello que está muerto.
¿Alegórico? ¿Premonitorio?



En fin, preguntaba nuestro compañero Llibreter si el interrogante del diagrama de Bolaño estaba por fin resuelto y la incógnita era La Universidad desconocida.
Debo confesar mi incapacidad para responder esa pregunta.
En primer lugar por mi ineptitud para apreciar la poética que me impediría reconocer si La universidad desconocida debe reemplazar al interrogante.
En segundo lugar El diagrama de Bolaño es una representación artística de las relaciones que se establecen entre las obras del autor chileno. En algún sitio ya recalqué que tiene algún que otro error. Por ejemplo Una novelita lumpen debería estar íntimamente relacionada con Los detectives salvajes, aunque después de leer en El secreto del mal el esbozo primerizo del texto no lo tengo tan claro. Pero esa característica de la narrativa de Bolaño de encajar en distintos contextos, el carácter de constante reescritura o reelaboración de sus textos puede sugerirnos que textos ocuparían el interrogante: Todos. Es posible que en ese sentido sí, La Universidad desconocida sea la solución.
Pero como en el fondo todo es un juego al que jugamos los lectores, las flechas apuntan a nuestras cabezas.

El diagrama de Bolaño
Una novelita lumpen


AMANECER
Créeme, estoy en el centro de mi habitación
esperando que llueva. Estoy solo. No me importa
terminar o no mi poema. Espero la lluvia,
tomando café y mirando por la ventana un bello paisaje
de patios interiores, con ropas colgadas y quietas,
silenciosas ropas de mármol en la ciudad, donde no existe
el viento y a lo lejos sólo se escucha el zumbido
de una televisión en colores, observada por una familia
que también, a esta hora, toma café reunida alrededor
de una mesa: créeme: las mesas de plástico amarillo
se desdoblan hasta la línea del horizonte y más allá:
hacia los suburbios donde construyen edificios
de departamentos, y un muchacho de 16 sentado sobre
ladrillos rojos contempla el movimiento de las máquinas.
El cielo en la hora del muchacho es un enorme
tornillo hueco con el que la brisa juega. Y el muchacho
juega con ideas. Con ideas y con escenas detenidas.
La inmovilidad es una neblina transparente y dura
que sale de sus ojos.
Créeme: no es el amor el que va a venir,
sino la belleza con su estola de albas muertas.

Roberto Bolaño, La Universidad desconocida.

Estoy solo. No me importa terminar o no mi poema.

15/4/07

Bolaño póstumo

El sábado apareció en Babelia un especial sobre Bolaño a propósito de la aparición de dos recopilaciones póstumas de su obra inédita, tanto poética, La universidad desconocida, como narrativa, El secreto del mal

Javier Cercas, Nora Catelli, Mario Bellatín, Guillermo Fadanelli, Darío Jaramillo, Edmundo Paz y Rafael Gumucio se encargan de glosar, o no, la figura del escritor chileno

Se complementa con el especial aparecido en Radar Libros, del diario Página/12 y que queda recogido en El ojo fisgón : Nadie es profeta en su tierra


Por su parte, Subal ha hablado esta semana largo y tendido sobre Bolaño en L2P:
El secreto del mal, La universidad desconocida y sobre los especiales ya mencionados.

Estoy leyendo El secreto del mal y es cierto: Hay un relato de zombies y me ha gustado mucho.

P.S.:
Como se puede ver en los comentarios, Vernon quiso dejar su granito de arena en la controversia. Parece que ahora se ha levantado la veda y es "temporada de Bolaño", para lo bueno y para lo malo.
Vernon pone las cosas en su sitio desde su "perspectiva chilena":

