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16/1/14

Diez de diciembre, de George Saunders

En ocasiones me fastidia ser tan contradictorio.
Por una parte, tengo en un altar todos los libros de relatos de Alice Munro.
Por otra, los libros de relatos no me satisfacen.
Aquí mismo, en el blog, debe haber muestras de esta insatisfacción generalizada, de la que Munro es una de las excepciones, que me provocan las colecciones de relatos. Deberían haber pruebas de la herejía de condenar a escritores a los que admiro: Vollmann (Trece historias y trece epitafios), William Gass (En el corazón del corazón del país)…  o tal vez no. Tal vez no hay ninguna prueba porque no me gusta hablar mal por hablar, salvo en casos flagrantes. 

Pero me gustaría distinguir entre dos cosas: entre el Relato y los Libros de Relatos.

Ahora mismo no tengo la cita precisa, estoy lejos de mi biblioteca, pero creo que Cortázar venía a decir que un relato era una esfera que debía construirse desde dentro, empujando (el escritor) hasta que alcance el volumen adecuado. Si consideramos un relato como una esfera (creo que en más de una ocasión Cortázar empleó esa analogía) y seguimos con esa idea gráfica, resulta inconcebible “empaquetar” una serie de esferas dentro de un paralelepípedo (que sería también la idea gráfica, por su apariencia, que tenemos de un libro) sin que queden espacios vacíos entre ellas. Por decirlo de alguna manera, un libro de relatos está compuesto en gran parte de espacio vacío. Por eso no debemos leer de la misma manera un libro de relatos que una novela (que sería un artefacto sin vacíos)

(A lo que hay que añadir que los avispados editores no suelen ordenar los relatos de forma cronológica. En su lugar emplean un criterio subjetivo, pero no por ello desacertado, que les lleva a colocar los dos relatos más interesantes al principio y al final del libro, el primero para suscitar interés, el último para dejar un buen sabor de boca al lector. A pesar de eso, creo que ya lo he comentado más de una vez, la característica principal de todo libro de relatos es su irregularidad)

Admito ser un mal lector de libros de relatos. Los leo como si no existiesen esos espacios vacíos entre relato y relato, como si se tratase de una narración lineal y continua. Hace unos días que comenté en twitter que Saunders me estaba decepcionando. Para ser más preciso, comenté que no acababa de llenarme, que no me satisfacía.
No voy a cambiar de opinión, porque insatisfacción es la sensación general que me ha dejado el libro de relatos. Aunque debo admitir que Diez de diciembre, el texto que (¡atención!) cierra el libro (y le da título), me ha parecido un gran relato.
Lo que si que tengo que reconocer es cómo Saunders es capaz de plasmar distintas voces narrativas en cada uno de sus relatos. Es verdaderamente meritorio el empleo de esas voces y su disparidad relato a relato. Pero también ocurre que la voz narrativa se apropia demasiado de un texto independizándose del autor. Una de esas voces me ha parecido especialmente ridícula dando al traste con lo que pretendía comunicar… o no… tal vez era una historia ridícula y vulgar lo que Saunders quería transmitir a través de unos hechos distópicos. No sé.

En fin, aunque no me ha convencido plenamente, creo que Saunders tiene algo que hace que deba ser tomado en cuenta. No descarto volver a leer algunos de sus relatos en el futuro. 

Al parecer mi espíritu contradictorio también aparece cuando intento calificar a los autores de relatos.

27/12/13

Escapada, de Alice Munro

Tentativa de análisis de un relato de Alice Munro.

(Escribo esto en la cocina. He leído (o creo haber leído) en una entrevista, que Munro escribió muchos de sus relatos en la cocina de su casa. No se trata de “una habitación propia” donde aislarse de la cotidianeidad, la cocina es el lugar comunitario por excelencia de todo hogar, un sitio donde puedes ser interrumpido en cualquier momento, una estancia en la que se realizan muchas acciones continuamente. Me pongo a escribir en la cocina porque quiero sentir cómo Munro es capaz de efectuar un acto de creatividad de manera discontinua, no como tarea principal sino como labor entre labores, entre diferentes instantes de interrelación social. Por supuesto, todo esto me lo imagino, no sé nada sobre Munro y su cocina y, al final, nadie viene a interrumpirme)

