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10/5/14

Hormigón, de Thomas Bernhard

Datos (Wikipedia et al.):

Prednisolon, principio activo Prednisolona, es un fármaco corticosteroide predominantemente glucocorticoide y de baja actividad mineralocorticoide, que resulta útil para tratar un amplio rango de inflamaciones y condiciones de enfermedad autoinmune, tales como asma, artritis reumatoide, colitis ulcerosa, Enfermedad de Crohn (o enteritis regional), esclerosis múltiple, cefalea en racimos, y lupus eritematoso sistémico.

Sandolanid, P/A Acetyldigoxin es un glucósido cardiaco. Se trata de un acetil derivado de digoxina con efecto positivo cardioinotrópico (actúan sobre la fuerza de contracción del corazón). Se prescribe para insuficiencia cardiaca congestiva crónica de clase II, III y IV.

Aldactone-Saltucin, P/A Espironolactona, es un medicamento usado como diurético por sus propiedades antagonistas de la aldosterona. La espironolactona es un fármaco sintético derivado de la 17-lactona, el cual es un antagonista competitivo renal de la aldosterona y un diurético ahorrador de potasio, indicado en medicina para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, ascitis en pacientes con enfermedad hepática, hipertensión arterial de baja renina, hipopotasemia, hiperaldosteronismo primario bilateral y el síndrome de Conn. Por su cuenta, la espironolactona es un diurético débil, por lo que generalmente se usa en combinación con otros diuréticos (en nuestro caso Butizide) 

Cita literal

Naturalmente, al final del día, al final de los años, puesto que no tienes el contacto con el paciente –el contacto con el paciente lo ignoras: te dan unas cifras, un valor de p, una significación estadística–, quieres encontrar un paciente que te diga algo. Hace unos 10 años, lo encontré, y me voy a permitir presentar una transparencia, que está en alemán por varios motivos. En primer lugar, porque mucha gente aquí puede presumir de muchas cosas. Yo puedo presumir de que sé alemán y lo hago. En segundo lugar, porque en alemán este escritor tiene una musicalidad que es muy difícil, extraordinariamente difícil, de reproducir en castellano. Y en tercer lugar, y es lo más importante, porque la traducción de ese párrafo, que hizo Miguel Sáez, un magnífico traductor, es deficiente. Me he permitido traducirlo y se lo voy a leer cuidadosamente. La traducción la he hecho a conciencia, la he revisado mucho. El libro se llama Hormigón y fue editado en 1982. El autor es Thomas Bernhard. Dice así: 
“Pero ya que no quería reír ni llorar, me levanté y comprobé si había colocado en la maleta suficiente prednisolona y Sandolanid y Aldactone Saltucin. Nos da asco la química, me susurré a mí mismo. Nos da asco la química, pero de todas maneras, a esa química, más despreciada que cualquier cosa de este mundo, le debemos nuestra vida, nuestra existencia. Sin esta maldita química, ya haría decenios que nos habrían arrojado al cementerio o a donde fuera. Desde que a los cirujanos ya no les queda en mí nada que cortar, yo dependo completamente de esos medicamentos. Y cada día agradezco a Suiza y a sus industrias junto al lago de Ginebra el que existan y el que mediante ellas yo  exista, como probablemente muchos millones agradecen su vida y su existencia, aunque sea tan miserable, a esa gente en sus cajas de cristal, cerca de Vevey y de Montreaux, hoy tan severamente criticados por todos. Dado que hoy casi toda la humanidad está enferma y depende de los medicamentos, debería, por favor, reflexionar acerca de ello, de que existe en gran medida, casi exclusivamente por esa química a la que tanto demoniza.”¿Quién es el autor? Porque realmente este autor es, desde mi punto de vista, uno de los mayores escritores en alemán de este siglo. Este autor no sabía lo que era un placebo, pero padecía una enfermedad gravísima, el morbus Boeck, una sarcomatosis con infiltración pulmonar y miocardiopatía, y murió prematuramente a causa de ella hace 10 años.

Carlos Vallvé, Cuadernos de la Fundació Víctor Grífols i Lucas
INDUSTRIA FARMACÉUTICA Y PROGRESO MÉDICO - N.º 3 - (2001)


Más datos:

Morbus Boeck o Sarcoidosis: La sarcoidosis, (del griego sarx, que significa "carne") o enfermedad de Besnier-Boeck, es una enfermedad granulomatosa sistémica, de carácter autoinmune, que afecta a todas las poblaciones y etnias humanas, y fundamentalmente a adultos entre 20 y 40 años. Sus causas son desconocidas. Los síntomas pueden aparecer repentinamente, pero suelen manifestarse de manera gradual. El curso de la enfermedad es variable y puede ser desde asintomática hasta crónica (en el 5% de los casos), pudiendo llevar a la muerte (sólo en un 1% de los casos en que se hace crónica).
La enfermedad puede manifestarse en cualquier órgano del cuerpo, con mayor frecuencia en el pulmón y ganglios intratorácicos. También son frecuentes las manifestaciones oculares, cutáneas y hepáticas.
Su etiología es desconocida, la hipótesis más aceptada es que se trata de una respuesta inmunitaria a exposición de factores ambientales en individuos genéticamente predispuestos.