Me han dejado conmocionada algunos comentarios de los enlaces. Para Mauro Libertella, por ejemplo, Neruda es “el tío bueno, con el que todos se hubieran tomado una copa”, “Y entonces llegó el alter ego de Bolaño, Arturo Belano, y habló de Enrique Lihn como un poeta mayor, y habló sin perder el aliento de la inteligencia desnuda de Nicanor Parra”. Vale, llevo muchos años en España, pero hasta donde recuerdo estudié “allá” y Lihn “era una vaca sagrada” hace ya tiempo (con justa razón), lo mismo que Parra; luego me pregunto, ¿en Chile alguien no sabe quién es Nicanor Parra? y Neruda ¿es apenas el tío bueno...? Libertella será siempre Libertella, lo que no es precisamente un elogio.
Para Alejandro Zambra, en cambio, Bolaño irrumpió en la escena nacional cuando los profesores, sus profesores, enseñaban a Tolkien, Paulo Coelho, etcétera. Estoooo, bueno, me lo podría creer si no fuera por el pequeño detalle de que Alejandro y yo fuimos compañeros y por tanto compartimos profesores durante años. En fin, es raro que a mí me hayan enseñado “cosas” tan distintas.
Para Matías Rivas “la velocidad deslumbrante de su escritura liberó definitivamente a la narrativa chilena de sus ínfulas decimonónicas”. Me ha dejado perpleja porque, por un lado, ¿decimonónica?: jodo, desaparecieron de un plumazo Donoso , Wacquez, Contreras, Collyer, et al. Por otro lado, ¿“liberó definitivamente a la narrativa chilena”?, es decir, ¿ya hizo escuela y transformó la narrativa chilena?, qué rapidez. Estoy ansiosa por leer esa nueva narrativa chilena definitivamente liberada... ¿autores?
Me parece una seguidilla de, con todos mis respetos, comentarios bastante histéricos. “A ver si la fama de Bolaño nos da cinco minutos de gloria”. Qué negociado, qué cantidad de boludeces se están escribiendo, cuando lo que se necesita saber está en los propios textos de Bolaño: una relación de amor-odio magnífica con Chile (como propone de alguna manera Rivas). En fin, los complejos, la biografía del otro que, casi siempre es falsa (prefiero la ficción de los escritores). Y, por último, ¿a quién le importa la relación de Bolaño con Chile? En vez de escribir boludeces narcisistas del tipo “yo sí ¿eh?, yo sí puedo ver claramente la mediocridad de los otros, yo caché al tiro a Bolaño”, deberían estar leyendo la obra de Bolaño.
Me gusta mucho más el texto de Gumucio. Rafael siempre ha sido lúcido, y sabe cuándo evitar las autorreferencias que no aportan nada.
En fin, cuántos lugares comunes, cuántos complejos, cuánto lucimiento, cuánta basura tendremos que seguir leyendo hasta que pase el boom.
Vértigo.
Vernon.

29/1/07

Putas asesinas: Los narradores de Bolaño

A modo de resumen:

EL OJO SILVA: Narrador en primera persona que actúa en dos niveles: Plasmando su relación personal con el objeto del relato, Silva, y testigo de las confidencias de éste. El narrador es elemento interpuesto.

GÓMEZ PALACIO: Narrador en primera persona. Se juega con la confusión entre autor y narrador a pesar de que el narrador no tiene nombre.

ÚLTIMOS ATARDECERES EN LA TIERRA: Narrador en tercera persona, el protagonista responde al nombre de B., lo que induce a creer que autor y objeto de la narración se identifican (es una presunción injustificada que Bolaño alimenta con incursiones del narrador)

DÍAS DE 1978: Narración en tercera persona cuyo objeto se llama de nuevo B. Las circunstancias de B. coinciden con algunos aspectos de la biografía de Bolaño. Otra vez la confusión alentada por el autor. Pero el objeto de la narración puede no ser estrictamente B., comparte protagonismo con U.

VAGABUNDO EN FRANCIA Y BÉLGICA: Narración en tercera persona de nuevo protagonizada por B. Aquí se abre una nueva disyuntiva a tener en cuenta en los relatos en los que aparece B., debido a la mención de L., lo cual parece apuntar a Belano Y Lima, protagonistas de Los detectives salvajes y trasuntos de Bolaño y Santiago. El objeto del relato son historias a propósito de literatos, como ocurrirá también en Fotos.

PREFIGURACIÓN DE LALO CURA: Narrado en primera persona por Lalo Cura.

