17/9/18

La corte de los milagros, de Ramón del Valle-Inclán

Comenta José Manuel García de la Torre en sus notas introductorias a La corte de los milagros de Valle-Inclán, en la Colección Austral, que la primera edición de la novela constaba de nueve libros, en lugar de los diez que componen la definitiva. De esa manera, argumenta, era más palpable la simetría argumental que el autor desarrolla en la obra.
Así cada libro tiene su reflejo en otro de manera especular según el siguiente esquema: I -IX, II -VIII, III -VI, IV- VI, quedando el libro V como centro de lo que García de la Torre denomina “espiral”.
Yo antes que espiral, denominaría a la estructura escalonar:


                                     IX
  |II                         VIII|
      |III              VII|
           |IV    VI|
                |V|

Así cada uno de los peldaños-libros nos iría haciendo descender en los distintos estratos sociales, empezando desde el Palacio Real y los Ministerios, pasando por las mansiones de los (mal llamados) Grandes de España, su servidumbre, la vida nocturna madrileña y acabando en el entorno rural, donde cohabitan casi sin distinción campesinos y bandoleros.
En este sentido, el Libro V al que hace referencia García de la Torre, que corresponde con el VI de nuestra edición, denominado La soguilla de Caronte, constituye, sea cual sea el caso, en el centro estructural de la novela. Y también emocional, llegado el caso.

Pongamos en contexto el suceso. Narváez agoniza. El Marqués de Torre-Mellada intriga intentando mantener sus privilegios y conseguirlos para sus allegados, su hijo, en una juerga desenfrenada, participa en el asesinato de un guardia. La familia huye a la propiedad que tiene en el campo, en Andalucía, hasta que se olvide el escándalo. Allí el capataz está involucrado en el secuestro del hijo de un propietario de finca por el que los bandoleros piden un rescate desmesurado al tiempo que su mujer agoniza y muere. Una riada desbarata el secuestro e impide también el entierro de la mujer.

Fuera de la estación esperaba el coche. Cascabeleaban las cuatro mulillas del tiro, cubiertas de borlones, primorosas y parejas: Ocupaba el pescante y tenía las riendas un viejo de centeno quemado, duro, ojiverde, las sienes con brillos de acero. El Marqués celebró el atalaje:
Muy bien, Blasillo. ¡Muy bien!
El señor Blasillo de Juanes era un antiguo cachicán, que también terciaba de picador y de cochero. La Marquesa le interrogó con amable indiferencia de gran dama:
¿Cómo anda su gente, tío Juanes?
Pues todos tan guapos, incluso la mujer, que la dejo sacramentada.
Se alarmó el Marqués.
¡Hombre! ¿Por qué la has dejado?
Pues a no ser por la obligación de recibir a sus vuecencias, no la habría dejado. Bien que me lo derrogaba la infeliz, porque está de un momento para otro.
Rezongó Toñete, que acomodaba en el coche un lío de mantas:
¡Mala pata! Entrar en la casa, y estar la muerte dentro.
Se volvió el palatino, con su clásica vuelta refitolera:
¡Tú siempre buscándome preocupaciones! ¡Ya podías callarte!
Dengueó la Marquesa:
¡Pues no es nada agradable!
Murmuró Feliche:
¿Pero está desahuciada?
Respondió el viejo, dando un suspiro:
Así parece. ¡Suerte que los hijos están ya criados!
La Marquesa Carolina, recogiéndose con un tiritón bajo su abrigo de pieles, interrogó:
¿Usted sabe si la enfermedad es de contagio?
¡Un propio contagio!
¿Has oído, Jerónimo? Pero esos muchachos, ¿cómo no nos han puesto un telegrama? Hubiéramos suspendido el viaje.
Preguntó Feliche, serena y pausada:
¿Qué padece?
¡Contagio! Pero nosotros, como no sabemos más, le decimos zaratán maligno. Otros nombran cáncer. ¡Propio contagio de la sangre!
Se avivó la Marquesa:
¿Pero es un cáncer?
Eso han dicho los médicos que la vieron hizo un año este San Martín.
La Marquesa Carolina murmuró al oído de Feliche:
¡Hija, qué susto me ha dado este buen hombre!
Hablaban en el fondo del coche. El Marqués, en el pescante, requería las riendas para guiar. Alargó la cabeza buscando con los ojos a Toñete.
¡Los caballos! Recomiéndale mucho cuidado a Pepe. ¡Que los amante!
¡Buena la trae Pepe!
El Marqués dobló la cabeza con un suspiro y restalló la fusta. Las cuatro mulillas arrancaron, llenando la mañana de cascabeles.
(...)
El Marqués frenaba las mulillas. El cachicán saltaba del pescante. El cortejo labriego rodeaba el coche, con resplandor de frentes tostadas y añejas prosas castellanas. Entre el cortejo labriego, era la sombra trenqueleante y caduca de una mujer adolecida, que se doblaba sobre un palo: Tras ella, la hija, moza lozana, abría el garbo de los brazos, atenta a sostenerla, con bermejo reír de manzana. La sombra trenqueleante, apretando la boca sin dientes, afirmaba en la estaquilla el pergamino de la mano. La Marquesa cerraba los ojos con espeluzno de miedo y repugnancia. Murmuró el viejo cachicán:
¿Por qué dejaste el jergón? Los amos te lo tenían dispensado.
¡Dios se lo recompense!
Saltó la hija, con mentida labia:
No está tan para irse, que aún rompe unas mangas. ¿Verdad, mi madre?
Se volvió arisca la vieja, temblándole la barbilla:
¡Las romperán los gusanos!
Cortó la Marquesa:
¿Los señoritos aún duermen?
Explicó la mozuela, con su bermejo reír:
Los señoritos desde ayer están de caza. ¡Hay muchos guarros, un sinfín!… Veremos los que matan.
La Marquesa, pintando un rubio desmayo, caminaba asida al brazo de Feliche.
¡Al menos han tenido la gentileza de alejarse y dejarnos solas!
¡Si ha sido como supones!…
(...)
La vieja cachicana, trenqueando sobre la estaquilla, tornábase a su jergón, y guardándola, con los brazos abiertos, a la vera, iba la mozuela del bermejo reír. Rezongaba la vieja, erizando los lunares de la barbilla:
¡Cutres! No han sido para darme un chulí.


