7/07/09

Tiro en la cabeza (2008), de Jaime Rosales

Hay que respetar lo arriesgado de las propuestas del cineasta catalán. Con solo tres largometrajes, Las horas del día (2003), La soledad (2007) y Tiro en la cabeza (2008) ha consolidado un estilo muy personal basado técnicamente en el plano fijo sostenido, la acción fuera de campo (lo que de una sensación de distancia entre el espectador y la acción, al mismo tiempo que sitúa la cámara como objeto de observación no de creación de la acción) y temáticamente en la exploración de la cotidianidad y la rutina.
Eso tiene su riesgo.



De las tres mi prefiero Las horas del día, por la brutal interpretación de Alex Brendemöhl y, sobre todo, porque introduce un momento de ruptura en el momento preciso en que el espectador está a punto de desconectar.
Me explico.
Creo que alguna vez he comentado el tema, sobre todo en lo que respecta a la narrativa literaria, de lo arriesgado que es la inmersión en la rutina y el aburrimiento y las consecuencias que pueden revertir sobre el propio texto despojándolo de interés y convirtiéndolo en rutinario y aburrido. Algo parecido sucede con las películas de Rosales: Al explorar la vida cotidiana de un psicópata, de una familia o de un etarra, al mostrarnos los hechos intrascendentes de sus días, lo acerca humanamente al espectador con el que comparte esa rutina. El problema es que no sé hasta que punto el espectador quiere ver reflejada en la pantalla algunos hechos que se repiten diariamente y que, por lo general, no conforman el material narrativo de literatura y cine.



En Tiro en la cabeza asistimos desde mucha más distancia que en las otras películas de Rosales (no hay más que el sonido ambiente que capta la cámara pero no se puede acceder a los diálogos que los personajes mantienen) a los acontecimientos. El acto de ruptura narrativa con la cotidianidad sucede prácticamente al final del metraje. Hasta ese momento no hay apenas nada más que un ejercicio de estilo prolongado hasta el aburrimiento del espectador.
Entiendo la propuesta de Rosales. Pero creo también que esa propuesta no debe prolongarse innecesariamente. Ochenta minutos de rutina son demasiados minutos. El espectador, a la media hora, ha comprendido perfectamente cuales son las intenciones del director, se siente ya bastante identificado con la rutina del personaje y siente que la espera del desenlace brutal (se sabe, ya que está basado en un atentado real) se demora demasiado. Es decir, nos encontramos ante una película experimental sometida a las leyes del mercado, una propuesta inusual obligada a tener un metraje estandar para su exhibición en salas.
En consecuencia Tiro en la cabeza aburre. La soledad aburre. Las horas del día aburre. Y lo hacen porque se ajustan a las intenciones del director pero, sin embargo, tienen un metraje excesivo.



Tengo sentimientos contradictorios respecto a las películas de Rosales. Por una parte sus propuestas me parecen muy interesantes, sus puestas en escena impecables y ajustadísimas, su técnica tal vez excesivamente evidente, pero de eso se trata, y por otra me cuesta muchísimo mantener el interés en lo que se cuenta. La distancia que Rosales impone con su cámara fija, que mantiene al espectador en un segundo plano tras la cámara, no ante la pantalla, y la reiteración excesiva de momentos muertos, intrascendentes narrativamente, hacen que el espectador no entre en la película, se convierta en espectador de lo que el director le impone ver el tiempo que crea conveniente. Y no es que Rosales no sepa mantener ese “tiempo lento” en cada uno de sus planos, el problema (si es que hay algún problema… quizás todo se deba a mi adocenamiento como espectador mainstream) es la suma de todos esos planos, la acumulación de tanto tiempo muerto, que se podría solventar resolviendo la película como mediometraje.

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1/07/09

Perturbaciones, VVAA

Perturbaciones
Antología del relato fantástico español actual
Varios autores
Edición y prólogo del escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel

Ed. Salto de Página, 2009

Esta reseña debería haber sido de otra manera. Finalmente me cansé de no poder esbozar más que un montón de frases convencionales, pretenciosas y grandilocuentes.
Ejemplos:

1.- La narrativa española es convencional, realista y conservadora porque eso es lo que quieren los lectores.
2.- Los lectores creen que prefieren cierto tipo de narrativa (convencional, realista y conservadora) porque eso es lo que les ofrecen las editoriales.
3.- Las editoriales solicitan a sus autores cierto tipo de narrativa (convencional, realista y conservadora) porque vender libros es un negocio.
4.- El relato fantástico español contemporáneo está anclado en formas y estructuras arcaicas y caducas.
5.- Es un error absurdo seguir escribiendo empleando modos y temas propios de la novela gótica…
6.- Es un error absurdo (incluso risible) seguir escribiendo como hace doscientos años…
7.- Ya es bastante grave que los narradores españoles establecidos (sic.) sean en líneas generales deudores del realismo decimonónico…
8.- No se debe ser condescendiente con la mediocridad…
9.- Me asusta la falta de riesgo y el conformismo narrativo…
10.- Tal vez esa insistencia en recrear sin innovar modos que se repiten desde hace doscientos años sea el motivo por el que la narrativa fantástica no pueda librarse de la etiqueta de “género menor”…

Para usar estas frases haría falta otro reseñista, no yo. Lo habitual es que eluda con elegancia comentar libros que no me dicen nada. Podría haberlo hecho con Perturbaciones, ya que la gran mayoría de sus relatos se leen y se olvidan.

11.- Decepción es la sensación general que provoca Perturbaciones, pero no hay que dejar de señalar que hay excepciones…

Claro que hay excepciones. El de José María Merino, por metaliterario, el de Cristina Fernández Cubas por la indefensión de la narradora, el de Miguel Ángel Muñoz por combinar las influencias de Cheever y Carver con Kafka y algunos aspectos de otros relatos y autores. Todos, al menos, tienen el valor de haber sido escritos.

12.- …y al mismo tiempo no hay que dejar pasar por alto el conformismo, las formas caducas, el “homenaje” rancio, la inanidad…

Que el género fantástico esté en cierta manera desprestigiado (como la ciencia-ficción, el relato de aventuras e incluso la narrativa infantil o juvenil) no sé hasta que punto condicionará a los autores por su condición de arma de doble filo. Un género desprestigiado al que los autores se entregan sin demasiado entusiasmo viene a confirmar el tópico que lo desprestigia. El género fantástico me parece un campo magnífico en el que experimentar narrativamente. Además me parece que lo exige, que el medio es propicio a explorar nuevas formas que se adentren en los terrores de la psique. Además la narración fantástica se repite hasta la saciedad en los medios audiovisuales por lo que la literatura debe buscar otras formas, sus propias formas, lejos de la iconografía televisiva o cinematográfica. Lejos de los lugares comunes.
Eso es lo que encuentro a faltar en Perturbaciones: Experimentación.

Podría haber olvidado esta reseña. Pero se me plantea una cuestión muy seria: ¿Qué está pasando con la narrativa española y más con la de género?
Me resulta muy difícil aceptar que los autores de Perturbaciones sean “de los mejores cultivadores contemporáneos del relato fantástico español” o que esta colección de relatos sea representativa de nada más que de la necesidad de renovar profundamente el panorama narrativo.

De escribirla, sería una reseña que me granjearía un montón de buenos amigos.

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29/06/09

La realidad...

Es triste que la realidad sustituya a la literatura, pero en algunas ocasiones es necesario:

Los sucesos de Honduras en Mimalapabra

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28/06/09

Llavaneres, última entrada del Dietario Voluble



Desconcertante final de partida:


Como en un viejo western vemos a Vila-Matas adentrándose en el territorio del miedo... ¡buen viaje y mejor retorno!.

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24/06/09

Cosas que pasan

1.- José Luis Justes Amador tiene una interesante propuesta de traducción... me gustaría ser menos lerdo en cuestión de idiomas para apuntarme.

2.- Jose Antonio Garriga Vela, Eduardo Lago, Malcolm Otero Barral, Antonio Soler, Jordi Soler y Enrique Vila-Matas son los miembros actuales de La Orden del Finnegans que cuenta con página web propia:



Jurar ser fieles al Ulises debería ser una meta a la que todos aspirásemos. Claro, que también hay que saber leer el subtexto del asunto.



A fin de cuentas la novela de Joyce es una enorme broma revestida de irónica solemnidad.

3.- Seguro que había un punto tres pero se me ha olvidado.

4.- ¿Hay una recurrente presencia de gatos y bicicletas en los textos del bloomsday? ¿significará algo?

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22/06/09

Dublín, 16 de junio de 2009

Enrique Vila-Matas me envía esta hopperiana fotografía tomada en Dublín el bloomsday.




Se ha añadido la foto al Mapa del Bloomsday 2009.

Está mal que yo lo diga, pero me parece un final perfecto.

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21/06/09

Un destino secreto

El habitante de la más sigilosa de las regiones, nuestro amigo del dietario pensado, retiene ahora ese grito, pero sabe que muy pronto éste traspasará el desierto. Para entonces ya ni siquiera estar solo parecerá imprescindible, e incluso será ya un hecho comprobado que en la realidad (en nuestra famosa realidad) no ocurre nada que corresponda rigurosamente a una lógica. Y también estará ya comprobado que vivir es una experiencia amarga que al principio es mejor escupirla por todas partes, aunque al final lo más sabio sea, a través del arte, tratar de sublimarla: a ser posible, con la más desgarradora de las historias.
E. Vila-Matas, penúltimo Dietario Voluble

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17/06/09

Bloomsday 2009

Creo que ya está. Ahora únicamente queda viajar a través de blogs para comprenderlo como una unidad, un todo sintetizado en un solo día.
No hace falta que repita lo gratamente agradecido que estoy por vuestra colaboración.

Pero permitidme, antes de que me ponga a bucear en vuestros textos, que haga una mención especial a tres personas. A Javier que tuvo la idea del mapa, a José que ayer por la tarde se lanzó a promocionar el evento (y encima se me olvidó poner su enlace en el mapa) y a Beatriz que inauguró su blog con la entrada del Bloomsday.

Y por último a J. S. de Montfort, espero que me disculpe y entienda mi error. Mil gracias compañero y disculpa.

Gracias a todos.
Sigamos como rocas errantes vagando por la red.

Saludos


¿Qué primer recuerdo tenía de Rudolph Bloom (difunto)?

Rudolph Bloom (difunto) le relataba a su hijo Leopold Bloom (de 6 años) un reordenamiento retrospectivo de las migraciones y asentamientos en y entre Dublín, Londres, Florencia, Milán, Viena, Budapest, Szombathely con aserciones de satisfacción (su abuelo había visto a María Teresa, emperatriz de Austria, reina de Hungría), con consejos mercantiles (él se había cuidado del penique, las libras se habían cuidado de ellas mismas). Leopold Bloom (de 6 años) había acompañado esos relatos con consultas constantes al mapa geográfico de Europa (político) y con sugerencias para el establecimiento de locales comerciales afiliados en los diferentes centros mencionados.

Ulises, James Joyce; capítulo 17 (traducción no consignada)



Ver Bloomsday 2009 en un mapa más grande

Listado (por riguroso orden de recepción, una extraña manifestación del azar)

  • José María Pérez Collados, Girona

  • Zero Kelvin, Rubí, Barcelona

  • Bernardo Luis Munuera Montero, Jaén

  • Olavia Kite, Tsukuba

  • Matts De Bloeff, Barcelona

  • Carlos Be, Barcelona

  • Miquel Adam, Ciutat fastigosa

  • Javier Moreno, Lyon

  • Alvaro Huertas, Glasgow

  • Alberto Haj-Saleh, Kamloops

  • El Astronauta, Barcelona

  • Albert Ullibarri, Barcelona

  • Javier Elizondo, Ciudad de México

  • Alicia Ancona, Ciudad de México

  • José Luis Justes Amador, Aguascalientes

  • Rafael Hernandez, Monterrey

  • José Montalvá, Valencia

  • Mauricio Salvador, Ciudad de México

  • Andrés Villaveces, Bogotá

  • Agustín Galván, Sinaloa

  • Tina Vallès, Barcelona

  • Kraven Sneijder, Gijón

  • Juan Lewin, Leiden

  • Julián García, Amsterdam

  • Karla Olvera, Ciudad de México

  • El Llibreter, Catalunya

  • Cinthya, Barcelona

  • Clara Osorio, Castelldefels

  • Petrusdom, Valencia

  • Antártica, Barcelona

  • L'efecte Jauss, Arbúcies

  • Silvano Gozzer, Madrid

  • J. S. de Montfort, Barcelona

  • José Jesús Serrano Rincón, Praga

  • Ximena Gama, Bogotá

  • Pablo Galerna, Comala

  • Grace, Bogotá

  • Luis Venegas, Ciudad de México

  • JG Cozzolino, Buenos Aires

  • Luda, Aguascalientes

  • Jacinta Escudos, San José

  • Omegar Martínez, Ciudad de México

  • Luis Bardamu, Dock Sud

  • Martín Alonso Gómez, Barcelona

  • Jacobo Deza, Managua

  • Eduardo Laporte, Madrid

  • Beatriz Nava-Domínguez, Ciudad de México

  • Jildardo González, Aguascalientes

  • Manuel Jesús Curiel Arroyo, Plasencia

  • Sandra Galván, Bruselas

  • Salvador Leal, Ciudad de México

  • Luisa RR, Ciudad de México

  • Rafael Zamudio, Tijuana

  • Jaka (José Cruz Aceves), Irapuato

  • María del Pilar, Bogotá

  • Diego Niño, Bogotá

  • Fernando Torres, Madrid

  • Andrés Lombana, Bogotá

  • María Montoya, Bogotá

  • Edilay Peña Osorio, Medellín

  • Gabriel Muelle, Santiago de Chile

  • Ricardo Cortizo, Ciudad de México

  • Cristina Rodriguez, Ciudad de México

  • Said Javier Estrella, Ciudad de México

  • Palumbus Columbus, La Sènia

  • E. A., Baix Llobregat

  • Javier Avilés, Tarragona

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    16/06/09

    Bloomsday

    Bloomsday, Tarragona, 16/06/2009

    05:00 – 08:00

    Estrictamente no ha empezado el Ulises. Es un no tiempo, un espacio de nadie, un territorio difuso. J. B. se levanta, desayuna (café con leche con cereales integrales), orina, se lava, se viste, sale a la calle, saluda a quienes como él deambulan por las calles somnolientas, coge el coche, llega al trabajo, café, recibe instrucciones, acciona los interruptores pertinentes, café. Este capítulo se organiza como una retahíla automática de acciones. No hay diálogo interior, sólo sueño y desidia.

    08.00 – 10:00

    Almuerzo. Manzana, melocotón. Café. Las tareas se acumulan en un aluvión de falta de lógica. La típica desorganización española. Todo sigue adelante a pesar de o a causa de. La ilógica es también una especie de lógica. J. B. mientras trabaja cree ver a otras personas que ya no están. Como si las personas que realmente ve sean otras personas disfrazadas de forma bastante burda de modo que es fácil distinguir a quien se oculta. Es una alucinación infantil que perdura. Un retorcido complot cuyo sentido se le escapa. Paranoia, conspiración, solipsismo.
    Ducha

    10:00 – 12:00

    Viaje a Cornellá. J. B. cambia un libro. Un regalo repetido. Debe hacerlo por otro que odia regalar, el puto libro del autor cuyo nombre rima con cojones. Mierda. Abona dos euros más. Viaje a Sant Joan Despi. J. B. y su compañero de viaje recorren en coche carreteras y calles hasta encontrar el lugar de concentración. Llamada. Otra llamada. La desorganización como forma de ser. No aceptaría pertenecer a un sindicato organizado, piensa, aunque se podría arreglar con mayor comunicación. Lo haré mañana, decide.

    12:00 – 14:00

    Concentración ante la puerta de una empresa empeñada en una estúpida persecución sindical. La irracionalidad parece perseguir a J. B. bajo un sol inclemente. El calor es una materia densa que llena la calle. Petardos, silbidos, consignas, parlamentos. El mundo es como es. Las premisas para cambiarlo son sencillas. Que las personas las acepten es más complicado. El capítulo se desarrolla de la experiencia individual a la conciencia de clase a través de distintos personajes con los que J. B. interacciona.

    14:00 – 16:00

    Vuelta a Tarragona. El dolor empieza a insinuarse en la base del cráneo. La cabeza arde. Llega a casa. Comida, fruta, café. Coje un libro de relatos. M. B. le dice que ha leído alguno y que son bastante flojos. J. B. remarca la clemencia de M. B. Son verdaderamente malos y trillados. En realidad en vez de dar su opinión J. B. quiere coger el libro y lanzarlo por el pasillo. Patearlo. Estrellarlo contra la pared. Pero sigue intentando leer sentado en el sillón. Finalmente se queda dormido.

    16:00 – 18:00

    Ineluctable modalidad de lo doloroso. Negro abismo, negro vómito. El dolor es un túnel oscuro y pulsátil que anula la voluntad. No hay más que. No hay nada. No hay conexión. Salvo el dolor. Ulises atado al mástil de su nave siente el canto de las sirenas atravesando su cabeza. Grita pero nadie puede oírle. Solo el dolor, como una presencia fantasmal, posesiva, absorbente. Ibuprofeno. Los ojos, los ojos, joder, apagad esa luz.
    Este capítulo (lo digo desde una nube de calmantes) debería ser una aproximación a la locura.

    18.00 – 20:00

    Este capítulo en principio estaba concebido como una serie de preguntas con cuatro posibles respuestas. El lector sólo puede avanzar a la siguiente pregunta si consigue responder adecuadamente. En caso contrario el capítulo termina y se pasa al siguiente (20.00 – 22:00). Sin embargo el dolor de J. B. es tan intenso que las preguntas poco a poco devienen un cúmulo de absurdidades imposibles de responder. El lector debe sufrir las intensas palpitaciones craneales, el dolor ocular, las alucinaciones. Este capítulo debe doler. Nadie puede terminarlo.

