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11/9/18

El viajero más lento, de Enrique Vila-Matas

Compré este ejemplar de El viajero más lento en una librería de segunda mano de Urueña. De hecho era casi la única librería que estaba abierta. Al parecer la mayor actividad en el pueblo de Valladolid se produce los sábados. Era un día entre semana. Hacía mucho calor. Buscábamos el lado en sombra de las calles. Caminábamos despacio. Entramos en la librería. Compré el libro, que parecía esperarme como una premonición, y un tarro de miel. No me importó que estuviese subrayado. Es más, me pareció que otro viajero lento había dejado algunas pistas escritas en el ejemplar. Pero si os soy sincero no he sabido desentrañar el mensaje.
He copiado los fragmentos subrayados. Me he saltado muchas citas de otros autores y varios nombres propios que aparecen subrayados. Como si el anterior propietario hubiese querido informarse sobre Barbara Jacobs, por ejemplo. O como si hubiese tenido la intención de verificar la veracidad de las citas.
No sé, me da la sensación que el anterior propietario tenía muchas dudas y lagunas. Me pregunto si alguna vez se informó sobre lo subrayado. Me pregunto, entonces, por qué se deshizo del libro. ¿Completó su investigación, la abandonó? ¿Es el subrayado un propósito que no llegó a realizar? ¿Prefirió no hacerlo?
No sé.



“en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto”
Ha conseguido un nombre y que lo impone sabe muy bien que, por ese motivo, deja de ser escritor, pues administra posiciones como un burgués cualquiera.
“extraño fenómeno, el por qué les fascina tanto oir las músicas de otras lenguas”
Botho Strauss, Heine Müller y Thorsten Becker.
Edgar Varese (…) si puedo cantarle el Bamboleo.
El novelista de provincias que se dedica a escribir contra su ciudad.
Los jubilados se ocultan en los cruces y, en cuanto ven que alguien comete una infracción de tráfico, lo denuncian, así cobran una suculenta comisión por la multa.
Marieluise Fleisser.
Una hermosa edición de las prosas microscópicas de Robert Walser.
De Goethe siempre pienso en Kleist.
Escupe un amarillento cartón.
Henriette Vogel después de cantar y bailar sobre la hierba.
Walter Benjamin que importa poco no saber orientarse en una ciudad pero que perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en un bosque, requiere aprendizaje.
En esta ciudad en la que ver que algo permanece intacto es todo un acontecimiento.
“Le prohíbo que utilice mi pedido”
Tienda del librero judío.
Algo muy sordo y enigmático.
Hoy es como si todo aquel nazismo que persiguió al librero hubiese triunfado.
Travessera.
Dos fanáticas de las palomas.
Muy lejos de aquí, en otras voces y otros ámbitos, en el sanatorio las personas y en el anticuario los muebles, pero jamás aquí.
Valéry Larbaud.
Su tendencia al descubrimiento de territorios literarios inéditos.
Saint-John Perse.
Inquisiciones literarias.
Profundamente enraizado en una idílica tierra de infancia (…) la muerte, un sueño estival roto.
Barnabooth.
Aquella sofocante tendencia del otro a recorrer el mundo como una nube que temiera llegar tarde a una tormenta.
Se vea que Barnabooth es un heterónimo.
Ataque de hemiplejía (…) conservó enteras su lucidez (…) total del lenguaje.
“Se dice que en Rusia ya no saben que son los celos. Yo soy ruso”
Pidió un cigarrillo (…) “Sería el último”
“Somos demasiado parecidos a nosotros mismos”
El Quijote es una novela policíaca (…) y ya ese lector está lleno de sospechas.
“...la gente muere con los pies fríos. “Juana de Arco, no”, dijo Buster Keaton, y quedó muerto.
Una banda visual continua, toda la imaginería del cine mudo y de las avenidas del viento de los años veinte.
“Durante años viví con Diana hablando de todo”
La bella Bronwyn (…) El señor de la guerra.
El sueño de los héroes.
Mi amigo empezó a conocer, según sus propias palabras, la calma, la tranquilidad que siempre da la máscara del nombre propio.
Nom de plume.
Dos nombres: uno pequeño que era de todos conocido, y el nombre verdadero o gran nombre, que se tenía oculto.
“Lo que llamamos rosa, por cualquier otro nombre olería igual”
“¿Es la rosa roja en la oscuridad?”
Acude a un sanatorio mental, donde le curan gracias al sencillo pero muy eficaz método de cambiarle el nombre.
“Aun sigo mudo y me hago fuerte en el silencio”
“El sentido del ser humano es dormir”
“Que tiene su tarea cotidiana normal, que duerme sueño, que come comida, que bebe bebida y por eso está alegre”
El escritor busca desesperadamente una salvación, y sabe que si en los próximos años no logra establecer contacto.
“¡Tú, irrepetible, único, original, irremplazable!”
“Deseaba asesinarlo en mí”
Cuentos de fantasmas de M. R. James.
“La solitaria y única certeza de saberme un espíritu que ha tomado un cuerpo, una apariencia en espera de disolverse, algún día, en el aire y en invisibilidad”
La narradora de Aquí vivía yo, el último cuento que escribiera Jean Rhys un impresionante.
Cuerda espectral de mi selección.
Uno de los fantasmas más tontos del Universo.
Monterroso (…) Bartleby en compañía de los hermanos Tanner.
“Fue tiempo ayer, mañana seré nada”
Jean Echenoz (…) Heissenberg (…) recuperar los climas de las ficciones.
Se ocultan tras.
No sé, no he leído a Racine.
Y la conjura patafísica.
“Reescribo cuatro o cinco veces cada libro”
Se nota que del cine le gusta el montaje.
Esas minúsculas señales que a Gombrowicz le van indicando en Cosmos la dirección del vuelo de la narración.
Tercer raf.
Todas las cartas de amor son ridículas.
Descalificar, desde el primer momento (…) Echenoz es de los que (…) no vale la pena copiarla de nuevo.
Cruzar la casa de doble entrada.
(…) que es Movimiento perpetuo (…) “Nada más seguro para la mosca que colocarse en el matamoscas” (…) espías inmortales de las moscas (…) Son las vicarias.
“A estos perritos les encantan las rodillas”
Cansados (…) lejos, han ido abandonando su condición (…) para acabar entrelazándose entre ellos.
Especie de perímetro.
Ve tres veces El eclipse.
Antonioni es geométrico, matemático, y estéticamente corresponde a Piero della Francesca.
“Voy a esperar unos días para regocijarme más”
Cibernética literaria.
“Para demostrar que en sociedad la gente tiene que tirarse pedos”
(Machine celibataire)
Es la obra esquizoide.
La reanimación del cráneo de Danton por los mecanismos del diamante.
La deprimente dentadura de Felice Bauer.
Máquina de coser paraguas.
Petersburgo, la excepcional novela.
Fotografías de la época para ver que allí -con esa cara de murciélago-
El secretario cleptómano de Apollinaire.
El alma inmortal del gordo.
Sordo rumor de conversaciones.
De quien me finja enamorado.
“Un escritor es como un artillero”.
Amnésico, shandy y ventrílocuo.
Pisar el acelerador, llegar a fondo, sin paliativos.
La ciudad es un museo del dinero.
Josep Pla escribió que la revolución era un simple cambio de personal.
En un estado de pre-escritura (…) exclusivamente las páginas amarillas de la guía telefónica de Moscú.
Carandache, un libro de Kafka y una cajetilla.
Con perfecto estilo de tartamudo.
Port Lligat, donde rodé una extraña película.
Pues, que estas escenas tengan la belleza triste, glacial y exacta de las grandes planchas enciclopedistas.
Provocan el consiguiente póster.
“En centímetros cúbicos, el volumen del Universo requiere un número de ochenta y cinco cifras”
La angustia de ir de noche por una carretera desierta.
Se escindió todavía más mi alma automovilista.
“Hace demasiados esfuerzos para ser real” (…) intuyó los abismos.
El sol entraba a través de la persiana hasta las páginas del guión.
“Los guiones buenos y originales son casi tan raros en Hollywood como las vírgenes”
Leig Brackett.
Escritura desgarrada con la que castigó, en el sentido más literal, su estilo.
Esplendor del filo del cuchillo.
Sus signos de puntuación casi pictóricos.
Quería acabar con tantas palabras que nada significan.
Un coleccionista de tormentas. (…) y los gatos.
Este deporte basado en contradecirlo todo (…) un adolescente profesional.
Harry Mattews (…) Cigarretes (…) una metáfora de la estructura en volutas del libro.
Un escritor que se fumaba todo lo que escribía en papel de liar cigarrillos.
No era pues que bromease (…) apenas se tomaba algo en serio.
Una vida radiante, feroz, insolente, lúcida, generosa, tierna y violentamente hostil a la imbecilidad y a la mediocridad.
Rey del barrio de Saint Germain.
“Boris fue siempre futuro. Su muerte es pasado”.
Incluso pródigo.
Obra plural e infinita sucesión de cajas chinas.
Jamás habla si no es para contestar.
Se dice que su risa recordaba el tenue crujido del papel.
También Odradek (…) era el murciélago de las fotos o el mujeriego que se divertía formulando peticiones de mano.
Cámara de Escritura para Desocupados.
Ambos deseaban ver destruidos sus escritos, preferían no haberlos hecho.

