24/10/06

Putas asesinas I: El Ojo Silva, de Roberto Bolaño

(...) Y decir que el cuento también podía sobrevivir a la novela también es una broma. Borges sabía, mejor que nadie, que la novela y el cuento son dos hermanos siameses. Uno grande y el otro pequeño, con cerebros distintos y almas separadas, pero unidos y probablemente compartiendo el mismo hígado o el mismo corazón, lo que entraña que a la muerte de uno sigue la muerte del otro.

Roberto Bolaño, entrevista a El Mercurio, Santiago, 2 de marzo de 2003.

La diferencia entre novela y cuento, según se desprende de esta declaración, es para Bolaño cuestión de tamaño. De alguna manera explica esa tendencia a reescribir sus cuentos convirtiéndolos en novelas, o en cuentos más largos.
Cortázar decía que el cuento crecía desde dentro, como una pompa de jabón, con la fragilidad que eso comporta. Lo contaba en Último Round o en La vuelta al día, no recuerdo. Creo que son dos concepciones que se oponen y que dan resultados distintos. No se trata de establecer comparaciones entre los dos autores pero en el caso de hacerlo debemos reconocer que la manera de plantear los cuentos o relatos por parte de Bolaño está más cerca de ser clásica que la de Cortázar.
Los experimentos estructurales que son sus dos grandes novelas, Los detectives salvajes y 2666, se basan principalmente en la adición de relatos o cuentos interrelacionados que conforman un todo. Su obra, como Bolaño aseguraba, constituye también un todo interrelacionado, aunque en sus cuentos aislados es más difícil distinguir ese nexo.


“pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar”
Ese sería más o menos el lema de El Ojo Silva. Sin embargo, la violencia no aparece de forma explícita:

“Lo que sucedió a continuación de tan repetido es vulgar: la violencia de la que no podemos escapar. El destino de los latinoamericanos nacidos en la década de los cincuenta. Por supuesto, el Ojo intentó sin gran convicción el diálogo, el soborno, la amenaza. Lo único cierto es que hubo violencia y poco después dejó atrás las calles de aquel barrio como si estuviera soñando y transpirando a mares. Recuerda con viveza la sensación de exaltación que creció en su espíritu, cada vez mayor, una alegría que se parecía peligrosamente a algo similar a la lucidez, pero que no era (no podía ser) lucidez.”

La elipsis narrativa deja a la violencia fuera. Lo que se plantea son las consecuencias que llevan a ese acto de violencia eludido y lo que el acto acarrea.
Hay que decir que Bolaño emplea una estructura narrativa clásica, incluso tópica: Relato en primera persona que trata sobre un personaje que el narrador conoce; antecedentes del personaje y de la relación con el narrador; la separación y el reencuentro años después con la consiguiente confesión que nos es explicada por el narrador, no por quien vivió la experiencia central del relato.
Una primera lectura de El Ojo Silva nos comunica seguramente lo que Bolaño quería trasmitirnos. Un análisis del relato, en cierta manera, lo arruina: Todo es demasiado consecuente. Que Silva sea homosexual es la condición que el relato precisa para que éste llegue a los niños. Que la acción transcurra en la India, un territorio lejano que aún pertenece a lo exótico y en el que, literariamente, todo es posible. Que concluya como lo hace para que la historia pueda ser explicada. Todo me parece demasiado consecuente, o tal vez el entramado sea evidente y frágil.
Creo entender que la tesis de Bolaño es como sigue: Todos estamos ligados a la violencia, aunque, por motivos históricos, los latinoamericanos nacidos en los cincuenta lo están más. La necesidad de combatir la injusticia se convierte en un asunto moral al que se enfrentan, o deberían enfrentarse, sin importarles las consecuencias, este grupo de personas. Pero cuando lo hacen, como en el caso de Silva, lo que acarrea esa determinación es intrascendente. Uno cree que debe entregarlo todo y cuando lo hace comprueba que nada cambia: nuestro acto, que debe ser trascendente, es irrelevante.
Sigo quedándome con la sensación de la primera lectura (o relectura) y con la duda que plantea:
¿Por qué llora Silva, por los niños o por la insignificancia de su acto?