PUTAS ASESINAS: Relato dialogado, aunque podría confundirse con un monólogo. En las imposibles respuestas del “tipo” amordazado, el narrador se deja ver, por lo que no se puede decir que sea un relato en primera persona.

EL RETORNO: Narrado en primera persona por un fantasma. Innominado.

BUBA: Narrado en primera persona por uno de los actores del relato, aunque no el principal. Nominado: Acevedo. Y la visión de Subal sobre BUBA

DENTISTA: Del narrador en primera persona no conocemos su nombre. Por recurrencia de temas (el D.F., la literatura, etc... ) tendemos a identificarle (injustificadamente) con B. o Belano o Bolaño.

FOTOS: Este podría ser el último capítulo de la segunda parte de Los detectives salvajes, la última instantánea de Arturo Belano. Narrado en tercera persona este relato está emparentado por muchos detalles con Vagabundo en Francia y Bélgica, que también podría formar parte de Los detectives. Ambas historias mezclan la descripción del estado anímico del objeto del relato, B. y Belano con historias desgajadas de la lectura de biografías de poetas franceses (lo cual también ocurría en Últimos atardeceres en la Tierra)

CARNET DE BAILE: Narrador en primera persona innominado. Aunque el nombre de su madre coincide con el de la madre de Bolaño, no podemos asegurar que el texto pertenezca a lo autobiográfico. Estos 69 puntos a partir de los cuales desarrollar un relato mezclan acontecimientos en los que aparecen personas reales sin que, por la intencional ausencia de Bolaño como narrador y objeto de la narración, pueda deducirse que pertenecen a “lo real”... sin embargo mucho de lo relatado pertenece a la realidad biográfica de Bolaño. Crítica social y literaria. Vida.

ENCUENTRO CON ENRIQUE LIHN: Narrado en primera persona por el mismo Bolaño el relato pertenece al campo de lo onírico. Es la única vez en esta recopilación que el autor es explícitamente protagonista de un relato. Es decir, Bolaño como protagonista sólo aparece en el relato de un sueño, lejos de la realidad y de lo autobiográfico... otra paradoja para la reflexión.


23/1/07

Putas asesinas, y XII: Encuentro con Enrique Lihn, de Roberto Bolaño

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real

De “Porque escribí”, de Enrique Lihn

Me declaro incapaz de comentar este texto de Bolaño. Creo, por algún indicio, por alguna intuición sin fundamento que Encuentro con Enrique Lihn sólo puede entenderse plenamente conociendo la obra del poeta y narrador chileno.
Como no puedo demostrarlo ni comprobarlo dejaré este comentario para un futuro lejano, para cuando pueda comprender todas y cada una de las palabras de Bolaño.
Investigando sobre el texto he encontrado importantes razones que me hacen interesarme por Lihn. Pero ya digo, será en otro tiempo, en otro lugar.
Hubiese preferido terminar esta serie de reseñas con Belano sentado en el seco suelo africano mirando fotos de poetas franceses. Terminará con una elegía y un fragmento de un sueño de Lihn... esos sueños donde “los objetos eran más frágiles que las personas”



Unas pocas palabras para Enrique Lihn, por Roberto Bolaño
Las Ultimas Noticias, Lunes 30 de septiembre de 2002



En mi adolescencia era lugar común hablar de Lihn y de Teillier como de dos opciones enfrentadas. Los muchachos sensibles, los que no querían envejecer (o los que querían envejecer de inmediato), preferían a Teillier. Los que estaban dispuestos a discutir la cuestión preferían a Lihn. No era esta la única de sus virtudes. Frecuentar su poesía es enfrentarse con una voz que lo cuestiona todo. Esa voz, sin embargo, no sale del infierno, ni de las profecías milenaristas, ni siquiera de un ego profético, sino que es la voz del ciudadano ilustrado, un ciudadano que espera llegar a la modernidad o que es resignadamente moderno. Un ciudadano que ha aprendido la lección de Parra, su maestro y compañero de travesuras, y que en ocasiones nos ofrece una visión latinoamericana refulgente y original. Todo el fulgor, sin embargo, en Lihn está tamizado por un ejercicio constante de la inteligencia.

¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos.

Esa lucidez, en los años setenta, le costará el estigma y el anatema de la izquierda dogmática y neostalinista que incluso llegará a acusarlo de connivencia con el pinochetismo. Esos mismos que entonces no levantaron la voz para defender a Reinaldo Arenas y que hoy se acomodan como putines* en la nueva situación, intentaron borrarlo del mapa, deslegitimar una voz que por lo demás siempre se consideró a sí misma como voz bastarda, hija del imperioso azar y de la necesidad, que tiene cara de perro.

¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos, aunque sólo sea por las almas puras, por los príncipes idiotas y por los alegres analfabetos que el país produjo con extraña generosidad y que aún hoy, según cuentan los viajeros, sigue produciendo, aunque en cantidades más limitadas. Bajo cierta luz, Lihn también podría ser un príncipe idiota y un alegre analfabeto.

En el ejercicio de la poesía, a la que siempre le fue fiel, sólo hay un poeta en lengua española que se le pueda comparar, Jaime Gil de Biedma, aunque el abanico de registros de Lihn es mucho más amplio. En el ejercicio del ensayo, de la reseña, del manifiesto e incluso del libelo, no hubo en Chile escritor más certero ni más libre. En la narrativa no alcanzó las cotas de Donoso o de Edwards, aunque siempre quedará la sospecha de que en el fondo, como por los demás todos los grandes poetas de ese país, juzgaba el arte de crear ficciones como algo innecesario, algo que no le iba a salvar la vida. Sus cuentos, sin embargo, siguen vivos, como sigue viva “La orquesta de cristal”, libro mítico por inencontrable y al cual no me atrevo a llamar novela, aun pese a saber que si hay que llamarlo de alguna manera es la palabra novela la que más se acerca a ese libro misterioso. De hecho, hay dos prosistas en la generación del cincuenta que están por descubrir: Lihn y Giaconi.

Es extraño pensar en Lihn ahora, en Giaconi, en Parra, en Teillier, en Rodrigo Lira, en Gonzalo Rojas, en poetas como Maquieira y Bertoni, en narradores como Contreras y Collyer, resulta extraño pensar en ellos y en tantos más. Te queda la extraña sensación de que la literatura ha estado a la altura de la realidad. La famosa rea, la rea, la rea, la rea-li-dad.

*Ay, mi hipócrita, no es argot mexicano, es Vladimir Putin.


-El sueño -me dijo un día mi amigo- es nuestro doble: una especie de hermano gemelo al que, de no mediar un acto de voluntad sobrehumana, permaneceremos unidos durante toda nuestra vida. Hasta ahora, nadie, que yo sepa, ha intentado desprenderse de él. La operación es más que peligrosa, y los dolores que sin duda provoca, o son superiores a nuestra capacidad para soportarlos, o las ventajas que aquélla nos ofrece, si es llevada a cabo felizmente, no alcanzan a compensarnos de ellos.
(...)
-Escucha, entonces... -su voz adquiría un tono apremiante, patético-, ¿Sabes tú en qué se diferencia un hombre dormido de otro despierto?
-Tal vez...
-En que el despierto sabe quién es, y el dormido no lo sabe.

Enrique Lihn, El hombre y su sueño (1954)


Entonces, ¿Roberto Bolaño en su sueño no sabía que era narrador y protagonista de su relato?
Lo mejor, como siempre, estará en vuestros comentarios.

18/1/07

Discovering Roberto Bolaño, New York, Mayo de 2006

El artículo al que hacía referencia Lucas en los comentarios se encuentra en el blog de Héctor Feliciano en El Boomeran(g):
Bolaño, siempre

El novelista y ensayista Lopate calificó a Nocturno de obra maestra. Describió a Bolaño como un escritor honrado, consciente de la vanidad. Y añadió que lo impresionó en su escritura lo que llama the rant, que podríamos traducir por una suerte de sermón despotricado y grandilocuente, Se parece a Thomas Bernhard y a Sebald, pero con humor. Yo creía que ese tipo de sermón era sólo depresivo, pero Bolaño le añade humor.

