14/11/06

Putas asesinas IV: Días de 1978, de Roberto Bolaño

Es curioso que Bolaño decida que uno de sus personajes explique una película en uno de sus relatos. En este caso, Andrei Rublev, de Andrei Tarkovsky, de 1969 (película en muchos aspectos maldita para mí, ya que siempre que he intentado verla ha ocurrido algo que lo ha impedido) en la que el artista está investido de dotes místicas ("Es pecado rechazar el talento que da Dios")... aunque creo que Bolaño pensaba más (en el caso que la sinopsis de Andrei Rublev funcione de forma alegórica) en el constructor de campanas que jamás había construido una pero había visto como se hacía, sobre todo teniendo en cuenta que para B el joven constructor de campanas es Rimbaud, el huérfano.

Y así es como se siente B en Barcelona, huérfano, una sombra:

...las primeras luces de Barcelona suelen enloquecer a algunos trasnochadores, a otros los dotan de una frialdad de ejecutores. Esto no lo digo yo, esto lo piensa B...

Estamos de nuevo en lo que se refiere al narrador en el mismo caso que en Últimos atardeceres en la Tierra. Con una salvedad: Días de 1978 no es un relato excelente. Y no lo es porque a pesar de que emplea los mismos recursos narrativos que en otros relatos, lo que el autor tiene que explicar no resulta demasiado interesante. El relato carece de tensión; la relación entre un B recién llegado, su conflicto con U y el suicidio de éste no son temas que estén satisfactoriamente intrincados; los otros temas, la mujer de U, el intento de seducirla, la película de Tarkowsky, K, tampoco logran engarzarse coherentemente. Todo el relato tiene cierto aire de provisionalidad, de esbozo, de proyecto no desarrollado.
Decepcionante.
Pero al mismo tiempo siento una afinidad emocional con el relato. Supongo que a Subal le pasará lo mismo con Buba. Aunque es posible que compartamos espacio y tiempo con muchos escritores, con ninguno de ellos siento que los comparto. Excepto con Bolaño.
No sé, supongo que yo fui una sombra en los ochenta en Barcelona y debí cruzarme con la estela de la sombra que Bolaño había dejado años atrás. Pero aunque hubiésemos compartido el tiempo, como sombras jamás nos hubiésemos reconocido, ni siquiera bajo un enorme poster de la foto central del Beggars banquet



Listo.
Hablemos del narrador.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

No tengo demaiado tiempo esta mañana, así que volveré más tarde. Pero sí me gustaría, primero, agradecerte la mención, y después, que entiendo perfectamente a lo que te refieres con eso de la afinidad emocional con algun relato que, no siendo el mejor, parece que retrate algo de nuestras vidas. En el caso de este relato de hoy, también yo lo siento muy cercano. Yo en 1978 iba de huevo en huevo de mi padre (me perdonarán la vulgaridad, ¿verdad?) pero igual siento que retrata una ciudad que yo conocí poco, en colores grises y difusos. También me veo cerca por lo de los exiliados chilenos. No sé si a los venezolanos que hoy viven en Barcelona pueden ser considerados exiliados, pero sí he asistido a alguna de sus reuniones, y las reacciones de los exiliados chilenos se parecen tanto a las de los venezolanos...

En fin, que vuelvo más tarde.

Por cierto; lancé una iniciativa hace un tiempo en mi puto blog, pero nadie recogió el guante. Se trata de hacer un cartel y colgarlo al portal de la casa que Bolaño tuvo en C/Tallers, a altas horas y largarse corriendo. "Aquí vivió Bolaño, o B, o quién quiera que sea".

salut!

Portnoy dijo...

La imagen de un Subal en plan Woody Allen disfrazado de espermatozoide me... ¡aterra!
olvidémoslo
en fin, en serio, cuando hacemos algún tipo de comentario literario nunca podemos evitar cierta subjetividad, pero cuando por alguna extraña razón CREEMOS que el texto tiene alguna relación con nuestra vida real, entonces ya no podemos desprendernos de una total subjetividad. No puedo abordar el relato sin tener presentes ciertas cuestiones extraliterarias.
Pienso que sobre el narrador de Días de 1978 se pueden decir las cosas dichas al respecto en el comentario de Últimos atardeceres. Lo que no sé es si se podrán decir muchas cosas más sobre el relato.
Espero vuestros comentarios elogiando la calidad de Días de 1978.

