7/11/06

Putas asesinas III: Últimos atardeceres en la Tierra, de Roberto Bolaño

Como en el relato anterior, Gómez Palacio, volvemos a encontrarnos con un relato en el que se ficcionaliza la realidad, pero en este caso el método empleado es otro, ya que el narrador se sitúa fuera de la acción, pero nos hace creer que está presente en la misma. Bolaño nos plantea una paradoja, que no es tal, al plantearnos la posibilidad de un narrador heterodiegético que sea homodiegético al mismo tiempo (casi autodiegético y omnisciente con toda seguridad en lo que se refiere al protagonista B) jugando con nuestra tendencia a identificar al autor de un relato con el personaje que lo protagoniza simplemente por emplear la primera persona, por designar al personaje con la misma inicial del apellido del autor, B en este caso, o crear un alter ego, Belano en muchas otras narraciones. De hecho creo que esta recurrencia de Bolaño a jugar con la realidad como materia de ficción es uno de los componentes más interesantes de toda su narrativa y que implica al lector en la posibilidad de una metalepsis de autor que jamás ocurre pero que está siempre presente. Hay un diálogo continuo entre Bolaño y sus lectores de forma no implícita, una vertiente lúdica del conjunto de su narrativa que nos impulsa por senderos que se bifurcan (y acaban abruptamente)

En Últimos atardeceres en la Tierra tenemos de nuevo un ejemplo de incursión narrativa en la realidad donde debemos hacer un ejercicio de reflexión y separar los dos conceptos. En conclusión B no es Bolaño y el padre de B no es el padre de Bolaño, al menos no en lo que al texto se refiere. Y lo que en él se relata, un viaje a Acapulco de dos chilenos que viven en el D.F no tiene nada que ver con las circunstancias reales de Bolaño y su familia. O sí, pero no debe importarnos. Ya veremos como en los dos relatos que siguen en el listado de Putas asesinas, Días de 1978 y Vagabundo en Francia y Bélgica, Bolaño vuelve a emplear a B como protagonista y a situarse fuera de la narración. Intentar psicoanalizar este hecho me parece que es una tontería. En todo caso considero que Bolaño ejercita con otros puntos de vista aparte de la famosa primera persona que desarrollara hasta sus últimas consecuencias en Los detectives salvajes.

B recuerda entonces una ocasión, antes de que él se marchara para Chile, en que su padre le dijo «tú eres un artista y yo soy un trabajador». ¿Qué quiso decir con eso?, piensa.

Esta reflexión (imposible para un narrador extradiegético no omnisciente, lo cual redunda en la identificación personaje-autor) es una de las claves del relato. Otra bastante significativa es la figura del poeta surrealista Gui Rosey, abandonado por sus compañeros que huyen de los nazis en un pueblo del sur de Francia:

(...) B piensa en Gui Rosey que desaparece del planeta sin dejar rastro, dócil como un cordero mientras los himnos nazis suben al cielo color sangre, y se ve a sí mismo como Gui Rosey, un Gui Rosey enterrado en algún baldío de Acapulco, desaparecido para siempre, pero entonces oye a su padre, que le está recriminando algo al ex clavadista, y se da cuenta de que, al contrario que Gui Rosey, él no está solo.


Yo dejo que cada uno reflexione sobre las relaciones con sus padres o con sus hijos y de que manera se identifica o no con Bolaño... perdón, con B, el personaje de Últimos atardeceres en la Tierra, uno de los mejores relatos de Bolaño, o al menos eso me parece, y, sin ninguna duda, el mejor regalo que un hijo puede hacerle a un padre.

Pero lo importante del relato es, como en Gómez Palacio, la capacidad de Bolaño de sumergirnos en un ambiente en el que, no sucediendo nada significativo, hay una tensión narrativa que produce inquietud y cierta desesperanza. En Últimos, el lector espera una explosión de violencia que no sabe de donde provendrá, a causa de la sensación de desastre que acompaña a B y cuando esa explosión llega nos es escamoteada, porque no tiene mayor importancia el resultado de la lucha sino la consecución de ese estado de compañerismo entre padre e hijo que unifica al trabajador y al artista... una actitud tal vez machista, que manifiesta la incapacidad que los hombres tenemos de demostrar nuestros sentimientos a otros hombres y la canalización de estos sentimientos a través de la violencia. Pero Bolaño detiene el relato al borde del derrame de testosterona.
El ambiente enrarecido, la sensación de desastre, la inminencia de algo inevitable... todas estas impresiones subjetivas del personaje B se imponen al resto de lo que ocurre, unas tranquilas y aburridas jornadas de vacaciones, a pesar de lo que ocurre y a pesar de que el narrador permanece fuera de la narración... me parece que bajo un aspecto bastante sencillo se oculta un relato verdaderamente interesante y complejo.
Es un relato que cuestiona a quienes prefieren al Bolaño novelista

32 comentarios:

Luis Cauqui dijo...

Para mí, sin duda, es el mejor cuento del libro a años luz de casi todos los demás.
Ya el planteamiento es un disparate: un padre y un hijo adultos de vacaciones solos.
Y toda esa atmósfera desoladora, esa sensación de la que hablas (está a punto de pasar algo...), el hotel...
Efectivamente es un buen cuento para reconciliarse con el Bolaño cuentista.
Sí sí.

Anónimo dijo...

Querido P. Acabo de releer este relato, y no puedo más que certificar que es de los mejores del libro y, si me apura, uno de los mejores relatos de toda su obra.