En el siguiente capítulo, la mujer que ha salido a recibir a los Marqueses, muere.
Lo interesante de este fragmento es no tanto la diferencia social, sino la afinidad moral entre los personajes. Bien es cierto que la moribunda se levanta para recibir a los “amos”, pero también que lo hace por interés. Y no menos patente es el absoluto desprecio con el que es, no diremos tratada sino ignorada. De esa mujer al borde de la muerte lo único que interesa a las “señoras” es la posibilidad de contagio. Tras la muerte de la mujer no hay pésame ni palabras de consuelo para el marido (que por cierto ya anda liado con la molinera y estudia la forma de librarse del molinero), las únicas palabras que, por persona interpuesta del servicio, intercambian con la familia de la difunta es instarles con urgencia a que entierren el cadáver. Una riada impide llevarla al lugar del entierro. Finalmente optan por llevarla a otra parroquia donde hay una posibilidad de atravesar la crecida del río. La llevan hasta la orilla y desde la otra parte lanzan una cuerda. Atan el cadáver que así es arrastrado desde la otra ribera.

Los jayanes que acompañaban a la difunta, halaron de la piola hasta tocar el amarre de una soga fuerte. Gritó el sacristán con la dignidad de un maestro de ceremonias:
¡La gereta por los calcaños!
Ya habían sacado a la difunta del ataúd, y estaban apretándole el lazo de la reata en la canillas de cera:
¡Harto se sabe!… ¡Jalaaa!…
Renovóse el planto de las mujerucas. En la otra orilla, el preste entonaba su latino responso y sacudía el hisopo sobre las aguas del río:
¡Jalaaa!…
El cuerpo de la vieja zozobraba en el curso de la corriente. El sacristán, asistido de algunos mozos, recogía la soga en la ribera. Cantaba el preste. Las remotas campanas daban su doble y abrían en el atardecido círculos de sombra sonora. Los zapatos de la difunta navegaban río abajo, haciendo agua. La mellada luna, en el fondo de la corriente, guiñaba el ojo. Sólo salían fuera del agua las manos de cera:
¡Jalaaa!… ¡Jalaaa!…



Esta escena tan descarnada es, evidentemente, el centro de la narración.

A partir de este punto la narración se refleja en los capítulos precedentes como habíamos visto en principio. Para explicarlo gráficamente había propuesto la imagen de la escalera que desciende y asciende. Pero en realidad la imagen que representaría la estructura de la narración es la siguiente:

I
  |II
     |III
          |IV
               |V
                  |VI
                       |VII
                             |VIII
                                     |IX


Porque lo que nos propone Valle-Inclán es un descenso a la miseria moral de la sociedad española. A partir de La soguilla de Caronte no podemos leer con los mismos sentimientos los capítulos que se corresponden con los ya leídos. Algo, en cierta manera, se ha roto en nuestra percepción de la narración a la que ya no podemos ofrecer el consuelo de la benevolencia histórica. No se trata de que podamos apelar al sentido de la época y los tiempos. Lo que nos está descubriendo-describiendo Valle-Inclán es la maldad, o la mediocridad moral, del ser humano, de todos los seres humanos en todas las épocas. Es, en el sentido esperpéntico, un espejo en el que nos reflejamos deformados al tiempo que nítidamente descritos.
El entierro de la vieja se contrapone con el último capítulo de la novela en la que se describe el entierro de Narváez.
La última frase de la novela es contundente en este sentido:

El cortejo bajaba hacia la Estación de Atocha. Aromaban las primeras lilas y eran plenas de misterio floral las arboledas del Jardín Botánico. En el andén, elocuentes voces del moderantismo tejieron la rocalla de fúnebres loores, y tras el último pucherete retórico, renovóse el flato de añejas conjuras que tenían por patrono al Rey Consorte.

La pompa y el boato de un entierro de estado queda reducido a una serie de “pucheretes retóricos” que no impiden continuar con las conjuras de salón. El cruce del cadáver de la mujer hundido en las aguas es para el marido un mero trámite que no le impide seguir con sus intrigas con la molinera. El asesinato de un guardia no impide que el hijo del Marqués recapacite y abandone su vida de crápula. Y cuando por fin nos encontramos con un personaje que parece más o menos íntegro, Valle-Inclán nos aleja de él dejándolo casi en un abrazo adúltero con la Marquesa.

Entre toda la multitud de personajes que pueblan la novela parecería que destacase, por su falta de implicación en la corriente de corruptela generalizada, el Marqués de Bradomín. Pero no olvidemos que este personaje recurrente de Valle-Inclán, seductor irredento, está al acecho de una nueva presa femenina.
No hay nadie que se salve en El ruedo ibérico.

