2/10/07

Exploradores del abismo, Enrique Vila-Matas

En el epígrafe 68 de Bartleby y Compañía, Enrique Vila-Matas escribe:

Las frases de Kafka a Janouch (...) hablan de lo que me sucede a medida que avanzo en la búsqueda inútil del centro del laberinto del No: «Cuanto más marchan los hombres, tanto más se alejan de la meta. Gastan sus fuerzas en vano. Piensan que andan, pero sólo se precipitan —sin avanzar— hacia el vacío. Eso es todo.»
Estas frases parecen hablar de lo que me pasa en este diario por el que voy a la deriva, navegando por los mares del maldito embrollo del síndrome de Bartleby: tema laberíntico que carece de centro, pues hay tantos escritores como formas de abandonar la literatura, y no existe una unidad de conjunto y ni tan siquiera es sencillo dar con una frase que pudiera crear el espejismo de que he llegado al fondo de la verdad que se esconde detrás del mal endémico, de la pulsión negativa que paraliza las mejores mentes. Sólo sé que para expresar ese drama navego muy bien en lo fragmentario y en el hallazgo casual o en el recuerdo repentino de libros, vidas, textos o simplemente frases sueltas que van ampliando las dimensiones del laberinto sin centro.
Vivo como un explorador. Cuanto más avanzo en la búsqueda del centro del laberinto, más me alejo de él. Soy como aquel que en La colonia penitenciaria no entiende el sentido de los diseños que le muestra el oficial: «Es muy ingenioso, pero no puedo descifrarlo.»
Soy como un explorador y mi austeridad es propia de un ermitaño y, al igual que Monsieur Teste, siento que no estoy hecho para novelas, pues sus grandes escenas, cóleras, pasiones y momentos trágicos, lejos de entusiasmarme, «me llegan como míseros estallidos, estados rudimentarios en que toda necedad se desata, en los que el ser se simplifica hasta la memez».
Soy como un explorador que avanza hacia el vacío. Eso es todo.


En Exploradores del abismo, la colección de relatos publicada recientemente, Vila-Matas vuelve a sus temas recurrentes, la dilución del autor, los impulsos suicidas y, sobre todo, la confusión entre literatura y vida. Entre las citas que enriquecen los textos de Vila-Matas una de Julien Gracq se repite: “Estoy solo, pero no me quejo. El escritor no tiene nada que esperar de los demás. Créanme. ¡Sólo escribe para él!”
Puede que estos relatos de Vila-Matas surjan de las anotaciones que un convaleciente escritor, el propio autor, toma en un cuaderno rojo, una clara referencia a las obras de Auster, con quien los textos tienen más de una relación, y puede también que la enfermedad sufrida por el autor haya marcado un punto de inflexión en la literatura de Vila-Matas.
Se lee en Café Kubista, el primer relato de Exploradores del abismo que, a pesar de ser el último de los relatos considerando el tiempo de su redacción, funciona a modo de prologo:

Estoy convencido de que no habría podido escribir todos esos relatos si previamente, hace un año, no me hubiera transformado en alguien levemente distinto, no me hubiera convertido en otro. (...) Él parecía haber llegado a un callejón sin salida, a un abismo final y a los límites de la literatura, y yo en cambio, sin tanto dramatismo, me siento ya simplemente fuera de aquí y he optado por dar un paso más y asomar mi mirada a otros espacios, convertirme en un explorador de ese famoso abismo que parecía cerrarle toda salida.

Si el relato funciona como prólogo, el lector tiende a interpretar el texto de Café Kubista como una explicación o una confesión del autor, cuando en ningún momento el narrador se identifique con Vila-Matas, ni con el nuevo Vila-Matas ni con el “otro”. El título de la recopilación, Exploradores del abismo, que apela a una cita errónea de Kafka, nos lleva a Bartleby y cía, esa obra escrita por el “otro” y que nos debería hacer sospechar de todo el juego vilamatiano de confusión entre la realidad y la ficción: El jorobado narrador de Bartleby no puede ser identificado con el autor, sin embargo la primera persona ayuda a Vila-Matas a crear una confusión a la que nos entregamos con pasión. La pasión de los lectores.
Un juego de confusiones al que ya habíamos discutido a propósito de los relatos de Bolaño.

Auster, Vila-Matas, Bolaño.

