18/11/18

Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán

El tiempo parece haber prolongado todas las acciones, suspensas absurdamente en el ápice de un instante, estupefactas, cristalizadas, nítidas, inverosímiles como sucede bajo la influencia de la marihuana.
Tirano Banderas

Lo primero que llama la atención en la novela de Valle-Inclán es el lenguaje.
(Un ejemplar de la Biblioteca Municipal está TAN subrayado en las palabras que un lector impertinente no había entendido que hace el texto ilegible)

Ahora decidme si, a pesar de su dificultad, el siguiente fragmento no es una maravilla:

Niño Santos se retiró de la ventana para recibir a una endomingada diputación de la Colonia Española: El abarrotero, el empeñista, el chulo del braguetazo, el patriota jactancioso, el doctor sin reválida, el periodista hampón, el rico mal afamado, se inclinaban en hilera ante la momia taciturna con la verde salivilla en el canto de los labios. Don Celestino Galindo, orondo, redondo, pedante, tomó la palabra, y con aduladoras hipérboles saludó al glorioso pacificador de Zamalpoa:
La Colonia Española eleva sus homenajes al benemérito patricio, raro ejemplo de virtud y energía, que ha sabido restablecer el imperio del orden, imponiendo un castigo ejemplar a la demagogia revolucionaria. ¡La Colonia Española, siempre noble y generosa, tiene una oración y una lágrima para las víctimas de una ilusión funesta, de un virus perturbador! Pero la Colonia Española no puede menos de reconocer que en el inflexible cumplimiento de las leyes está la única salvaguardia del orden y el florecimiento de la República.
La fila de gachupines asintió con murmullos: Unos eran toscos, encendidos y fuertes: Otros tenían la expresión cavilosa y hepática de los tenderos viejos: Otros, enjoyados y panzudos, exudaban zurda pedancia. A todos ponía un acento de familia el embarazo de las manos con guantes.

Le bastan tres párrafos para describir toda la miseria moral que envuelve a los aduladores mezquinos que se mueven en torno al tirano, para mostrarnos la sumisión al poder, al tiempo que éste, absolutista y despótico, aparece como la caricatura de un despojo andante. No hay en toda la novela casi ningún personaje que se libre de este tratamiento tan despiadado por parte de su narrador. Y deben pulular por la novela más de cincuenta personajes.
Se trata pues de una novela coral en la que se describe la caída del tirano Santos Banderas, en Santa Fe de Tierra Firme.

Y exactamente como ocurriría al año siguiente con su novela La corte de los milagros, la estructura de la novela, que es un aspecto muy elaborado en la narrativa de Valle-Inclán, remite a un descenso-ascenso al infierno de la sociedad.

Dejaré que alguien mucho más competente que yo lo explique:




Como se aprecia en dicho esquema, la correspondencia entre los tres libros de la Primera y la Séptima Parte es exacta: los Libros Tercero y Primero de ambas están centrados en la figura del Tirano; el Libro Segundo de cada una nos habla del Cuerpo Diplomático. Entre la Segunda y la Sexta Parte la correspondencia no es tan evidente; destaca, sobre todo, la simetría de los respectivos Libros Tercero y Primero, que tienen por objeto al dictador: si en «La oreja del zorro» (Segunda Parte, Libro Tercero) Banderas preguntaba al Inspector de Policía sobre el arresto de Roque Cepeda, en «Lección de Loyola» (Sexta Parte, Libro Primero) acude a Santa Mónica para disculparse ante el político; otros también están relacionados, siquiera por contraste: si en «Cuarzos ibéricos» (Segunda Parte, Libro Primero) se planteaba el tema de la dictadura, la represión y el ideario de los revolucionarios, «La Nota» (Sexta Parte, Libro Tercero) recoge la tímida respuesta del Cuerpo Diplomático a la tiranía; de modo análogo, mientras en «El Circo Harris» (Segunda Parte, Libro Segundo) se expone el ideal humanista del doctor Sánchez Ocaña, en «Flaquezas humanas» (Sexta Parte, Libro Segundo) el Barón de Benicarlés hace gala de su cínica amoralidad. La Quinta Parte parece en su totalidad consecuencia de la Tercera y tiene sus mismos protagonistas, Nachito Veguillas y el estudiante: la farra de «La Recámara Verde» (Tercera Parte, Libro Primero) contrasta con las distracciones de los presos de Santa Mónica en «Carceleras» (Quinta Parte, Libro Tercero); el falso romanticismo de Nachito en «Luces de ánimas» (Tercera Parte, Libro Segundo) es enfrentado a las sólidas convicciones de Roque Cepeda en «El número tres» (Quinta Parte, Libro Segundo); finalmente, la huida de los dos personajes, Domiciano y Nachito, relatada en «Guiñol dramático» (Tercera Parte, Libro Tercero) se corresponde con el ingreso del segundo y del Estudiante en el «Boleto de sombra» (Quinta Parte, Libro Primero) de Santa Mónica. A partir de la constatación de esa simetría, la Cuarta Parte se instituye claramente como el eje de la novela; y, en el centro de aquélla, la muerte del hijo de Zacarías aparece como episodio fundamental. Como ha señalado Díaz Migoyo (1989), a partir de ese suceso, que el autor presenta como un sacrificio crístico —piénsese en el apellido, San José, de Zacarías y en el carácter milagroso del cadáver del chamaco—, se desencadenan las fuerzas contrarias al Tirano: el compromiso de Filomeno y Domiciano y la venganza de Zacarías; de ese modo, la segunda mitad de la novela se pliega sobre la primera para derribar la dictadura de Santos Banderas, justificando así la circularidad sugerida por la dislocación temporal del «Prólogo».

