Mostrando entradas con la etiqueta Suicidios ejemplares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Suicidios ejemplares. Mostrar todas las entradas

31/7/07

Suicidios Ejemplares, los tres relatos finales, De E. Vila-Matas

Antes de dejar el blog bajo mínimos durante unas cuantas semanas quería finalizar los comentarios de los relatos de Suicidios ejemplares de E. Vila-Matas que quedan por reseñar, concretamente Me dicen que diga quién soy, Los amores que duran toda una vida y El coleccionista de tempestades.

En la cita final se nos pide que terminemos con la literatura como si ésta fuera igual que la vida:

Pero no hagamos ya más literatura. Por este mismo correo (o mañana) te envío, certificado, mi cuaderno de versos, que guardarás, y del que podrás disponer para cualquier fin como si fueras yo mismo. (...) Adiós. Si mañana no consigo la estricnina en dosis suficientes, me arrojaré al metro... No te enfades conmigo.
Mario de Sá-Carneiro (en carta a Pessoa, 31 de marzo de 1916)

No consumó su muerte ese día. Pero apenas un mes más tarde, Sá-Carneiro se suicidó. Con esa decisión, Sá-Carneiro se diluye como autor y junta su nombre al de Pessoa, convirtiéndose en algo así como un heterónimo independiente del autor del
Libro del desasosiego. Eso sería literatura: “No hagamos más literatura”, busquemos deliberadamente la muerte y construyamos una existencia literaria.
La realidad y la ficción como siempre en conflicto.
Este conflicto, esta paradoja es el motivo recurrente que recorre los relatos de Vila-Matas. Pero para hacerlo aún más paradójico en ocasiones centra sus historias en autores literarios, de forma que la narrativa previa se convierte en objeto de la narración, exacerbando la dicotomía entre la ficción y “eso que convenimos en llamar realidad”. Ya sé que hay muchos lectores a los que dicha recurrencia les parece inconveniente o pesada, pero yo la encuentro perfectamente válida. Es más, no encontraría destacable a Vila-Matas sin esa reflexión sobre la propia escritura dentro de los límites del relato.
La asesina ilustrada, una de sus novelas que algún día me gustaría comentar, es un ejemplo claro. Pero también podemos encontrarlos dentro de sus relatos.

En
Me dicen que diga quién soy asistimos a un relato en el que el narrador es cuestionable: Por una parte parece mentir debido a su naturaleza demoníaca, por otra, en una lectura “inversa”, es el propio Vila-Matas quien nos conduce, quien nos dice “quién es”, quién se esconde tras su (ya celebre) bifronte "Satam Alive". Ya sabemos que el relato lo escribe Vila-Matas, pero ¿quién es su narrador? La identificación narrador-autor, que parece un reflejo automático del lector sin ningún fundamento lógico, viaja en dos sentidos: De la naturaleza perversa (capitalmente pecaminosa, quizás) del narrador llegamos a la identificación de éste con el autor del relato y, al mismo tiempo, esa “maldad” nos impide creerle.

En
Los amores que duran toda una vida el relato se articula en torno al diálogo entre una mujer, Ana-María, que ejerce la función de narradora, y su abuela. La historia objeto del relato nos es ofrecida fragmentariamente a través de lo que nos cuenta en primera persona Ana-María y lo que la abuela cree o la narradora piensa que cree, sobre lo que ella le está contando. En torno a un argumento en el que se expone un suicidio por motivos sentimentales, Vila-Matas hace crecer una red de réplicas y contraréplicas, que no cae en la monotonía habitual de los relatos dialogados, a través de las cuales la historia se magnifica. Pero, al mismo tiempo, a pesar de su artificiosidad narrativa, Vila-Matas sabe desaparecer dentro del relato. Y quiero destacar este detalle porque me parece que es de los pocos autores que no solo se atreve a invocar narradoras para sus obras, sino que consigue que esas voces femeninas sean tan creíbles como todas las demás de su producción. En el último relato del libro, El coleccionista de tempestades, Vila-Matas vuelve a emplear a una narradora. Pero quizás lo más interesante es que esa elección no viene determinada por las consecuencias narrativas del mismo relato, sino que es una opción personal del autor sin que ello condicione el texto. Es un subterfugio que forma parte del arte de desparecer.