Análisis:

A través de los medicamentos que toma uno de los personajes de la novela llegamos a un diagnóstico sobre las causas de la muerte de Thomas Bernhard.

Nuestro ponente olvida que tanto en la primera como en la última página de Hormigón aparecen estas dos sencillas notas en el texto:

escribe Rudolph

Según el texto, se podrá, a través de la medicación, diagnosticar la enfermedad de Rudolph, no la de Bernhard.
O no.
Quizás Carlos Vallvé tenga razón respecto a la enfermedad de Bernhard. No puedo juzgarlo.


Otras cosas sin importancia:

Hormigón escrita en 1982, a la que seguirían El sobrino de Wittgenstein y El malogrado, es una novela extrañamente bernhardiana, ya que el soliloquio del narrador, Rudolph, es finalmente interrumpido por un acontecimiento externo que rompe en cierta manera su discurso y supone un anticlímax narrativo al tiempo que implica una revelación impactante en la historia. Es decir, Bernhard emplea un recurso de la narrativa clásica para contrapuntear su estilo transgresor.
¿Es la trama un recurso irrelevante para Bernhard? Y, en caso de ser así, ¿por qué esa especie de trama que se desarrolla al final tiene tanta importancia como para dar título a la novela?

Se trata de una historia dramática pero al mismo trivial para un narrador ocupado principalmente en sí mismo, en su trabajo que no desarrolla, en los preparativos de su viaje y en sus enfermedades que le impiden realizar sus propósitos. Una historia que finalmente le hacen “salir de sí mismo”, empatizar con quienes le rodean aunque no quiera reconocerlo:
“Realmente nos consolamos inmediatamente ante una persona todavía más desgraciada. Y nuestra enfermedad, incluso nuestra enfermedad mortal, no es casi nada”.

El hormigón es el destino final que esta sociedad nos reserva.




Ante eso no queda más que correr a encerrarnos, atiborrarnos a somníferos y despertar veintiséis horas después con la mayor angustia.

14/4/14

El sobrino de Wittgenstein, de Thomas Bernhard

(¿Hay un mensaje secreto en las novelas de Thomas Bernhard? Aquí el de El sobrino de Wittgenstein):



