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3/7/10

Entrevista a E. Vila-Matas en Canal- L

Enrique Vila-Matas. Las citas de "Dublinesca", en Canal-L

Descubrid los misterios de Vilém Vok, la relación de Sterne con Dublinesca y de cómo Impresiones de África consiste en una serpiente intentando dialogar con una tienda de campaña.

Y más en Canal-L

7/4/10

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas ( III), o Malone muere, de Samuel Beckett

Conozco estas frases que parecen insignificantes y que, una vez aceptadas, pueden corromper toda una lengua. Nada es más real que nada. Salen del abismo y no paran hasta arrojarnos a él.

Malone muere, Samuel Beckett.

Malone escribe en un cuaderno infantil, con un lápiz casi agotado. Pero, ¿es acaso Malone quien escribe?. Malone muere se sitúa entre Molloy y El innombrable. O, quizás, sería más lícito decir que se sitúa en esa espiral sin fin que nos lleva (o nos aleja) del abismo y en la que se suceden sin fin Molloy, Malone muere, El innombrable, Molloy…
Volví a Beckett a causa de Dublinesca, de Enrique Vila-Matas.
Y también por la lluvia

Porque si consideramos a Joyce como base de la primera parte de Dublinesca, deberíamos acabar con la nieve:

Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.
James Joyce, Los muertos, Dublineses.

No nieva en Dublinesca. No llueve en el Ulysses. No que yo recuerde.
El protagonista de Dublinesca se llama, no casualmente Samuel, Samuel Riba. Una de sus obsesiones es descubrir si existe el escritor genial que cuando era editor no supo encontrar.
Sí llueve en Samuel Beckett:

"Entonces entré en casa y escribí, Es medianoche. La lluvia azota en los cristales. No era medianoche. No llovía"
Y recordemos lo que Enrique Vila-Matas decía al respecto en sus relecturas sobre Molloy:
Es maravilloso. En su final el libro se colapsa y cae toda su construcción como un castillo de naipes y de pronto las palabras parecen bailar de alegría bajo una triste luz de plomo. Hemos entrado en el campo del misterio y el detective Beckett avanza. Pero no hemos entrado. No hemos salido. Desde donde nunca una vez dentro. Y no es verdad que no llueva.
Hemos entrado en el campo del misterio avanzando sobre una espiral. Malone escribe la historia de Sapo que poco a poco se transforma en la historia de Macmann que, suponemos, es el mismo Malone. Pero Macmann tiene objetos que pertenecen a Moran, personaje de Molloy, que inicia una búsqueda detectivesca de Molloy, sin sospechar que él mismo pueda ser una creación de Molloy. En la primera parte de Molloy, éste busca a su madre (Mag), en la segunda, que se inicia “Es medianoche. La lluvia azota en los cristales”, Moran busca a Molloy escribiendo a Molloy. Tal vez mintiendo ya que finalmente ni es medianoche, ni llueve.
Molloy tiene un sombrero atado con un cordel a su abrigo. Entre las pertenencias de Malone vemos un sombrero sin alas, propiedad, quizás, de Macmann, que lo lleva atado a su abrigo. Un abrigo con botones fusiformes, ¿un Macintosh?
Dice El Innombrable: “No me engañan esos Murphy, Molloy, Malone. Me hicieron perder el tiempo, trabajar inútilmente, dejándome hablar de ellos, cuando era menester hablar solamente de mí, al objeto de poder callarme”. Después “inventa” a Mahood, que hereda el sombrero y la cojera de Molloy: “¿(…) la confesión de que después de todo yo soy Mahood y que todas esas historias de una persona cuya identidad usurpa Mahood, impidiendo que la voz se haga oír, son falsas de punta a punta?”

