13/6/07

Ada o el Ardor y el Tiempo

En el capítulo IV de La Montaña mágica, Thomas Mann introduce la que es su famosa “Digresión sobre el tiempo”:

(Es) algo que atañe al alma: la conciencia de la duración, la vivencia del tiempo, que amenaza perderse en una monotonía persistente, la conciencia de que ella misma se halla emparentada y unida al sentimiento de la vida y que la una no puede ser debilitada sin que la otra sufra y se debilite a su vez. Se han difundido muchos conceptos erróneos sobre la naturaleza del hastío. Se cree que la novedad y el carácter interesante de su contenido «hacen pasar» el tiempo, es decir, lo abrevian, mientras que la monotonía y el vacío alargan a veces el instante y la hora patéticamente. Pero esto es inexacto, pues, siendo en ocasiones así, la monotonía y el vacío pueden abreviar y acelerar vastas extensiones de tiempo hasta reducirlas a la nada. Por el contrario, un contenido rico e interesante es sin duda capaz de abreviar una hora e incluso un día, pero, considerado en conjunto, confiere al paso del tiempo amplitud, peso y solidez, de manera que los años ricos en acontecimientos pasan con mayor lentitud que los años pobres, vacíos y ligeros, que el viento barre y se alejan volando. El hastío es, pues, en realidad, una representación enfermiza de la brevedad del tiempo provocada por la monotonía. Los grandes períodos de tiempo, cuando su curso es de una monotonía ininterrumpida, llegan a encogerse en una medida que espanta mortalmente al espíritu. Cuando los días son semejantes entre sí, no constituyen más que un solo día, y con una uniformidad perfecta la vida más larga sería vivida como muy breve y pasaría en un momento.
(...)
Pero luego, en la medida en que uno se «adapta», comienza a sentir cómo se abrevian; quien se interesa por la vida o, mejor aún, quien desea interesarse por ella, percibe con espanto cómo los días se van haciendo ligeros y furtivos, y la última semana —por ejemplo, de cuatro— posee una rapidez y fugacidad inquietantes. Es verdad que el rejuvenecimiento de nuestra conciencia del tiempo ayuda a superar ese período intercalado y desempeña su papel aun después de volver a la regularidad. Después del cambio, los primeros días en nuestra casa nos parecen también nuevos, amplios y jóvenes, pero sólo al principio, pues uno se acostumbra más deprisa a la regularidad que a su interrupción, y cuando nuestra vivencia del tiempo asiste a su fatiga por la edad, o —signo de debilidad congénita— no ha estado muy desarrollado, se adormece rápidamente y al cabo de veinticuatro horas es como si nunca nos hubiésemos marchado y el viaje no hubiese sido más que el sueño de una noche.

Thomas Mann, La montaña mágica; Traducción de Mario Verdaguer

A modo de refutación, empleando uno de sus sutiles juegos incisivos y mordientes, Vladimir Nabokov en el primer capítulo de Ada o el ardor, introduce su peculiar “Digresión sobre el Tiempo
Dice Van Veen: “Mi finalidad al escribir La textura del tiempo, obra difícil y deleitable (...) consiste en purificar mi propia noción de “tiempo”. Voy a examinar la esencia del Tiempo, no su transcurrir, porque no creo que su esencia pueda reducirse a su transcurrir”
(...)
El único Tiempo por el que me intereso es el Tiempo detenido por mí y del cual mi mente se ocupa en una intensa atención voluntaria. Así, pues, sería ocioso y erróneo mezclar con él el tiempo “que pasa”. Sin duda, tardo “más tiempo” en afeitarme cuando mi pensamiento “ensaya” palabras; sin duda no soy consciente de que me retraso hasta que consulto el reloj; sin duda, a los cincuenta años, me parece que el tiempo del calendario corre más deprisa, porque se da en fracciones que constituyen fragmentos cada vez más pequeños de mi creciente fondo existencial, y también porque me aburro menos de lo que me aburría de niño (...) Pero esa “aceleración” depende precisamente del hecho de que no entendemos el Tiempo.

Nabokov juega a confundir Tiempo con Memoria (incluso con una Memoria del porvenir, en su particular distopía, Antiterra, ya que su discurso se realiza desde la vejez de su narradores protagonistas y debido a la diferencia temporal entre las “realidades” narrativas y autoriales) y además se permite el lujo de enmendar a Mann con su comentario (contundente, como siempre) de que “no entendemos el Tiempo”
Nabokov se atreve incluso con la Relatividad:

Yo no puedo imaginar el Espacio sin el Tiempo, pero puedo muy bien imaginar el Tiempo sin Espacio. El «Espacio-Tiempo», ese horrible híbrido, parece falso incluso en su guión intermedio. Es posible odiar el Espacio y amar el Tiempo.

