Mostrando entradas con la etiqueta ciencia-ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia-ficción. Mostrar todas las entradas

1/9/13

Upstream Color, de Shane Carruth




No voy a intentar dar una explicación del film.  El director ha dejado claras sus intenciones en varias entrevistas y hay muchos intentos exhaustivos de interpretaciones subjetivas de la película en la web. Y esa es la clave, que solo podemos dar una interpretación subjetiva.
Upstream Color no es una película sencilla en lo que a la trama se refiere. El espectador queda desconcertado por una serie de sucesos que responden a distintos ciclos vitales interconectados (orquídeas, gusanos, humanos, cerdos, orquídeas) que tienen el propósito de anular la voluntad de los individuos no tanto para apropiarse de sus bienes materiales y su modo de vida, lo que constituye la primera fase de un experimento atroz, sino para sustraerles su propia esencia como personas, su memoria y sus sentimientos, ligándola, de una manera esotérica o teleempática, con la de un cerdo. Puede considerarse, en suma, una reflexión sobre la condición humana o una alegoría sobre la imperfección de nuestra existencia. Puede.
Pero a la interpretación que cada uno de nosotros puede hacer de la película se sobrepone la película en sí. Porque lo importante de Upstream Color no es tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta. Shane Carruth crea una obra personal a todos los niveles: escribe, dirige, interpreta y crea la banda sonora. Su voluntad no es tan solo concebir una película compleja y hermética abierta a interpretaciones como ya hizo con Primer. Hay en Upstream Color una intención estética muy cuidada. Pero no tanto en el sentido de buscar la belleza, que también está presente, sino en el de adecuar las imágenes, el sonido, la música, a la narración. Creo que últimamente he visto pocas películas en las que todos los elementos formen un conjunto tan armónico como en Upstream Color.





Imagino que más de uno que siga esta recomendación querrá después tirarme un ladrillo a la cabeza. Se trata de una película compleja, pero no incomprensible, que en ocasiones es demasiado contemplativa y se regodea en exceso en primeros planos a la actriz principal (algo que siempre me parece sospechoso y que vulnera el sobreentendido) Pero se trata de una película hermética, con una realización que combina trama e imagen hasta rozar la perfección, con una trama subyacente de ciencia-ficción y abierta a interpretaciones… ¿cómo podría no gustarme?












Puede ser también una alegoría sobre la arbitrariedad de la divinidad y nuestra indefensión ante quien nos controla. Al inicio de su abducción el hombre que controla a Kris le dice, en previsión de un futuro recuerdo, para no ser identificado ni recordado:
“Nací con una malformación. Mi cabeza está hecha del mismo material que el sol. Esto hace que te sea imposible mirarme directamente”


Dios cría cerdos. Nosotros somos un instrumento desechable.
Ahora tendré que leer Walden para descubrir ese otro sentido de la película relacionado con Thoreau.

Pulsando aquí, la visión de Hanna O. Semicz: Upstream color

1/8/07

Vacaciones



La Zona es un sistema muy complicado de trampas, todas son mortales. No sé qué pasa aquí cuando no hay nadie, pero cuando alguien aparece, todo se pone en movimiento. Las viejas trampas desaparecen y unas nuevas emergen. Parajes, anteriormente seguros, se vuelven intransitables. Ahora tu camino es fácil, después puede ser complicado y sin esperanza. Así es la Zona. A veces puede incluso parecer caprichosa. Pero nosotros mismos la hacemos según nuestra propia condición. Hubo gente que tuvo que parar y dar media vuelta. Algunos murieron incluso en la mismísima entrada de la Habitación. Pero todo lo que pasa aquí, no depende de la Zona ¡sino de nosotros!