A continuación, también en lápiz, la fecha de finalización de la lectura: 3 / XII / 01.

27/2/17

Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas

Algunas notas sobre Mac y su contratiempo de Enrique Vila-Matas

1
a) 53 días es el título de la novela póstuma de George Perec. En los pocos fragmentos definitivos que dejó, trece capítulos, se narra la historia de un profesor francés en un imaginario país africano al que encargan que investigue la desaparición de Serval, un antiguo compañero de colegio y reconocido escritor a través del manuscrito de una novela. El manuscrito hace referencia a otras novelas en las cuales de forma implícita se desvelan los hechos, pero no los relacionados con la desaparición de Serval, sino de la trama que acabará implicando al profesor convirtiéndolo a ojos de la policía en el asesino de Serval.

b) 53 días es el tiempo que Stendhal tardó en escribir La Cartuja de Parma, novela en la que no aparece en ningún momento ninguna Cartuja en Parma (hasta el final y de pasada):
Al día siguiente, tras haber enviado a la autoridad competente su dimisión del arzobispado y de todos los cargos que el favor de Ernesto V y la amistad del primer ministro le habían procurado, se retiró a la Cartuja de Parma, a dos leguas de Sacca, en medio de los bosques que riega el Po”

c) Mac y su contratiempo es una especie de diario que su autor quiere que sea póstumo. Tiene exactamente 54 entradas.

d) Un roman est un miroir qui se promene a le long de la route. (Stendhal)


2
a) El narrador de Mac y su contratiempo se llama Mac, aunque ese, confiesa no es su verdadero nombre. Mac proviene de una escena de Pasión de los fuertes (My darling Clementine) de John Ford:
Mac… ¿Nunca has estado enamorado?
No señor. He sido camarero toda mi vida.

Wyatt Earp habla con Mac. Sabemos también que hay otro Wyatt importante en la última narrativa de Vila-Matas. Véase Kassel no invita a la lógica.

b) También dice que le han confundido con Macintosh, el ordenador. Pero ya sabemos que Macintosh es un impermeable y el nombre que se le da a un personaje misterioso del Ulises, que algunos quieren identificar con el mismo Joyce.

c) “(...) pienso que es mejor ser conocido por Mac que por mi nombre verdadero, que a fin de cuentas es horroroso —una imposición tiránica de mi abuelo paterno—, y me niego siempre a pronunciarlo, más aún a escribirlo


3
a) Yo sé el verdadero nombre de Mac. Lo sé por el contexto de la novela. No lo voy a desvelar.

b) En Vila-Matas el narrador es primordial. Tendemos a identificar al autor con el narrador. Vila-Matas lucha de forma denodada para caracterizar al autor con elementos completamente ajenos a él para que sea imposible la identificación. Así los narradores de Vila-Matas son graciosamente infidentes. En el caso de Mac primero nos dice que es un empresario de la construcción retirado para después confesar que es un abogado despedido. Dice que jamás ha escrito y que siempre ha estado volcado a su profesión. Sin embargo su bagaje literario es muy amplio... y esto no es una contradicción... es perfectamente plausible aunque también, de nuevo erróneamente, identifiquemos el conocimiento de temas literarios con el ejercicio de la escritura. De todas formas la sombra del autor siempre se cierne sobre sus narradores. Eso lo tiene asumido. Así que si partimos de que el escritor, sobre todo en el caso de esta novela y de la “novela” que reescribe, es un “imitador de voces”, al narrador solo le queda un papel: el muñeco de un ventrilocuo.


4
a) Justo después de la confesión sobre su nombre introduce una de las primeras pistas sobre sus características como narrador atribuyendo a Natalie Sarraute la frase que el propio Vila-Matas recreó atribuyéndola a Marguerite Duras. Véase Batiscafo socialista en Dietario Voluble

b) El juego de citas propio de Vila-Matas prosigue a lo largo de la novela como es habitual. La única cita que se da como verdadera es una que Roberto Bolaño atribuyó a William Faulkner:
“¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?”
Dice Mac:
“A día de hoy nadie ha sabido localizar esas palabras en la obra de Faulkner, de modo que la cita podía ser inventada, aunque todo indica que es de Faulkner, porque los especialistas en Bolaño dicen que no solía inventarlas, y menos aún si eran para un epígrafe”

c) Analizada toda la narrativa de Faulkner y algunos de sus ensayos y alocuciones la única referencia a las estrellas más allá de su posición en el cielo aparece en La paga de los soldados, su primera novela, muy influenciada por su poética: “y las estrellas eran unicornios dorados pastando en silencio sobre praderas azules a las que horadaban con sus cascos agudos y centelleantes como el hielo”.
La frase tiene que estar en sus poemas. Bolaño no solía inventar citas, y menos aún si eran para un epígrafe.

