Javier es mi amigo.
Esta circunstancia tal vez me inhabilite para comentar Inframundo, la colección de relatos que nos regala.
Algunos también pensarán que al ser regalado su valor literario disminuye.
Pensad lo que queráis. Sospechad, recelad. Pero no dejéis que la suspicacia os prive de leer unos buenos relatos.
Como ya comenté en torno a Lo definitivo y lo temporal Javier es capaz de dejar un poso de tristeza en cada uno de sus textos, trasmite una sensación extraña, la de pérdida de un paraíso que a su vez se muestra sórdido y siniestro. En Inframundo vuelve a dejarnos esa congoja con sus textos aparentemente inacabados, que parecen surgir de ningún sitio, pero en esta ocasión el campo de experimentación es el sobrenatural. O no. Tal vez sea más correcto decir que la imprecisión, la falta de ubicación, su atemporalidad, formen el campo común de todos los relatos. La extrañeza, no del mundo, que todos sabemos que es jodidamente extraño y cruel, sino conseguida a través de la mirada de Javier, que planea sobre situaciones aparentemente comunes o genéricas y las trasforma en inquietos escenarios de donde el lector deberá salir por su cuenta.
Descargadlo. Pocos autores son tan generosos.
Un blog de Javier Avilés. Fundado en 2004 forma parte de "Una región ocultamente furibunda"
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12/10/10
3/10/10
Expurgar o espulgar
Todavía sigo dándole vueltas al artículo de Rosa Montero publicado en Babelia, Las páginas tediosas de 'La montaña mágica' en el que nos invita a saltarnos las partes de los textos clásicos que cada cual pueda creer carentes de interés:
“Por eso creo que hay que leer La montaña mágica y saltarse sin complejo de culpa todas las páginas que te parezcan muertas. O ignorar las tediosas novelitas pastoriles de la primera parte del Quijote. O pasar a toda prisa las aburridas y meticulosas descripciones de ballenas que incluye Moby Dick. Todos estos libros son maravillosos porque crecen y cambian y están vivos: uno no puede acercarse a ellos como si fueran textos sagrados esculpidos en piedra, dogmas temibles e intocables. Sáltate páginas, en fin, sumérgete y disfruta”.
Para empezar, siguiendo sus consejos, me saltaré todas las páginas, sin excepción, escritas por Rosa Montero. No se me ocurre siguiendo este consejo expurgatorio como abordar, por ejemplo, Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, por citar a un clásico, o La broma infinita, o toda la narrativa de Pynchon. Supongo que en última instancia lo que sugiere la autora es que nos limitemos a la narración lineal, sin discursos ni digresiones, que, en última instancia, la adaptación cinematográfica es suficiente para acercarnos a los clásicos o que, lo que sería más terrible, que las versiones abreviadas, una tendencia que (espero) desapareció hace años para siempre, es la vía rápida por la que podemos afirmar con orgullo que hemos leído a los clásicos.
No entiendo La montaña mágica sin “la verborrea mortecina de Naphta y Settembrini”, al igual que no entiendo el Quijote sin los otros textos que se entrecruzan a la narración principal. Ni Moby Dick sin las exhaustivas descripciones de los métodos de captura. Eso es la esencia de las obras literarias y no hay páginas prescindibles.
Que te gusten más o menos es otra cuestión.
Supongo que la obra de Proust debería reducirse a un resumen de acontecimientos y el Ulises a su esquema.
En fin. No quería hablar de esto. No era necesario remover un artículo, que ni siquiera es polémico por su simpleza, publicado en mayo.
El número de octubre de Quimera trae un interesante (y verdadero) dossier sobre Stanislaw Lem, sin duda uno de los autores más importantes del siglo XX por su ruptura de las barreras entre géneros y quizás, por ese mismo motivo, uno de los más incomprendidos al estar relegado al ghetto del subgénero. Nabokov, Pynchon y Wallace han practicado también esa ruptura de géneros introduciendo temas propios de la ciencia ficción en sus novelas… pero esa es otra historia (que será desvelada en su momento).
Pero lo mejor de la semana es el regalo que Javier Moreno nos hace desde su blog: Su colección de textos Inframundo. Descárguenla, no se arrepentirán.
(Si no tienes lector de e-books, instala en tu pc Adobe Digital Editions. Funciona)
20/1/09
Lo definitivo y lo temporal, de Javier A. Moreno
De alguna manera, muy tangencial todo hay que decirlo, se podría decir que he visto crecer los cuentos de Lo definitivo y lo temporal . Poder sujetar entre las manos el volumen que alberga los relatos, la concreción física de aquello que hasta ahora era simplemente virtual, otorga a cada uno de ellos una impronta “definitiva” de la que jamás podrán librarse. Los cuentos de Javier han perdido su cualidad temporal, se han solidificado en nuestro presente, son materia perdurable.
Eso me gusta.
Y me gusta porque es así y no lo es.