P.S. 1
Escribí en Goodreads:
Obra maestra. En todos los sentidos: lenguaje, estructura, técnica, propósito histórico-social, protagonismo coral. Representa la vanguardia literaria y es una absoluta obra moderna que parece que todo el mundo ha olvidado.

P.S. 2
Escribí en twitter:
¿Leyó Faulkner a Valle-Inclán?
Ferrán Genis me comentó que su profesor de Literatura había insinuado algo al respecto.
Parece poco probable, pero digamos que el germen de Mientras agonizo puede encontrarse en las páginas de La corte de los milagros. Un entierro imposible de llevar a cabo a causa de una riada, un cadáver en descomposición, unos hijos pintorescos y poco centrados en el duelo, un viudo que ya tiene repuesto para su pérdida... son varias las coincidencias, pero la verdad es que nada tienen en común. Si es verdad que la novela de Valle-Inclán se anticipa a la fragmentación como base narrativa y que tiene mucho de teatro novelado, así que se podría argumentar en ese sentido si quisiéramos buscar similitudes. Pero la novela de Valle-Inclán va mucho más allá, quiere abarcar toda una sociedad, quiere trascender de lo local a lo universal, quiere... vaya... ¿Yoknapatawpha es España?

11/9/18

El viajero más lento, de Enrique Vila-Matas

Compré este ejemplar de El viajero más lento en una librería de segunda mano de Urueña. De hecho era casi la única librería que estaba abierta. Al parecer la mayor actividad en el pueblo de Valladolid se produce los sábados. Era un día entre semana. Hacía mucho calor. Buscábamos el lado en sombra de las calles. Caminábamos despacio. Entramos en la librería. Compré el libro, que parecía esperarme como una premonición, y un tarro de miel. No me importó que estuviese subrayado. Es más, me pareció que otro viajero lento había dejado algunas pistas escritas en el ejemplar. Pero si os soy sincero no he sabido desentrañar el mensaje.
He copiado los fragmentos subrayados. Me he saltado muchas citas de otros autores y varios nombres propios que aparecen subrayados. Como si el anterior propietario hubiese querido informarse sobre Barbara Jacobs, por ejemplo. O como si hubiese tenido la intención de verificar la veracidad de las citas.
No sé, me da la sensación que el anterior propietario tenía muchas dudas y lagunas. Me pregunto si alguna vez se informó sobre lo subrayado. Me pregunto, entonces, por qué se deshizo del libro. ¿Completó su investigación, la abandonó? ¿Es el subrayado un propósito que no llegó a realizar? ¿Prefirió no hacerlo?
No sé.



