El nº 295 de la revista Quimera incluye un dossier dedicado a Enrique Vila-Matas.
Ha sido un honor haber podido participar en la elaboración del Dossier con el artículo titulado "De la periferia al borde del abismo. A propósito de Exploradores del abismo" por lo que, de nuevo y públicamente, quiero dar las gracias a Diómedes Cordero por la confianza depositada.
¡A ver!: Esto lo digo para que corráis al kiosko a comprar la revista, porque es, como siempre, muy interesante en todos sus aspectos, no por el autobombo...
(¡¿a quién quiero engañar?!)
Un blog de Javier Avilés. Fundado en 2004 forma parte de "Una región ocultamente furibunda"
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29/5/08
10/12/07
El mismo abismo en La Insignia
En La Insignia se puede leer a partir de hoy, dividida en dos entregas, la crónica, un tanto retocada, que escribí sobre Exploradores del abismo y que aquí se llamó "Demostración por reducción al absurdo..." etc.
Como diría Sett:
Vale.
Como diría Sett:
Vale.
21/10/07
10/10/07
Demostración, por reducción al absurdo, de la existencia de Enrique Vila-Matas (y II)
Los días siguientes:
Todo lo contado en la primera parte es rigurosamente cierto. Como la “realidad” tiende a provocarme un sarpullido sicosomático durante el fin de semana me enclaustro y medito sobre la posible solución al enigma que plantea Vila-Matas en Exploradores del abismo.
En primer lugar el funambulista y su esposa.
Resulta curioso que el nombre del personaje sea silábicamente similar al de Enrique Vila-Matas: Maurice Forest-Meyer.
También lo es que su pareja, Delia Dumarchey comparta atributos con Wotan-Odín: Camina ayudada de un bastón debido a su cojera y tiene un ojo de cristal (“de mirada siempre única y turbadora”) Odín camina apoyándose en Gugnir, la lanza infalible que hacía que quien fuera señalado por ella perteneciese a Odín, y sacrificó su ojo a cambio de sabiduría. Copio de la Wikipedia :
Todo lo contado en la primera parte es rigurosamente cierto. Como la “realidad” tiende a provocarme un sarpullido sicosomático durante el fin de semana me enclaustro y medito sobre la posible solución al enigma que plantea Vila-Matas en Exploradores del abismo.
En primer lugar el funambulista y su esposa.
Resulta curioso que el nombre del personaje sea silábicamente similar al de Enrique Vila-Matas: Maurice Forest-Meyer.
También lo es que su pareja, Delia Dumarchey comparta atributos con Wotan-Odín: Camina ayudada de un bastón debido a su cojera y tiene un ojo de cristal (“de mirada siempre única y turbadora”) Odín camina apoyándose en Gugnir, la lanza infalible que hacía que quien fuera señalado por ella perteneciese a Odín, y sacrificó su ojo a cambio de sabiduría. Copio de la Wikipedia :
Odín se aventuró hasta el pozo de Mimir, cerca de Jötunheim, la tierra de los gigantes bajo la apariencia de un caminante llamado Vegtamr. Mimir que vigilaba el pozo, para permitirle beber de éste le pidió que sacrificara su ojo izquierdo siendo esto un símbolo de su voluntad por obtener el conocimiento. Mientras bebía vio todo el sufrimiento y los problemas que los hombres y los dioses deberían soportar, pero también vislumbró el porque era necesario que esto sucediera.
Resumo de alguna manera los relatos en los que aparecen directa o indirectamente estos personajes:
Niño: El hijo del narrador se enrola en la trouppe de Forest-Meyer para fotografiar el vacío.
Así son los autistas: Está narrado por el hermano autista de Forest-Meyer, Luc
Materia Oscura: La dejaremos para el final.
Fuera de aquí: Narrado por el nieto de Forest-Meyer según el relato oral que su abuelo le contaba. Maurice Forest-Meyer conoció el relato en 1914. Lo cual introduce una aparente paradoja temporal ya que Maurice Forest-Meyer ejerce de funambulista en nuestro tiempo. En este relato se realiza una pregunta fundamental: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”
El día señalado: Se relata una historia que le sucede a Isabelle Dumarchey, hija de Delia y que aparece fugazmente en La gloria solitaria
Amé a Bo: Se menciona de pasada que en Nueva York asesinaron a Billy Forest-Meyer
Porque ella no lo pidió: Maurice Forest-Meyer es uno de los artistas a los que Sophie Calle propone su plan.