5
a) Mac y su contratiempo son dos novelas ya que nos remite a Una casa para siempre. El motivo principal de Mac es la repetición. Así una colección de relatos con un hilo común anecdótico y un personaje recurrente, el ventrílocuo, se convierte aquí en una historia en la que el narrador pretende reescribir los relatos de ese libro... aunque claro, en la novela ese libro no es ese libro ni el autor de ese libro es Vila-Matas.

b) De la página web de Enrique Vila-Matas. Una curiosidad (sobre Una casa para siempre):
En la traducción francesa del libro (realizada por Eric Beaumatin y publicada por Christian Bourgois editeur), el orden de los relatos fue cambiado por V-M, restableciendo de este modo el orden original de aparición de los cuentos que había sido alterado en España por una decisión de última hora entre Anagrama y el autor.
La fuga en camisa pasó en Francia a ser tal como había sido pensado inicialmente por V-M el cuento que cerrara el volumen. Y el relato Una casa para siempre quedó situado entre Cómo me gustaría morirme y Carmen.
También cambió la cita que abría el libro. En Francia la cita de Blanchot fue sustituida por una de Pessoa:

Il me faut boucler la valise de mon être /
Il me faut exister en rangeant de valises”

Fernando Pessoa, Grand sont les deserts...

c) La cita de Blanchot eliminada era “Cuando estoy solo, no estoy
La cita original debe ser:
« Quand je suis seul, je ne suis pas seul, mais, dans ce présent, je reviens déjà à moi sous la forme de Quelqu’un. Quelqu’un est là, où je suis seul. Le fait d’être seul, c’est que j’appartiens à ce temps mort […]»
Blanchot Maurice, L’Espace littéraire.

d) Quizás los franceses no tienen sentido del humor.


6
Siempre que tengo que hablar sobre una novela de Vila-Matas recuerdo la Levedad que Italo Calvino proponía para la literatura del nuevo (este) milenio. El salto sobre la tapia para eludir a los acosadores. Creo que la narrativa de Vila-Matas refleja a la perfección lo que supone esa levedad, que, recordemos, no debe confundirse con frivolidad, ese elevarse con ingenio e ironía sobre la pesadez narrativa predominante.
Lo que nos propone en esta ocasión, partiendo del viejo dicho de que todo está ya escrito, es la reinvención de la narrativa a través de la repetición y la reescritura. Se puede leer como ensayo, como ejercicio práctico de demostración de sus tesis, como una enorme broma sobre sí mismo, como una ingeniosa novela que busca, modestamente, horadar la pesadez que nos abruma o como todas ellas al tiempo.
Como siempre, en esta casa somos fieles vilamatianos, una novela muy recomendable.

9/3/14

Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas

Aunque el arte es (copio) “una actividad creadora del ser humano, por la cual produce una serie de objetos (obras de arte) que son singulares, y cuya finalidad es principalmente estética”, no podemos eludir que durante mucho tiempo, desde el Renacimiento hasta el Siglo XX, el Arte ha estado vinculado a su funcionalidad, siendo ésta (generalizo) principalmente la ostentación. La posesión de obras de arte es un símbolo de status social. El arte contemporáneo (sigo generalizando) está desprovisto en gran parte de esa funcionalidad. Las “obras de arte” actuales no pueden ser “poseidas”. El arte contemporáneo es cualquier cosa excepto “portátil”. Y su carácter ostentativo se diluye ante su fugacidad, ya que otra de sus particularidades es la de sólo poder ser exhibida en determinados lugares y, en gran medida, una única vez.
No divaguemos.  
Kassel no invita a la lógica, es una novela y, como tal, una impostura, una ficción. Es cierto que Enrique Vila-Matas acudió como escritor invitado a la Documenta 13 celebrada en Kassel y que ese viaje es el sustrato de su novela. Es cierto que su participación consistía en sentarse a escribir en un restaurante chino y que dio una conferencia en principio programada para que no asistiese nadie. Es cierto que cada una de las obras descritas en la novela fueron exhibidas en Documenta 13. Se puede consultar la página web del evento o las fotografías de los asistentes a la muestra. Existió en alguna ocasión un galgo con una pierna pintada de rosa en un agreste jardín dominado por una estatua cuya cabeza era un panal de abejas.
Todo es cierto, “real”.
Pero el narrador innominado de Kassel no invita a la lógica no es necesariamente Vila-Matas. A pesar de que los alter-egos creados para la ocasión, Autre y Piniowsky, parecen no funcionar demasiado bien, al contrario que en otras narraciones del autor, para los propósitos del narrador y que reclamen de alguna manera que ese “yo” narrador se desenmascare, eso no llega a ocurrir. Siempre hay una distancia insalvable entre lo escrito y la (sea-lo-qué-sea) realidad.
Quizás lo que de “realidad” haya en Kassel no invita a la lógica lo resuma el propio autor en su artículo Ser contemporáneos 

El resto es ficción. 
Y no lo es.
Porque es cierto que Kassel no invita a la lógica es una reflexión sobre el impacto del arte contemporáneo sobre el escritor-narrador. Pero también es importante en la novela nuestra relación con el tiempo, la brevedad de la vida y la inminencia de la muerte.

Me acordé que Chesterton decía que había una cosa que daba esplendor a cuanto existía, y era la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.Tal vez era ese deseo de que hubiera algo más lo que nos llevaba a buscar lo nuevo, a creer que existía algo que pudiera todavía ser distinto, no visto, especial, algo diferente a la vuelta de la esquina más inesperada; por eso, algunos nos habíamos pasado toda la vida queriendo ser vanguardistas, pues era nuestra forma de creer que en el mundo, o tal vez más allá de él, más allá del pobre mundo, podía haber algo nunca visto. Y por eso algunos rechazábamos la repetición de lo que ya se había repetido (…)

Enrique Vila-Matas: Kassel no invita a la lógica; Ed. Seix Barral.