De todas formas pienso que la forma escogida para plantear esta incógnita desmerece de la intención (si es que realmente era esa). Creo que es un relato previsible y poco arriesgado.

23 comentarios:

j. dijo...

¿En qué consiste "el riesgo" de un relato? ¿Cómo se mide eso?

Sigo pensando que tras esta serie de reseñas semanales terminará odiando a Bolaño. :P

Gabriela dijo...

Dios mío, esto me recuerda que aún no le he hincado el diente a Bolaño.
Abrazos y besos (que eso no quita el cariño que te tengo, Portnoy).

Anónimo dijo...

Esta aventura que ha emprendido, estar deconstrucción, es sin duda arriesgada, señor Portnoy, pues Bolaño siempre defendía que los relatos se debían escribir de tres en tres, y si uno se ve con fuerzas de cuatro en cuatro, o...

Yo, que soy como el jubilado que mira las obras de la plaza con ojo crítico, le sugeriría que viera estos relatos como los cuadros preliminares de las Meninas de Picasso. Yo creo encontrar rasgos definitorios, embriones, de cada una de las cosas que tanto me impresionaros de los Detectives o de 2666.

¿Qué rasgo de estas dos obras se encuentran en un solo cuento de Bolaño? Esta es la cuestión, desde mi banco, observando las obras.

Portnoy dijo...

Me refiero al riesgo formal, j., y es posible que eso ocurra, sí... es posible.

Nada me gusta más que mandar "deberes" a una profesora... jejejejejejeje, Gabriela, me leerá usted Los detectives salvajes para la semana que viene. ;-)

Los relatos deben escribirse de tres en tres y, ademas de venir en triadas, forman parte de un todo impenetrable e inconcluso. Lo que me pregunto, lo que temo encontrar tras esa red que envuelve toda la obra de Bolaño, Subal, es si en el fondo la obra de Bolaño no estrará compuesta de elementos mínimos no excesivamente destacables en sí.
Es decir, que la obra es monumental pero los ladrillos inconsistentes.

De todas formas tengo la sensación de estar comentando los relatos de Bolaño de forma bastante condicionada.
Ya veremos...
Ahh, y gracias.

vernon dijo...

Yo no percibo el cuento de la misma manera. Sí me parece sencilla la estructura, pero no evidente ni frágil. Creo que se ajusta el tipo “confesional” de los relatos borgeanos, y que la dosificación de la información está muy lograda... y, en consecuencia, la tensión.
Hay dos datos que se nos entregan pronto, y en distintos momentos, que permanecen latentes en toda la lectura: la violencia, concretamente la violencia de un grupo con el que el narrador se identifica. Temáticamente tiene importancia porque establece lazos con un tópico de Bolaño; pero yo creo que funciona también de forma aislada, en este cuento, sin referentes. Lo enuncia un narrador de tipo borgeano; habrá que creerle hasta que él mismo demuestre que miente, o que no miente.
El segundo dato es la homosexualidad del personaje, que no es insignificante puesto que reaparece en el momento climático, cuando incluso el narrador se plantea el giro que tomará el cuento que le cuentan. Podría tratarse de un personaje de Genet o de Moix, la descripción del espacio da para ello. A mí no me parece previsible.
El personaje opta por salvar a los niños. En ¡tres líneas! termina su historia, de manera abrupta. Y continúa la historia de los fantasmas del personaje, y el llanto.
Ya antes ha llorado. Curiosamente, en un momento en que hay cambio de narrador en el cuento (por lo tanto, es una señal importante del narrador principal): “Yo estaba llorando, o yo creía que estaba llorando, o el pobre puto creía que yo estaba llorando, pero nada era verdad. Yo intentaba mantener la sonrisa en la cara (una cara que ya no me pertenecía, una cara que se estaba alejando de mí como una hoja arrastrada por el viento), pero en mi interior lo único que hacía era maquinar. No un plan, no una forma vaga de justicia, sino una voluntad”.
Me parece el momento más importante del cuento, además de bellísimo, con el tono arrollador de las repeticiones continuas de “yo”, “yo”, “yo”, “cara”, “cara”, “cara”, y la rotundidad mesiánica y mistérica no del plan, ni de la justicia, sino de la voluntad. Creo además que está inserto en el momento preciso y que desde él se puede releer todo lo que el narrador principal ha contado y contará.
Después de este párrafo tiene poca importancia la elisión de la violencia explícita. Se nos está hablando de otro tipo de violencia (de la verdadera). Pocas cosas existen más violentas que la voluntad, y yo supongo que por pocas cosas se llora tan amargamente como por la propia voluntad derrotada (sea ganarle la guerra a un ejército, sea ganarle la vida de dos niños al destino de un país que traza los destinos de sus habitantes). Creo que eso es el verdadero fracaso. Si es justo o no es justo... es ya otra historia.
A mí me parece un cuento muy bueno, muy potente.
Besos.

