Terminé de leer el primer relato de Secretos a voces (Open secrets) de Alice Munro, el titulado Entusiasmo. Me levanté. Apoyé el libro en el respaldo del sillón. Me arrodillé ante él e incliné mi cuerpo en repetidas ocasiones hasta tocar la frente en el suelo, como homenaje al grandioso talento narrativo de la Duquesa de Ontario.