8/9/13

Lynch vs Tarantino, según David Foster Wallace


David Foster Wallace escribe:



Me parece justo afirmar que ese fenómeno comercial de Hollywood que es Quentin Tarantino no existiría sin David Lynch como piedra de toque, como conjunto de códigos alusivos y contextos en el núcleo cerebral del espectador (...) ha encontrado (de forma bastante ingeniosa) una forma de coger lo que la obra de su predecesor tiene de extraño, distintivo y amenazante, homogeneizarlo y batirlo hasta que no quedan grumos y resulta lo bastante fresco e higiénico para el consumo masivo. Reservoir Dogs, por ejemplo, con su charla cómicamente banal durante la comida, sus nombres en clave inquietantemente innecesarios y su molesta banda sonora de pop camp de décadas pasadas, es Lynch comercializado, es decir, más rápido, más lineal y con todo su surrealismo idiosincrásico transformado en surrealismo al uso (...) O recuerden a la madre de todas las referencias por la cara a Terciopelo azul: la escena de Reservoir Dogs donde Michael Madsen, mientras baila un tema rancio de los setenta, le corta una oreja al rehén. No muy sutil.  Esto no quiere decir que el propio Lynch no esté en deuda con otros directores: Hitchcock, Cassavetes, Bresson y Deren y Wiene. Pero es cierto que en muchos sentidos Lynch ha abierto y ha hecho practicable el territorio «anti-Hollywood» que Tarantino y compañía están explotando económicamente en la actualidad. (...) Las películas de Lynch, taciturnas, inquietantes, obsesivas y dotadas de una intensa e inconfundible personalidad, son a las superproducciones lo mismo que las primeras grandes obras del cine negro de los cuarenta fueron a los musicales sonrientes: éxitos de crítica y de público imprevistos que calaron hondo en el público y ampliaron la idea que tenían los estudios y las distribuidoras de lo que podría vender. Es decir, que le debemos mucho a Lynch. Y también quiere decir que David Lynch, con cincuenta años, es un director mejor, más complejo e interesante que todos los jóvenes «rebeldes» de moda que hoy día están haciendo películas violentamente irónicas para New Line y Miramax. Quiere decir en particular que —sin necesidad de tomar en consideración bochornosas películas recientes como Four Rooms o Abierto hasta el amanecer— David Lynch es mil veces mejor director que Tarantino. Porque a diferencia de Tarantino, David Lynch sabe que una acción violenta en el cine americano, por culpa de la repetición y la insensibilización, ha perdido la capacidad de aludir a nada más que a sí misma. Por esta razón la violencia en las películas de Lynch, grotesca, fríamente estilizada y totalmente llena de simbolismo, es cualitativamente distinta de la violencia de Hollywood o de la violencia de dibujos animados a la moda en el anti-Hollywood. La violencia de Lynch siempre intenta significar algo.




9a. Una manera mejor de explicar lo que estoy intentando decir
 A Quentin Tarantino le interesa ver cómo a alguien le cortan la oreja. A David Lynch le interesa la oreja.

RUMOROLOGÍA Resulta muy difícil para un director de moda evitar lo que los especialistas en salud mental llaman «el desorden de Tarantino», que implica la ilusión persistente de que ser un buen director de cine implica que también se es un buen actor. En 1988 Lynch protagonizó, junto con Isabella Rossellini, la película de Tina Rathbone Zelly and Me, y si nunca han oído hablar de ella ya se pueden imaginar por qué.

De «David Lynch conserva la cabeza», artículo escrito para la revista Premiere, publicada en 1996. Forma parte de Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer  (no en la edición de bolsillo). Traducción de Javier Calvo para Mondadori

6 comentarios:

Tyler Durden dijo...

http://labobinadepandora.blogspot.com.es/2010/12/tarantino-lynchiano.html

¡No me copies las entradas!

:)

Ahora en serio... ¿hasta qué punto estás de acuerdo con lo expuesto por David Foster Wallace?

e. r. dijo...

Son lindos estos comentarios, cuando se apasionan por algo los escritores, aunque sean banalidades como quién es mejor que quién, y con nombres un poco manoseados y parcialmente olvidables, como el caso de ahora -lynch y tarantino-; a fin de cuentas, el trasfondo sigue significando que lo cuantitativo prima sobre lo cualitativo, por lo menos como forma de medida: el decir, el que la tiene más larga, gana. Estaría bueno medir tetas, las pijas (pollas) nos tienen un poco saciados, aunque por cierto conservan su encanto, pero bueno, variar, hay que variar, un poquito al menos.
Saludos, Portoy

Mike dijo...

A David Foster Wallace (y lo dice tanto su biógrafo como sus editores) le faltaba sentido del humor como persona, y quizás esa sea una cualidad indispensable para disfrutar del cine de Tarantino. Ambos son la hostia.

condonumbilical dijo...

Gran observación de Wallace. Totalmente de acuerdo.

Portnoy dijo...

Tyler, ya sabía que me sonaba de algo :-)
Pues seguramente en la época en que escribió el artículo no hubiese estado de acuerdo con DFW, pero ahora siento algo de cansancio con cada nueva película de Tarantino. Los dos me gustan, pero mi actitud ante las películas de cada uno de ellos es distinta y recuerdo con más satisfacción, y me apetece más volver a verlas, las de Lynch que las de Tarantino.
Lo que me hubiese gustado saber es lo que Wallace opinaba, si es que llegó a verla, de Mulholand Drive.
Lo del sentido del humor es importante, Mike, pero hay mucho sentido del humor, incluso dirigido a sí mismo, en sus novelas. Lo que respecta a su vida real, será verdad lo que dicen.
No creo que se trate de quien es mejor que quien, er, en este caso al menos, lo que parece es que Wallace intenta razonar su preferencia por Lynch.
De todas formas es un fragmento descontextualizado del artículo.
Un saludo y muchas gracias por vuestros comentarios

Mike dijo...

Claro, me refería como persona. Para Wallace la moral de una historia era algo muy importante y la ironía casi un pecado. Solo hay que ver la que creo que es la peli favorita de Lynch para Wallace, Terciopelo azul, y darse cuenta de que en el fondo los filmes de Lynch son cuentos de hadas oscuros del boy scout que siempre ha sido, mientras que las películas de Tarantino son gamberradas vacuas realizadas por un esteta con un dominio técnico inimitable.

Mulholland Drive creo que es la película más redonda de Lynch (aunque quizás mi preferida sea Carretera perdida) porque en ella encuentra un centro perfecto entre los dos mundos (el visible —cuyo máxima exponente es Una historia verdadera— y el oculto —con Eraserhead e Inland Empire a la cabeza—) alrededor de los que se ha centrado toda su obra.