Anónimo dijo...

¡bravo Vernon, bravo! tíos, tías, este blog es demasiado!

Lucas dijo...

Cerebros y almas distintas es mucho más que una cuestión de tamaño. En mi opinión, Bolaño no construye sus novelas mediante agregación de cuentos. La única obra que parece responder a este modelo es “Detectives Salvajes”, y solamente en su parte central. E incluso en esta parte, más que un conjunto de relatos, el lector se encuentra con una multiplicidad de voces que hablan de un mismo relato. La experimentación formal en este caso reside en la polifonía. “2666” no es un conjunto de cuentos sino una serie de novelas con más de 300 páginas cada una. Y el resto de libros parecen responder a un formato más bien clásico. No sólo eso, desde mi punto de vista, existe una gran diferencia entre los cuentos de Bolaño y sus novelas. Y ello se debe a que el Chileno era un escritor de prosa volcánica que encajaba mucho mejor en el formato novelístico. La precisión que exige el cuento le obligaba a modificar su estilo, renunciando a sus digresiones literarias, a sus paréntesis kilométricos, a sus descripciones con forma de muñeca rusa. En sus cuentos (Y “Ojo Silva” es un ejemplo) se ve obligado a utilizar la frase, y no el párrafo, como unidad de medida.
Es más, Bolaño no sólo diferencia entre el cuento y la novela, sino también entre la novela y la obra magna. Como explica, por medio de un personaje, en 2666, la Gran Obra constituye una apuesta formal diferente; un formato donde cabe mucho más pensamiento, riesgo y experimentación.
Yo creo que Bolaño dice que el cuento y la novela comparten corazón porque sabe perfectamente que existen otros latidos que provienen de un pulso muy diferente. El pulso de la poesía. Esto es, el pulso que perdió antes de dedicarse a la prosa.

Saludos.

Portnoy dijo...

No sé, Vernon, lo de la voluntad como sublimación de la violencia no lo veo claro. La voluntad puede liberar o reprimir la violencia, y en nuestro caso al estar concretado en el latinoamericano nacido en los cincuenta, la voluntad parece que no tiene nada que ver. ¿Necesidad, imposición?
Entiendo que para Bolaño era necesario hacer algo, de ahí su vuelta a Chile, su rocambolesca e inutil aventura resistente y la suerte que tuvo cuando fue encarcelado. ¿Puede el relato funcionar como analogía de esa situación? El hombre al que la acción le es ajena obligado por una especie de código de honor a emplear medios que le son extraños, la violencia en este caso, sin resultados gratificantes.
Chocar contra la realidad, supongo.
De todas formas, leyéndote Vernon, uno entiende que no es la persona indicada para lanzarse a esta aventura.


¡Sobrino Subal! :-)

Entonces, Lucas,¿tu crees que Bolaño es un cuentista fallido? Puede que 2666 sea un agregado de novelas, pero pienso también que en cada una de ellas puede encontrarse muchos pequeños relatos incrustados a modo de flash-back o a modo de disgresión. Pienso en la mujer de Almafitano y el manicomio de Mondragón, o en los policías de Santa María, o en los distintos episodios bélicos de Archimboldi.
No digo que sea mejor cuentista que novelista, pienso que sus relatos funcionan mejor como parte de un todo que individualmente.
En fin, ya seguiremos.
Gracias de nuevo ;-)

Lucas dijo...

