8/10/14

Nat Tate 1928-1960: el enigma de un artista americano, de William Boyd

To Brooklyn Bridge (Proemio a The Bridge); Hart Crane:

How many dawns, chill from his rippling rest
The seagull’s wings shall dip and pivot him,
Shedding white rings of tumult, building high
Over the chained bay waters Liberty--

Then, with inviolate curve, forsake our eyes
As apparitional as sails that cross
Some page of figures to be filed away;
--Till elevators drop us from our day . . .

I think of cinemas, panoramic sleights
With multitudes bent toward some flashing scene
Never disclosed, but hastened to again,
Foretold to other eyes on the same screen;

And Thee, across the harbor, silver-paced
As though the sun took step of thee, yet left
Some motion ever unspent in thy stride,--
Implicitly thy freedom staying thee!

Out of some subway scuttle, cell or loft
A bedlamite speeds to thy parapets,
Tilting there momently, shrill shirt ballooning,
A jest falls from the speechless caravan.

Down Wall, from girder into street noon leaks,
A rip-tooth of the sky’s acetylene;
All afternoon the cloud-flown derricks turn . . .
Thy cables breathe the North Atlantic still.

And obscure as that heaven of the Jews,
Thy guerdon . . . Accolade thou dost bestow
Of anonymity time cannot raise:
Vibrant reprieve and pardon thou dost show.

O harp and altar, of the fury fused,
(How could mere toil align thy choiring strings!)
Terrific threshold of the prophet’s pledge,
Prayer of pariah, and the lover’s cry,--

Again the traffic lights that skim thy swift
Unfractioned idiom, immaculate sigh of stars,
Beading thy path--condense eternity:
And we have seen night lifted in thine arms.

Under thy shadow by the piers I waited;
Only in darkness is thy shadow clear.
The City’s fiery parcels all undone,
Already snow submerges an iron year . . .

O Sleepless as the river under thee,
Vaulting the sea, the prairies’ dreaming sod,
Unto us lowliest sometime sweep, descend
And of the curveship lend a myth to God. 




Hart Crane vivió en la casa desde la que Washington Roebling, ingeniero jefe de la construcción del puente de Brooklyn, paralítico desde que enfermó por síndrome de descompresión trabajando en los cimientos, dirigía con la ayuda de un catalejo los trabajos. El padre de Roebling, original ingeniero del proyecto, había muerto años atrás a causa del tétanos provocado por un accidente durante la construcción. Dicen que Crane, desde ese privilegiado observatorio, compuso su obra maestra, The bridge. Por causas que se pueden bucear en los libros de historia (y no es casual que lo mencione, ni que lo haga de esta manera) finalmente Crane, en 1932, cuando se encontraba realizando en barco un viaje entre México y Nueva York, se arrojó desde la borda delante de decenas de testigos gritando "¡Adiós a todos!". Su cuerpo nunca fue recuperado.

Insomne como el río que pasa debajo de ti / tú que abovedas el mar, hierba que sueña en las praderas, / ven a nosotros, los humildes, baja / y con tu curvatura ofrece un mito a Dios.
(De la traducción de Jaime Priede)

A raíz de esto recordé el caso de Arthur Cravan, que desapareció en 1918, en algún lugar del Golfo de México, durante una travesía por el Atlántico. Su cuerpo nunca fue encontrado.

Hart Crane, Arthur Cravan, Nat Tate.
Sus cuerpos nunca fueron encontrados.

Tengo que decir que hay algo sobre el libro de Boyd, Nat Tate 1928-1960: el enigma de un artista americano, que no se puede contar y que, por supuesto, no voy a contar. Damos por hecho que sabemos la verdad que nos negamos a aceptar.

Y la Verdad se encuentra en los textos, como en éste en el que  Crane explica cómo construyó su monumental poema The Bridge:

"Emotionally I should like to write The Bridge. Intellectually the whole theme seems more and more absurd. The very idea of a bridge is an act of faith. The form of my poem rises out of a past that so overwhelms the present with its worth and vision that I'm at a loss to explain my delusion that there exists any real links between that past and a future destiny worthy of it”

Quizás, partiendo de esas palabras de Crane, de la que la verdadera idea de un Puente es un acto de fe, Nat Tate dedicó gran parte de su obra a la serie pictórica sobre el puente.



Boyd es uno de los escritores británicos más interesantes y ocultamente influyentes de nuestros días. Su obra ha sido eclipsada por la de otros escritores británicos contemporáneos más mediáticos y que, a mi parecer, tienen menos que aportar a la narrativa que Boyd. Lo que hace en El enigma de un artista americano, basándose en los diarios de Logan Mountstuart (¡!), es esbozar la personalidad de Nat Tate, un artista estadounidense de los años cincuenta del que apenas quedan obras, para hacernos pensar sobre la volatilidad del arte contemporáneo.

Como dice Calvo Serraller en el prólogo de la cuidada edición del libro de Boyd a cargo de Ediciones Malpaso:

“¿Y entonces qué? Pues que tenemos que enfrentarnos al hecho desconcertante de que no sabemos qué es el arte contemporáneo; pero no (…) porque el arte de nuestra época sea “una tomadura de pelo” (…) sino por la imposibilidad de verificarlo. Y si no cabe la verificación tampoco se puede convertir el éxito en un canon salvo para determinar que el producto juzgado a tenido aprobación social o, lo que es lo mismo, tautológicamente, que el éxito significa éxito, pero no arte”

¿Intenta Calvo Serraller conducirnos hacia lo opuesto que su racionamiento concluye? ¿Qué el fracaso si es arte? ¿O, de nuevo, el fracaso significa fracaso, pero no arte? Nat Tate, según Boyd, se erige en epítome del fracaso, con el agravante de que no hay apenas muestras que nos permitan verificar (y juzgar) la magnitud de su obra artística ni la épica de su fracaso. En este caso, como ocurre habitualmente en el arte contemporáneo, el espectador no solo ha sido despojado de todos aquellos valores que le permiten apreciar una obra clásica, por lo que debe acudir al juicio de “los expertos” para apreciar la validez de la obra de arte contemporánea, sino que la misma obra artística le ha sido arrebatada por el propio autor.
El enigma de un artista americano se convierte así en la búsqueda del verdadero sentido del arte. Y, creo, que Boyd concluye que el arte está demasiado ligado a lo humano. Queremos ver algo sublime en el arte, pero quizás no obedezca más que a caprichos muy, muy terrenales. Y al final sus cuerpos nunca fueron encontrados.
Y, sin embargo, Boyd construye un artefacto artístico limitándose a plasmar la Verdad sobre Tate. Esa es la verdadera historia.


P.S.: Creo encontrar en Nat Tate: el enigma de un artista americano, cierta relación con Los reconocimientos de Gaddis. Tate, Wyatt, el ambiente alcoholizado artístico de New York, el “fracaso”…