En este relato yo encuentro muchas similitudes en los relatos de Carver. De fondo, como un paisaje doloroso, hay el abismo que separa al hijo del padre, o del padre del hijo. Ese abismo se llama silencio y es imposible huir de él, pues ya se sabe; estando uno de viaje..., y el silencio y el abismo es la materia prima con la que Carver se hizo famoso. Este relato de B es singular, a mi parecer, porque nos habla del padre de B. (lo siento, pero no puedo más que asociar a B con Bolaño). Si aceptamos que B=Bolaño, encontramos que éste es uno de los relatos más introspectivos de este escritor. No hay la mala baba que gasta en algún relato que describe a los exiliados chilenos en europa, por ejemplo. Creo que es un relato autobiografico y por más ende, un relato muy doloroso para el escritor Bolaño. Por cierto, ¿dónde esta la madre? Bueno, al caso. Creo que este relato es muy carveriano porque Bolaño ofrece la posibilidad de un desastre de grandes magnitudes (que el padre muera ahogado) y al final resulta que el desastre es de lo más cotidiano; la poca fluidez de la relación padre-hijo. Un desastre que es como una carga de profundidad que explosiona justo cuando acaba el relato; con el padre listo para la pelea. Sí, cada vez lo veo más claro; es el relato más carveriano de Bolaño y yo lo saludo como tal.

Portnoy, se ha leído usted a Carver?

un cordial saludo. Estoy aprendiendo un montón con esta serie.

salut!

Anónimo dijo...

A veure, nen. En Carver no he detectado mucha relación padre-hijo. Quería decir que Carver se ocupa mucho de las relaciones de pareja, de ex-marido a ex-mujer, o de marido a mujer, da lo mismo. Pero creo que puedo extender mi discurso a la relación padre-hijo, que m,e va como anillo al dedo en este caso.

Dos. Disculpen el uso reiterativo que hago en el comentario 2 de "relato". Quien dice "relato" dice "cuento". Es que no se puede escribir rápido.

saludos!

Luis Cauqui dijo...

efectivamente es el relato más carveriano de bolaño.

Anónimo dijo...

A mí tambíén me ha parecido un cuento muy bueno. Ninguna objeción a vuestros comentarios.

Por cierto, el otro día me encontré con una cita de Borges que me recordó mucho a esa imprecisión que a veces utiliza Bolaño y que comentábamos el otro día. Ahí va:


“El tiempo me ha enseñado algunas astucias: eludir los sinónimos, que tienen la desventaja de sugerir diferencias imaginarias; eludir hispanismos, argentinismos, arcaísmos y neologismos; preferir las palabras habituales a las palabras asombrosas, intercalar en un relato rasgos circunstanciales, exigidos ahora por el lector, simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es; narrar los hechos (esto lo aprendí de Kipling y en las sagas de Islandia) como si no los entendiera del todo”

De “Borges en Revista Multicolor”


Saludos,

Lucas.

Portnoy dijo...

De Carver leí ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? título que me obsesiona desde hace años por esa reiteración (cacofónica a mi entender) de "favor". En inglés ocurre lo mismo: Will You Please Be Quiet, Please?... no sé que pensar... supongo que la relación entre Carver y Bolaño es a causa de que sus relatos no cuentan nada trascendente, no sé... son más ambientales que narrativos, quizás.
Yo pensaba que posiblemente no estaríais de acuerdo conmigo en lo que comento sobre la relación padre-hijo. No, porque yo tampoco lo estoy demasiado.
Lo que se plantea es un espacio común en que padre e hijo compartan una experiencia y ese espacio, finalmente, resulta ser la violencia tan recurrente en Bolaño. Pero si somos objetivos podríamos situarnos en el papel de B y pensar que actividades vacacionales podríamos realizar con nuestro padre. El tema de las mujeres queda descartado desde el principio; los personajes no cometen la hipocresía de desdeñarlo, pero saben que es una opción que no escogerán, por imposible. El abismo que les separa es de muchos tipos, generacional, intelectual, incluso social (trabajador-artista)... están unidos pero no hay un espacio que puedan compartir. Puestos en tierra de nadie, lejos de lo habitual, el silencio se impone, y es ahí donde el relato se hace carveriano.
En fin, por suerte encuentran ese lugar común: Descubren que no están solos.
Muchas gracias por vuestros comentarios, pero espero no molestaros, Luis, Subal y Lucas, si digo que no esperaba tanto entusiasmo ( y no digo que Bolaño no lo merezca) Pero a ver si se anima algún comentarista a quien no le parezca tan buen relato Últimos atardeceres en la Tierra (o, al menos, no de los mejores).
No me hagáis caso, es un lujo leer vuestros comentarios.
:-)

Robertokles dijo...

Veamos, Port:

No sé si mis sugerencias te parecerán bien. Encuentro que en tu comentario hay ciertos puntos que podrían resolverse de manera más sencilla si se enfocan de otra forma, quedando así el análisis más claro y ordenado. Cuando dices que el autor plantea una paradoja en la figura del narrador «posibilidad de un narrador heterodiegético que sea homodiegético al mismo tiempo (casi autodiegético y omnisciente con toda seguridad en lo que se refiere al protagonista B.», veo que has notado la dedicación que el narrador muestra por este personaje. Sin duda, sería paradójico, antitético, aporético, o lo que quieras que un narrador pueda ser heterodiegético y homodiegético al tiempo (o está, o no está en tanto personaje dentro de la historia, para ser más claros). Es posible que diciendo que el nivel y relación del narrador con la historia es extra y heterodiegética (dado que no cuenta su propia historia ni participa en ella en tanto observador) la cosa quede más clara.