    20.00 – 22:00

    Ibuprofeno. Cena. El dolor amaina. A pesar de eso por la pantalla M. B. y J. B. contemplan como el mundo se desmorona. Asisten y comentan la pasividad de las personas, la indiferencia, la amoralidad del Poder. Nuestro zeigeist, dice ella, es la procrastinación. ¿Porcati qué?, dice él. Procrastinación, dejarlo todo para mañana. La revolución mañana, dice ella. Cuando deberíamos estar exigiendo el Apocalipsis ya, dice él. Al sonreír el dolor le recuerda que sigue ahí, en el fondo, a la espera.

    22:00 – 00:00

    J. B. se va a la cama. Mañana se levantará a las cinco. Acostado en una nube de calmantes lee Manual de inquisidores de Antonio Lobo Antunes. Se queda dormido con el libro en la mano. En la duermevela J. B. recuerda hechos del día como si continuase la estructura de la novela de Antunes. Al caérsele el libro se despierta, guarda las gafas, se levanta a orinar. Diálogo interior.
    Justo antes de dormirse piensa, ¿Porcati qué?.

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    12/06/09

    A day in a life

    Woke up, got out of bed
    Dragged a comb across my head
    Found my way downstairs and drank a cup
    And looking up, i noticed i was late


    Este es un post autoreferencial (es decir, en el que no se dice nada nuevo) para agradecer vuestra adhesión a la convocatoria Bloomsday (y animaros a participar)


    (Imagen robada a Javier )


    Casualmente (no es cierto, nada es casual) estoy leyendo ahora
    Cosmópolis de Don DeLillo, novela que sucede durante un único día (un día de abril del año 2000). Además del Ulises de Joyce hay otras novelas cuya trama se desarrolla en un único día.
    Entre ellas dos, junto a la de Joyce, de las grandes novelas del siglo XX, La señora Dalloway de Virginia Wolf y Bajo el volcán de Malcom Lowry (
    ¿Le gusta este jardín que es suyo? Evite que sus hijos lo destruyan)
    ¿Dejaré de citar a Faulkner en el que cada uno de los capítulos de El ruido y la furia sucede en un único día, aunque la trama se extienda por varios años?

    De acuerdo, también está
    La jornada de un interventor electoral, de Italo Calvino, obra que abandoné por motivos extraños hace años y que no he vuelto a retomar (“porque quien le declara la guerra al escepticismo no puede ser escéptico con respecto a su victoria, no puede resignarse a perder, de otro modo se identifica con el enemigo”), la decepcionante Sábado de Ian McEwan (autor sobrevalorado a mi entender) y alguna otra que desconozco o no recuerdo.

    Es posible leer
    Cosmópolis en tiempo real, dependiendo del ritmo de lectura, algo que también ocurre con After Dark de Haruki Murakami. Se podría decir que en un signo de nuestros tiempos, la coincidencia de lo narrativo con el ritmo de la realidad (pero no una realidad “real” sino más bien cinematográfica) si no fuera porque La señora Dalloway también admite una lectura en tiempo real.
    Pero la novela de Wolf es comparable con las de Joyce y Lowry, que de ningún modo, por su complejidad estilística y estructural, pueden admitir una lectura en “tiempo real” (siempre queda la lectura anfetamínica, pero nunca la he probado)

    Cosmópolis es una compleja visión de quienes ostentan el poder. No me indigna DeLillo cuando en la novela introduce reflexiones sobre quienes se oponen al Poder, anarquistas o grupos antiglobalización. Es duro reconocerse, pero quizás por esa visión desde fuera tenga que reconocer que,más que nunca, es necesaria la lucha:

    (durante una violenta manifestación anarquista):
    -Ya sabes que produce el capitalismo. Según Engels y Marx, claro.
    -Sus propios enterradores- dijo él
    - Pero éstos no son sus enterradores. Esto es el libre mercado, sin más. Toda esta gente sólo es una fantasía generada por el mercado. No existen fuera del mercado. A ningún sitio podrían ir si se empeñan en quedar fuera. No existe ese afuera.
    (…)
    - Ya sabes lo que siempre han querido los anarquistas.
    - Sí.
    - Pues dímelo- dijo ella.
    - El afán de destruir es un afán creador.
    - Ése es también el sello distintivo del pensamiento capitalista. La destrucción forzosa. Es preciso eliminar sin contemplaciones las industrias anticuadas. Hay que reclamar a la fuerza nuevos mercados. Es preciso reexplotar los mercados anticuados. Destruyamos el pasado, construyamos el futuro.
    Cosmópolis, Don DeLillo, traducción de Miguel Martinez-Lage para Seix Barral

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    10/06/09

    Convocatoria Bloomsday

    El próximo 16 de junio se celebra el Bloomsday, el día en que transcurre la acción del Ulises de James Joyce. Con ese motivo quisiera proponer una especie de Bloomsday entre blogs que intentaría narrativizar nuestra vida cotidiana. Cada uno de los participantes intentaría crear, a modo de entrada de diario, una historia sobre lo que realiza durante el día 16 de junio.
    Quien esté interesado el día 16 crearía una entrada titulada "Bloomsday", en principio vacía o con la anotación “work in progress” (título provisional del Finnegan’s wake) y mandará la dirección URL de la entrada a:

    bloomsday2009[arroba]gmail[punto]com

    (EDITADO: No olvidéis indicar en que ciudad del mundo transcurre vuestro bloomsday)

    Luego, por la noche (territorio de Molly Bloom) o al día siguiente escribiría, sin restricciones en cuanto a extensión, estilo o forma, sobre lo acaecido (realidad o ficción, aunque al final siempre es ficción) durante el día 16.
    De alguna manera (improvisando, claro) intentaré coordinar todos los enlaces que mandéis.
    Quien quiera participar que deje un comentario o me mande un email o que lo haga sin más… el caos siempre es productivo.
    Esperemos que, como las “rocas errantes” del capítulo diez del Ulises, nos crucemos y entrecrucemos en la inmensidad (finita) de la red.

    El libro, caído, despatarrado contra la panza del orinal con greca anaranjada.
    -Enséñame aquí, dijo. Le he puesto una señal. Hay una palabra que quería preguntarte.
    (...)
    -¿Mete en qué? preguntó él.
    -Aquí está, dijo ella. ¿Qué quiere decir eso?
    Él se inclinó y leyó junto a la pulida uña del pulgar.
    -¿Metempsicosis?
    -Sí. ¿Con qué se come eso?
    -Metempsicosis, dijo él, frunciendo el ceño. Es griego: del griego. Eso quiere decir la transmigración de las almas.
    -¡Ah! ¡Diablos! Dilo en palabras sencillas.

    Ulises, James Joyce, cap. 4 (Trad. J.M. Valverde)

    Si en el Ulises aparece el mete-en-qué ( “Met him what” en el original), no menos perturbador es el anuncio que apareció en La Vanguardia el 16 de junio de 1904, el original bloomsday ,en el que se habla del extraño “metemerómofo”:


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    9/06/09

    Apuntes para una reseña de "Intente usar otras palabras", de Germán Sierra

    1. Generación: Una generación debería definirse por ciertos elementos comunes. Si hablamos de narrativa española esos elementos deberían ser culturales. Pero no ocurre así; ni son comunes ni son culturales. Cualquier elemento que se pueda citar, se podría también desmentir. Por ejemplo, la nocilla. Yo prefería merendar bocadillos de chorizo con mayonesa… así me va. Pero es más complicado encontrar un referente cultural determinante (tal vez no, de eso se trata, son apuntes… pienso en el derrumbe, en el suburbio desmoronándose como factor común… ya volveremos sobre el tema) En vez de a un bagaje cultural común en realidad nuestra generación responde automáticamente a ciertos estímulos inculcados subconscientemente. Todos sabemos que ocurrirá cuando se rasca la nariz Vicky el vikingo y respondemos como autómatas si alguien pregunta “¿cómo están ustedes?”. Podemos haber leído a Faulkner y a Joyce y a Nabokov y a Dostoievski pero lo que nos condiciona y nos aúna culturalmente es la televisión.

    2. Tal vez no pienso demasiado ni demasiado profundamente, pero se me ocurre que ese acontecimiento cultural podría ser la “movida”. Pero es curioso que no saliese ningún narrador destacado de ella. Hay músicos y artistas plásticos y algún (un) cineasta. Pero la narrativa de los ochenta-noventa es adocenada, complaciente y anacrónicamente realista.
    (Hay excepciones, siempre hay excepciones)
    La “movida” fue sexo, drogas y pop-rock y convirtió al bar en el centro cultural de los ochenta y luego se perdió entre brumas de alcohol y cocaína. Ahora contamos y glosamos a los caídos.

    3. La pereza. Comparto con Sierra la idea de que la pereza es lo que en última instancia nos define.

    4. ¿Qué cojones estuvimos haciendo entre la “movida” y la aparición de Internet? Me refiero a su utilidad como medio de difusión de contenidos críticos-narrativos y su influencia en la actual narrativa. Las novelas son como blogs, la fragmentación se impone como estructura… en El País han dado nombre a esa especie de tendencia, pero como me parece una tontería no pienso repetirla.

    Algo de todo esto hay en la novela de Sierra, aunque en el fondo nada de lo dicho tiene que ver con la novela.

    Continuará (o no) en Hermano Cerdo

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    6/06/09

    La muerte de Virgilio, de Hermann Broch (y IV)

    Que la poderosa diosa de Chipre
    y los hermanos de Helena, lucientes astros,
    y el padre de los vientos te guíen,
    y sople el Yápige favorable,
    oh nave que me debes a Virgilio, a ti confiado.
    Te ruego que lo restituyas incólume
    a las regiones Áticas
    y conserves así la mitad de mi alma.

    Horacio, Carminum I, 3 (El viaje de Virgilio)

    —Horacio me envió versos de despedida a la nave, cuando partí para Atenas.
    —Esto es justamente —Plocio se sumó a Lucio con tanta alegría, que parecía querer acallar así a la muerte—, esto es justamente, ésta es su culpa; y por eso mismo sus yambos, sus odas, en fin todo lo que él ha delinquido, deberán pagar el pato...
    En verdad, ¿por qué había enviado Horacio a bordo aquellos hermosos versos augurales? ¿quería con eso apaciguar sus celos por la Eneida? Un amigo celoso, pero amigo.

    Virgilio llega a Brindisi en el séquito de Octavio. Durante la noche sufre un ataque febril en el que las alucinaciones presagian su muerte. Virgilio agoniza. Por la mañana habla con sus amigos Plocio Tucca y Lucio Vario sobre la necesidad de quemar La Eneida.

    —Homero fue el heraldo de los dioses; perdura como la realidad de ellos. Sin amargura por las risas que le habían dedicado, Lucio repuso:
    —Y tú eres el heraldo de Roma, perduras como la realidad de Roma; perduras mientras Roma exista..., eternamente.
    ¿Eternamente? El sentía el anillo en su dedo, sentía su cuerpo, sentía lo pasado.
    —No —dijo—, nada terreno es eterno, Roma tampoco.
    —Tú mismo has elevado Roma a lo divino.
    Era así y no era así. ¿De qué hablaba Lucio? ¿no era esto como una sobremesa en casa de Mecenas, deslizándose sobre la realidad, tocándola ya apenas? Cercado de tinieblas, dijo:
    —En lo terreno nada se torna divino; he embellecido a Roma y mi obra no tiene más valor que las estatuas en los jardines de Mecenas... Roma no vive por la gracia de los artistas... Las obras de arte son demolidas, la Eneida quemada...
    Discute con Octavio:

    —Virgilio...
    —Sí, Augusto...
    —Tú me odias.
    —¡Octaviano!
    —No me llames Octaviano, porque me odias.
    —¿Yo... yo te odio?
    —¡Y cómo me odias! —La voz del César era estridente de pura violencia.
    —Oh, Octaviano...
    —Calla... Me odias más que cualquier otro hombre en la tierra y más que cualquier otro, porque me envidias como a nadie.
    —No es verdad..., no es verdad...
    —No mientas, es verdad...
    —Es falso... es falso...
    —Es verdad... —Rabiosamente la mano en cólera arrancaba las hojas de laurel de las coronas en el candelabro—. Sí, es verdad... Sí, me odias porque estás lleno de ocultos pensamientos de rey, pero has sido demasiado débil como para emprender siquiera el más leve intento de ejecutarlos; me odias porque no has tenido otra salida que albergar tus ideas de soberano en tu poema, para al menos aquí poderte mostrar más poderoso que tus soberanos; me odias porque he sido capaz de realizar para mí todo lo que habías deseado para ti y yo a pesar de eso lo desprecio tanto que hasta podría permitirme renunciar a la corona imperial; me odias, porque me haces responsable de tu propia impotencia... Este es tu odio, ésta es tu envidia...
    —Octaviano, óyeme...
    —No quiero oírte...
    El César gritaba, y era extraño, muy extraño: cuanto más fuerte gritaba, tanto más rico se volvía otra vez el mundo; otra vez resurgía lo visible con sus diversas capas de ser, resurgía a la vida el pálido letargo, y era como esperanza.
    —Octaviano, escúchame...
    —¿Para qué?... dímelo, ¿para qué?... con toda hipocresía, has denigrado primero con falsa modestia tu propia obra, para poder humillar tanto más fácilmente la mía, luego has querido rebajarla a una figura aparente, ciega, fútil semejanza, más aún, has injuriado así al pueblo romano su fe ancestral, que no te agrada como expresión de mi obra y que por eso encuentras necesario reformar, y sabiendo muy bien que de nada te sirve todo esto, sabiendo muy bien que de nada te puede servir, sabiendo muy bien que sigo siendo más poderoso que tú y seguiré siéndolo, sabiendo muy bien que no alcanzas a someterme, te refugias ahora exclusivamente en lo supraterreno, en algún lugar supraterreno al que ni yo ni nadie puede llegar, y quieres sentarme en la nuca un Salvador que no existe ni existirá nunca, pero tiene que vencerme en tu lugar... Te conozco, Virgilio; pareces suave, y con mucho agrado te dejas honrar por el pueblo como el más puro y virtuoso, pero en verdad tu alma, supuestamente tan pura, tiembla incesantemente de odio y malicia, sí, lo repito, tiembla de la malicia más vil...
    Si el César Augusto a través de su divinidad simboliza la grandeza del Imperio, La Eneida es necesaria en cuanto símbolo, parece concluir la discusión entre ambos.
    Finalmente, Virgilio muere.

    Las costas quedaron atrás y fue como una fácil despedida del ser y vivir humano lo que allí se realizó, despedida en lo inmutable ahora cambiado, despedida de la multiplicidad de todo lo familiar, de las imágenes y de los rostros familiares allá y no por último del sepulcro que desaparecía entre el gris de la niebla, pero también de Lucio que seguía escribiendo con toda constancia y, por cierto, se había corrido con su mesa tan cerca del borde de la realidad, que su caída desde la elevada costa rocosa parecía angustiosamente inevitable; y también era despedida de muchos otros que andaban todavía por allí y a veces, como Horacio y Propercio, le hacían amistosas señas desde lejos.

    Un resumen de La muerte de Virgilio no puede más que limitarse a lo circunstancial. La Eneida narra la huída de Eneas de Troya, su personal “odisea”, su estancia en Cartago y la fundación de Roma. Es un poema épico, imposible de resumir, sólo apreciable sumergiéndose en la vorágine de sus versos, en las fugas por el Ponto, en la sangre y las bocas que muerden la tierra.
    Pero ante todo La Eneida es una gran mentira. Toda obra narrativa es una mentira, pero La Eneida lo es en otro sentido al tratarse de la exégesis de la fundación de Roma a mayor gloria de la familia Julia. Es el símbolo literario, artístico, que justifica la concesión del Poder Absoluto a Octavio y su, por nadie creída pero necesaria, divinidad. No es casual que la muerte de Virgilio y la publicación de La Eneida coincida con el tercer pacto con el Senado que conferirá plenos poderes a Octavio.
    La Eneida era una mentira política, necesaria, útil. Pero el tiempo la ha despojado de toda funcionalidad y pervive como un monumento literario, como la gran obra maestra de la Roma Clásica.
    La muerte de Virgilio, una mentira sobre las últimas horas del poeta latino, es a su vez una obra maestra del siglo XX. La novela de Broch se construye sobre las cenizas que no fueron de la obra de Virgilio. Quemar La Eneida hubiese supuesto desvincularla de su función hagiográfica. Las llamas que hubiesen consumido el poema hubiesen elevado a La Eneida a la dignidad que merecían, a la de la obra literaria pura. Broch parece querer redimir a Virgilio de su sumisión al Estado, o, tal vez, recordemos que se escribió tras su exilio de Alemania después de su detención por la Gestapo, denunciar el vasallaje de los artistas en las tiranías. Pero me temo que esa lectura también se diluye en el tiempo.
    No hay funcionalidad ni necesidad de veracidad en literatura. Las (gran) obra literaria lo es en sí misma y perdura a lo largo del tiempo. Pero para Broch-Virgilio la literatura es una perversión de la poesía:

    pero sabía también que la belleza del símbolo, por muy verazmente preciso que pueda ser, nunca puede llegar a ser fin en sí misma, que siempre que esto ocurre y la belleza se pone en primer plano como fin de sí misma, el arte es atacado en sus raíces, ya que después su acción creadora se invierte sin remedio, que después, de repente, lo productivo es reemplazado por lo producido, el contenido de la realidad por la hueca forma, lo cognitivamente veraz por lo meramente bello, en constante confusión, en constante círculo de permuta e inversión, cuya concentración en sí mismo no permite ya ninguna renovación, sin ampliación ni descubrimiento de lo divino en lo abyecto, ni de lo abyecto en la divinidad del hombre; sólo la simple ebriedad con huecas formas, con huecas palabras, y en esa falta de diferenciación, más aún, en ese perjurio, envilecido el arte en no-arte, la poesía por su parte en literatura; verdaderamente, él sabía de esto, lo sabía muy dolorosamente,

    Tendemos a leer el poema latino de Virgilio traducido y prosificado. Por su parte Broch construye La muerte de Virgilio como un inmenso poema en prosa. Su estructura y su estilo (descripciones oníricas y febriles desde la perspectiva de un narrador omnisciente dentro de la mente de Virgilio, repeticiones, figuras poéticas, gran profusión descriptiva, párrafos largos…) hacen que la novela de Broch (aún no sé si es lícito llamarla así) esté muy por encima de la narrativa convencional, aún de aquellas obras consideradas “grandes”. Las palabras de Broch, su prosa, te sumergen en el sueño, el delirio, la lógica y la retórica de Virgilio, un hombre enfrentado a la obra que le hará inmortal, aún más divino que aquel a quien está dedicada La Eneida, el divino Augusto.
    Leer La muerte de Virgilio es nadar en un mar espeso y tratar de avanzar intentando encontrar la miríada de sentidos e ideas encerradas en el ponto vinoso de palabras. Hasta descubrir que lo único que importa es nadar junto a Virgilio, de la mano de Broch.
    Lo sé ahora, después de mi primer sábado a las siete de la mañana sin La muerte de Virgilio.


