30/5/20

Un punto azul pálido.



Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.
La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... es desafiada por este punto de luz pálida.
Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Asentarnos, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de los conceptos humanos que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos mejor los unos a los otros, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.

Carl Sagan; Un punto azul pálido.

La foto fue tomada por el Voyager 1 el 14 de febrero de 1990 a las 04:48 GMT a una distancia de 6000 millones de kilómetros.
Hago cálculos pedestres... lo que la foto muestra, escondida en las franjas producidas por la luz del Sol es la que el océano Pacífico de la Tierra reflejaba al espacio unas cinco horas y media antes de ser tomada. Es posible que lo que veamos sea el reflejo de la luz el 13 de febrero.

La luz del Sol tarda 8 minutos en llegar hasta nosotros. La de Próxima Centauri tarda más de 4 años en llegar, la de Barnard casi 6, la de Sirio 8,5 y más de 11 la de Procyon, por citar algunas de las estrellas más cercanas. Los antiguos navegantes que se guiaban por la estrella Polar lo hacían con una luz que llegaba a nosotros tras 431 años.

Solo vemos el pasado.
Somos incapaces de ver el futuro.
Un pálido punto azul.

2 comentarios:

Toni dijo...

Magnífica conjunció d'imatge i text - podria haver escrit maridatge en lloc de conjunció, però no suporto la paraula maridatge, la cursileria inherent en la paraula maridatge, tan emprada i realment abusada avui dia.

Salutacions,

Rabato dijo...

Dios, ¡qué bien escrito! ¡Gracias por un texto tan maravilloso! ¡Realmente vivimos en un mundo maravilloso! Gracias a Dios por todo.
rabato.com