Respecto a la iniciativa que propone Subal... ¿nos animamos?

Fuca dijo...

Yo, desde luego, no voy a elogiar este cuento de Bolaño porque no me gustó. Tampoco puedo aportar nada nuevo sobre el narrador, ya todo está dicho en el relato anterior; aparece el mismo narrador omnisciente, el mismo protagonista, B, con rasgos del propio Bolaño (un chileno residente en Barcelona en 1978), sólo varía la ciudad, Acapulco se transforma en Barcelona, y el padre de B deja paso a los amigos de B. Personalmente, me interesa mucho más el conflicto que se plantea en “Últimos atardeceres en la tierra”, la tensión que se plantea entre padre e hijo no se consigue en este relato. Decepcionante, estoy de acuerdo contigo, Portnoy.

El narrador sigue con las incertidumbres que comentábamos en el cuento anterior:

“El más pobre de los chilenos residentes en Barcelona y también, probablemente, el más solitario. O eso cree él”.

“En el fondo, B preferiría no saber nada, pero si uno frecuenta a ciertas personas es imposible no enterarse de lo que ocurre alrededor o de lo que la gente cree que ocurre”.

También el narrador utiliza la prolepsis para anunciarnos hechos del futuro, habla de una chica de dieciséis años, “con fama entre el círculo de exiliados de ser una lumbrera (fama que a la postre resultó infundada)”.

Curiosidades: B vuelve a su cotidianidad “que es una manera de decir que vuelve a su propia locura o a su propio aburrimiento”. ¿La cotidianidad como locura o aburrimiento?

“Aquí debería acabar este relato, pero la vida es un poco más dura que la literatura”. Estoy de acuerdo, la vida es bastante más dura que la literatura.

Un saludo.

Alvy Singer dijo...

A ver si leo al bolaño cuentista pero creo que antes me enmerdaré en sus fascinantes novelas. O no.

Lo que le quería decir es que Portnoy, mañana noche voy a tener y empezar cierta novela de tapa dura y negra que puede que le interese... .¡por fin!

Ah La Contravida ya está en las librerías, también.

Anónimo dijo...

A mí el cuento me ha gustado mucho. Veamos, el narrador es el mismo, pero la narración es muy diferente. LOS ÚTIMOS ARTARDECERES EN LA TIERRA tiene un principio y un final claramente definidos en el tiempo. La historia comienza con inicio del viaje y termina cuando “comienzan a pelear”, entre una y otra cosa apenas pasan tres días que se narran de forma lineal. Este otro cuento, contiene una historia que abarca un espacio temporal mucho más amplio. El relato contiene diversos saltos en el tiempo que permiten reflejar la evolución psicológica de los personajes: el agravamiento de la locura de U, los extraños altibajos de su mujer, la visión que el propio B tiene sobre ellos, la confianza que se teje en torno a “sus amigos chilenos”… Los personajes cambian (físicamente, incluso) dentro esa cotidianidad en la que el aburrimiento y la locura aparecen como vecinos; de esta forma Bolaño nos deja unas pinceladas sobre la vida de estos “huérfanos” que viven en la Barcelona de finales de los setenta . Es cierto que en este cuento hay menos acción (no hay burdeles, ni delincuentes, ni prostitutas), pero hay mucho más discurso, los hechos se construyen en torno al relato de los amigos chilenos de B, de la danesa, del argumento de una película… La tensión, en este cuento, tiene un componente mucho más reflexivo. La prosa que utiliza también es diferente, las frases se alargan, y se juega más con el lenguaje.

Saludos.

Lucas.

Natalia Book dijo...

Encuentro los dos relatos muy parecidos, aunque sólo sea por la forma en que llama a los personajes, pero a mi me gusta más este último. De todas formas ninguno de los dos está entre mis relatos favoritos del libro. Como véis, parece que ya no nos quedan muchas cosas por añadir a lo que decíamos en los primeros relatos (y sólo llevamos 4).Me han dicho que lo mejor está por llegar. Así que reservaremos fuerzas.
Saludos

Natalia Book dijo...
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Valdecuélabre dijo...

