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28/7/09

Malcolm Lowry

¿Le gusta este jardín, que es suyo?
¡Evite que sus hijos lo destruyan!



Malcolm Lowry nasceu há cem anos

"Al principio el Cónsul sintió un extraño alivio. Ahora se percataba de que habían disparado sobre él. Cayó sobre una rodilla y luego, gimiendo, boca abajo, cuan largo era sobre la hierba. – Dios – observó, perplejo-¡qué manera de morir!"

En su versión original:

At first the Consul felt a queer relief. Now he realized he had been shot. He fell on one knee, then, with a groan, flat on his face in the grass. "Christ", he remarked, puzzled, "this is a dingy way to die"


Autopromoción onanista:
Bajo el volcán

12/6/09

A day in a life

Woke up, got out of bed
Dragged a comb across my head
Found my way downstairs and drank a cup
And looking up, i noticed i was late


Este es un post autoreferencial (es decir, en el que no se dice nada nuevo) para agradecer vuestra adhesión a la convocatoria Bloomsday (y animaros a participar)


(Imagen robada a Javier )


Casualmente (no es cierto, nada es casual) estoy leyendo ahora
Cosmópolis de Don DeLillo, novela que sucede durante un único día (un día de abril del año 2000). Además del Ulises de Joyce hay otras novelas cuya trama se desarrolla en un único día.
Entre ellas dos, junto a la de Joyce, de las grandes novelas del siglo XX, La señora Dalloway de Virginia Wolf y Bajo el volcán de Malcom Lowry (
¿Le gusta este jardín que es suyo? Evite que sus hijos lo destruyan)
¿Dejaré de citar a Faulkner en el que cada uno de los capítulos de El ruido y la furia sucede en un único día, aunque la trama se extienda por varios años?

De acuerdo, también está
La jornada de un interventor electoral, de Italo Calvino, obra que abandoné por motivos extraños hace años y que no he vuelto a retomar (“porque quien le declara la guerra al escepticismo no puede ser escéptico con respecto a su victoria, no puede resignarse a perder, de otro modo se identifica con el enemigo”), la decepcionante Sábado de Ian McEwan (autor sobrevalorado a mi entender) y alguna otra que desconozco o no recuerdo.

Es posible leer
Cosmópolis en tiempo real, dependiendo del ritmo de lectura, algo que también ocurre con After Dark de Haruki Murakami. Se podría decir que en un signo de nuestros tiempos, la coincidencia de lo narrativo con el ritmo de la realidad (pero no una realidad “real” sino más bien cinematográfica) si no fuera porque La señora Dalloway también admite una lectura en tiempo real.
Pero la novela de Wolf es comparable con las de Joyce y Lowry, que de ningún modo, por su complejidad estilística y estructural, pueden admitir una lectura en “tiempo real” (siempre queda la lectura anfetamínica, pero nunca la he probado)

Cosmópolis es una compleja visión de quienes ostentan el poder. No me indigna DeLillo cuando en la novela introduce reflexiones sobre quienes se oponen al Poder, anarquistas o grupos antiglobalización. Es duro reconocerse, pero quizás por esa visión desde fuera tenga que reconocer que,más que nunca, es necesaria la lucha:

(durante una violenta manifestación anarquista):
-Ya sabes que produce el capitalismo. Según Engels y Marx, claro.
-Sus propios enterradores- dijo él
- Pero éstos no son sus enterradores. Esto es el libre mercado, sin más. Toda esta gente sólo es una fantasía generada por el mercado. No existen fuera del mercado. A ningún sitio podrían ir si se empeñan en quedar fuera. No existe ese afuera.
(…)
- Ya sabes lo que siempre han querido los anarquistas.
- Sí.
- Pues dímelo- dijo ella.
- El afán de destruir es un afán creador.
- Ése es también el sello distintivo del pensamiento capitalista. La destrucción forzosa. Es preciso eliminar sin contemplaciones las industrias anticuadas. Hay que reclamar a la fuerza nuevos mercados. Es preciso reexplotar los mercados anticuados. Destruyamos el pasado, construyamos el futuro.
Cosmópolis, Don DeLillo, traducción de Miguel Martinez-Lage para Seix Barral