Nuestro narrador sufre la desazón del paso del tiempo. Se levanta optimista por la mañana (un nuevo día por delante con la promesa de esquinas inesperadas) y por la noche le embarga la angustia de otro día consumido. Esto tal vez a algunos os suene a exageración, pero es un sentimiento abrumadoramente real que se alcanza a cierta edad. La convicción, fuera de estadísticas y probabilidades, la seguridad aplastante de que los días vividos superan en muchos a los que nos quedan por vivir. Y debemos seguir (me incluyo) adelante arrostrando esa angustia ante la inminencia de la nada. 
El arte, cualquier forma de arte, es capaz de colmarnos el deseo de sorprendernos a cada esquina, es capaz de proporcionamos el ánimo de seguir adelante.
Esta idea en manos de cualquiera podría haberse convertido en una cursilería patética. Es más, es posible interpretar la novela desde esa perspectiva y hacer una lectura equivocadamente afectada.
No caigamos en ese error.
Hablamos de Enrique Vila-Matas. Hablamos de una novela que, de nuevo, revisa la realidad desde su peculiar perspectiva, un estilo no sé si llamar cómico-erudito (tragicómico, quizás, pero enérgicamente intelectual) Una novela en la que cada capítulo es una nueva esquina a doblar.
¿Una novela buena, mala?, ¿en comparación con otras mejor, peor? Joder, ES Vila-Matas. Disfrutad, porque no encontrareis ahora mismo en las librerías una novela comparable a ésta. Sencillamente, Vila-Matas compite en otra liga literaria. Algo que muchos, enfrascados en sus disputas domésticas, todavía no han entendido.

El arte es algo que nos está sucediendo


Falso P.S.:
Entonces ¡WYATT!
Y recordad, según avanzamos Wyatt ya no es Wyatt. Wyatt es “él” y el Padre Gilbert Sullivan y Stephan y Stephen. ¿Podemos decir en cada momento que Wyatt es Wyatt? ¿Es el mismo Wyatt en cada parte de la narración? ¿Es Wyatt Autre y Piniowsky y el narrador y Vila-Matas y ninguno de ellos?
Gritad: ¡WYATT!

6/3/13

Magma, de Lars Iyer


El libro va de personas que quieren ser filósofos, pensadores, escritores; va de autopromotores en otro sentido (se promocionan a sí mismos ante ellos mismos, y quizá ante otra persona). En Magma los personajes representan papeles de filósofos, pensadores y escritores igual que yo represento el papel de autor literario en mi  incesante autopromoción. E igual que ellos nunca están del todo convencidos de su empeño, yo tampoco lo estoy del mío. Igual que ellos son hombres desfasados, que anhelan convertirse en filósofos de la Vieja Europa cuyo pensamiento formara parte de una rica tradición cultural aun cuando son conscientes de que nunca se convertirán en filósofos de la Vieja Europa, podría decirse que yo, también, anhelo anacrónicamente convertirme en un autor literario cuando tal rol pertenece al pasado. La época de los  personajes de la Vieja Europa pasó. Por tanto, también, para mí, ha pasado la época de la literatura, y una de las formas en que este hecho se pone de manifiesto es en la necesidad de que hoy el autor se autopromocione.

De LA SITUACIÓN DE LA LITERATURA AMERICANA, entrevista a Lars Iyer publicada el 6 de enero de 2012 en el magazine FULL STOP



Es complicado hablar de Magma. Uno siente la tentación de llenar la página de citas de la novela, de frases ocurrentes entresacadas de aquí y de allí. Intentemos no hacerlo:


1.- Max Brod o “Kafka es nuestro líder espiritual

W. y Lars, el narrador, reconocen a Kafka como su líder espiritual. Leer El Castillo tuvo consecuencias funestas para los dos “¡allí estaba la Literatura en sí misma!
Dice Kafka de Brod que éste “se arrepiente de lo que escribe mientras escribe, luego nunca” mientras que Kafka tuvo una visión pesimista de sus textos. Digamos que para Kafka escribir era un continuo arrepentimiento. Durante y después.

W. y Lars los protagonistas de Magma entienden que la obra de Kafka es un hito fundacional de la literatura contemporánea.

Se lee en los Diarios de Kafka:
20 de octubre de 1911“(…) y luego en casa de Max, que me tocó una danza gitana de La doncella de Perth. Una danza en la que, durante páginas enteras de la partitura, uno se limita a mecer las caderas con un tictac monótono y a dibujar una expresión lenta y cordial en la cara”

Esta imagen, entrañable hasta casi el ridículo, nos lleva al segundo punto.

2.- Parejas cómicas

2.1 Lévinas y Blanchot.

Veamos… yo, como los protagonistas de Magma, soy un mono. Internet (que Lars y W. utilizan para intercambiarse dibujos de pollas a través de Messenger) me hace parecer más listo. No hace falta bucear demasiado en la Red para encontrarse con esta frase de Lévinas: “Soy totalmente solo; así, pues, el ser en mí, el hecho de que existo, mi existir, es lo que constituye el elemento absolutamente intransitivo, algo sin intencionalidad ni relación. Todo se puede intercambiar entre los seres, salvo el existir” Tampoco hay que insistir demasiado para descubrir el sentido (resumido) de la filosofía de Lévinas: “No debemos ver al Otro como alguien enfrentado y opuesto. Digamos que hay Yo porque existe el Otro y, de alguna manera, éste nos cuida y se responsabiliza de nosotros”. La relación entre Lars y W. es de esta índole, donde W. adopta el papel del Otro, otro sin el que Lars no podría ser definido. Se crea así entre ellos una tensión entre afable y tiránica que por definición es la base de toda pareja cómica, desde el payaso blanco y el augusto, pasando por Oliver Hardy y Stan Laurel… ¿Kafka y Brod? ¿Lévinas y Blanchot? ¿Estragón y Vladimir? ¿Bouvard y Pécuchet?
Iyer menciona, a través de sus personajes la foto en que Lévinas y Blanchot aparecen juntos, que es la que se ha escogido para ser portada de la traducción española en Pálido Fuego.
Pero la foto original, tomada en Davos en 1929 es esta: 





La tercera persona, el hijo de Lévinas (creo), ha sido eliminada de la memoria de los personajes de Iyer. Para ellos, dúo inefable, el mundo es interpretado por parejas. Así Kafka y Brod, o como finalmente concluyen, Brod y Brod.


2.2 El gordo y el flaco

No sabemos como es W. ¿o sí? ¿Acaso no queda definido por contraposición a Lars, gordo y desaliñado? O al menos así es como dice Lars que W. le describe. ¿Sabemos cómo es Lars? Tampoco directamente, solo por oposición a W. Imaginamos, pues a Lars y W. como una especie de gordo y flaco. Hardy y Laurel. Samuel Pickwick y Sam Weller. Sancho Panza y Alonso Quijano. A fin de cuentas todo se reduce a eso.




Blanchot y Levinas.