El relato no me ha gustado demasiado, sin embargo sí tiene cosillas para comentar.
El narrador tiene una diferencia fundamental con el del relato anterior: no es un narrador en tercera persona. La frase: "Esto no lo digo yo, esto lo piensa B" le convierte en un narrador en primera persona. Su nivel de implicación con el texto volvería a llevarnos al eterno debate de autor-alter ego-narrador. Si lo analizásemos como relato independiente también podría tratarse de un narrador interino que conoce los hechos, por ejemplo: un amigo al que el personaje principal le hubiera contado la historia y que éste la cuenta a su vez.
Estoy de acuerdo con Portnoy en que "el relato tiene cierto aire de provisionalidad, de esbozo, de proyecto no desarrollado", pero pienso que ésa ha sido la intención del autor. Se trata de un relato sobre exiliados chilenos en Barcelona, con todo lo que eso tiene de provisional y de expectativas que se incumplen. Lo mismo que ocurre en el relato.

Portnoy dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios... o bien estamos algo desanimados esta semana o bien es que poco hay que añadir a lo ya dicho respecto a Últimos atardeceres en la Tierra.
Aunque hay también divergencias... Lucas afirma que hay menos acción pero más discurso, Valdecuélabre apunta una nueva posibilidad sobre la naturaleza del narrador (aunque creo que ya aparecía en el Últimos, pero no de forma tan contundente como en esta ocasión... la oposición Yo - B se convierte con la afirmación del narrador en radical)
Esperemos, como dice Natalia, que lo mejor esté por llegar.
(Alvy dándome envidia... no leeré ninguna reseña sobre Elegía hasta que no lea la novela, es una costumbre)
Fuca, a ver que te parece este comentario de Vila-Matas que he tomado prestado a NoFuture en Triste, solitario y final...

"...creyó descubrir, un día, que los escritores inician sus novelas con el único y exclusivo propósito de fundar, en un secreto fragmento de la obra, un reino para su personaje más desvalido.
Y también creyó descubrir que en todas las novelas el narrador siempre es un impostor, un indeseable que se hace pasar por el autor y que sólo es desenmascarado por los lectores más perspicaces, que suelen ser también los más amargados..."
Enrique vila - Matas, Impostura

No comparto la frase final... nada de amargados.

Robertokles dijo...

¿Que lo convierte en un narrador en primera persona?

Hombre, que los narradores de las obras de Roberto Bolaño son algo más complejos como para que hagas esa afirmación...

Valdecuélabre dijo...

¿Conoces algún narrador en tercera persona (omnisciente o no) que se identifique con un "yo"?

Robertokles dijo...

Bien. Entiendo cual es el problema. Lo que me temo es que no puede soslayarse con una cuestión identitaria del narrador. Todo narrador es en sí mismo la voz que está produciendo el relato. Para decirlo de una forma clara, es el que lo cuenta. Si es una cuestión de identidad, da absolutamente igual que hable de sí mismo, que hable de una segunda persona (gramatical) o que narre los hechos de un tercero. Por imperativo gramático, no tiene más remedio que identificarse a sí mismo con un 'yo', a no ser que hable la lengua de Tarzán («Tarzán estar en la jungla. Tarzán ser bueno», dice en las películas, eludiendo el pronombre de primera persona y decidiendo por su cuenta y riesgo que el infinitivo es más fácil que cualquier otra forma del verbo). El punto al que tenemos que ir es si ese 'Yo' participa en la acción bien como narrador, bien como observador, si habla a una segunda persona gramatical, o si habla de una tercera persona. Para entendernos, en las categorías clásicas que gustas emplear, el punto no es «quien» habla, sino «de quien» habla.

Tomemos una frase inocente al azar, por ejemplo, la que abre el relato que os ocupa:

«En cierta ocasión B asiste a una fiesta de chilenos exiliados en Europa.»

Tratemos de imaginarla ahora cómo sería si el narrador fuese uno en primera persona:

«En cierta ocasión asisto [o asistí, como quieras] a una fiesta de chilenos exiliados en Europa.»

o incluso (y éste es uno de los casos que pondrían en aprietos a los devotos de las herramientas clásicas):

«En cierta ocasión vi a B asistir a una fiesta de chilenos exiliados en Europa.»