El argentino Fresán, uno de sus amigos más allegados, se refirió a él como un beatnik de corazón, pero un ciberbeatnik. Le gustaba Philip K. Dick y Kerouac. Le gustaba el humor y le gustaba Vonnegut. Existe una alegría en su literatura. Es una literatura flexible.

La escritora mexicana Carmen Boullosa perteneció en los años setenta a los múltiples talleres y grupúsculos de poesía de los que tanto escribe Bolaño en su obra. Leí su primer libro, pues teníamos el mismo editor artesano. Recordó que en aquella época en México los caciques literarios eran Octavio Paz y Efraín Huerta. Bolaño odiaba a Octavio Paz y adoraba a Huerta, el poeta pop de la juventud. No quería hacer parte de "Plural" o de "Vuelta". Odiaba las obsesiones de Paz. Se burlaba de la otredad. Yo estaba aterrorizada por su grupo; eran realmente malos. Bolaño se encontró en medio de aquello porque también era trotskista. Decía cosas horribles sobre mucha gente. Se creó muchos enemigos. Se marginalizó a sí mismo. Lo leo de manera diferente porque compartí su juventud. Reconozco a los personajes cuando leo "Los detectives". Se podría publicar un libro entero sólo con los nombres originales de cada personaje. Es la novela más importante sobre la ciudad de México en los años sesenta y setenta. Bolaño había creado un cosmos. Chile era el infierno, México, el cielo y Blanes, el purgatorio. Pero, en "2666" cambia de nuevo las reglas del juego.

(...)

Entonces llega la anécdota del vino... que no copiaré.

El poeta Wayne Koestenbaum insistió en la voz poética del novelista. Encuentro interesante su vocación poética. Existe una intensidad monológica similar a la de Sebald y Bernhard. Es la peregrinación de un escritor. Es su tono herido. La novela de educación de un escritor. Bolaño narra desde una bruma. Es una figura como Bartleby. Se adentra en el vacío que se encuentra detrás de la literatura. Parecen novelas, pero debajo se encuentra el sentimiento y la emoción.

Su tono es el de Marías, el de Moravia, con cierto desprendimiento y conocimiento del mundo. Lopate concordaba con lo anterior, recalcando en que Koestenbaum y él lo leían de forma similar, por ignorancia y por la novedad que hallaban en él. Me gusta cierto escepticismo que encuentro en su relación con la política, sin ninguna pretensión generacional de superioridad moral.

(...)


Boullosa se escribía casi a diario por correo electrónico con el novelista. Comentó, medio en broma, que está convencida de que Bolaño no ha muerto. Creo que me está engañando y que no ha muerto. Otros amigos que murieron, sé que murieron y veo a gente por la calle que me los recuerda. Pero no es así con Bolaño. Añadió, Creo que pertenece a una tradición. La tradición latinoamericana es muy versátil y cosmopolita. Nosotros sabemos que no somos el centro del mundo. Si hubiera que trazar sus influencias literarias, haría una línea directa de Faulkner a Rulfo y, luego, a Bolaño.

Faulkner, Rulfo, Bolaño.

16/1/07

Putas asesinas XI: Carnet de baile, de Roberto Bolaño

-¿Crees de verdad que la literatura chilena es sólo una literatura imaginaria, como dices en el cuento Carnet de baile?
-Toda literatura nacional, es por naturaleza, una literatura imaginaria, y eso en el mejor de los casos; generalmente suele ser una literatura artificial.
Bolaño tiene fama de decir lo que piensa con la misma soltura con que fuma un cigarro. Sus comentarios han generado más de una polémica y siempre desconcierta por esa mezcla de afirmaciones relativizadas con juicios categóricos. Ahora, está molesto con los escritores que sólo piensan en sí mismos:
"Cada escritor parece obsesionado en autopromocionarse , y la autopromoción o el arribismo, como todo el mundo sabe, no deja tiempo para nada más. Bueno, sí, deja tiempo para ser cobarde".