3.- Enrique Vila-Matas

Aunque para nosotros, lectores de Vila-Matas, así como para el mismo Vila-Matas, la situación está totalmente clara: el sentimiento de melancolía literaria de Montano es ridículo, aun cuando nosotros, también, compartamos algo de esta experiencia. Naturalmente, no estoy afirmando que todos deberíamos escribir como Vila-Matas. Sino que ha sido él quien nos ha mostrado la situación que hereda el escritor de ficción literaria, y la tarea que esta situación nos deja: la de registrar, en la propia obra literaria, lo que le ha sucedido a la literatura; la tarea de escribir sin ingenuidad. ¿Se repetirá Vila-Matas? No lo ha hecho en los libros traducidos al inglés que le he leído. ¿Se harán tediosos sus artefactos? No en la medida en que sigan negociando nuestra relación con el modernismo con tanta destreza como lo vienen haciendo
(Lars Iyer entrevistado por Antônio Xerxenesky; 3:AM Magazine, 6 de febrero de 2013)

¿Es Magma una novela vilamatiana? Creo que a Enrique Vila-Matas no le gustará demasiado la idea. En principio, por las características de los personajes, enfermos de literatura empeñados en fracasar, brods que jamás serán kafkas, se podría decir que sí. Pero Magma es una novela de influencias, es decir, no tanto de influencias sino de dejar explícitas sus influencias. Así quedan patentes en Iyer su recurrencia a Bernhard, Beckett, Auster y, sí, Vila-Matas. Pero la construcción final, a pesar de constar de la solidez innegable de sus referentes, no apela particularmente a ninguno de ellos. Es decir, Magma es un ejemplo de novela que refiere a otras novelas intentando hallar en las influencias una nueva forma narrativa de expresar la decadencia  de nuestros tiempos y la futilidad de todo intento de describirlos, y, por extensión, la insignificancia y la impostura de toda forma narrativa que pretenda ser nueva, y, por extensión, la trivialidad de la narrativa y, por extensión, de toda narrativa autoreferencial, con todas las objeciones inherentes que podamos expresar en torno a este tipo de novelas.
Pero a Magma le salva el humor. Un humor sterniano, flaubertiano, pickwickiano, kafkiano, vilamatiano. 


y 4.- Humedad y mesianismo

Magma es una novela de ideas. Está formada por los aforismos y discursos de W. recogidos por Lars. Bajo su apariencia “ligera”, acentuada por la comicidad, se oculta una reflexión sobre el papel del intelectual en nuestros tiempos. Pero no por ello constituye eso que podemos definir como “novela para escritores”
En realidad es difícil ser original reseñando Magma (Spurious).
Resumiendo: W. se empeña en teorizar sobre el mesianismo leyendo unos ensayos que confiesa no logra entender, mientras la casa de Lars es literalmente corroída por una persistente humedad.
Esa imagen, la de la casa de Lars desmoronándose a causa de la humedad, me recordó la escena del papel pintado en la película Barton Fink de los hermanos Coen. Recordemos que en ella los personajes se oponen intelectualmente. Mientras que Barton Fink (John Turturro) es un ególatra autor de teatro, Charlie Meadows (John Goodman) representa al hombre del pueblo (en principio) cuya vida está cargada de experiencias que Fink no quiere escuchar, como si simplemente desde un ejercicio intelectual, Fink pudiese conocer la esencia de la lucha libre (tema de la película en la que trabaja) rechazando la experiencia de primera mano que Meadows puede proporcionarle. Y en cierta manera eso también es lo que acaba contando Magma, que la intelectualización de la vida no conduce más que al fracaso.
Al menos nos queda la ginebra.


FIN: 
Aquí la reseña de Enrique Vila-Matas aparecida en El País, Brod contra Brod

8/12/12

Petersburgo, de Andrei Biely

Andrei Biely, Andréi Bely o Andréi Bieli en definitiva Андрей Белый, seudónimo de Borís Nikoláyevich Bugáyev o Борис Николаевич Бугаев

Entre 1913 y 1914 Petersburgo se publicó por entregas en Sirin, la revista con nombre de animal mitológico ruso. V. Sirin es el pseudónimo que empleó Vladimir Nabokov para publicar sus primeros textos durante su exilio en Berlín.
(¿Comentó alguna vez Nabokov ante sus alumnos de Cornell que Sirin era el mejor poeta de su época en ruso, o ya estoy inventando hechos desde la nebulosa que es mi memoria?)
Dejemos a Nabokov… o no, pues en cierta manera él es el culpable-héroe de que rescatásemos del olvido esta magnífica novela de Biely. Como dice Enrique Vila-Matas en su artículo sobre Petersburgo, La brecha de Petersburgo (que es lo que tendríais que estar leyendo si queréis una excelente y magistral información sobre Biely y su novela, y no esto):
Como de pasada, la había dejado caer Nabokov al nombrar  por sorpresa las cuatro obras maestras de la prosa del siglo: “Son, por este orden, Ulises de Joyce, La Metamorfosis de Kafka, Petersburgo de Andrei Biely, y la primera mitad del cuento de hadas de Proust, En busca del tiempo perdido”.

Pero vayamos a una de las primeras imágenes-ideas que nos deja la novela:

“El hombre de estado, mientras oteaba con la imaginación la niebla infinita del cubo negro del coche, de pronto comenzó a expandirse en todas las direcciones y se remontó sobre ella: habría querido que el coche avanzara veloz, que las avenidas, una tras otra, volaran a su encuentro; que toda la superficie esférica del planeta quedara ceñida, como por anillos de serpiente, por los cubos negruzcos de las casas; que toda la tierra oprimida por avenidas surcara las inmensidades en carrera cósmica lineal de acuerdo a las leyes rectilíneas; que una malla de avenidas paralelas, entrelazada con una malla de avenidas, se extendiera hacia los abismos siderales con los planos de cuadrados y cubos: a cuadrado por habitante, que…

Después de la línea, ninguna realidad le calmaba tanto como el cuadrado”

El senador Ableujov sueña con una gran avenida que circunda el planeta como una cadena.





Es la Avenida Nevsky, claro. Una avenida que rodea completamente el planeta constriñéndolo y creando perpendicularmente a ella una enorme cuadrícula de edificios y calles. Como un inmenso tablero de ajedrez esférico girando alrededor del Sol y desplazándose por los abismos siderales. Y en cada cuadrícula una persona. Y una de esas personas lleva consigo una bomba.

¿Había leído Biely El agente secreto de Conrad? Lo que casi podemos asegurar (de nuevo lo afirmo desde mi nebulosa imprecisa) es que leyó Los endemoniados de Dostoievski, de la cual alguna de las tramas de Petersburgo funciona como parodia o, quizás, como reescritura desapasionada (quiero decir despojada de la pasión enfermiza de los personajes de Dostoievski), irónica y crítica. Quizás eso fue una de las cosas que más apreció Nabokov de la novela de Biely. Especulo sin ningún criterio.