La gloria solitaria: Donde Forest-Meyer compra una roulotte negra, idéntica a la de Raymond Roussel, de donde, en Delft, el narrador ve descender a Delia y su hija.
He dejado Materia oscura para el final porque es fundamental para demostrar mi teoría. En él aparece un funambulista a través de un documental de televisión pero en esta ocasión no es mencionado por su nombre. Por lo que se puede entrever se trata de Philippe Petit, quien el 7 de agosto de 1974 atravesó el espacio que separaba los tejados de las Torres Gemelas. Casualmente (¿casualmente?) Aberrón glosó no hace mucho la hazaña de Petit en su magnífico blog Fogonazos Llama la atención la portada de The New Yorker: ¿se puede imaginar mayor vacío por explorar que el que ya no existe? El vacío que delimitaban las grandes torres del World Trade Center sigue estando allí, sólo que ahora es imposible asomarse a él. Estoy seguro que Vila-Matas conocía la historia y le impresionó la portada que muestra a Petit sobre un fondo blanco.
Sin embargo en el relato quien cruza entre las dos torres gemelas lo hace en 1994. La sombra de Petit es, en el texto de Vila-Matas, Maurice Forest-Meyer.
Ese vacío que cruzó Petit y que todavía existe es como la materia oscura descrita en el relato del mismo título: Indetectable. Y la sombra que Albert cree ver en la fotografía de la materia oscura es tanto la sombra de Dios como la silueta que se balancea entre las dos torres una mañana de agosto.
En un relato anterior a Materia Oscura, La gota gorda, se explican los esfuerzos que el narrador (¿Vila-Matas, Dios?) debe realizar, sudando la gota gorda, para construir un relato “carveriano” protagonizado por personas normales con “apego a la existencia normal”, pero acaba dando un giro a su postura y acaba, según él, narrando sobre “seres corrientes y vulgares, es decir de individuos amostazados, apopléticos y analfabetos”. En este tono quizás un tanto altivo (¿nos habla desde alturas divinas?) se refiere a un relato que ya está escrito, precisamente Materia Oscura.
Hay que tener en cuenta que los relatos de Exploradores del abismo se presentan ordenados cronológicamente de manera inversa. El prólogo es el epílogo, demostrando, como nos recordaba j., que no hay lógica en el orden temporal.
Si consideramos la importancia de esta inversión del orden de escritura, deberemos tener en cuenta también la elección de la portada del libro ya que es la primera impresión que recibe el lector.

André Kertész: Martinique January 1, 1972
Un año y medio antes de la acrobacia de Philippe Petit, Kertész tomó está foto, la cual, por obra y gracia del texto de Vila-Matas se convierte en la primera prueba palpable e irrefutable de la existencia de Dios:
“Yo era el vecino del piso contiguo al de Lidia y Albert, y estaba sentado justo en el umbral de mi terraza, desde donde no lo veía pero lo oía perfectamente. No tenía nada mejor que hacer porque era domingo, mi día de descanso”
Dios es la sombra tras el cristal esmerilado, es la sombra que se adivina en la fotografía de la materia oscura, es el narrador de este relato, es, en esta confusión a la que nos arrastra el autor, el propio Vila-Matas.
Vila-Matas en Martinique.
Vila-Matas cruzando el vacío entre las Torres Gemelas.
Vila-Matas omnisciente, narrando sobre seres vulgares.
Ergo, Vila-Matas es...
FIN
Por cierto, Samantha Morgan existe

luego, hay elementos reales en Materia Oscura.
(Con todos mis respetos, Sr. Vila-Matas)
Niño: El hijo del narrador se enrola en la trouppe de Forest-Meyer para fotografiar el vacío.
Así son los autistas: Está narrado por el hermano autista de Forest-Meyer, Luc
Materia Oscura: La dejaremos para el final.