    Un interesantísimo análisis filosófico sobre La muerte de Virgilio a cargo de Elvira Navarro en La tormenta en un vaso

    La traducción del siempre añorado Settembrini sobre Broch


    Los textos pertenecen a La muerte de Virgilio, “Der tod des Vergil”, traducción de A. Gregori para Alianza.

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    31/05/09

    3: ¿Es Takashi Miike un director sobrevalorado?

    ¿Cuál era la tercera pregunta?... ah, sí:

    3.- ¿Es Takashi Miike un director sobrevalorado?




    (En el aeropuerto)
    Recepcionista: ¿Sólo una maleta señor?
    Yakuza: Sí, sólo hemos venido a matar a alguien y después nos volvemos.
    Recepcionista: (Ríe) Espero que no secuestren el avión.
    Yakuza: No te preocupes, no somos árabes.
    (…)
    Recepcionista: Que tenga un buen vuelo, señor… Señor Tajima, es usted muy divertido.
    Yakuza: Hey, jovencita... Tiene algo entre los dientes.

    3.1 Takashi Miike tiene una aparición episódica interpretando a un yakuza en "Last Life in the Universe". Resulta curioso porque es posible que no podamos encontrar un director más alejado del “tempo lento” que él, ni una simbiosis más extraña que la de Miike con el director tailandés Ratanaruang.

    3.1.1 Las generalizaciones conducen a destacar lo que se sale de la norma. No podemos negar que hay un cine mainstream oriental. No se trata de un juicio de valores ni de poner un tipo de cine por encima del otro.

    3.1.2 Pero el caso de Miike está justo en el límite a causa de la variedad de sus propuestas. Cerca de 80 películas, telefilmes y series de televisión dan para explorar muchos terrenos. Aún así la mayoría de sus propuestas son claramente comerciales, al menos en lo que al público japonés se refiere.

    3.1.2.1 Y sin embargo, parte de su cinematografía es destacable entre los proyectos mainstream, rarezas excepcionales, hibridaciones, reescrituras y deconstrucciones.

    3.1.2.1.1 Takashi Miike puede hacer lo que quiera y tantas veces como quiera.

    3.1.3 La proposición 3.1.2.1.1 no está en contradicción con el hecho de que muchas de sus películas sean decepcionantes.

    3.1.3.1 Por ejemplo, por ser de las más recientes, Crows: Zero basado en el manga Crows de Hiroshi Takahashi




    3.1.3.1.1 Véase la discusión en torno al manga generado por un artículo de Carlos Acevedo en Libro de Notas: (el manga) “son chorradas que se manifiestan y se desenvuelven con una dinámica tan banal que ni el peor Cine

    3.1.3.1.1.1 Las excepciones desmienten la regla o la confirman. Doy la razón a Carlos en muchos de los puntos que remarca. Como producto de consumo rápido, la premura de su realización se nota en muchos aspectos, como en el dibujo apresurado. Además, como género similar al folletín, el manga no puede perder tiempo en la descripción de personajes. Éstos obedecen a una serie de estereotipos que se repiten serie a serie indiscriminadamente: el joven con poderes que debe aprender a manejarlos y se hace más y más poderoso; la chica que le muestra el camino, fa su vez fuerte y poderosa pero que acabará mostrando su debilidad femenina (sí, la misoginia es palpable); el amigo-rival cuyos enfrentamientos llegan a tener un subliminal (¿voluntario o involuntario?) cariz homoerótico; la chica con débiles poderes a quien el héroe debe proteger continuamente; el amigo gracioso, un obseso sexual sin ningún éxito con las mujeres; el compañero silencioso, alto, fuerte, defensor de los débiles e invariablemente con los ojos velados de alguna manera…

    3.1.3.2 En Crows: Zero Takashi Miike deconstruye el género. Sabe que los espectadores de la película son también lectores de manga, así que prescinde de toda retórica extranarrativa y prácticamente desde las primeras escenas muestra lo que parece ser la cuestión principal en todo manga: Las peleas. Crows: Zero, con algún intermedio musical o cómico, es prácticamente dos horas de peleas en las que la violencia alcanza cotas absurdas ya que los combates carecen de lógica y objetivo.

    3.1.3.2.1 Manga y Anime suelen ir juntos. Las series mangas de mayor éxito suelen ir acompañadas de su correspondiente adaptación (calco) al anime. El atractivo de la animación reside precisamente en la visualización de las peleas que en el manga son esquemáticas. Miike, se podría decir, realiza un anime con actores, pero al desvirtuar el manga, dando por supuesto casi todo lo que ocurre en la historia de ese instituto salvaje y sin ley, crea un complemento brutal y bizarro.

    3.1.3.2.1.1 A fin de cuentas ese es el estilo de Miike, su capacidad plástica para captar la brutalidad y la violencia, su capacidad de estremecernos… y desconcertarnos .

    3.1.4 ¿Por qué contesto “sí”? Creo que a pesar de su maestría como director, lo ha demostrado muchas veces, no vale la pena insistir, Miike pierde el tiempo (bueno, es mi opinión) en subproductos comerciales (Llamada perdida, Yokai Daisenso, Crows: Zero…) dejando de lado proyectos más personales.

    3.1.4.1 Aunque pienso, también que en una filmografía tan extensa, más de tres películas al año desde 1991, los altibajos son inevitables… ¿serán sus películas más apreciadas las excepciones?

    3.1.4.2 Pero no por estar sobrevalorado me parece peor director. Sus principales virtudes son la subversión y la deconstrucción de géneros, lo bizarro de su propuestas y la plasticidad de su deleitación morbosa en la violencia. No es cuestión de hacer una lista pero Miike se atreve con el western, el musical, el cine negro con ribetes de tragedia shakesperiana, los superhéroes, los superhéroes enfrentados a yakuzas, los psycho killers… géneros clásicos occidentales que Miike transforma desde su perspectiva oriental… incluso en esa rareza llamada Gozu se pueden ver influencias o inspiración de la cinematografía de David Lynch… y luego, coincidiendo con Kitano, demuestra el hastío de tanta violencia saturándonos de ella en IZO

    Apéndice: Pregunta nº 4: ¿realmente he contestado “sí” a la pregunta 3?

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    28/05/09

    Last Life in the Universe, de Pen-Ek Ratanaruang

    Tres preguntas:

    1.- ¿Es el tiempo cinematográfico, sobre todo el lento, más preciso en el cine oriental que en el occidental?
    2.- ¿Es Tadanobu Asano el mejor actor japonés de la actualidad?
    3.- ¿Es Takashi Miike un director sobrevalorado?

    Las respuestas son: Sí, sí y sí.

    Y aquí se acaba el post.




    1. Si uno está viendo una película y empieza a pensar, por ejemplo, en que debería cortarse las uñas de los pies, o regar los geranios, o en su tía lejana a la que hace siglos que no ve, es que algo no funciona bien. Hay cierta morosidad en la lentitud cinematográfica europea, y occidental en general, que dispersa la atención del espectador.

    1.1 Aunque no queda claro donde establecer la frontera entre oriente y occidente. ¿Dónde situar a los cineastas rusos, por ejemplo? Por afinidad y cercanía quizás deberíamos considerarlos europeos, pero no hay más que pensar en Tarkowski, maestro del tiempo lento, para darse cuenta que esa distinción tal vez no sea adecuada.

    1.1.1 Sí, Tarkowski domina el tiempo lento, y también, como no, Bergman y Dreyer y… muchos otros. Haneke. Pero en Haneke el tiempo lento va más allá, tiene una función narrativa que roza lo metacinematográfico, un recordatorio de la presencia del director ante la cámara. No hay más que recordar el interminable plano fijo del jugador de ping-pong en 71 fragmentos de una cronología del azar, una película que en general, en la mayoría de sus planos, juega deliberadamente con la paciencia del espectador.

    1.1.1.1 ¿Qué ocurre cuando ese efecto no ocurre deliberadamente o el efecto es el contrario? Vease Liverpool, de Lisandro Alonso

    1.1.1.1.1 El peligro del “tiempo lento” es que puede provocar el rechazo del espectador. Se produce entonces el enfrentamiento entre el sector crítico que alaba y eleva a la categoría de arte realizando una reflexión intelectual sobre ciertas obras y aquél otro que ciertamente “no entiende” ese tipo de cine.

    1.1.1.1.1.1 El punto anterior tiene sentido irónico y, no sé si por primera vez en este blog, el término “intelectual” tiene cierto matiz peyorativo.

    1.2 No se puede hacer una distinción estricta entre en lo que a "tiempo lento" se refiere entre oriente y occidente. Sólo caben generalizaciones. Pero en ese sentido creo que los orientales lo dominan a la perfección, ya que no se trata de la lentitud en sí, sino del momento en que debe concluir para no ser excesivo.

    1.2.1 Me explico, porque empiezo a sospechar que se puede pensar que soy un poco incongruente. Hace tiempo defendí Honor de cavalleria de Albert Serra como una película necesaria. También critiqué No es país para viejos, de Joel y Ethan Coen por no ser la película japonesa que debería haber sido. En ambas películas se dan ejemplos contrapuestos: Brolin atraviesa el desierto y el plano se corta antes de que termine su tránsito por la pantalla. La luna se alza sobre Don Quijote y Sancho y se eleva y se eleva y se eleva en un plano fijo. Ambas escenas demuestran el problema básico del “tiempo lento” occidental: No concluyen en el momento preciso, una por pacata y la otra por excesiva.

    1.2.1.1 En Las horas del día Jaime Rosales nos lleva a una paradoja. Justo cuando empiezas a pensar en las uñas, en los geranios o en tu tía, introduce una ruptura narrativa que nos hace reconsiderar todo lo visto con anterioridad. El “tiempo lento” se eleva a la categoría de lo rutinario, de lo prosaico en la vida de un personaje fuera de lo común. Algo parecido a lo que ocurre con la película de Serra en la que se nos muestra lo que no aparece en el texto literario.

    1.2.2 Takeshi Kitano domina el “tiempo lento”

    1.2.2.1 “Tiempo lento” o “ver crecer la hierba” o “qué es lo que pasa cuando no pasa nada”. En Kitano siempre pasa algo y la hierba crece en su justa medida.

    1.2.3 Reducirlo todo a Kitano sería absurdo. Recordar a Ozu y a Kurosawa un recurso fácil. Reducirlo todo al cine japonés sería igual de absurdo y sencillo. Tal vez no pueda sostener mi presunción de que el cine oriental maneja mejor el “tiempo lento” mas que a través de ejemplos. Por poner de otras nacionalidades citemos a Zhang Ke Jia y Pen-ek Ratanaruang, chino y tailandés respectivamente.

    1.2.3.1 ¿Los directores orientales que encuentran financiación europea para sus películas pierden la capacidad de dominar el “tiempo lento”?

    1.2.4 ¿Debemos reducir el problema del “tiempo lento” y su manejo a las exigencias de las compañías de distribución en cuanto a la duración del metraje?, ¿no sería hora ya de liberarse de esa imposición y aceptar la justa duración de las películas, que en la gran mayoría no debería exceder de una hora?

    1.2.5 Yo quería escribir un post con infinidad de notas a pie de página. Como no sé componerla correctamente en html me he decidido por una estructura wittgensteiniana, pero me doy cuenta que la principal virtud del Tractatus es su innegable lógica. Evidentemente este galimatías no tiene ninguna.



    2 Tadanobu Asano es el mejor actor japonés de la actualidad. No hay más que comentar.

    2.1 Curiosamente ganó el premio a la mejor interpretación en Venecia en el año 2003 por su papel en Ruang rak noi nid mahasan ("Last Life in the Universe") de, precisamente, Pen-Ek Ratanaruang.

    2.1.1 Tal vez esta película sea un ejemplo de cómo mantener un “tiempo lento” a través de las interpretaciones de sus actores. Asano puede parecer hierático e inexpresivo, puede llevar ese tipo de interpretación hasta el exceso, como ocurría en Vital, de Shinya Tsukamoto, pero aún así, es capaz de comunicar, de conectar con el espectador, de transmitir sentimientos y emociones. Baste recordar su contenida interpretación en Zatoichi de Kitano en la que le bastaba una mirada para transmitir toda la desesperación del samurai. Ratanaruang emplea todas las dotes de Asano para construir una historia lenta en las que las cosas ocurren alrededor, casi fuera de escena y de la narración, centrándose en los dos (que en realidad son tres) personajes principales.



    2.1.1.1 En "Last Life in the Universe" a Asano le basta con limpiarse las gafas o reconocer la estupidez de arreglarse el cabello. Sencillamente genial.



    3. (En el aeropuerto)
    Recepcionista: ¿Sólo una maleta señor?
    Yakuza: Sí, sólo hemos venido a matar a alguien y después nos volvemos.
    Recepcionista: Espero que no secuestren el avión.
    Yakuza: No te preocupes, no somos árabes.

    (Takashi Miike interpretando a un yakuza en "Last Life in the Universe")


    (Continuará)

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    24/05/09

    La muerte de Virgilio (III)

    Leo La muerte de Virgilio los sábados y los domingos, sobre las siete de la mañana, algo más de una hora cada día. La lucha entre Virgilio y Octavio se prolonga el resto de la semana. El poeta agoniza y a su afán por destruir La Eneida se opone la idea de Roma representado por el César. Roma y La Eneida son la misma cosa, un símbolo no tanto de su grandeza sino de su permanencia en la Historia. Permanencia sostenida por la falacia de un poema hagiográfico a mayor gloria de la familia Julia. De “Arma virumque cano” (aunque, quizás Virgilio rememora su origen campesino en la versión de Austral: “Yo, aquel que en otro tiempo modulé cantares al son de la avena”) hasta “uitaque cum gemitu fugit indignata sub umbras” (indignado su espíritu, huye, lanzando un gemido, a la región de las sombras), el ambiente sombrío y agonizante de la novela de Broch me persigue el resto de la semana.
    A fin de cuentas leo libros como si fuesen una única y extensa novela, hasta que, indignado, lance un gemido. Leo a Broch casi sin luz, mientras amanece. Leo El proceso de Kafka, y no puedo librarme de la sensación lúgubre que me transmite Broch. Leo a Stanislaw Lem como si fuese Kafka. El Edificio, de sus Memorias encontradas en una bañera, parece un castillo kafkiano lleno de burócratas que mienten y traicionan. Decían que los afiliados al partido comunista en San Francisco en los años sesenta eran todos agentes del FBI. Chesterton sabía bien de que hablaba. Leo a Lobo Antunes y veo a un personaje kafkiano visto desde fuera, desde una bañera quizás, y continúa mi desasosiego (es así, no puede ser de otra manera). Leo las Historias Falsas de Tavares como ensayos de Montaigne y los Ensayos como historias falsas en las que vuelvo a encontrar a Virgilio. Podría pensar que hay libros que rigen mi vida, pero veo que mi vida es un fluir de libros sin descanso. Sé que hay un libro que me matará. Desde los tiempos de Paradiso pensé que ese libro era Locus Solus. No ha sido así. Luego tiene que haber otro que hará que mi espíritu indignado (¿tan mala será esa última novela?) huya, lanzando un gemido, etc.
    Los libros, entonces, sólo tienen sentido desde la existencia del lector, desde ese fluir incansable que convierte a cada uno de ellos en una única, personal y exclusiva vivencia. Joder, la vida son los libros, lo demás, esa puta realidad, no vale para nada.
    Y además, reto a cualquier autor a que intente matar al lector. Mátame, venga.
    La novela que me matará ya está escrita… pero el autor de esa obra no tendrá nada que ver en ello. Es más bien la acumulación de lecturas, la exacta combinación de todas ellas, las que finalmente harán imposible que pueda continuar.
    El escritor no es más que un mero soporte iconográfico con fines publicitarios. Se deja fotografiar ante estanterías repletas de libros y legajos. En algunos de ellos, cuidadosamente seleccionados, se pueden leer los títulos. Dice, la historia, la verdad, la realidad, como si él, a su vez, no fuese lector y no supiese que esas palabras no tienen sentido. En “realidad” no hay nada más que lo que se cuenta, un sinfín de historias que quieren hacernos creer que remedan la vida; no comeré esa mierda. La literatura es otra cosa, ya lo sabemos, y la vida o la realidad no tienen nada que ver con ello, la vida y la realidad se generan a través de la literatura. Nunca al revés. Después otros autores convenientemente fotografiados a su vez, recomiendan con fervor ante estanterías repletas de libros las obras de aquellos que a su vez recomendarán las obras de estos ante estanterías…
    No es eso lo que me interesa.
    Ya casi no me interesa nada.
    Excepto mentir.

