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A vueltas con Bolaño (y II)

Si hubiese que citar obligatoriamente otro defecto sería el de las influencias. Pero una vez detectadas descubro que Bolaño ha ido más lejos que yo: No sólo cita las dos influencias más directas y evidentes, sino que casi se remonta al origen de la literatura.
En su conversación con Eliseo Álvarez hablan sobre La literatura nazi en América:

E.A.:¿Tienes influencia cervantina en este libro?

R.B.: Creo que todo escritor que escribe en español tiene o debería tener influencia cervantina. Todos le debemos algo a Cervantes, en mayor o menor grado, pero todos le debemos algo. La genealogía de este libro en concreto no va por ahí, este libro, te lo hago en descendente hacia a tras, le debe muchísimo a La sinagoga de los iconoclastas de Rodolfo Wilcock. (...) La sinagoga de los iconoclastas le debe muchísimo a La historia universal de la infamia, de Borges, cosa nada rara porque Wilcock fue amigo de Borges y admirador de Borges. A su vez el libro de Borges Historia universal de la infamia le debe mucho a uno de los grandes maestros de Borges que fue Alfonso Reyes, el escritor mexicano que tiene un libro que (...) creo que se llama Retratos reales e imaginarios, que es un ajoya. A su vez el libro de Reyes le debe muchísimo a Las vidas imaginarias de Marcel Schwob, que es de donde parte esto. Pero, a su vez, Las vidas imaginarias le debe mucho a toda la metodología y la forma de servir en bandeja ciertas biografías que usaban los enciclopedistas. Creo que esos son los tíos, padres y padrinos de mi libro, que sin duda es el peor de todos, pero que ahí está.


La sinceridad de la última frase es la que acaba desarmándome.
No se trata simplemente de un juego literario, me refiero a la obra de Bolaño. Es un juego consentido y alentado por el autor quien, como director del juego, demuestra ser finalmente más listo que todos sus lectores.
La única respuesta posible ante la magnitud de este juego es practicarlo en solitario.
Convertirse en lectores onanistas de Bolaño.
Lo primero que dije fue que no se podía hablar de 2666.
No se puede hablar de Bolaño.

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Hablemos, pues. Yo no hago otra cosa.

"De lo que no se puede hablar, es preferible callar", Wittgenstein, y a lo que agrego, se le puede dar vueltas al asunto y nunca llegar a nada, pero en la búsqueda del enigma, en el silencio, quizás entendés otra cosa distinta que estabas preguntando... El silencio como el escenario en que el cerebro ata cabos.

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