“en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto”
Ha conseguido un nombre y que lo impone sabe muy bien que, por ese motivo, deja de ser escritor, pues administra posiciones como un burgués cualquiera.
“extraño fenómeno, el por qué les fascina tanto oir las músicas de otras lenguas”
Botho Strauss, Heine Müller y Thorsten Becker.
Edgar Varese (…) si puedo cantarle el Bamboleo.
El novelista de provincias que se dedica a escribir contra su ciudad.
Los jubilados se ocultan en los cruces y, en cuanto ven que alguien comete una infracción de tráfico, lo denuncian, así cobran una suculenta comisión por la multa.
Marieluise Fleisser.
Una hermosa edición de las prosas microscópicas de Robert Walser.
De Goethe siempre pienso en Kleist.
Escupe un amarillento cartón.
Henriette Vogel después de cantar y bailar sobre la hierba.
Walter Benjamin que importa poco no saber orientarse en una ciudad pero que perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en un bosque, requiere aprendizaje.
En esta ciudad en la que ver que algo permanece intacto es todo un acontecimiento.
“Le prohíbo que utilice mi pedido”
Tienda del librero judío.
Algo muy sordo y enigmático.
Hoy es como si todo aquel nazismo que persiguió al librero hubiese triunfado.
Travessera.
Dos fanáticas de las palomas.
Muy lejos de aquí, en otras voces y otros ámbitos, en el sanatorio las personas y en el anticuario los muebles, pero jamás aquí.
Valéry Larbaud.
Su tendencia al descubrimiento de territorios literarios inéditos.
Saint-John Perse.
Inquisiciones literarias.
Profundamente enraizado en una idílica tierra de infancia (…) la muerte, un sueño estival roto.
Barnabooth.
Aquella sofocante tendencia del otro a recorrer el mundo como una nube que temiera llegar tarde a una tormenta.
Se vea que Barnabooth es un heterónimo.
Ataque de hemiplejía (…) conservó enteras su lucidez (…) total del lenguaje.
“Se dice que en Rusia ya no saben que son los celos. Yo soy ruso”
Pidió un cigarrillo (…) “Sería el último”
“Somos demasiado parecidos a nosotros mismos”
El Quijote es una novela policíaca (…) y ya ese lector está lleno de sospechas.
“...la gente muere con los pies fríos. “Juana de Arco, no”, dijo Buster Keaton, y quedó muerto.
Una banda visual continua, toda la imaginería del cine mudo y de las avenidas del viento de los años veinte.
“Durante años viví con Diana hablando de todo”
La bella Bronwyn (…) El señor de la guerra.
El sueño de los héroes.
Mi amigo empezó a conocer, según sus propias palabras, la calma, la tranquilidad que siempre da la máscara del nombre propio.
Nom de plume.
Dos nombres: uno pequeño que era de todos conocido, y el nombre verdadero o gran nombre, que se tenía oculto.
“Lo que llamamos rosa, por cualquier otro nombre olería igual”
“¿Es la rosa roja en la oscuridad?”
Acude a un sanatorio mental, donde le curan gracias al sencillo pero muy eficaz método de cambiarle el nombre.
“Aun sigo mudo y me hago fuerte en el silencio”
“El sentido del ser humano es dormir”
“Que tiene su tarea cotidiana normal, que duerme sueño, que come comida, que bebe bebida y por eso está alegre”
El escritor busca desesperadamente una salvación, y sabe que si en los próximos años no logra establecer contacto.
“¡Tú, irrepetible, único, original, irremplazable!”
“Deseaba asesinarlo en mí”
Cuentos de fantasmas de M. R. James.
“La solitaria y única certeza de saberme un espíritu que ha tomado un cuerpo, una apariencia en espera de disolverse, algún día, en el aire y en invisibilidad”
La narradora de Aquí vivía yo, el último cuento que escribiera Jean Rhys un impresionante.
Cuerda espectral de mi selección.
Uno de los fantasmas más tontos del Universo.
Monterroso (…) Bartleby en compañía de los hermanos Tanner.
“Fue tiempo ayer, mañana seré nada”
Jean Echenoz (…) Heissenberg (…) recuperar los climas de las ficciones.
Se ocultan tras.
No sé, no he leído a Racine.
Y la conjura patafísica.
“Reescribo cuatro o cinco veces cada libro”
Se nota que del cine le gusta el montaje.
Esas minúsculas señales que a Gombrowicz le van indicando en Cosmos la dirección del vuelo de la narración.
Tercer raf.
Todas las cartas de amor son ridículas.
Descalificar, desde el primer momento (…) Echenoz es de los que (…) no vale la pena copiarla de nuevo.
Cruzar la casa de doble entrada.
(…) que es Movimiento perpetuo (…) “Nada más seguro para la mosca que colocarse en el matamoscas” (…) espías inmortales de las moscas (…) Son las vicarias.
“A estos perritos les encantan las rodillas”
Cansados (…) lejos, han ido abandonando su condición (…) para acabar entrelazándose entre ellos.
Especie de perímetro.
Ve tres veces El eclipse.
Antonioni es geométrico, matemático, y estéticamente corresponde a Piero della Francesca.
“Voy a esperar unos días para regocijarme más”
Cibernética literaria.
“Para demostrar que en sociedad la gente tiene que tirarse pedos”
(Machine celibataire)
Es la obra esquizoide.
La reanimación del cráneo de Danton por los mecanismos del diamante.
La deprimente dentadura de Felice Bauer.
Máquina de coser paraguas.
Petersburgo, la excepcional novela.
Fotografías de la época para ver que allí -con esa cara de murciélago-
El secretario cleptómano de Apollinaire.
El alma inmortal del gordo.
Sordo rumor de conversaciones.
De quien me finja enamorado.
“Un escritor es como un artillero”.
Amnésico, shandy y ventrílocuo.
Pisar el acelerador, llegar a fondo, sin paliativos.
La ciudad es un museo del dinero.
Josep Pla escribió que la revolución era un simple cambio de personal.
En un estado de pre-escritura (…) exclusivamente las páginas amarillas de la guía telefónica de Moscú.
Carandache, un libro de Kafka y una cajetilla.
Con perfecto estilo de tartamudo.
Port Lligat, donde rodé una extraña película.
Pues, que estas escenas tengan la belleza triste, glacial y exacta de las grandes planchas enciclopedistas.
Provocan el consiguiente póster.
“En centímetros cúbicos, el volumen del Universo requiere un número de ochenta y cinco cifras”
La angustia de ir de noche por una carretera desierta.
Se escindió todavía más mi alma automovilista.
“Hace demasiados esfuerzos para ser real” (…) intuyó los abismos.
El sol entraba a través de la persiana hasta las páginas del guión.
“Los guiones buenos y originales son casi tan raros en Hollywood como las vírgenes”
Leig Brackett.
Escritura desgarrada con la que castigó, en el sentido más literal, su estilo.
Esplendor del filo del cuchillo.
Sus signos de puntuación casi pictóricos.
Quería acabar con tantas palabras que nada significan.
Un coleccionista de tormentas. (…) y los gatos.
Este deporte basado en contradecirlo todo (…) un adolescente profesional.
Harry Mattews (…) Cigarretes (…) una metáfora de la estructura en volutas del libro.
Un escritor que se fumaba todo lo que escribía en papel de liar cigarrillos.
No era pues que bromease (…) apenas se tomaba algo en serio.
Una vida radiante, feroz, insolente, lúcida, generosa, tierna y violentamente hostil a la imbecilidad y a la mediocridad.
Rey del barrio de Saint Germain.
“Boris fue siempre futuro. Su muerte es pasado”.
Incluso pródigo.
Obra plural e infinita sucesión de cajas chinas.
Jamás habla si no es para contestar.
Se dice que su risa recordaba el tenue crujido del papel.
También Odradek (…) era el murciélago de las fotos o el mujeriego que se divertía formulando peticiones de mano.
Cámara de Escritura para Desocupados.
Ambos deseaban ver destruidos sus escritos, preferían no haberlos hecho.

A continuación, también en lápiz, la fecha de finalización de la lectura: 3 / XII / 01.

