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5/11/12

Europa Central, de William T. Vollmann

 
 
 
 


 

 

 

No hay ninguna imagen de Elena Konstantinovskaya, ninguna referencia aparte de su relación con Shostakóvich. Repasemos las películas que Roman Karmen rodó durante la guerra civil española. ¡Ahí, justo ahí! ¿La has visto? Esa era Elena Konstantinovskaya.
O quizás, sea mejor escuchar las sinfonías de Shostakóvich. Ahí también está Elena. La sombra de Elena Konstantinovskaya recorre toda la obra del compositor.

Todos los personajes que aparecen en la novela de Vollmann se corresponden con personas que tienen un hueco en la historia. Incluso Elena Konstantinovskaya. Pero la ausencia de mayor información sobre su persona le confiere un aire etéreo e indefinido, como un leiv-motiv musical, al igual que la mutable entidad de esa zona geográfica, entre Berlín y Moscú, que Vollmann denomina Europa Central.
La tensión entre Berlín y Moscú determina la política de la zona que separa las dos ciudades: La destrucción, la guerra, el totalitarismo y el horror. “Nosotros tenemos una Madre Patria y ellos tienen un Padre Patria. Su hijo es Europa Central”, dice un personaje de Vollmann. Pero también recuerda el autor un discurso de Adenauer: “Berlín es el cerebro. Rusia el subconsciente colectivo





El único nexo de unión en esa zona convulsa por la guerra parece ser el arte. No en vano casi al inicio Vollmann introduce a Käthe Kollwitz y sus cuadros, expuestos también en museos soviéticos, y centra la narración de Europa Central en Shostakóvich, en la composición de su música y de cómo esta, de alguna manera, le salva de arbitrariedad represora o, en todo caso, le permite sobrevivir, al mismo tiempo que rompe (paradójicamente para Vollmann) todo tipo de fronteras:

"(…) porque el Opus 110 no es una progresión, sólo una cárcel, y el prisionero (cierto D.D. Shostakóvich) ya ha completado el circuito de los muros hasta volver al punto de partida. Está en el centro del mundo, compréndase. (El centro del mundo es Leningrado, que es Stalingrado, que es Auschwitz) Todos los lugares llevan allí"



Lo destacable de Vollmann como novelista es su capacidad para construir desde planteamientos narrativos quizás no estrictamente literarios, el periodístico en Los pobres, el ensayo histórico en Europa Central, obras de una gran fuerza narrativa. Aquí me veo tentado a mencionar la hibridación de géneros, pero creo que es un concepto, aparte de gastado por su uso generalizado, que no acaba de definir lo que Vollmann hace. Europa Central es un mosaico histórico focalizado en una serie de personajes relevantes y es tanto un estricto ensayo histórico, en el que la mayoría de los datos, e incluso frases y gestos, está perfectamente documentado, como una novela, y por tanto partícipe de la ficción, en la que la construcción de los personajes, la intensidad de sus emociones y el dramatismo de los hechos son fundamentales. Vollmann es, al mismo tiempo que permite que sus personajes tengan las características de los entes de ficción, estricto con los hechos históricos.

Dice Vollmann: “el objetivo era escribir una serie de parábolas sobre actores morales europeos famosos, infames y anónimos en momentos decisivos
La ecuación moral del estalinismo con el hitlerismo no es nada nuevo. Vassili Grossman fue el primero en apuntar en esa teoría, y quien mejor lo ha hecho, con su novela Vida y destino. Aquí no es más que un punto de partida

Y no es más que un punto de partida porque lo que en Grossman era una ficción en un entorno histórico en Vollmann se convierte en algo más complicado de definir. Y en ese punto de partida es de destacar algunos de los narradores que emplea, dejando aparte al objetivo omnisciente, que es el que predomina, sobre todo ese narrador plural cuando quiere ponernos en el punto de vista del nazismo, y al agente del NKVD que nos propone una visión siniestra de la vida bajo el stalinismo. Por esos detalles que apuntan a cierta complejidad narrativa hace difícil definir Europa Central. Pero no necesitamos ningún tipo de definición para disfrutar de un documento imprescindible como esta novela.
Me odio cuando termino un post con una frase como esa. No voy a decir que nos deba gustar Vollmann como si el hecho de ser estadounidense inmediatamente sublimase cualquier cosa que hiciese. Tampoco que sea absolutamente original. Pero también me odio cuando empiezo a justificarme. Me parece que leer a Vollmann, el hecho de hacerlo, es lo suficientemente satisfactorio como para recomendarlo.