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    20/05/09

    Novedades en la web de Enrique Vila-Matas

    No puedo negar la deuda que tengo con Enrique Vila-Matas al mencionar este blog en uno de los artículos de Dietario Voluble.
    Ahora, además, ha decidido incluir en su página web junto a la reseña aparecida en Quimera, De la periferia al borde del abismo, tres artículos recopilados y revisados aparecidos con anterioridad en El lamento de Portnoy:

    Lost Highway, de David Lynch (Una interpretación metacinematográfica)
    Apocalypse Now - Full Metal Jacket
    Los Snopes, Yoknapatawpha

    Era de rigor un agradecimiento público (y un poco de publicidad, claro).


    Además en la sección "escritores sobre Vila-Matas" encontraréis las novedades que en forma de artículos va recopilando Vila-Matas en la web. Ante Chejfec, Pauls y Martínez-Lage, las últimas novedades, mis reseñas no tienen nada que hacer.

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    18/05/09

    Nuestra Pandilla, de Philip Roth

    Las sátiras envejecen mal.
    Sobre todo aquellas que pertenecen a un entorno socio-político-cultural que, en cierta manera, nos es ajeno.
    Nuestra pandilla (Our gang, 1971) ahora mismo sólo puede leerse como curiosidad. Es un divertimento (digo yo que lo sería en su momento) que no aporta nada al conjunto de la obra narrativa de Roth.
    En caso de no sentir curiosidad, manténgase alejado de este libro.
    Se podría puntualizar algún detalle, pero no hay apenas nada más que decir.

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    12/05/09

    La Zona, de Sergei Dovlatov (y II)

    Nota: Los textos entrecomillados son versiones mías en castellano a partir de la traducción al catalán de La Zona, de Sergei Dovlatov a cargo de Miquel Cabal para Labreu .

    La tesis de Dovlatov en La Zona es que en última instancia no hay diferencia entre presos y vigilantes: “Para Solzhenitsyn el campo es el infierno. Yo, en cambio, pienso que el infierno somos nosotros mismos
    Dovlatov tenía una visión pesimista sobre la sociedad y el ser humano:

    Es sabido que el mundo es imperfecto. Los pilares de la sociedad son la codicia, el miedo y la venalidad. El conflicto entre sueño y realidad hace milenios que dura. En lugar de la deseada armonía, son el caos y el desorden los que imperan en el mundo.
    Y aún más, hemos descubierto algo parecido dentro de nuestra alma. Estamos ávidos de perfección, pero a nuestro alrededor triunfa la vulgaridad”.
    (…)
    “Mi vida consciente ha sido el camino hacia la cima de la banalidad”.

    En estas condiciones, con esta perspectiva sobre la vulgaridad y la mediocridad de los actos del ser humano, Dovlatov compone La Zona, un libro sobre los campos penales soviéticos desde el punto de vista de un vigilante.
    Hay una decidida renuncia a narrar “los episodios más salvajes, sangrientos y monstruosos de la vida en un campo” y, en su lugar, la voluntad de “escribir sobre la vida y las personas”.
    Y no quiero invitar a mis lectores a una cámara de los horrores
    A continuación, escuetamente, enumera algunas de esas atrocidades sobre las que se niega a escribir.
    Estamos entonces ante el ser humano, ávido de perfección, sumergido en la vulgaridad, una vulgaridad que se sobreentiende, que es tan persistente como el barro entre los barracones, como el frío. Dovlatov sabe que todo está dicho. Queda, si acaso, lo mínimo, la constancia de que el ser humano es capaz de adaptarse a todas las circunstancias sin dejar por ello de estar sometido a las mismas pasiones, sexo, sí, alcohol, también, y, como el autor destaca “la codicia, el miedo y la venalidad
    El infierno somos nosotros.
    Entonces, como todo está narrado, queda la estructura.
    Estamos en 1982.
    Dovlatov compone La Zona intercalando cartas a su editor con fragmentos que configuran una suerte de relatos breves que acaban convirtiéndose en una novela que prescinde de lo superfluo.
    En las cartas nos enteraremos de las vicisitudes del autor, que vivía para entonces en EEUU después de ser “invitado” a abandonar la URSS, y la azarosa forma de recuperación de los textos que componen La Zona, desperdigados, microfilmados, sacados a escondidas de la Unión Soviética, reenviados a Dovlatov. El texto original de La Zona permanecía en la URSS. La estructura es la que es no sólo por esa voluntad de mezclar pasado y futuro, sino también porque los textos, que compondrían la posible novela que hubiese sido La Zona, han sido fragmentados, perdidos, remitidos de un lugar a otro del mundo. Además Dovlatov confiesa que su obra no está acabada: “Es una especie de diario, son apuntes caóticos, un conjunto de materiales desorganizados”. Todo este material desestructurado y enmarañado adquiere unidad y coherencia por el tema común del que tratan, los apuntes de un vigilante de campo y porque “En general, se expresa la idea banal y única de que el mundo es absurdo”.
    Hay un fuerte contraste premeditado entre las cartas fechadas entre febrero y junio de 1982, y los textos del campo. Un contraste que nos hace pensar si es posible evolucionar y, creo que es la intención de Dovlatov, superar la vulgaridad y la absurdidad del mundo.
    Es curioso comprobar como algunos de los aspectos que definen lo que ahora, a principios del siglo XXI, consideramos signos de la vanguardia, o la “modernidad”, narrativa, es decir fragmentación, esbozo, inclusión del presente de la escritura en el de la narración, brevedad y síntesis, son las señas de identidad de La Zona de Dovlatov.
    La “modernidad” se alcanza reescribiendo lo pasado… o la “modernidad” hay que buscarla años atrás… o la “modernidad” es un fraude, la asunción de modos que acaban deviniendo comunes… o…
    Qué importa. Dovlatov es Dovlatov, no nos quedemos en la influencia de La Zona en la narrativa del siglo XXI, porque tal vez, la estructura de La Zona no es más que fruto de sus circunstancias.
    Lo dudo.
    Pero que lo que estoy diciendo no nos lleve a engaño. La Zona no es solo una obra fundamentada en una arriesgada o peculiar estructura narrativa. Es también un importante testimonio literario que ahonda en la miseria de la condición humana. Es tan importante lo que se dice en los sucesivos episodios carcelarios descritos con el lacónico estilo de Dovlatov, como lo que el autor prefiere no contar, o como, nunca por encima ésta del estilo, su estructura. Es pues una obra sólida, envuelta en una latente ironía, en una cínica desesperanza, anegado todo ello en vodka, incluso en colonia engullida como último recurso alcohólico.
    Hay en La Zona un regusto de autodestrucción, es innegable, pero también la firme convicción de que la naturaleza humana lleva aparejada su propia condena. Y que no importa en que lado de la alambrada nos encontremos.
    Dice Dovlatov que hay dos tipos de narrativa enfrentadas, la carcelaria y la policíaca. En la primera el preso “es una figura sufriente y trágica que merece compasión y admiración. Por tanto el guardián es un monstruo y un malvado, es la encarnación de la crueldad y la violencia”.
    Para la policíaca “el presidiario es el monstruo, la criatura del infierno. Y consecuentemente, el policía es el héroe, el moralista, una personalidad brillante y creativa
    Continúa Dovlatov: “Cuando me hice guardián, estaba dispuesto a ver al recluso como víctima. Y a verme a mí como torturador y asesino.
    Es decir, me inclinaba por la escala (de la narrativa carcelaria), la más humana. La que era más característica de la literatura rusa que me había educado. Y evidentemente la más convincente. (Porque Simenon no es Dostoievski.)
    Una semana más tarde había dejado correr estas fantasías. La (escala carcelaria) resultó completamente falsa. La (policíaca) también.
    (…)
    A ambos lados de la alambrada se extendía el mismo mundo sin alma

    Ver también:
    La Zona, la culminación de un proyecto editorial (para una lectura cronológica recuérdese que un blog lo primero es lo último)

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    9/05/09

    La Zona, de Sergei Dovlatov (I)

    En un extremo tenemos la necesidad de preservar la memoria histórica:

    S-21





    En el otro la estupidez humana:

    Soviet Prison Experience In Tallinn; Type: Adventure, Price from 50 EUR /person, Duration of 1 days


    Mickey Rourke de excursión

    (Continuará)

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    7/05/09

    Puerca Epidemia: Un especial de emergencia

    Ya salió el especial Hermano Cerdo sobre la epidemia total. Se podría haber llamado algo así como "Dr. Cerdo o como aprendí a dejar de preocuparme y amar la epidemia", pero se llama:

    Puerca Epidemia Un especial de emergencia
    Con aportes de Javier Avilés, Juan Dicent, Andrea P. Garfunkel, Terry Gilliam, Javier G. Cozzolino, Ana Laura Magis, Javier Moreno, Mauricio Salvador, Eduardo Varas y
    9000vs0006.

    Pulsad en la imagen para acceder al nº completo:



    Y recordad, El fin está próximo...

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    5/05/09

    Un hombre en la oscuridad, de Paul Auster

    Para comentarios exigentes y análisis en profundidad recomiendo visitar la siguiente entrada de El síndrome Chejov:

    Un hombre en la oscuridad. Auster, el pasotismo ilustrado.

    Escribí hace tiempo a propósito de La noche del Oráculo:

    Auster plantea la validez de iniciar una nueva ficción (novela) que repita o sea idéntica a sus anteriores ficciones y, al mismo tiempo, ensayar con una nueva forma que eluda las conclusiones de las historias, que en muchas ocasiones no son más que un tributo que hay que pagar para hacer verosímil (real) un relato. Nos quedamos así con la narración pura sin la servidumbre de la coherencia que exige la realidad.

    Me reafirmo en mis opiniones que, en 2005, remarcaban la intención de Auster de reescribir sus propias historias con el añadido de que ya no se sentía obligado a concluirlas. Yo creo que fue imperdonable dejar a Nick Bowen en una habitación cerrada. Por eso no he leído ni Brooklyn Follies ni Viajes por el Scriptorium.
    El azar me ha llevado a Un hombre en la oscuridad, lo que nos demuestra que el azar ya no es lo que era, ha perdido su música.
    No tengo nada en contra en que los escritores apelen a los temas recurrentes que los caracterizan. Pero creo que, en cierta manera, tienen la obligación de reinventarse, de reescribirse con cierta originalidad.
    ¿Qué pasa entonces con Auster?
    Un hombre en la oscuridad es una novela correcta pero inane. Parece como si Auster hubiese decidido detenerse hace ¿cuánto? ¿diez años? ¿más? y que siguiese escribiendo por inercia, arrastrando el cansancio de la narrativa, de sus propias historias. Entiendo que La noche del oráculo encierra una confesión al respecto con el hecho de la destrucción de los manuscritos y la inconclusión de las historias. Un hombre en la oscuridad está escrita en primera persona en la que se desarrolla una subhistoria, que termina abruptamente, creada durante el insomnio del narrador y que resulta más interesante que la historia principal. El resto de la trama, que ocurre durante una única noche, repasa la vida del narrador a través de diálogos casi teatrales que chirrían a causa de su falta de credibilidad. Es decir, Auster sacrifica una historia interesante, una historia austeriana en la que el protagonista viaja de una ficción narrativa que sucede en unos Estados Unidos en guerra civil en el año 2007 a la realidad del narrador principal al que debe matar. El viajero entre realidades alternativas no sabe tampoco, como no lo sabe el narrador principal, que están en una ficción de Auster, lo cual les condena a ambos a un destino decepcionante. Auster se niega a reescribirse mostrando cómo podría reescribirse, a través de la historia del viajero entre realidades narrativas, pero no haciéndolo. La otra historia, la del narrador principal, resulta anodina ya que no conduce finalmente a nada, si acaso a una brutal anécdota mínima que no justifica nada.
    Esto no viene a cuento, pero me da la sensación de que Auster tiene su narrativa puesta tras los pasos de la de Philip Roth, pero no lo consigue. Es más, creo que consciente de ello, renuncia a seguir intentándolo, renuncia a seguir explorando.
    Pero no renuncia a escribir.
    Es curioso.
    Creo que azar deberá jugar muy fuerte, recuperar su música, para volverme a poner en el camino de una “nueva” novela de Paul Auster.
    Lástima. Disfruté mucho con él. Sigo considerando La trilogía de Nueva York una obra fundamental de nuestros tiempos.
    Y además (cito, de la traducción de Benito Gómez para Anagrama):
    La historia trata de un hombre que debe matar a la persona que lo ha creado, ¿y por qué fingir que no soy yo esa persona? Incluyéndome en la narración, la historia se hace real. O lo contrario, yo me vuelvo irreal: un producto más de mi propia imaginación.

    Lo real y lo imaginado son una sola cosa. Los pensamientos son reales, incluso las ideas de cosas irreales.
    No creo que la realidad y lo imaginado, la confusión metanarrativa de los dos conceptos, tengan nada que ver con Un hombre en la oscuridad. Es una premisa que finalmente no desarrolla… tal vez por cansancio.
    ¿Por qué Auster que supo ocupar ese extraño límite entre lo comercial y lo literario (*) no ha sabido adaptarse y evolucionar?, ¿y por qué parece mortificarse y escribir contra si mismo y, lo que me parece más grave, contra el lector?

    (*) Son sólo aproximaciones no estrictas.


    NOTA: Gabriela dijo lo mismo y lo dijo antes.

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    4/05/09

    Ponyo en el acantilado, de Hayao Miyazaki



    Estamos acostumbrados a que la narración cinematográfica resuelva todo con un enfrentamiento maniqueísta en el que el héroe acapara todos los atributos positivos y el malvado los negativos (incluida la estupidez, que en muchas ocasiones le impide vencer). El tópico se evita con ligeros matices, pero en general es un argumento que se repite hasta la saciedad, el bien contra el mal, lo blanco contra lo negro (o lo azul contra lo rojo), la naturaleza contra la humanidad.
    Nada de eso hay en la película de Miyazaki. Sí hay enfrentamiento, por contraposición, entre la naturaleza y la humanidad que contamina la naturaleza, pero, contra todos los pronósticos clásicos o tópicos, lo que Miyazaki muestra es el encuentro entre la Naturaleza y su personificación con los seres humanos.
    Y aunque las dos fuerzas están enfrentadas, los individuos pueden entenderse.



    Y lo que postula finalmente el director japonés es que la inocencia puede finalmente redimirnos. No es nuevo en Miyazaki: Siempre los personajes infantiles aportan un rayo de esperanza a un mundo convulso. Por eso se piensa que los trabajos de Miyazaki son exclusivamente para niños (ya se sabe… dibujos animados), se le compara con Disney (lo cual me parece insultante), pero son muy apreciados por la crítica cinematográfica.
    Y por los espectadores... aunque quizás nosotros admiremos hasta la devoción al director japonés... quizás no seamos espectadores ecuánimes... disfrutamos demasiado con sus (por qué no voy a decirlo) hermosas
    historias fantásticas.
    Las películas de Miyazaki son cualquier cosa menos previsibles, condescendientes y tópicas. Son sencillamente maravillosas sin dejar de ser terriblemente complejas en cuanto a realización y argumentos.
    Se podrá argumentar que Ponyo en el acantilado no es una de las mejores películas de Miyazaki, pero no hay más que compararla con otras películas de esa especie de subgénero infantiloide llamado animación para darse cuenta que
    Ponyo gana con diferencia.



    Olvídense del 3D, olvídense de la perfección de la infografía que acerca la animación a la “realidad”, olvídense del maniqueísmo ramplón… Miyazaki nos demuestra que lo necesario y valioso, lo que configura una filmografía singular y personal, es poseer una desbordante imaginación, una creatividad remarcable y grandes dosis de originalidad, aún para reescribir historias.


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    30/04/09

    Convocatoria: Puerca Epidemia





    Y además:

    Bayona no dirigirá la tercera parte de 'Crepúsculo'

    Si te ha interesado esta información, te recomendamos:

    Bayona dirigirá la tercera parte de 'Crepúsculo'


    Véalo en la Balada del elefante azul

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    26/04/09

    Punto muerto

    Escucho a Coltrane y siento que fue capaz de llevar la creatividad musical a un punto muerto, a un punto sin retorno y en el que tampoco se puede avanzar más allá a no ser que se sacrifique la inteligibilidad de la música. Como Joyce, aunque él dio un paso más y construyó la obra definitiva, Finnegans wake. Definitiva porque no se puede ir más allá narrativamente.
    El Finnegans wake dio nombre a los quark, unas de las partículas definitivas de la materia… todo lleva a un punto muerto. Y en su nomenclatura aún perdura la voluntad literaria: up, down, charm, strange, top y bottom. En el punto muerto de la física encontramos el encanto y lo extraño.
    Tal vez Coltrane no acabó con la música. Tal vez lo que encerraba su cabeza abría nuevas puertas, pero él sólo pudo enseñarnos en que dirección se encontraba la puerta. Tal vez Joyce llegó a entreabrir la puerta. Lo que es seguro es que Beckett vio lo que había más allá y volvió para contárnoslo. Pero, como le ocurre a todo visionario, a Beckett se le ha ignorado sistemáticamente a lo largo del siglo XX, y aún ahora.
    Nada sin Beckett, debería ser nuestro lema.
    No hay voluntad de exploración. Si acaso tímidos intentos que se repiten una y otra vez, pero no hay nada que se aproxime a la rotundidad narrativa de Beckett.
    Repetimos una y otra vez los mismos errores del pasado.
    La obra actual debe escribirse continuamente. No debe ser definitiva, debe acrecentarse día a día, liberarse de la condena definitiva del papel y ser volátil, fácilmente volátil. No hace falta solicitar a nuestro mejor amigo y albacea que destruya todo aquello que no ha sido publicado, para que después éste no lo haga… aunque quizás El proceso de Kafka, fruto de esa infidelidad, sea un ejemplo de obra no-definitiva que debería marcar el signo de nuestros tiempos. Brod, en este caso, fue un visionario transgresor. Hoy hubiese bastado pulsar el botón “Supr”, o pasar un imán por el disco duro para que todo hubiese desaparecido.
    ¡Quemar la Eneida!”, grita desesperado Virgilio-Broch. ¡Quemadlo todo, lanzad la bomba!. Todo texto publicado es sinónimo de fracaso. Si acaso en la cabeza de algunos autores queda la idea de la obra perfecta, en la cabeza de Kafka estaba escrito hasta su último párrafo el perfecto y sublime Proceso que no era capaz de plasmar en el papel, que no podía concluir… los textos son fracasos que deben ser corregidos día a día, aumentados o borrados según el día amanezca lluvioso o soleado, mutables e imperfectos y siempre en construcción.