Baumgartnerhöhe, Trastorno, cara de luna, sólo me quedaban unas semanas, en el mejor de los casos unos meses, Tractatus logico-philosophicus, Baumgartnerhöhe, Am Steinhof. Baumgartyaerhöhe, Die Baumgartnerhöhe, Am Steinhof, taumaturgo, durante decenio, algún cambio meteorológico brusco e imprevisto, bajo un bisturí que se había puesto nervioso, Porque, sabido, en las condiciones más horribles, Am Steinhof, así llamada, enfermo mental, aquélla, siempre, designando una y otra vez las enfermedades de forma equivocada. maníaco, depresivo, enfermedades incurables, al menos arrastrándose, cortisona, mi, cada vez, cómo, precisamente porque era estudiante de teología, le faltó un pelo, casi también de mil amores,  Sinfonía Haffner, al final de nuestra vida, ser de mi vida, ser de mi vida, ser de mi vida, ser de mi vida, volvía a mí, loco, tubérculos, totalmente, fuente existencial, vivido, vivido, interpretado el papel, explotado, explotado, profundizamos, profundización de nuestra amistad, toda la escena, sucios, puro, puro, niños de las orillas del Traunsee, para ayudarlos a ellos y contentarse a sí mismo, toda la horrible escena, quizá , quizá, publicó, practicó, Tristán, él, yo amaba, en él, El Met no es nada. El Covent Garden no es nada. La Scala no es nada,  naturalmente, la Opera de Viena tampoco es realmente buena más que una vez al año, demencial, señor Barón, Eden-Bar, su residencia, demasiado absurda, aquí, dedicado a la muerte, de pronto, Eres mi único amigo, mi único ser, el único de todos los que tengo, a nadie, Un Mozart por favor. Un Strauss por favor. Un Beethoven por favor, normalizaba, con el miedo a la muerte, a causa de mi muerte, a causa de la suya, recibir, Tristán y La flauta mágica, Don Juan y El rapto. Renana, sanos, Fórmula I , señor Barón, Compañía de seguros metropolitana, Soy un empleado absolutamente modélico, Niedernhart, París, sólo para verte, maduro, Sigfrido, La valquiria, Stravinsky, La mujer sin sombra, La mujer sin sombra, La mujer sin sombra  La mujer sin sombra, Construiré un escenario flotante, y la Filarmónica tocará en otro escenario, a los pies del Traunstein. La mujer sin sombra debe ser interpretada en el Traunsee, entre Traunkirchen y Traunstein, La muerte de Klemperer ha desbaratado mis planes, con Böhme, La mujer sin sombra se me ha convertido en una pesadilla. un frac negro, fracs blancos, qué se imaginan, no estoy loco para encargarme dos fracs blancos, y además precisamente en la casa Knize, honorarios, Con los médicos estuve en buenas relaciones mientras tuve dinero, decía, pero luego, cuando no lo tienes, te tratan a patadas, tú, donde debes estar, yo, donde debo estar, ¡Grotesco, grotesco! , normalizarme, lo verdadero y lo aparente, a normalizarse o, toman posesión de su puesto, escrita en el rostro, perdido, colina,  fresca en verano, como roto, en el lago, es la última vez, teatro, en medio de la Naturaleza, Neue Zürcher Zeitung, Zaida, Neue Zürcher Zeitung,  Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, famosa en el mundo entero, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung,  famoso en el mundo entero, Neue Zürcher Zeitung, famoso en el mundo entero, Neue Zürcher Zeitung, Zaida, Neue Zürcher Zeitung, sólo hay dos pasos, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Zaida, Neue Zürcher Zeitung, Cuarteto Julliard,  Amadeus, Trio di Trieste, Reina de la Noche, Zerbinetta, gigoló, él, él, él, una fortuna, torpes memorias, único, no algo disparatado, filosofante, ya mucho tiempo, alta, alguna sospecha, algún delito, alguna falta, culo de la Opera, culo de la Opera, responsable de campesinas del Reich, mis atormentadores, desvergonzado Tractatus, el más loco de la familia. Un multimillonario como maestro de aldea es sin duda una perversión, ¿no crees?, el extranjero, que siempre ha prestado oídos a lo excéntrico, engrandeció, el mundo se dejase engañar por los bufones de su familia, aquel inútil se hiciera de pronto célebre en Inglaterra, una eminencia intelectual, eliminaron,  Mi tío Ludwig, pruebas de amistad, una auténtica perfidia austriaca, exaltación, en su perfecto derecho, delante, con el necesario respeto, tuve, el señor Hunger en persona, el Presidente de la Academia en persona, ¿Pero dónde está el escritorcete?, ¡Te has dejado utilizar! ¡Se han defecado en tu cabeza! , escándalo, mares del Sur, especializado en novelas de aventuras, huésped de Austria, un profundo silencio, ser de mi vida, Bernhard que tiraba piedras a su propio tejado, Aceptar un premio es ya una perversión, pero aceptar un premio nacional es la mayor de las perversiones, nuestro, ese campo letal , Eden-Bar, piso, la situación era inmejorable, Sin embargo, para Edith era muy deprimente, lo que, podría, Le Monde, Times, entrada en escena, Frankfurter Allgemeine, Times, Süddeutsche Zeitung,  Le Monde, enfermedad del habitual del café, en ningún caso, sea el que sea,  permitirme, hogar, fuera, enfermedad de la numeración, desde el, señor Barón, grotesca, grotescamente, La partida de caza, Burg, Partida de caza,  Burg, miedo,  envidia, miedo artístico mortal, en cualquier circunstancia y por todos los medios, actores favoritos, Generala, La partida de caza, ni siquiera era bien intencionada, primer escenario del área lingüística alemana, Partida de caza, Partida de caza, la verdad es que estamos en contra de esta pieza horrible, mediocre y repulsiva, que nos ha obligado, ¿¡Tampoco le gusta al señor, eh!?, La partida de caza, aquella Partida de caza, un gran éxito, enormes aplausos, Un gran éxito. enormes aplausos, Partida de caza, También tú has sido víctima de la imbecilidad y de las intrigas y de la mala baba del Burgtheater,  y no me sorprende, a pesar de todo, directamente, el vivo y no el muerto, seguido, ni pasado ni futuro, embrutecimiento de la ciencia atómica, gobierno corrompido,  parlamento megalómano, reproductivos, Neuer Marka, inmediatamente si,  cierta perla, ¡La perla de tu corona!,  no responsable de sus actos, loco furioso,  Doscientos amigos asistirán a mi entierro y tú tendrás que pronunciar un discurso ante mi tumba, agresión, verdadero hogar.


De la traducción de Miguel Sáenz para Ed. Anagrama.