Murphy, Molloy, Malone, Moran, Macmann, Mahood…
Molly Bloom
Molly, la mujer que atiende (y muere junto) a Malone
Malachy Moore
M es la marca del vampiro:



“De Malachy Moore sabe que era andarín y que muchos le llamaban Godot. Que se le veía en Dublín por todas partes, en los lugares más insospechados. Que tenía aquella gran facultad de Drácula de convertirse en niebla. Y poco más sabe, pero no cree que sea tan difícil imaginarlo”
Dublinesca, pág. 308

La voz en el interfono le comunica en francés a Samuel Riba que Malachy Moore está muerto.
¿Samuel Beckett?
¿Nos estamos acercando? Ni por asomo. La espiral nos acerca poco a poco al abismo sin que nunca lleguemos a alcanzarlo. Preguntad a la tortuga. Nos queda la opción de explorarlo, lanzar hipótesis como sondas que se pierden, imaginar su sentido. Pero nunca llegaremos a experimentar el abismo.
Lo que Riba ve (la hipótesis que aventuro sobre lo que Riba ve), en ese escurridizo personaje con chaqueta Nehru, o con Macintosh, es a ese escritor genial que buscaba cuando era editor. El escritor que anuncia el fin de una era, sin que eso suponga el advenimiento de una nueva era narrativa en el que las frases insignificantes corrompen toda una lengua. Lo que Riba entiende es que es demasiado tarde, que todo, el “gran cambio”, ha ocurrido ya. Lo que ve Riba, lo que finalmente parece comprender, es que mientras Finnegans velaba, Samuel Beckett narró la pesadilla.

Previamente, en Dublinesca:
Segunda parte

Primera parte



Los fragmentos de Molloy, Malone muere y El innombrable de las respectivas traducciones para Alianza de Pere Gimferrer, Ana María Moix y R. Santos Torroella.

24/3/10

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas ( ¿y II?)

2.- Donde se revelan hechos importantes de la novela.


"By an epiphany he meant a sudden spiritual manifestation, whether in the vulgarity of speech or of gesture or in a memorable phase of the mind itself. He believed that it was for the man of letters to record these epiphanies with extreme care, seeing that they themselves are the most delicate and evanescent of moments."
James Joyce, Stephen Hero

Samuel Riba tiene en sueños una epifanía, una súbita manifestación espiritual, colmada de vulgaridad en la alocución y los gestos, que se convierte en una memorable fase del mismo espíritu. Samuel Riba ve su futuro. O, quizás, Samuel Riba pone todo su empeño en que los hechos soñados se realicen. La epifanía muestra a Riba y a su mujer abrazados en el suelo frente a un pub irlandés. La epiclesis joyceana, que dota a la epifanía de un desarrollo más largo, pero dentro del mismo tono de objetividad contemplativa, demostrará a Riba que la fragmentación narrativa, el relato de su sueño, pronto es desbordada por la realidad, o por la narración clásica con su lógica conclusión.
¿Acaso no habla de esto Dublinesca?, ¿de una conferencia sobre “la novela Ulysses de James Joyce y del paso de la constelación Gutenberg a la era digital”, de un viaje “a Dublín a un funeral por la era de la imprenta, por la era dorada de Gutenberg (…) El funeral, siempre demorado, de la literatura como arte en peligro”?, ¿de la oposición entre la narración clásica y las nuevas formas digitales que posibilitan un nuevo tipo de narración?
Quizás no hable de eso. Quizás demuestre que las dos formas conviven sin oponerse y en el fondo son la misma cosa. “La literatura como arte en peligro, aunque la pregunta sería ¿qué peligro?”
No hablemos de opuestos.
Hablar de opuestos sería hablar de Paddy Dignam, el personaje de Ulysses a cuyo entierro acuden Blomm y los otros en el capítulo 6, y de Samuel Riba.
Paddy Dignam murió de un ataque al corazón, cree Blomm, aunque el hijo de Dignam recuerda a su padre borracho en el descansillo de la escalera pidiendo a gritos sus botas para volver a salir a beber, justo antes de morir. Paddy Dignam, por quien se celebra el funeral en el capítulo 6 (Hades), del Ulysses era un alcohólico.
¿Samuel Riba también? Debido a una grave enfermedad renal Riba hace más de dos años que no prueba el alcohol. Volver a beber acabaría matándolo. Volver a beber es una obsesión recurrente de Riba.
No. No hablemos de opuestos.
Hablemos de Nabokov. Digamos que se equivoca cuando afirma que a través de Macintosh, Bloom puede divisar a su creador. Bloom permanece junto a su creador en la parte final de Ulysses, Stephen Dedalus es el alter-ego de James Joyce. Si la teoría de Nabokov fuese correcta, Joyce aparecería en dos encarnaciones distintas dentro de la novela.