(El libro de relatos Escapada tiene una peculiaridad dentro de la narrativa de Alice Munro. Contiene tres relatos centrados en el mismo personaje en tres instantes distintos de su vida y un relato que abarca desde la juventud hasta la ancianidad de otro personaje. Hay pues una voluntad de abarcar un largo periodo de tiempo, de dejar constancia del paso del tiempo y de los cambios que éste produce en las personas. Quizás estos intentos desembocarían en la consecutivamente posterior (y para mí fallida por razones que ya expuse) La vista desde Castle Rock. Sin embargo, en Escapada, esos relatos funcionan bien, incluso los tres encadenados que pueden ser leídos independientemente. Mis reparos a Castle Rock tenían que ver con lo excesivamente personal y autobiográfico, como si la narrativa de Munro funcionase mucho mejor desde la absoluta ficción. Pero uno tiene la impresión como lector que hay mucha realidad fluctuando en los relatos de Munro. Para saber como consigue que esos retazos de realidad se asienten en sus relatos sin perturbar la naturaleza narrativa de éstos, intento analizar uno de ellos)

Escapada (Runaway, 2005)

Personaje 1, Carla, oye llegar el coche de su vecina, Sylvia, Personaje 2, semioculta tras la puerta del establo.
En un solo párrafo de seis líneas, Munro plantea muchas de las condiciones en las que se desarrollará el relato: El carácter temeroso-esquivo de Carla; la vuelta de Sylvia de sus vacaciones en Grecia; sitúa las casas de ambas geográficamente (800 metros de separación) en un ambiente rural (establo); mediante un simple “Mrs. Jamieson (Sylvia)” establece la ambigua relación respeto-amistad de Carla frente a Sylvia.
Hechos: Carla se oculta y observa a Sylvia pasar con el coche. Piensa “Tal vez Clark no se hubiera enterado aún”. Clark, marido de Carla es el Personaje 3. Carla no quiere que Clark sepa que Sylvia ha vuelto, pero sabe que se enterará.

/Salto/

Clark y Carla. Su negocio en declive. El establo, el cuidado de caballos y alquiler para turistas. Se plasma explícitamente el carácter arisco de Clark.

/Salto/

Clark y Carla viven en una caravana en el terreno donde se encuentra el establo, pero sabemos que Sylvia vive en una casa. Sin mencionarlo directamente se ha situado a los personajes 1 y 2 en distintas clases sociales. Se nombra al que podía ser, por razones estrictamente analíticas, el Personaje 4, Flora, la cabra. Más que un personaje es una ausencia. Flora lleva días desaparecida. Munro comenta la especial relación de cariño que Carla mantiene con Flora y el sufrimiento por su desaparición. Carla y Clark hablan sobre el regreso de Sylvia. Clark mantiene un tono irónico-despectivo respecto a su vecina creando un agobio emocional en Carla.

Nota (con, quizás, algún spoiler): Hasta aquí todo es bastante objetivo. Podemos tener nuestras sospechas respecto al carácter dominante de Clark, tanto por sus palabras como por las reacciones de Carla, pero ¿son suficientes para establecer un juicio? Lo comento después de haber leído el relato y releerlo para analizarlo. Creo que en una primera lectura uno puede percibir la personalidad mezquina de Clark ya que Munro nos lo muestra pero sin intervenir. En principio uno desconoce los derroteros que tomará la narración, pero una vez concluido podemos ver cómo Munro sienta las bases para la catarsis del relato. Todavía no podemos juzgar pero nos está dando pistas para permitirnos hacerlo al final. De hecho, Munro nos está dando una especie de lección sobre la vida real, sobre ciertos indicios que nos pueden hacer ver una situación de dependencia-violencia en una pareja. Pero estoy adelantando acontecimientos.

/Salto/

Sylvia. Su reciente viudez. La agonía de su marido. Nadie en el pueblo sabía hasta su muerte que era un poeta galardonado. Clark y Carla hablan de chantajear a Sylvia. Carla accede aunque no quiere.

/Salto/

Sylvia y Carla. La ambigua relación de amistad mezclada con las distintas posiciones de ambas (empleador y empleada) Carla ha atendido a Mr. Jamieson durante su enfermedad. Sylvia era profesora. La relación sobrepasa a la de maestra-alumna sin alcanzar la abierta amistad (¿por imposible?) Carla habla sobre la desaparición de Flora. Llora. Confiesa que no se trata de la cabra. Sin hablar del chantaje explica su decisión (que omitimos para no desvelar (más) acontecimientos). Sylvia la ampara, le ofrece su ayuda, la impulsa a tomar su decisión.
La decisión de Carla. El acto.