Desapareciendo dentro de sus historias Vila-Matas logra algo que muchos narradores debería analizar seriamente si quieren lograr que sus textos fluyan con naturalidad. Porque a pesar de la constante recurrencia a la paradoja metaliteraria los textos de Vila-Matas son plausibles; los narradores y personajes tienen vida y voz propia; los recursos estilísticos se insertan con naturalidad dentro de relato mostrando al lector un atisbo de “realidad” para que su oposición a la ficción que sostiene entre sus manos sea aún más evidente.

En mi caso literatura y vida están fusionadas. Creo que no hay nada más cervantino que la unión entre vida y literatura. Nada me obliga a tener que elegir entre una y otra. Pero en el caso de que tuviera que elegir puede que eligiera a la literatura, pues en algunas ocasiones como lector he encontrado más intensidad en la lectura que en la vida. Es una cuestión de intensidad.

E. Vila-Matas, entrevista a La movida literaria

Suicidios ejemplares
Muerte por saudade
En busca de la pareja eléctrica
Rosa Schwarzer vuelve a la vida
Rosa Schwarzer, apostillas
El arte de desaparecer
Las noches del Iris Negro
La hora de los cansados
Un invento muy práctico

24/7/07

Un invento muy práctico, Suicidios ejemplares VII, E. Vila-Matas

Poca cosa diremos sobre este relato (en realidad poco digo de ellos)
El título del relato hace referencia a la creación literaria de un personaje. El personaje como invento práctico. La narradora epistolar del relato hace uso repetidamente de esa invención.
Pero lo que es verdaderamente interesante en lo que nos propone Vila-Matas es la identificación, sin paliativos, entre escritura y locura:

"(...) recordé que hay quien escribe cartas para vengarse de alguien, o de algo, o bien para huir de la obsesión constante de la muerte o para huir del gran bostezo universal, o simplemente para pasar el rato, que ya es mucho, y así huir de la locura que, tarde o temprano, a todos nos amenaza, y me dije que si la locura era todo un misterio también lo era la escritura y que (...) lo que predominaba no era el misterio de la locura sino más bien, pura y simplemente, el misterio de la escritura (...)"

De esta manera Un invento muy práctico se convierte en un alegato a favor del placer de la escritura y también en una explicación de los motivos literarios de Vila-Matas. Se han comentado negativamente en muchas ocasiones los temas y los modos empleados por el autor para comunicar al lector su personal imaginario que se alimenta prácticamente de literatura, permitiéndole huir del “gran bostezo universal” y permitiéndonos huir a nosotros también. La fuga del lector... creo que ese es en el fondo el gran motivo de ser de la literatura.
Vila-Matas nos recuerda que para cuando el lector empieza su huida el autor está ya a mil kilómetros de allí.
El autor inventa a la escritora de Un invento muy práctico. Ella inventa a Rita Rovira y ésta a Barrymore. Tal vez también la Susana a quien va dirigida la carta sea un invento muy práctico... tal vez los lectores inventemos a Vila-Matas.

Huiremos de la obsesión constante de la muerte:



Fauré: RÉQUIEM op. 48 :

El Réquiem de Fauré se distingue de los otros Réquiem del siglo XIX en que no es una obra operística y en que evita escrupulosamente el terror del juicio final. Se encuentra en completo contraste con los Réquiem de Berlioz (1837) y Verdi (1874) cuyo largo efecto dramático él detestaba. Fauré entendía su Requiem como algo íntimo, pacífico y amable. Como él le dijo al crítico Luis Aguettant en Julio 1902: “Veo la muerte como una liberación bienvenida y una aspiración hacia la felicidad suprema, más que una experiencia dolorosa”. En este sentido se apartó instintiva y sistemáticamente de todo aquello que era considerado correcto y apropiado. “Después de tantos años de acompañar los servicios funerarios en el órgano de la Magdalena de París, quise escribir algo diferente”. Como él mismo dijo a su hijo Philippe en 1908: "Para mí el propósito del arte y especialmente de la música, es elevarnos lo más alto posible por encima de la existencia cotidiana”. Su Réquiem, casi tanto como sus composiciones maduras, intenta trascender la realidad y expresar lo inexpresable.