16/2/05

Bajo el volcán, Malcolm Lowry

"De golpe las vio, las botellas de aguardiente, anís, jerez, Highland Queen, los vasos, una babel de vasos —hacia arriba, como ese día el humo del tren— subidos hasta el cielo y cayendo luego, los vasos quebrados, los vasos volcados cuesta abajo por los jardines del Generalife, las botellas rotas, botellas de oporto, tinto, blanco, botellas de Pernod, Oxygenée, ajenjo, botellas destrozadas, botellas descartadas que caen sordamente en parques, debajo de bancos, de camas, de sillas de teatro, escondidas en los escritorios de los consulados, botellas de calvados soltadas y quebradas, o vueltas trizas, arrojadas en los basureros, lanzadas al mar, al Mediterráneo, al Caspio, al Caribe, botellas flotando en el océano, escoceses muertos en las colinas del Atlántico —y ahora las veía todas, las olía todas, desde el comienzo mismo—, botellas, botellas, botellas y vasos, vasos, vasos, de bitter, Dubonnet, Falstaff, rye, Johnny Walker, Vieux Whiskey Blanc Canadien, los aperitivos, los digestivos, los medios, los dobles, el noch ein Herr Obers, el et Glas Araks, las botellas, las botellas, las hermosas botellas de tequila y las calabazas, calabazas, los millones de calabazas de hermoso mescal...".




Bajo el volcán de Malcolm Lowry es una de las más grandes novelas del siglo XX. Azarosa tanto en su ejecución como en su publicación, se puede decir que es casi milagroso que la obra llegase a manos de los lectores. En el anárquico y alcohólico universo particular de Lowry, el manuscrito estuvo a punto de ser devorado por un incendio. Después el rechazo de los editores, a los que Lowry tuvo que convencer de que nada en la obra es casual y que de hecho constituye una obra con innumerables referencias en la que nada es superfluo. Decía Lowry:

"Puede considerarse [Bajo el volcán] como una especie de sinfonía, o, en otro sentido, como una especie de ópera, y hasta como una película de vaqueros. Es música hot, un poema, una canción, una tragedia, una comedia, una farsa, etcétera. Es superficial, profunda, entretenida y aburrida, según el gusto del lector. Es una profecía, una advertencia política, un criptograma, una película cómica, unas palabras escritas en un muro. Puede considerarse también como una especie de máquina... En el caso de que usted piense que he hecho cualquier cosa menos una novela, es mejor que le diga que en el fondo mi intención era la de escribir, aunque sea yo quien tenga que decirlo, una novela profundamente seria. Pero también es, y lo sostengo, una obra de arte, en cierto modo distinta a lo que usted creía, y también mejor lograda, siempre de acuerdo con sus propias leyes".

¿Qué es Bajo el volcán? En un principio, la novela cuenta una especie de descenso a los infiernos de Geoffrey Firmin, Cónsul, o ex -cónsul, británico en Quauhnahuac, el día de difuntos de 1938. Un descenso regado en alcohol. Como en toda gran novela el argumento no es más que una excusa para dar rienda suelta a la creatividad literaria. Bajo el volcán es una parodia de La divina comedia, El Quijote, Fausto y el Ulises de Joyce. La historia transcurre en doce horas, está dividida en doce capítulos, lo que nos lleva a las horas reales, los meses del año, a la tradición cabalística, pero el tiempo es tratado libremente por Lowry, no está ceñido por la rigidez horaria que preside Ulises, por ejemplo. Esta estructura capitular no deja de ser otro de los muchos guiños de complicidad que oculta la novela. Como declaró Lowry en varias ocasiones su intención era escribir una comedia. Una comedia sobre la vida y la presencia continua de la muerte. Y hacía la muerte se encaminan los protagonistas. Las imágenes recurrentes que aparecen y que tienen su sentido en el conjunto del drama, las menciones a Dante ("Nel mezzo del porco camin..."), el perro famélico que los sigue, que nos recuerda a Fausto, la fiesta de difuntos, la danza de la muerte ante el toro, y el omnipresente caballo, nos conducen hábilmente hasta la apoteosis final de la muerte:

"Al principio el Cónsul sintió un extraño alivio. Ahora se percataba de que habían disparado sobre él. Cayó sobre una rodilla y luego, gimiendo, boca abajo, cuan largo era sobre la hierba. – Dios – observó, perplejo-¡qué manera de morir!"

Y la última línea de la novela:

"Alguien tiró tras él un perro muerto en la barranca"

Línea que completa y cierra este inútil tránsito por la vida. Si la vida y la muerte son prosaicas y vulgares, al menos la literatura no lo es. No en este caso. Y este es el cumplido objetivo de la obra de Lowry.