9/5/08

Vasili Grossman: Vida y destino

Una de las cosas más comunes que se suelen decir al hablar de Vida y destino, es que nos encontramos ante el Guerra y Paz del siglo XX. No creo que la elección del título por parte de Grossman sea casual. Vida y destino (Жизнь и судьба) recuerda a Guerra y paz (Война и мир) y queda más que patente en la novela la admiración que Grossman siente por Liev Nikoláyevich Tolstoi.
(Es curioso pero, mientras que otras obras de Tolstoi son citadas, ver el post Literatura y partido, Anna Karenina es soslayada… ¿demasiado decadente incluso para los críticos con el stalinismo)
Vida y destino es voluntariamente tolstoiana, pero participa también del espíritu literario del siglo XX ( no hay más que fijarse en su estructura), aunque es preciso algo más que voluntad para superar una obra monumental como la de Tolstoi. Es un error concluir o reseñar que Vida y destino es el Guerra y paz del siglo XX. Más que injusto, es estúpido decirlo. Cada novela, sin descartar sus influencias, debe ser juzgada en sí misma. Comparar la de Grossman con la de Tolstoi es disminuir la intensidad narrativa de Vida y destino, supeditarla a un modelo anterior de la cual parece depender para ser entendida. Es más, si insistiéramos en la comparación, creo que acabaríamos concluyendo que Vida y destino es superior a Guerra y paz, por la estructura, como ya dije, por su tiempo narrativo fragmentado, porque Vida y destino no sufre las digresiones geo-bélicas que entorpecen el ritmo de Guerra y Paz, porque, y esto es extraño decirlo, Grossman trasciende el relato realista porque era periodista y Tolstoi… bueno, Tolstoi era Dios.
Olvidemos a Tolstoi. Es injusto seguir con la comparación porque Vida y destino es una obra destacable en sí misma sin tener que recurrir a ninguna comparación.
La novela de Grossman incide en como la vida en un régimen totalitario, curiosamente enfrentado a otro del mismo talante, ver " Dos casas que deben estar la una al lado de la otra" , implica que el destino de los individuos deja de pertenecerles. En eso, Vida y destino se empareja con Sin destino de Kertész.
Los personajes de Grossman, que provienen muchos de ellos de una novela anterior, Por una causa justa, sufren las múltiples formas de la arbitrariedad y falta de humanidad de un régimen político caprichoso, rígido e intolerante, en el que cada decisión, cada palabra, debe ser medida hasta las últimas repercusiones que pueda tener. La acción de Vida y destino discurre de modo cronológico mostrándonos como, mientras la Historia sucede, la libertad de los que intervienen en ella está limitada. En realidad no hay libertad posible y el Destino, como ocurría en Kertész, es una imposición. Grossman amplía el campo de la carencia de libertad a las "Dos Casas", haciendo del stalinismo y del nazismo denominaciones para una misma forma de opresión y exterminio: "El siglo de Einstein y Planck es el siglo de Hitler y Stalin"
La creación y desarrollo de los personajes principales es lo más destacable literariamente de Vida y destino. Grossman sabe potenciar el realismo decimonónico y darle consistencia de crónica periodística, consiguiendo que el lector se introduzca en la realidad de los personajes, que crea en ellos, que se involucre en sus vidas y sus sufrimientos.
Cada capítulo de la novela constituye una isla en la realidad histórica de 1941 y a través de retazos con más o menos conexión entre sí, Grossman consigue hacernos partícipes de esa “realidad histórica” mientras nos enreda en la trama fatídica del destino, la influencia de los acontecimientos sobre los individuos, ciudadanos que sufren las imposiciones de un periodo tiránico. Uno intuye que hay muchas cosas más, antes durante y después de la novela. Lo que podemos ver son instantáneas conectadas entre sí, sin que el autor demuestre intención de ser concluyente narrativamente. Crónicas y fragmentos con los que Grossman demuestra su capacidad de plasmar literariamente la realidad, la vida. Crónicas y fragmentos que constituyen una ficción, en muchos aspectos íntimamente relacionada con la vida del escritor, con las que nos asomamos a la inexorable tragedia de la vida.
Hay un excelente artículo de Robert Chandler publicado en Letras Libres que hace un recorrido por la obra del escritor ruso. Es incomparablamente mejor que cualquier nimiedad que yo pueda escribir al respecto, porque en el fondo siento que no se puede hablar de Vida y destino y, que de hacerlo, habría que dedicar páginas y páginas a cada capítulo.
El artículo es: Vasili Grossman. En nombre de los que yacen en la tierra