26/3/14

Los hermanos Tanner, de Robert Walser

Declaro, en esta turbia tarde primaveral, que no hablaré de Herisau ni colgaré la foto de Walser muerto en la nieve. Ni que Me había levantado para irme a casa; porque ya era tarde, y todo estaba oscuro, etc 
Como siempre, copio de la wikipedia: “Hijo de una familia numerosa, Walser abandonó la escuela a los 14 años y se irá de la casa paterna a los 17. Ejerció todo tipo de empleos para subsistir y paralelamente ir escribiendo: trabajó como empleado de banca, como sirviente o como secretario, lo que será decisivo en sus textos. (…) Se alojó en Berlín con su hermano, el pintor Karl Walser. Y entre 1907 y 1909, publicó tres grandes novelas: Geschwister Tanner, en 1907; Der Gehülfe, en 1908; y Jakob von Gunten, en 1909
Estamos lejos de Herisau, lejos de los microgramas, lejos de la ansiedad y las alucinaciones, lejos del informe que manifiesta que "El paciente confesó escuchar voces”.
Walser no tenía aún 30 años cuando se publicó Los hermanos Tanner.

Los hermanos de Walser, sobre todo Karl, el pintor, sobrevuelan las páginas de la novela transfigurados en miembros de la numerosa familia Tanner.
Los fantasmas de Biel, Basilea, Stuttgart y Zürich, ciudades donde vivió Walser, conforman la ciudad innominada de Los hermanos Tanner.
Los monótonos e insufribles trabajos que Walser desempeñó, pasan por las páginas de la novela, creando una subtrama de rebeldía ante la explotación laboral que al mismo tiempo se muestra como un alegato contra el sinsentido de la vida asalariada.
No quiero decir con esto que Los hermanos Tanner sea una narración autobiográfica. Pero los paralelismos entre la realidad (o aquellos hechos que conocemos a través de biografías y relatos de su vida) y la ficción nos hacen pensar que Walser pretendía exponer a través de la literatura una idea vital, un manifiesto sobre la libertad y el individuo, a partir de sus propias experiencias, a partir del sentimiento de un Yo que no se adapta a las exigencias de un sistema absurdo.

Al contrario, por ejemplo del Ulrich de El hombre sin atributos, un burgués de clase alta que no precisa ocupación, una situación constante en mucha literatura anterior y del siglo XX, el trabajo está permanentemente presente en Los hermanos Tanner. De hecho la novela se inicia con una ingenua-estrafalaria-arrogante petición de trabajo del joven Simon Tanner, personaje que constituye el foco narrativo. “Quiero ser librero”, “el oficio de librero me ha parecido siempre fascinante y no veo porque habría de consumirme más tiempo lejos de tan entrañable y hermosa ocupación”. Sin embargo, pocas páginas más adelante, Tanner se despide con estas palabras:



— Usted me ha desilusionado, y no ponga esa cara de sorpresa, ya es imposible cambiar nada: hoy mismo me iré de su tienda y le ruego que me pague mi sueldo. Déjeme terminar, por favor. Sé demasiado bien lo que quiero. En estos ochos días el trabajo en la librería se me ha vuelto aborrecible si ha de consistir en pasarse el día entero, desde la mañana hasta bien entrada la noche, mientras allá fuera brilla un suavísimo sol invernal, de pie junto a un escritorio, con el espinazo curvado porque el mueble es demasiado pequeño para mi estatura, y en escribir como cualquier amanuense de mala muerte, cumpliendo una labor que no se aviene nada bien con mi carácter. Puedo hacer cosas muy distintas, mi estimado señor librero, de las que aquí tienen a bien confiarme. Creí que en su tienda podría vender libros, atender a un público elegante, hacer una reverencia y decir adiós a los clientes que se dispusieran a abandonar la librería. También creí que tendría oportunidad de echar una ojeada a los arcanos del comercio de libros y captar al vuelo los rasgos del mundo en el rostro y la marcha del negocio. Mas no hubo nada de todo esto. ¿Cree acaso que mi juventud está atravesando un momento tan malo que me obligue a asfixiarla y encorvarla en una lanería perfectamente inútil? También se equivoca usted, por ejemplo, si piensa que la espalda de un joven está ahí para encorvarse. ¿Por qué no me asignó un buen escritorio o un pupitre decente, que se adaptara a mi talla? ¿No hay acaso magníficos escritorios de estilo americano? Si se quiere tener un empleado, digo yo, es preciso saber también instalarlo. Y esto es algo que usted, según parece, ignoraba. Sabe Dios todo lo que se le exige a un joven principiante: diligencia, fidelidad, puntualidad, tacto, lucidez, modestia, mesura, perspicacia y quién sabe cuántas cosas más. Sin embargo, ¿a quién se le ocurriría exigirle una virtud cualquiera a un señor jefe? ¿Debo acaso echar por la borda mis energías, mi deseo de hacer cosas, la alegría que me inspiro a mí mismo y mis brillantísimos talentos detrás del viejo, miserable y estrecho escritorio de una librería? No, antes que hacer algo así preferiría alistarme como soldado y vender totalmente mi libertad, para no volver a poseerla nunca más. No me gusta, estimado señor, poseer algo a medias; prefiero contarme entre los que nada tienen, al menos así mi alma aún será mía. Pensará que es poco decoroso hablar con tanta vehemencia y que éste tampoco es el lugar apropiado para hacerlo: pues bien, aquí me callo, págueme lo que me corresponde y no volverá a verme nunca más.