Introducción, notas y Apéndice a Ramón del Valle-Inclán, Tirano Banderas por Juan Rodríguez.
Véase la página Tirano Banderas por Juan Rodríguez y siguientes.


Tenemos pues en las dos novelas un hecho crucial que se convierte en el centro de la narración: El transporte de un cadáver. Pero, en contraposición, si en La Corte de los milagros, la muerte de la madre es esperada y su entierro un trámite que se convierte en algo tragicómico, en Tirano Banderas la muerte del hijo de Zacarías San Juan es tremendamente trágica (y atroz y truculenta). La venganza de Zacarías le empuja a unirse a la revolución armada que derroca a Banderas.



Lo habilidoso de Valle-Inclán en su narración es que ha anticipado este hecho en el prólogo que, como se ve en el cuadro anterior, es cronológicamente posterior al grueso de la narración. Al igual que Zacarías se encuentra en las filas de Filomeno Cuevas, el prólogo nos desvela en ellas la presencia de De la Gándara.
El prólogo se presenta como una visión del futuro.
¿Cómo llega De la Gándara, que en principio parece estar en el círculo de confianza del tirano, a luchar contra él?
La tesis de Valle-Inclán, el retrato que quiere darnos de una dictadura, es que la vida y la muerte de los ciudadanos dependen de acontecimientos irrelevantes y del capricho malsano del tirano.
Así De la Gándara tira unos vasos de una vendedora que hace muchos años que conoce al dictador. El bufón del tirano coincide en un burdel con De la Gándara y con una vidente que adivina que van a apresarle. De la Gándara huye a través de la ventana de un estudiante de un edificio contiguo al burdel. El estudiante y el bufón serán encarcelados. De la Gándara pide ayuda a Zacarías y éste le lleva a una zona donde estará seguro para finalmente unirse a los insurgentes. Cuando Zacarías vuelve a su casa se encuentra el cadáver de su hijo devorado por los cerdos después de que los militares se hayan llevado a su mujer y arrojado al niño a la porqueriza. La venganza de Zacarías tiene a mi parecer de nuevo muchas concomitancias con la narrativa de Faulkner... pero eso es otra historia.

Lo importante de toda esta estructura es que el final está anticipado en el prólogo. El resto es un descenso desde el palacio del tirano hasta una pocilga y de ésta ascendemos de nuevo hasta el palacio para presenciar la muerte del dictador.
Y es, como en toda buena novela, el viaje narrativo el que importa.
Y el viaje que propone Tirano Banderas es magistral, exuberante, lírico, esperpéntico, realista y brutal.


...



Ahora viene la reflexión sobre lo que supone Valle-Inclán en la narrativa española contemporánea: NADA.
En la actualidad se presenta como novedad y signo de nuestra narrativa la inclusión de la fragmentación y la preponderancia de la estructura. Es decir que escribimos como si Valle-Inclán no lo hubiera hecho mucho antes. Alabamos, en ocasiones con desmesura, la influencia de novelistas como Joyce, Faulkner y (es premeditado) Dos Passos en la narrativa occidental (o global) contemporánea y desviamos nuestra atención haa los escritores anglosajones como paradigma vanguardista. Olvidamos, yo ya no sé si con desprecio o fruto de un catetismo innato, a los novelistas españoles. Lo curioso del caso es que esos grandes escritores que, no olvidados, más bien deliberadamente ignorados y ninguneados, describieron hace casi un siglo todos los vicios y defectos de una sociedad basada en el nepotismo en la que los arribistas copan puestos administrativos y de opinión. Una sociedad, la de principios del siglo XX, que no difiere en nada de la de nuestros tiempos. En estas condiciones no es de extrañar que nuestra sociedad denigre hasta el olvido a aquellas personas que destacan por méritos propios.

Se celebrarán centenarios, pondrán su nombre a calles, museos y bibliotecas, honrarán su memoria, al tiempo que procurarán que se olviden sus obras.

No olvidemos a Valle-Inclán, no olvidemos su obra y, sobre todo, no escribamos como si él no lo hubiese hecho antes y mejor.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Tiene usted razón: Valle es genial, no es gran constructor de tramas pero es grandisimo inventor de lenguaje al que imitó mucho gente como Umbral y aunque parezca extraño Onetti, que lo consideraba un maestro. Además Valle es claro, es inteligible e inteligente, es mucho mejor escritor que Faulkner, al que precede un prestigio basado en una superstición: lo oscuro es misterioso y lo misterioso puede envolver tanto la estupidez como la genialidad.

Anónimo dijo...

"es mucho mejor escritor que Faulkner"..........

Anónimo dijo...

"Yo el Supremo", de Roa Bastos, lo entusiasmará mucho, si es que aún no lo ha leído.

Portnoy dijo...

En esta casa como sentimos verdadera adoración por Faulkner nos cuesta admitir que exista algún "mejor escritor" que él... pero en el caso de Valle-Inclán haremos una excepción.
Un saludo y gracias por tus comentarios.