2/12/08

Franz Kafka, Diarios




Me desagrada la cara de Kafka en la portada de los Diarios publicado en Debolsillo, traducidos por Joan Parra y Andrés Sánchez Pascual con prólogo de Jordi Llovet.
Se trata en cualquiera de los casos de una fobia personal, nada que ver con la literatura y, desde luego, un argumento no válido para iniciar una reseña.
Pero el que el rostro de Kafka me desagrade condiciona en cierta manera la lectura de la obra. Siento, cuando he olvidado el libro con la portada hacia arriba descuidadamente en cualquier lugar de la casa, que los ojos de K me siguen, como si me aguardase para arrastrarme a algún lugar lóbrego del que jamás podría salir.
Tal vez sea eso.
Tal vez sea miedo.
El miedo a enfrentarme a lo que yo-no-soy.

Escribe Kafka:
27 de diciembre de 1910. No me alcanzan las fuerzas para escribir una frase más. Ojalá se tratase de palabras, ojalá bastase con poner ahí una palabra y uno pudiera darse la vuelta con la tranquila consciencia de haber llenado completamente de sí mismo esa palabra.

Podría forrar el libro y olvidarme definitivamente de la mirada de Kafka. Pero la descubro en cada una de las líneas de sus Diarios. Es imposible rehuirla.
Hay que afrontar la realidad de estos textos que no fueron escritos para ser publicados, que son simples esbozos, ensayos de textos y reflexiones sobre el mismo acto de escribir considerado como un deber, una pulsión irrefrenable, una forma de vida. En cada entrada de los Diarios se puede entrever la escritura como una necesidad, como el único impulso vital. Se puede notar como la literatura sobrepasa a la realidad.
Y en ningún momento hay en ellos pretensiones literarias.
Por eso el talento literario de Kafka destaca mucho más.
Lo que no debía ser leído, lo que es, en definitiva, un ejercicio privado e íntimo que no debe trascender más allá del propio acto de la escritura, contiene más literatura que muchos, muchísimos, pretenciosos textos.
Es por eso que elijo enfrentarme a la mirada de Kafka, que para mí tendrá siempre un aire recriminatorio, que me recuerda cada vez que me enfrento a ella, lo poco que hemos aprendido, lo poco que hemos avanzado literariamente a lo largo del siglo XX, lo pequeños que somos.
La mirada de Kafka me convierte en una cucaracha que lee… y que posiblemente no entiende.


A la tumba de Kafka (siga la flecha)
Kertész en El castillo
El escarabajo de Nabokov

14 comentarios:

El Gemelo Malvado dijo...

Alguien dijo algo parecido a esto: escribe para construir tu prosapia literaria, entrégate al diseño de cada letra, que ya se encargarán tus viudas de enterrar tanto esfuerzo.

Francis Black dijo...

Para mi la mejor portada es la de Tusquets , que es un dibujo del propio Kafka ( creo ) .

http://www.agapea.com/tusquets/Diarios--1910-1923---Fabula--i0n114454.jpg

Petrusdom dijo...

Sus miradas, tan en blanco y negro, son como las toses reprimidas, algo oculto que despierta la curiosidad.
Saludos cordiales.

El buscador de miradas dijo...

Pues sí que se ha avanzado poco, cuando uno lee a Kafka, a Faulkner, a Joyce... no sé, supongo que quienes tuvieron que suceder a Cervantes y a Shakespeare tampoco lo tuvieron fácil.
De Kafka me hubiera gustado ver acabado "El proceso". Tiene momentos absolutamente geniales.

Esther dijo...

¿Será necesario conocer el rostro del escritor para llegar a comprender su escritura? A veces, sólo a veces, busco algún rastro de quien leo. Necesito saber cómo son sus ojos, cómo su nariz, su boca. Leer a Kafka sin conocer su rostro es como nadar con los ojos cerrados. Cuando por fin uno conoce sus rasgos, parece que todo encaja, todo se comprende, todo tiene sentido.

LEO MARES dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
LEO MARES dijo...

precisamente la semana pasada terminé de releer los diarios de Kafka(a mi manera, uno o dos años sólo, los que más me gustan, o la época concreta en la que estaba escribiendo la novela que leo al tiempo que los diarios). Y lo he leído con esta edición de la que hablas. Coincido con tu sensación frente a la foto y a cada una de las líneas (bueno, todas no) que se vuelcan en esos diarios: es literatura pura y dura, virgen, y de ahí la dureza y la pureza. Y muy de acuerdo con esta afirmación: "Lo que no debía ser leído, lo que es, en definitiva, un ejercicio privado e íntimo que no debe trascender más allá del propio acto de la escritura, contiene más literatura que muchos, muchísimos, pretenciosos textos".
Un abrazo

el ascensorista dijo...

Mi entrada preferida de los Diarios es la de un 22 de septiembre, de 1917 (creo):

"Nada"

Un saludo.

Mais il faut travailler dijo...

Un saludo radical, amigos.
A la infinita manera de cada uno.

Mais il faut absentisme laboral.

Vero dijo...

Recuerdo que leer en los Diarios que sentía el peso de no haber escrito en dos días repercutió en mi conciencia como un reproche. Sí, como si me mirase fijamente.
Saludos.

Martín dijo...

No sé si es un libro para edición de bolsillo la verdad.

Creo que hay cosas que no tendrían que salir de casa.

Portnoy dijo...

Yo destacaría, como Vero, esa angustia por no escribir. Tal vez esa sea la verdadera naturaleza del escritor.
Me gusta que nuestras opiniones diverjan, que nos mostremos dispares ante un mismo hecho, el rostro de Kafka, su mirada, y que, al mismo tiempo, nos mantengamos unánimes apreciando al escritor.
Muchas gracias por vuestros comentarios... sin ellos esto no avanzaría.
Un saludo

Mais il faut travailler dijo...

«Philip Roth somia una pel·lícula basada en El Castell: veu Groucho Marx en el paper de l'agrimensor K. i Chico i Harpo en el dels seus ajudants. Té tota la raó: la comicitat és inseparable de l'essència mateixa del kafkià.
»Però, per a l'enginyer, el fet de saber que la seva història és còmica és un consol irrisori. Es troba tancat dins la facècia de la seva pròpia vida tal com un peix dins un aquari; i, això, no ho troba divertit. En efecte, una broma només és divertida per a aquells que es troben davant l'aquari; per contra, el kafkià ens trasllada a l'interior, a les entranyes de la broma, dins l'horror de la comicitat.
»En el món kafkià, la comicitat no representa pas un contrapunt a la tragèdia (la tragi-comèdia) com en l'obra de Shakespeare; no és allà dins per fer més suportable la tragèdia alleugerint el to; no acompanya la tragèdia, la destrueix en el seu origen privant així les víctimes de l'únic consol que encara podien esperar: el que radica en la grandesa (veritable o suposada) de la tragèdia. L'enginyer ha perdut la seva pàtria, i tot l'auditori riu.

Extret de L'art de la novel·la, de Milan Kundera.

Anónimo dijo...

Bolaño triunfa en USA:

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/12/06/cronicasdesdeeeuu/1228589588.html