No quiero decir con esto que Los hermanos Tanner sea una novela (llamémosla) anti-sistema. En realidad no creo que lo sea. Es una novela muy personal, muy centrada en el individuo, focalizada en el personaje principal. Es cierto que la novela está dirigida por un narrador omnisciente, pero avanza prácticamente a través de los pensamientos y parlamentos de Simon Tanner. Luego, no se convierte en un mensaje individual contra el funcionamiento de la sociedad, sino la particular visión del mundo de un ser que se adapta con dificultad a las normas sociales, al mismo tiempo que se nos muestra en ocasiones veleidoso, inconstante, incongruente e incluso mentiroso:


A Klara: “Mi padre es hombre pobre pero feliz de vivir (…) Pero mi madre me dejó, y a mis hermanos mucho más que a mí, una serie de ideas al traerme a este mundo (…)  (nosotros, sus hijos) Vivimos dispersos por este mundo ancho y redondo, lo cual es una gran cosa porque todos tenemos temperamentos, sabe usted, que no soportarían una convivencia prolongada”

A la dama que le contrata para cuidar a su hijo: “Mis padres me dejaron un pequeño patrimonio que acabo de consumir hasta el último céntimo. Juzgaba innecesario trabajar. Y estudiar algo tampoco me apetecía. Sentía que un día era algo demasiado hermoso como para tener la insolencia de profanarlo trabajando. Ya sabe usted cuánto se pierde por culpa del trabajo cotidiano. Me sentía incapaz de consagrarme a una ciencia a cambio de renunciar al espectáculo del sol y de la luna al caer la tarde. Necesitaba horas para contemplar un paisaje vespertino, y he pasado noches enteras sentado en la hierba, en vez de en un escritorio o en un laboratorio, mientras a mis pies pasaba un río y la luna atisbaba por entre las ramas de los árboles. La sorprenderá escuchar esta confesión, pero ¿por qué habría de contarle una mentira?”


Ahí radica la cuestión, “¿por qué habría de contarle una mentira?”, o más bien ¿por qué Simon miente y es sincero al mismo tiempo? Miente respecto a su familia (o mintió la primera vez al hablar con Klara), pero es absolutamente sincero respecto a que “Sentía que un día era algo demasiado hermoso como para tener la insolencia de profanarlo trabajando”. 
¿Debemos creerle cuando dice que “Cuando veo trabajar a la gente me avergüenzo sin querer de no tener ninguna ocupación, pero creo que no puedo hacer más que sentir, precisamente, esa vergüenza. Tengo la sensación de que los días me los regala algún dios bonachón que se complace en tirarle algo a un haragán”?
¿O cuando afirma lo siguiente?

— Cuando voy a trabajar a las ocho de la mañana, me siento increíblemente solidario con todos los que también tienen que entrar a las ocho de la mañana. ¡Qué gran cuartel, esta vida moderna! Y no obstante ¡qué hermosa y rica en ideas es justamente esta uniformidad! Anhelamos constantemente algo que debería ocurrirnos, que debería salirnos al paso. ¡Es tan poco lo que poseemos! ¡Somos tan pobres diablos! ¡Nos sentimos tan perdidos en medio de todo ese culturalismo, de todo ese orden y esa exactitud! Subo los cuatro pisos por la escalera, entro, doy los buenos días y empiezo a trabajar. ¡Dios mío! ¡Qué poco debo rendir! ¡Qué pocos conocimientos se me exigen! ¡Qué poco parecen sospechar que también podría hacer cosas muy distintas! Pero ahora me viene muy bien esta espléndida falta de exigencias por parte de quienes me dan trabajo. Puedo pensar mientras trabajo, tengo grandes probabilidades de convertirme en pensador. ¡Pienso en usted con frecuencia! 

¿Podemos creer algunas de las cosas que dice a otros personajes? Para encontrar la característica principal del personaje central de Los hermanos Tanner debemos hacernos otra pregunta: ¿Qué define exactamente a Simon Tanner?

La respuesta es el (El) paseo.