Fuera de aquí: Narrado por el nieto de Forest-Meyer según el relato oral que su abuelo le contaba. Maurice Forest-Meyer conoció el relato en 1914. Lo cual introduce una aparente paradoja temporal ya que Maurice Forest-Meyer ejerce de funambulista en nuestro tiempo. En este relato se realiza una pregunta fundamental: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”
El día señalado: Se relata una historia que le sucede a Isabelle Dumarchey, hija de Delia y que aparece fugazmente en La gloria solitaria
Amé a Bo: Se menciona de pasada que en Nueva York asesinaron a Billy Forest-Meyer
Porque ella no lo pidió: Maurice Forest-Meyer es uno de los artistas a los que Sophie Calle propone su plan.
La gloria solitaria: Donde Forest-Meyer compra una roulotte negra, idéntica a la de Raymond Roussel, de donde, en Delft, el narrador ve descender a Delia y su hija.
He dejado Materia oscura para el final porque es fundamental para demostrar mi teoría. En él aparece un funambulista a través de un documental de televisión pero en esta ocasión no es mencionado por su nombre. Por lo que se puede entrever se trata de Philippe Petit, quien el 7 de agosto de 1974 atravesó el espacio que separaba los tejados de las Torres Gemelas. Casualmente (¿casualmente?) Aberrón glosó no hace mucho la hazaña de Petit en su magnífico blog Fogonazos Llama la atención la portada de The New Yorker: ¿se puede imaginar mayor vacío por explorar que el que ya no existe? El vacío que delimitaban las grandes torres del World Trade Center sigue estando allí, sólo que ahora es imposible asomarse a él. Estoy seguro que Vila-Matas conocía la historia y le impresionó la portada que muestra a Petit sobre un fondo blanco.
Sin embargo en el relato quien cruza entre las dos torres gemelas lo hace en 1994. La sombra de Petit es, en el texto de Vila-Matas, Maurice Forest-Meyer.
Ese vacío que cruzó Petit y que todavía existe es como la materia oscura descrita en el relato del mismo título: Indetectable. Y la sombra que Albert cree ver en la fotografía de la materia oscura es tanto la sombra de Dios como la silueta que se balancea entre las dos torres una mañana de agosto.
En un relato anterior a Materia Oscura, La gota gorda, se explican los esfuerzos que el narrador (¿Vila-Matas, Dios?) debe realizar, sudando la gota gorda, para construir un relato “carveriano” protagonizado por personas normales con “apego a la existencia normal”, pero acaba dando un giro a su postura y acaba, según él, narrando sobre “seres corrientes y vulgares, es decir de individuos amostazados, apopléticos y analfabetos”. En este tono quizás un tanto altivo (¿nos habla desde alturas divinas?) se refiere a un relato que ya está escrito, precisamente Materia Oscura.
Hay que tener en cuenta que los relatos de Exploradores del abismo se presentan ordenados cronológicamente de manera inversa. El prólogo es el epílogo, demostrando, como nos recordaba j., que no hay lógica en el orden temporal.
Si consideramos la importancia de esta inversión del orden de escritura, deberemos tener en cuenta también la elección de la portada del libro ya que es la primera impresión que recibe el lector.

André Kertész: Martinique January 1, 1972
Un año y medio antes de la acrobacia de Philippe Petit, Kertész tomó está foto, la cual, por obra y gracia del texto de Vila-Matas se convierte en la primera prueba palpable e irrefutable de la existencia de Dios:
“Yo era el vecino del piso contiguo al de Lidia y Albert, y estaba sentado justo en el umbral de mi terraza, desde donde no lo veía pero lo oía perfectamente. No tenía nada mejor que hacer porque era domingo, mi día de descanso”
Dios es la sombra tras el cristal esmerilado, es la sombra que se adivina en la fotografía de la materia oscura, es el narrador de este relato, es, en esta confusión a la que nos arrastra el autor, el propio Vila-Matas.
Vila-Matas en Martinique.
Vila-Matas cruzando el vacío entre las Torres Gemelas.
Vila-Matas omnisciente, narrando sobre seres vulgares.
Ergo, Vila-Matas es...
FIN
Por cierto, Samantha Morgan existe

luego, hay elementos reales en Materia Oscura.