En los dos casos últimos, hay un narrador en primera persona. La diferenciación entre ambos sería que en el primer caso el personaje es actancial, y el segundo se limita a observar la escena. No debe confundirse este caso con un narrador en tercera persona pese a que se hable de B, porque la intromisión (y esta vez sí) del «yo» en la escena es definitiva y condicionante.

Es evidente que la frase que anotas («Esto no lo digo yo, esto lo piensa B.») sufre la irrupción de la presencia directa del narrador. Voy a dejar de lado el interesantísimo juego que propone Bolaño al emplear este recurso narrativo por cuestiones de economía. También voy a aceptar que este pasaje está narrado en primera persona, no hay problema en ello. Lo que no puedo pasar de ninguna de las manera es que escribas que «no es un narrador en tercera persona», porque es totalmente falso. Puede que me haya saltado algo en mi lectura del relato, pero creo que la que citas—y me corrija el resto o tú mismo si estoy desencaminado— es la única intervención del narrador para hablar de sí mismo que aparece en todo el relato. El resto, cada uno de los pasajes, cada una de las líneas, está escrito con verbos en tercera persona —y no hace falta recordar la dependencia de los tiempos verbales con la posición del narrador como para que esto nos haga pensar mucho más. Abro la siguiente página y escojo una frase al azar: «A partir de entonces B, cada vez que se encuentra con esta pareja de chilenos (...)». La siguiente página: «Al despedirse, la mujer de U lo besa en la mejilla.». Una más allá: «B lo sabe. Y también sabe que su historia con U no es una vulgar historia de rencores.». Otra más: «La danesa estudia antropología con la mujer de U, y aunque no es lo que se dice una amiga íntima (...) ». Aún otra más: «B espera encontrarlos sólo a ellos, B espera cenar con ellos (...)»....

En fin, que podría continuarse hasta la extenuación (o hasta el agotamiento del relato) citando ejemplos de narrador en tercera persona. Quizás son demasiados como para que afirmes que el narrador no narra en tercera persona, sino en primera. A mi juicio es una temeridad tremenda escribir esto con todos los pasajes que hay para desmentirte. Es posible que, antes de replicar acerca de los (tipos de) narradores que yo conozco sea mejor repasar el relato. Vamos, digo yo.

Salud:

R

Fuca dijo...

Estoy de acuerdo con Robertokles en que el relato está contado por un narrador en tercera persona, pero es curioso que en la frase que cita Valdecuélabre (“Esto no lo digo yo, esto lo piensa B”) aparezca el yo identificado con el narrador; sólo en esta ocasión aparece el yo, en el resto del relato siempre aparece el narrador utilizando la tercera persona. Me gustaría que me explicaras, Robertokles, este “interesantísimo juego que propone Bolaño al emplear este recurso narrativo”, ¿está jugando con los lectores?, ¿está intentando despistarnos?, me interesa tu visión sobre esta “anomalía”.

Portnoy, no estoy muy de acuerdo con Vila-Matas sobre la identificación del narrador con un impostor o un indeseable que se hace pasar por el autor para que los lectores, amargados o no, lo desenmascaremos. No creo que Bolaño sea ni impostor ni indeseable, sólo sé que está detrás de su narrador y, a veces, lanza guiños reales para que algunos lectores disfrutemos con ellos.

Un saludo.

Portnoy dijo...

"con el único y exclusivo propósito de fundar, en un secreto fragmento de la obra, un reino para su personaje más desvalido"

Esa era la frase que quería destacar del texto de Vila-Matas. Una especie de análisis psicológico del síndrome del autor-narrador, o algo así (desvarío)
La cuestión es (y será en el siguiente cuento) si Bolaño protege a B ( o a sí mismo) al emplear la realidad como material literario:
La frase:
"Esto no lo digo yo, esto lo piensa B"
Sitúa al narrador en una posición más que contradictoria. Es el tipo de cosas que en una "escuela de escritores" te dirán que unn escritor nunca debe hacer. Por otra parte la identificación autor con B (creador de la obra con objeto de la obra) implica, en caso de que la aceptemos, una evolución del autor de forma que lo que antes pensaba (en el tiempo de la narración) ahora, en el momento de la escritura, no lo comparte.
De todas formas no debemos ver en todo esto más que un juego entre el escritor y sus "amargados lectores". Al menos es lo que pienso.
Aunque es muy interesante ver de que manera nos afectan los guiños del autor.
Un saludo y gracias por vuestros comentarios.