/Salto/

Vuelta al pasado para mostrar los inicios de la relación entre Carla y Clark. ¿Entendemos la relación de dependencia de Carla? ¿es voluntaria? ¿se debe a una debilidad de carácter?... la cuestión es que se trata de un HECHO. Y de ahí, la decisión de Carla que aboca en el momento culminante del relato.

/Salto/

Clark y Sylvia. La mezquindad de Clark se muestra sin dudas. Su tono violento y triunfante crece sin medida y con amenazadoras consecuencias hasta que el suceso crucial rompe completamente lo previsible. Creo que estamos ante uno de los más grandes momentos narrativos que ha escrito Munro.

/Salto/

Tras el clímax narrativo hay una desconcertante calma narrativa sin más ilación con los hechos sucedidos entre Clark y Sylvia que la continuidad temporal. Obviamente ha ocurrido algo que ni los lectores ni, sobre todo, Carla, en quien se focaliza el fragmento final, saben. Descubrirlo supondrá una nueva culminación narrativa, no tanto un contraclímax, sino una nueva vuelta de tuerca que proporciona tanto certidumbre en las sospechas que genera la historia como una nueva visión de los acontecimientos (en virtud de esa certidumbre). Ahora estamos en una disyuntiva: Nosotros sabemos y Carla sabe; nosotros reaccionamos de una manera y Carla de otra que consideramos emocionalmente insatisfactoria. Este nuevo punto al que nos conduce Munro nos demuestra que NO tenemos el control, incluso puede que demuestre que Munro no tiene control sobre lo que sucede (en la vida real) y que eso sólo se puede mostrar mediante una final insatisfactorio (y terriblemente real)

¿Cómo ha sido capaz de llevarnos desde el momento en que nos muestra al Personaje 1 semioculto en el establo hasta este final en el que de nuevo hay algo semioculto en el bosque que el Personaje 1 no quiere saber? Parece un viaje sencillo y una historia banal contada mil veces de forma melodramática. Pero Munro ha sabido pulsar algunas teclas emocionales de forma imperceptible. Podemos pensar que nos ha ocultado datos, hechos, pero no es cierto. Repasando el relato vemos que todos indicios y claves están ahí, a la vista, presentes pero no explícitos. Y que, como sucede en la vida real, necesitamos una prueba fehaciente de que nuestras sospechas son ciertas. Por eso no intervenimos hasta que es demasiado tarde. Somos espectadores de las tragedias cotidianas. Lo que hace Munro no es sólo mostrarla sino mostrarnos también nuestra pasividad.

Y aquí estamos de nuevo, ante el final de un relato de Munro, como míseros lectores asombrados.

15/6/13

Demasiada felicidad, de Alice Munro

“Otra cosa que hacía yo era construir casa de hojas. Recogía con el rastrillo hojas secas del arce del columpio, las cargaba en brazadas y las tiraba al suelo y las distribuía formando la planta de una casa. Aquí el salón, ahí la cocina, allí un montón blando para la cama del dormitorio, y así todo lo demás. Yo no me había inventado ese pasatiempo; en el patio de las chicas se trazaban casas de hojas más extensas, e incluso se amueblaban un poco, en todos los recreos, hasta que el conserje acababa por recoger y quemar las hojas”
Juego de niños; Demasiada felicidad, de Alice Munro.

Sofía durmió un rato. Cuando se despertó volvía a estar locuaz, pero no mencionó a ningún marido. Habló de su novela y del libro de recuerdos de su juventud en Palibino. Dijo que ahora podía hacer algo mejor y se puso a describir la idea que tenía para un nuevo relato. Se embrolló y se echó a reír porque no lo explicaba con claridad. Había un movimiento hacia delante y hacia atrás, dijo, había un pulso en la vida. Tenía la esperanza de que en esa novela descubriría qué pasaba. Algo oculto. Inventado, pero no.
¿Qué quería decir con aquellas palabras? Se rió.
Desbordaba de ideas de una amplitud y una importancia completamente nuevas, dijo, pero al mismo tiempo tan evidentes y naturales que no podía evitar reírse.
Demasiada felicidad; Demasiada felicidad, de Alice Munro.


