Javier es mi amigo.
Esta circunstancia tal vez me inhabilite para comentar Inframundo, la colección de relatos que nos regala.
Algunos también pensarán que al ser regalado su valor literario disminuye.
Pensad lo que queráis. Sospechad, recelad. Pero no dejéis que la suspicacia os prive de leer unos buenos relatos.
Como ya comenté en torno a Lo definitivo y lo temporal Javier es capaz de dejar un poso de tristeza en cada uno de sus textos, trasmite una sensación extraña, la de pérdida de un paraíso que a su vez se muestra sórdido y siniestro. En Inframundo vuelve a dejarnos esa congoja con sus textos aparentemente inacabados, que parecen surgir de ningún sitio, pero en esta ocasión el campo de experimentación es el sobrenatural. O no. Tal vez sea más correcto decir que la imprecisión, la falta de ubicación, su atemporalidad, formen el campo común de todos los relatos. La extrañeza, no del mundo, que todos sabemos que es jodidamente extraño y cruel, sino conseguida a través de la mirada de Javier, que planea sobre situaciones aparentemente comunes o genéricas y las trasforma en inquietos escenarios de donde el lector deberá salir por su cuenta.
Descargadlo. Pocos autores son tan generosos.