El centro alrededor del que se estructura Exploradores del abismo es Porque ella no lo pidió, un extraordinario relato donde el autor “da un paso más” y “asoma su mirada a otros espacios”. En él, Vila-Matas retuerce la metanarratividad llevándonos ante un abismo ante el cual no nos queda más remedio que aceptar que no hay posibilidad de distinguir la realidad de la ficción, que toda ficción es real y toda realidad ficcionada es una nueva realidad... y que la vida no tiene nada que ver con la literatura ni con la realidad. El relato, la nouvelle, Porque ella no lo pidió es sin duda una obra maestra, un ejemplo de lo que Subal no se atreve a definir como "hipometaliteratura", pero que, sin duda, merece un calificativo propio y personal.

Pero me gustaría destacar especialmente Amé a Bo, un insólito relato de ciencia ficción con aires surrealistas, con imágenes extraídas de Kubrick y de De Chirico, donde la desesperanza irónica de Vila-Matas se muestra en todo su esplendor: Qué mayor explorador del abismo que aquel que viaja en una nave espacial sin destino, avanzando siempre en línea recta, condenado a diluirse en el infinito...pero ¿acaso no es eso la vida?

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Exploradores del abismo (la intuición de Vila-Matas), habitantes del abismo (¿la r.e.a.l.i.d.a.d?).

Sólo he leído un cuento del libro de V-M (de pie en la librería, sin meter la mano al bolsillo, sin ir a la caja y hacerme con el ejemplar). El cuento se titula "Poeta" y, creo, es el más corto del libro. Es notable: la mirada y la atracción del (ante el) abismo...

Portnoy dijo...

Vida de poeta, se llama. Y no es el más corto.
Hay cosas por las que no importa pagar. El libro de Vila-Matas es una de ellas:

"Las obras de arte, escasas, dan contenido intelectual al vacío"

Manuel Jontes dijo...

Las obras de arte son el vacío que esxapa del contenido, creo. Contento de haber llegado al blog

Saludos

Anónimo dijo...

En efecto, "Vida de poeta". ¿No es el más corto del libro? Ah. Así es: hay cosas por las que vale la pena meter la mano al bolsillo para no sacar una pistola.

malvisto dijo...

Pueda ser que esta exploración del abismo se realice con alegría; que a veces se le va la mano en cuanto a melancolía y tristeza....

Daniel Quinn dijo...

Muy bien visto lo de Bartleby, Portnoy, te acabas de convertir tú también en un explorador..., ¿o quizás lo fuiste siempre?

Ya ha pasado una semana desde que terminé de leer "Porque ella no lo pidió" y sigo fascinado. Creo que Vila-Matas da el paso que Auster no se atrevió a dar y que le ha llevado últimamente a un cierto estancamiento (evidente pero demasiado exagerado por algunos, a mi modo de ver: somos proclives a las exageraciones).

Por cierto, ¿más Kubrick que Tarkovski? Lo pensaré :) Pero, ¿no puede ser ese viaje en línea recta hacia la nada un viaje a La Zona?

Un saludo!!

Natalia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Natalia dijo...

de pronto busco a mi vacio, lo reparto en 5 partes, y me doy cuenta de que 1/2 es tambien un entero, mientras mas me queda por llenar, mas saciedad siento al saber que tendre que seguir paseando donde no me encuentro.


unisonodelosojos.blogspot.com

mentiroso dijo...

Amé a Bo es el único de la colección que no me gusta. A pesar de que t limitas a señalar que Vila Matas vuelve al relato, te habrás dado cuenta de que este libro no tiene nada que ver con los otros libros de cuentos: está el personaje marginal, sí, y el suicidio y el abismo y los juegos entre literatura y vida. Pero aquí es sentimentalmente humano, está mucho más a ras de suelo que Suicidios ejemplares o Hijos sin hijos. Se diría que ya no tiene el afán de deslumbrar, de conseguir un aplauso por parte del lector: ya cuenta con ello y, además, parece que ya no le importa.

mimalapalabra dijo...

Portnoy: escribí este texto para mi blog en octubre pasado. Te lo copio íntegro aquí, pero podès editarlo hasta dejar un par de líneas nada más.

