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14/10/07

Falsa crónica de Sitges 2007: I’m a cyborg, but that’s O.K., de Park Chan-wook

La trilogía de la venganza junto a esa apostilla que es el episodio de Three Extremes suponen un listón muy alto en la obra de cualquier autor. Puede que Park Chan-wook, consciente de la dificultad de superar la excelencia de sus anteriores trabajos se haya decidido por una obra sencilla en su aspecto narrativo, por una historia moral de comprensión y apoyo entre personas, aunque (o, quizás, por eso) éstas pertenezcan al grupo de los olvidados, de los desahuciados.

¿Es I’m a cyborg, but that’s O.K. (Saibogujiman kwenchana) una película juvenil? ¿Hay límites en cuestión de géneros en el cine oriental que haga que debamos desdeñar alguna película por su temática? ¿Debemos hacerlo con I’m a cyborg, o sólo por comparación de ésta con sus precedentes, Lady Vengeance y Old Boy?

Tal vez lo que se le pueda recriminar a la película de Park sea sus excesivas reminiscencias de otras películas. Es inevitable que una película que trate sobre internos en un sanatorio mental no nos recuerde inmediatamente a otras como Alguien voló sobre el nido del cuco, de Milos Forman, Doce Monos de Terry Gilliam o Pikunikku (Picnic) de Shunji Iwai, aunque la relación con esta última sea mayor, por proximidad espacial y temporal. Lo que tiene de peculiar I’m a cyborg, es la dislocación realidad-ficción mezclando la subjetividad del punto de vista de la chica que cree ser un cyborg y la realidad, un tanto edulcorada y fantasiosa, de un sanatorio mental y de sus tratamientos.








El elemento predominante en la película es una especie de romanticismo fantástico que en cierta manera le quita pretensiones a la película. No es, como las anteriores películas de Park Chan-wook, una película que invite a la reflexión, es simplemente un bello cuento sin más. Formalmente perfecto, eso sí.










Por cierto, hay que añadir la película al misterio de los Conejos y el Gran Conejo

8/10/07

Demostración, por reducción al absurdo, de la existencia de Enrique Vila-Matas (I)

1- Jueves, 4/X/2007

Como se puede comprobar por las crónicas de j. , Absence y Spaulding (entre otros), el día de la inauguración del Festival de Sitges llovió copiosamente. Los zapatos de Spaulding son bastante elocuentes al respecto. La tormenta, acompañada de un fuerte aparato eléctrico colapsó, otra vez más, el servicio de cercanías de Renfe... pero esa es otra historia. Lo que importa es todos sabemos desde H. G. Wells (¿o es desde Steven Spielberg?) que los marcianos desembarcan en la Tierra transportados en los rayos.
Ese mismo día recibo un mensaje de Mateo Monasterio pidiéndome ponerse en contacto con Arturo Belano para pedirle explicaciones sobre el uso de su nombre y apellido en un relato. Mis peores presentimientos se van materializando.

2.-Viernes 5/X/2007

Busco en los textos de Roberto Bolaño alguna referencia al personaje de Mateo Monasterio sin ningún éxito. Por casualidad me reencuentro con un relato que había olvidado de Bolaño que pertenece a Llamadas telefónicas, titulado Enrique Martín y dedicado a Enrique Vila-Matas. Lo leo. En él, Belano narra como en sus primeros años en Barcelona conoció a Enrique Martín y la extraña relación que mantuvieron a lo largo de los años. Extraña porque el personaje de Enrique Martín (y recordemos que es un relato dedicado a Vila-Matas, con quien comparte el personaje nombre) es extraño. Martín es un poeta cuyos versos recuerdan a los de otros poetas y que se ve envuelto en una turbia historia conspiratoria. Lo que ahora interesa es que en algún momento Enrique Martín colabora con una revista que trataba sobre “lo desconocido”:

Se llamaba Preguntas & Respuestas y creo que aún se vende. Pregunté, preguntamos, en qué consistía exactamente lo que ellos hacían. Enrique (su compañera casi no habló durante la última cena) nos lo explicó: iban, los fines de semana, a lugares donde se producían avistamientos (de platillos volantes), entrevistaban a las personas que los habían visto, examinaban la zona, buscaban cuevas (esa noche Enrique afirmó que muchas montañas de Cataluña y del resto de España estaban huecas), pasaban la noche en vela metidos en sacos de dormir y con la cámara fotográfica al lado, a veces iban ellos dos solos, las más iban en grupo, cuatro, seis personas, noches agradables al aire libre, cuando todo concluía preparaban un informe y parte de él (¿a quién le mandaban el informe completo?) lo publicaban, junto con las fotos, en Preguntas & Respuestas.


Intenté relacionar el relato de Bolaño y al personaje de Enrique Martín con el curioso relato incluido en Exploradores del abismo, Amé a Bo, escrito por Vila-Matas, en la que se narra un largo viaje interplanetario y el encuentro con una cultura extraterrestre. Eso sí, a lo Swift.
Por la tarde un compañero de trabajo, X., me muestra una fotografía realizada unas horas antes. Tomada en la carretera entre Vilanova i La Geltrú y Vilafranca del Penedes, a pocos kilómetros de Sitges, X. intentaba capturar la forma de la nube cuando una extraña forma surcó el cielo como una exhalación:



Para ver la fotografía en tamaño grande pulsa aquí

Pienso que debería resolver el mensaje cifrado del relato de Bolaño:

3860 + 429777–469993? + 51179–
588904 + 966 – 39146 + 498207856

3.- Noche del Viernes al Sábado.