Más material sobre Grossman en El Ortiba: Dossier Grossman

Y para los afortunados que vivan cerca, Bardamu, desde sus Mínimas, hace un anuncio que no se debe pasar por alto: Exposición Vasili Grossman, destaca un enlace donde descargar la obra y recoge uno de los fragmentos que más se recuerdan de la obra de Grossman:

"Alguien debiera escribir un tratado sobre los distintos tipos de angustia en los campos: una te oprime, otra te agobia, la tercera te ahoga, no te deja respirar. Y hay una especial: una que ni te ahoga ni te oprime ni te agobia, sino que te desgarra por dentro: como un monstruo de las profundidades del mar que, de improviso, sale furioso a la superficie".

30/4/08

Literatura y Partido; Vasili Grossman, Vida y destino

—Dostoyevski ha caído en el olvido —observó Madiárov—. Las editoriales no lo reeditan y las bibliotecas no lo dejan en préstamo así como así.
—Porque es un reaccionario —sentenció Shtrum.
—Es cierto. No debería haber escrito Los demonios —aprobó Sokolov.
—¿Está seguro, Piotr Lavréntievich, de que no debería haber escrito Los demonios? —preguntó Shtrum—. ¿Tal vez es el Diario de un escritor lo que no debería haber escrito?
—No se puede castrar a los genios —dijo Madiárov—. Dostoyevski sencillamente no encaja con nuestra ideología. No es como Mayakovski, al que Stalin definió como el mejor y más dotado de nuestros poetas... Mayakovski es el Estado personificado, hecho emoción, mientras que Dostoyevski, incluso en su culto al Estado, es la misma humanidad.
—Si así lo cree —intervino Sokolov—, nada de la literatura del siglo XIX tiene cabida en nuestra ideología.
—¡Ni mucho menos! —discrepó Madiárov—. ¿Qué hay de Tolstói? Él poetizó la idea de guerra del pueblo, y el Estado ahora se ha puesto al frente de la justa guerra del pueblo. Como ha dicho Ajmet Usmánovich, cuando las ideas coinciden aparece la alfombra voladora: se habla de Tolstói por la radio, en las veladas de lectura, sus obras se editan; incluso nuestros jefes lo citan.
—Con Chéjov no ha habido ningún obstáculo. Fue reconocido tanto en su época como en la nuestra.
—¡Qué despropósito! —exclamó Madiárov golpeando las palmas de las manos contra la mesa—. Chéjov ha sido reconocido por un malentendido. De la misma manera que ha sido reconocido por un malentendido su continuador, Zóschenko.
—No lo entiendo —objetó Sokolov—. Chéjov es un realista. Son los decadentistas a los que criticamos.
—¿No lo entiendes? —replicó Madiárov—. Espera, te lo explicaré. (...) En el fondo Chéjov se cargó a las espaldas la inexistente democracia rusa. El camino de Chéjov es el camino de la libertad de Rusia. Nosotros tomarnos otro camino. Intentad abarcar todos sus personajes. Tal vez sólo Balzac introdujo en la conciencia colectiva una masa de gente tan enorme. No, ni siquiera Balzac. (...) Chéjov introdujo en nuestra conciencia toda la enorme Rusia, todas las clases, estamentos, edades... ¡Pero eso no es todo! Introdujo a esos millones de personas como demócrata, ¿lo entiende? Habló como nadie antes, ni siquiera Tolstói, había hablado: todos nosotros, antes que nada, somos hombres, ¿comprende? Hombres, hombres, hombres. Habló en Rusia como nadie lo había hecho antes. Dijo que lo principal era que los hombres son hombres, sólo después son