Las dos posibles encarnaciones de Joyce en el Ulysses nos lleva a la frase “Malachi Moore est mort” pronunciada a través del interfono. Lo que nos dirige a Lost Higway, de David Lynch y a la fuga psicogénica. Qué hemos dicho arriba, que Riba comprobará que la fragmentación narrativa, el relato de su sueño, pronto es desbordada por la realidad, o por la narración clásica con su lógica conclusión. En una entrada peregrina de este blog recogida en la web de Vila-Matas se intentaba una interpretación metacinematográfica de la película de David Lynch. En ella se decía que Dick Laurent y Mistery Man representaban formas distintas de narratividad:
El respeto por la linealidad del relato que defiende Mr. Eddy acabará enfrentándose al relato psicológico que representa Mystery Man. En Lost Highway, Fred-Pete, Renee-Alice, son personajes pasivos. La verdadera tensión dramática se produce por el control del relato entre las dos fuerzas opuestas que representan Mr. Eddy y Mystery Man: lineal-clásica frente a atemporal-psicológica, inteligibilidad contra onirismo.
La elección de Lynch queda clara desde el inicio, desde el misterioso mensaje a través del interfono que anuncia que “Dick Laurent está muerto”, desde que Fred comparte con el propio Lynch su aversión hacia las videocámaras que captan la realidad: “Prefiero recordar las cosas a mi manera” (*)

“Dick Laurent está muerto”, “Malachi Moore est mort”. He aquí el verdadero funeral. Tal vez el funeral de Samuel Beckett, o el funeral de, presumiblemente, su autor, piensa Riba, un hombre capaz de convertirse en niebla y desaparecer, o, de nuevo Riba, “el verdadero entierro ya definitivo de la gran puta de la literatura, la misma que generó en él ese dolor incomparable, esa pena de editor, de la que jamás ha podido luego escapar”

Y a continuación el poema de Larkin o la canción de Bowie.

Consecuentemente la voz al otro lado del interfono, la que pronuncia en la noche “Malachi Moore est mort”, en francés, debería ser la del propio Riba. Pero la fuga psicogénica, aquella que permite a una persona convertirse en otra para olvidar un trauma, nos puede hacer pensar que la voz al otro lado del interfono es la de Enrique Vila-Matas.
En sus últimas novelas Vila-Matas nos ha acostumbrado aun narrador en primera persona al filo de lo infidente, febril, obsesionado, capaz de frases como “En mi interior habita una extraña y monstruosa energía llamada Ingravallo” (Doctor Pasavento), un narrador enfermo de literatura. Sin embargo en Dublinesca opta por un narrador en tercera persona, casi omnisciente. Lo cual, en cierta manera, enlaza Dublinesca con El viaje vertical, con el que comparte más de un aspecto, y con Impostura. Pero en ambas novelas finalmente el narrador acaba mostrándose y participando de la narración. No es un narrador omnisciente, sino subjetivo. Y eso no parece ocurrir en Dublinesca. Sin embargo el narrador aparece dos veces en el relato:

(…) se da la circunstancia- creo yo modestamente- de que para la narración, suponiendo que alguien quisiera contar lo que está pasando precisamente ahora- ahora, que en realidad, en estos precisos instantes no pasa nada. (pág. 200)
Cae la lluvia, como buscando que toda la tierra quede por fin inundada, incluida esta casa al norte de Dublín, esta casa trágica con mecedora y ventanal y cuadro con escalera frente al mar de Irlanda, esta casa pensada para ir rumbo a lo peor y, si se me permite decirlo- perdón por la intromisión, pero es que necesito distanciarme algo y, además, si no lo digo reviento de risa-, tan completamente forrada de Beckett. (pág. 307)