30/6/18

Amuleto, de Roberto Bolaño

Y los seguí: los vi caminar a paso ligero por Bucareli hasta Reforma y luego los vi cruzar Reforma sin esperar la luz verde, ambos con el pelo largo y arremolinado porque a esa hora por Reforma corre el viento nocturno que le sobra a la noche, la avenida Reforma se transforma en un tubo transparente, un pulmón de forma cuneiforme por donde pasan las exhalaciones imaginarias de la ciudad, y luego empezamos a caminar por la avenida Guerrero, ellos un poco más despacio que antes, yo un poco más deprimida que antes, la Guerrero, a esa hora, se parece sobre todas las cosas a un cementerio, pero no a un cementerio de 1974, ni a un cementerio de 1968, ni a un cementerio de 1975, sino a un cementerio del año 2666, un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo

Todo debe empezar con una confesión. Nunca terminé de leer Amuleto hasta ahora. La he retomado tras la lectura de la magnífica adaptación en forma de novela gráfica de Estrella distante. El motivo para no haber leído Amuleto, dejando de lado que esperaba encontrar una ampliación de un capítulo de Los detectives salvajes, nada más, era que me parecía INSOPORTABLE el nombre de la narradora.
Auxilio Lacouture.
Auxilio la costura, la cultura, Auxilio la cotorra, la que no calla:

Pensaba encontrar nada más que una ampliación de un capítulo de otra novela donde se prefiguraba otra novela distinta en proceso de escritura.
Estaba muy equivocado.

Está será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.
Tal vez el problema que tuve con Amuleto era que es ELLA quien habla. Y si bien la narración de Bolaño me parece impecable, el simbolismo que encierra una narradora en primera persona que se autodenomina "la madre de la poesía mexicana" me parecía en aquel momento una impostura insalvable.
Ahora he vuelto a la nouvelle y he descubierto que estaba equivocado. Salvo quizás en lo de la impostura, que me lo sigue pareciendo aunque ya no la creo “insalvable”. Quizás sea una especie de lastre que se arrastra durante toda la novela, la impostura de género, pero creo que Bolaño no intentaba una aproximación femenina a un relato, sino una voz desmedida y en los límites, quizás inspirada en la figura real de Alcira Soust Scaffo (hay una excelente entrada en el blog mimalapalabra de Giovanni Rodríguez), una profesora uruguaya que vivió en el DF a quien Bolaño conoció, que le permite al autor crear una especie de guía, una Virgilio que nos acompañe por un mundo onírico-literario relacionado con el mundo cultural de México en la década de los 70 del siglo XX.
Así Auxilio es la única persona que resiste en el edificio de la Facultad de una Universidad tomada por el ejército. Conoce a Arturo Belano y a los jóvenes poetas que pululaban por los bares en las noches del DF. Pero también a León Felipe, a Pedro Garfias, a Lilian Serpas y a su hijo Carlos Coffeen Serpas, personajes reales que pudieron coincidir en esa época con los personajes de la novela.
Pero Lacouture también conoce a Remedios Varo.



Puesto que Varo murió mucho antes que los hechos que se nos cuentan, el pasaje adquiere un tono onírico y casi surrealista, como corresponde a la figura de la pintora que hablaba a sus gatos en catalán.
Como en el cuadro El relojero, Lacouture maneja el tiempo a su antojo. Viaja a través de los distintos relojes a épocas pasadas y futuras desde su encierro en los aseos de la Facultad. Pero ella no puede explicarnos como lo hace, como si las piezas que controlan el tiempo de los relojes cayesen de sus manos. Como si viviese dentro de un cuadro de Varo, entre gatos helechos y personajes simbólicos surgidos de las brumas de los sueños.

Y todo eso es Amuleto, un viaje por los sueños de una ciudad poblada de poetas cuyos sueños se superponen a la realidad.
Leemos la novela y con tanta poesía y tanto sueño, olvidamos que Lacouture ha venido a contarnos la historia de un crimen atroz.
Este es el crimen:
Yo estaba en la facultad aquel 18 de septiembre cuando el ejército violó la autonomía y entró en el campus a detener o a matar a todo el mundo. No. En la universidad no hubo muchos muertos. Fue en Tlatelolco… ¡ese nombre que quede en nuestra memoria para siempre! Pero yo estaba en la facultad cuando el ejército y los granaderos entraron y arrearon con toda la gente.
En la lucha contra la represión la poesía se convierte en un arma. Un arma íntima, simbólica si se quiere. El totalitarismo quiere acabar con los sueños, con las ideas personales, con los sueños. La poesía es un arma inútil, pero en ocasiones es la única que tenemos a mano.
Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer.

Y ese canto es nuestro amuleto.
Bolaño siempre te deja ese regusto amargo ya que suele revestir lo épico con la banalidad de lo real, pero siempre es un gran placer reencontrarse con él.

Voy a terminar con un poema. Tal vez uno de los que sonaron por los altoparlantes de la Universidad, que tal vez estaba en un disco que puso Alcira Soust Scaffo, para que se oyese en todo el campus ocupado por el ejercito.
Tal vez.

Contadme un sueño

Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco,
soy nuevo en la ciudad... Y esto quiere decir:
Me durmieron con un cuento...
y me he despertado con un sueño.
Voy a contar mi sueño, narradores de cuentos.
Voy a contar mi sueño.
Es un sueño sin lazos,
sin espejos,
sin anillos,
sin redes,
sin trampas y sin miedo.