obispos, rusos, tenderos, tártaros, obreros. ¿Lo comprende? Los hombres no son buenos o malos según si son obreros u obispos, tártaros o ucranianos; los hombres son iguales en tanto que hombres. Cincuenta años antes la gente, obcecada por la estrechez de miras del Partido, consideraba que Chéjov era portavoz de un fin de siècle. Pero Chéjov es el portador de la más grande bandera que haya sido enarbolada en Rusia durante toda su historia: la verdadera, buena democracia rusa. Nuestro humanismo ruso siempre ha sido cruel, intolerante, sectario. Desde Avvakum a Lenin nuestra concepción de la humanidad y la libertad ha sido siempre partidista y fanática. Siempre ha sacrificado sin piedad al individuo en aras de una idea abstracta de humanidad. Incluso Tolstói nos resulta intolerable con su idea de no oponerse al mal mediante la violencia, su punto de partida no es el hombre, sino Dios. Le interesa que triunfe la idea que afirma la bondad, de hecho los «portadores de Dios» siempre se han esforzado, por medio de la violencia, en introducir a Dios en el hombre, y en Rusia, para conseguir este objetivo, no retrocederán ante nada ni nadie; torturarán y matarán, si es preciso.
"Chéjov dijo: dejemos a un lado a Dios y las así llamadas grandes ideas progresistas; comencemos por el hombre, seamos buenos y atentos para con el hombre sea éste lo que sea: obispo, campesino, magnate industrial, prisionero de Sajalín, camarero de un restaurante; comencemos por amar, respetar y compadecer al hombre; sin eso no funcionará nada. A eso se le llama democracia, la democracia que todavía no ha visto la luz en el pueblo ruso.
"El hombre ruso ha visto todo durante los últimos mil años, la grandeza y la supergrandeza, sólo hay una cosa que no ha visto: la democracia. He aquí la diferencia entre el decadentismo y Chéjov. El Estado puede asestar un golpe en la nuca al decadente por rabia, puede darle un puntapié en el trasero. Pero el Estado no comprende la esencia de Chéjov, por eso lo tolera. En nuestro régimen la democracia verdadera, humana, no se admite.
Era evidente que la audacia de las palabras de Madiárov disgustaba rotundamente a Sokolov.
(...)
Karimov se volvió a Madiárov:
—Leonid Serguéyevich, ¿cómo conciliar su apasionado discurso sobre el humanismo de Chéjov con su himno a Dostoyevski? Para Dostoyevski, no todos los hombres en Rusia son iguales. Hitler ha llamado a Tolstói degenerado, pero se dice que tiene colgado en su despacho un retrato de Dostoyevski. Yo pertenezco a una minoría nacional, soy tártaro, pero nací en Rusia y no perdono a un escritor ruso su odio por los polacos y los judíos. No, no puedo, aunque se trate de un genio. Nos ha bastado con el derramamiento de sangre en la Rusia zarista, los escupitajos en los ojos, los pogromos. En Rusia un gran escritor no tiene derecho a perseguir a los extranjeros, despreciar a los polacos y los tártaros, a los armenios y los chuvachos.
El viejo tártaro de ojos oscuros esbozó una sonrisa maliciosa y altanera típicamente mongol, y continuó:
—¿Ha leído la obra de Tolstói Hadjí Murat? ¿Tal vez haya leído Los cosacos? ¿O su relato, El prisionero del Cáucaso? Todo eso lo ha escrito un conde ruso, más ruso que el lituano Dostoyevski. Mientras los tártaros vivan, rezarán a Alá por Tolstói.