12/7/07

La hora de los cansados, E. Vila-Matas, Suicidios ejemplares VI

En 1989 Vila-Matas escribió el relato La hora de los cansados para una recopilación titulada Cuentos barceloneses. Posteriormente fue incluida en Suicidios ejemplares, lo cual nos hace suponer que es tanto un relato ambivalente, que tanto se puede considerar como uno que ocurre en Barcelona como uno en el que está presente el suicidio. Pero con la peculiaridad de que según el contexto en que se lea el relato, el contenido del mismo puede variar. Dentro de un contexto urbano el final puede ser debido tanto a una explosión de gas como al atentado cometido por un “viejo kamizaze”, dentro de una colección de relatos sobre suicidas (potenciales o consumados) la explosión sólo puede deberse a un motivo (es más, la posibilidad de que el viejo haga explotar la bomba a distancia en la primera opción, desaparece en la segunda)
Todo esto en el fondo no tiene demasiada importancia.
Un hombre cansado. Un hombre sin esperanza. A través de la tristeza emanada del texto de Vila-Matas (un recurso que domina a la perfección) asistimos a la persecución a la que el narrador, aburrido e indiferente, se entrega. Escogido al azar, el hombre a quien persigue el narrador persigue a su vez a otro hombre.
Recorremos el casco antiguo de Barcelona.

(Aquí un mapa del trayecto, desde la estación de Liceo hasta la Catedral)

De alguna manera Barcelona es Praga, por ese aire desencantado e inocentemente obsesivo en el que se nos narra un juego banal que tiende a convertirse opresivo.
De alguna manera también, quien escribe el relato no es el narrador, sino el viejo que persigue a las personas elaborando informes sobre “la vida de los otros”. Un cuentista.
“Historias que no son mías”.
Y de alguna manera, y a pesar de lo dicho, La hora de los cansados es una transposición cómica de los agobiantes textos de Beckett: Hombres con sacos de arpillera que se arrastran por el suelo embarrado, atormentando con su abrelatas a quienes les preceden, siendo atormentados por quienes les siguen. La historia que Beckett cuenta en, por ejemplo, ¿Cómo es? tiene sentido desde el personaje central de la persecución (aunque es un eslabón en una cadena que se supone simbólicamente infinita, cosas de la condición humana) porque desde él se puede contemplar la dualidad víctima-verdugo del individuo. Sin embargo, Vila-Matas escoge para su relato el personaje final de la cadena, el hombre que sigue al hombre que sigue. El relato literario por excelencia se encuentra escondido en las carpetas del viejo, por eso no debe ser mostrado, el primer hombre es igual al último, un hombre cansado.
¿Quién queda?
Evidentemente nosotros, lectores de Vila-Matas, persiguiendo al hombre que persigue al hombre que persigue a un hombre para escribir “historias que no son suyas”
¿Qué queda?
Queda el cansancio, claro.

26/6/07

Las noches del Iris Negro, Suicidios ejemplares V, de E. Vila-Matas

Según apuntan los especialistas en pintura muchas obras de Georgia O'Keeffe tienen un efecto abstracto sin que el tema sea tratado de esa forma. Por ejemplo, dentro de la temática floral, el cuadro Iris negro, en donde los detalles de la flor se van agrandado hasta el punto de que ésta resulta irreconocible y sorprendente.





En 1882 se recopilarón bajo el título de Las nuevas Mil y una noche varios cuentos escritos por Robert Louis Stevenson publicados con anterioridad en The London Magazine. Al parecer no todos los cuentos publicados en la revista fueron editados en los volúmenes que nosotros conocemos como El club de los suicidas y El diamante del Rajá. Las aventuras del príncipe Florizel de Bohemia se inician con la Historia del joven de las tartas de crema en las que es presentado el personaje:

"Durante su residencia en Londres, el eminente príncipe Florizel de Bohemia se ganó el afecto de todas las clases sociales por la seducción de sus maneras y por una generosidad bien entendida. Era un hombre notable, por lo que se conocía de él, que no era en verdad sino una pequeña parte de lo que verdaderamente hizo. Aunque de temperamento sosegado en circunstancias normales, y habituado a tomarse la vida con tanta filosofía como un campesino, el príncipe de Bohemia no carecía de afición por maneras de vida más aventuradas y excéntricas que aquella a la que por nacimiento estaba destinado".
(El club de los suicidas, R. L. Stevenson, traducción de Luis Loayza para Alianza Ed.)

En MUNDOLECTURA podéis encontrar todos los relatos de El club de los suicidas.