Oíd:
Soñé... ¡sueño!
No soy un cuento.
Vengo de más lejos...
Soy y vengo del sueño.
Y digo que soñar es querer, querer, querer...
Querer escaparse del espejo,
querer desenvolverse del ovillo,
querer descoyuntarse de la dulce rosquilla de los cuentos,
querer desenvolverse... prolongarse.
Soñar es decir 4 veces,
o 44 veces,
o 4.444 veces, por ejemplo:
yo no quiero,
yo no quiero,
yo no quiero,
yo no quiero
verme en el tiempo
ni en la tierra
ni en el agua sujeto...
Quiero verme en el viento.
Quiero verme en el viento.
Quiero verme en el viento.
Quiero verme en el viento.


León Felipe

22/6/18

Estrella distante, de R. Bolaño. Novela gráfica de J. Fernández y F. Marín

¿Qué estrella cae sin que nadie la mire, William Faulkner?


De alguna manera Estrella distante es la novela más simbólica de Roberto Bolaño. Quizás, a través de símbolos, es la única manera de acercarse narrativamente al infame periodo de la dictadura de Pinochet. Quizás me estoy metiendo en un territorio que no acabo de entender o que no me incumbe. Sólo escucho a Bolaño y la historia que cuenta y cómo la cuenta, como “espejo y explosión en sí misma”.

Ni una sola vez aparece la palabra violencia en la novela Estrella distante. Poesía sí, cientos de veces.
Carlos Wieder / Alberto Ruiz-Tagle / y varios heterónimos más fue Poeta.

William Faulkner fue poeta.

Escribió en A green bough:

I am star, and sun, and moon, and laughter.”
What star is there that falls, with none to watch it?
What sun is there more permanent than darkness?
What moon is there that cracks not? ay, what laughter,
what purse is there that empties not with spending?”

Y creo, por lo que puedo entender del poema, que no solo la frase que escogió Bolaño(*) para encabezar el texto tiene relación directa con el título, sino que el fragmento en conjunto es determinante para la construcción de la novela. ¿Qué Luna no se quiebra, qué Sol es más permanente que la oscuridad, qué risa no se vacía sin coste, qué estrella cae sin que nadie la mire?

Así tenemos un ejercicio de acrobacia aérea y un texto escrito con humo bajo una tormenta que nadie puede ver. Tenemos a personas que son otras, que queremos que sean otras, vinculadas a movimientos guerrilleros en latinoamérica, viviendo anodinamente en Europa. A personas que realizan un postrer acto heroico ajeno a su condición. Vidas de chilenos exiliados de una nación quebrada para quienes incluso la risa tiene un alto coste.
Pero sobre todo tenemos oscuridad. Una oscuridad persistente que ninguna estrella puede iluminar permanentemente.

La oscuridad pilota un avión.
La oscuridad consiste en revestir el crimen de un halo poético.
Ni los mismos criminales pueden soportar esa aberración.
Carlos Weider es un criminal. No sabemos nada de su poesía. Sabemos de sus crímenes.
Arturo Belano, el narrador de Estrella distante, es un poeta. No sabemos nada de su poesía. Sabremos de su crimen.

Belano sueña:

Una noche incluso tuve un sueño al respecto. Soñé que iba en un gran barco de madera, un galeón tal vez, y que atravesábamos el Gran Océano. Yo estaba en una fiesta en la cubierta de popa y escribía un poema o tal vez la página de un diario mientras miraba el mar. Entonces alguien, un viejo, se ponía a gritar ¡tornado!, ¡tornado!, pero no a bordo del galeón sino a bordo de un yate o de pie en una escollera. (...) En ese instante el galeón comenzaba a hundirse y todos los sobrevivientes nos convertíamos en náufragos. En el mar, flotando agarrado a un tonel de aguardiente, veía a Carlos Wieder. Yo flotaba agarrado a un palo de madera podrida. Comprendía en ese momento, mientras las olas nos alejaban, que Wieder y yo habíamos viajado en el mismo barco, sólo que él había contribuido a hundirlo y yo había hecho poco o nada por evitarlo.



Javier Fernández, el guionista del libro que nos ocupa, inteligentemente sitúa este sueño al inicio de la narración de la novela gráfica basada en la de Bolaño. Es una de las pocas libertades que se toma en la adaptación. La cual no solo es fiel y respetuosa, sino que derrocha admiración por Bolaño y su obra.
De la oscuridad se encarga Fanny Marín. Sus dibujos fluctúan entre la luz y las sombras más oscuras. Pero no unas sombras que oculten el Mal. Como se dice en la novela, cuando los asesinos entra en la casa de las Garmendia “observan con miradas obscenas el interior en penumbras, las alfombras, las cortinas, como si desde el primer momento buscaran y evaluaran los sitios más idóneos para esconderse. Pero no son ellos los que se van a esconder. Ellos son los que buscan a quienes se esconden
Somos nosotros, lectores, quienes debemos escondernos en las sombras de esta magnífica adaptación del texto de Bolaño.
Porque estamos equivocados, Porque la oscuridad no oculta el Mal. El Mal se muestra con total y luminosa impunidad. Como un Sol o una estrella que cae.