21/4/08

Dos casas que deben estar la una al lado de la otra (Vasili Grossman, Vida y destino)

En el campo de concentración alemán, el Obersturmbannführer Liss, miembro de las SS, habla con Mijaíl Sídorovich Mostovskói, bolchevique preso, uno de los fundadores del Partido:

Ustedes creen que nos odian, pero es sólo una apariencia: se odian a ustedes mismos en nosotros. Terrible, ¿no es cierto? (...) Cuando damos un golpe a su ejército lo infligimos contra nosotros mismos. Nuestros tanques no sólo han roto sus defensas, han quebrado también las nuestras; las orugas de nuestros tanques aplastan al nacionalsocialismo. Es horrible, es una especie de suicidio cometido en un sueño. Para nosotros puede acabar de manera trágica. ¿Lo comprende? Si ganamos, nosotros, los vencedores, nos quedaremos sin ustedes, solos contra un mundo que nos es extraño, que nos odia.(...) Un pensador alemán, seguro que usted conoce sus brillantes estudios, dijo que la tragedia de Napoleón consistía en que expresaba el alma de Inglaterra, y precisamente en Inglaterra tenía a su enemigo mortal. (...) ¿Por qué encuentra esta conversación tan sorprendente? ¿Esperaba que le dijera algo diferente? Seguro que ustedes, en la Lubianka, también tienen a hombres instruidos. Gente que pueda hablar con el académico Pávlov o con Oldenburg. Pero ellos persiguen un objetivo, mientras que yo no persigo ningún fin secreto con esta conversación. Le doy mi palabra. Me atormentan las mismas cosas que a usted. (...) ¡Dos polos! ¡Eso es! Si no fuera así, esta terrible guerra no existiría. Nosotros somos sus enemigos mortales, sí. Pero nuestra victoria será su victoria. ¿Lo comprende? Si ustedes ganan, nosotros moriremos y viviremos en vuestra victoria. Es algo paradójico: si perdemos la guerra, seremos los vencedores, continuaremos desarrollándonos bajo otra forma, pero conservando la misma esencia.
(...)
Mijaíl Sídorovich no tenía miedo a las torturas; lo que le aterrorizaba era pensar que el alemán no mentía, que le estuviera hablando con sinceridad. Que simplemente fuera un hombre con ganas de conversar.
(...)
¿Quién estaría en nuestros Lager si no hubiera guerra, si no tuviéramos prisioneros de guerra? Los enemigos del Partido, los enemigos del pueblo. Es una especie que usted conoce, ustedes los tienen en sus campos. Sí, y si la Dirección de Seguridad del Reich acoge prisioneros suyos en tiempo de paz, no los dejará marchar: sus prisioneros son nuestros prisioneros. (...)Los comunistas alemanes que enviamos a los campos también fueron enviados a sus campos en 1937. Yezhov los encarceló, y el Reichsführer Himmler también. Sea más hegeliano, maestro.(...) A menudo pienso que el conocimiento de lenguas en sus campos podría ser tan útil como en los nuestros. Hoy le asusta nuestro odio a los judíos. Mañana puede darse que ustedes sigan nuestro ejemplo. Y pasado mañana nos volveremos más indulgentes. He recorrido un largo camino, guiado por un gran hombre. A usted también le ha guiado un gran hombre, también ha recorrido un largo camino, difícil. ¿Cree usted que Bujarin era un provocateur? Sólo un gran hombre podía guiar a los demás por un camino como aquél. Yo también conocía a Röhm, confiaba en él, y así debía ser. Pero hay algo que me tortura: el terror de ustedes ha matado a millones de personas, y en todo el mundo, sólo nosotros, los alemanes, hemos comprendido que era algo necesario. Así es, no tiene vuelta de hoja. Trate de comprenderme, como yo le comprendo a usted. Esta guerra debe de horrorizarle. Napoleón no tenía que haber combatido contra Inglaterra. (...)¿Cree que el mundo nos mira a nosotros con horror y a ustedes con amor y esperanza? Créame, quien ahora nos mira con horror a nosotros, también les mirará con horror a ustedes.