La cuestión es que en esta aventura se describe una especie de club secreto que, previo pago de cierta suma de dinero, ayuda a quienes queriendo suicidarse no tienen valor para hacerlo. En un curioso sorteo se reparten naipes hasta que aparecen el As de espadas, que designará al agraciado que encontrará la muerte esa noche, y el As de Bastos, que será el que señalará al brazo ejecutor. En las condiciones en las que los miembros del Club de los suicidas aceptan esas normas, todos vacilan a la hora de atentar contra su vida pero a ninguno de ellos, con la esperanza de que en el futuro se actue de la misma manera contra ellos, le tiembla el brazo a la hora de ejecutar a sus semejantes. El principe Florizel desbarata los "siniestros" planes de la organización. Pero tengo la sensación, y me ocurre con gran parte de la literatura victoriana, que los motivos tienden a ser algo hipócritas. El Club de los suicidas está compuesto por personas que escogen libremente esa forma de terminar con sus vidas. Lo execrable en todo caso es el beneficio económico que se deriva de ello. Sin embargo los motivos para acabar con la organización son de tipo "moral"; no escandaliza el beneficio del organizador, sino que los miembros del club consigan su deseo libre de acabar con su vida. La primacía de la sociedad sobre los intereses del individuo.

La Sociedad de Simpatizantes de la Noche del Iris Negro de Port del Vent que describe Vila-Matas es todo lo contrario: Un grupo de personas libres que escogen terminar con su vida de la forma más agradable posible, recogiendo el espíritu de los filósofos helénicos y romanos, época en la que el suicidio era más una cuestión de honor que demostraba grandeza y serenidad que la aberración punible que el cristianismo ha querido imponer. De nuevo se trata de la sociedad contra el individuo: Uno de los miembros de la Noche del Iris Negro reposa extramuros del cementerio.

Ahora bien, el texto de Vila-Matas habla sobre los vivos, sobre los que no se atrevieron a dar el paso, sobre aquellos que ven el final cerca y sobre los que ya no esperan más de la vida. Port del Vent es el fin del mundo. Ese lugar de la Costa Brava donde el viento enloquece a las personas y las impulsa a buscar los acantilados donde rompen furiosas las olas.
Pero antes hay que pasar la última noche entre amigos, hablando sobre temas que enaltecen la amistad y el amor a la filosofía.
Después...

El narrador de Las noches del Iris Negro es un futbolista retirado con unas raras "inquietudes intelectuales". Es inevitable no relacionarlo con Herrera, el futbolista intelectual que junto a Buba y Acevedo era la tripleta goleadora del relato de Bolaño, Buba. Relato en el que, ¿casualmente?, aparece en la alineación del equipo un tal Pepito Vila.

C.D.M.S.S.C.

18/6/07

Suicidios ejemplares (IV): El arte de desaparecer, de E. Vila-Matas

Según se puede leer en su novela, Bartleby y compañía, el personaje de El arte de desaparecer, Anatol, simboliza un tipo opuesto al del “Bartleby” literario que propone Vila-Matas:

"Hace ya tiempo –escribe Marcelo- que rastreo el amplio espectro del síndrome de Bartleby en la literatura. Hace tiempo que estudio la enfermedad, el mal endémico de las letras contemporáneas, la pulsión negativa o la atracción por la nada que hace que ciertos creadores, aun teniendo una conciencia literaria muy exigente (o precisamente por eso), no lleguen a escribir nunca; o bien escriban uno o dos libros y luego renuncien a la escritura; o bien, tras poner en marcha una obra, queden, un día, literalmente paralizados"