Ciertamente, en el relato hay fuertes momentos de omnisciencia por parte del narrador, porque no sólo es capaz de desvelar los pensamientos del personaje B. («Está comprobando si voy armado, piensa B.»), o sus gustos («Le gusta Desnos, le gusta Èluard, mucho más que Rosey (…)»), sino que incluso tiene momentos en los que sabe más que el propio personaje («B. no sabe que falta en su imagen un ruido o un rumor determinante: el de las jarcias de las pequeñas embarcaciones que suelen amarrar en todas las ciudades costeras.»), o también, un poco antes en el discurso, «B. no lo sabe, pues no tiene reloj.». Esas dos frases me parecen fundamentales para determinar la omnisciencia del narrador.

Hemos sacado en claro ya que el nivel y la relación del narrador, así como la cualidad de omnisciencia. Acaso quede por resaltar alguna focalización ocasional que siempre recae sobre B.; «La iguana sabe a pollo. Es más correosa que el pollo, dice B. no muy convencido. Es sabrosa, dice su padre, y pide otra ración.». Quizás el pasaje pueda discutirse, pero la frase inicial que he citado (la comparación de la carne de iguana con la de pollo en lo relativo al sabor) no es una percepción del narrador, sino del propio B., quien lo corrobora a la frase siguiente sacando el pollo a colación (cosa que el padre no hace. Se limita a decir que es sabrosa).

Así que si nadie tiene nada que discutir, y en resumen, creo que podemos decir sin entrar en contradicciones ni paradojas acerca del narrador que es extradiegético-heterodiegético, que tiene características omniscientes aplicadas tan sólo a un personaje, y que ocasionalmente hay focalización sobre este mismo personaje. Más sencillo, creo yo.

Tampoco queda demasiado clara, si me lo permites, esas irrupciones del autor en el texto. Hombre, Port, que el autor no puede entrar en el texto en sí. La figura del autor se debe considerar dentro del campo de la creación, y no de la narración en sí (son problemas que también tenía Michel Foucault, y tendré que escribir sobre esto). Por mucho que se fuercen las identificaciones, los reflejos, o lo que se quiera, un autor es un autor, y lo que aparece en el texto tendrá que ser un narrador (que es una voz) o un personaje (que es un actante susceptible de ser a su vez una voz —en el caso de que se ponga a narrar algo y se abra un nuevo nivel en la diégesis inicial). Jamás hay autores, por lo que la metalepsis de autor es, con todos mis respetos, francamente imposible. Son dos conceptos que corresponden a esferas diferentes. No sé qué te parece…

Sobre las identificaciones Bolaño-Belano-B. o Bolaño-Narrador, no sé; quizás es un asunto que queda para los historiadores de la Literatura que tratan de dilucidar la vida de Bolaño. ¿Es lo que quieres tratar aquí? (entiende la pregunta como una pregunta franca, y no como un reproche. Nada más lejos de mi intención). Por lo que sabemos, B. es B. y no es Belano justo por razones puramente nominales: si Bolaño (y aquí entro rápidamente en el proceso creativo) escribió tan largo de Arturo Belano…¿a qué no llamar a B. ‘Belano’ si hubiese querido? No, no. Para nosotros, por lo que sabemos de este texto (en el que en principio no podemos trazar relaciones intertextuales con ‘Los detectives salvajes’), B. es única y exclusivamente B. Es lo que nos tiene que importar del texto, si queremos en principio saber todo lo posible de él. Yo tendría problemas hasta de relacionarlo con otros ulteriores B., como tengo problemas para relacionar con un vínculo intertextual a —por poner un caso conocido— la señora Dalloway. Será que Schelling me ha afectado más de la cuenta.

Bueno, estos eran los problemas que veía en tu escrito sobre el relato de marras. Tengo más cosas en el tintero que relacionan temáticamente los tres cuentos estudiados; pero ya temo haberme extendido más de la cuenta y no quiero dar demasiado el coñazo.

Salud, camarada

Portnoy dijo...

Hombre, Robertokles, qué alegría verte por aquí.
Gracias por aclarar lo de la focalización de la narración, es un aspecto interesante. Pero tengo que discrepar en lo que dices:
"Tampoco queda demasiado clara, si me lo permites, esas irrupciones del autor en el texto. Hombre, Port, que el autor no puede entrar en el texto en sí. La figura del autor se debe considerar dentro del campo de la creación, y no de la narración en sí"
porque creo que ese es precisamente uno de los aspectos en que se singulariza la narrativa de Bolaño. Pero con matices. No es que el autor figure dentro de la narración, lo cual es imposible. Es que Bolaño intenta hacernos creer que él estaba dentro de sus relatos. Esa literaturalización de la vida le funciona muy bien. Como decía Philip Roth al usar la memoria como material literario el autor consigue mistificarse. Bolaño juega a confundir, sobre todo en los relatos en primera persona, al autor con el narrador. Por eso, como premisa, debemos separar en los relatos de Putas asesinas, realidad y ficción.
En los siguientes dos relatos continuaremos hablando de lo mismo, supongo.
Y nada, nada, no es ningún coñazo... así que explica tus teorías que relacionan temáticamente los tres relatos que llevamos, venga.
Un saludo

Valdecuélabre dijo...