Cuando alguien (en la contratapa del libro, por ejemplo) reduce la maestría de Alice Munro al campo del relato, siento que algo terriblemente injusto se está desarrollando, como una especie de incomodidad que nos impidiese aceptar la realidad: Alice Munro es (y aquí prescindo de género deliberadamente) el más grande escritor de nuestros tiempos. 
Es cierto que Munro se dedica casi exclusivamente al relato, es cierto, reconozcámoslo también, que hay cierta irregularidad en la intensidad de sus textos. Pero no logro encontrar en la literatura contemporánea alguien capaz de deslumbrarme y anonadarme y dejarme rendido ante la (¿aparente?) sencillez de sus relatos y la contundencia del mensaje que transmite.
¿Se puede explicar esa sensación? ¿se puede analizar cómo lo hace? En el texto de arriba, atribuido por Munro al delirio febril de Sofía Kovalevskaya, ¿se puede leer una especie de explicación al método Munro? ¿“un movimiento hacia delante y hacia atrás”, “un pulso en la vida” “algo oculto. Inventado, pero no”?, ¿pretende Munro con sus textos descubrir qué pasa, entender el mundo? ¿quiere que nosotros lo entendamos?
Creo que no sólo quiere que lo entendamos: nos descubre el mundo con un estallido cegador. Ínfimos mundos cotidianos que pasamos por alto son desmenuzados ante nuestros ojos con un sutil movimiento hacia delante y hacia atrás. Circunstancias que jamás podríamos adivinar nos son mostradas con total normalidad a pesar de todo el dolor, culpa y atrocidad que ocultan, no tan solo sin juzgar a sus personajes, sino recordándonos continuamente que nosotros no podemos juzgar. La habilidad narrativa de Munro sitúa al lector al mismo nivel que sus personajes. Ya no podemos juzgarlos porque son nuestros iguales, pero tampoco podemos amarlos porque Munro interpone la barrera de la individualidad. Lo más monstruoso de los relatos de Munro es que jamás podremos acercarnos a sus personajes ni para amarlos ni para odiarlos, no podremos condenarlos ni absolverlos porque no es eso lo que buscan. En cierta manera los personajes de Munro se muestran ante nuestros ojos en contra de su voluntad, pero tampoco debemos considerarlos sujetos de observación. Ellos, los personajes, lo aceptan porque vivimos en un mundo social, una de cuyas características es el conocimiento parcial y sesgado de nuestros semejantes. Y puede que los relatos de Munro se adapten a estas condiciones.
Pero entonces viene una explosión que deja cegado al lector.
Tres frases al azar sin enfatizar.
Un acto trivial.
Una confesión.

Una ráfaga de aire y la casa de hojas se desmorona o, como le ocurre a la narradora de Juegos de niños, un extraño irrumpe y desbarata el juego.

Sí, en cierta manera es la forma tradicional de escribir un relato. No hay nada nuevo. El estilo de Munro puede calificarse de tradicional.
Entonces, ¿cómo lo consigue Alice Munro para destrozar al lector de esta manera, para dejarlo rendido a los pies de la historia? (y, a los mitómanos como yo, rendidos a los pies de su autora)
Obviamente es la estructura.
No sé la influencia que Vladimir Nabokov ha podido tener sobre Alice Munro, pero muchos de esos momentos en los que el teléfono suena o en los que el personaje declara que esos son sus zapatos, instantes de brillantez narrativa que dejan en suspenso la acción y/o empujan al lector a replantearse lo que acaban de leer, son frecuentes en Munro.
Igualar a Munro con el Nabokov relatista es situarla en el lugar que merece en lo más alto de la literatura.
Si no me creéis leed Dimensiones, el primer relato de Demasiada felicidad. Conozco a lectores que no han podido pasar de ese primer relato de tan alto que Munro pone el listón. Decir esto, proclamarlo en público ya es un error, ya es emplear el martillo para condicionar la lectura de quienes se acerquen a Munro después de leer esto.
La idea de este post era desmenuzar Dimensiones, analizar su estructura, desenredar los hilos temporales, mostrar sus entrañas.
A veces debo reprimir mis instintos brutales que me impulsan a destrozar a martillazos aquello que me asombra para comprender como funciona.
Leed a Munro.


Crater Kovalevskaya, la Luna. 