La intromisión del narrador es desconcertante y hace que a partir de la página 200 busquemos sus huellas por toda la novela. Sin embargo se esconde. Se esconde del lector y del propio Riba que busca afanosamente por las calles de Dublín al espectro de su autor, un fantasma que, como Drácula, es capaz de fundirse en la niebla, volverse inaprensible, etéreo.
El narrador se muestra para seguir oculto. Habla por el interfono con Riba. Deja mensajes al lector. Mantiene el misterio, no lo resuelve.
¿Es el narrador Vila-Matas? Es decir, en Dublinesca no se puede confundir al autor con el personaje principal (como ocurría en sus anteriores novelas a pesar de que éste fuera jorobado o manco o no tener ninguna similitud con el autor) ya que, de nuevo, deja claro con el detalle de que Riba sea editor (y no escritor, lo cual ha suscitado el rumor de que la novela habla (o no habla) sobre Herralde) la distancia existente entre autor y personaje. Sin embargo también está claro que lo que le ocurre a Riba es una literaturalización de la realidad de Vila-Matas, desde lo que le ocurrió en Lyon hasta la fundación de la Orden del Finnegans . En ese sentido Riba es Vila-Matas. Y en su búsqueda de su autor Riba encuentra a Malachi Moore, quien, entonces, es también Vila-Matas.
Y a su vez no es ninguno de ellos. El impostor, a fin de cuentas, es el propio lector.

Dublinesca es una novela muy ambiciosa y minuciosamente elaborada que admite multitud de lecturas, sencilla en apariencia y compleja en su temática. Está escrita en un tono melancólico y crepuscular muy adecuado al argumento que plantea, la desaparición de las formas clásicas de edición, pero que al mismo tiempo, partiendo de la contradicción que supone presentar el entierro de la era Gutemberg dentro de ese entorno (Dublinesca está editado en papel), manteniendo una distancia irónica con el tema principal.
Como todas las historias de Vila-Matas Dublinesca es una novela construida desde la propia literatura.

Busquemos a Macintosh, a Joyce, a Beckett, a Quilty, a Malachi Moore, al propio Vila-Matas y cuando creamos que finalmente los hemos encontrado digamos aquello de: Thank you. How grand we are this morning!

(*) Joder, ¿no es un poco extraño esto de citarme a mí mismo? Lo repetiré como un mantra cien mil veces en acto de contrición.

22/3/10

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas (I)

1.- Macintosh

Pero, ¿quién es ese tío larguirucho de ahí con el macintosh? Pero ¿quién es? me gustaría saberlo. Daría algo por saberlo. Siempre aparece alguien que uno no se imaginaba nunca. Uno podría vivir solo toda la vida. Sí que podría. Pero tendría que tener alguien para enterrarle cuando muriera, aunque podría cavar su propia tumba. Todos lo hacemos. Sólo el hombre entierra. No las hormigas tampoco. Lo primero que le impresiona a cualquiera. Enterrar a los muertos. Dicen que Robinsón es como de verdad. Bueno, pues entonces lo enterró Viernes. Todo viernes entierra a un jueves, si bien se mira.
(…)
El señor Bloom se quedó atrás, lejos, sombrero en mano, contando las cabezas descubiertas. Doce. Yo soy el trece. No. El tipo del macintosh es trece. Número de la muerte. ¿De dónde demonios ha salido? No estaba en la capilla, lo juraría. Estúpida superstición la del trece.
Cap. 6

–Esta mañana (lo ha metido Hynes, claro) los restos del difunto señor Patrick Dignam fueron retirados de su residencia en el nº 9 de Newbridge Avenue, Sandymount, para su sepelio en Glasnevin. (…) Entre el duelo figuraban: Patk. Dignam (hijo), Bernard Corrigan (cuñado), John Heny Menton, procur., Martin Cunningham, John Power comerdph 1/8 ador dorador douradora (debe de ser cuando llamó a Monks el cronista jefe por lo del anuncio de Llavees) Thomas Kernan, Simon Dedalus, Stephen Dedalus B.A., Edward J. Lambert, Cornellius Kelleher, Joseph M'C Hynes , L. Boom, C. P. M'Coy, MacIntosh y varios más.
No poco picado por lo de L. Boom (como incorrectamente estaba puesto) y por la línea de tipografía echada a perder, pero al mismo tiempo cosquilleado a morir por lo de C. P. M'Coy y Stephen Dedales, B.A., quienes, ni que decir tiene, habían brillado por su ausencia (para no hablar de MacIntosh) L. Boom se lo indicó a su compañero B.A. ocupado en sofocar otro bostezo (…)
Cap. 16


¿Qué enigma autoimplicado no comprendió Bloom, al levantarse, irse y reunir vestimentas multicolores multiformes multitudinosas, percibiéndolo voluntariamente?
¿Quién era MacIntosh?
Cap. 17


Los fragmentos del Ulises de James Joyce de la traducción de J. M. Valverde



¿Quién es MacIntosh?

