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10/1/08

Kantoku-Banzai!, apostillas

Como apostilla al comentario de ayer sobre la última película de Takeshi Kitano dejaré una nueva duda:
Quizás los cineastas japoneses practiquen un subgénero que nosotros, occidentales poco flexibles, no sabemos entender en toda su dimensión.




Si no, ¿cómo se explica que tras la sublime Cha no aji (The taste of tea) (foto de arriba)(aquí podéis encontrar un fragmento quizás no demasiado ilustrativo de la exquisitez que derrocha la película) Katsuhito Ishii sea capaz de dirigir ( y exhibir, eso sí es valor) Naisu no mori:(Funky Forest) The First Contact ?





Se admiten apuestas sobre el posible nombre de ese subgénero, pero...



por la forma con que nos miran, yo votaría por “Desconcertando al occidental”

Afortunadamente en Kantoku-Banzai! no hay números musicales.

9/1/08

Kantoku-Banzai!, una película de Takeshi Kitano

Si Takeshis’ hablaba sobre la saturación de la violencia y de la dicotomía actor-director Kantoku-Banzai! (Glory to the Filmmaker!) habla en cierta manera sobre el cansancio narrativo, la imposibilidad de ser original y la necesidad de recuperar los orígenes.
Yo supongo que a todo autor preocupado por lo que hace, le llega la hora de preguntarse sobre los temas que emplea, sobre la recurrencia temática y sobre eso que de alguna manera todos reconocemos (y en ocasiones atormenta) de que todo está ya realizado con anterioridad (y, lo que es peor, por otros y mejor)



Siguiendo el camino abierto por su anterior película, Takeshis’, donde interpretaba a dos personajes, el famoso director de cine y el apocado actor, en Kantoku-Banzai! Kitano también se desdobla, pero en esta ocasión empleando un muñeco de cartón piedra que continuamente debe acarrear. De modo que, como se reconoce en un momento de la película, “cuando las cosas se ponen feas (Kitano) se convierte en un muñeco”, pero también cede el protagonismo al muñeco cuando hay que tomar una decisión, de forma que le libra de todo riesgo y responsabilidad... bueno, casi siempre:



Pero este desdoblamiento no afecta solo al director de Kantoku-Banzai!. Al principio de la película el muñeco de Kitano es sometido a una rigurosa y exhaustiva revisión médica. No sé si se apreciará bien en las fotos por su tamaño, pero os puedo asegurar que en los monitores que controlan las pruebas aparecen los nombres de célebres cineastas japoneses:










Ozu, Kurosawa, Imamura, Takeshige... todo está hecho con anterioridad... y mejor, parece decirnos durante la primera parte de la película en la que una voz en off va explicando los sucesivos proyectos cinematográficos que se van descartando. A través de pequeños fragmentos Kitano repasa de forma bastante ácida sus propias producciones, las películas de sus directores admirados y aquellas en las que participa como actor:

















Esta sucesión de escenas paródicas termina, sin más transición que la sutil desaparición de la voz del narrador, para dar paso a la segunda parte de la película. Pero hay que notar que Kitano olvida premeditadamente parodiar Getting Any?, la comedia absurda de sketchs dirigida en 1995 de la que Kantoku-Banzai! es heredera directa.



Dos estafadoras de poca monta se enredaran en la vida de Kichijoji, interpretado por Kitano y su muñeco... cualquier intento de explicar lo que sucede en esta segunda parte sería imposible. Digamos que podemos encontrar lo mejor y lo peor, lo divertido y lo zafio, lo localista, que dificulta la comprensión de algunos aspectos, y lo universal, la tradición japonesa junto a Zidane y Matrix.






Kitano quiere volver a su castillo, al Takeshi’s Castle que le dio la fama, a los duetos cómicos que le labraron una exitosa carrera de humorista en Japón, antes de convertirse en el reputado y mundialmente admirado realizador cinematográfico. Puede que con Takeshis’ y Kantoku-Banzai! Kitano quiera destrozar la aureola de prestigio artístico que le acompaña, puede que con su papel de estoico Buster Keaton oriental quiera volver a los orígenes del cine, cómico, mudo... y empezar de nuevo, quizás. O puede que quiera acabar con la paciencia de crítica y espectadores.
O puede que haga lo que le viene en gana, privilegio reservado a muy pocos.
Si quiere hacernos perder la paciencia conmigo fracasa estrepitosamente. La película es divertida y me hizo reír un buen rato.

De todas formas, ya sabéis... las reclamaciones, al muñeco.



El método correcto es primero dar una colleja al muñeco y luego gritar: Glory to the Filmmaker!

30/12/06

IZO; de Takashi Miike (2004)

En 1969 Hideo Gosha dirigió Hitokiri, en la que se narra la historia de un ronin, Izo Okada, que es convertido en un asesino por obra de Hampeita Takeshi, jefe del clan Tosa... es curioso pero en la película aparece como actor el escritor Yukio Mishima.

Takeshi Miike retoma el personaje de Izo Okada en Izô: Kaosu mataha fujôri no kijin, conocida incluso en Japón con su título internacional, IZO.
La película de Miike es desconcertante. No sé si es posible hablar de ella desde nuestra visión parcial de la película que nos imponen las distribuidoras, ya que las canciones de Kazuki Tomokawa no aparecen subtituladas y creo que es lastimoso ya que éstas forman parte del discurso narrativo de Miike.
A pesar de esa laguna el espectador puede hacerse una composición de lugar y entender el argumento de IZO, entendiendo al personaje como el Mal que surge del infierno para ser desatado en este mundo. La lectura del mensaje de Miike puede tener tantas interpretaciones como espectadores, pero puede resumirse como el sangriento tránsito del alma condenada de Izo abriéndose paso desde el infierno hasta la divinidad eliminando a todo ser que se interponga en su camino.
A todo ser:






















Al final descubre que su destino es un infierno cíclico sin final en el que la sangre no dejará de derramarse inútilmente.
No creo que el argumento de IZO sea lo importante de la película. Lo destacable es la libertad de un autor para hacer lo que quiera y la coincidencia de Miike con Kitano (que, ¿casualmente?, aparece en IZO) en irritar al público demostrando su completa independencia en todos los aspectos cinematográficos. En ese sentido Takeshis’ e IZO son películas hermanadas. Y lo están mucho más de lo que parece. En Takeshis’ Kitano exploraba los tópicos de sus películas en una especie de resumen de toda su filmografía que parecía destilar cierto hastío por los detalles temáticos que el público parece destacar de su obra. Miike por su parte sumerge (y nunca mejor dicho) al espectador en un baño de sangre sin sentido en el que se permite el lujo de explorar la historia de la cinematografía japonesa. No sólo las películas de yakuzas, vampiros y samurais que tanto éxito han dado en las últimas décadas al cine japonés están presente en el delirante resumen histórico de Miike: Kurosawa, Mizoguchi, Kobayasi, Ozu, Imamura, el mismo Kitano y muchos otros son homenajeados por Miike. El viaje aleatorio de Izo a través del tiempo es también un viaje por los distintos estilos cinematográficos de la historia del cine japonés.
La inclusión un gran elenco de actores y actrices en pequeños (ínfimos) papeles apunta también hacia una intención globalizadora de la película.
IZO es todo el cine japonés.
Pero IZO es también una enorme broma.
La enormidad de IZO en todos los sentidos es lo que consigue que la película llegue a aburrir, a no convencer, a decepcionar.