Pero, ¿cuál es esa “Textura del Tiempo” según Veen-Nabokov?:

Y uno puede estar enamorado del Tiempo, ser un sibarita de la duración. Yo amo sensualmente al Tiempo, su tejido y su extensión, la caída de sus pliegues, el mismo carácter impalpable de su cendal grisáceo, el frescor de su continuum. Querría hacer algo con él, abandonarme a un simulacro de posesión. (...) Sé también que el Tiempo es un perfecto caldo de cultivo para las metáforas.
¿Por qué es tan difícil —tan vergonzosamente difícil— fijar en la mente el concepto de Tiempo y conservarlo allí para su examen? ¡Qué esfuerzos, qué tanteos, qué irritante fatiga (...) Tal vez la única cosa que permite entrever el sentido del Tiempo es el ritmo. No los latidos recurrentes del ritmo, sino el vacío que separa dos de esos latidos, el hueco gris entre las notas negras: el Tierno Intervalo. La pulsación misma no hace sino recordar la triste idea de la medida, pero entre dos pulsaciones hay algo que se parece al verdadero Tiempo. ¿Cómo puedo extraerlo de ese tierno hueco? El ritmo no debe ser ni demasiado lento ni demasiado rápido. A un latido por minuto, mi sentido de la sucesión queda completamente superado, y cinco oscilaciones por segundo producen una oscuridad de la que no es posible salir. El ritmo lento disuelve el Tiempo, el ritmo rápido no le deja lugar.

Fragmentos de Ada o el ardor, de V. Nabokov; Traducción de David Molinet

Yo no sé hasta que punto es lícito saltar del ritmo a la música, ni hasta que punto Nabokov es lógico cuando postula que el ritmo es Espacio, que empleamos éste en la medición del Tiempo. Pero en esta lucha entre personajes que se desarrolla simultáneamente todos los días, en todos nuestros presentes, dejaremos que se defienda quien no pudo hacerlo en su obra:


—¡Bravo! —exclamó Settembrini—. ¡Bravo, teniente! Ha definido a la perfección un aspecto incontestablemente moral de la música, a saber: que ella presta al transcurso del tiempo, midiéndolo de un modo particularmente vivo, una realidad, un sentido y un valor. La música despierta el tiempo, nos despierta al disfrute más refinado del tiempo... La música despierta..., y en este sentido es moral..., ética. El arte es moral en la medida en que despierta. Pero ¿qué pasa cuando ocurre lo contrario: cuando entorpece, adormece y contrarresta la actividad y el progreso? También la música puede hacerlo, es decir, ejercer la misma influencia que los estupefacientes. Una influencia diabólica, señores. La droga pertenece al diablo, pues provoca la letargia, el estancamiento, la pasividad, el servilismo... Les aseguro que hay algo inquietante en la música. Sostengo que es de una naturaleza ambigua. No me excedo al calificarla de políticamente sospechosa.

Thomas Mann, La montaña mágica; Traducción de Mario Verdaguer

Ada o el Ardor
Ada o el ardor y Solaris
Ada on line; Realidad

5 comentarios:

vidi dijo...

Desde luego Sr. Portnoy sus artículos me parecen maravillosos y exactos. Gracias, he disfrutado mucho.
Adjunto definición del tiempo.
El tiempo es la magnitud física que mide la duración de las cosas sujetas a cambio, esto es, el periodo que transcurre entre dos eventos consecutivos que se miden de un pasado hacia un futuro, pasando por el presente... http://es.wikipedia.org/wiki/Tiempo
El tiempo es mi granito de arena que aquí dejo.

vernon dijo...

Es interesante esta reflexión sobre el tiempo en La montaña.
Iba a ir a buscar en el Tristán y en los Ensayos sobre música, teatro y literatura, pero creo que cuando regrese con algo que comentar ya se habrá pasado el tiempo... ja.
Como siempre Mann aventurando hipótesis, y como siempre Nabokov jugando con las palabras sin decir nada; nada que no sea sonido, impresión, sensación... que, desde cierto punto de vista, ya es mucho. Pero lo que me ha descolocado es que, en medio de definiciones y respuestas que no llegan, aparezca de la nada ese “sentido” (“sentido del Tiempo”): ¿La definición del tiempo que no llega es su sentido? Curiosa salida.
¿Y qué le parece todo esto al físico?
Besos.

Anónimo dijo...

No quisiera enredar el tema y las referencias, pero ¿y el tiempo en Vila-Matas?, ¿cómo enfrenta éste las sutiles o brutales suspicacias del Doctor Tiempo?

Portnoy dijo...

El físico está escandalizado y, al mismo tiempo se divierte enormemente. Dice Nabokov-Veen:
"Creo llegado el momento de hablar un poco de mi actitud a propósito de la «Relatividad». No es la de un simpatizante. Lo que un gran número de cosmólogos tiene tendencia a considerar como una verdad objetiva es en realidad el vicio propio de las matemáticas orgullosamente disfrazado de verdad. "
En fin, que más se puede decir, no "simpatiza" con la relatividad y después se da el lujo de criticar a quienes la consideran una verdad objetiva.
Continúa:
"El cuerpo de la persona atónita que se desplaza por el espacio se achata en la dirección del movimiento, y se empequeñece catastróficamente a medida que su velocidad se aproxima a la velocidad más allá de la cual, en virtud de una fórmula inverosímil, no puede haber velocidad. Lo lamento por esa persona (no por mí), pero rechazo la historia de que su reloj se atrasa. "
Rechaza la historia. Punto.
Bueno, no. porque apostilla finalmente, tras su rechazo a la "inverosímil fórmula":
"El Tiempo, que, para ser aprehendido, requiere la mayor pureza de conciencia psicológica, es el elemento más racional de la vida, y mi razón se siente insultada por esos vuelos de la Ficción Tecnológica"

No merece mayor comentario, ¿no?

Un saludo y gracias por vuestros comentarios.

(Su "razón" se siente insultada... ¡manda...!)

hródric dijo...

me pareció muy entretenida e interesante el debate acerca del tiempo/espacio.

lástima que no haya leído ninguno de los dos libros. pero el de Mann está por aquí esperándome.


leo siempre este blog. felicitaciones.