En este relato se produce un giro radical (y desconcertante, en cierto modo) respecto a los dos anteriores. El narrador en tercera persona es lo que más me ha llamado la atención. Su omnisciencia se limita sólo al personaje principal, al que acompaña como si de una cámara de vídeo se tratara, recogiendo lo que sucede a su paso y, en ocasiones, mostrando lo que el personaje piensa, pero casi siempre sobre aspectos relacionados con la propia acción. No es un narrador omnipresente, y desconoce lo que piensan los demás personajes.
Me ha gustado mucho ese ritmo tan marcado que posee el relato. Las frases cortas, con escasas subordinaciones y centradas en la acción, producen un ritmo vertiginoso. No importa que ocurra algo o no, el lector ya tiene la sensación de que le llevan en volandas. Luego Bolaño mantiene la tensión a lo largo de todo el relato, narrando situaciones que van alertando al lector: el intento de B por alcanzar la isla, la aparición del ex clavadista, de la extranjera, su padre que tarda en regresar a la cama, el recuerdo del poeta francés que desapareció en extrañas circunstancias, el baño de su padre en el oleaje, su zambullida para encontrar la billetera... Y también anticipando o haciendo presagiar algún percance: "A partir de este momento él sabe que se está aproximando el desastre", "B se levanta y va hacia la barra y desde allí observa con ojos de loco el escenario del crimen. En ese momento B sabe que aquél es el último viaje que hará con su padre". Y al final, cuando parece que todo va a estallar, el clímax se nos escamotea y relato se acaba.
En fin, mucho y bueno que contar de este relato. Para mí, excelente.

vernon dijo...

No he leído el cuento todavía y no lo recuerdo bien así que no opinaré sobre él. Pero, si es posible desviar brevemente la conversación, quisiera plantear algunos problemas sobre lo que han escrito.
Al hablar de la tensión ficción/realidad ¿a qué se refieren exactamente? Porque si consideramos que el cuento es literatura, y la literatura es ficción, el espacio de lo real se circunscribe exclusivamente a aquel vivido por los personajes y/o por el narrador. Introducir al autor real es problemático y puede crear interpretaciones erróneas, por inexistentes e incluso contradictorias con la realidad ficcional del texto.
La definición de Roth es muy buena, pero pertenece al ámbito de la creación más que al de la interpretación de una obra. ¿Qué otra cosa puede ser la literatura sino ficcionalización de la propia realidad?, de manera más “fiel” (de tipo biográfico) o menos “fiel” (pulsiones, obsesiones, conocimiento de mundo del escritor). Supongo que se entenderá que no estoy negando los guiños con la realidad en los textos de Bolaño, que en mayor o menor medida están presentes en los textos de todos los autores (inevitable plasmarnos a nosotros mismos cada vez que utilizamos el lenguaje) , pero para la interpretación de la obra ¿qué importancia tienen? Es entretenido cazar datos autobiográficos, pero ¿qué aporta, para comprensión del texto, el hecho de que, por ejemplo, la imagen del espejo retrovisor en el cuento anterior pueda ser la de Bolaño? (¿y por qué no, por ejemplo, la de Woody Allen, que tiene también esas tres características señaladas?).
El problema que yo veo al introducir la figura del autor real en el texto es que estaríamos cambiando de género literario. Los únicos que permiten dicha posibilidad son los autobiográficos. Si Bolaño utilizó la novela y el cuento no estamos ante la autobiografía. Si sus novelas y cuentos aceptan cierta intromisión de aspectos autobiográficos habrá que considerar el guiño en su justa medida, pero sin perder de vista lo que el autor (y no nosotros) ha escrito. Es importante, en este sentido, que el personaje se llame B porque abre algunas posibilidades de interpretación y cierra otras. En cualquier caso, nos pone límites muy precisos. B no es Bolaño; en la misma medida en que algunos narradores de algunos cuentos de Borges son Borges, no el real, el que ya murió, sino el ficcional, el que a penas conocemos, el que vive y vivirá hasta que dejemos de leerlo. No aceptarlo es no entrar en el pacto narrativo que toda ficción propone y necesita. Sería algo similar a intentar hablarle a un personaje que vemos en una pantalla: una posibilidad inexistente, hasta el día de hoy, de metalepsis, puesto que es materialmente imposible traspasar la frontera entre estos dos niveles de realidad.
Más interesante me parece la relación entre B y Belano porque, en definitiva, plantearía la existencia, posible, de un mega narrador (autor ficticio) en la obra general de Bolaño. Si existe tal, incluso es posible la existencia de lo que coloquialmente llamamos “alter ego” del autor (y un alter ego puede ser radicalmente distinto a su original) que tampoco traspasaría los límites entre realidades. Es interesante, pero aun así habría que respetar ciertos datos textuales que no podemos cambiar: B se llama B, y no Belano. ¿Por qué?
¿Por qué algún personaje de Borges se llama Borges?, ¿por qué no todos o, al menos, todos los similares?, ¿por qué algún narrador de Orson Welles se llama Orson Welles y es, además, director de cine? ¿Para qué lo hacen dos autores del siglo XX, cultos, que, además, manejan a la perfección un número considerable de recursos narrativos?
Yo no creo que Bolaño intente confundir a nadie, Portnoy. El juego es simple, es el pacto narrativo de toda ficción.
Yo también me extiendo.
Besos.

Robertokles dijo...

Pues, Port, no veo la diferencia entonces —si es que el autor quiere hacernos creer que está dentro del relato— entre ese recurso de Bolaño y cosas tan viejas como El libro del Buen Amor o el Voir-Dit de Guillaume de Machaut. No debe de ser tan singular si ha sido empleado (con harta profusión) ya desde el Medievo tardío. Pero por si alguien tiene problemas con los géneros literarios (se puede argumentar que el metro poético en que nos han dejado sus obras el Dante de la Vita, o Juan Ruiz, o Machaut hace que estemos hablando de un campo no prosado, y por tanto, de un lugar donde rigen leyes distintas al relato en prosa), pueden citarse dos ejemplos que me vienen a la cabeza: Samuel Butler en el XIX (que también escogía su propia vida como materia a partir de la que elaborabar sus novelas), o Bukowsky en el mismo siglo XX.