Ya que preguntas por mi opinión, ahí va. Bolaño era un poeta mediocre, un cuentista bipolar, un articulista muy bueno y un genial novelista. Parece que para algunos, el hecho de que fracasara en algún género, o de que escribiera algún cuento bastante malo, implica una pérdida de crédito como escritor. Para mí, el ejemplo de Bolaño no hace más que confirmar una extraña historia de la literatura; una historia que dice que los que alcanzan la genialidad en un género previamente han fracasado en otra disciplina. Ahora que estamos hablando de “cuentos”, se puede poner el ejemplo de dos de los mejores cuentistas ha dado la literatura: Chéjov y Carver. El primero fue un dramaturgo mediocre. El segundo, un poeta menor. Se podrían buscar muchos más ejemplos.

Abrazos.

vernon dijo...

Es rara tu teoría, Lucas. No sé si se puede generalizar tanto. Carver será mal poeta, pero el ritmo de sus cuentos es de tipo poético. Si no lo tuviera no podría haber escrito lo que escribió.
García Márquez, Benet, Pavese, Matute, Clarín, Rulfo, Cortázar, Faulkner... hay infinidad de escritores que fueron (o son) extraordinarios cuentistas y extraordinarios novelistas.
Chejov y Carver eran los cuentistas preferidos de Bolaño. No se cansó de repetirlo. Yo incorporaría algunos más a la lista, sin duda.
No lo sé, Portnoy. He leído el cuento basándome casi exclusivamente en él y no en datos extraliterarios. Quería ver si funcionaba como cuento, no como parte de algo más amplio. No aventuro teorías sobre la sublimación de la violencia, me temo que sobre la voluntad habla el personaje antes que yo; cada cual le dará la significación que crea conveniente.
¿Todo tiene que ser tan absoluto? ¿O Bolaño es un genio en todo o es un genio en novela y un desastre como cuentista? Me temo que así se perderá el placer que dan sus cuentos.
De nada sirve que utilicemos criterios novelísticos para enjuiciar un cuento ¿no?, ni que vengamos con ideas preconcebidas de lo que debe calzar a como dé lugar en su obra, creo yo. La relación entre sus historias yo la veo mucho más delicada y sutil.
No entiendo muy bien las razones de por qué sus cuentos son malos, o mediocres. Si alguien quisiera profundizar... por favor.
Besos.

Lucas dijo...

Tienes razón, Vernon. No se puede generalizar tanto. Tan sólo quería mostrar la curiosa historia de cómo algunos de los más grandes artistas antes de triunfar en una disciplina, fracasaron en otra. Y esto me servía para subrayar que para ser un genio no hace falta serlo en todo. Para mi Bolaño tiene cuentos muy buenos, pero si tuviese que hacer una lista de mejores cuentistas, no lo incluiría a él. En cambio, si tuviera que dar una lista de mejores novelistas, aparecería sin duda alguna. Y la razón ya la he apuntado antes. Yo creo que su prosa se maneja mejor en la larga distancia, el cuento no permite la escritura torrencial que Bolaño utiliza en sus novelas, aquella que le posibilita contar un historia y al mismo tiempo hablar de la sexualidad de toda la poesía latinoamericana, por poner un ejemplo.

Natalia Book dijo...

El relato me ha gustado bastante y no me ha parecido previsible en absoluto.
No se la razón, pero a mi me parece que en realidad Bolaño quiere denunciar algo que ocurió en Chile durante la dictadura. Lo situa en la india como lugar exótico, es cierto, en el pensamos que todo puede ocurrir. O eso creemos, quizá por desconocimiento.
El hecho de que sean un homosexual y los niños los protagonistas puede ser porque son dos tipos de personas de las que las dictaduras abusan claramente, de unos por considerarlos "contra-natura" y un peligro para la raza, de los otros por su indefensión.
En cuanto a relato-novela. Muchas son las novelas que están formadas de relatos que se interrelacionan(Auster, por ejemplo). Pero el relato cumple con lo que creo es su misión original: Que seamos capaces de trasmitirlo oralmente, ya que en esa tradición oral es donde tiene su origen. La novela no está concebida para esa transmisión.
Saludos y enhorabuena por los posts anteriores.

Portnoy dijo...