    Work in Progress:
    Three quarks for Muster Mark!
    Sure he has not got much of a bark
    And sure any he has it's all beside the mark.

    Por eso Max Brod fue un visionario. No nos ofreció una novela, sino el desarrollo creativo de una novela. "Fracaso al intentar terminar el capítulo, otro ya comenzado no podré continuarlo tan bien, mientras que aquella vez, por la noche, me habría sido posible. No puedo abandonarme, estoy completamente solo" escribe Kafka el 29 de agosto de 1914 a propósito de la escritura de El proceso. Es pues también un Work in Progress, indefinidamente en construcción. Presentada siempre como obra inconclusa a mí me parece justamente lo contrario. La veo como la narración definitiva.
    Desde el título provisional de la novela que comienza con “Alguien tenía que haber calumniado a Josef K , pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo”, hasta el final, “¡Como a un perro! –dijo él: era como si la vergüenza debiera sobrevivirle”, El proceso de Kafka es una obra completa y al mismo tiempo mutable. Dentro de su narración se abre un agujero negro narrativo tan fascinante y absorbente como el sistema burocrático-legal al que se enfrenta Josef K.. Dentro de ese agujero caben todas las posibilidades narrativas que podamos imaginar, pero también caben todas las generaciones de lectores que hemos leído a Kafka. Es el inicio de la desaparición del lector. La obra definitiva, permanentemente en construcción, no precisa lectores ni ser comprensible, ni siquiera precisa ser escrita. Permanece en la cabeza del autor y luego, tras su muerte se desvanece en la nada.
    Escribir es fracasar y, además, es muy fatigoso y decepcionante.
    Dejemos a los que no fracasan que hablen. A nosotros ni la vergüenza nos sobrevivirá:

    O más probablemente había leído en alguna parte, en el tiempo en que creía tener interés en instruirme, o en divertirme, o en embrutecerme, o en matar el tiempo, que cuando uno cree avanzar en línea recta en un bosque no hace en realidad más que describir círculos, ponía mi mejor voluntad en describir círculos, con la esperanza de avanzar así en línea recta.

    Samuel Beckett, Molloy

    Decididamente esta noche no diré nada que no sea falso, quiero decir que no me deje perplejo en cuanto a mis verdaderas intenciones. Porque la tarde, incluso la noche, es una de las más negras que puedo recordar. Tengo poca memoria. Mi dedo meñique, posado sobre la hoja, se adelanta a mi lápiz, le anuncia cayendo el final de la línea. Pero en el otro sentido, de arriba abajo, voy mal. No quería escribir, pero acabé por resignarme. Con el fin de saber dónde estoy, dónde está. Al principio no escribía, sólo hablaba; después, olvidaba lo que había dicho. Un mínimo de memoria es indispensable para vivir de verdad. Su familia, por ejemplo, verdaderamente yo ya no sé, por así decirlo, nada sobre ella. Pero estoy tranquilo: está anotado en alguna parte. Es el único medio de controlarlo. Pero en lo que a mí se refiere, no siento la misma necesidad. Ignoro también mi propia historia, la olvido, pero no necesito conocerla. Y, sin embargo, escribo sobre mí, con el mismo lápiz, en el mismo cuaderno, que sobre él. Ya no soy yo, debí decirlo antes, sino otro cuya vida apenas ha empezado.

    Samuel Beckett, Malone muere.

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    23/04/09

    La muerte de Virgilio de Hermann Broch (II)

    (...) y así sabía también que en tal verdad reside el deber de todo artista, el deber del hallazgo de la verdad y de la manifestación de la verdad en uno mismo, tarea impuesta al artista, para que el alma, consciente del gran equilibrio entre el yo y el todo, vuelva a hallarse en el todo, de modo que lo que el yo se ha ampliado por el conocimiento de sí, vuelva a ser reconocido como incremento del ser en el todo, en el mundo, más aún, simplemente en la humanidad, y si esta doble ampliación no puede ser nunca más que simbólica, de antemano ligada al simbolismo de lo bello, al simbolismo del bello límite, si por tanto nunca pasa de mero conocimiento simbólico, justamente por ese carácter de símbolo es, pese a todo, capaz de extender los más íntimos y más extremos límites del ser a nuevas realidades, no solamente a nuevas formas, no, a nuevos contenidos de la realidad: precisamente en esto se revela el más profundo secreto de la realidad, el secreto de la correspondencia, la recíproca correspondencia entre la realidad del yo y la realidad del mundo, aquella correspondencia que presta al símbolo su veraz precisión y lo eleva a símbolo de la verdad, la correspondencia preñada de verdad, de la que emana toda creación de realidad, penetrando capa a capa, tanteando, presintiendo hasta las inalcanzables regiones de la oscuridad del comienzo y del fin, penetrando hasta lo inescrutablemente divino en el todo, en el mundo, en el alma del prójimo, penetrando hasta ese último arcano de dios que, pronto a la revelación y al despertar, está presente por doquier, aun en el alma más pervertida... esto, la revelación de lo divino por el saber acerca del alma propia, que se conoce a sí mismo, es la misión humana del arte, su misión de humanidad, su misión de conocimiento y por eso mismo la justificación de su existencia, demostrada en su cercanía a la muerte oscura, que le ha sido impuesta, porque sólo en esa cercanía puede tornarse arte genuino, porque sólo por eso es el alma humana desarrollada en el símbolo; verdaderamente, él sabía de esto, (...)

    La muerte de Virgilio de Hermann Broch, Traductor José María Ripalda para Alianza Editorial

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    22/04/09

    Hermano Cerdo 23... ¡por fin!

    Hermano Cerdo nº 23 ya en la red.

    De momento ya me he enganchado a las imágenes del ilustrador que colabora en este número:
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    A disfrutar.

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    21/04/09

    La muerte de Virgilio, de Hermann Broch (I)

    La muerte de Virgilio, de Hermann Broch requiere una lectura concentrada y atenta. Mi pensamiento gira mientras leo, mi atención se dispersa por las continuas sugerencias que provoca la prosa poética de Broch.
    Un pequeño ejemplo:
    —Ven, siéntate junto a mí —llamó al joven a su lado, y aun después que éste se hubo acurrucado cerca de él, siguió el silencio, permanecieron envueltos en silencio, entregados a la noche callada. Desde lejos se oía el ruido, resonaba el estrépito de los curiosos, resonaba, rumoreaba la algazara de la fiesta, hervían las creaturas como el Orco, sordo, inexorable, fascinante, impúdico e irresistible, salvaje y ahíto al mismo tiempo, ciego y clavada la mirada, el rebaño pisoteante, que se apiña a la falsa luz sin sombra de las antorchas y los fuegos ante el abismo de desgracia de la nada, casi insalvable, casi irrescatable, si no se encontrara aquí —y cuanto más largamente se acechaba, tanto más claramente se advertía—, si no se encontrara incluso también aquí el canto del silencio, contenido desde siempre, contenido para siempre, el tañido de campanas del silencio, henchido hasta el sonido de bronce de la noche y el tañer de todos los rebaños humanos, quedamente cantando la noche de los rebaños, suspirando el rebaño en su gran sueño: profunda bajo el humus del ser habita la noche, rumorosa de sombras, oculta a la niñez, liberada del destino, liberada del azar y libre de lascivia; de ella brota lo creado, atravesado por el murmurar de las savias de la noche, grávido de sueño, eternamente fecundado por la fuente de toda intimidad; de ella brotan en indecible tejer y mutuamente incorporados planta, animal y hombre, mutuamente sombreados, pues la maldición del regreso está oculta en la bendición del sueño, y es la encantadora cubierta del ser, una nada de sueño extendida sobre la nada.

    La muerte de Virgilio (Der Tod des Vergil) de Hermann Broch
    Versión de J. M. Ripalda sobre traducción de A. Gregori para Alianza Editorial

    No conseguiré acabar esta novela de Broch. Se añadirá a mi vergonzosa lista de fracasos junto a Proust, Bernhard, Antunes... soy un lector adocenado y conformista y poco constante.

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    18/04/09

    Locus Solus, de Raymond Roussel (y II)

    Raymond Roussel, Comment j’ai écrit certains de mes livres:
    Je me suis toujours proposé d’expliquer de quelle façon j’avais écrit certains de mes livres (Impressions d’Afrique, Locus Solus, l’Étoile au Front et la Poussière de Soleils).
    Il s’agit d’un procédé très spécial. Et, ce procédé, il me semble qu’il est de mon devoir de le révéler, car j’ai l’impression que des écrivains de l’avenir pourraient peut-être l’exploiter avec fruit.
    Très jeune j’écrivais déja des contes de quelques pages en employant ce procédé.
    Je choisissais deux mots presque semblables (faisant penser aux métagrammes). Par exemple billard et pillard. Puis j’y ajoutais des mots pareils mais pris dans deux sens différents, et j’obtenais ainsi deux phrases presque identiques.
    En ce qui concerne billard et pillard les deux phrases que j’obtins furent celles-ci :
    1° Les lettres du blanc sur les bandes du vieux billard…
    2° Les lettres du blanc sur les bandes du vieux pillard.
    Dans la première, « lettres » était pris dans le sens de « signes typographiques », « blanc » dans le sens de « cube de craie » et « bandes » dans le sens de « bordures ».
    Dans la seconde, « lettres » était pris dans le sens de « missives », « blanc » dans le sens d’ « homme blanc » et « bandes » dans le sens de « hordes guerrières ».
    Les deux phrases trouvées, il s’agissait d’écrire un conte pouvant commencer par la première et finir par la seconde.

    (…)

    Ce procédé, en somme, est parent de la rime. Dans les deux cas il y a création imprévue due à des combinaisons phoniques.
    C’est essentiellement un procédé poétique.
    Encore faut-il savoir l’employer. Et de même qu’avec des rimes on peut faire de bons ou de mauvais vers, on peut, avec ce procédé, faire de bons ou de mauvais ouvrages.
    Locus Solus a été écrit ainsi. Mais là je ne me suis plus guère servi que du procédé évolué. C’est-à-dire que je tirais une suite d’images de la dislocation d’un texte quelconque, comme dans les exemples d’Impressions d’Afrique que j’ai cités en dernier. Une fois, le procédé y reparaît dans sa forme primitive avec le mot demoiselle considéré dans deux sens différents ; encore le second mot a-t-il subi une dislocation qui se rattache au procédé évolué :
    1° Demoiselle (jeune fille) à prétendant ; 2° demoiselle (hie) à reître en dents.
    Je me trouvais donc en face de ce problème : l’exécution d’une mosaïque par une hie. D’où l’appareil si compliqué décrit pages 35 et suivantes. C’était d’ailleurs le propre du procédé de faire surgir des sortes d’équations de faits (suivant une expression employée par Robert de Montesquiou dans une étude sur mes livres) qu’il s’agissait de résoudre logiquement. (On a fait beaucoup de jeux de mots sur Locus Solus ; Loufocus Solus, Cocus Solus, Blocus Solus ou les bâtons dans les Ruhrs, Lacus Salus (à propos du Lac Salé de Pierre Benoit), Locus Coolus, Coolus Solus (à propos d’une pièce de Romain Coolus), Gugus Solus, Locus Saoulus, etc. Il y en a un qui manque et qui, il me semble, méritait d’être fait, c’est Logicus Solus.)
    Je sais que j’ajoutai à prétendant des mots dont je tirai tout ce qui se rapporte au reître ; je ne me souviens que du premier : prétendant refusé, dont je fis rêve usé (rêve flou) ; d’où le rêve du reître.
    Je me rappelle aussi que je me suis servi de plusieurs vers de mon poème la Source (du volume la Vue). Mais ceci seulement est resté précis dans mon souvenir :

    Elle commence tôt sa tournée asticote
    Ailé coma . . Saturne Élastique hotte
    Avec un parti pris de rudesse ses gens
    Ave cote part type rit des rues d’essai sauge. En
    (type des rues rit d’essai sauge)
    Qui tous seraient
    Qui toux sert

    On trouvera dans l’épisode du coq Mopsus (pages 430 et suivantes) : ailé (le coq ailé) coma (immobile comme dans le coma) ; Saturne (mis en communication avec Saturne) ; puis la hotte élastique, l’ave ; puis (fin de la page 441) le rire provoqué chez Noël par Mopsus offrant une fleur de sauge à Faustine.
    Le dé orné des inscriptions « L’ai-je eu, l’ai-je, l’aurai-je » vient du mot déluge (dé l’eus-je). Ici je mis « l’ai-je eu » au lieu de « l’eus-je », craignant que dé l’eus-je ne laissât transparaître le procédé.
    Je ne me rappelle rien d’autre touchant Locus Solus.


    Leyendo este fragmento de
    Comment j’ai écrit certains de mes livres comprendo que intentando entender el texto en francés no he conseguido “comprender” el texto, su artificio. Sólo he rozado el contenido, “lo que se cuenta” y he perdido la comprensión de lo que Locus Solus es.
    Y aún así, quedándome en la superficie, entiendo que la novela es un texto perturbador.
    Locus Solus fue publicado en 1914. Situarlo en su contexto histórico resulta desconcertante ya que parece una obra más decimonónica que del siglo XX en lo que respecta a lo que se cuenta. Si es posible emparentarla con, por ejemplo, algunos aspectos de las obras de Jules Verne, la distancia entre ambos autores es considerable. Sin embargo ambos comparten su fascinación por el Maquinismo como fuerza motora del progreso.
    De esta manera no hay otra forma posible de imaginar Locus Solus, la mansión de Canterel, como un lugar frío e inhumano en el que la técnica ha suplido a los sentimientos y las máquinas a las personas (o éstas se han convertido en máquinas)
    Locus Solus es una galería de asombrosos prodigios. Y uno tendría la tentación de considerarla en parte como obra de ciencia-ficción. Pero todos esos avances técnico-científicos no se emplean para hacer hipótesis sobre el futuro, como es habitual en ciencia-ficción. Roussel emplea ese recurso para recrear el pasado. Es, cuando menos, paradójico.
    A no ser que se entienda desde las premisas del artificio narrativo que se impone Roussel. Y es esa misma construcción poético-mecánica la que le da a toda la novela ese aspecto gélido e inhumano, despojada de toda consideración moral y sentimental. No hay más lógica en L
    ocus Solus que la de la propia construcción del texto que nos describe una sucesión de maravillas sin parangón movidas por diferentes artificios químicos, físicos e incluso psicológicos, en el que los seres humanos forman parte del entramado mecánico y repetitivo que los mueve. Roussel, a través de Canterel, nos sitúa ante una representación del mundo pasado mediante improbables innovaciones científicas, en la que, como lectores, ocupamos el lado de los espectadores.



    Así vemos un artefacto suspendido en el aire que gracias a las previsiones climatológicas que Canterel es capaz de hacer con una antelación pasmosa, y movido por, no es broma, una especie de energía solar, dibuja un amplio mosaico que forma un dibujo en el suelo compuesto por innumerables dientes humanos de distintos grados de coloración. Una piscina en forma diamante repleta de un líquido que permite respirar cuando te sumerges en él, en el que bucean, junto a otras maravillas, una mujer, un gato sin pelo y la cabeza de Danton que responde a ciertos estímulos eléctricos. Y, claro, el gran escenario de los cadáveres reanimados con resurrectina condenados a repetir una y otra vez los actos más relevantes de sus vidas ante un público convenientemente protegido del espectáculo por un cristal, el mayor ejemplo de la frialdad mecánica de la exhibición de Canterel.
    En todo ello podemos encontrar la poética de la máquina, de la recreación de la vida, de la creación artística programada. Resulta una sucesión de caducos dioramas en el que se nos muestran escenas del pasado o una colección de autómatas de principios de siglo XX en los que la intención de imitar la apariencia humana da resultados esperpénticos e incluso aterradores.
    (Lo digo yo, para quien el Museo de Autómatas de El Tibidabo, en Barcelona, supuso la mayor fuente de pesadillas y horrores)
    La narrativa de
    Locus Solus se caracteriza por su poética, su estructura y por lo sorprendente, en todos los aspectos, de su propuesta. Pero creo que le falla el aspecto humano… tal vez sea eso lo que nos quiera mostrar Roussel, la deshumanización del artificio, la inhumanidad de la máquina.
    Se debería atravesar el capítulo cuatro e intentar olvidar la resurrectina, pero, quien sabe si por uno de esos azares del método narrativo de Roussel, a continuación debemos enfrentarnos a la historia de Lucius Egroizard enloquecido súbitamente al ver a su hija de un año odiosamente pateada hasta la muerte por una banda de asesinos bailando la giga. Egroizard recibe tratamiento en Locus Solus de manos de Canterel quien pone a su disposición los más enrevesados instrumentos mecánicos de forma que pueda recrear los momentos más desgraciados y traumáticos de su vida y también para recrear la presencia de su hija muerta. Egroizard es un genio enloquecido por el dolor y Canterel, en lugar de ayudarle a sanar, parece maravillarse con la capacidad creativa del demente.
    Entonces me quedo helado. Comprendo
    Locus Solus como el monumento literario que es. Pero también noto el frío helado del viento que sopla entre los árboles del jardín. Locus Solus es un espectáculo de horrores. Locus Solus es un artificio construido a mayor gloria del propio artificio.
    Y no entro en la mansión. Me quedo en el jardín mientras anochece y las sombras empiezan a insinuar los horrores vistos y se deja oír un susurro como una cantinela de una pandilla de borrachos criminales que cantan mientras bailan “
    one of us, one of us


    Un retrato de Martial Canterel seguido de una descripción de Raymond Roussel o viceversa:

    Après l'arrivée du dernier convoqué, le maître se mit en marche, guidant notre groupe, qui l'accompagnait docilement. Grand, brun, la physionomie ouverte, les traits réguliers, Canterel, avec sa fine moustache et ses yeux vifs où brillait sa merveilleuse intelligence, accusait à peine ses quarante-quatre ans. Sa voix chaude et persuasive donnait beaucoup d'attrait à son élocution prenante, dont la séduction et la clarté faisaient de lui un des champions de la parole.