Entiendo lo que quieres decir, pero me parece que es algo que tendría que ser obviado, a no ser que queramos destacar la impresión que produce las obras de Bolaño en lectores poco avezados. No sé, pero quizás sea hora de levantar la cabeza y no atender tanto a lo que hacen los innumerables quijotes cuando los pones frente al retablillo del Maese Pedro. A lo que vamos es que quizás sea un juego de Bolaño, pero en cualquier modo es siempre un juego personal, propio de sí mismo en tanto persona, y no un recurso o efecto narrativo. ¿O te parece conveniente analizar qué es lo que pasa cuando se lee mal una obra o no se entienden los principios de la ficción? (De nuevo, es pregunta sin reproche)

Y una cosa más —tú, que estás pendiente de las relaciones de la literatura con el cine—...¿No has notado el bellísimo pasaje cinematográfico del relato? ¿No vas a hablar de él?

Salud

Portnoy dijo...

Vernon, Rob, no sé si no me he explicado bien o es que no queréis entenderme... ¿acaso no estamos diciendo lo mismo?
No he dicho, por ejemplo, que el recurso de hacernos creer que el autor está dentro del relato sea "exclusivo" de Bolaño. Empleo "que singulariza", aunque debería haber dicho "que caracteriza"
Hay muchas influencias cinematográficas en los relatos de Bolaño... pero yo ne he visto todas las películas.
Continuamos por la noche, que tengo que irme.
Un saludo y gracias por vuestros comentarios.

Robertokles dijo...

Huye, huye, Boabdil... :P

Pd: No es una alusión a una película, sino una focalización en la que el pasaje (es visual) se torna plenamente cinematográfico. ¿Dónde está Wally? :)

Anónimo dijo...

señor Vernon, "El problema que yo veo al introducir la figura del autor real en el texto es que estaríamos cambiando de género literario. Los únicos que permiten dicha posibilidad son los autobiográficos."

No se olvide usted de don Vila-Matas.

Gabriel Báñez dijo...

Excelente tu sitio. Te rondo y recomiendo

Fuca dijo...

Muy interesante la discusión. Cambiamos de narrador, de la primera persona de los relatos anteriores pasamos a la tercera, estoy de acuerdo con los que definís al narrador como extra y heterodiegético, aunque yo no suelo utilizar esta terminología, para mí sería simplemente un narrador omnisciente.

Estoy de acuerdo con Portnoy cuando explica que Bolaño intenta hacernos creer que está dentro de los relatos; no veo ninguna contradicción con lo que dice Vernon, son guiños con la realidad; creo que decís lo mismo. A mí me interesa este aspecto reiterativo en toda la obra de este autor, creo que además Bolaño lo hace a propósito, le gusta reflejarse en sus personajes, que lo conozcamos a través de sus ficciones. ¿Por qué el protagonista de esta historia es B y no K, X o F? ¿Por qué tiene 22 años en 1975? (Bolaño nació en 1953, por tanto tiene 22 años en 1975). ¿Por qué alude a su regreso a Chile desde México? Podría seguir citando datos autobiográficos que aparecen en sus obras. Ya sé que no influye en la calidad de sus creaciones, pero a mí me gusta ver a Bolaño reflejado en sus espejos ficcionales.

El cuento me gustó, ese profundizar en la relación paterno-filial, con el silencio como barrera protectora; B intenta no meterse en las decisiones de su padre, intenta mantener la calma en todo momento, pero es incapaz de no preocuparse cuando su padre tarda en aparecer al ir en busca de su billetera o al llegar tarde cuando sale de copas; me hace gracia, B parece más un padre que un hijo:

“Pero no quiere encender la luz (aunque tiene ganas de leer), no quiere que su padre pueda creer, ni por un segundo, que él lo está espiando”.

Valdecuélabre resalta las frases cortas, con escasas subordinaciones, características de este relato, y dice que le gusta. A mí no, me parece que rompen el ritmo, que esquematizan, que restan musicalidad; me recuerdan a la prosa de Azorín.

Seguiremos charlando. Un abrazo.

Portnoy dijo...

Antes de nada pedir disculpas a Valdecuélabre por haberme despistado esta mañana: No sé que decirte respecto al ritmo. Tiene su importancia pero lo curioso es que tanto el relato anterior, Gómez Palacio, como Últimos, siendo diferentes en muchos aspectos se obtiene la misma atmósfera opresiva. Da que pensar, ¿no crees?
Bueno había estado pensando toda la tarde en el tema... pero ahora descubro que Fuca se ha adelantado. Iba a destacar precisamente esa voluntad de Bolaño en confundir la materia literaria, la ficción, de su realidad personal.
Intentemos lo que Fuca propone: Llamemos a B... ¿Anselmo? y a su padre Licurgo, padre de Anselmo y leamos el relato de nuevo en esas condiciones. Todo funciona igual de bien, no hay cambios narrativos apreciables. Sin embargo le falta una dimensión al relato, esa que marca la difusa línea que une al autor con el protagonista mediante el narrador. Porque evidentemente, y es importante recordarlo, el narrador (ente literario) no es el autor (ente físico) Pero el narrador no es independiente, es una marioneta en manos del autor.
En fin, supongo que continuaremos.
Subal creo que los anglosajones tienen incluso un nombre para ese tipo de género, Faction ¿no? También hubiese sido un buen ejemplo Philip Roth... pero creo que Vernon se refería no a la ficcionalización de la vida, sino a la inclusión del verdadero autor en la narración... cosa que también hace, jugando a confundirnos, Javier Cercas (hasta convierte en personaje a Bolaño)... en fin, es complejo.
Gabriel, supongo que en La Plata "te rondo" no tiene un significado tan siniestro como lo puede tener por aquí... ;-) es broma, muchas gracias por la visita.