Si no te importa, Vernon, la cuestión sobre la mediocridad o no, de los cuentos de Bolaño la dejaremos para más adelante.
Pienso que de momento podemos decir que, a diferencia de Cortázar que consideraba el cuento una entidad "perfecta" que acababa en sí misma, Bolaño, al igual que ocurre con sus novelas, concibe el cuento y todo tipo de relato como un universo abierto incapaz de autoconcluirse, en el que la forma más o menos breve que adoptan viene dada por la voluntad del autor. El Ojo Silva concluye tal y como lo conocemos, pero no nos hubiese causado ninguna extrañeza que Bolaño lo hubiese utilizado como inicio o parte de una obra más extensa.
De todas formas es una primera toma de contacto.
Deberíamos encontrar un relato de Bolaño que alcanzase la grandeza de sus novelas. Yo creo que tenemos algunos candidatos en Putas asesinas. Y otros en otras recopilaciones. El gaucho insufrible, por ejemplo (fijación por los conejos) Si no creo que El Ojo Silva sea uno de ellos es porque me parece que la historia que cuenta está demasiado forzada, pero, y ya lo he dicho, es un detalle que no se aprecia en una primera lectura.
De todas formas, Lucas, perdona que insista en la distinción que haces entre las novelas y los relatos de Bolaño. Cuando pensamos en las novelas de Bolaño solemos referirnos a Los detectives y 2666. Amuleto, Nocturno de Chile, La pista de hielo, Mr Pain y Una novelita lumpen parecen pertenecer a ese territorio intermedio entre el relato(largo) y la novela(corta) Así que no sé hasta que punto puede ser posible asegurar que se manejaba mejor en las distancias largas.
Natalia no encuentro forma de encajar esa lectura alegórica de El Ojo Silva, y eso que también había pensado en esa posibilidad. Puede ser por falta de referentes o porque no exista ese double coding (que era más claro en Nocturno de Chile)

Un apunte: ¿Os parece recurrente el tema de la homosexualidad en los relatos de Bolaño?
En fin, muchas gracias por vuestros comentarios.

j. dijo...

Por un lado, ¿los textos de "La literatura nazi" valen como "relatos"? El último a mí me encanta.

Sobre lo de la homosexualidad, hay un trabajo de un profesor de la universidad de Indiana que sugiere que este tema es el verdadero eje de los Detectives Salvajes. En su opinión, hay una fuerte tensión sexual que no se concreta entre sus dos protagonistas: no huyen tanto de México como el uno del otro.

vernon dijo...

Sí, por supuesto. Era sólo una pregunta.
No nos hubiese sorprendido que utilizase el cuento como inicio o parte de otra obra más extensa, y tampoco nos hubiesen sorprendido muchas otras posibilidades. Una vez que nos es familiar el universo ficticio de un autor las posibilidades se multiplican (y, paradójicamente, se restringen). Lo que yo decía es que si buscamos en sus cuentos aspectos que “podrían ser” o “que podrían haber sido”, es decir, lo que no hay, lo que falta, nos vamos a quedar sin ver lo que realmente hay. Si buscamos lo que queremos encontrar, bien o mal, lo vamos a encontrar, pero podemos violentar al texto. Es una alternativa como otras, aunque tal vez nos estemos perdiendo un universo distinto al que estamos acostumbrados a encontrar en este autor, o un estilo distinto, que valdrían la pena conocer.
Es sólo mi opinión, claro.
No entiendo por qué una historia que a mí me parece expedita, que maneja tan bien los ritmos, tensión y distensión, y que es verosímil a ti te parece forzada. Entendería que no llegásemos a una misma significación del texto o parte de él, puesto que leemos de manera diferente, pero esto me da más problemas. No te daré la lata. Habrá otros cuentos. Gracias, Portnoy.
Y gracias, Lucas, por tu respuesta.
Besos, besos.

Portnoy dijo...

Eso que cuentas, j. sobre Los detectives salvajes me parece rizar el rizo... supongo que volveremos sobre el tema.
habría que hacer una distincion precisa entre novelas, relatos y cuentos que nos sirviese en el caso de Bolaño. Como presiento que él no tenía en cuenta esas distinciones no sé de que nos serviría a nosotros calificar unos de una cosa o de otra, cuando algunos, como el último de La literatura nazi acaban convirtiéndose en ¿novela?