(Con todos mis respetos, Sr. Vila-Matas)
2/10/07
Exploradores del abismo, Enrique Vila-Matas
En el epígrafe 68 de Bartleby y Compañía, Enrique Vila-Matas escribe:
En Exploradores del abismo, la colección de relatos publicada recientemente, Vila-Matas vuelve a sus temas recurrentes, la dilución del autor, los impulsos suicidas y, sobre todo, la confusión entre literatura y vida. Entre las citas que enriquecen los textos de Vila-Matas una de Julien Gracq se repite: “Estoy solo, pero no me quejo. El escritor no tiene nada que esperar de los demás. Créanme. ¡Sólo escribe para él!”
Puede que estos relatos de Vila-Matas surjan de las anotaciones que un convaleciente escritor, el propio autor, toma en un cuaderno rojo, una clara referencia a las obras de Auster, con quien los textos tienen más de una relación, y puede también que la enfermedad sufrida por el autor haya marcado un punto de inflexión en la literatura de Vila-Matas.
Se lee en Café Kubista, el primer relato de Exploradores del abismo que, a pesar de ser el último de los relatos considerando el tiempo de su redacción, funciona a modo de prologo:
Si el relato funciona como prólogo, el lector tiende a interpretar el texto de Café Kubista como una explicación o una confesión del autor, cuando en ningún momento el narrador se identifique con Vila-Matas, ni con el nuevo Vila-Matas ni con el “otro”. El título de la recopilación, Exploradores del abismo, que apela a una cita errónea de Kafka, nos lleva a Bartleby y cía, esa obra escrita por el “otro” y que nos debería hacer sospechar de todo el juego vilamatiano de confusión entre la realidad y la ficción: El jorobado narrador de Bartleby no puede ser identificado con el autor, sin embargo la primera persona ayuda a Vila-Matas a crear una confusión a la que nos entregamos con pasión. La pasión de los lectores.
Un juego de confusiones al que ya habíamos discutido a propósito de los relatos de Bolaño.
Auster, Vila-Matas, Bolaño.
El centro alrededor del que se estructura Exploradores del abismo es Porque ella no lo pidió, un extraordinario relato donde el autor “da un paso más” y “asoma su mirada a otros espacios”. En él, Vila-Matas retuerce la metanarratividad llevándonos ante un abismo ante el cual no nos queda más remedio que aceptar que no hay posibilidad de distinguir la realidad de la ficción, que toda ficción es real y toda realidad ficcionada es una nueva realidad... y que la vida no tiene nada que ver con la literatura ni con la realidad. El relato, la nouvelle, Porque ella no lo pidió es sin duda una obra maestra, un ejemplo de lo que Subal no se atreve a definir como "hipometaliteratura", pero que, sin duda, merece un calificativo propio y personal.
Pero me gustaría destacar especialmente Amé a Bo, un insólito relato de ciencia ficción con aires surrealistas, con imágenes extraídas de Kubrick y de De Chirico, donde la desesperanza irónica de Vila-Matas se muestra en todo su esplendor: Qué mayor explorador del abismo que aquel que viaja en una nave espacial sin destino, avanzando siempre en línea recta, condenado a diluirse en el infinito...pero ¿acaso no es eso la vida?
Las frases de Kafka a Janouch (...) hablan de lo que me sucede a medida que avanzo en la búsqueda inútil del centro del laberinto del No: «Cuanto más marchan los hombres, tanto más se alejan de la meta. Gastan sus fuerzas en vano. Piensan que andan, pero sólo se precipitan —sin avanzar— hacia el vacío. Eso es todo.»
Estas frases parecen hablar de lo que me pasa en este diario por el que voy a la deriva, navegando por los mares del maldito embrollo del síndrome de Bartleby: tema laberíntico que carece de centro, pues hay tantos escritores como formas de abandonar la literatura, y no existe una unidad de conjunto y ni tan siquiera es sencillo dar con una frase que pudiera crear el espejismo de que he llegado al fondo de la verdad que se esconde detrás del mal endémico, de la pulsión negativa que paraliza las mejores mentes. Sólo sé que para expresar ese drama navego muy bien en lo fragmentario y en el hallazgo casual o en el recuerdo repentino de libros, vidas, textos o simplemente frases sueltas que van ampliando las dimensiones del laberinto sin centro.