    La novela de Raymond Roussel puede leerse en línea, en forma de hipertexto, pulsando en el enlace: Locus Solus

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    15/04/09

    Tideland, de Terry Gilliam



    En Tideland Terry Gilliam nos acerca al límite de lo permitido visual y narrativamente. Según Cherchi Usai denominamos Imagen pornográfica a aquella que se contrapone a la Imagen Ideal, en cuanto a “que el propósito de esas imágenes sea transgredir los códigos morales generalmente aceptados en la vida colectiva”. Gilliam bordea ese “suburbio cinematográfico” en el que están condenadas a perecer esas imágenes que “jamás hubieran debido ver la luz” pero no se atreve a dar el paso final. No como Haneke o Passolini.
    Como siempre lo obvio pero oculto prevalece sobre lo explícito.

    Lo que distingue las películas de Gilliam es la falta de límites entre la realidad y la fantasía. Podemos criticar muchos aspectos de su obra, lo que no podemos negar es la coherencia de su temática y su obsesión por plasmar una iconografía muy personal. Tal vez la importancia en las películas de Gilliam de la puesta en escena sobre el contenido narrativo sea en ocasiones el principal defecto que puede decepcionar o cansar al espectador… la “estética del cacharro oxidado colgando” puede estar agotada, a no ser que, como en Tideland, se adecue a la narración.
    Lo de los finales de sus películas es otra cuestión discutible.



    En Tideland se invierte la relación realidad-fantasía. Lo que nos propone Gilliam no es un escape a una zona fantástica, sino la revelación de una realidad tan cruda que sólo puede ser asimilable por el personaje de Jeliza-Rose como un mundo de fantasía. El espectador, sin embargo, comprende y entiende y sufre la realidad de la niña.
    Tendemos a considerar realidad y fantasía (ficción) como términos que se oponen, pero lo fantástico sólo es concebible en cuanto representa y se crea a partir de la realidad. Al igual que nos maravilla que las Matemáticas, basadas en sus principios en la observación de la naturaleza, representa fidedignamente a ésta. No podía ser de otra manera. Sin embargo las Matemáticas son capaces de definir realidades que no se pueden captar con los sentidos, inimaginables más allá de su formulación, algo que no sé si la fantasía es capaz de desarrollar. La dependencia de lo fantástico con lo real es tal que sólo se puede representar en términos reales. Los paradigmas lógico-matemáticos que plantea Lewis Carroll en las novelas de Alicia, sólo pueden ser apreciadas en oposición a la realidad, en el ámbito de ésta. El non-sense precisa un sense para ser apreciado.



    Entonces llegamos, claro, al conejo blanco y a la madriguera.



    Tideland como oposición a Wonderland. El otro lado del espejo precisa de nuestro lado para existir y únicamente puede ser apreciado desde aquí.
    El Profundo Sur, un territorio narrativo que no debe limitarse a su localización geográfica, un territorio universal fantástico, sólo puede entenderse desde nuestra posición de espectadores, desde la realidad. El Profundo Sur es un lugar donde habitan nuestros fantasmas más ancestrales, donde reina la depravación y la amoralidad endogámica, las taras genéticas y el aislamiento social, el incesto, la pederastia y las más extrañas manifestaciones de la muerte. En esta ocasión los “cacharros oxidados colgando” están en nuestro lado, en la realidad que obviamos, en la parte pornográfica y suburbial de la realidad.



    Tideland es el Wonderland perverso. Es nuestro propio lado del espejo. Acostumbrados como estamos a la versión edulcorada y castrada de la Alicia de Disney, olvidamos el penoso papel de Charles Dogson, camuflado en Carroll, camuflado en el caballero que acompaña a Alicia que se despide de ella diciendo: “—Sólo te quedan unos metros más —dijo— bajando por la colina y cruzando el arroyuelo aquél: entonces serás una reina…, pero antes te quedarás un poco aquí para decirme adiós, ¿no?”. La realidad que nunca deja de mostrar su lado más miserable y, a la vez, el más humano. El único lado concebible.



    Tal vez lo más fantástico en Tideland sea la posibilidad de un final feliz para la protagonista.
    Nosotros volveremos a nuestras habitaciones de taxidermistas a embalsamar la realidad.




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    11/04/09

    Conejo de Pascua

    Ya es un clásico en El lamento: Los conejos



    Tal vez habría que hacer una especie de post anual coincidiendo con la Pascua o alguna tontería así.

    Hace tiempo, el alumno aventajado(*) de David Lynch, Richard Kelly, nos presentó a F
    rank the Bunny en la película Donnie Darko



    Es posible que Kelly se inspirase en unos extraños sucesos ocurridos en 1970 en el condado de Fairfax, Virginia, EEUU, que The Washington Post recogía el 22 de octubre de ese año: "Fairfax County police said yesterday they are looking for a man who likes to wear "white Sunny rabbit costume" and throw hatchets through car windows" (hasta aquí llega el texto gratuito que ofrece el archivo del periódico... en fin)
    Como siempre, fue Javier, de La balada del elefante azul, quien me guió hasta el documento definitivo sobre el tema de los hombres disfrazados de conejo:

    Bunny Man

    Lo cierto es que la teoría del loco fugado con instintos criminales puede recordarnos a Gradus, el asesino de John Shade, equivocándose de víctima ante los ojos de Charles Kinbote... ¿es posible que su error fuese debido a la máscara de conejo que le impedía ver con claridad? Ni Kinbote, ni Botkin, ni Nabokov dicen nada al respecto, aunque es sospechosa la recurrente presencia de ardillas en Pnin.
    La cuestión es que seguimos con la misma pregunta, ¿por qué conejos? ¿por qué conejos siniestros?

    En fin...
    Estoy escribiendo una especie de relato en la que uno de los personajes va disfrazado. Originalmente pensé en un conejo, por lo que el relato se iniciaba así:

    "
    Un conejo gigantesco que arrastra el cadáver demediado de una mujer agarrándolo por los cabellos contempla a través de unos prismáticos a dos hombres que caminan bajo el sol entre las ruinas".

    Después he pensado que había demasiada iconografía de conejos en el mundo y lo he cambiado por un koala, animales que, antropomorfizados, pueden ser también bastante siniestros:




    Aún así sigo pensando en el personaje como un conejo...
    Quiero pedir consejo: ¿Qué hago?, ¿me quedo con el conejo a pesar de lo recurrente o cambio al koala?
    ¿Conejo o Koala?


    (*) Aunque empezamos a dudar de la posibilidad de alargar ese homenaje continuo al maestro que Kelly lleva al exceso. Ese engendro entre Lynch y P.K. Dick titulado Southland Tales parece confirmarlo... podría haber sido una película mejor si hubiese intentado librarse de Lynch... si no hubiese intentado redimir a The Rock, si no hubiese...

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    3/04/09

    The palm wine drinkard, de Amos Tutuola

    1.- El bevedor de vi de palma, de Amos Tutuola. Editorial Laertes ; Traducción y prólogo de Emili Olcina.

    El bebedor de vino de palma y su difunto sangrador de vino de palma en la ciudad de los muertos

    2.- África

    ¿Se puede descontextualizar la novela de Amos Tutuola de su entorno? No (y, sin embargo, trasciende las fronteras del ámbito de su escritura y su desarrollo narrativo para convertirse en obra universal)

    3.- 1952

    ¿Se puede descontextualizar la novela de Amos Tutuola de su época? No (y aquí está la paradoja porque la novela debe tanto a sus circunstancias como a su época de forma que es tan complicado explicar lo que ES
    The palm wine drinkard, como explicar lo que NO ES) (como siempre lo mejor es leer la novela y que cada cual descubra en su lectura lo que verdaderamente ES)
    (Objetivamente, si eso es posible,
    The palm wine drinkard es una novela vanguardista por su lenguaje y su estructura en algunas ocasiones aleatoria (o por su falta de estructura (o por exacerbar el clasicismo de su estructura (me encantan los paréntesis dentro de paréntesis))) y es, al mismo tiempo una narración clásica que se emparenta con las obras fundamentales de la narrativa occidental, sea La odisea, La Epopeya de Gilgamesh o incluso Gargantúa y Pantagruel)

    4.- Odiseo

    Ulises “fecundo en ardides”, haciendo gala de otro de sus atributos “igual a Zeus en prudencia”, se convierte en el primer narrador infidente de la historia de la literatura. De los veinticuatro cantos de
    La Odisea, sólo ocho, los que van del V al XII, contemplan las aventuras fantásticas de Ulises y su tripulación. Son cantos en los que la voz narradora e interesada es la del propio Ulises intentando conmover a la corte de los feacios para que le ayuden a regresar a Itaca. A los lectores de esos cantos o a los oyentes de los hexámetros dáctilos de los aedos no les interesa la verdad, les interesa la narración y las emociones que les provoca. Es el nacimiento de la literatura.

    5.- El narrador de Tutuola

    The palm wine drinkard está narrado en primera persona por un desmedido personaje rabelesiano que se autodenomina “Padre de los dioses que todo lo puede en este mundo”. No es un narrador omnisciente como podría serlo el de La Iliada, después de encomendarse a la Musa, capaz de contar lo que sucede tanto del lado de los héroes humanos como de los dioses. No es tampoco, aunque comparte mucho con él, el narrador infidente Odiseo. Es un narrador omnipotente por encima de lo humano y lo divino, rasgos que comparte en la misma medida, que no distingue entre lo natural y lo espiritual. The palm wine drinkard se desarrolla entre lo humano y lo sobrenatural, entre la vida y la muerte sin distinción entre ellos de forma que se constituye un campo narrativo chocante y a la vez reconocible, pero, en cualquier caso, sumamente original.
    (Es posible que
    The palm wine drinkard encierre una analogía antropológica, social y cultural, pero en una primera lectura no me parece que sea lo más destacable) (aunque, posiblemente sea más importante de lo que me pueda parecer) (insensibilidad occidental) (o mala conciencia colonial) (mala conciencia en general)

    6.- Amos Tutuola



    Fotografía gentileza de LAACC Subal Quinina

    Los padres de Amos, Charles y Esther, eran granjeros yorubas dedicados al cultivo del cacao y profesaban la religión cristiana. A los siete años de edad Amos entró al servicio de F. O. Monu, un igbo que le envió a la escuela del Ejército de Salvación. A los doce años frecuentó la Escuela Central Anglicana de Abeokuta. A morir su padre en 1939, Tutuola abandonó los estudios para trabajar como aprendiz de herrero, empleo que ejerció entre 1942 y 1945 para la Royal Air Force en Nigeria. Posteriormente tuvo distintos trabajos, entre otros, vendedor de pan y repartidor del Departamento Nigeriano de Trabajo. En 1946, Tutuola terminó la escritura de su primer libro: The Palm-Wind Drinkard

    Fuente Wikipedia: Amos Tutuola

    Son sólo datos. Con ellos únicamente puede parecer que la escritura de Tutuola surge espontáneamente. El extraño caso del herrero escritor.
    Olvidemos los datos.
    Tutuola es grande.

    7.- África (de nuevo)

    Y es grande por que su escritura es un contundente y demencial canto frenético lleno de ritmo. Una prosa que se podría tildar de ingenua, “mal escrita” como denunciaban sus críticos aludiendo al inglés oral y coloquial que empleó para expresarse, pero llena de una vitalidad y una fuerza desbordantes en la que las repeticiones remiten de nuevo a los aedos, a la poesía oral, a la narrativa fundacional…
    (no quiero hablar de tambores, no quiero hablar de la tierra, no quiero hablar de la maleza)
    (no quiero hablar del herrero hijo de campesinos)
    Tutuola se convierte en dios como “Padre de los dioses que todo lo puede en este mundo”
    En manos de Tutuola África se convierte en un enigmático y confuso mundo ajeno a la realidad, un territorio narrativo en el que todo es posible y nada defrauda.
    Literatura.

    8.- El negre que et xiuxiueja històries a cau d'orella por Subal Quinina

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    31/03/09

    Locus Solus, de Raymond Roussel (I)

    (...) Locus Solus es también un paseo por ese Lugar Solitario que es la propiedad monumental de Martial Canterel, un itinerario iniciático a lo largo de una tarde en la que este científico va mostrando a sus invitados los inventos y máquinas solteras que pueblan la villa de Montmorency, rarezas e invenciones que a medida que avanza la narración van haciéndose cada vez más geniales. Y así, por ejemplo, tras un martinete formado por un mosaico de dientes y un enorme diamante de cristal relleno de agua en la que flota una chica que baila, un gato sin pelo y la cabeza conservada de Danton, llegamos al pasaje central, el más inolvidable, el que nos persigue muchos años después de haber leído este libro: la descripción de ocho escenas que tiene lugar en una enorme galería acristalada. (...)
    Regreso a Locus Solus, Enrique Vila-Matas

    Leyendo el terrible capítulo cuatro de Locus Solus recordé el corto de 54 segundos rodado por David Lynch para el film Lumière et Compagnie, tal vez porque la cámara se pasea lateralmente por un escenario que de alguna manera entendemos que ocurre tras un muro de cristal. O tal vez, porque Roussel anticipa con su inventiva la esencia del cine.

    Sombras animadas.

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    24/03/09

    Indignación, de Philip Roth

    Enfermedad y desesperación —dijo Settembrini— a menudo no son más que formas de extravío.
    Thomas Mann, La montaña mágica.

    No hay mucho que decir de una obra de poco más de 160 páginas sobre todo si no se quiere revelar el argumento. De lo que se trata, en cualquier caso, es de repetir “hay cierta mierda que no voy a tragar”, convertirlo en un lema que nos lleve a donde sea.
    Y dirán, muchos lo harán, que Indignación es una obra menor de Roth, que no es de las mejores de su producción. Pero leyéndola uno puede captar la esencia de la maestría literaria, la precisa fluidez de la experiencia.
    Decir que Philip Roth es magistral (en lo que se refiere a su condición de “maestro”) es una obviedad.
    Así que la reseña ideal sobre Indignación, aquella que no se refiere al argumento ni reitera la calidad narrativa del autor debería resumirse en el título de la obra:

    Indignación, de Philip Roth.
    Y en todo caso añadir:

    IN-DIG-NA-CIÓN

    (¡Alzaos los que os negáis a ser esclavos!)

    Eso sería todo.

    Pero a la rendición total ante la narrativa de Roth y a la admiración por las trampas que pone en nuestro camino (uno cree encontrarse con una novela “típica” de Roth en la que un joven airado afirma su personalidad a través de tumultuosas relaciones erotico-sentimentales, pero finalmente resulta ser otra tipo de narración) se suma una conexión no sé si demasiado descabellada.
    Releo Indignación en la memoria como la versión de Philip Roth de La montaña mágica de Thomas Mann.
    Hay que salvar muchas distancias, de extensión, de tema, de contexto...
    Indignación sería una especie de síntesis de la monumental novela de Mann que conduce a una nueva tesis con un final más concreto que la del alemán. La versión de Roth va de lo universal (las ideas que se generar en el aprendizaje de Hans Castorp en el mundo aislado del sanatorio) a lo particular (Marcus Messner en una Universidad de Ohio durante los años cincuenta) para devolvernos una idea universal (que las elecciones personales obtienen resultados desproporcionados). Roth convierte Indignación en una fábula moral en el que las imposiciones religiosas se confrontan a las libertades individuales y que concluye que, a causa de esos efectos desproporcionados que conllevan las elecciones, hay cierto tipo de opciones ante las que ninguna persona debe de enfrentarse jamás, sobre todo cuando afectan a las libertades individuales.
    Se podría pormenorizar el paralelismo entre las dos novelas, pero no llevaría a ninguna parte. Indignación merece leerse por sí misma.
    La montaña mágica no digamos:
    ¡Adiós, Hans Castorp, hijo mimado de la vida! Tu historia ha terminado. Hemos acabado de contarla. No ha sido breve ni larga; es una historia hermética. La hemos narrado por ella misma, no por amor a ti, pues tú eras sencillo. Pero en definitiva es tu historia. Puesto que la has vivido, debes sin duda tener la materia necesaria, y no renegamos de la simpatía pedagógica que durante esta historia hemos sentido hacia ti y que podía llevarnos a tomar delicadamente, con la punta del dedo, un ángulo de nuestros ojos, al pensar que ya jamás te volveremos a oír ni a ver.
    Thomas Mann, La montaña mágica; traducción de Mario Verdaguer.

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    22/03/09

    Akiresu to kame, una película de Takeshi Kitano

    En capítulos anteriores:
    Takeshis'
    Kantoku · Banzai!

