23/2/06

Un Faulkner a la semana (XIV): El Villorrio

El Villorrio (The Hamlet (1940)) junto con La ciudad (The Town (1957)) y La Mansión
(The Mansion (1959)) forman lo que se ha dado en llamar la trilogía de los Snopes, ya que las tres novelas hablan sobre los miembros de esta familia, y de forma muy especial sobre el ascenso social de Flem Snopes.
Antes de nada hay que notar que, al parecer y ateniéndonos a las fechas de publicación de las tres novelas, no había intención por parte de Faulkner de convertir las andanzas de Flem Snopes en lo que finalmente se convirtieron. De hecho, ni siquiera El Villorrio originalmente tenía pretensiones de ir más allá de la mera recopilación de relatos, o, más bien, de la reestructuración de relatos anteriormente escritos confiriéndoles un nexo común.
Personalmente considero que Flem Snopes es la mayor creación de Faulkner, no por el personaje en sí, si no más bien por la ausencia de personaje, por cierta idea que representa Flem Snopes alrededor del cual se estructuran todos los relatos de El Villorrio. Esta cualidad de inexistencia, de presencia fantasmal del personaje es más evidente en las otras dos partes de la trilogía, así que habrá que esperar unos días.

Si quisiera destacar algo ahora que me parece significativo para entender la evolución narrativa de Faulkner, para lo cual habrá que tomar a Las palmeras salvajes como punto de inflexión de su obra:
The Wild Palms [If I Forget Thee Jerusalem] (1939) y comprobar como a partir de ese momento su obra toma otro derrotero alejado de la pauta de sus primeras (grandes) novelas: The Hamlet (1940); Go Down, Moses (1942); Intruder in the Dust (1948), Requiem for a Nun (1951); A Fable (1954); The Town (1957); The Mansion (1959); The Reivers (1962).
Con la excepción de Desciende, Moisés, en la que el tema ya aparece junto al de las grandes familias, el resto de las novelas no trata sobre los grandes propietarios y su trágica, marcada por el destino, decadencia. Son los campesinos, los que están más cerca de la tierra, rednecks, negros, trabajadores o soldados, quienes protagonizan sus últimas novelas. Esto, que puede ser considerado como una generalización, sirve para situar a Flem Snopes en el centro de Yoknapatawpha dispuesto a tomar el relevo de todas esas ricas familias que se desmoronan, preparado para arrebatarles aquello que poco a poco van perdiendo.
La gradación en los títulos, Villorrio-Ciudad-Mansión, es bastante significativa.

El Villorrio es la que más cercana está al campo. No es extraño ver poblando la novela vacas, caballos y perros, que adquieren una importancia narrativa determinante y que sirven de contrapunto a los a menudo bestiales comportamientos de los humanos. De hecho el núcleo narrativo de El Villorrio lo componen cuatro relatos publicados entre 1930 y 1935, Loco por un caballo, Lagartos en el patio de Jamshyd, El perro y Caballos manchados, convenientemente adaptados y reescritos para que puedan en última instancia formar parte del relato principal, el que narra el ascenso de Flem y la caída de Mink Snopes.
No había, pues, un plan inicial de escribir una, o tres novelas, con Flem de protagonista, o antiprotagonista. Digamos que Faulkner topó con él, y con la interminable serie de parientes que le suceden y que van asentándose en aquellos puestos que Flem desdeña tras haberlos exprimido, cambiándolos por otros mejores.
Porque había Snopes en Santuario y en Absalom, Absalom. Más de treinta Snopes aparecen en las novelas de Faulkner, senadores, coroneles, comerciantes, campesinos. De Ab Snopes, el padre de Flem, nadie reconocería ser pariente. Un hombre al que “se le agrió el carácter” con fama de quemar graneros que finalmente llega al condado de Yoknapatawpha, donde debido a la amenaza en forma de incendio que representan el y su familia, Flem, en una absurda conversación donde lo más importante es precisamente lo que no se dice, consigue dejar los trabajos del campo y convertirse en el tendero de Varner en Frenchman’s Bend:

El nuevo dependiente era un hombre rechoncho y blando, de edad imprecisa entre los veinte y los treinta, con un rostro ancho e inmóvil que contenía una apretada costura a manera de boca, ligeramente manchada de tabaco en las comisuras, unos ojos del color del agua estancada y, sobresaliendo entre los otros rasgos como sorprendente y repentina paradoja, una diminuta nariz de animal de presa, algo así como el pico de un pequeño halcón. Daba la impresión de que el diseñador o artesano original no había tenido tiempo de colocar la primitiva nariz y que la obra inacabada había sido concluida por alguien de una escuela radicalmente distinta o quizá por algún humorista rematadamente loco, o por alguien que sólo había tenido tiempo de arrojar sobre el centro dela cara un frenético y desesperado signo de alarma.

Trad. J.L. López Muñoz.

La cuestión que se plantea en este inicio es quien ha sido más listo si Flem, que no ha hecho nada de forma activa, o Varner, que piensa que convirtiéndole en dependiente elimina la amenaza del posible incendio del granero y que acabará perdiendo la tienda (y muchas cosas más). Lo importante en El Villorrio es el enfrentamiento que se produce entre todo el pueblo y Flem Snopes, los intentos desesperados de Varner, J.K. Rattliff, Houston, Mink Snopes por conseguir derrotar en la forma que sea a Flem y la indiferente forma que tiene éste de vencerles sencillamente aprovechándose de la principal debilidad de sus oponentes: La ambición.
De nuevo, por la habilidad que tiene Flem de medrar y ascender socialmente, no gracias a su esfuerzo, si no por la avaricia de la sociedad que le rodea, el personaje se convierte en paradigma y prototipo de la nueva clase social que desbancará a los antiguos propietarios. Una nueva clase sin escrúpulos, amoral, sin capacidad para la culpa. La ausencia de culpa hace que Flem sea el antagonista que sin ninguna piedad derrotará a los Compson, a los Mc Caslin, a los Edmons, a los Sartoris, a los De Spain.

Tengo un especial cariño a esta novela que quizás deba ser calificada simplemente como recopilación de relatos (como lo era a su vez Desciende, Moisés y en cierta manera Las palmeras salvajes) y no sólo por el personaje de Flem. Hay un fragmento que sencillamente me parece el más brutal y perfecto ejemplo de lo que debe ser la narrativa, jugando tanto con lo que se narra como con la forma de narrarlo:
El capítulo dos del Tercer libro de El Villorrio se inicia así:

La mujer con la que Houston se casó no era hermosa.

A continuación durante unas quince páginas se cuenta la vida de Houston y la muerte de su mujer, una narración sobrecogedora que culmina con la soledad de Houston retando a Dios:

(...) Pero ahora no había otro cuerpo junto al suyo para que la luz de la luna se derramara sobre él, ni tampoco sitio para que otro cuerpo hubiese yacido junto al suyo. Porque el catre era demasiado estrecho y sólo quedaba la mancha brusca de sombra, color de tinta, donde dormía el perro invisible. Y allí estaba él tumbado, rígido, indomable, jadeante. “No lo entiendo” decía. “No sé por qué. Nunca sabré por qué. Pero no puedes vencerme. Soy tan fuerte como Tú. No me puedes vencer.”
Aún estaba vivo cuando cayó de la silla de montar. Había oído el tiro, y un instante después supo que tenía que haber sentido el golpe antes de oír el disparo. Luego la sucesión lógica de los acontecimientos, a la que llevaba treinta y tres años acostumbrado, se invirtió. Le pareció sentir el golpe contra el suelo mientras sabía que aún estaba cayendo y no lo había alcanzado todavía; luego ya estaba en el suelo, había dejado de caer, y al recordar lo que sabía sobre heridas en el vientre, pensó: “Si no empieza muy pronto a dolerme es que voy a morirme” Hizo un esfuerzo de voluntad para que empezase el dolor y durante un instante no pudo entender porque no sucedía así. (...)


Trad. J.L. López Muñoz.

La continuación de la historia en El Villorrio.


Previos:
Bibliografía
Una fábula
Mosquitos
Santuario
El ruido y la furia
¡Absalón, Absalón!
La paga del soldado
Desciende, Moisés
Intruso en el polvo
Sartoris
Pilón
Mientras agonizo
The reivers
Luz de agosto

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, una vez más.