Tanner deambula por la ciudad, por sus parques, por los montes. Incluso en una ocasión camina durante toda la noche en la oscuridad a través del campo… ¿por qué? 
No hay un motivo claro. El objeto no es llegar a un sitio concreto. Pasear constituye una alegoría de la vida. Ya sabemos cual es el destino que nos aguarda al final del camino. Lo importante es el paseo. Caminar. La forma en que recorremos el camino.
En El paseo, Walser ensalza esa forma de ver la vida. Hay cierta impostura en la actitud del caminante, una alegría falsamente desbordada, de admiración y perplejidad, pero es precisamente la que escoge para mostrarse ante los demás. Es una decisión vital y una actitud literaria. Algo parecido ocurre con Tanner, con Simon. Su actitud ante los demás puede ser cuestionada, pero es precisamente en esas caminatas donde Walser muestra verdaderamente al personaje y donde, quiero creer, es más afín a él y la novela toma un cariz más autobiográfico que en esas coincidencias circunstanciales autor-personaje.



Los fragmentos de Los hermanos Tanner de la traducción de Juán José del Solar para Siruela.

23/3/14

Un fragmento de Los hermanos Tanner, de Robert Walser

(Kaspar Tanner:) — ¡Preferiría que me llevara el diablo! ¡A Italia! ¿Por qué a Italia? ¿Acaso estoy enfermo para ir a curarme al país de las naranjas y los pinos? ¿Qué necesidad tengo de ir a Italia si puedo estar aquí y sentirme muy a gusto? ¿Podría hacer en Italia algo mejor que pintar? ¿O es que aquí me sería imposible? Piensas que debería ir a Italia porque es muy bella. Pero ¿no es también esto suficientemente hermoso? ¿Puede aquello ser más hermoso que este lugar donde estoy, donde vivo creando, dando veo miles de cosas bellas que seguirán existiendo cuando yo lleve ya un buen tiempo deshecho? ¿Será posible ir a Italia cuando se quiere crear algo? ¿Son las bellezas de Italia más bellas que las de aquí? Tal vez sólo sean más exigentes y precisamente por eso prefiero no verlas. Si de aquí a sesenta años he sido capaz de pintar una ola o una nube, un árbol o un campo, ya veremos si hice bien no yéndome a Italia. ¿Qué perdería no viendo las columnas de esos templos ni esas casas consistoriales como las hay en todas partes, aquellas fuentes y arcas, aquellos pinos y laureles, esos trajes italianos y esos suntuosos edificios? ¿Por qué habría de devorarlo todo con los ojos? Soy capaz de perder los estribos cuando me atribuyen la intención de querer ser mejor artista en Italia. Italia es la trampa en la que caemos de bruces cuando nuestra estupidez es ya supina. ¿Acaso vienen aquí los italianos cuando quieren pintar o escribir algo? ¿De qué me sirve embriagarme de culturas pretéritas? ¿Habré enriquecido así mi espíritu si quiero arreglar cuentas conmigo mismo? No, simplemente lo habré arruinado y acobardado. Por más extraordinaria que haya sido una cultura antigua y extinguida, por mucho que supere a la nuestra en potencia y esplendor, nunca se me ocurriría recorrerla husmeando como un topo, sino que la estudiaría, si fuera factible y hacerlo me divirtiera, en los libros, que están en todo momento a mi disposición.


Fragmento de Los hermanos Tanner de la traducción de Juán José del Solar para Siruela.


20/2/14

Relato soñado, de Arthur Schnitzler

Traumnovelle

La ronda de la infidelidad no consumada:

Albertine, La joven de la playa, Marianne, Mizzi, la chica de la tienda de disfraces, la enmascarada, Albertine, la chica de la tienda de disfraces, Marianne, Mizzi, un cadáver de mujer, Albertine.


Dice el Ferrater-Mora que Freud estima que no hay actos de ninguna clase, incluyendo actos verbales y sueños, que no tengan una causa. Pudiendo estar más o menos de acuerdo con la cita, considero el psicoanálisis como una forma de narrativa. Por ejemplo, la interpretación freudiana de los sueños requiere en principio la exposición de los acontecimientos del sueño. Es un (psico)análisis basado en una narración.
Toda narración es infidente.
Toda narración es una impostura.

¿Se adscribe Schnitzler a la causalidad freudiana?, es decir, ¿construye su relato de forma que responda a unas causas inconfesables y perentorias que acosan al matrimonio protagonista aún sabiendo la relación entre narración e impostura? 
Creo que Schnitzler representa la verdadera cara del psicoanálisis. Por eso, quizás, Freud le respetaba e incluso “temía”.