(*) Véase  ¿Qué Faulkner cae sin que nadie lo mire?, de Enrique Vila-Matas

18/6/18

La casa de Hong-Kong, de Alain Robbe-Grillet

La maison de rendez-vous es el título original. En español ha sido editada con el título La casa de Hong-Kong en 1968 y La casa de citas en 1970, ambas por Seix-Barral. (Por cierto, la primera traducción de Les gommes por Seix-Barral en 1971 se tituló La doble muerte del profesor Dupont, más tarde Anagrama la republicó como Las gomas.
¿Es relevante este cambio de títulos? Supongo que los cambios del título de la primera edición obedece a circunstancias de la época, aunque es más complicado enteder porque dos años después la republicaron con otro título... ¿varía el contenido? No lo sé. Me temo que alguna cosa haya sido censurada, pero no me consta. Lo relevante en el caso que ME ocupa es que el libro de segunda (¿tercera?) mano de la edición de 1968 que compré a través de la red tiene una peculiaridad: Tiene doce páginas en blanco. He tenido que recurrir a la descarga de material ilegal para completar las páginas que faltaban. Las páginas en blanco han sido suplidas por otra edición más actual de Anagrama de La casa de citas... no sé muy bien lo que he leído. Tampoco me he puesto a comparar las dos versiones.
Intuitivamente había entendido que Reanudación, La reprise, la última novela escrita por R-G, era una especie de compendio de sus anteriores novelas. En esa novela hay elementos de Las gomas y también de La casa de Hong-Kong-Citas... por eso mi duda radica en si los elementos pornográficos de La reprise pertenecen a La casa o no. La verdad es que soy idiota. Pudiendo leer a Robbe-Grillet en francés no sé porque me he enredado en traducciones y en ediciones publicadas en épocas menos felices y nada permisivas.




Que conste que todo esto se escribe desde la idiotez completa.

Doce páginas en blanco.

Como sí en El año pasado en Marienbad existiesen varios fragmentos que llegasen a sumar diez minutos con la pantalla completamente en blanco.




Cuando se menciona el guión (guion) de R-G para El año pasado en Marienbad se destaca la influencia de La invención de Morel de Bioy Casares. Dijo R-G que “la conocía, pero la releí después y no vi ninguna relación. Sigo sin verla



Pues bien, La casa de Hong-Kong-Citas es el Marienbad narrativo de R-G.
Recordemos también que esta novela pertenece a la misma época, los sesenta del siglo XX, en la que R-G dirigió la película Trans-Europ-Express, una especie de ejercicio metacinematográfico muy recomendable que avanza a través de la repetición de ciertas acciones que se le imponen al protagonista, un Jean-Louis Trintignant identificado en los primeros minutos de la cinta como él mismo:

“- ¿No lo reconociste?
- Era Trintignant.
- Claro. ¿Qué tal si lo usas para tu film?
- Sí, puede ser.
- ¿Qué nombre le pondrías?
- Elías
- ¿No hay otro mejor?”.


Como en la película existe en La casa de Hong-Kong-Citas una especie de red de tramas que implican a prostitución, tráfico de drogas y crímenes, pero entendámonos, R-G emplea los convencionalismos del género negro para crear un laberíntico ejercicio narrativo en la que los distintos elementos que se repiten a lo largo de la novela encajan con las otras distintas escenas que se repiten de forma que es el engarzado y la concatenación lo que da a cada uno de esos elementos un significado distinto cada vez. Así veremos a un narrador en primera persona, que acaba desapareciendo dentro de la novela, llegando a la mansión en la que se desarrollaran gran parte de los hechos, a la recepción, en ocasiones sórdida, en ocasiones “artística”, en ocasiones refinada, que será interrumpida por la policía que ha seguido a una mujer oriental, acompañada por un enorme mastín en ocasiones, no en otras, que lleva un paquete o no, que ha descubierto un cadáver o se ha dirigido a un tugurio infecto, seguida a su vez por un personaje o por otro, en taxi o en rickshaw, o que ve a la mujer mientras se dirige a la recepción en la mansión y el escritor es asesinado, muere accidentalmente, se suicida o escribe sobre los jardines que tiene que atravesar para llegar a la casa de rendez-vous...

Obviamente la fascinación que provoca la narración de Alain Robbe-Grillet es imposible de describir.



17/6/18

Cuentos escogidos, de Joy Williams

Publicado por Seix Barral con traducción de Albert Fuentes, este volumen recoge cuentos aparecidos en Taking Care (1972-82, Random House), Escapes (1992, The Atlantic Monthly Press), Honored Guest (2004, Alfred A. Knopf) así como otros aparecidos en varias revistas(*). Casi más que de unos cuentos escogidos parecen unos cuentos completos de Williams hasta 2015.

Como ya he hablado, en relación con sus novelas, de la admiración que siento por esta escritora paso directamente a recomendar estos Cuentos completos escogidos.


Relación con las novelas: Mujeres, mujeres solas, mujeres enfermas, hijas, nietas, parejas, paisajes costeros, paisajes desérticos, saguaros, perros, serpientes, animales disecados, cuadros con animales, pájaros, casas destartaladas...

Las mujeres sufren por la pérdida de un secreto que antaño conocían” (pág. 122)

La sensación general que dejan todos los relatos de Williams es de cierta tristeza inherente a la condición humana. Despojadas de convencionalismos, las personas que muestra Williams, principalmente mujeres, se enfrentan a sí mismas. La tristeza proviene de ese grado de resignación y renuncia al que mayormente nos entregamos. Nos abandonamos a la certeza de que no hay certeza y de que no hay nada más que esta materialidad en continua descomposición.

Cada relato, cada persona, es como un animal disecado. Una representación sin vida.

Creo que las claves de toda la narrativa de Joy Williams se encuentran en el relato titulado Martillo.

