26/1/06

Un Faulkner a la semana (X): Pilón

Pilón (Pylon) escrita en 1935 entre Light in August (1932) y Absalom, Absalom! (1936), es otra peculiaridad en la obra de Faulkner, una novela muy alejada no sólo de las dos citadas, sino del resto. Lejos también de sus escenarios habituales, la narración abandona el (ficticio) condado de Yoknapatawpha para desarrollarse en la localidad (ficticia) de Nueva Valois, réplica literaria de Nueva Orleans, no sé exactamente para evitar que clase de críticas a quienes gobernaban la ciudad y el estado de Louisiana (Franciana en la novela) que la novela pueda encerrar. Si la hubiese, que ya digo que no sé hasta que punto es así, el paso de los años hace un tanto inverosímil esta ocultación y lo mismo hubiese sido de haber estado ambientada en Jefferson, capital del condado de Yoknapatawpha o en Memphis , la otra ciudad “real” habitual en sus novelas.

El extraño título de la novela hace referencia a los dos altos pilones entre los cuales realizan sus acrobacias aéreas y sus carreras un grupo de pilotos. La aviación era una de las obsesiones de Faulkner. Ya hemos visto en Sartoris como juega un papel importante y como alguno de sus personajes, Gavin Stevens por ejemplo, tiene en su biografía personal el haber sido piloto de combate, detalle que, aunque le fue negado en su momento a pesar de haber recibido la instrucción necesaria, Faulkner añadía a la suya.

Para el escritor todo lo relacionado con la aviación tiene un carácter heroico, lo cual es la base de Pilón, una exposición de la excepcionalidad de las personas que forman parte del circo aéreo que disputan carreras en torno a dos torres:

Porque no son humanos como nosotros; no podrían dar vueltas a esos pilones como lo hacen si tuvieran sangre y sentidos humanos y no querrían o no se atreverían a hacerlo si tuvieran simplemente un cerebro humano. Quemadlos (...) y ni siquiera gritarán en medio del fuego; estrellarlos y ni siquiera sangrarán: será aceite lubricante, el mismo del cárter.


Son esos excepcionales seres humanos el objeto de Pilón, focalizados desde uno de los personajes más extraños surgidos de la pluma de Faulkner, el periodista innominado de quién “había oído decir que una chica de un cuchitril (...) había dicho que cobrarle sería como cobrar la consumición mínima a un espíritu en una sesión espiritista celebrada en un restaurante alquilado” Un hombre caracterizado por su extrema delgadez que en cierta manera le equipara a la muerte, intentando atrapar o al menos absorber algo de la esencia de esos seres humanos con aceite en las venas. Porque los aviones son el pretexto, pero la tragedia, como siempre, el objetivo... pero una tragedia que pierde parte de su fuerza al ser desvelada casi desde el principio de la novela.

La forma que Faulkner escoge para describir a sus personajes es habitualmente prescindir de cualquier detalle físico, si acaso uno o dos que le caractericen, y desarrollarlo a partir de su pasado y el de su familia. Es la historia quien hace al personaje y todo cuanto no es imprescindible para el relato no es descrito.
Pilón tiene la peculiaridad de que los diversos personajes determinantes de la narración están enfocados de distinta forma:

Jiggs, con cuyas andanzas tras unas botas en la ciudad se inicia la novela, uno de los más desconcertantes de las novelas de Faulkner, con ese humor peculiar del autor, es quien está descrito con mayor detalle: "Aquel rostro duro, recio y de barbilla breve, afeitado al ras, con un tajo largo como un hilo, recientemente restañado, y en el que los ojos pardos y ansiosos parecían abrirse de golpe y brillar como los de un chico que por primera vez se acercara a las ruedas aéreas y estrellas y serpentinas de un carnaval nocturno; la gorra de visera sucia, torcida y fanfarrona, el cuerpo pequeño, grueso y demasiado musculoso (...) unas piernas cortas, fuertes, gruesas y rápidas (...)"

Roger Shumann, el piloto, el verdadero héroe aéreo , es descrito entre paréntesis: "(no siendo alto, y con unos ojos azules en un rostro cuadrado, delgado y hondamente serio)" y es el único de todos los personajes que tiene nombre y apellidos.

Jack, el paracaidista, siendo de los tres hombres el más posesivo respecto a la mujer, sólo tiene su nombre, su trabajo en el espectáculo, paracaidista, y un fino bigote. La parte perdedora de la terna Roger, Jack, Laverne, y, por eso, la más resentida y violenta.

Por su parte, Laverne, la mujer no es descrita en ningún momento, salvo algún apunte sobre su pelo rubio y su mancha de grasa en la frente. Su presencia altera de tal forma a los hombres que quizás sólo pueda ser explicada como fuerza de la naturaleza y, por consiguiente, tal como escoge Faulkner, indescriptible.

Todos los personajes se creen en la obligación de describir al periodista, de forma que su desgarbada figura pasa por todos los puntos de vista. Su nombre jamás es mencionado, aunque sí es motivo de discusión y asombro. Y como en T.S. Eliot, de quien toma nombre uno de los capítulos de la novela, La canción de amor de Alfred J. Prufrock :
Ellos dirán: «¡Ay, cuán flacos tiene los brazos y las piernas!
¿Me aventuro yo acaso a perturbar el universo?

El periodista intentará, inútilmente, perturbar el universo, el destino...

En fin, sea como sea lo que verdaderamente asombra en Pilón, y en muchas otras novelas de Faulkner es cómo a partir de unos personajes prácticamente esquemáticos en su concepción o presentación, no en su, digamos, intensidad vital, y de la exposición de un narrador omnisciente que se niega de forma persistente a introducirse en la cabeza de los personajes y explicarlos psicológicamente, me refiero a lo que los propios personajes podrían considerar como autoexplicación de sus actos, de su forma de ser, simplemente empleando el pasado y destacando unos actos sobre otros, se puede llegar a crear unos personajes y unas historias de tan profundo calado literario y emocional.
En Pilón la historia de estos personajes casi simbólicos está marcada por un único acto:

¿Dos hombres con una mujer y un niño en medio? (...) Para que hables de inmaculadas concepciones: nacido en un paracaídas desplegado en un hangar de California y el doctor fue a la puerta y llamó a Shumann y al tipo del paracaídas. Y el tipo del paracaídas sacó los dados y le dijo a ella: “¿Quieres hacerlo?” Y ella dijo: “Échalos tú”, y caen los dados y Shumann sacó más puntos y aquella tarde trajeron al juez de paz en el camión de la gasolina y por eso el nombre de ella y del chico es Shumann.


En medio de esta sordidez itinerante se introduce el periodista como respondiendo a una llamada animal que no se ha producido.
Luego, se desarrolla la tragedia. Quizás no tan intensa como en otras ocasiones, por desvelarse demasiado pronto, por ser, en cierta manera, previsible, o, quizás, demasiado conocida por aquellos que transitamos los senderos de Faulkner.


Previos:
Bibliografía
Una fábula
Mosquitos
Santuario
El ruido y la furia
¡Absalón, Absalón!
La paga del soldado
Desciende, Moisés
Intruso en el polvo
Sartoris