Anatol no renuncia a la escritura, renuncia a la autoría de su obra, a todo aquello que implica ser creador... al menos en lo que respecta al campo literario, porque en realidad Anatol es autor de una ficción que se vive como “realidad”. Su verdadera obra, la vive como una representación “bigger than life”... una impostura en el fondo.
(aquí, la vocecilla que no se cansa, nos recordará que esa “realidad” vivida por Anatol es una ficción urdida por Vila-Matas)
(y aquí, apotillará, quizás esté la respuesta a la pregunta formulada por Yhma, la mujer de Anatol, sobre cuál es “la historia que subyace debajo de todas las historias que has contado en tus novelas”, la de aquel que vive en su propio país como un forastero)
Anatol elige ser extranjero, un modesto profesor de instituto de exagerado acento que desarrolla a escondidas una obra literaria que jamás debe ser publicada, ya que, según su criterio, la figura del autor se antepone a la obra literaria, y no debería ser así. En esta ficción que Anatol ha creado para sí mismo, Anatol es el personaje del verdadero Anatol y apenas conocemos de él algo más que su invención, una “discreta y feliz existencia” a la que se añade su vocación de “escritor secreto” y “la mirada hacia atrás que percibía la nada”
(en este sentido, dice la voz, El arte de desaparecer es un suicidio inverso, de la nada a la existencia impostada, y no al revés)
Los acontecimientos son narrativamente coherentes (según Chejov, claro) y las cosas cambian: Anatol es finalmente reconocido por el valor literario de su obra y esta nueva situación como “escritor reconocido” le fascina y le halaga, colma su vanidad y confirma a su ficción como realidad... lo cual supone una traición.
(dice la voz que la ficción privada al convertirse en pública debe mantenerse como otro tipo de ficción, es decir precisa justificaciones ficticias para consolidarse como realidad para los otros... o algo así)
Anatol desaparece y entonces...

Vila-Matas hablaba este domingo en El País de otro escritor invisible (aunque no por voluntad propia, creo): Enrique Prochazka y este recurso tan vilamatiano de la literatura sobre escritores, me lleva a preguntarme si existe en el imaginario de Vila-Matas un arquetipo de escritor “invisible”, inédito pero de un enorme valor literario, cuyo modelo original sería Kafka, la sombra del cual, más que su obra, ha ejercido una influencia aplastante en toda la literatura del siglo XX.
(¿positiva o negativa?, dice la voz, ¿acabó la influencia o seguimos siendo traumáticamente kafkianos?)
Bolaño también nos hablaba sobre ese arquetipo a través de Cesárea Tinajero en 2666 o de José Ramírez en Dentista, relato contenido en Putas asesinas. La realidad también se alimenta de este mito, lo cual explicaría el éxito en la década de los ochenta del difunto John Kennedy Toole y su obra póstuma La conjura de los necios.
(tras la figura de Toole algunos quieren ver la sombra de Salinger, alimentando la teoría conspiratoria)
De existir este arquetipo ( o de creer en él, que de eso se trata) nos vendría a decir, y creo que de alguna manera el relato de Vila-Matas así lo indica con la final desaparición de Anatol, que la literatura “ideal”, aquella modélica y genial, sólo es posible en potencia, encerrada en la mente de su autor o, como mucho, en un cajón bajo llave esperando las llamas purificadoras. Toda obra literaria publicada deja ver sus imperfecciones, es insatisfactoria y decepcionante.
Todos las reseñas dejadas en este blog intentan explicar el fenómeno especular de la lectura, en la que el reflejo se produce a través de la obra y los reflejados son el autor y el lector, aunque siempre explicado desde este lado, en el que la intención del autor es una incógnita que no será desvelada jamás. La obra literaria Ideal, según la aventurada opinión generada por El arte de desaparecer, sería aquella que excluyese para siempre al lector.

Claro que seguramente el relato de Vila-Matas no habla sobre la exclusión del lector... sino sobre la desaparición del autor
(¿no es lo mismo?, dice la voz)
No, no... en realidad El arte de desaparecer habla sobre mí.
No, no... en realidad El arte de desaparecer habla sobre su autor... ¿no hay cierta analogía entre las circunstancias de Anatol y las de Vila-Matas?

En fin... no es que los caminos se entrecrucen, es que hay un único camino (por eso algunos pensamos que la historia que subyace es la del propio Plan)



Añadido el 19 de junio:
A través de Settembrini (¿dónde estás, Sett?) he recordado este artículo de Vila-Matas en el que quizás se desvele (o se añadan nuevas dudas) cierto hilo recurrente en la narrativa de su autor:

El despreciativo e impasible joven rubicundo de Benet y el escribiente Bartleby me siguen pareciendo hoy (por decirlo con palabras de Agamben) "figuras extremas de la nada", esas figuras de las que procede toda creación y que son, al mismo tiempo, las más implacables reivindicaciones de esta nada: una Nada que algunos imaginan de una excepcional blancura, y otros -entre los que me encuentro- como una potencia autónoma, pura y absoluta.

De Un héroe de nuestro tiempo, publicado originalmente en El País.