Stalker, de Andrei Tarkovsky



Vacaciones


4/3/07

The host, Gwoemul (2006) de Joon-ho Bong




-(...) mucha gente me ha preguntado a quién representa el monstruo. ¿La guerra de Irak?¿El capitalismo?¿El turismo? ¿Bush, como dice usted? Supongo que representa todo eso. Ahí está el encanto de la ciencia-ficción, en la gran cantidad de interpretaciones. Para mí, sin embargo, se trata básicamente de un animal, porque lo que me interesa realmente es la lucha de una familia frente a una situación que escapa a su control. Y me interesa comprobar que están solos, que nadie va a ayudarles. En nuestra sociedad todo el mundo va a la suya.
-Me temo que ese no es un problema exclusivo de la sociedad coreana.
-Lo sé, lo sé, pero, por otra parte, creo que es una cuestión más acusada en aquellos ciudadanos gobernados por un poder restrictivo. En mi país desapareció hace años la dictadura militar, pero el Gobierno mantiene una actitud decididamente autoritaria. Los coreanos, para protegernos de él, tendemos a encerrarnos en un caparazón.
-¿Así que el monstruo simboliza al Gobierno coreano?
-Usted lo ha dicho.

Entrevista con Bong Joon-Ho, por Nando Salvá, publicado en Exit, El Periódico de Catalunya.





¿Nos debe interesar el posible simbolismo de The Host? Es decir, ¿la impotencia del ciudadano ante el Gobierno, el Ejército, la administración, es distinta ahora, o es distinta en Corea, a como Kafka nos la describía en El Castillo o en El Proceso?
En ese sentido, en el kafkiano que muestra la indefensión del individuo ante las instituciones, Bong Joon-Ho ha dirigido una película cuyo tema es universal, el monstruo ciego e indiferente que devora todo a su paso y frente al que no es posible la lucha.




Pero por otra parte todo monstruo es sintomático de un mal o de una amenaza... tal vez como sociedad estemos ya condenados, pero como individuos, como familias, la lucha es ineludible.




Pero lo que hay que agradecer realmente Bong Joon-Ho es el planteamiento de la historia. La forma de construir películas en oriente siempre nos sorprende por la otredad de su punto de vista. Los orientales, como Otros extraños a nosotros en tradiciones y cultura, no están sometidos, al menos no tan descaradamente a como sucede entre nosotros, en occidente, a unos dogmas narrativos impuestos desde estamentos económicos ajenos a la creación artística. Cuando incluso Scorsese cae en la actualidad, en The Departed, en las trampas de los finales justicieramente maniqueístas impuestos en los años 50 por motivos absurdamente políticos (¿qué tiene que ver la política con el cine?) debemos aceptar que el cine occidental está anclado en unos patrones que se repiten hasta la saciedad. Formulas que garantizan la inversión económica de los estudios y productores y dejan en segundo plano cualquier intención creativa.



The Host es, contra esos dogmas de mercado, una película saludable que demuestra la necesidad de renovación del cine occidental, la posibilidad de otras formas narrativas que aúnen lo comercial con lo creativo. Vamos, que no hace falta que siempre aparezca un tipo con camiseta imperio pegando tiros a diestro y siniestro para solucionar los problemas (a pesar de lo que eso nos pueda divertir):

Cuando Hollywood hace una película como esta, la protagoniza un héroe valeroso o un científico brillante. Para mí era importante que los protagonistas fueran improbables, raros. Si tienes a los personajes más débiles e indefensos luchando en una misión muy complicada, te proporciona una mayor riqueza de emociones humanas. Ya lo hice así en Memories of murder.
De la entrevista de Exit.