    ¿La definimos como película autoreferencial? Bueno, quizás. Una muestra quizás baste:



    El arte no es más que una enorme farsa”, dice el vendedor de fideos, y sobre esa premisa narra Kitano la historia de Machisu Kuramochi desde su infancia hasta su madurez en Akiresu to kame
    Machisu soñaba con ser pintor. O quizás fue inducido a soñar con serlo”.
    No se trata de cuestionar el papel del arte, ni de criticar el baremo por el que se determina su valor social.
    Creo que esta película, junto a las dos anteriores de Takeshi Kitano, tiene un claro mensaje de parte de su director, que seguirá haciendo las películas que le plazcan sin someterse a ninguna imposición comercial ni de ningún otro tipo. Es decir, nos encontramos ante las obras más personales de Kitano y al mismo tiempo las más desconcertantes. Comparar cualquiera de estas tres últimas películas con las sutilezas estilísticas de Dolls o con la épica irónica de Zatoichi o sus películas de yakuzas, no lleva a ninguna parte. Ya Takeshis' supuso una rotura completa con su filmografía anterior, una renuncia a todo lo que había sido que tuvo su continuación en Kantoku · Banzai!.
    Excepto, quizás, con la comedia… la peculiar comedia de Kitano.
    ¿Qué es entonces Akiresu to kame?
    Una comedia, por supuesto.
    Un hiper-melodrama, también.
    Pero creo que sobre todo es un arriesgadísimo experimento cinematográfico: Realizar deliberadamente una “mala” película para debatir sobre la experiencia artística.
    Si narrativamente nos situamos al lado del artista infructuoso en la película, al mismo tiempo no podemos dejar de reconocer la ingenuidad de su propuesta. Mientras, Kitano nos zarandea de unos episodios cómicos a otros de un exagerado dramatismo, excesivo, casi ridículo, que recorre todos los tópicos narrativos sobre artistas, de La Bohème a Jóvenes prodigiosos, pasando por los biopics hollywoodienses sobre pintores, músicos, escritores.
    Todo es excesivo en Akiresu to kame, se sobrepasa lo trágico para acabar riéndose de la misma narración, riéndose de los convencionalismos, llegando incluso a convertirse, por el propio exceso, en un producto cinematográfico que se podía considerar malo.
    ¿Puede lo malo ser bueno?, ¿puede lo manido convertirse en innovador?

    Vean Akiresu to kame, Achiles and the tortoise, según el título inglés, y juzguen.
    Y disfruten, claro, porque tengo la impresión que Takeshi Kitano es el único director de cine completamente independiente. Independiente de la industria, de la crítica e incluso del público.

    Quizás no baste una única muestra:














    Lo que no es necesario decir es que todos los cuadros que aparecen en la película son obra de Takeshi Kitano.

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    17/03/09

    Pálido fuego y los X-Men

    La Patrulla X, o en su versión original X-Men, es una serie de cómics de la Marvel que empezaron a publicarse en 1963 un año después de que fuera publicado Pálido Fuego de Nabokov. Las fuentes de la serie, un grupo de mutantes con superpoderes, nunca fue confesada por Kirby y Lee, sus autores, pero quedó bastante claro años más tarde que se inspiraron en relatos de Henry Kuttner publicados entre 1945 y 1953 en la revista Astounding. El título de uno de estos relatos, Hijos del átomo, fue utilizado años más tarde como subtítulo de la serie de Marvel en homenaje o reconocimiento tardío a la obra de Kuttner (suponemos). La novela Mutante es otra de las referencias claras de la obra de Kuttner en la “creación” de los X-Men. Recordemos que el Profesor X, fundador de los X-Men es un telépata calvo:
    Todo mutante corre el riesgo de llegar al límite. Hubo muchísimas frustraciones. Las radiaciones duras produjeron una sola mutación verdadera; los telépatas sin pelo. La mente es un extraño juguete... usted no lo ignora. Es una suspensión coloidal, en sentido figurado, sobre la punta de un alfiler. Si hay alguna imperfección, la telepatía tiende a destacarla. Como usted sabe, la Explosión tuvo por consecuencia una infernal cantidad de alteraciones mentales. No solamente entre los Calvos, sino también entre otras mutaciones que surgieron entonces. Sólo que los Calvos son casi siempre paranoides.

    Mutante, de Henry Kuttner; traducción de H.V. Rial y J.M. Pomares para Ediciones B
    Pero lo que puede llamarnos la atención es un hecho que no aparece reseñado en la red, al menos no he sabido encontrarlo, y es la relación entre los X-Men y Pálido fuego. Tanto el Profesor X como el exiliado Rey de Zembla se llaman Charles Xavier:

    Ya he aludido en el curso de estas notas a las aventuras de Charles Xavier, último rey de Zembla, y al vivo interés que manifestaba mi amigo por las muchas historias que le conté acerca de ese rey.
    (…)
    Por la galería abierta que dominaba el hall, paralelamente, al costado estrecho, un hombre alto, barbudo, se dirigía con paso rápido y militar del este hacia el oeste. Había desaparecido detrás de una biblioteca, pero no antes de que Gradus hubiera reconocido la figura alta y robusta, el porte erguido, la nariz aguileña, las cejas rectas y el balanceo enérgico del brazo de Charles Xavier el Bienamado.
    (…)
    Dio, pues, sus clases bajo un nombre supuesto y con un pesado maquillaje, peluca y barba postiza. Todos los zemblanos de barba castaña, mejillas coloradas y ojos azules se parecen, y yo que hace ya un año que no me afeito, me parezco a mi rey disfrazado.
    (…)
    Durante los primeros meses de la revolución zemblana aparecieron no pocas veces retratos del Rey. De vez en cuando algún entrometido de la universidad dotado de memoria fiel, o alguna de las mujeres de club que andaban siempre detrás de Shade y su excéntrico amigo, me preguntaron con el aire estúpido de saberlo todo que se adopta en esos casos, si alguien me había dicho cuánto me parecía al infortunado monarca. Yo contestaba algo por el estilo de: "todos los chinos se parecen" y cambiaba de tema. Pero un día en el salón del Club de la Facultad donde estaba descansando, rodeado por algunos de mis colegas, tuve que hacer frente a un ataque especialmente incómodo. Un profesor visitante alemán de Oxford exclamó en voz alta y como para sí mismo, que el parecido era "absolutamente inaudito" y cuando le hice notar como de paso que todos los zemblanos con barba se parecen —y que, en efecto, el nombre Zembla, es la corrupción no del zemlya ruso, sino de Semblerland, país de reflejos, de "parecidos"— mi torturador dijo: —¡Ah, sí, pero el Rey Charles no usaba barba, y sin embargo es su misma cara!

    Vladimir Nabokov, Pálido fuego
    ¿Qué más parecido que lo desemejante? Charles Xavier, rey de Zembla y el profesor Charles Xavier son físicamente opuestos.
    Mientras uno sería más o menos así (es el primer barbudo que se me pasó por la cabeza):



    Cómo llegamos a América es una gran historia, pero no voy a narrarla. Cuando emprendimos el viaje, no teníamos ni idea de este gran recibimiento. No lo merecemos.
    Cuando digo que no lo merecemos, créanme, sé de lo que hablo. Ahora les contaré cómo llegamos a América. La primera vez nos quedamos sin gasolina a medio camino. Tuvimos que volver. Entonces cargamos el doble de gasolina. Esta vez, nos quedaba un metro para aterrizar cuando, qué les parece, se agotó de nuevo la gasolina. Regresamos a por más combustible. Esta vez, llevábamos suficiente combustible. Íbamos a medio camino y ¿qué creen que pasó? Se nos había olvidado el avión. Así que nos sentamos a deliberar. Entonces tuve la gran idea de no llevar gasolina, de no llevar avión. Cogimos un barco. Y así, amigos, es cómo atravesamos el océano en avión.

    Una noche en la ópera, de Sam Wood
    (Perdón por el inciso)
    El otro es así:



    Nabokov sabía que en lo desemejante se pueden encontrar igualdades. No hay mejor doble que aquel que no se nos parece en nada (véase Desesperación). Kirby y Lee intentan ocultar a Charles Xavier creándolo opuesto a su modelo, sin darse cuenta que ocultándolo lo ponen de manifiesto.
    Ambos, el rey de Zembla y el mentor de los mutantes, son profesores y viven ocultos en sus mansiones acechados como “la única pieza negra de lo que un inventor de problemas de ajedrez podría calificarse de rey bloqueado en el rincón, del tipo solus rex”.

    En fin.

    Otros hilos: Xavier es la forma catalana de Javier; Zembla en catalán se leería “Sembla”, que traducido sería “parece, asemeja”.

    Próximo capítulo: Pálido fuego; En busca de las joyas de la Corona

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    13/03/09

    Pálido fuego, de Vladimir Nabokov (¿ y II?)

    En Interpretations se pueden encontrar varias de las posibles formas de enfocar Pálido fuego de Nabokov.

    Aquí está la amable y valiosa traducción de Javier:

    Pálido fuego; Interpretaciones

    Algunos lectores se concentran en la historia aparente, enfocando su lectura en aspectos tradicionales de la narrativa como las relaciones entre los personajes. Estos intentan demostrar que Kinbote parasita a Shade, o que el poema de Shade es mediocre y Kinbote, el inventor de Zembla, es el verdadero genio. En 1997, Brian Boyd publicó un estudio ampliamente discutido donde afirma que el fantasma de John Shade influenció las contribuciones de Kinbote. En el libro que expande su ensayo, Boyd también dice que el fantasma de Hazel indujo a Kinbote a decir cosas a Shade que terminaron inspirando su poema.
    Otros lectores ven una historia bastante distinta de la aparente. Los "Shadeanistas" aseguran que John Shade no sólo escribió el poema sino el comentario, inventando su propia muerte y el personaje de Kinbote como un artificio literario. De acuerdo a Boyd, Andrew Field inventó la teoría Shadeanista y Julia Bader la expandió; Boyd la adhirió durante un tiempo. Los "Kinbotistas", un grupo claramente minoritario, creen que Kinbote inventó la existencia de John Shade. Boyd acredita la teoría Kinbotista a Page Stegner y añade que la mayoría de sus creyentes son recién llegados al libro. Algunos lectores piensan que el libro oscila sin decidirse entre estas alternativas, como el vaso de Rubin (un dibujo que puede ser dos perfiles o un cáliz).
    Aunque una minoría de los comentaristas creen o al menos aceptan la posibilidad de que Zembla es tan real como New Wye, la mayoría asume que Zembla, o al menos la opereta del palacio pintoresco y homosexualmente gratificante que disfrutaba Charles Xavier antes de su caída, es imaginaria en el contexto de la historia. El nombre “Zembla" (tomado de "Nova Zembla", la forma anglificada de Novaya Zemyla) puede evocar literatura fantástica popular sobre la realeza como El Prisionero de Zenda, señalando así que no debe ser tomada literalmente. Como en otros de los libros de Nabokov, sin embargo, la narrativa es una versión exagerada o cómicamente distorsionada de su propia vida como el hijo de una familia privilegiada antes de la revolución rusa y un exiliado posteriormente, y el asesinato central tiene similitudes (indicadas por Pricilla Meyes) con el asesinato del padre de Nabokov por un hombre que intentaba matar a alguien más.
    Algunos lectores, empezando con Mary McCarthy e incluyendo a Boyd, el anotador de Nabokov, Alfred Appel, y D. Barton Johnson ven a Charles Kinbote como un alter-ego del loco profesor B. Botkin, cuyas delusiones son tratadas con condescendencia por John Shade y el resto de sus colegas en Wordsmith College. Nabokov mismo endorsa esta lectura, afirmando en una entrevista en 1962 (un año después de la publicación de la novela) que Pale Fire "está lleno de melocotones que sigo esperando que alguien encuentre. Por ejemplo, el repugnante comentarista no es un ex-Rey de Zembla ni el profesor Kinbote. Es el profesor Botkin, o Botkine, un Ruso y un loco." La intrincada estructura de la novela de interreferencias provocadoras guía al lector hacia este "melocotón". El índice, supuestamente creado por Kinbote, incluye una entrada para un "Botkin, V.," que describe a este Botkin como un "Académico americano de ascendencia rusa" –y refiriendo a la nota en el Comentario sobre la línea 894 del poema de Shade, en el cual tal persona no es mencionada directamente pero un personaje sugiere que "Kinbote" es "una especie de anagrama de Botkin o Botkine." En esta interpretación, el "Gradus" que asesina a Shade es un americano llamado Jack Grey que quería matar al juez Goldsworth, cuya casa arrienda el comentarista de Pale Fire –cualquiera que sea su verdadero nombre. Goldsworth condenó a Grey a un manicomio del cual escapó poco antes de matar por error a Shade, quien se parecía a Goldsworth.
    Otros lectores quitan énfasis a cualquier tipo de "historia real" y dudan incluso de la existencia de tal cosa. En el juego entrecruzado de alusiones y vínculos temáticos, ven una imagen polifacética de la literatura inglesa, la crítica, la idolatría literaria, la política, y otros temas.
    Me interesa, particularmente, la hipótesis “Botkiana”, por las consecuencias que se derivan de ella.
    Las fuentes de las declaraciones de Nabokov al The New York Herald Tribune en 1962, son algo confusas. ¿Existe un complot botkiano que quiere llevarnos en esa dirección?. Supuestamente la declaración es la siguiente:

    I think it is a perfectly straightforward novel. The clearest revelation of personality is to be found in the creative work in which a given individual indulges. Here the poet is revealed by his poetry; the commentator by his commentary. ['Pale Fire'] is jollier than the other [novels], and it is full of plums that I keep hoping somebody will find. For instance, the nasty commentator is not an ex-King of Zembla nor is he professor Kinbote. He is professor Botkin, or Botkine, a Russian and a madman. His commentary has a number of notes dealing with entomology, ornithology, and botany. The reviewers have said that I worked my favorite subjects into this novel. What they have not discovered is that Botkin knows nothing about them, and all his notes are frightfully erroneous.... No one has noted that my commentator committed suicide before completing the index to the book.... The last entry has no numbered reference.... And even Mary McCarthy, who has discovered more of the books than most of its critics, had some difficulty in locating the source of its title, and made the mistake of searching for it in Shakespeare's 'The Tempest.' It is from 'Timon of Athens.' "The Moones an arrant Theefe, And her pale fire, she snatches from the Sunne." I hope that pointing out these things will perhaps help the reader to enjoy my novel better.

    (The New York Herald Tribune, American edition, 17 June 1962, p.5, interviewer Maurice Dolbier.)

    Esta es la traducción (no quiero ser redundante en agradecimientos, pero los merece) de Javier :

    Creo que esta es una novela directa. La revelación más clara de la personalidad se encuentra en el trabajo creativo en el que un individuo se vuelca. Aquí el poeta es revelado por su poesía; el comentarista por su comentario. [Pale Fire] Es más entretenida que las otras [novelas], y está llena de ciruelas que yo sigo esperando que alguien encuentre. Por ejemplo, el molesto comentarista no es un ex-rey de Zembla ni es el profesor Kinbote. Es el profesor Botkin, o Botkine, un ruso loco. Su comentario tiene notas dedicadas a la entomología, la ornitología y la botánica. Los críticos dicen que yo desarrollé algunos de mis temas favoritos en la novela. Pero lo que no notaron es que Botkin no sabe nada sobre ellos, y que sus notas son horrorosamente erróneas... Nadie ha notado que mi comentarista se suicidó antes de terminar el índice del libro.... La última entrada no tiene página... E incluso Mary McCarthy, quien ha descubierto más en los libros que la mayoría de los críticos, le costó encontrar la fuente de su título, y cometió el error de buscarla en 'La Tempestad' de Shakespeare. Viene de 'Timon de Atenas.' "The Moones an arrant Theefe, And her pale fire, she snatches from the Sunne." ["La luna es una ladrona descarada, y su fuego pálido, lo usurpa del sol."] Espero que señalar estas cosas tal vez ayude al lector a disfrutar más mi novela.

    Puede que ayude más a disfrutar de la novela o puede que sea una pista falsa, la típica broma nabokoviana, que no hace más que complicar las cosas aportando nuevos puntos de vista totalmente inesperados para el lector. La “lucha” entre Shade y Kinbote se complica con la presencia del profesor Botkine o Botkin.
    Aceptamos que Pale Fire se divide en poema y comentario. Aceptamos, si acaso, ese Prólogo escrito por Charles Kinbote, pero solemos olvidar que al final del texto, tras ese fatídico “y pronto llamará a mi puerta, un Gradus más grande, más respetable, más competente”, aparece un Índice que constituye el final de la novela. Obviar el Índice es un grave error. En él descubrió, como recuerda Nabokov, Mary McCarthy que su última entrada no remite a ninguna página: “Zembla: distante tierra nórdica”.

    ¿Se encuentra entonces en el Índice la clave de Pale Fire?
    Es inquietante la entrada referente al picotero que inicia el poema de Shade:

    (En todos los fragmentos se maneja, por comodidad, la traducción de Aurora Bernárdez, Pálido fuego, para Anagrama)


    Waxwings: picoteros, pájaros del género Bombycilla, 1-4, 131, 1000; Bombycilla shadei, 71, una interesante asociación tardíamente comprendida.

    Nos interesan los versos 71 y 72:
    Yo era muy pequeño cuando mis padres murieron.
    Los dos eran ornitólogos. (…)

    Y en el comentario de Kinbote (o de Botkin) podemos leer que el padre de John Shade “dio nombre a un pájaro, el Bombycilla Shadei (debería ser shadei, naturalmente)” y que su madre, ornitóloga, se llamaba Carolina Lukin. Este apellido, que nos recuerda al del personaje de La defensa, otra novela de Nabokov, Luzhin, es analizado, con esa profusión y minuciosidad aparentemente sin sentido, por el comentarista del poema:

    Lo que el autor de la nota necrológica no sabía es que Lukin viene de Luke, igual que Locock y Luxon y Lukashevich. Es uno de los muchos casos en que el patronímico hereditario, aparentemente amorfo pero viviente y personal, evoluciona adoptando a veces formas fantásticas en torno al muy común guijarro de un nombre de pila. (…) Otros nombres derivan de profesiones como Rymer, Scrivener, Limner (iluminador de pergaminos), Botkin (el zapatero, el fabricante de calzado de fantasía) y muchos otros”.