¿O acaso no es esta una de las descripciones de un personaje más anti-dostoievkianas (y en general anti-decimonónicas) jamás escritas-leídas?:

Era alto, de barba rubia, tenía nariz, boca, pelo, orejas y ojos; lamentablemente, llevaba gafas azules oscuras y nadie sabía el color de sus ojos; ni la maravillosa expresión de sus ojos

¿O acaso este parlamento de Aleksandr Ivanovich Dudkin, no presenta al revolucionario y terrorista como un ser un tanto indefenso e incluso ridículo, en contraposición a las dudas nihilistas y los sentimientos religiosos que golpean, como inherente culpa, a los personajes de Dostoievski?:

—Me mata la soledad: ya no sé ni expresarme; se me enredan las palabras.

(…)

—Me hago un lío con cada frase; en lugar de una palabra digo otra distinta. De pronto olvido como se llama el objeto más corriente; me pongo a repetir: lámpara, lámpara; hasta que de pronto se me antoja que esa palabra no existe. Y a veces no tengo a quien preguntárselo.

(…)

—Cuesta mucho vivir en el vacío torricelliano…

(…)

—Se dice que yo no soy yo, que soy “nosotros”. Perdón, ¿por qué? Pero la memoria me falla: la soledad me mata. ¡A veces hasta me enfado!

Según Briusov, en su obra Los simbolistas rusos, “El objetivo del simbolismo es hipnotizar al lector mediante una sucesión de imágenes colocadas una tras otra para provocar en él un cierto estado de ánimo” y en Petersburgo la bomba, que tarde o temprano explotará y que desencadenará el frenesí lector de los últimos capítulos de la novela, es el principal símbolo motor de la urgencia narrativa que nos dominará. Quiero creer que Hitchcock había leído Petersburgo y que de ahí surgió su teoría cinematográfica que tan buenos momentos nos ha dado como espectadores.

La bomba. Tic, tac, tic, tac…

Y quiero creer también que Petersburgo funciona como símbolo profético de lo que será la narrativa del siglo XX. Está claro que no puedo desvelar el sentido último de lo que supone esa alegoría sin destripar el final de la novela. Pero, sin decir mucho más, es como si Biely hubiese adivinado a Joyce, Faulkner, Nabokov, Beckett, et al caminando por las calles de la narrativa, portando cada uno de ellos una bomba a punto de explotar.

Pero dejando aparte esas analogías, tanto la paródica como la simbolista profética, Petersburgo es capaz de alcanzar magníficas cotas narrativas sin necesidad de apelar al double coding o a la ironía intertextual, según los criterios de Eco, que posiblemente encierre. Es más, ¿a quién le puede interesar en principio esas segundas interpretaciones del texto cuando éste es satisfactorio en sí mismo? Porque es posible que en Petersburgo se reinterprete a Dostoievski, es posible que la novela de Biely sea de las primeras en inaugurar la narrativa “revolucionaria” (por seguir con el símil) Pero eso no es nada, NADA, comparado con el placer estético, narrativo, crítico e irónico, que proporciona su lectura.
Podemos ser críticos, podemos ser lectores analíticos, podemos intentar relacionar unas novelas con otras, destacar lo que representan en la historia de la narrativa y centrarlas en su contexto social. Podemos hablar mucho y no decir nada. Porque cuando uno se encuentra ante una obra maestra se da cuanta de la imposibilidad de poder decir nada sobre el texto que lo trascienda. No hay nada que se pueda añadir a la obra perfecta. Así que nos quedamos en nuestra casilla del inmenso tablero de ajedrez cósmico y simplemente lanzamos una advertencia a los trebejos colindantes y les decimos que Petersburgo, de Andrei Biely es la novela que todos debemos leer, que es una de esas obras maestras imprescindibles que debemos llevar en nuestro equipaje mientras paseamos por la avenida que circunda el planeta. Esa avenida en la que con toda probabilidad, alguna vez Biely se cruzo con un niño llamado Vladimir que finalmente pondría su novela, aún por escribir, en el lugar preeminente que merece dentro de la historia de la literatura.

26/7/12

Decir noche, de Elisa Rodríguez Court

En 1902 Hugo von Hofmannsthal publicó su Carta de Lord Chandos. El Lord Chandos de Hofmannsthal es un personaje ficticio. La verdadera familia de los Duques de Chandos eran propietarios de uno de los tres únicos retratos que se cree plasman a William Shakespeare. Sin embargo el Philip de Chandos de Hofmannsthal no es un personaje histórico. Un contemporáneo de Francis Bacon fue Grey Brydges, 5º Barón de Chandos. Tanto éste como Bacon fueron a su vez coetáneos de Shakespeare.
Tenemos confrontados a un hombre que decide dejar de escribir y a otro de cuya vida privada no tenemos más que retazos, que escribió compulsivamente y del que se duda, sin ningún rigor, que fuese autor de las obras teatrales fundamentales de la literatura universal.
Un supuesto retrato, como una sombra anónima que atraviesa la historia.
La vida de los escritores es otro género narrativo plagado de ficción. La vida de los escritores, en otro caso, en el caso “real”, carece de interés.
Lo único que verdaderamente importa es la huella que han dejado en nosotros a través de sus textos.
De eso, más o menos, trata Decir noche.

Dice Lord Chandos en su carta: “Mi caso es, en resumen, el siguiente: he perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre ninguna cosa”, se siente, dice después, como si “estuviese encerrado en un jardín lleno de estatuas sin ojos

Lord Chandos, el ficticio, sale un día de su despacho. O quizás fuese Hofmannsthal, quizás todo sea una proyección que el autor austriaco efectúa en el tiempo y que hace coincidir con la época en que Shakespeare se retiró a su pueblo natal. Y dejó de escribir. Chandos sale de su despacho y se topa con su hija. Hay preguntas. Y Lord Chandos, con toda su erudición y su amplio bagaje cultural, descubre que no puede responder a una niña. Ante él se ha abierto un abismo entre la ficción de los textos entre los que vive, en los que vive, y la “realidad”.
La vida es otra cosa.
Y deja de escribir.
La vida es otra cosa, por eso las vidas de los escritores no son nada interesantes. Por eso los hacemos vivir en nuestras cabezas.
Somos lo que leemos.

Decir noche es un recorrido muy poético por los referentes literarios de su autora. Y nos deja la sensación de que nuestro particular mundo narrativo, el conformado por todas nuestras lecturas, tiene la forma de un páramo, un silencioso jardín, como esos cuadros de DeChirico, en los que, sin embargo, siempre hay algo que tiene una relevancia especial y se convierte en un brillante punto focal.
La vida es otra cosa, pero lo que hemos leído también es nuestra vida.
Y a esa otra vida que transcurre en el jardín de estatuas sin ojos se refiere Elisa Rodríguez Court. Es un texto plagado de citas y referencias que conforman un íntimo homenaje a sus preferencias lectoras. Un texto en el que ve deambular por el jardín de la memoria las figuras de los autores que la emocionaron, aquellos que conforman su vida.
Y sobre todas ellas, ominosa, la de Enrique Vila-Matas.