Referencia:

Yo veía a un hombre feliz, cuyo sueño secreto se había realizado de un modo tan evidente, que había alcanzado su objetivo en la vida, había recibido lo que quería, que estaba satisfecho con su destino, consigo mismo. A mis ideas sobre la felicidad humana, siempre, por algo, se añadía algo triste, pero ahora, ante la visión de un hombre feliz, se apoderó de mí una sensación penosa, cercana a la desolación. En particular, era penoso por la noche. Me hicieron la cama en una habitación, junto al dormitorio de mi hermano, y yo oía cómo él no dormía, y cómo se levantaba y se acercaba al plato de grosellas, y tomaba una. Yo pensaba: ¡en esencia, cuántos hombres satisfechos y felices hay! ¡Qué fuerza tan aplastante! Échenle un vistazo a esta vida: el descaro y la ociosidad de los fuertes, la ignorancia y la bestialidad de los débiles, alrededor una pobreza imposible, la estrechez, la decadencia, la embriaguez, la hipocresía, la mentira… Entre tanto, en todas las casas y en las calles el silencio, la tranquilidad; de cincuenta mil que viven en la ciudad, ni uno que grite, que se perturbe en voz alta. Vemos a los que van al mercado por productos, comen de día, duermen de noche, dicen sus tonterías, se casan, envejecen, llevan a sus difuntos al cementerio de modo bondadoso; pero no vemos ni oímos a los que sufren, y lo terrible de la vida pasa en algún lugar, entre bambalinas. Todo está en silencio, tranquilo, y sólo protesta la muda estadística: tantos se volvieron locos, tantos baldes bebidos, tantos niños murieron de inanición… Y este orden, evidentemente, es necesario; evidentemente, el feliz se siente bien, sólo porque los infelices llevan su carga callados, y sin ese callar, la felicidad sería imposible. Es una hipnosis general. Es necesario que en la puerta de cada hombre satisfecho, feliz, esté parado alguien con un martillo, y le recuerde con un martillazo, de modo constante, que hay hombres infelices, que, por muy feliz que él sea, la vida tarde o temprano le enseñará sus garras, llegará la desgracia, la enfermedad, la pobreza, la pérdida, y nadie lo verá ni lo oirá a él, como él no ve ni oye ahora a los otros. Pero no hay el hombre con el martillo, el feliz vive a su gusto, y las pequeñas preocupaciones mundanas lo inquietan levemente, como el viento al roble, y todo está a favor.
Anton Chejov, Las grosellas.

En su relato, Martillo, un personaje un tanto estrambótico sirve de escudo entre madre e hija cuya relación es bastante tensa. Él introduce el tema del hombre del martillo de Chejov y cuando la madre le pregunta si se cree el hombre del martillo, él sonríe con modestia. Durante su aparición en el relato se encarga de señalar todos y cada uno de los defectos del domicilio de la madre, el deterioro, el desorden, la decrepitud.
¿Es él el hombre del martillo?
No.
Joy Williams es la mujer del martillo.
Con su narrativa nos enseña que “la vida tarde o temprano le enseñará sus garras, llegará la desgracia, la enfermedad, la pobreza, la pérdida” o más bien que todas esas cosas son inseparables de la misma vida. Con su martillo Williams nos muestra que no somos tan felices como creemos ser. Nuestra sociedad es como el cuadro que la madre del relato Martillo robó en un bar en el que se muestran unos castores junto a su vivienda de troncos y ramas: “El artista, ese malnacido, seguramente había atrapado y ahogado a los castores antes de embutirles varas en sus pobres cuerpos para colocarlos en posturas que trasladaran una impresión de vida, tal y como había hecho Audubon con los pájaros, otro malnacido, y Stubbs con los caballos, otro malnacido, para hacer sus bonitos retratos”.

Y eso es lo que tenemos entre manos, simulacros de realidad y vida. La autora, esa malnacida, atrapa y ahoga a sus personajes y les inserta alambres para darles y darnos impresión de vida. Sabe que toda narrativa no es más que un simulacro de vida, de realidad. Pero sabe también que esa visión entre pesimista y resignada es también una realidad tangible. No hay felicidad en este mundo, hay, si acaso, abotargamiento y rendición.

Y aquí viene Joy Williams con su martillo de narración impecable e implacable.
Muchísimas gracias, señora Williams.

—Yo me imagino a Dios como un mago —susurró ZoeBella, mirando fijamente a Janice—. Un mago rico que tiene un montón de ovejas hipnotizadas para así no tener que gastarse ni un céntimo en cercados o pastores para evitar que se escapen. Las ovejas saben que en el fondo el mago quiere matarlas porque quiere su carne y su piel. Así que el mago primero las hipnotiza para hacerles creer que son inmortales y que no se les hace ningún daño cuando las despellejan, que al contrario, que será bueno para ellas e incluso una experiencia agradable. Luego las hipnotiza para que piensen que el mago es su buen amo y que las ama. Luego las hipnotiza para hacerles pensar que no son ovejas en absoluto. Y después de todo esto, nunca se escapan, sino que esperan tranquilamente hasta que el mago exige su carne y su piel.



(*) Un día habrá que analizar el impacto de las revistas literarias en la narrativa estadounidense y cómo éstas sirven de plataforma de presentación para nuevos escritores y de afirmación para los veteranos, y que parten de un principio básico que es la del trabajo PAGADO. ¿Sería impensable una cosa así en “este país”? Me temo que sí. Empezando por lo de pagar a los escritores los cuales deben, por supuesto, sentirse agradecidos por ver publicados sus trabajos en papel.