Creo Vernon que la precisión que haces es interesante. De hecho era lo que se pretendía al iniciar esta serie de comentarios, aislar cada uno de los relatos y leerlos-analizarlos como entidades independientes.
Seguramente si hoy tuviese que escribir el comentario a El Ojo Silva lo haría de otra manera... a veces las circunstancias personales determinan en exceso el tono de los comentarios. Intentaré que no vuelva a pasar.
De momento me quedo con la inquietud que me provoca el que un texto que me satisface al leerlo, se me desmorona al analizarlo. Tal vez sólo deban ser leidos.
:-)
Saludos y muchas gracias por vuestros comentarios.

Valdecuélabre dijo...

Qué comienzo tan potente. Un primer relato y ya estamos en la disyuntiva entre escritores novelistas o cuentistas. Y eso que no estabas muy convencido con la idea, Portnoy.
A mí el relato me ha gustado mucho. Es cierto que no es arriesgado, que no aporta nada nuevo en cuanto al estilo o las formas literarias. Es más, todo parece pensado para un mejor acomodo dentro del relato, para conseguir ese clima de intriga que favorezca su desarrollo (y que acapare la atención del lector): el narrador testigo que no posee toda la información, el personaje protagonista, un tipo raro, distante, "que no frecuentaba los círculos de exiliados", el espacio donde se desarrollan los acontecimientos (nada puede ser tan misterioso como la India, y cualquier cosa puede ocurrir allí). Y si además añadimos las elipsis, Bolaño, en mi opinión, no ha podido nadar más a favor de corriente, y una corriente conocida y muy explotada literariamente.
Pero aún así, el relato merece muchísimo la pena. No me parece frágil, tal y como tú apuntas, Portnoy, y tampoco previsible. Lo veo bastante sólido (precisamente por la ausencia de riesgo), está muy bien narrado, con un ritmo que se acelera o ralentiza en el momento oportuno, que te entretiene y de repente te golpea ("Después llegó la enfermedad a la aldea y los niños murieron") y una temática que ofrece múltiples interpretaciones, como se está viendo aquí.

j. dijo...

Estoy de acuerdo con Portnoy: No es claro para qué ceñirnos a la hora de "mirar sus textos" a distinciones que el autor parecía no tomar muy en serio.

Acerca de lo del profesor de Indiana, también hay uno en Arizona que tuvo una discusión muy dura con él en la lista de Bolañistas asegurando que, a lo más, el amor presente entre Belano y Lima era de orden filial. Luego entraron las feministas a terciar arremetiendo en trío contra los dos oponentes y a mí se me acabó la paciencia y dejé la discusión.

Según entiendo, los dos profesores se fueron a las manos en el congreso que ocurrió sólo semanas después. La contundencia de los puños del de Indiana dejó a su oponente sin argumentos y fue su artículo, y no el del otro, el que encabezó los Proceedings del consabido encuentro. Si no estoy mal, fue el de 2003 (capítulo norteamérica). Yo debo tener esos proceedings en alguna parte.

Fuca dijo...

Los gustos son subjetivos y a mí no me llaman la atención ni los cuentos de Bolaño ni sus novelas cortas, no creo que se le recuerde en el futuro por estas composiciones. De lo que sí estoy segura es de que pasará a la historia de la literatura gracias a sus grandes novelas, “Los detectives salvajes” y “2666”, dos de las mejores obras escritas en castellano en los últimos 25 años.

Centrándonos en los cuentos, pueden gustarnos por la historia o por el discurso. “El Ojo Silva” no llama la atención por la forma en la que está contado: un narrador en primera persona cuenta una historia respetando el orden cronológico casi en su totalidad. En este narrador podríamos encontrar rasgos del autor (año y lugar de nacimiento, lugares en los que vivió, profesión...), pero esto no es importante. Lo destacable es la historia, ese profundizar en la violencia que todos llevamos dentro y de la que no se puede escapar. No creo que sea exclusivo de los latinoamericanos nacidos en la década de los cincuenta; cualquier persona que se encuentre ante una situación límite como la que se topó el Ojo Silva reaccionaría con violencia. Sin embargo, ¿es creíble la continuación de la historia? El Ojo Silva se marcha con dos niños, se esconde, pide dinero a su amigo parisino, hace de padre..., demasiado surrealista me parece a mí este relato, poco verosímil.
Tampoco entiendo lo del “chileno ideal, estoico y amable, un ejemplar que nunca había abundado mucho en Chile pero que sólo allí se podía encontrar”, ¿acaso las personas amables y estoicas no se pueden encontrar en cualquier lugar del planeta?

