16/10/14

Werckmeister harmσniαk / Melancolía de la resistencia; Bela Tarr y László Krasznahorkai



Esta es, más o menos, la historia: A un pueblo, que es una ruina tanto física como moral, llega de noche un enorme carromato que lleva en su interior el cadáver disecado de una ballena como parte del supuesto espectáculo de un circo. Instalado en una plaza céntrica, el circo congrega a una multitud silenciosa de hombres, llegados no sé sabe de dónde y del propio pueblo, que esperan la aparición del Príncipe, la otra atracción del espectáculo, que incita con sus palabras a una revolución caótica y destructiva.



Una sinopsis no puede dar una idea de cómo se desarrollará la historia dependiendo quién nos la cuente. Y nada puede ser más diferente que la forma de narrar de Krasznahorkai (literaria, digresiva, irónica) y Tarr (cinematográfica, silenciosa, perturbadora). Sin embargo ambos logran trasmitirnos lo mismo, la idea desoladora de que no existe un orden divino que regule la existencia. La prueba de ello es el desorden violento que se produce tras la revuelta de “los hombres del circo”, pero eso, a pesar de ser la parte importante del relato de Tarr y Krasznahorkai, no deja de ser anecdótico, resulta ser la consecuencia del relato, la demostración de la tesis. La verdadera idea tanto de la película como de la novela se desarrolla en dos escenas, una en la taberna, donde János Valuska, que según avanza la historia vislumbramos como el verdadero foco narrativo, representa junto a los alcoholizados clientes el movimiento de los planetas alrededor del Sol, intentando que entiendan la grandeza y el orden que rige todo aquello que está por encima de lo humano, y la digresión-discurso de György Eszter sobre las Armonías de Werckmeister, una serie de sistemas de afinación creados por Andreas Werckmeister y que viene a demostrar que la belleza (musical, en este caso) está sujeta a una primigenia arbitrariedad. Tanto Valuska como Eszter entenderán, a su manera, como una monstruosidad la ballena disecada, pero serán los únicos, también cada uno a su manera, que a través de la ballena, percibirán el carácter prosaico de la existencia.




Personalmente me siento condicionado por haber llegado a la historia primero a través de Krasznahorkai, lo cual me ha privado de la sorpresa que supone cada film de Tarr. Mientras estoy viendo la película, anticipo los discursos y las acciones de los personajes y es en aquellas escenas puramente cinematográficas a las que nos tiene acostumbrados Tarr donde caigo admirado (la caminata de Janos, el tráveling lateral con el que avanzamos junto a Eszter y Valuska por la calle ventosa, la marcha implacable de la multitud…) Conocer la historia supone un escollo a la hora de admirar plenamente una obra como la de Tarr, y eso a pesar de que la historia no es tan importante a la hora de valorar la “belleza” artística. Pero, de alguna manera, percibía que estaba perdiendo algo en el visionado de la película, o que, todo aquello que te sugiere las películas de Tarr, estaba condicionado a la lectura de Krasznahorkai. Y es que Melancolía de la resistencia ha sido una experiencia literaria que ha desbordado toda expectativa.




No sé, habrá que idear una forma de ver a Tarr y de leer a Krasznahorkai sin que sus innegables genios interfieran. Complicado.

2 comentarios:

Joan Todó Cortiella dijo...

En mi caso, llegué a la novela habiendo pasado primero por la película. No sé si mejora la cosa, pero la gran diferencia, la gran novedad (visto en esa dirección) es la madre de Valuska y todo lo que la rodea. Resulta incluso intrigante...

Vero dijo...

Tengo un amigo al que le había encantado el film, le pasé la novela y le pareció tan fabulosa que, dijo, la peli perdió brillo. Yo vi y leí con bastante distancia, y embolsé por separado. Por lo demás, me gustó particularmente en tu escrito: "A través de la ballena... el carácter prosaico de la existencia". Sí. Y a nosotros nos llega esa sensación, desde la ballena y pasando por ellos.