Valdecuélabre dijo...

Si me permites Portnoy, me gustaría hacer unas puntualizaciones.
Es evidente que analizando el relato dentro del conjunto de la obra de Bolaño, ese "yo" que utiliza en este relato debería entenderse como un guiño del autor.
Pero si lo analizamos como un relato independiente daría mucho que hablar y discutir. Los ejemplos de narrador en primera persona que nos ofrece Robertokles son los más clásicos, pero el narrador observador o testigo de los hechos ha evolucionado mucho. Puede ser un narrador que participe de la acción (aunque no sea el protagonista) o que se mantenga totalmente al margen de ella, con lo que prevalece la narración en tercera persona, ya que él apenas participa.
¿Cambiaría la percepción del relato si ese narrador participase o se entrometiese más? Si el relato comenzase así: "En cierta ocasión asistí con B a una fiesta de chilenos exiliados en Europa", y luego continuase normalmente, o de vez en cuando con alguna intromisión, ¿lo consideraríamos un narrador en primera persona? ¿Es necesario que un narrador participe más para considerar que es un narrador en primera persona? Para mí con una sola intromisión es suficiente, porque de alguna manera se personifica en el relato, aunque luego no intervenga más en él, y por tanto lo que cuenta sea narrado en tercera persona (con tantos ejemplos como quieras poner, Robertlokes).

Nigredo dijo...

Este relato es autobiográfico. Conozco a gente que estuvo en esa reunión. La secuencia de la fundición de la campana es central en la poética de Bolaño, mucho más que las gaitas del infrarrealismo, del que ya se había distanciado muy rápidamente una vez llegado a Barcelona.

Saludos

Marcos Lizenberg dijo...

Hola, qué gusto que se formen estos debates.
Quiero aportar mi visión del relato. El tono del narrador es casi desdeñoso, y en efecto, todo el texto no parece más que un esbozo de cuento, un argumento apenas vestido. Pero ahí está el kit de la cuestión. Digo que Bolaño es un escritor que concibe cada cuento como una apuesta total. La apuesta de este cuento, a mi entender, es precisamente esa: el narrador nos está diciendo a cada rato "esto texto podría terminar acá, pero sigue". Se trata de sostener un relato en sus límites, siempre ir tirando un poco más. El hilo narrativo se sostiene a un nivel muy elemental, la voz oscila a cada final de párrafo. Y sin embargo se reaunuda, porque evidentemente hay algo que contar. Y lo que se cuenta es lo que puede brindarle el narrador, en un gesto desinteresado y aparentemente trivial como lo es narrar una película, al suicida potencial. La lágrima que rueda por la cara de U, al final de la escena en la casa, es el signo del quiebre. Esa relación que siempre estuvo a punto de desaparecer, de no darse -la relación entre el narrador y U- tiene su punto de culminación en cómo la historia de la película impacta de una manera misteriosa en la emocionalidad del personaje de U, que hasta el momento se mostraba incómne y silencioso. El texto, además de mostrarnos este pequeño abismo de encuentro o encuentro de abismos, da un paso más allá. Eso que repetía el narrador y que es motor (maltrecho) de la narración, ese "la historia podría terminar acá, pero no termina", tiene un epílogo doloroso cuando nos enteramos que U se suicida. Bolaño nos dice, en ese momento, textualmente: la vida siempre es más dura que la literatura, y entonces nos dice lo que B no llegó a ver para contar, el final de la vida de U en un bosque. Lo que se nos muestra en este cuento es aquello que siempre quedará por fuera de nosotros, por fuera del discurso, a saber cuáles son los mecanismos íntimos que nos mueven a la revolución o a la destrucción, y al mismo tiempo la posibilidad de un encuentro, aunque sea mínimo -pero muy íntimo-, entre esos dos personajes que prácticamente se desconocen.