En fin, estoy de acuerdo con los que señaláis que el ritmo del relato está muy bien conseguido, quizá fue lo que más me gustó de este cuento que estamos comentando. Un saludo.

Portnoy dijo...

Es curioso, y genial, las distintas apreciaciones que podemos hacer de un mismo relato. Valdecuélabre lo encuentra sólido por su estructura clásica y Fuca, por las mismas razones, encuentra que la conclusión está forzada. Además, y me parece muy interesante, lamenta que Bolaño intente costreñir un impulso universal a un grupo concreto y limitado de personas. No sé, tal vez, como premisa narrativa funcione lo de la violencia y los latinoamericanos nacidos en los cincuenta, y el que no universalice ese impulso, mujeres y hombres de todo el mundo sometidos a la violencia, podría apuntar a lo que comentaba en el mensaje original, es decir que todo en El Ojo Silva parece ser consecuente y conveniente, no para un discurso general sino para el orden interno del relato. Pero no sé si eso es un defecto o una virtud. Y las opiniones que habéis dejado parecen demostrar que estamos divididos.
Subjetivamente divididos.
:-)
Muchas gracias por vuestros comentarios.
(a j., también aunque en cierta manera ignore sus comentarios ;-) )

j. dijo...

Qué crueldad, por dios. Me declaro profundamente ofendido.

El Mazo dijo...

Noooo, llegué tarde a esta discusión, pero espero estar en forma para las otras. Sobre todo lo que aquí se dijo me parecieron muy interesantes las tesis que trajo J., muy archimboldianas discusiones académicas, y como tales, un homenaje a Bolaño. Ahora, sobre 'el ojo silva', es en mi concepto no experto (no estudié literatura) una de las mejores obras de Bolaño, al lado de 'Los detectives salvajes'.
En días recientes hablaba con una persona sobre el tema del horror y la violencia en la literatura latinoamericana, y la respuesta narrativa que le sigue: en latinoamerica, la mayoría (en especial la generación nacida en la década del cincuenta) ha vivido un trauma, un trauma de violencia, dictadura, opresión no sólo política. La única forma en la que los traumas son narrados es a través del testimonio. Muchas grandes novelas latinoamericanas que tocan el tema no se narran en una elaborada tercera persona o en un relato omnisciente, o en un relato lleno de diversas estrucutras, voces y juegos, muchas novelas se narran en primera persona, en forma testimonio, es la forma de sacar el trauma, algo así como contarle a un amigo o al mesero del bar nuestras penas, ahí entra un Bolaño genial que hace de una historia polifónica una sola voz de testimonio del horror. Otra clave está en la frase con la que abre 2666 y que es de Baudelaire.

Ahora, en la discusión del cuento nos dieron, sin querer, los que para mi son los principales maestros de Bolaño : Chéjov y Carver. Si se entiende la tensión de Carver en su obra literaria se puede apreciar de mejor forma la tensión en 'Los detectives salvajes', y se se aprecian las frases de Chéjov se entiende el uso del párrafo (cortos y largos) de Bolaño.

Mis felicitaciones a todos los maestros de esgrima aquí presentes.

arienna dijo...

Es curioso cómo funcionan para cada lector los códigos de escritura. Lo digo porque me hice tantas espectativas hasta que logré tener en mis manos "los Detectives Salvajes" y luego no me agradó en absoluto. Podría lanzarme a explicar los múltiples por qués, pero sólo voy para decir que luego leí "El Ojo Silva" y se me repetían las imágenes y los temas transversales una y otra vez me ocupaban las horas.
Me gusta. Le creo al "Ojo"; yo también habría llorado hasta volverme un fruto seco...la autoconmiseración del personaje, creo yo, es lo que hace que sus acciones por fin adquieran un matiz heroico.