The Host, Gwoemul, es una película muy interesante por muchos conceptos.
(Como dice Alvy: Gritemos juntos: Pero que buena que es, joder)

Y sí, la realidad es así de dura.(Esta frase la comprenderán quienes hayan visto la película)

La reseña de j. para ochoymedio

31/1/07

Philip K. Dick (y II)

Y entonces yo me pregunto, en mi escritura, ¿Qué es real? Porque incesantemente somos bombardeados con pseudo-realidades creadas por gente muy sofisticada usando mecanismos muy sofisticados. Yo no desconfío de sus razones; desconfío de su poder. Tienen mucho. Y es un poder inmenso: ese de crear universos enteros, universos de la mente. Yo lo tengo que saber, hago lo mismo. Mi trabajo es crear universos, una novela tras otra. Y yo tengo que construirlos de tal manera que no se derrumben a los dos días. O al menos eso es lo que mis editores esperan. Sin embargo, les voy a revelar un secreto: A mí me gusta construir universos que se derrumban. Me gusta verlos deshacerse, y me gusta ver cómo los personajes en las novelas lidian con ese problema.
Tengo un amor secreto por el caos.

Philip K. Dick; Cómo construir un Universo que no se desmorone en dos días, traducción de Javier Moreno


(continuación de Philip K. Dick)


Decíamos que en cierta manera Dick refleja en sus obras la sociedad (convulsa)en la que vivió. Hasta que punto ese hecho puede ser sintomático de la (también convulsa) personalidad del autor es algo en lo que no profundizaremos. Nos quedamos sólo con sus novelas y relatos, la realidad, el ser humano y la sociedad de la Guerra Fría. Como resulta que es bastante terreno por explorar supongo que podría intentar resumirse en unos cuantos puntos:

Realidad: El acierto narrativo de Dick en este tema es el de mostrarnos siempre una realidad aparentemente distorsionada pero siempre desde el punto de vista subjetivo de uno de los personajes. Por ejemplo, el gran acierto narrativo de Los tres estigmas de Palmer Eldrich es no indicar nunca al lector en que nivel de realidad se encuentra el personaje. Es un argumento recurrente en Dick que una realidad aparentemente coherente para los protagonistas de las novelas empiece a mostrar incomprensibles fisuras que hacen que ellos deban cuestionarse la validez de cualquier tipo de realidad. Los andrillos de ¿Sueñan los androides...? no se distinguen de los humanos a causa de sus recuerdos implantados, sino a causa de su falta de empatía por el resto de seres vivos; la pregunta que plantea el relato es si un androide con empatía, ¿Deckard?, se distinguiría de los humanos. Es decir, y ese es la pregunta central que suscita la obra de Dick, una realidad inducida, falsa, podría ser tan real como la que aceptamos como “Realidad”

(entiendo que la queja de j. en los comentarios se dirigía en este sentido, las realidades de Dick no son “inconsistentes lógicamente”, al contrario... pero yo me refería a que a los personajes de Dick les era posible cuestionarse la validez de sus realidades inducidas (o no) debido a pequeñas inconsistencias... en fin, matices)

Bloques: El que en muchas novelas de Dick se mantenga una sociedad global surgida del enfrentamiento de los bloques soviéticos (comunistas) y estadounidenses (capitalistas) el ejemplo más claro de transposición de la realidad social de Dick a la ciencia-ficción. Pero Dick da un paso más ya que en muchas de sus novelas los bloques no actúan motivados por intereses políticos enfrentándose sino que se alían para someter o engañar al resto de la humanidad. La ficción que los dos bloques conjuntados crean en el planeta tiene el efecto de una realidad falsa para los protagonistas de las novelas de Dick. Como intermediarios entre los dos bloques actúan grupos empresariales internacionales ajenos a toda ideología política. La penúltima verdad o La pistola de rayos exploran esas circunstancias que podrían elevar a Dick a la categoría de visionario a lo Jules Verne en lo que concierne a un futuro (el del autor) en el que los grupos económicos serían capaces incluso de distorsionar la realidad para mantener su parcela de poder. Economía como sustituto de la Ideología.