Anatol es una "figura extrema de la nada"


Otros:
Rosa Schwarzer vuelve a la vida, II
Rosa Schwarzer vuelve a la vida
Muerte por saudade
En busca de la pareja eléctrica

15/6/07

Apostillas al comentario sobre "Rosa Schwarzer vuelve a la vida", de E. Vila-Matas

Este relato de Vila-Matas que hemos comentado es el que recuerdo más vivamente de la primera lectura del libro. Como suele suceder los motivos son extraliterarios.
Unos días antes de leer la historia de Rosa Schwarzer había visto un documental en el que se narraba las condiciones precarias en las que los trabajadores del Museo del Hermitage desarrollaban sus funciones. Especialmente dramático era el testimonio de una celadora de sala del museo. Rosa Schwarzer en San Petersburgo. O más bien en Leningrado, ya que la historia que se cuenta y también la que explicaba el documental, tenía que ver con la última época de la Unión Soviética.


Nuestra Rosa Schwarzer dormita. Su mirada se pierde ensoñadora en los cuadros que la rodean. Frente a ella Danae, de Rembrandt




y, de repente…

Copio de ArteHistoria:

En 1985 un lituano llamado Bronius Maiguis atentó contra la obra rociándola con ácido sulfúrico y realizando diversos cortes con un cuchillo. Tras 12 años de intensas restauraciones el lienzo ha sido expuesto en su lugar original protegido por un cristal antibalas. Mijaíl Piotrovski, el director del Hermitage, ha comentado al respecto que "aquella Danae que existía ya no existe. Nuestro objetivo es mostrar al público lo que ha quedado de la obra maestra de Rembrandt (...) Los restauradores no se inmiscuyeron en la pintura del autor y, por eso, se logró conservar su espíritu".

(La historia se repite prácticamente igual por toda la red: SIEMPRE se destaca que Bronius Maigis era lituano. No se explica si era un perturbado, si tenía (estúpidas e injustificables) reivindicaciones... parece ser que basta ser lituano para que el suceso se explique en sí mismo) (en una página portuguesa se dice que Maiguis era un demente lituano)

Dos consideraciones:
Una: Si la Rosa Schwarzer soviética tuvo el día anterior una jornada atroz y atraída por las sombras que parecen acechar tras el dosel, seducida por la inminente llegada de Zeus metamorfoseado en vaya-usted-a-saber-qué, dejó que su alma iniciase un viaje como su homónima alemana lo haría (quizás el mismo día, quizás años más tarde) al cuadro de Klee, ¿pudo salir a tiempo? ¿atravesó la cortina de ácido para poder ocupar de nuevo su sitio?
Dos: La Danae de Rembrandt no existe. Lo que vemos es una sombra, el espíritu de una obra. Supongamos que todas las copias del relato Rosa Schwarzer vuelve a la vida, de Enrique Vila-Matas desaparece misteriosamente (una trama urdida por una organización lituana, sin duda) y que a partir de fragmentos inconexos y empleando la memoria (la de los lectores, incluso la del autor como lector de su obra) intentamos reconstruirlo. Tenemos a Rosa Schwarzer, tenemos los cuadros de Klee, un parque, una familia... ahora reconstruyamos el espíritu de la obra que se perdió elevándose junto al humo azul ardiente de África.

(pensé en el suceso porque si no recuerdo mal en la misma sala, según el documental, había otro retrato de un hombre escondido tras una puerta que parecía contemplar horrorizado el demente atentado... después de Vila-Matas concluí que era el Príncipe Negro regocijándose)

Otros:
Rosa Schwarzer vuelve a la vida
Muerte por saudade
En busca de la pareja eléctrica

11/6/07

Suicidios ejemplares (III): Rosa Schwarzer vuelve a la vida, de E. Vila-Matas


Schwarzer fürst (El príncipe negro) y Monsieur Perlenschwein (El señor Perlacerdo), de Paul Klee, acechan a Rosa Schwarzer, (¿Rosa Negra?)

(Esperad... No os perdáis en esos ojos blancos, no escuchéis el seductor Tam-Tam...)