Vivo como un explorador. Cuanto más avanzo en la búsqueda del centro del laberinto, más me alejo de él. Soy como aquel que en La colonia penitenciaria no entiende el sentido de los diseños que le muestra el oficial: «Es muy ingenioso, pero no puedo descifrarlo.»
Soy como un explorador y mi austeridad es propia de un ermitaño y, al igual que Monsieur Teste, siento que no estoy hecho para novelas, pues sus grandes escenas, cóleras, pasiones y momentos trágicos, lejos de entusiasmarme, «me llegan como míseros estallidos, estados rudimentarios en que toda necedad se desata, en los que el ser se simplifica hasta la memez».
Soy como un explorador que avanza hacia el vacío. Eso es todo.
En Exploradores del abismo, la colección de relatos publicada recientemente, Vila-Matas vuelve a sus temas recurrentes, la dilución del autor, los impulsos suicidas y, sobre todo, la confusión entre literatura y vida. Entre las citas que enriquecen los textos de Vila-Matas una de Julien Gracq se repite: “Estoy solo, pero no me quejo. El escritor no tiene nada que esperar de los demás. Créanme. ¡Sólo escribe para él!”
Puede que estos relatos de Vila-Matas surjan de las anotaciones que un convaleciente escritor, el propio autor, toma en un cuaderno rojo, una clara referencia a las obras de Auster, con quien los textos tienen más de una relación, y puede también que la enfermedad sufrida por el autor haya marcado un punto de inflexión en la literatura de Vila-Matas.
Se lee en Café Kubista, el primer relato de Exploradores del abismo que, a pesar de ser el último de los relatos considerando el tiempo de su redacción, funciona a modo de prologo:
Estoy convencido de que no habría podido escribir todos esos relatos si previamente, hace un año, no me hubiera transformado en alguien levemente distinto, no me hubiera convertido en otro. (...) Él parecía haber llegado a un callejón sin salida, a un abismo final y a los límites de la literatura, y yo en cambio, sin tanto dramatismo, me siento ya simplemente fuera de aquí y he optado por dar un paso más y asomar mi mirada a otros espacios, convertirme en un explorador de ese famoso abismo que parecía cerrarle toda salida.
Si el relato funciona como prólogo, el lector tiende a interpretar el texto de Café Kubista como una explicación o una confesión del autor, cuando en ningún momento el narrador se identifique con Vila-Matas, ni con el nuevo Vila-Matas ni con el “otro”. El título de la recopilación, Exploradores del abismo, que apela a una cita errónea de Kafka, nos lleva a Bartleby y cía, esa obra escrita por el “otro” y que nos debería hacer sospechar de todo el juego vilamatiano de confusión entre la realidad y la ficción: El jorobado narrador de Bartleby no puede ser identificado con el autor, sin embargo la primera persona ayuda a Vila-Matas a crear una confusión a la que nos entregamos con pasión. La pasión de los lectores.
Un juego de confusiones al que ya habíamos discutido a propósito de los relatos de Bolaño.
Auster, Vila-Matas, Bolaño.
El centro alrededor del que se estructura Exploradores del abismo es Porque ella no lo pidió, un extraordinario relato donde el autor “da un paso más” y “asoma su mirada a otros espacios”. En él, Vila-Matas retuerce la metanarratividad llevándonos ante un abismo ante el cual no nos queda más remedio que aceptar que no hay posibilidad de distinguir la realidad de la ficción, que toda ficción es real y toda realidad ficcionada es una nueva realidad... y que la vida no tiene nada que ver con la literatura ni con la realidad. El relato, la nouvelle, Porque ella no lo pidió es sin duda una obra maestra, un ejemplo de lo que Subal no se atreve a definir como "hipometaliteratura", pero que, sin duda, merece un calificativo propio y personal.
Pero me gustaría destacar especialmente Amé a Bo, un insólito relato de ciencia ficción con aires surrealistas, con imágenes extraídas de Kubrick y de De Chirico, donde la desesperanza irónica de Vila-Matas se muestra en todo su esplendor: Qué mayor explorador del abismo que aquel que viaja en una nave espacial sin destino, avanzando siempre en línea recta, condenado a diluirse en el infinito...pero ¿acaso no es eso la vida?
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