Y sí, entiendo vuestro recelo ante esta reseña: tal vez uno no deba comentar los libros de sus amigos… tal vez.
Lo que es cierto es que puedo hacer lo que me plazca.
Y comentar el libro de Javier es todo un placer.
Javier es ese tipo de personas, a las que envidio, capaz de obtener material narrativo del más mínimo suceso de su cotidianidad: Una conversación en un ambulatorio, un viaje en metro, un centro comercial… como dice en su relato El Chino, “A los escritores cualquier cosa se les convierte en odisea”. Esa es la clave de Lo definitivo y lo temporal: Lo cotidiano como tema narrativo, la inconclusión como parte de la estructura del relato. Javier apresa fragmentos de realidad y los convierte en materia narrativa, sus textos intentan aprehender esos fragmentos de temporalidad que se escapan de la memoria para hacerlos definitivos en el papel.
Si el texto es ahora, en su materialidad, definitivo, el lector debe aportar su temporalidad y sumergirse en esos instantes de confusas sensaciones y completar emocionalmente los textos, que devienen así temporales.
Hacer de lo común tema narrativo no es sencillo. Javier no se limita a traspasar la realidad al papel, la magnifica, la transforma, dejando en ese tránsito un leve poso de tristeza que impregna todos los relatos, como si lo común de todos los relatos fuese la añoranza del paraíso perdido. No sé. Es fácil especular. Es difícil acertar. Pero siento una sensación de pérdida que subyace en los cuentos de Javier.
Por otra parte, ese paraíso perdido es un lugar peligroso, un lugar en el que lo siniestro y lo sórdido acechan en rincones insospechados.
La nostalgia y el misterio son elementos de unos relatos en los que, aparentemente, todo transcurre con la mayor naturalidad. Y esa es una de sus virtudes.
La otra es que Lo definitivo y lo temporal es un juego al que es agradable jugar.
Hasta aquí hemos llegado. Supongo que nadie creerá una palabra de lo que he dicho. Después de todo Javier y yo somos amigos. Así que si alguien duda de mi palabra le reto a que acuda a la Librería de la U para comprar on-line Lo definitivo y lo temporal.
Y los que me toman por una persona seria ya saben que por menos de 8€ y los gastos de envío pueden adquirir la primera obra de un autor que dará que hablar en el futuro. Al menos confío en ello.
Eso me gusta.
Y me gusta porque es así y no lo es.
Y sí, entiendo vuestro recelo ante esta reseña: tal vez uno no deba comentar los libros de sus amigos… tal vez.
Lo que es cierto es que puedo hacer lo que me plazca.
Y comentar el libro de Javier es todo un placer.
Javier es ese tipo de personas, a las que envidio, capaz de obtener material narrativo del más mínimo suceso de su cotidianidad: Una conversación en un ambulatorio, un viaje en metro, un centro comercial… como dice en su relato El Chino, “A los escritores cualquier cosa se les convierte en odisea”. Esa es la clave de Lo definitivo y lo temporal: Lo cotidiano como tema narrativo, la inconclusión como parte de la estructura del relato. Javier apresa fragmentos de realidad y los convierte en materia narrativa, sus textos intentan aprehender esos fragmentos de temporalidad que se escapan de la memoria para hacerlos definitivos en el papel.
Si el texto es ahora, en su materialidad, definitivo, el lector debe aportar su temporalidad y sumergirse en esos instantes de confusas sensaciones y completar emocionalmente los textos, que devienen así temporales.
Hacer de lo común tema narrativo no es sencillo. Javier no se limita a traspasar la realidad al papel, la magnifica, la transforma, dejando en ese tránsito un leve poso de tristeza que impregna todos los relatos, como si lo común de todos los relatos fuese la añoranza del paraíso perdido. No sé. Es fácil especular. Es difícil acertar. Pero siento una sensación de pérdida que subyace en los cuentos de Javier.
Por otra parte, ese paraíso perdido es un lugar peligroso, un lugar en el que lo siniestro y lo sórdido acechan en rincones insospechados.
La nostalgia y el misterio son elementos de unos relatos en los que, aparentemente, todo transcurre con la mayor naturalidad. Y esa es una de sus virtudes.
La otra es que Lo definitivo y lo temporal es un juego al que es agradable jugar.
Hasta aquí hemos llegado. Supongo que nadie creerá una palabra de lo que he dicho. Después de todo Javier y yo somos amigos. Así que si alguien duda de mi palabra le reto a que acuda a la Librería de la U para comprar on-line Lo definitivo y lo temporal.
Y los que me toman por una persona seria ya saben que por menos de 8€ y los gastos de envío pueden adquirir la primera obra de un autor que dará que hablar en el futuro. Al menos confío en ello.
20/11/08
La montaña había llegado
16/9/08
Lo definitivo y lo temporal, de Javier A. Moreno
Explore el laberinto, reporte sus pérdidas, sumérjase en el maremágnum de Lo definitivo y lo temporal
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