Dejemos hablar al experto, Giuseppe Farese:

“Sigmund Freud en una carta a Schnitzler, del 14 de mayo de 1922, en la que confesaba haberlo evitado hasta la fecha por una especie de "temor del sosia", escribía entre otras cosas: "Su determinismo así como su escepticismo —que la gente llama pesimismo—, su penetración en las verdades del inconsciente, en la naturaleza de las pulsiones del hombre, su demolición de las certezas convencionales de la civilización, la adhesión de sus pensamientos a la polaridad entre amor y muerte, todo me sorprendió con una inquietante familiaridad"”

(…)
(Respecto a Relato soñado): “La trama de lo que se podría definir como una obra de teatro de desengaños y de deseos insatisfechos —ninguna de las aventuras erótico-surreales de Fridolin llega a cumplirse, la traición de Albertine ocurre sólo en el sueño— se desenreda a lo largo del hilo del mutuo extrañamiento de los protagonistas, de su alejarse y de su progresivo reunirse. La condición psicológica de Fridolin y Albertine trae a la memoria las agudas observaciones de Schnitzler sobre el psicoanálisis y particularmente su original alusión a esa "especie de territorio intermedio que fluctúa entre el consciente y el inconsciente" que él definía como "medioconsciente" o "semiconsciente", y con base en el cual es posible leer las contradicciones de Fridolin y Albertine. Sobre todo porque el mismo Schnitzler admitía que el arte del escritor debía consistir en "trazar lo más decididamente posible los límites entre el consciente, el semiconsciente y el inconsciente". Si es verdad, como él observa, que "el medioconsciente constituye el territorio más extenso de la vida psíquica y espiritual, y desde ahí los elementos emergen ininterrumpidamente al consciente o se precipitan en el inconsciente", entonces también el reencuentro final entre Fridolin y Albertine, después de la turbulenta noche de los deseos insatisfechos, adquiere el significado de una elevación al consciente que, sin proveer certezas, podría justificar aquél "riesgo" de una solución positiva que ya algunos años antes había propuesto Rey como una hipótesis. La frase final con la que Albertine busca apagar el entusiasmo optimista de su marido: "No se puede hipotecar el futuro", parece evidenciar más bien la inseguridad esencial que siempre había caracterizado a las obras de Schnitzler en los últimos años”

Arthur Schnitzler, a setenta años de su muerte, de Giuseppe Farese; Traducción de Guadalupe Alonso.

En la traducción de Miguel Sáenz para Acantilado el "No se puede hipotecar el futuro" aparece así:

—¿Qué vamos a hacer, Albertine?

Ella sonrió y, tras una breve vacilación, repuso:
— Dar gracias al Destino, creo, por haber salido tan bien librados de todas esas aventuras... de las reales y de las soñadas.
—¿Estás segura? -le preguntó él.
— Tan segura que sospecho que la realidad de una noche, incluso la de toda una vida humana, no significa también su verdad más profunda.
— Y que ningún sueño -suspiró él suavemente- es totalmente un sueño.
Ella cogió la cabeza de él entre sus manos y la apoyó cariñosamente contra su pecho.
— Pero ahora estamos despiertos -dijo- para mucho tiempo.
Para siempre, quiso añadir él, pero, antes de que pronunciara esas palabras, ella le puso un dedo sobre los labios y, como para sus adentros, susurró:
— No se puede adivinar el futuro.
Permanecieron así en silencio, dormitando los dos un poco y próximos entre sí, sin soñar...


Las grandes obras de la literatura lo son en gran medida porque generan una serie de preguntas en los lectores. Quizás la principal pregunta que suscita es quién es realmente el soñador. Y esta pregunta, a su vez, crea una serie de interrogantes: ¿Es el narrador el soñador?, ¿Traumnovelle hace referencia únicamente al relato de Albertine de su sueño en el que es infiel a Fridolin y dónde éste aparece crucificado?, ¿pertenece al mundo onírico la reacción de Fridolin, más airada ante el sueño (ficción alegórica) que a la confesión que ella le hace sobre su intento frustrado de infidelidad durante su vacaciones en Dinamarca?, ¿es el sueño, el relato soñado, la aventura de Fridolin?
Pensemos, por ejemplo, en los curiosos apellidos de quienes le introducen en el mundo exclusivo orgiástico y en el de la muerte, dos de los personajes más cercanos a Fridolin y que no son conocimientos de su aventura nocturna, Nachtigall (Ruiseñor) y Adler (Águila). Pensemos también en la exagerada casualidad que encierra su introducción al reducto clasista:

— ¿Así que has conseguido realmente un disfraz?

—Ya ves. ¿Y la contraseña?
— ¿Insistes en ir?
—Sin falta.
—Entonces... La contraseña es Dinamarca.
— ¿Estás loco, Nachtigall?
— ¿Por qué loco?
—Por nada, por nada... Casualmente he estado este verano en la costa danesa.