Los textos de la traducción de Flora Casas para Mondadori

18/12/10

Amistad de juventud, de Alice Munro

Estoy de nuevo atrapado en esa suave pero arrolladora marea que es la escritura de Alice Munro, en la aparente sencillez de sus relatos y en su compleja y estudiada estructura.
Dice en la entrevista enlazada más abajo: "No puedo ponerme en la cabeza de los hombres por una simple razón: nunca voy a poder sentir, como ellos, que lo más natural sea que todo gire alrededor de mi trabajo y mis intereses".
Tal vez eso sea lo que me disloca leyéndola. Que llegue hasta mi cabeza de hombre y me voltee como un guante, dejándome indefenso y avergonzado en todos los sentidos.
Siento que es así, exactamente, como se debe escribir.
Por eso me alegra que llegue a una conclusión como la mía:

Adoraría escribir ahora una novela, pero el cuento resulta la forma en la que me siento cómoda. Yo siempre pensé que iba a ser novelista. Me decía que cuando mis chicos fuesen grandes y yo tuviese más tiempo para escribir novelas, iba a hacerlo. El cuento estaba puramente determinado por el largo de las siestas de mis hijos Pero después resultó que ésa fue la manera en la que aprendí a escribir y ya no pude hacer otra cosa. Igual debo aclarar que las novelas que más me gustan son las cortas. Mi marido está releyendo el ‘Ulises’, libro grueso si los hay, y todas las noches, cuando me lee un poquito en voz alta, yo pienso, "Qué audaz que soy, cómo tengo el coraje de llamarme escritora cuando alguien escribió esa maravilla". Pero supongo que hay que seguir adelante con lo único que uno sabe hacer, ¿no?


Sigamos adelante

22/7/09

La vista desde Castle Rock, de Alice Munro



Algo no acaba de funcionar en La vista desde Castle Rock y me duele decirlo estando como estoy totalmente entregado a la maestría narrativa de Alice Munro. Pero todo aquello que hace de sus relatos un ejemplo de sencillez y concisión y, al mismo tiempo, de complejidad y fluidez aparece en menor medida en esta especie de novela a pesar de que podemos considerar que está formada por sucesivos relatos.
Tengo la impresión de que la intención de narrar una especie de historia sobre los orígenes de su familia, desde que sus antepasados emigraron de Escocia hasta la propia autora, pesa sobre las cualidades literarias de Munro. Sus magníficos relatos se retuercen sobre sí mismos, no tienen una focalización concreta ni una resolución sorprendente. La fluidez es su principal característica. Y la ligereza, claro, tal como la define Italo Calvino en Seis propuestas. Además Munro parte de la realidad que la rodea y con ese material construye sus artificios literarios, convierte la realidad en tema narrativo.
Sin embargo en La vista desde Castle Rock todo obedece a un propósito, contar la historia de su familia. Parece como si la realidad a la que debe plegarse la autora se sobrepusiese a la intención literaria. Es decir no convierte la realidad en tema narrativo sino que la narración se somete a la realidad, a los hechos sucedidos. Se pierde la fluidez, la ligereza, la imprecisión. La forma es diferente a la de sus relatos y el resultado final es bastante parecido a cierto tipo de narrativa norteamericana que explota el tema de la familia como motor del desarrollo de un país. Un tema que no me interesa demasiado.
No se trata de que sea una mala novela. Al contrario, es posible que sea buena a su manera. Lo que lamento es que esté tan lejos de la sublimidad de sus relatos.

Dice Alice Munro en el prólogo:

Esto es un conjunto de relatos.
Podría decirse que estos relatos conceden más importancia a la verdad de una vida de lo que suele hacer la ficción. Pero no tanta como para jurar por ella. Y la parte del libro que podría calificarse de historia familiar se ha desarrollado y convertido en ficción, pero siempre dentro del marco de una narración verídica.

Pulsando el enlace podéis leer el Prólogo y el primer “relato”, "Sin ventajas"
Por su parte en la página de RBA, Alice Munro ha sido elegida autor del mes ya que (copio):

La autora canadiense obtiene uno de los galardones literarios más importantes del mundo, el MAN BOOKER INTERNATIONAL 2009. El jurado ha destacado su escritura prácticamente perfecta. Su anterior libro, La vista de Castle Rock, publicado por RBA, fue elegido uno de los mejores libros del año en España.

Esto último demuestra lo equivocado que estoy en muchas ocasiones.