Colonias: En el universo consistente de Dick el ser humano se ha expandido por el sistema solar, e incluso ha llegado a planetas extrapolares. Muchas son las variedades narrativas de esa expansión, desde la condena que supone quedarse en la Tierra en ¿Sueñan los androides...?; la monotonía de la vida en Marte que sólo puede soportarse por juegos y drogas que combinados sostienen realidades falsas en Los tres estigmas de Palmer Eldrich; la colonia-manicomio abandonada en la Luna Alfana en la que se establece una sociedad de castas en la que cada uno de sus individuos padece una determinada enfermedad psicológica... No hay una épica de la conquista espacial en Dick, para él la colonia espacial en un escenario perfectamente válido que no merece mayor explicación. En ese sentido Dick es muy respetuoso con su lector.

Cogn o Precogn: En muchas historias de Dick aparecen estos curiosos personajes cuyas habilidades psico-lo-que-sea les permiten conocer el futuro. Lo curioso en Dick es que estas extraordinarias aptitudes son empleadas siempre al servicio de grandes empresas en las labores más prosaicas y extrañas: Policías, publicistas, guardaespaldas, diseñadores de armas... Lo extraordinario, lo sobrehumano ayudando al capitalismo despiadado.

Androides y robots: Los robots no suelen interesarle demasiado a Dick. En las obras que aparecen suelen ser objetos obsoletos carentes de utilidad. El androide, según Carrère, es lo opuesto a ser humano y desde él, desde su opuesto, permite definir lo humano, una de las ambiciones de Dick. El androide adquiere así un nuevo significado: si el androide es indistinguible del humano, ¿no es también humano? Es el (gran) tema de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Dios: Tal y como lo entendemos Dios sería garante de que el mundo físico fuese uno y que además respondiese a lo que nuestros sentidos nos comunican. Con estos criterios Dios no tendría especial relevancia en la obra de Dick. Sin embargo, sin ser extremadamente religioso, Dick tenía arrebatos místicos que anonadaban a los oyentes de sus conferencias. Es decir no aceptaba la imagen ortodoxa que las religiones nos ofrecen de Dios y sin embargo era capaz de entregarse a furibundas digresiones teológicas de las que nunca podía desprenderse, al igual que en sus novelas, si creía o no en la idea de Dios. El Mercerismo una especie de religión que arrastra a las masas en ¿Sueñan los androides...? acaba descubriéndose un montaje. Pero en el momento en que se descubre la superchería Mercer trasciende de su escenario cinematográfico. La ferviente religiosidad de uno de los personajes hace que el mundo que se describe en Ojo en el cielo sea de una irracionalidad chocante, pero que le permite, al mismo tiempo, descubrir su lastimosa situación “real”... si el ojo-en-el-cielo puede ser la mirada de Dios, también puede ser la de gigantes extraterrestres que juegan con los seres humanos como lo haría un niño con sus muñecos.
La figura de Dios es ambivalente en su obra. Puede que Dick no fuese creyente, pero la discusión teológica era fundamental en su vida.

Extraterrestres: Me resulta muy significativo que, sabiamente, las entidades de otros planetas no sean descritas por Dick. Aparecen raramente en sus obras, pero cuando lo hacen adoptan el aspecto de algo circunstancial: La aparición de naves extraterrestres precipita los acontecimientos en La pistola de rayos, pero forma parte del decorado en que se desarrolla la acción; los amigos de Frolik 8 o lo que encontró Preston en su iniciático viaje en Lotería solar tienen el mismo cometido narrativo.

Intentar agrupar todas las novelas de Dick en un único universo coherente es imposible. Cada una de sus novelas es coherente, cierto, pero el autor no supeditó el conjunto de su obra a una idea general. Cada una de sus novelas y relatos es un mundo independiente que se agota en sí mismo (excepto por las preguntas que suscita) Que el papel de los extraterrestres quede reducido al de comparsa o aparezca como trasfondo tiene su sentido ya que lo que verdaderamente interesa a Dick son los problemas humanos. Cada una de sus novelas nos presenta a uno o varios personajes enfrentados a un dilema en muchas ocasiones moral cuya solución no es necesaria narrativamente, y es una de las pocas cosas que se le pueden reprochar a Dick, que escoja un final para cada una de sus historias. Pues en Dick nos interesa la problemática, no el desenlace.