(De "Dejo que me plagien con total tranquilidad" entrevista por Alvaro Matus)

Está la acepción más común del carnet de baile, el adminículo con el que el relato de Bolaño adopta cierta similitud. Pero hay más:

En el año de 1937, el director francés Julien Duvivier presentó una cinta titulada Carnet de baile (Un carnet de bal), obra que es un relato conmovedor y desencantado, que trata acerca de la juventud perdida y un intento de recuperar el tiempo vía los recuerdos, en ésta se cuenta la historia de una mujer que recientemente ha enviudado y quien al revisar algunos papeles personales encuentra su carnet (o cuadernillo) de baile, documento en el cual están anotados los nombres de los hombres que la pretendieron y que bailaron con ella en su baile de presentación en sociedad (costumbre que se practicó a lo largo del siglo XIX en esas ceremonias sociales en que se convirtieron los grandes bailes de salón), con este pretexto la mujer inicia una búsqueda de sus antiguos pretendientes, encontrando que la mayoría de ellos han muerto o están totalmente dedicados a una rutina absurda, es entonces cuando la mujer adopta al hijo de uno de sus pretendientes, al que más amó según se da cuenta en el transcurso de su búsqueda y, finalmente motivada por este propósito, cuando el joven es mayor de edad lo inicia en su primer baile de sociedad, aconsejándole que "el primer baile es tan importante como el primer cigarrillo; pero ni uno más."

Metamorfosis , por Alejandro Cervantes: La Jornada Michoacán, 28 de febrero de 2005


Para Bolaño los paradigmas literarios están en el borde del desierto: Cesárea Tinajero en Los detectives salvajes, José Ramírez en Dentista simbolizan de alguna manera que la poesía y la narrativa, la literatura en definitiva, puede brotar de cualquiera de nosotros. Tinajero y Ramírez serían maestros literarios absolutos e ignotos (tal vez precisamente por eso lo son) y se oponen a los reales maestros literarios de Bolaño, aquellos autores a los que admira, y también a los que detesta. Autores ideales opuestos a autores reales que mantienen una lucha constante, como Bolaño, para alcanzar la perfección.
Ya dijimos con anterioridad como Bolaño literaturaliza la vida. Muchas de las cuestiones contenidas en Carnet de baile se corresponden con elementos autobiográficos que Bolaño relató en numerosas ocasiones (o eso o la invención de la vida real escrita o narrada en entrevistas, que a los efectos que nos interesan es lo mismo, aunque debemos suponer que lo que Bolaño cuenta en sus entrevistas no debe estar muy alejado de su realidad vivida, pero aceptamos el derecho de todo autor de inventarse a sí mismo) (que seguramente no es el caso) Esos acontecimientos que aparecen de una manera u otra en relatos novelas y entrevistas funcionan a modo de autobiografía:

Los libros de memoria suelen ser grandilocuentes, a veces desde el título mismo; piense, si no, en Confieso que he vivido, un título estúpido donde los haya, pues nadie, ni el torturador más necio, tratará de hacer confesar a alguien que ha vivido. Una respuesta tonta a una pregunta inexistente.

(Diario El Mercurio, Santiago, 18 de abril de 2003)


La autobiografía en Bolaño debe tomar otro aspecto. Aparece diseminada a lo largo de sus textos y sólo por comparación con sus declaraciones sobre sí mismo puede desentrañarse aquellos hechos que pueden ser considerados autobiográficos, pero, paradójicamente, al figurar en textos de ficción no podemos considerarlos plenamente como hechos de la vida del autor.

Así pues, estamos como al principio.

Todo está ya dicho y para Bolaño importa la forma de contarlo... pero también está todo dicho y de mil maneras diferentes, pero a Bolaño le interesa la estructura, pero...


