18/12/06

Putas asesinas VIII: Buba , de Roberto Bolaño (I)

Nuestro amigo Subal dejo antes de irse de vacaciones su particular y valioso punto de vista sobre el siguiente relato de Bolaño a comentar.
Estoy tentado a dejar el texto de Subal como único comentario al relato, pero me voy a obligar a escribir sobre él... pero mañana.

Bolaño, Buba y la maldición de ser culé (barcelonista) por Subal:

Querido P.

Observo que se dispone a hablar de Buba. Alguno de sus lectores dió fe de su rechazo a este relato, llegando incluso a maldecirlo y a postergar la lectura de Bolaño largo tiempo hasta toparse con Los detectives o qué sé yo. ¡Craso error, lector de blog ajeno! Mire, siéntese usted por ahí que yo le explico. Había una vez un club de fútbol en una ciudad gris y sucia pero salvaje y libre, que en los ochenta pasó un largo via crucis de malos resultados que llenaban de vergüenza a sus aburguesados socios y mataban el amor por el deporte a muchos niños desilusionados. Como los profesores de literatura con la poesia. Yo era uno de esos chavales. Yo, con mi Tente, construía pistolas de rallos X para matar al rival por televisión y así ayudar a mi club. Mis padres censuraban mi actitud, pero entonces me escondía tras el sofá para seguir mermando las fuerzas del Otro. Nada. Ni una puñetera liga. Una miserable liga en toda la década. Éramos el Real Madrid que hoy felizmente se arrastra por canchas jugando gris, matando la ilusión de tantos niñitos madritistas. Ellos, los niños humillados, ahora lo tienen más fácil, porque tienen el Fifa y pueden vapulear al rival de forma artificial y más efectiva mientras su equipo de verdad naufraga y naufraga.

No sé si sabe usted que la del Barça es la afición más mala del mundo. Ahora no vale, porque el equipo funciona. (No sé si vió usted el gol de Ronaldinho, el otro día). Pero usted no haga aburrir demasiado a un tío que paga 80 euros para ver un partido de fútbol. Silbará, murmurará, maldecirá, volverá a silbar, mirará de soslayo a tribuna, criticará. Imagínese el penoso espectáculo durante toda una década. La depresión, amigo mío. La depresión y la fatalidad se adueñaban del soci y todo era una mierda y todo iba mal y estos tíos de aquí abajo a qué juegan.

Los periódicos deportivos, sabrá usted, viven de las victorias del equipo a quien respaldan, y si no, transforman sus derrotas elevándolas a la categoría de escándalos, revertiendo así el descenso de vendas asociado a las derrotas. El Barça de los ochenta era un escándalo nacional, oiga. Cruyff, quizás el filósofo que se expresa más mal, años más tarde definió el fenómeno periodístico acuñando un nuevo uso para el palabro "Entorno". Uhhhh, que viene el Entorno... Sepan ustedes que el Entorno es muy potente, en Barcelona.

Y los jugadores, ya me dirá. Barcelona era, junto con Madrid, la capital de la heroina, y la orgia del destape de los setenta acabó en vómitos y resaca en los ochenta, que es la época decadente que pinta Bolaño en Buba. Maradona descubrió aquí los encantos de los rayos de luna via tabique nasal. La fiesta en Barcelona era decadente y salvaje, cuentan. Y los jugadores, es vox populi que ayer, hoy y siempre, se meten unas fiestas que yo no puedo alcanzar a imaginar. En Barcelona uno puede llegar a saber a qué hora se fue dando zumbos tal jugador de tal equipo de tal discoteca. Tengo amigos en un cátering, con eso lo digo todo.

Y dado que en el terreno futbolístico Barcelona era la capital mundial de la colisión y el desastre, podemos los culers como yo emocionarnos con un relato de tan buena factura. Sólo la magia negra y milagrosa de Buba podría haber salvado mi infancia. Tantos años de humillación y derrota. Y Buba no apareció. Bueno, había N'Cono en el Español... Para un niño de los ochenta, leer Buba es como vengarse de su mediocre pasado seco de títulos y honores, imaginándose al tío haciendo sus ritos budú y el equipo arrasando en el césped. Y yo resolviendo que mi pistola de rayos X se convertía en pluma en el pisito de carrer Tallers de Bolaño.

Hay una cosa que se me ocurrió en el blog de Portnoy, que hace de este relato de Buba un magnífico puente entre Literatura nazi en América y Los detectives salvajes y 2666. Por el lado de Los detectives está el carácter de antihéroes perdedores de los jugadores salvajes de Bolaño, que por recisión de contrato desaparecen y se van a otras ciudades perdidas de Europa a jugar con otros equipos, y por la parte de Literatura nazi, se me ocurre una conexión sociológica con el relato Argentino Schiaffino.

Tanto Buba como Argentino Schiffiano rebosan de humor negro, de sátira social, socarroneria y finísima ironia. El futbol a Bolaño le hacia mucha gracia.


Y ahora, señor Portnoy, después de mi consideración sociológica que espero les pueda ser útil a usted y a sus lectores, me despido. Siempre con una reverencia dieciochesca y volteriana, pues estoy en el mundo del Barón rampante y me es imposible largarme sin hacerla.

Ah, por cierto. Ya tenemos a nuestro Buba. Se llama Buba Eto'o. ¿Y vieron el gol de Ronaldinho, el otro día?


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1 comentario:

Jorge Posada dijo...

A mí no me interesa el soccer. En algún momento creí que el relato de un Barcelo ganador era verídico ¿Acaso importa? ¿Importa la veracidad en literatura? Yo no veo tanto la conexión entre Buba y los personajes de 2666 o los detectives. Claro, quizá de alguna manera podrías decir que todos los héroes y antihéroes de Bolaño se parecen o se prefiguran. Por otro lado lo más fascinante de ese cuento es una cierta atmósfera de sueño más sutil, menos evidente que en el cuento donde aparece Lihn.
Un saludo desde la ciudad donde " las bombas caían/ pero nadie se daba cuenta"