Podría introducir otros elementos recurrentes como las drogas, las enfermedades mentales, los aparatos que inventa para sus novelas, pero creo que da una ligera idea de lo que son los universos consistentes de Dick, mundos anclados en el pasado (en el presente de Dick) y que miran al futuro del ser humano pero desde su interior, no desde una perspectiva tecnológica sino humana, moral, filosófica. Acabaré con dos citas que encontré por ahí (respondo de la primera, que es de la conversación con Bolaño, no de la segunda):

Me parece, insisto, que a Dick lo que menos le interesa es el futuro como territorio porque ya se siente excluido del presente. El futuro sólo puede significar peores noticias, la tecnología jamás le despertó la menor esperanza (...)
Rodrigo Fresán


El hecho de que Dick sea entretenido se basa en que sus relatos mezclan la realidad y la locura, el tiempo y la muerte, el pecado y la salvación - y todo esto escapa a la mayoría de los críticos. Nadie dice que tenemos nuestro propio Borges local.
Ursula K. LeGuin


Otros enlaces:
Philip K. Dick (I)
Los tres estigmas de Palmer Eldrich
Bolaño, Roth y Dick
El hombre que sabía demasiado, por R. Fresán
Lem y Dick
Un visionario entre charlatanes,de S. Lem (en Términus Trántor)
Dick, bibliografía
El archivo paranoide de Philip K. Dick (en Escuela de Letras)