-¿Piensa que escribe bien?
-Si quieres una respuesta sincera, sí, creo que escribo bien. Lo que pasa es que yo trabajo con formas y estructuras y de pronto el texto me puede quedar maravillosamente bien, pero si no se adapta a la estructura previa, empiezo a corregir como un loco.
-¿Es un arquitecto de la escritura?
-No, porque antes de la estructura aparece el argumento, una masa informe donde sólo late la sangre, la experiencia, laten imágenes; es como una pesadilla sincopada. Y la estructura es la manera de que se haga literariamente legible, claro, porque tampoco me interesa contar mis pesadillas.

Diario El Mercurio, Santiago, 28 de febrero de 1998


Tal vez la estructura sea la única forma de tender puentes hacia esa perfección inalcanzable, ese ideal platónico de la obra maestra literaria, y es obligación del autor reconocer que todo es esquema, borrador, esbozo de una Obra Total que el autor sabe no escribirá jamás.
Borges lo sabía. También Bolaño.
Si hemos intentado definir “lo bolañiano” como una sensación de incompletitud, de extrañeza en lo real y desolación anímica injustificada, Carnet de baile introduce una nueva dimensión en el concepto, la forma más descarnada de la literatura. Y el adjetivo no es casual. Carnet de baile es el esqueleto de un relato. Bolaño nos muestra sesenta y nueve puntos por donde un posible relato (llámese Carnet de baile o no) podría transcurrir, un relato en el que de nuevo se literaturaliza la realidad, tanto en los hechos como en las opiniones literarias de su autor.
Podría ser el mismo relato de siempre pero no es así.
Y no lo es porque gracias a su forma Carnet de baile se convierte en un texto remarcable, con en el que podemos visualizar la estructura de los relatos de Bolaño. Tenemos ante nosotros el esqueleto, el armazón que se ramifica en todas direcciones y que,l al mismo tiempo, avanza imperceptiblemente a través de las numerosas digresiones que forman el alma de “lo bolañiano”.
Así podemos comprobar como en sus relatos no hay un tema predominante (lo que me ha llevado a decir que “no se cuenta nada” en referencia a esa falta de hilo argumental principal) En Dentista, por ejemplo, tan significativo es el miedo en los edificios vacíos como la maestría narrativa (que nos es escamoteada) de José Ramírez; en Gómez Palacios tanto el reflejo en un retrovisor como la luz verde; en nuestro caso tanto su detención en Chile en 1973 como sus opiniones sobre Neruda y los poetas chilenos.
Lo bolañiano es un devenir, un transcurrir por las palabras y las frases que se combinan en precisas (y bellas) construcciones narrativas. Lo bolañiano es la búsqueda del placer literario tanto para el autor como para el lector.
El truco, la maestría de Bolaño, queda patente en las ramas de este hermoso árbol sin hojas ni frutos que es Carnet de baile.


(Los fragmentos de entrevistas extraídos de Bolaño por sí mismo, Ed. Universidad Diego Portales, 2006)

9/1/07

Putas asesinas X: Fotos, de Roberto Bolaño

"No era Rimbaud, sólo era un niño indio" (Dentista)
"Para poetas, los de Francia" (Fotos)

Con lo que llevamos andado ya en torno a Bolaño creo que no será demasiado arriesgado decir que sus relatos se pueden dividir en dos clases, los que tienen relación directa con sus novelas y los que no, pero teniendo en cuenta que éstos últimos son a su vez susceptibles de formar parte de alguna de sus novelas ya que una de sus características es la digresión narrativa en forma de relato dentro de otro relato.
Fotos es, sin duda, un fragmento de Los detectives salvajes que, por alguna razón sobre la que no especularemos, no pertenece a la novela. El relato gira en torno a una anécdota mínima: la subjetividad del tiempo.


El tiempo de la lectura de Arturo Belano (1996)
El tiempo de la edición de La poésie contemporaine de langue française depuis 1945 (1973)
El tiempo de cada una de las fotografías de los poetas (suspendidas en un limbo atemporal, depuis 1945, avant 1973)
El tiempo en que Belano leyó a alguno de esos poetas.
El tiempo de la escritura, posterior a 1996
El tiempo de la lectura (hoy, ayer... cuando sea, pero el único tiempo que nos pertenece)

Y ligado a cada tiempo un espacio particular: África, Francia, México, Malgrat (al que hay que añadir el de cada lector)

Después de 1996...