3/6/12

Dejemos de joder con la literatura

Siempre había tenido serias dudas respecto al hecho de escribir. Bueno, seamos precisos, más exactamente respecto a publicar. Las circunstancias fueron lo que me decidieron. Eso y un afán experimental (no en lo que se refiere al hecho de escribir, sino experimentar con la posibilidad de publicar). Y la vanidad, claro.
Al final ocurrió lo que ocurrió.
Lo que ocurrirá después es una incógnita.

Desde hacía unos días tenía pendiente de lectura este artículo de Lars Iyer de fascinante título:

Desnudo en la bañera, asomado al abismo (Manifiesto literario tras el fin de la literatura y los manifiestos)

Pero hoy he llegado finalmente a Iyer gracias al artículo de Enrique Vila-Matas:

Música para malogrados

Que me cite me resulta chocante y sinceramente extraño.

¿Qué hacemos ahora? Publicar es un capricho de nuestros tiempos. La narrativa que se publica en la actualidad (ya sabemos todos a que clase de narrativa me refiero) es un ente endogámico que no repercute más allá de los propios autores-lectores. Es algo enfermizo. Y fugaz.

Además. Leo a Iyer y tengo la impresión de que me habla directamente:

"Deja ver claramente que eres consciente de tu impostura. No eres un Autor, no en el sentido tradicional. En realidad, no has escrito ningún Libro, un Libro de Verdad. No formas parte de ninguna tradición, movimiento ni vanguardia. No te estás jugando verdaderamente nada en la Literatura, por muchos aires insensatos que te quieras dar. Además, la verdad es que hoy día es poquísima la gente que lee. No dejes de recalcar bien este dato. ¡Nadie lee, pedazo de idiota! Hay más novelistas que lectores. Hay demasiados libros..."


No soy un autor.
Pero aunque sea un pedazo de idiota hacedme caso: Leed los dos artículos. Son muy interesantes.

Leamos entonces y dejemos de joder con la literatura.


(La novela Spurious de Lars Iyer será publicada en español por por la editorial Pálido fuego)

10/4/12

Aire de Dylan, de Enrique Vila-Matas

El escritor Juan Lancastre ha muerto. Su autobiografía, la obra en la que estaba trabajando a su muerte, ha sido quemada por su mujer, Laura Verás. La amante de Lancastre, Débora, que ahora comparte su vida con el hijo de Lancastre, Vilnius, que tiene un gran parecido con Dylan, se proponen inventar la autobiografía de Lancastre, para lo cual cuentan con la ayuda del narrador de Aire de Dylan.

Nota 1.- El narrador de Aire de Dylan no tiene nombre. Ya sabemos todos los equívocos que Enrique Vila-Matas ha tenido que desmentir en torno a sus narradores. Ni siquiera hacerlos físicamente distintos a él, incluso jorobados, ni proporcionarles un nombre y una personalidad que rompen con la linealidad narrativa, ha servido para que los lectores no identifiquemos narrador con autor. El narrador de Aire de Dylan no tiene nombre… ¿nadie va a preguntarle a Vila-Matas sobre este narrador y por qué precisamente éste, que tantas similitudes circunstanciales tiene con el autor, no tiene nombre?
Fin Nota 1

El fantasma de Lancastre tiene la persistencia de la permanencia. Se apropia de los mecanismos neuronales de su hijo para no desaparecer. Débora y Vilnius quieren tener una única idea al día y no llevarla a cabo. El juego narrativo que propone Vila-Matas nos lleva, sobre todo, a Hamlet de Shakespeare y a Oblomov, de Goncharov. Es un juego de referencias y paralelismos del que incluso los mismos personajes son conscientes. Se construye así una historia que algunos califican de liviana, con ciertas dosis de misterio y una intriga de poder (literario-editorial) en torno a la autobiografía de Lancastre.

Nota 2.- En sucesivas entrevistas concedidas, Enrique Vila-Matas ha insistido en mencionar como referente La verdadera vida de Sebastián Knight, de Vladimir Nabokov. Sin embargo el autor no es mencionado explícitamente en Aire de Dylan. Se convierte en una referencia oculta dentro del texto:

Por un momento fue como si la máscara de Laura se hubiera revuelto en un infierno de agua y adherido a la cara de su hijo y el parecido entre los dos no quisiera esfumarse. Soy Laura o Laura es yo, parecía decirse Vilnius, soy ella o ella es yo, o quizás ambos somos alguien que ninguno de los dos conoce” (Aire de Dylan, pag. 323-324)

la máscara de Sebastián se adhiere a mi cara, el parecido no quiere esfumarse. Soy Sebastián o Sebastián es yo, o quizá ambos somos alguien que ninguno de los dos conoce” (últimas líneas de La verdadera vida de Sebastián Knight, de Vladimir Nabokov, traducción de E. Pezonni)

En la novela de Nabokov hay una investigación sobre la vida de un escritor, Sebastián Knight, por parte de su hermanastro V (¡atención a la V!) para escribir una biografía que desmienta otra biografía escrita por el agente literario de Knight, ofensiva y plagada de mentiras. No vamos aquí a desvelar la trama de la novela, pero esa última línea, esa mención a las máscaras, hace que nos replanteemos todo lo leído.

¿Debemos replantearnos Aire de Dylan?
Fin Nota 2

Las historias se entremezclan en Aire de Dylan. Junto a la trama hamletiana, con unos malvados que representan al tío y a la madre del Hamlet de Shakespeare, se desarrolla una búsqueda que se traslada hasta Hollywood para averiguar la autoría de una frase atribuida a Scott Fitzgerald y que debería formar parte del libreto de la película Tres camaradas (“Three Comrades", dirigida por Frank Borzage en 1938): “Cuando oscurece siempre necesitamos a alguien”
La frase no aparece en la película, ni es de Scott Fitzgerald. El resto supondría desvelar parte de la trama.