    Pero no descubro nada diciendo que no hay nada dejado al azar en las novelas de Nabokov. La alusión a Botkin, no es casual. Es la primera vez que el nombre aparece en el texto, si no me equivoco. Curiosamente la entrada a Botkin en el índice contiene acepciones que no conducen a ninguna página concreta del texto (como ocurre con la última entrada del Índice, Zembla: distante tierra nórdica):

    Botkin, V: erudito norteamericano de origen ruso, 894; king bot, larva de una mosca extinguida que se criaba en los mamuts y que se cree aceleró su fin filogenético, 247; fabricante de botas, 71; bot, pluf y boteliy, panzón (ruso); botkin o bodkin, estilete danés.

    Ese “botkin” sin referencia a la entrada en que aparece, demuestra la voluntad del autor del texto de ocultar el instrumento afilado, pero en el texto aparece este comentario en el Verso 493:

    que se quitó la pobre y joven vida, (que se inicia con una inquietante advertencia: )La nota siguiente no es una apología del suicidio; es la simple y sobria descripción de un estado espiritual.
    Entre las muchas opciones al suicidio que propone el narrador (dejémoslo así de momento, sin personalizar) se encuentra la siguiente afirmación:

    Son los puristas los que sostienen que un caballero debe usar un par de pistolas, una para cada sien, o un botkin desnudo (obsérvese la correcta ortografía), y que las señoras deberían o bien tomar un veneno mortal o ahogarse con la torpe Ofelia.

    Ahí está el botkin no referenciado: ¿Será con ese estilete danés con el que se suicidará el comentarista?

    La cuestión en todo este asunto se resume en aceptar una de las dos opciones posibles. O bien Kinbote es el narrador o lo es Botkin. Las consecuencias de cada una de las dos alternativas deben ser asumidas por cada lector. Nabokov, en el contexto paratextual de la entrevista, advierte que el narrador no es Kinbote, algo que no queda excesivamente claro en la lectura de la novela. Todas las referencias que nos puedan hacer pensar que otro aparte de Kinbote es el verdadero narrador de Pálido fuego son veladas y se pierden en la prolijidad narrativa de Nabokov.
    En el comentario al verso 894 se produce una curiosa confusión de identidades que posiblemente encierre la clave de la identidad del narrador:

    Durante los primeros meses de la revolución zemblana aparecieron no pocas veces retratos del Rey. De vez en cuando algún entrometido de la universidad dotado de memoria fiel, o alguna de las mujeres de club que andaban siempre detrás de Shade y su excéntrico amigo, me preguntaron con el aire estúpido de saberlo todo que se adopta en esos casos, si alguien me había dicho cuánto me parecía al infortunado monarca. (…)

    Nos choca el “excéntrico amigo” de Shade que no ha sido mencionado con anterioridad. Sólo Kinbote se empeña en acompañar continuamente al poeta. Si aceptamos que Kinbote es el narrador la afirmación del comentario al verso 894 (un rey) es contradictoria. Es en esta parte final del texto, sobre todo en este comentario, donde se producen las mayores confusiones de identidad del texto:

    —Naturalmente —dijo el joven Emerald levantándose.
    El Profesor Pardon me habló ahora: —Yo tenía la impresión de que usted había nacido en Rusia, y de que su nombre era una especie de anagrama de Botkin o Botkine.
    Kinbote: —Usted me confunde con algún refugiado de Nova Zembla (insistiendo sarcásticamente en "Nova").
    —¿No me ha dicho usted, Charles, que kinbote significa regicida en su lengua? —preguntó mi querido Shade.
    —Sí, destructor de rey —dije (ansioso por explicar que un rey que oculta su identidad en el espejo del exilio es en cierto sentido exactamente eso).
    Shade (dirigiéndose al visitante alemán): —El Profesor Kinbote es autor de una obra notable sobre los nombres de pila. Creo (a mí) que existe una traducción inglesa, ¿verdad?
    —Oxford, 1956 —respondí.
    —¿Sabe usted ruso, sin embargo? —dijo Pardon—. Creo que le oí a usted, el otro día, hablando con... cómo se llama... oh, Dios mío (formando laboriosamente el nombre con los labios).
    Shade: —Señor, a todos nos cuesta "atacar" ese nombre (riendo).
    Profesor Hurley: —Piense en la palabra francesa para "neumático": "pneumatique".
    Shade: —Pero señor, mucho me temo que no haya hecho más que pinchar el neumático de la dificultad (riéndose a carcajadas).
    —Flatman —ironicé—, sí —continué dirigiéndome a Pardon—, claro que hablo ruso. Comprende, era el idioma elegante par excellence, mucho más que el francés, entre los nobles de Zembla por lo menos, y en la corte. Hoy todo eso ha cambiado, naturalmente. Ahora son las clases más bajas las que tienen que hablar el ruso a la fuerza.

    Por su parte, "pneumatique" conduce inevitablemente al protagonista de otra de las novelas de Nabokov, el profesor Pnin. Así, en el verso 172, se lee:

    Hablando del jefe del Departamento de Ruso, el Profesor Pnin, un verdadero tirano con sus subordinados (afortunadamente, el Profesor Botkin, que enseñaba en otro departamento, no dependía de ese "perfeccionista" grotesco) : "Qué extraño que los intelectuales rusos no tengan ningún sentido del humor cuando cuentan con humoristas tan maravillosos como Gogol, Dostoievsky, Chejov, Zoshchenko y esa pareja de autores de genio, Ilf y Petrov".

    Choca el crácter de Pnin descrito por el narrador de Pálido fuego, con el retrato que hace el narrador de Pnin. Hay una contradicción que puede llevarnos a que dudemos de la veracidad del narrador.
    Pero no es la única referencia a otras obras del propio Nabokov. Lolita es un huracán, y Humbert Humbert “un viejo pederasta triste y regordete que había bajado de un tiro a su extorsionador”.

    Pero no nos desviemos. El narrador de Pálido fuego comete errores, como todos los narradores de Nabokov, que nos permite descubrir su impostura. Tal vez sea revelador el fragmento perteneciente al comentario al verso 629: el destino de las bestias, verso corregido y recorregido, como recoge el narrador: El destino de las bestias. Encima de esto el poeta escribió y tachó: el destino del loco.

    El narrador recoge la última frase de una conversación que, evidentemente trata sobre él:

    Mientras circulaba entre aquel apiñamiento, con una sonrisa en la cara y un cóctel en la mano, entreví por fin la coronilla de mi poeta y el chignon castaño brillante de la Sra. H. sobresaliendo de los respaldos de dos sillones adyacentes. En el momento en que me acercaba por detrás de ellos, le oí oponerse a una observación que ella acababa de hacer:
    —La palabra es equivocada —decía—. Uno no debería aplicarla a una persona que se despoja deliberadamente de un pasado gris y desdichado y lo sustituye por una brillante invención. Es sencillamente volver una nueva página con la mano izquierda.


    Tenemos pues a un narrador que se despoja deliberadamente de un pasado gris y desdichado y lo sustituye por una brillante invención. No es un loco. Es nuestro guía por un delirio inextricable. No podemos aceptar la idea de un narrador loco, por eso pensamos que Kinbote es quien cuenta la historia.

    Si Botkin es el narrador, la historia de Kinbote y Shade es una invención literaria. Nabokov dice que “esta es una novela directa. La revelación más clara de la personalidad se encuentra en el trabajo creativo en el que un individuo se vuelca. Aquí el poeta es revelado por su poesía; el comentarista por su comentario”. ¿Debemos deducir de estas palabras la mediocridad de Shade, la egolatría de Kinbote?. O debemos, a tenor de las siguientes declaraciones, que Nabokov, al interponer a Botkin, al escogerlo como intermediario entre el lector y la historia de Shade y Kinbote, crea una segunda posibilidad de lectura, una ficción insostenible que lleva al narrador al suicidio. Pero, ¿por qué el suicidio de Botkin?, por qué, si todo no es más que una ficción, huir de New Wye, donde es profesor, y refugiarse en una cabaña de madera, frente a lo que cree un parque de atracciones, a redactar la imposible historia de un crimen equivocado, del exilio del rey de Zembla. ¿Por qué huir, por qué suicidarse?
    Quizás a las muchas tesis apuntadas habría que añadir la interpretación “gradusiana” o “greydiana” según la cual, Botkin, el narrador de la novela Pálido fuego, autor del poema del mismo nombre, de los comentarios y del Índice, no es otro que Gradus y que todo ello no sea más que una justificación de una acto irracional… ups, se me coló una interpretación psicoanalítica de la novela.

    Toda esa batahola terminó por afectar el curso de mi nueva vida y me obligó a trasladarme a este modesto chalet de montaña; pero conseguí obtener, poco después del arresto, una entrevista, quizá dos, con el prisionero. Estaba ahora mucho más lúcido que cuando se desplomó, sangrando, en los peldaños de mi entrada, y me contó todo lo que yo deseaba saber. Haciéndole creer que podría ayudarlo en el proceso, le obligué a confesar su odioso crimen: su manera de engañar a la policía y a la nación haciéndose pasar por Jack Grey, escapado de un manicomio, que había tomado a Shade por el hombre que lo había hecho encerrar. Pocos días después, ay, frustró a la justicia abriéndose la garganta con una navaja que había recogido de un cajón de basuras no vigilado. Murió, no tanto porque desempeñado ya su papel en la historia no veía razón para seguir viviendo, sino porque no podía sobrevivir a su última plancha: haber matado a quien no debía cuando su verdadero blanco estaba allí delante.

    Botkin muere por haber matado a quien no debía.
    Tal vez…

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    8/03/09

    Poshlust o poshlost

    De la entrevista concedida a Nabokov a Paris Review, en octubre de 1967:

    El
    poshlust, o poshlost en su transliteración más exacta, tiene muchos matices, y si usted cree que se puede preguntar a cualquiera si le tienta el poshlost, evidentemente no lo he explicado con suficiente claridad en mi librito sobre Gogol. Basura cursi, vulgares clisés. “Filisteísmo” en todos sus aspectos, imitaciones de imitaciones, falsas profundidades, pseudoliteratura tosca, deficiente y deshonesta…ésos son los ejemplos obvios. Ahora bien si deseamos restringirnos a los escritos contemporáneos, tenemos que buscar el poshlost en el simbolismo freudiano, las mitologías apolilladas, el comentario social, los mensajes humanistas, las alegorías políticas, la preocupación excesiva por la clase o la raza, y las generalidades periodísticas que todos conocemos. El poshlost se manifiesta en conceptos tales como “Norteamérica no es mejor que Rusia”, o “Todos participamos de la culpa de Alemania”. Las flores del poshlost se dan en frases y términos como “el momento de la verdad”, “carisma”, “existencial” (empleado seriamente), “diálogo” (aplicado a conversaciones políticas entre naciones), y “vocabulario” (aplicado a un mamarrachista). Enumerar de un tirón Auschwitz, Hiroshima y Vietnam es poshlost sedicioso. Pertenecer a un club muy selecto (y que ostenta un solo nombre judío… el del tesorero) es poshlost, elegante. Los comentarios críticos mercenarios frecuentemente son poshlost, pero éste acecha también en ciertos ensayos petulantes. El poshlost llama gran poeta al Sr. Vacío y gran novelista al Sr. Fanfarrón (*). Uno de los viveros favoritos de poshlost ha sido siempre la exposición de arte; allí lo producen los llamados escultores que trabajan con herramientas de derribar, construyendo cigüeñales cretinos de acero inoxidable, estereotipos zen, cosas raras de poliestireno, objetos trouvés en letrinas, balas de cañón, albóndigas en conserva. Allí admiramos las muestras de las paredes de gabinetti de los llamados artistas abstractos del surrealismo freudiano, los borrones rugientes y las manchas de Rorschach… todo ello tan cursi por derecho propio como las académicas “mañanas de septiembre” y las “ramilleteras florentinas” de hace medio siglo. La lista es larga y, claro está, cada uno tiene su bête noire, su pesadilla dentro de la serie. La mía es ese aviso de una línea aérea: el refrigerio servido por una moza servicial a una pareja joven… ella con la mirada extática clavada en el canapé de pepinos, él admirando anhelante a la azafata. Y, desde luego, Muerte en Venecia. Ya ve el alcance.


    Opiniones contundentes, traducción de María Raquel Bengolea para
    Taurus. (Gracias, Elena

    (*) Mr. Blank y Mr. Bluff en el original.

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    3/03/09

    Viaje sentimental por Francia e Italia, de Laurence Sterne y parecidos inquietantes

    Un fragmento

    La ciudad de Abdera, a pesar de haber vivido en ella Demócrito, quien puso toda la fuerza de la ironía y de la risa en corregirla, fue la más relajada y viciosa de todas las ciudades de la Tracia. Venenos, conspiraciones, asesinatos, libelos, pasquines y tumultos no dejaban vivir por el día… y menos por la noche.
    Y sucedió que, cuando peor estaban las cosas, fue representada en Abdera la Andrómeda de Eurípìdes, y el auditorio halló la obra deliciosa, y lo que más impresionó la imaginación de los espectadores fueron los tiernos raptos de la naturaleza que el poeta expresa en el patético discurso de Perseo: “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!, etc.”. Al día siguiente todo el mundo hablaba en puro yambo y ya no se comentaba otra cosa más que la patética invocación de Perseo: “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!”, y en todas las calles y en todas las casas de Abdera resonaba: “¡Oh, Cupido, Cupido!”, y en todas las bocas, como las notas propias de una dulce melodía, que fluyera queriendo o sin querer: “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!”, sólo se oía esto y nada más. El fuego se propagó y toda la ciudad, como el corazón de un solo hombre, se abrió al Amor.
    Ningún apoticario vendió ya un solo gramo de eléboro; ningún armero se atrevió a forjar instrumentos de muerte. La Amistad y la Virtud se encontraban y se besaban por la calle –volvía la Edad de Oro a planear, benéfica, sobre Abdera-; los abderitas volvieron a tomar sus flautas de caña; los abderitas dejaron a un lado sus ropas púrpuras y se sentaron castamente en la hierba a escuchar la canción…
    Y todo esto por el solo poder – dice el Fragmento- del dios cuyo imperio se extiende del cielo a la tierra y aun a las profundidades del mar…
    De Viaje sentimental de Laurence Sterne; traducción Max Lacruz Bassols para Funambulista

    Un día de estos hablaremos de Mr Yorick y su viaje sentimental. Pero escojo el
    Fragmento para señalar de que manera Sterne creía en el poder de la literatura, de la palabra. Mr. Yorick recorrerá Francia e Italia en una sucesión de encuentros en el que la seducción brilla y en el que la palabra se convierte en un canto al amor… “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!

    Pero no es eso lo que me inquieta.

    Descubro en la página de Vila-Matas en la sección de fotografías, reunidas en la misma galería, una foto de Enrique Vila-Matas junto al actor Daniel Emilfork y el famoso retrato de Laurence Sterne, pintado por Joshua Reynolds en 1760. Entre ambas imágenes, quizás por alguna extraña configuración de la luz (esa luz que acaba haciéndote irresistible… consultad la filmografía de Emilfork y buscad al protagonista de
    What’s new pussycat?... todo está relacionado, todo acaba relacionado en este mundo de fantasmas y ficciones) o por el tamaño de las imágenes, parece desprenderse cierto parecido entre el actor, que inspiró el personaje de Tongoy en El mal de Montano, y el escritor del Tristram Shandy.

    Mi amigo Tongoy es realmente muy feo, pero uno se acostumbra a no verle tan horroroso gracias a su buen carácter, elegancia excéntrica en el vestir y refinada cultura. (…)
    Mi amigo Tongoy tiene setenta y cuatro años, cráneo rapado y orejas de murciélago. Vive en París desde hace medio siglo, pero nació en una familia de judíos húngaros que emigraron a Chile y se establecieron en San Felipe. El verdadero nombre de mi amigo es Felipe Kertesz, se ha hecho algo famoso últimamente en Francia interpretando en una película el papel de un siniestro viejo que se dedica al secuestro de niños. Aunque sólo relativamente, también es conocido por haber sido hombre-libélula en una película de Fellini y por haber encarnado al actor húngaro Bela Lugosi en una biografía fílmica de este personaje.
    De El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas

    Tongoy interpretó a Lugosi. Emilfork interpretó a Cagliostro. Y de nuevo todo está relacionado:
    Hace tiempo mencionaba a Goethe y su Viaje por Italia y comparaba el texto del alemán con el episodio italiano del
    Tristram Shandy. Ahora, además, abría que añadir a la comparación las aventuras de Mr. Yorick.

    Como podéis ver, el post trataba sobre Cagliostro, personaje que fue interpretado por Daniel Emilfork en una ignota película francesa de 1979.

    ¿Podría haber sido Yorick interpretado por Emilfork? Creo que todo apunta en esa dirección.
    Alas, poor Emilfork

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    1/03/09

    Los libros de Lost (II)

    Jack: -¿Cómo puedes leer?
    Ben: - Mi madre me enseñó. (...) Estoy leyendo, Jack, porque es mejor que lo que tú estás haciendo.
    Jack: - ¿Qué hago?
    Ben: - Esperar que algo suceda.
    Jack: - ¿Y qué sucederá?
    Ben: - Dímelo tú, Jack.

    (de los subtítulos de Argenteam)

    Siguen las lecturas en Lost:
    Ahora los malos leen a Joyce




    Y los buenos se dedican a algo más ligero.



    Alas, poor Yorich
    El desastre es inminente.

    Sea como sea, vuele con nosotros

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