Distinguí la voz de Belano otra vez. Decía que cuando él llegó a África también quería que lo mataran. Relató historias de Angola y de Ruanda que yo ya conocía, que todos los que estamos aquí más o menos conocemos. Entonces la voz de López Lobo lo interrumpió. Le preguntó (lo oí con total claridad) por qué quería morir entonces. La respuesta de Belano no la escuché pero la intuí, lo que carece de mérito pues de alguna manera ya la conocía. Había perdido algo y quería morir, eso era todo. Luego oí una risa de Belano y supuse que se reía de aquello que había perdido, su gran pérdida, y de él mismo y de más cosas que no conozco ni quiero conocer. López Lobo no se rió. Creo que dijo: vaya, por Dios, o algún comentario de ese tipo. Luego ambos se quedaron en silencio.

Jacobo Urenda, rue du Cherche Midi, París, junio de 1996
(Los detectives salvajes)


Esta es prácticamente la última entrada referente a la odisea de Belano en Los detectives salvajes (si nos atenemos a un criterio cronológico) Si Arturo Belano volvió o no de África es algo que no sabemos, al menos no con certeza.
Se trata pues de la última noticia referente a Belano y es así como debemos recordarlo: “sentado en el suelo, un suelo como de arcilla roja pero que no es de arcilla, ni siquiera arcilloso, y que sin embargo es rojo o más bien cobrizo o rojizo, aunque al mediodía es amarillo, con el libro entre las piernas, un libro grueso

Esa es la imagen de Belano para la inmortalidad... pues de eso trata Fotos, ¿no?

28/12/06

Putas asesinas IX: Dentista, de Roberto Bolaño

Como escritor, me he convertido en fotógrafo, impresiono ciertas placas con el aspecto de esa interioridad y las distribuyo entre los aficionados anónimos

(Salvador Elizondo, Autobiografía Precoz, Aldus, México, 200, pag 29)


diamantes de medio segundo
de duración
pero Infinitos como los amantes adolescentes
y el hidrógeno


(Como una vieja balada anarquista, Roberto Bolaño 1979)


entrábamos en un territorio en donde éramos vulnerables y de donde no saldríamos sin haber pagado un peaje de dolor o de extrañamiento, un peaje que a la larga íbamos a lamentar.


mi amigo empezó a contarme un cuento de Ramírez, un cuento sobre un niño que tenía muchos hermanos pequeños que cuidar, ésa era la historia, al menos al principio, aunque luego el argumento daba un giro y se pulverizaba a sí mismo, el cuento se convertía en una historia sobre el fantasma de un pedagogo encerrado en una botella, y también en una historia sobre la libertad individual, y aparecían otros personajes, dos merolicos más bien canallas, una veinteañera drogadicta, un coche inútil abandonado en la carretera que servía de casa a un tipo que leía un libro de Sade. Y todo en un cuento, dijo mi amigo.


El arte, dijo, es parte de la historia particular mucho antes que de la historia del arte propiamente dicha. El arte, dijo, es la historia particular. (...) : la matriz de la historia particular es la historia secreta.(...) ¿Y tú te preguntarás qué es la historia secreta?, dijo mi amigo. Pues la historia secreta es aquella que jamás conoceremos, la que vivimos día a día, pensando que vivimos, pensando que lo tenemos todo controlado, pensando que lo que se nos pasa por alto no tiene importancia. ¡Pero todo tiene importancia, buey! Lo que pasa es que no nos damos cuenta. Creemos que el arte discurre por esta acera y que la vida, nuestra vida, discurre por esta otra, y no nos damos cuenta de que es mentira.



Y yo, que por educación hubiera podido decir que estaba bien, que sonaba interesante, dije que era necesario leerlo para poder formarme una opinión cabal. Eso fue lo que dije, pero igual hubiera podido decir lo contrario y me habría salvado.


Dentista, Putas asesinas, Roberto Bolaño.