En fin... ahhh, sí... la película... ¿El ídolo de Acapulco, de Elvis Presley?
:-)
No, en serio, Robertokles, pensaré en ello.
Un saludo y muchas gracias por vuestros comentarios.

Valdecuélabre dijo...

¿Disculpas? No hay motivo para ellas, Portnoy. No problem. :-)

A mí también me gusta la cadencia que proporcionan las frases largas y subordinadas, Fuca. De hecho, mi escritor favorito es Faulkner, que abunda en ellas. Las frases cortas parece que me frenan, que no termino de entrar en la lectura. Sin embargo, en este relato me ha gustado mucho cómo las utiliza Bolaño. Supongo que al ser un relato de mucha acción encajan mejor, o quizá sea mérito de Bolaño, que sabe utilizar las herramientas mejor que otros.

Valdecuélabre dijo...

Ah! Y lo que planteas, Portnoy, sobre la atmósfera opresiva, estoy de acuerdo que se consigue en ambos relatos, pero en mi opinión tiene mucho más mérito lograrlo con las herramientas que utiliza Bolaño en "Últimos atardeceres", donde el narrador se desvincula de la subjetividad del personaje: "El paisaje, al principio, ocupa toda la atención de B, que tiende (o eso cree él) a la melancolía".
En "Gómez Palacio", la atmósfera se crea con las descripciones (basada en adjetivos llenos de subjetividad) que realiza el narrador protagonista: "un nombre horrible", "un motel espantoso"...
Más fácil de conseguir, creo yo.

vernon dijo...

Leeré el cuento hoy para seguir los comentarios que han dejado.
Subal, disculpa por no haber respondido. Ha sido por falta absoluta de tiempo. Gracias, Portnoy, por hacerlo.
El problema, Fuca, Portnoy, en la pequeña divergencia que tenemos, es la presencia del autor en la ficción; es el concepto el que me hace estar en desacuerdo con algunas líneas escritas por Portnoy (supongo, y sólo supongo, que es el mismo problema que se le ha presentado a Robertokles). Yo niego rotundamente la posibilidad de una metalepsis de este tipo.
Las preguntas que planteas, Fuca, funcionan, pero no siempre es así, y en los textos de Bolaño tenemos muchos datos de Belano, que no son los de Bolaño.
Lo que planteaba en mi mensaje anterior apuntaba en dos direcciones: si necesitamos rellenar los vacíos de significación del texto con datos extratextuales biográficos de autor, quiere decir que el cuento no funciona por sí mismo (y menos funcionará en el futuro, cuando perdamos esos datos). Por otro lado, la biografía de Belano, que no siempre coincide con la de Bolaño, se debe buscar en los textos y no en la realidad.
Ahora bien, en el cuento aparece B y no Belano. Si se llamara Anselmo funcionaría, sí, y le faltaría una dimensión al relato, sí, esa que marca la difusa línea que une no al autor con el protagonista mediante el narrador, sino la que une a Belano (posiblemente autor ficticio de la magna obra bolañiana) y su biografía, con el personaje B. No sé si ves, Portnoy, el punto de divergencia entre lo que estamos planteando ambos. El asunto es complejo si lo llevamos a la obra completa de Bolaño (cosa que yo no haré aquí) y a sus narradores (¿quién narra 2666?), y es lo que realmente me sorprende del proyecto de escritura de Bolaño.
Échale un vistazo, a ver qué te parece.
Besos.

Portnoy dijo...

Valdecuélabre, sí que eran necesarias las disculpas. Tendremos en cuenta esa distinción que apuntas sobre los distintos métodos para conseguir una misma sensación opresiva. Me parece muy interesante.
Vernon, no acabo de entender que pinta Belano en Últimos atardeceres. Pensé que nos concretaríamos en el texto. Creo que la relación en este caso es
Autor ---> Narrador---> B
que se pueda identificar Belano con Narrador es posible, pero en nuestro caso no tiene demasiada importancia (por cierto, creo que en la idea final de 2666 el narrador es, efectivamente, Belano... dice Echevarría en la nota final: Entre las anotaciones de Bolaño relativas a 2666 se lee, en un apunte aislado: "El narrador de 2666 es Arturo Belano")

Lo que decía en el mensaje era: "implica al lector en la posibilidad de una metalepsis de autor que jamás ocurre pero que está siempre presente."
La "posibilidad" está presente, creo que Bolaño quiere que pensemos que es posible. Y al mismo tiempo impide que ocurra. El freno que impone la presencia del Narrador impide que el Autor llegue a B... pero Bolaño era un puñetero, yo creo que sabía muy bien lo que hacía... le hubiese gustado (se hubiese partido de risa, seguramente) leer nuestros comentarios.
Entiendo lo que quieres decir, Vernon. Quieres añadir en la lista de implicaciones a Belano, que tengamos en cuenta siempre que, aunque sea invisible o no aparezca (como en 2666) la relación es:
Autor (Bolaño)--->Belano (Alter ego)---> Narrador---> Personaje (B o Belano)

con la posible identificación Belano <=> Narrador (aunque no en Últimos atardeceres, ¿no?)

vernon dijo...