(Quizás, sí, porque lo que me angustia es la posibilidad de no estar entendiendo los relatos de Vila-Matas... entenderlos como lector, sí; no entenderlos como comentarista es lo que me agobia)
(Dice el autor en el prólogo: "Y eso me lleva a pensar en Pessoa ("Viajar, perder países") y a parafrasearlo: Viajar, perder suicidios, perderlos todos. Viajar hasta que se agoten las nobles opciones de muerte que existen"; y eso me hace pensar en que no leemos relatos sobre suicidas, sobre potenciales suicidas, sino una geografía del suicidio, que cada relato es un viaje a un recóndito lugar en la mente de un suicida, pero también un paseo por el entorno que le rodea: El viento de Lisboa, Villa Nemo en San Anfiero de Granzara (esté donde esté el lugar), Düsseldorf... ya veremos donde nos lleva el viaje que propone Vila-Matas)
(Y de la muerte como un viaje: Rosa
Schwarzer entra en el cuadro de Klee y viaja a África, a lo más primitivo del ser humano, donde debe respirar "el humo azul ardiente del país de los suicidas", sin embargo, finalmente Rosa acepta "la grisalla de su vida, y se encuentra bien", la mediocridad de la "realidad", de la vida)
(Suicida en el país de los suicidas)
(
... quizás continuará)

Previos:
Muerte por saudade
En busca de la pareja eléctrica

4/6/07

En busca de la pareja eléctrica, de E. Vila-Matas (Suicidios ejemplares II)

“Iré hacia lo que me espera riendo” el lema de Stubb en Moby Dick debe preludiar y acompañarnos a lo largo del relato de Vila-Matas. La risa, la comedia, debería ser el principal ingrediente de un cuento que gira en torno a las parejas cómicas cinematográficas basadas en el contraste físico: Laurel y Hardy, por supuesto, Abbott y Costello, también, pero ¿por qué incluir a Ayckroyd y Belushi? ¿o a Fatty Arbuckle con alguno de sus partenaires del cine mudo, incluido Buster Keaton? Porque a pesar de este ambiente más o menos festivo en el que se han movido los personajes el clima general es de una tristeza contenida, rebuscando en el tópico del “payaso triste” y también en el de la degeneración moral que enturbia el mundo cinematográfico. Es, y eso es algo que meritoriamente Vila-Matas consigue que olvidemos, el relato de un suicida, la carta al juez, la explicación de una vida y del fin de ésta.
El relato es extraño, como de alguna manera lo son todos los de su autor. La extrañeza quizás surge de la estructura, de una aparente discontinuidad narrativa en la que se divaga sobre distintos temas, aunque no es del todo preciso. No se trata de que el relato se disperse y no concrete. Se trata de que los caminos que elige Vila-Matas no son lineales pero no en cuanto al tiempo interno o a las digresiones que se intercalan. Es como si cada uno de sus relatos se compusiera de distintas partes correspondientes a distintos géneros con un protagonista común.
Pero no debemos olvidar que en estos relatos leemos lo que sus narradores han querido contarnos sobre sus vidas. En ese aspecto hay cierta similitud entre el anterior y En busca de la pareja eléctrica y, al mismo tiempo, son diametralmente opuestos: Mientras el primero era el relato de un pesimista que no aspiraba más que a sentir la saudade, cuyo ideal era sentarse mientras la muerte se acercaba acariciándole como el viento, el que nos ocupa hoy es el relato de un optimista, de un cómico que aún tras la muerte aspira a convertirse en un genio de la comedia junto a su pareja perfecta, eléctrica. Mientras que el primero es literario, el segundo es cinematográfico y, a pesar de que ambos comparten un trasfondo de tristeza existencial, Brandy Mostaza es capaz en su relato de mezclar lo estrambótico con lo siniestro, lo trágico con lo cómico:
“Mi madre acabó perdiendo la paciencia y me desheredó. Atormentada por el remordimiento, empezó a envejecer (...) murió de pena por haberme desheredado tan injustamente”

Ahora viene la pregunta: ¿cuántos de vosotros os habéis reído leyendo En busca de la pareja eléctrica de Vila-Matas?

28/5/07

Suicidios ejemplares (I): Muerte por saudade, de E. Vila-Matas

"A la muerte le sienta bien la tristeza leve de una severa espera".