Dice Nabokov en su Curso de literatura europea:

(…) el Hombre del Impermeable Marrón es un tema. Entre los personajes casuales del libro hay uno de especialísimo interés para el lector joyceano porque no hace falta repetir que cada nuevo tipo de escritor da lugar a un nuevo tipo de lector; cada genio produce una legión de jóvenes insomnes. (…) (al) Hombre del Impermeable Marrón (…) se hace referencia de una manera o de otra once veces en el curso de la novela, aunque no se le nombra nunca. Por lo que sé, los comentaristas no han comprendido su identidad.
(…)
En el último trozo del capítulo VII (…) el Virrey Gobernador de Irlanda, pasa con su séquito por delante de un joven ciego; luego “en Lower Mount Street, un peatón con impermeable marrón, comiendo pan seco, cruzó con pasos rápidos, sin ser atropellado, por delante del Virrey”. ¿Qué nuevas pistas se añaden aquí? Que el hombre existe, que es un ser vivo en definitiva; que es pobre, que camina con paso rápido, y que se parece un poco a Stephen Dedalus en su gesto desdeñoso y distante. Pero, naturalmente, no es Stephen. Inglaterra, el Virrey, no le hacen daño; Inglaterra no puede molestarle. Hombre vivo y al mismo tiempo liviano como un espectro, ¿quién diablos es?
(…)
“El hombre del impermeable marrón ama a una señora que ha muerto” (…) Un elemento poético ha sido añadido a nuestro hombre misterioso. Pero ¿quién es ese ser que aparece en ciertos momentos cruciales del libro? ¿Es la muerte, la opresión, la persecución, la vida, el amor?
(…)
“¡Demonio, qué hace aquí el tío ese del impermeable! Qué zapatos más polvorientos. Mira que andrajos. ¡Todopoderoso! ¿Qué es lo que come? Cordero de jubileo. Y Bovril por todos los diablos. Lo necesitaba de veras”
(…)
(El capítulo XII) no debe tomarse en serio; ni debemos tomar en serio tampoco la breve visión que tiene Bloom del Hombre del Impermeable Marrón, que le acusa de ser hijo de una madre cristiana: “No crean una palabra de lo que diga. Ese hombre es Leopold M’Intosh, el famoso incendiario. Su verdadero nombre es Higgins”. La madre de Bloom (…) se llamaba de soltera Ellen Higgins. (…) En la misma pesadilla Lipoti (Leopold) Virag, abuelo de Bloom, es embutido en varios abrigos sobre los cuales lleva un impermeable marrón, evidentemente tomado del hombre misterioso.
(…)
"¿Quién era MacIntosh?"
Ésta es la última vez que oímos hablar del Hombre del Impermeable Marrón.
¿Sabemos quién es? Creo que sí. La clave se encuentra en el (capítulo 9), en la escena de la biblioteca. Stephen está hablando de Shakespeare, y sostiene que Shakespeare se ha incluido a sí mismo en sus obras (…) “ha ocultado su propio nombre, un nombre hermoso, William, en sus obras: es un comparsa aquí, allá, igual que el pintor de la vieja Italia colocaba su rostro en un rincón oscuro de su lienzo”. Y esto es exactamente lo que Joyce ha hecho: colocar su rostro en un rincón oscuro de su lienzo. El Hombre del Impermeable Marrón que cruza el sueño del libro no es otro que el propio autor. ¡Bloom llega a ver a su creador!


Curso de literatura europea, Vladimir Nabokov; traducción de Francisco Torres Oliver

Véase también: Teoría shakesperiana de Nabokov

Si “Malachi Moore est mort”, ¿dónde se oculta Vila-Matas en Dublinesca? ¿dónde se muestra para que Riba pueda atisbarlo?
(Continuará)