Ahora que acabo de leer el último libro de Vila-Matas, Exploradores del abismo (Anagrama, 2007) y después de conocer personalmente a este escritor magnífico y de verlo frente a un micrófono representar tan bien el mismo papel que representa en sus novelas o cuentos autobiográficos, confirmo que, definitivamente, Enrique Vila-Matas está, como su personaje de El mal de Montano, enfermo de literatura. En uno de los relatos que componen Exploradores del abismo se narra la vida de una mujer francesa a quien, en su niñez, una adivina le predice que habrá de morir un dos de febrero lluvioso, vestida de negro, bailando y con mucha sed. La niña crece y llega a ser periodista, y se casa con un joven teólogo al que después abandona para irse a México a trabajar como corresponsal de la televisión de su país. Durante todos los años antes de este viaje, cada dos de febrero evita vestirse de negro, se pone nerviosa si el cielo amenaza con lluvia y bajo ninguna circunstancia acepta una invitación a bailar. Pero ahora resulta que llega a México precisamente un dos de febrero y ese mismo día debutará como corresponsal de televisión cubriendo la noticia del huracán Dolores. Entonces una casualidad se va juntando con la otra hasta que ahí, frente a la cámara, transmitiendo en vivo para toda Francia, se cumple casi en su totalidad la predicción de la adivina. Y digo casi en su totalidad porque lo único que le hace falta a este episodio es precisamente su final, es decir, la muerte de la mujer.
El texto que ahora escribo no será una reseña de este estupendo libro de Vila-Matas; quise mostrar la historia de este relato, titulado “El día señalado”, sólo para compararlo con la que contó Vila-Matas la noche del lunes uno de octubre en Caixa Forum, porque existe una relación curiosa entre ambas; de hecho, la que contó para los quinientos asistentes al evento es el germen de lo que narraría después a través del personaje de Isabelle Dumarchey en “El día señalado”. Lo curioso del asunto –y aquí por fin caigo al punto central de mi comentario- es que ante la pregunta que le hiciera Emilio Manzano acerca de cómo fue su primer encuentro con México, Vila-Matas respondiera –aunque no iba a informarle de esto a nadie, por supuesto- casi completamente a través de uno de los cuentos de su último libro; es decir, Isabelle Dumarchey era en realidad Enrique Vila-Matas, y éste representaba el papel de escritor que asiste a México a un congreso de literatura, en lugar del de periodista que llega ahí para cubrir la noticia de un huracán.
Hablaré ahora un poco sobre otro relato de Exploradores del abismo: “Porque ella no lo pidió”, que servirá para ampliar la idea que me queda de Vila-Matas después de la lectura del libro y de haberlo conocido personalmente. Una mujer, Sophie Calle, a quien Vila-Matas admira muchísimo, lo llama un día por teléfono para plantearle un reto: que él escriba un relato sobre ella, con todos los matices y acontecimientos que se le ocurran, que invente una historia para ella de la manera que le venga en gana, y ella le corresponderá viviendo todo lo que esté escrito en el relato, es decir, llevando la ficción a la realidad. El escritor acepta el reto y escribe el relato, pero se producen una serie de circunstancias que retrasan cada vez más el término del acuerdo, que consiste en que ella empiece a vivir lo narrado. Hasta que el escritor se cansa y opta por ser él el protagonista de un relato; y este relato no será otro que el que empieza el día de la llamada de Sophie Calle para proponerle un trato. Si Sophie no está dispuesta a cumplir su promesa de hacer realidad la ficción que ha creado para ella, será entonces él quien viva como personaje de su propio relato, sólo que esta vez no repetirá los episodios nacidos de su relación con esta mujer, o al menos no los repetirá fielmente, sino que –ahora que es creador y objeto de la creación al mismo tiempo- los corregirá, los conducirá por el camino que él decida.
Este relato confuso de Vila-Matas que he tratado de pintar rápidamente propone una relación inversa entre realidad y ficción y entre autor y personaje. Aquí no es la ficción la que se hace a partir de la realidad sino lo contrario: la realidad es producto de la ficción. Los personajes buscan vivir lo que su creador ha escrito.
Volvamos entonces a la noche del uno de octubre en Caixa Forum, cuando Vila-Matas ha contestado a la pregunta de Emilio Manzano acerca de su primer encuentro con México. ¿El escritor se ha valido de su propia ficción para contestar la pregunta, ha robado el argumento de uno de sus cuentos para trasladarlo al público que asistía al diálogo sobre la ficción que sostenía con Álvaro Enrigue, o en realidad es lo contrario, lo lógico: que su cuento está escrito a partir de esas vivencias personales? En todo caso, no es eso lo importante. Lo que importa es ese siempre afortunado empeño vilamatiano de confundir la realidad con la ficción, de dejarnos preguntándonos siempre si lo que leímos fue verdad o mentira. Y esa noche Vila-Matas sutilmente nos mostró que la respuesta a esa pregunta siempre será lo menos relevante en sus libros, porque lo verdaderamente relevante será la pregunta misma, la confusión misma. ¿Es verdad o es mentira? Bah! A quién le importa. Tampoco importa que Vila-Matas esté enfermo de literatura.