Nota 3.- En el año 2000, Enrique Vila-Matas escribió en El País, a propósito de la publicación de una biografía de Dorothy Parker:
A Dorothy Parker le sentaba bien esta frase de su amigo Scott Fitzgerald: "Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien"
Fin Nota 3

La idea de escribir la falsa autobiografía de Lancastre se convierte en el motor narrativo de la última parte de la novela. Transformar a Lancastre, convertirlo en el escritor que no fue:
una autobiografía inventada en la que el padre de Vilnius, de un modo transversal y típicamente postmoderno, habría tenido la osadía de ser muy crítico con él mismo y serlo, además de un modo harto despiadado”
(una autobiografía) “donde estaba previsto que Juan Lancastre quedara rematadamente mal y como notable ejemplo de escritor que supo reunir en sí mismo todos, absolutamente todos, los defectos de lo que durante un largo tiempo se dio en llamar la postmodernidad (suponiendo que esa palabra, postmodernidad, haya significado alguna vez algo realmente, más allá de su condición de etiqueta o de lugar común odioso”

Nota 4.- Este último párrafo puede ser el origen del malentendido surgido en torno a la nota que la editorial adjuntó en la faja.
Fin Nota 4

La cuestión es que en la novela nadie escribe esa autobiografía. Los jóvenes Vilnius y Débora están demasiado ocupados en su tarea oblomovista y el narrador no recibe instrucciones ni datos por parte de ellos. Así que la autobiografía falsa de Lancastre es un proyecto que no avanza, digno de pertenecer al congreso literario sobre el fracaso con el que se abre la novela (acto que significa el ingreso tardío del narrador “en el teatro de la vida”) Finalmente el narrador declara que no escribirá las memorias de Lancastre.
“El aire es frío”

Nota 5.- Lo cual es una falsedad y una impostura. En realidad Aire de Dylan es la inventada autobiografía de Lancastre, está escrita y el lector la tiene en sus manos. Ahora bien, en este juego de máscaras que nos propone Vila-Matas apelando a Nabokov, no hay una certeza absoluta por parte del lector de quien es cada uno de los personajes. Es más, de quien debemos recelar con mayor intensidad es del propio narrador. Un narrador que ha superado la impostura vila-matiana para alcanzar la infidencia nabokoviana.
Así parece revelarlo el propio narrador en uno de los pasajes de la novela:

A fin de cuentas, por increíble que pudiera parecer, estaba ante la verdadera primera gran oportunidad de mi gris vida de escritor. (…) una historia de la vida real de la que yo estaba siendo privilegiado testigo iba a tener que contarla en clave de memorias abreviadas de un escritor muerto, porque esa era mi callada intención: transformar lo que yo había vivido en las últimas semanas en la autobiografía del difunto Lancastre

Soy Laura o Laura es yo, parecía decirse Vilnius”, a lo que el narrador añade que es Vilnius o que Vilnius es él, y que es Lancastre y que Lancastre es él, y que es Débora y que Débora es él.
Recordemos que el narrador no tiene nombre, pero al mismo tiempo tiene todos los nombres. El narrador es polimorfo (“(Vilnius) Seguía siendo él mismo, pero en realidad estaba ya más abierto al infraleve arte de ser muchos”) y siempre habla de sí mismo.

Nota 5.1 Hermes es mencionado como polítropo, es decir, de multiforme ingenio, como Odiseo, y como conductor de las almas de los muertos al Hades. Lo cual enlaza con la anterior novela de Vila-Matas, Dublinesca, donde se celebra un funeral en Dublín, patria del moderno Odiseo, y determina el carácter crepuscular de Aire de Dylan. La aparición del segundo disco de Dylan, el primero que contenía composiciones suyas, The Freewheelin', publicado en mayo de 1963, coincide con la fecha del fin del mundo, acontecimiento contemplado por Lancastre y el narrador. Por consiguiente, todos estamos, los polimórficos avatares del narrador y también el lector, caminando de la mano de Hermes.
Y Hermes es tanto el origen de lo Hermético como de la Hermenéutica. Y creo que es aquí donde debemos detenernos. En el hermetismo de un texto que precisa una aguda interpretación.
Fin Nota 5.1
Fin Nota 5

Notas sin desarrollar:
a) ¿Es simbólica la representación en la novela de la muerte de Ofelia? ¿Sexo y muerte? ¿Tal y cual?
b) Películas que se exhibían en Barcelona en 1963. Nada sobre Tres camaradas.
c) Correlación personajes- autores: Narrador-Dickens; Lancastre- Joyce y Dickens; Vilnius-Joyce. ¿ Doctor Finnegans y/vs Monsieur Hire?
d) El Fin del Mundo

Creo que es un error calificar Aire de Dylan de novela liviana. Es decir, lo es, tiene un premeditado aire liviano, contagiado tal vez por la alegría oblomovista de sus personajes. Pero es, al mismo tiempo, un texto complejo y enrevesado, un laberinto endiablado que contiene en sí mismo la clave para salir de él. O para perderse para siempre en su interior, que es lo que muchos quisiéramos.

Nota 6.- El nombre del narrador es
Fin Nota 6

12/2/12

Tres cosas interesantes

Hay voces agoreras clamando que los blogs han muerto.

Argumenta Javier en las últimas entradas de Rango Finito que existe un problema, generado por el uso generalizado de las redes sociales, que ha conseguido que disminuyan el número de enlaces entre blogs y, por consiguiente, que disminuya el contenido en la red. El tema es interesante ya que la tendencia apunta a que somos nosotros mismos quienes estamos haciendo que el entramado de la red que nos unía sea cada vez más débil. Los enlaces en las redes sociales, además de por su permanencia fugaz, no generan contenido dentro de Internet ya que son obviados por los buscadores… o algo así, me pierdo en los aspectos técnicos. Mirad en la entrada Enlaces y en los comentarios.

Es evidente que este post pretende generar enlaces y contenido.

Otra cosa: Me ha llegado la edición de Locus Solus de Raymond Roussel que acaba de publicar Capitán Swing con un prefacio de Jean Cocteau y un largo epílogo con artículos escritos en su tiempo por Robert Desnos, Paul Eluard, André Breton, Michel Leiris, Michel Butor, John Ashbery, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Alain Robbe-Grillet, Philipe Sollers, Maurice Blanchot y Climent Rosset. La traducción corre a cargo de Marcelo Cohen.
El criterio que ha seguido la editorial a la hora de seleccionar los artículos ha sido escoger a las tres primeras generaciones de lectores de Roussel. Por eso echo en falta el Regreso a Locus Solus de las Relecturas de Enrique Vila-Matas.
Del maravilloso, desasosegante y frío relato de Raymond Roussel no voy a decir nada más




Y última cosa, aunque no menos importante (ya sé, queda mejor en inglés): Hacía tiempo que un texto no me producía tanta euforia. Y todo gracias a José Luis Amores que ha traducido, con permiso del autor, Steven Moore, la introducción al ensayo The novel, an alternative history. Todo esto podéis leerlo en la entrada de su blog La novela de la novela donde encontrareis el enlace para leer-descargar la introducción de Moore donde deja bien claras sus preferencias literarias y carga contra la estrechez de miras de aquellos, Myers, Peck y Franzen, defensores de “la historia estándar del género de la novela”. El texto de Moore es prácticamente un Manifiesto en defensa del tipo de narrativa que me gusta leer. Así que os animo… no, os conmino a que descarguéis el texto desde la página de José Luis. Vale la pena, en serio.