27/1/07

Congreso de Futurología, Stanislaw Lem

Tichy, lo haré por usted. Voy a vulnerar el secreto profesional. Todo cuanto acaba de decirme, lo saben hasta los niños, y no puede ser de otra manera. El progreso no pudo más que seguir esa vía desde el momento en que después de los narcóticos y los alucinógenos se pasó a los llamados psicofocalizadores de poderosa acción selectiva. Pero la verdadera revolución tuvo lugar hace veinte años, cuando lograron sintetizar los maskones, es decir los hapuntores o alucinógenos punteados. Los narcóticos no separan al hombre del mundo, sólo modifican su relación con el mismo. Los alucinógenos enturbian y velan todo el mundo. Ya se convenció usted mismo de ello. En cambio los maskones falsifican el mundo. (...) Maskones viene de máscara. Al introducir en el cerebro los adecuados maskones sintetizados, es posible velar un determinado objeto del mundo exterior con unas imágenes ficticias hasta el extremo que el individuo enmaskonado ya no sabe lo que es real ni lo que es ilusorio. Si viera en un abrir y cerrar de ojos el mundo que en realidad nos rodea, en lugar de esa quimicomascarada maquillada, le aseguro que se quedaría asombrado.
—Espere, espere, ¿qué mundo? ¿Dónde está? ¿Dónde puede contemplarse?
—Aquí mismo, si lo desea —me susurró al oído, mirando furtivamente a su alrededor.
El profesor vino a sentarse a mi lado y dándome por debajo de la mesa un frasquito de cristal, me susurró:
—Esto se llama antic, del grupo de los ocicanos, un potente específico antipsiquímico derivado de la nitrodasilcova peiotropina. El solo hecho de llevarlo encima, aun sin tomarlo, es un grave delito. Destape el frasco debajo de la mesa, lléveselo a la nariz y huela, pero solamente una vez, somo si oliera amoníaco o sales. Y después... que sea lo que Dios quiera. ¡Domínese, aguante, no lo olvide!
Las manos me temblaron al abrir el frasco. Apenas si tuve tiempo de oler su fuerte aroma de almendra, cuando el profesor y a me lo había quitado. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Al frotármelas con los dedos y volverlos a abrir, se me cortó la respiración: La magnífica sala del restaurante, sus alfombras, sus palmeras, las paredes de mayólica, con el elegante resplandor de las mesas, la orquesta de cámara que tocaba en el fondo de la sala acompañándonos con su música hasta los postres, ¡todo eso se había desvanecido!
Nos encontrábamos en un bunker de hormigón, ante una mesa de madera desnuda, con los pies sobre una vieja estera de paja. La música continuaba, pero ahora salía de un altavoz colgado de un alambre. Los candelabros de cristal habían cedido el puesto a una bombilla polvorienta. Pero la metamorfosis más espantosa fue la de la mesa. El albo mantel había desaparecido; la fuente dé plata con las perdices aderezadas sobre unos picatostes se había convertido en un plato de loza en el que había una papilla pardogrisácea muy poco apetitosa, que se pegaba al tenedor de cinc, pues también había desaparecido la cubertería de plata. Me quedé pasmado, mirando la porquería que unos segundos antes estaba saboreando, delectándome con la piel crujiente de las doradas perdices puestas sobre sus picatostes espesos bien asados por encima y bañados en una deliciosa salsa por debajo. Lo que antes se me habían antojado ser las ramas de unas palmeras se acababan de convertir en unos simples cordones de los calzones del individuo que junto con otros tres se hallaba inmediatamente encima de nosotros, en una especie de balcón que más se parecía a un estante por lo estrecho... ¡Y que gentío, madre mía!
Creí que los ojos se me salían de las órbitas cuando esa imagen horrible vaciló y fue desvaneciéndose, como tocada por una varita mágica. Los cordones de los calzones fueron reverdeciendo junto a mí y se transformaron nuevamente en ramas de palmera, el cubo de la basura que tenía a tres pasos, fue cobrando un oscuro brillo hasta transformarse en un hermoso florero esculpido; la negra superficie de la mesa se cubrió de blancura, como de nieve recién caída; resplandecieron los vasos de cristal tallado; la papilla pardogrisácea fue recobrando formas de noble asado, brotando en su lugar las alas y los muslos; los cubiertos volvieron a refulgir con su plata antigua... y por la sala iban y venían los camareros con sus fracs. Miré a mis pies: la estera de paja se había transformado en una rica alfombra persa, y devuelto al lujoso mundo, jadeante, me quedé mirando la rica y jugosa pechuga de las perdices, incapaz de olvidar lo que camuflaban...
—Ahora es cuando comienza a aprehender la realidad, Tichy —me dijo en voz baja Trotelreiner, mirándome a la cara como si temiese mi violenta reacción—


Congreso de futurología, Stanislaw Lem, 1971 (Traducción de Melitón Bustamante)

24/1/07

Philip K. Dick

En el número 10 de Hermanocerdo aparecía, traducido por Javier Moreno de La balada del elefante azul , una conferencia que Philip K. Dick debía dar y nunca dió en la Universidad de Missouri en Holla, títulada Cómo construir un universo que no se derrumbe en dos días y en las que Dick vuelca sus obsesiones místicas recurrentes. El texto es interesante por que en él Dick define su obra a través de dos impulsos básicos, dos preguntas que se convierte en sus máximas narrativas:

Pues bien, voy a contarles qué me interesa, qué considero importante. No puedo afirmar que soy una autoridad en ninguna cosa, pero puedo decir con honestidad que algunas cosas me fascinan por completo, y que escribo sobre ellas todo el tiempo. Los dos temas que me despiertan fascinación son “¿Qué es la realidad?” y “¿Qué constituye el auténtico ser humano?” Durante los veintisiete años que llevo publicando novelas y relatos he investigado estos dos temas interrelacionados una y otra vez. Me parece que son asuntos importantes. ¿Qué somos? ¿Qué es eso que nos rodea y que llamamos el no-yo, o el mundo empírico o fenomenológico?