Compruebo personalmente en Sitges como los marcianos se encuentran entre nosotros. Algunos parece que todavía no se han acostumbrado a nuestra gravedad y chocan aparatosamente contra las vallas que delimitan la cola de entrada al auditorio.
Vemos Dororo
Le comento a j. los acontecimientos del día: el relato de Bolaño, la dedicatoria a Vila-Matas, Preguntas & Respuestas, la foto del ovni.... Discutimos sobre algunos aspectos curiosos de los relatos de Exploradores del abismo, sobre todo la recurrencia en ellos de los personajes de Maurice Forest-Meyer y Delia Dumarchey. Concluimos que debe haber un plan oculto en ello.
Regreso a casa escudriñando el cielo.
Nada.

(continuará)

7/10/07

Única crónica de Sitges 2007:Dororo, de Akihiko Shiota

Dororo no es una gran película. Es divertida y, mucho antes, una serie de animación y un video juego. Pero, sin ser apenas más que una correcta película, lo cual ya es mucho hoy en día, es una muestra de la capacidad japonesa de idear una serie de situaciones que los occidentales descartaríamos por absurdas, ilógicas e inconsistentes, y hacer de ellas un material narrativo de una imaginación desbordante y original.
Aquí en occidente aún estamos empeñados en que la “realidad” debe ser la base sobre la que se sustente la narrativa (literaria o cinematográfica) En un programa de televisión entrevistan a los espectadores a la salida de una proyección y varios destacan lo “real” que les ha parecido la historia... en una rueda de prensa el director de una película explica como quisieron acercarse lo más posible a la realidad... incluso si consideramos esa distinción y nos atenemos al género fantástico, que nada debe a la “realidad”, podemos comprobar que este género es también consecuente, como si su comprensión estuviese determinada por su paralelismo con la “realidad” .
El cine oriental todavía nos sorprende. Los orígenes culturales de las historias japonesas nada tienen que ver con lo nuestros, quizás demasiado influenciados por una moral maniqueísta, y nada les impide construir una narración desde axiomas que a nosotros nos parecerían insuficientes narrativamente.
Así en Dororo el guerrero que quiere alcanzar la gloria y el poder absoluto vende el cuerpo de su hijo aún por nacer a 48 demonios que se lo repartirán sin que entendamos (ni que importe) que beneficio pueden obtener de ello. Un hechicero encuentra el cuerpo abandonado del niño:

Hace mucho tiempo, en un lugar había un hechicero, quien perfeccionaba su magia en solitario. Según ese hombre sucedió una mañana, cuando regresaba de recolectar hierbas medicinales. Sobre las aguas del arroyo que cruzaba esas tierras advirtió que una cuba de madera flotaba aguas abajo. Entonces sacó la cuba del agua.




Estaba llorando. O al menos, lo parecía. Como si dijera: "Quiero un padre".
“Parece un bebé humano. Si realmente es humano, debe tener el más lastimoso cuerpo que un humano puede tener. Pero aún así tiene apariencia humana.”
Y entonces, el hombre decidió darle un cuerpo al niño. El hechicero injertaba nuevas piernas y brazos a aquellos que los perdían en la guerra. Iba a intentar perfeccionar esa técnica. Primero el hombre se dirigió a un pueblo devastado por la guerra, y recogió los cadáveres de los niños. El hombre hirvió los cadáveres, y luego los mezcló con sus hierbas secretas. Así creó un agua como fuente de vida, con los cadáveres de los niños. Entonces le aplicó electricidad...
(De los subtítulos)


Ciego, sordo, sin órganos internos, sin corazón ni extremidades, será entrenado por el hechicero desde niño en la lucha contra los espíritus y armado con la espada Hyakki-maru, de los cien demonios, forjada para la venganza, el “monstruo”, así lo ven, partirá en busca de los 48 demonios para recuperar las partes de su cuerpo. Partiendo de estas premisas argumentales las expectativas que provoca Dororo acaban defraudando... bueno, no exactamente... supongo que la película defrauda porque quiere explicar muchas cosas que en la serie animada se deben desgranar poco a poco, porque el director no ha querido que Dororo sea una sucesión de peleas contra monstruosas materializaciones de espíritus malvados, algo que en cierta manera esperábamos muchos de los espectadores.



A pesar de su prometedora sinopsis Dororo no se aparta demasiado de un producto comercial juvenil japonés, algo que quizás no acabamos de entender bien, o no acabamos de diferenciar suficientemente provocando confusiones al querer englobar todo el cine japonés como si se tratase de un género. Dororo sea quizás equiparable en el sentido de la confusión con Yokai Daisenso de Miike o Funky Forest de Katsuhito Ishii.
Dororo es un divertido y nada pretencioso espectáculo cinematográfico.



Sin embargo, el viento sopla en la planicie donde lucharán los rivales como en Seppuku o en Rebelión , se pelea bajo la lluvia, como en Los siete samuráis de Kurosawa o en Zatoichi de Kitano, y el mar... aquí dudé... el mar en Hana-Bi simboliza la muerte, en El verano de Kikujiro la pérdida, en Brigth Future de nuevo la muerte, su inminencia... pensaba que en general la visión del mar tenía en la cinematografía japonesa un sentido distinto al que en occidente le damos... sin embargo en Dororo simboliza esperanza... ¿un guiño al espectador occidental?, ¿un detalle sin importancia?... pero, si no tiene importancia, ¿por qué música flamenca en la banda sonora?
Pero no desesperemos: Todavía quedan 24 demonios.