11/9/08

Secretos a voces, de Alice Munro (y II)

Mostré mi admiración por los relatos de Alice Munro postrándome de rodillas ante Secretos a voces
Al parecer no soy el único que siente el efecto Munro. Nuestro amigo j. escribió:
Leyendo a Munro siento que estoy leyendo algo real, ya lo dije. Cada dos o tres páginas doy vuelta atrás y reviso las primeras líneas o las intermedias. ¿Cómo se inicia todo? ¿Tan fácil? ¿Cómo llegamos a este punto? ¿En qué momento esta concatenación de palabras sencillas, sin pretensiones, se transforma en un pequeño universo de personas vivas que no se dan cuenta de que las miro, las sé, me preocupan? Cada cierto tiempo, cuando me deja respirar, me temo que lo que leo es literatura testimonial enmascarada como ficción tal vez para no indisponerme demasiado. Quien cuenta esto, me digo, está sufriendo de verdad. Aquí nadie está actuando.
Me siento mal leyendo las historias de Alice Munro. Me duelen.
Digo más: Me gusta sentirme mal leyéndolas.
j, Runaway, de Alice Munro

Y Antonio Muñoz Molina:
La oí decir hace poco, en la radio, que muchas veces ha empezado historias que le parecían destinadas a convertirse en novelas, pero que siempre acaban siendo relatos más o menos cortos, con frecuencia sutilmente conectados entre sí. Lo decía riéndose, como aceptando una fatalidad contra la que no puede hacer nada. Pero los relatos de Alice Munro contienen muchas veces novelas enteras, abarcan amplitudes temporales y saltos de generaciones que uno no imaginaba que pudieran caber en el espacio de unas pocas decenas de páginas. "Veo la vida como piezas separadas que no acaban de encajar entre sí", decía en esa entrevista: pero esas piezas, en la trama de sus relatos, muy detalladas y a la vez despojadas de lazos precisos de continuidad, trazan perspectivas temporales que nos sobrecogen con ese sentimiento de duración, de aprendizaje y de pérdida, que parece privativo de la novela. Hay cuentos de Alice Munro que contienen una novela río en la limpia brevedad de un vaso de agua.
Alice Munro; Huida y vocación, por Antonio Muñoz Molina. EL PAÍS 06-08-2005

Digamos que me encuentro en una encrucijada que de alguna manera me ha bloqueado. Es cierto que hay que rendirse ante el talento de esta escritora, ante la aparente sencillez de sus textos que nos introduce en laberintos narrativos, conectados con otros laberintos, historias sutilmente relacionados con otras, conformando un territorio literario, en el que analiza las relaciones sentimentales de las personas, sus deseos y sus odios, su desesperanza y su soledad, todo ello simplemente mostrando, sin juicio ni valoración moral más que el que la estructura narrativa deja que percibamos.
Pero no es menos cierto que me resulta difícil hablar sobre Munro y su excelencia ya que cualquier cosa que diga no logrará captar las emociones que me producen la lectura de sus relatos, lo cual es insatisfactorio (para mi) e injusto (con la autora)
Hay que leer a Alice Munro. Es así de sencillo. Es todo cuanto debería decirse. Hay que sumergirse en sus relatos y dejarse llevar por las exposiciones que realiza en cada texto, como un río de palabras que fluye sin tropiezos aunque juegue muchas veces con la ruptura temporal. Porque es el lector quien debe explorar y sacar sus propias conclusiones sobre cada relato, ya que la autora no enfatiza, al menos no de forma evidente, los hechos más relevantes. Y es esa falta de énfasis la que produce esa extraña sensación: Mientras que los relatos fluyen regularmente, se desgranan sin alteraciones, uno siente el placer de la ligereza; cuando alcanzas el final, como dice j. exclamas “¡¿Tan fácil? ¿Cómo llegamos a este punto?!”, y entiendes que la ligereza es una sensación errónea, que cuando alcanzas la comprensión del relato en su totalidad el lector tiene como una especie de revelación.

Y eso me hace pensar en si Alice Munro es una escritora para escritores. No sé que responder. Puede que al haber intentado escribir en alguna ocasión, al habernos enfrentado a la complejidad de la escritura, sintamos mayor admiración por la forma en que Munro construye sus relatos. Pero es posible que eso no tenga nada que ver. Me consta que no es necesario haber escrito para sentir que estamos ante una de las mejores escritoras contemporánea.
Basta con leer Entusiasmo, el primer relato de Secretos a voces.

15/5/08

Secretos a voces, de Alice Munro (I)

Terminé de leer el primer relato de Secretos a voces (Open secrets) de Alice Munro, el titulado Entusiasmo. Me levanté. Apoyé el libro en el respaldo del sillón. Me arrodillé ante él e incliné mi cuerpo en repetidas ocasiones hasta tocar la frente en el suelo, como homenaje al grandioso talento narrativo de la Duquesa de Ontario.