Esta es la historia de un hombre que nunca termina nada, que huye de la plenitud.
También es una historia que forma parte del libro de relatos Suicidios ejemplares de Enrique Vila-Matas.
Luego, este hombre protagonista de un relato de suicidas que es un hombre que nunca termina nada (ya se ha dicho) acabará por no suicidarse. O sí. Depende de cómo consideremos a sentarse en una “silla pública” y callar y mirar la línea del horizonte practicando la saudade hasta consumirse.
Un ejercicio que sólo puede realizarse en Lisboa.
Previamente hay que leer a Pessoa.
Supongo.
Callar y mirar la línea del horizonte... algo no encaja en nuestro relato. El narrador de Muerte por saudade no calla. Habla sin parar, narrando su historia en primera persona. Y de su voz constante descubriremos que, al igual que los practicantes de saudade, el narrador en primera persona del relato evoca los días del pasado y que se despierta “llorando en cuclillas en un rincón sombrío de mi cuarto de hotel
Algo no encaja.
Las cosas empiezan a no funcionar cuando nuestro narrador nos deja claro que nos ha mentido respecto a su profesión. No es pintor, pero ¿debemos aceptar que es dueño de una cadena de tintorerías?. Entonces, tras la mentira confesa, debemos buscar en los entresijos del relato el “verdadero relato” que subyace a su mentira inocente. Una falsedad pueril y tímida rápidamente desvelada, una falta sin importancia y un presuroso arrepentimiento alejan al narrador de Muerte por saudade de otros narradores “poco fiables” como el Zeno de Svevo o los narradores duales de Nabokov. En nuestro caso confirman que el personaje es un ser indeciso y variable, fantasioso y con un sentimiento de culpa arraigado, capaz de disfrazarse para descubrir un secreto y huir espantado cuando éste le va a ser desvelado, capaz de asumir como suya la tragedia familiar de su amigo de la infancia y, al mismo tiempo desvirtuarla convirtiendo el impulso suicida en una “tristeza leve”
Pero, ¿debemos dudar del narrador? Aunque en el texto se apunta esa posibilidad, una variación metaliteraria explotada en demasía, juego en el que Svevo y Nabokov eran absolutos maestros, el narrador de Vila-Matas tiene sus raíces en la literatura decimonónica, es, si se puede decir de esa manera, un narrador clásico, que se limita a exponer... aunque esta definición no es del todo precisa, al menos no en este caso. Como lectores del siglo XXI sabemos (debemos) desentrañar los enigmas y las trampas que ocultan los narradores. Los lectores deben (saben) actuar a nivel psicoanalítico para sacar a la luz la verdadera personalidad del narrador. Y creo que Vila-Matas cree que los lectores debemos y sabemos llevar a cabo ese trabajo.
Así que no debemos dudar del narrador de Muerte por saudade. Es voluble y en cierta manera cobarde. Sabemos que no consumará su lenta muerte por saudade, que cuando esta se acerque saldrá corriendo al igual que lo hizo cuando la mendiga del Venus iba a decirle lo que tanto escandalizaba a algunas mujeres. Sentado en su “silla pública” sentirá el viento de la bahía como un elemento molesto más que emocionalmente perturbador y volverá a su casa con su mujer y sus queridas hijas. O a su solitaria habitación de hotel. Pero no morirá. No todavía.

(Claro que también puede ser que el relato tenga otra explicación en la que Pessoa es el principal referente y lo que ocurre es que no me he enterado de nada)

(Aunque lo mejor es no buscar explicaciones psicoanalíticas, tan inexactas, y simplemente disfrutar con el laberinto que entreteje el autor a partir de tres historias: La de la mendiga, la de Horacio Vega y las tribulaciones personales del narrador)

(Claro que si me limitase a disfrutar de la lectura no escribiría nada sobre el relato. No añadiría al placer de la lectura la no menos placentera reinvención del texto al explicar la visión subjetiva del mismo como lector)

(reinventar, mentir)

(Todos mentimos)

23/5/07

Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas

El lunes empezaré a comentar los relatos de Suicidios Ejemplares de Enrique Vila-Matas:

"Suicidios ejemplares atrajo a toda clase de suicidas, como sé por las cartas recibidas. Historia abreviada de la literatura portátil atrajo a todos los portátiles abreviados. El mal de Montano atrae a los enfermos de literatura. Hay un verso que dice "en el centro del vacío hay otra fiesta", en esa otra fiesta se reúnen los suicidas, los shandys, los montanianos, los Bartlelbys y otros figurantes de mi escena literaria. Algún día acudiré a esa fiesta, cuando la obra esté completada".


Entrevista a Enrique Vila-Matas, por José María Pozuelo Yvancos publicada en el diario “ABC” el 22/11/02

...por ningún motivo especial. (Bueno. sí, porque es un libro de relatos muy interesante)
Si alguien quiere compartir este viaje que haremos por el mismo borde de la vida, ya sabe...