Según sus propias palabras la Realidad y el Ser Humano son los temas en los que se sustenta la narrativa de Dick. En esas condiciones, lo importante es entonces definir la Realidad y el Ser Humano. Pero Dick nunca aborda el tema directamente, para tratar la Realidad sumerge a sus personajes en ambientes “subjetivamente reales” pero inconsistentes lógicamente, para tratar al Ser Humano introduce elementos mesiánico-religiosos que trascienden (aunque a veces de manera un tanto ingenua) lo humano y, en una de sus obras más conocidas, le enfrenta a su opuesto, el replicante, el androide o el robot.
¿Qué no es real? ¿Qué no es humano? Son dos nuevas preguntas, las mismas de hecho, con las que Dick intenta responder a sus obsesiones narrativas.

Así Dick incidió principalmente en la subjetividad de las percepciones que conforman lo que entendemos coloquialmente como “realidad”. Pero además personalmente vivía una particular realidad en la que a la subjetividad se le unía cierta tendencia a la paranoia conspirativa, de forma que muchos de las cuestiones que planteaba en sus relatos y novelas eran para él su realidad diaria. Dick era un maestro para exacerbar lo cotidiano y distorsionarlo de forma que en muchos momentos de su vida sus problemas psicológicos o los inducidos por la química conformaban una “realidad” inestable que le enfrentaba con quienes compartían su vida. En ese sentido la obra Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick, 1928-1982 de Emmanuel Carrère plasma la angustiosa “realidad” (esta vez más entrecomillada que nunca ya que nos llega a través de una tercera persona) del autor y los avatares que sufrió a lo largo de su vida: Visionario, sanador, mesiánico, paranoico, esquizofrénico y nada de todo eso, todas esas personalidades alternándose y confundiéndose.
Es posible pensar que Dick odiaba lo vulgar hasta el punto de crear para sí mismo algo que podríamos calificar de personalidad extravagante. Por otra parte también es posible creer que muchas de las cosas que escribía Dick las suscribía personalmente:

(...) Miren —agregó extendiendo la mano, que pasó a través del panel acolchado de instrumentos La mano desapareció como si la hubieran cortado en la muñeca.
»— ¿Lo ven? En torno de mi todo es como una sombra, todo carece de sustancia. Lo mismo sucede con ustedes dos; los puedo hacer desaparecer simplemente no prestándoles atención. Creo que puedo, aunque en realidad no quiero hacerlo —la angustia enronqueció su voz—. Desearía que ustedes fueran reales, que todo fuera real
(...)
—Si, señor Cupertino —suspiró el doctor Green—. Eso es posible desde mediados del Siglo Veinte. Esas técnicas fueron desarrolladas en un principio en el Instituto Pavlov de Moscú, ya en 1940, y se perfeccionaron durante la guerra de Corea. Es posible hacerle creer cualquier cosa a una persona.

P.K. Dick, Síndrome de retirada, 1965 recopilado en La pequeña caja negra.

Dick fue un gran lector. Es posible que literariamente no fuese un escritor destacable. Pero fue un escritor sumamente imaginativo capaz de absorber conocimientos de todo tipo de fuentes (científicas, filosóficas, históricas, teológicas...) para después, interpretados los datos a su manera, fundamentar su relatos.
Pero si hemos dicho que la personalidad de Dick se mostraba de diferentes maneras, también debemos admitir que esas alteraciones se corresponden con el comportamiento de la sociedad estadounidense de su época. La Guerra Fría constituye un periodo en el que el miedo es el principal protagonista. Un miedo real a la destrucción masiva por medio de armas nucleares y una utilización de ese miedo por parte de los gobiernos y grupos de poder para beneficio propio. De hecho se puede considerar que los temas de las obras de Dick son un reflejo que él coloca en un futuro no demasiado lejano de la sociedad estadounidense de su época.

(continuará)

P.K. Dick, bibliografía