En todo caso el sueño-relato funciona como alegoría. Es complicado desentrañar el sentido final (la causa) del sueño de Albertine, el fragmento de la novelle verdaderamente onírico. La extrañeza y el sinsentido de nuestros sueños permitió a Freud fundar su psicoanálisis, una “ciencia” que se asienta en un doble subjetivismo, el del soñador y el del interpretador.
Sin embargo Traumnovelle sí que tiene un claro carácter alegórico, el de los acontecimientos y las causas de una crisis matrimonial. Sin embargo la grandeza de Schnitzler es no plantear el tema directamente. Le confiere la extraña textura de los sueños, la reviste de inverosímiles pero posibles acontecimientos. Conjuga, en suma, la confusión de los sueños y la contundencia narrativa, sabiendo que ambos pertenecen al ámbito de lo falso, de lo impostado, de la ficción.

11/2/13

Trastorno, de Thomas Bernhard


Me gusta leer a Bernhard, dijo el crítico, porque me permite dormirme durante media hora con el libro en las manos. Dejo que la somnolencia me invada y que la voz de Bernhard se apodere de mi cabeza y mientras duermo, una cabezadita de media hora con el libro en las manos, la voz de Bernhard sigue en mi cabeza, controlando la duermevela y la voz de Bernhard esta en mi cabeza y yo no estoy en la cabeza de Bernhard. “Mi tormento es algo a lo que usted no tiene acceso” le dice el príncipe al doctor, el padre del narrador de Trastorno y “Todos los hombres están más o menos locos” dice el príncipe y “En cada cabeza humana se encuentra la catástrofe humana que corresponde a esa cabeza” y yo estoy solo en mi cabeza, dice el crítico, con mi propia catástrofe a la que nadie más tiene acceso y la voz de Bernhard está en mi cabeza, pero yo no tengo acceso al tormento de Bernhard ni a su catástrofe humana más que a través de su voz. Pensaba, dice el crítico, que Trastorno era una de las novelas más asequibles de Benhard que había leído. Eso fue al principio. Pero no hay novela asequible de Bernhard porque Bernhard es conceptualmente antinarrativo, dice el crítico. "Todo el mundo” dice el crítico que decía el príncipe en la novela de Bernhard, “hablaba siempre un lenguaje que él mismo no entendía pero que, de vez en cuando, era entendido". Bernhard no escribía para ser entendido, supongo, dice el crítico, que lamentaba esos de vez en cuando en que era entendido. Al principio pensé que Trastorno era una de sus novelas más asequibles, dice el crítico, porque parecía existir un hilo narrativo a través de la voz del hijo del doctor que acompaña a su padre a visitar a sus pacientes y compraba la progresiva degradación física y moral de los habitantes de su región natal, pero la ilusión no duró demasiado. La voz del príncipe, a través del hijo del doctor, a través de Bernhard, dice el crítico, se apropia del relato, incorpora su demencia a la narración, una demencia que anula al otro, un monólogo que niega al lector, al tiempo que el hijo del doctor apela al lector a continuar. Bernhard es conceptualmente antinarrativo, dice el crítico, Bernhard no desprecia al lector, pero lo elimina de la ecuación, tal vez todo esto no sea más que un error, que lo que verdaderamente ocurre, dice, es que estamos incapacitados para comprender la literatura centroeuropea. Decía Hrabal que Kafka era un gran humorista que ni anglosajones ni latinos entendemos. ¿Y si, dice el crítico, Bernhard es un gran humorista al que nos resulta imposible entender? Aunque fuese así, dice el crítico, estaríamos de nuevo fuera de la ecuación. A no ser que estemos dentro y pensemos que estamos fuera porque, dice el crítico, cuando me adormezco con el libro en las manos, en mitad de una frase, la voz de Bernhard continúa hablando desde el interior de mi cabeza, frases que jamás escribió, que no son frases, sino el eco de un discurso lejano, del ritmo de la voz, del esqueleto de un monólogo que sucede dentro de mi cabeza a la que Bernhard ha accedido mientras que su cabeza, la de Bernhard, dice el crítico, permanece inaccesible obra tras obra, novela tras relato y lo que queda, cuando despierto y expulso a Bernhard de mi cabeza y sigo leyendo dejando que Bernhard se vuelva a introducir en mi cabeza, el verdadero Bernhard, el del texto, dice el crítico, es el sentimiento degradante de haberme convertido en parte de la sociedad a la que Bernhard critica y desprecia y me digo, no, no es eso, Bernhard era un humorista.

Los escritores mancillaban siempre la Naturaleza con sus obras, de forma más o menos diletante, “más o menos aplaudida”, más o menos totalmente desenfocada respecto a los acontecimientos.

Los extractos de Trastorno, de Thomas Bernhard, de la traducción de Miguel Sáenz para Alianza Editorial.