(...) Tendría que compartir mi insomnio. Pero ¿cuál es la razón de nuestra enemistad?; no puedo entenderlo... ¿Tal vez porque Adolf Hitler no es un Führer, sino el lacayo de los Krupp y los Stinnes? ¿Porque no hay propiedad privada en su país? ¿Porque las fábricas y los bancos pertenecen al pueblo? ¿Porque son internacionalistas mientras nosotros predicarnos el odio racial? ¿Porque hemos provocado el incendio y ustedes se esfuerzan por apagarlo? ¿Por qué somos odiados mientras que la humanidad mira con esperanza hacia su Stalingrado? ¿Es eso lo que ustedes dicen? ¡Tonterías! ¡No existen abismos entre nosotros! ¡Los han inventado! Somos formas diferentes de una misma esencia: el Estado de Partido. Nuestros capitalistas no son los verdaderos amos, el Estado les asigna un plan y un programa. El Estado torna su producción y sus beneficios. Como salario se quedan con el seis por ciento de los beneficios. Su Estado-Partido, exactamente del mismo modo que el nuestro, establece un plan, un programa, y se apodera de la producción. Y aquellos a los que ustedes llaman amos, los obreros, también reciben un salario de su Estado-Partido.(...) También sobre nuestro Estado ondea la bandera roja del proletariado, también nosotros apelamos a la unidad nacional y al esfuerzo de los trabajadores, también nosotros proclamamos que el Partido expresa las aspiraciones del obrero alemán. Y ustedes también apelan al «nacionalismo», al «trabajo». Ustedes saben tan bien como nosotros que el nacionalismo es la fuerza más poderosa del siglo XX. ¡El nacionalismo es el alma de nuestra época! ¡El socialismo en un solo país es la expresión suprema del nacionalismo! No veo razón para nuestra enemistad. Pero el genial maestro y líder del pueblo alemán, nuestro padre, el mejor amigo de las madres alemanas, el estratega más grande de todos los tiempos y todos los pueblos es quien ha empezado esta guerra. ¡Y yo creo en Hitler! Sé que la mente de vuestro Stalin no está nublada por la cólera y el dolor. A través del fuego y el humo de la guerra puede ver la verdad. Sabe quiénes son sus enemigos. Lo sabe, sí, lo sabe incluso ahora, cuando estudia con ellos la estrategia militar que desplegará contra nosotros, y se bebe una copa a nuestra salud. En el mundo existen dos grandes revolucionarios: Stalin y nuestro Führer. Es la voluntad de ambos la que ha dado origen al socialismo nacional del Estado. Para mí la fraternidad con ustedes es más importante que la guerra que libramos por los territorios del Este. Construimos dos casas que deben estar la una al lado de la otra. (...) Usted y yo debemos comprender que el futuro no se decide en los campos de batalla. Usted conoció personalmente a Lenin. Él fundó un nuevo tipo de partido. Fue el primero en comprender que sólo el Partido y su líder son los que expresan el impulso de la nación. Por eso puso fin a la Asamblea Constituyente. Pero así como Maxwell destruyó la mecánica newtoniana pensando que estaba confirmándola, Lenin se consideró el fundador de la Internacional cuando en realidad había creado el gran nacionalismo del siglo XX. Después Stalin nos ha enseñado muchas cosas. Para construir el socialismo en un solo país era necesario privar a los campesinos del derecho a sembrar y vender libremente, y Stalin no vaciló: liquidó a millones de campesinos. Nuestro Hitler advirtió que al movimiento nacionalsocialista alemán le estorbaba un enemigo, el judaísmo, y decidió liquidar a millones de judíos. Pero Hitler no es sólo un discípulo, es también un genio. Fue en la Noche de los cuchillos largos donde Stalin encontró la idea para las grandes purgas del Partido en 1937. Debe creerme. Yo he hablado, usted ha callado, pero sé que para usted soy un espejo.
(...) Maestro, ustedes nos enseñarán siempre y serán nuestros discípulos. Pensaremos juntos.

Vasili Grossman, Vida y destino
Traducción de Marta Rebón

(Me he tomado la libertad de omitir casi todo lo que Mostovskói piensa y dejar el texto como un discurso, como una parte de un diálogo platónico)