Me ha encantado esta entrada sobre el Villorrio. A veces entiendo un personaje o lo siento pero no encuentro las palabras que articulen mi pensamiento y lo que aquí escribe sobre Flem es exactamente lo que yo entiendo.

De todos los libros que llevo leídos de Faulkner, éste es el que más me está hacienod sufrir para entenderlo, sin duda alguna, Luz de Agosto es el que me supone más esfuerzo porque va contra lo que yo quisiera leer pero éste me está retorciendo. He captado con facilidad el grueso del asunto pero hay montones de fragmentos que me lían y que no puedo dejar pasar, especialmente el comienzo del tercer libro que luego se vuelve mi favorito.

La ncesidad de entender y desenredar cada frase y párrafo no me agobió en otras novelas pero en esta me tiene pegada al libro.


De todas formas lo que más me ha sorprendido es que no se parece en nada al "Largo y Cálido Verano" y sin embargo, la película empieza ocn el nombre de William Faulkner. No sé qué hicieron con el guión porque me cuesta creer que el final fuera aprobado por el autor.

Muchas gracias una vez más por el comentario, si finalmente no puedo leer "La Ciudad", ni "La Mansión", al menos sé que estarán ahí sus entradas sobre ambas.

un saludo

Belén

Antonio Rodriguez dijo...

El capítulo titulado "Eula" es genial. Me me despernillé con él: nunca pensé que el rudo, masculino, violento y poético Faulkner pudiera ser a la vez tan chistoso. Gracias por este Blog. La verdad es que lo consulto muchas veces y me encanta. Bueno, es que Faulkner también me encanta.

Portnoy dijo...

Te contesto aquí a tus dos comentarios.
Faulkner tiene un sentido del humor bastante peculiar y soterrado. De hecho, siempre he pensado que Mientras agonizo es un chiste muy largo, de esos que contarían sentados en la escalera de lo de Varner.
Gracias por tus comentarios y me alegra que te guste el blog :-)
Un saludo

Antonio Rodriguez dijo...

Cuanta razón tienes, Portnoy. Cuando leí 'Mientras Agonizo', ya me pareció que en la novela se mezclaban muy bien lo épico, lo dramático y también lo grotesco:toda la familia arriesgando la vida por hacer cumplir la última voluntad de la madres, pero todos en el fondo más preocupados por sus intereses particulares: la hermana buscando un médico para abortar. El hermano pequeño no recuerdo bien qué quería comprarse. Y lo mejor de todo era el padre, loco por hacerse con una dentadura postiza y, ya de paso, por agenciarse una nueva novia: el muerto al hoyo y el vivo al bello. Luego he ido viendo que ese sentido del humor socarrón y un poco negro aparece también en otras obras de Faulkner. Me estoy acordando ahora de Jason Compson, en 'El ruido y la furia'. Las dos primeras partes de la obra son muy líricas -sobre todo la primera-, pero al leer esta tercera no puedo dejar de reírme. Y es que la maldad de Jason Compson carece de toda nobleza posible. Es una maldad prosaica, un 'hijoputa' corriente y molinete. Además, me hace gracia que el personaje sea tan cascarrabias y tan 'relatón'. Se queja de todo y de todos, hasta de los gorriones que pían en los árboles de la plaza y de las palomas que anidan en el reloj del juzgado. Y por supuesto, de los negros, a quienes tiene que 'dar de comer': si Abraham Lincoln liberó a los negros de los Compson, él hizo aún más; liberar a los Compson de los negros. A mi me parece que este humor es el contrapunto perfecto a la intensidad lírica de muchos de sus otros pasajes, un humor que redondea las obras y del cual, sin embargo, no se suele hablar mucho. En fin, te dejo ya, que no me gusta ser pesada ni alargarme demasiado. Seguiré consultando tu blog cada vez que se me tercie: me gusta como escribes. Gracias, Portnoy.

Portnoy dijo...

Gracias a ti por comentar. Me alegra que te sean útiles estas entradas sobre el más grande escritor estadounidense del siglo XX.
Saludos