16/2/05

Bajo el volcán, Malcolm Lowry

"De golpe las vio, las botellas de aguardiente, anís, jerez, Highland Queen, los vasos, una babel de vasos —hacia arriba, como ese día el humo del tren— subidos hasta el cielo y cayendo luego, los vasos quebrados, los vasos volcados cuesta abajo por los jardines del Generalife, las botellas rotas, botellas de oporto, tinto, blanco, botellas de Pernod, Oxygenée, ajenjo, botellas destrozadas, botellas descartadas que caen sordamente en parques, debajo de bancos, de camas, de sillas de teatro, escondidas en los escritorios de los consulados, botellas de calvados soltadas y quebradas, o vueltas trizas, arrojadas en los basureros, lanzadas al mar, al Mediterráneo, al Caspio, al Caribe, botellas flotando en el océano, escoceses muertos en las colinas del Atlántico —y ahora las veía todas, las olía todas, desde el comienzo mismo—, botellas, botellas, botellas y vasos, vasos, vasos, de bitter, Dubonnet, Falstaff, rye, Johnny Walker, Vieux Whiskey Blanc Canadien, los aperitivos, los digestivos, los medios, los dobles, el noch ein Herr Obers, el et Glas Araks, las botellas, las botellas, las hermosas botellas de tequila y las calabazas, calabazas, los millones de calabazas de hermoso mescal...".




Bajo el volcán de Malcolm Lowry es una de las más grandes novelas del siglo XX. Azarosa tanto en su ejecución como en su publicación, se puede decir que es casi milagroso que la obra llegase a manos de los lectores. En el anárquico y alcohólico universo particular de Lowry, el manuscrito estuvo a punto de ser devorado por un incendio. Después el rechazo de los editores, a los que Lowry tuvo que convencer de que nada en la obra es casual y que de hecho constituye una obra con innumerables referencias en la que nada es superfluo. Decía Lowry:

"Puede considerarse [Bajo el volcán] como una especie de sinfonía, o, en otro sentido, como una especie de ópera, y hasta como una película de vaqueros. Es música hot, un poema, una canción, una tragedia, una comedia, una farsa, etcétera. Es superficial, profunda, entretenida y aburrida, según el gusto del lector. Es una profecía, una advertencia política, un criptograma, una película cómica, unas palabras escritas en un muro. Puede considerarse también como una especie de máquina... En el caso de que usted piense que he hecho cualquier cosa menos una novela, es mejor que le diga que en el fondo mi intención era la de escribir, aunque sea yo quien tenga que decirlo, una novela profundamente seria. Pero también es, y lo sostengo, una obra de arte, en cierto modo distinta a lo que usted creía, y también mejor lograda, siempre de acuerdo con sus propias leyes".

¿Qué es Bajo el volcán? En un principio, la novela cuenta una especie de descenso a los infiernos de Geoffrey Firmin, Cónsul, o ex -cónsul, británico en Quauhnahuac, el día de difuntos de 1938. Un descenso regado en alcohol. Como en toda gran novela el argumento no es más que una excusa para dar rienda suelta a la creatividad literaria. Bajo el volcán es una parodia de La divina comedia, El Quijote, Fausto y el Ulises de Joyce. La historia transcurre en doce horas, está dividida en doce capítulos, lo que nos lleva a las horas reales, los meses del año, a la tradición cabalística, pero el tiempo es tratado libremente por Lowry, no está ceñido por la rigidez horaria que preside Ulises, por ejemplo. Esta estructura capitular no deja de ser otro de los muchos guiños de complicidad que oculta la novela. Como declaró Lowry en varias ocasiones su intención era escribir una comedia. Una comedia sobre la vida y la presencia continua de la muerte. Y hacía la muerte se encaminan los protagonistas. Las imágenes recurrentes que aparecen y que tienen su sentido en el conjunto del drama, las menciones a Dante ("Nel mezzo del porco camin..."), el perro famélico que los sigue, que nos recuerda a Fausto, la fiesta de difuntos, la danza de la muerte ante el toro, y el omnipresente caballo, nos conducen hábilmente hasta la apoteosis final de la muerte:

"Al principio el Cónsul sintió un extraño alivio. Ahora se percataba de que habían disparado sobre él. Cayó sobre una rodilla y luego, gimiendo, boca abajo, cuan largo era sobre la hierba. – Dios – observó, perplejo-¡qué manera de morir!"

Y la última línea de la novela:

"Alguien tiró tras él un perro muerto en la barranca"

Línea que completa y cierra este inútil tránsito por la vida. Si la vida y la muerte son prosaicas y vulgares, al menos la literatura no lo es. No en este caso. Y este es el cumplido objetivo de la obra de Lowry.

1 comentario:

Blumm dijo...

No sabía que la botella estuviese aquí.

¿De quién es la foto?