Creo que no me estoy explicando con claridad.
Si una metalepsis jamás ocurre no puede estar siempre presente como posibilidad. Ocurre o no ocurre; es un recurso narrativo y se circunscribe al universo ficcional.
El autor (Bolaño) no puede estar dentro de la línea que trazas para explicar lo que digo porque estoy afirmando justamente lo contrario; pertenece a un nivel de realidad distinto. No existe como tal dentro de la ficción.
“El freno que impone la presencia del Narrador impide que el Autor llegue a B”. Lo cual quiere decir que el autor no llega a B, y no llega porque se lo impide el narrador. ¿Podría el autor, hipotéticamente, llegar a B? No, porque, como tú dices, el autor es un ente real. Con lo cual da exactamente lo mismo que exista un narrador de por medio o no.
Definitivamente, por mucho que parezca que decimos cosas similares, no estamos diciendo lo mismo.
Belano es, por momentos narrador, por momentos personaje en la obra de Bolaño. Cabe una tercera alternativa.
Lo más probable es que sí... se hubiese partido de risa.
En fin, senpai. Aguardaremos tiempos mejores. Gracias por el interés.
Besos.

Fuca dijo...

Está claro que no podemos identificar autor y narrador (creo que nadie los está confundiendo), que el autor como persona real no puede estar presente en la ficción; sin embargo, sí creo que algunos autores lanzan guiños autobiográficos a sus lectores a través de sus obras y a mí me gusta rastrear en ellos, aunque no influyan en la calidad de los textos literarios. Bolaño es un ejemplo de estos autores, pero podríamos citar otros. García Márquez, en su “Crónica de una muerte anunciada”, crea un narrador testigo de los hechos que va a contar que tiene muchas similitudes con él mismo; si el autor real no quisiera que los lectores lo identificáramos con él, ¿por qué dice que el narrador se casó años después con Mercedes Barcha, nombre y apellido real de la mujer de García Márquez? Podría enumerar rasgos del narrador de la obra que coinciden con los del autor. ¿Añade esto valor literario a la magnífica novela de GM? No, pero a mí me gustan estos guiños autobiográficos.

Un abrazo.

Robertokles dijo...

Saludos:

Sí, Fuca, siempre que se entienda la separación entre los aspectos formales narratológicos y los meramente temáticos, que acaso puedan recordar a la Realidad. El problema, creo yo, estaba en el término metalepsis, que es un término formal, donde el autor —siempre que empleemos el aparato narratológico diseñado por Genette— no tiene cabida. Por cierto, que no hace mucho la editiorial Reverso (http://www.reversoediciones.es/neo_cat/metalapsis.htm) publicó un libro de Genette, cortito y de fácil entendimiento, llamado precisamente Metalepsis. Como no hay muchos libros sobre el tema, para quien le interese podría ser de gran utilidad :).

Me quedé pensando en uno de los comentarios que hizo Valdecuélabre, cuando comentaba que «el narrador se desvincula de la subjetividad del personaje», citando como ejemplo la frase de la primera página «El paisaje, al principio, ocupa toda la atención de B, que tiende (o eso cree él) a la melancolía». ¿A qué tipo de vinculación nos estamos refiriendo? ¿A que no suscribe lo que opina, piensa o dice el personaje? ¿O que impone determinadas marcas de distanciamiento entre lo pensado, opinado, sentido, etc por el personaje y la voz que parte de él mismo? No sé. Quizás pueda verse desde un aspecto más global y preciso al tiempo.

Releyendo el relato encuentro, como se ha comentado con anterioridad, un narrador omnisciente. Así, la frase citada por nuestro compañero debe notarse como una marca de omnisciencia y no de —si he entendido bien— una presunta separación entre ambos, que ya está suficientemente abierta por la propia jerarquía del discurso. «El paisaje, al principio, ocupa toda la atención de B, que tiende (o eso cree él) a la melancolía». El pasaje en negrita no desmiente la información dada, sino que exhibe la capacidad del narrador para desvelar lo pensado por B. Son muy numerosos los ejemplos en los que se exploran los pensamientos de B., siempre marcados por los oportunos verbos de pensamiento, que, insisto, son tradicionales en el discurso omnisciente. Hay, eso sí, recursos narrativamente más bellos; también en el inicio, podemos leer:

«Por un momento, B. cree que su padre va a orinar, pero pronto se da cuenta de que se ha metido en la cocina para observar cómo cocinan la iguana.»

Podemos entender esta estructura bien como un nuevo ejemplo de desvelamiento de pensamientos de B., bien como una corrección sobre la marcha de una impresión fallida aprovechando la rectificación ulterior de B.. En ambos casos puede interpretarse a la perfección y ver de qué manera van empleándose los recursos narrativos.

También, como no, puede citarse aquel pasaje que cité con anterioridad—ciertamente hermoso y muy propio de un narrador del siglo XX— en el que esta vez es el propio narrador el que redondea y perfecciona la imagen del ensueño de B.: «B. no sabe que falta en su imagen un ruido o un rumor determinante: el de las jarcias de las pequeñas embarcaciones que suelen amarrar en todas las ciudades costeras.».

Incluso hay cierto pasaje en el que puede entenderse que el narrador abandona por un momento su primacía en la calidad de la información y pone al personaje B. a su mismo nivel. Es aquel pasaje lírico en el que B. va acercándose a una islita a bordo de una tabla (¿Es una barquita, Vernon?): «Y justo antes de llegar unas olas imprevistas dificultan su aproximación a la playa, una playa que puede apreciar de arena muy distinta a la playa del hotel, pues en aquélla la arena, tal vez por la hora (aunque B. no lo cree así), era de un color de tonos dorados y marrones y la de isla es una arena blanca, refulgente, tanto que hace daño mirarla mucho rato.». El pasaje me ha hecho dudar un tanto, porque algo más arriba, el narrador aseveraba que B. ignoraba el tiempo de travesía (habiendo apuntado anteriormente que duraba quince minutos) porque no tenía reloj. Posteriormente he pensado que un cuarto de hora es un lapso temporal demasiado breve como para que B. perdiese la perspectiva temporal e ignorase en el momento del día en el que estaba; por tanto, la calidad de su información no queda desvirtuada. El mismo narrador deja caer una duda acerca de la causa de la tonalidad de la arena de la isla. Piensa que es debido a la hora del día, pero lo matiza con un «tal vez», e inmediatamente, contrasta esa conclusión propia con la de B.: «aunque B. no lo cree así». No se ve por lado alguno —creo— un desequilibrio entre la calidad de la información dada por el narrador y la subsiguiente negación que nos muestra el narrador que piensa B.. Ambas parecen morar en el mismo rango jerárquico.

Los ejemplos citados podrían entenderse mejor dentro de las técnicas de narración que, pese a que podemos encontrar sus rasgos en literaturas anteriores, son explotados durante el siglo XX, donde la presencia de Borges es insoslayable. El comentario de Lucas ya citaba una frase suya (de Borges) muy oportuna: « (....) simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es; narrar los hechos (esto lo aprendí de Kipling y en las sagas de Islandia) como si no los entendiera del todo». Es un recurso empleadísimo en Bolaño —en Estrella distante aparece a discrección—, asociado muchas veces a sus narradores en primera persona que recuerdan acontecimientos particularmente traumáticos de su propia historia, o que cuentan información de segunda mano. El juego narrativo de la indecisión entre distintas informaciones o de la confesión de la falta de la propia precisión contribuye —a mi juicio— a potenciar curiosamente la verosimilitud de lo narrado. Creo que es algo que habría que notar: que la elección de tales o cuales maneras de contar una historia a nivel formal no es una elección caprichosa o vacía, sino que incide plenamente en el relato. Nunca está vacío de función. La estructura responde a unos propósitos definidos. Por eso me pareció siempre absurdo el cómputo de figuras retóricas en un poema («en este soneto tenemos catorce anadiplosis, setenta y dos sinestesias... ») si no se explica la función que tienen dentro del propio texto.

El amigo Valdecuélabre notaba también que el relato estaba constituído por frases cortas. Es cierto, pero también hay intercaladas frases más largas, que coinciden a la perfección con irrupciones carácter lírico. La concatenación de estas frases cortas y largas, de los pasajes más secos con aquellos de tipo poético produce sus efectos en la riqueza de la cadencia y están, cómo no, asociadas a tipos de información distintas. No sé si alguien nos querría hablar de esto...

Salud:

R

Portnoy dijo...

Si no os parece mal dejamos aquí de momento la discusión porque me parece que en el próximo relato, también protagonizado por B, tendremos motivos más que suficientes para retomar, e incluso reenfocar, el tema del narrador bolañiano.
Y, como no, muchísimas gracias por vuestros comentarios.

Por cierto, Rob, la imagen cinematográfica... ¿te refieres a una mujer praxiteliana apoyada en jarrones barrocos o en balaustradas arracimadas de pétrea flora?
:-)

robertokles dijo...

Qué manera más extraña tienes para referirte a la prostituta bucal amiga de los animales...:P

Como gustes: lo dejamos entonces.

Y salud

R.

Portnoy dijo...

Ya tenemos la escena, no es la que yo pensaba, pero... ¿a qué película te refieres? (ninguna porno, espero)
:-)

vernon dijo...

Si me permites un instante, Portnoy, antes de cerrar...
Sí que es hermoso el pasaje del rumor de las jarcias que citas, Roberto. Dentro del estilo sumario de este narrador sorprenden estas pequeñas, y escasas, digresiones que atañen exclusivamente a él mismo, a su mundo y no al del personaje; sobre todo si se considera la focalización(es) que está utilizando en todo su relato. Curiosamente, no se produce un distanciamiento entre narrador y diégesis.
Algunas líneas más arriba, en el mismo párrafo, hay también un punto interesante donde el narrador dice: “B aún no ha estado nunca en Europa. Ha recorrido casi toda Latinoamérica, pero en Europa aún no ha puesto los pies”. Ese “aún” (repetido además), que instala al personaje en un futuro más allá del límite temporal que impone el fin del cuento. Podría tratarse de una posibilidad (o de un deseo), sin embargo, a la luz de otros datos textuales (como la omnisciencia del narrador), estamos ante un pasaje proléptico, anticipatorio. El futuro de B se abre. Bellísimo.

“Simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es”; “hay cosas que se pueden contar y hay cosas que no se pueden contar”.

El estilo cinematográfico coincide, por lo general, con las focalizaciones internas en B. Son interesantes estas focalizaciones, sobre todo desde el momento en que todo empieza a volverse más confuso (¿para el narrador?, ¿para B?, ¿para ambos?). B abre y cierra los ojos. ¿Cuántas veces a lo largo del relato? Es un cuento enormemente visual y es maravillosa la forma en que el narrador va dosificando la información interior, el mapa mental y emocional del personaje, en medio de tanta información perceptiva, sensorial. Todo esto relacionado con la longitud de las frases.
Estupenda descripción, Roberto. Gracias.
Besos.

Portnoy dijo...

Vernon, El lamento nunca cierra.
:-)

Anónimo dijo...

Don Portnoy:
Aldo Pellegrini, Antología de la poesía surrealista, Editorial Argonauta. Allí encontrará noticias y poemas de Gui Rosey (1896-1932).

Portnoy dijo...

Anotado queda, anónimo

Anónimo dijo...

Bolaño sí hizo ese viaje con su padre. El episodio del bar, con la prostituta, es probable que sea "inventado" para subir el tono, la tensión, las subterráneas reglas de la epifanía.