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12/5/19

Sí, de Thomas Bernhard

“Sí” es la respuesta a una pregunta que se formula en el texto. “Sí” es también la última palabra de la novela como lo era el de Molly Bloom en el Ulises de Joyce. El “Sí” de Bernhard también lo pronuncia una mujer. Como dice Luis Goytisolo en la edición de , traducida por Miguel Sáenz para Anagrama, el “final del Ulises, que no obstante, si algo tiene que ver con el que cierra este libro, será, en todo caso, por la similitud que cabe establecer entre los opuestos”.

No tengo muy claro que se traten precisamente de “opuestos”. Sin embargo tampoco hay relaciones entre la novela de Bernhard y la de Joyce que nos haga pensar que en la composición de se haya tenido en cuenta al Ulises. Algo que como ya comenté sí sucedía en Váramo, de César Aira, a la que me atreví a llamar “deconstrucción del Ulises”.

Pero la elección de la palabra final del texto, “sí”, su relevancia al ser escogida como título de la novela y la inevitable relación que se establece con el “sí” final más famoso de la literatura me hace pensar que no es casual y que, además, se fomenta esa relación para mostrar las diferencias. Cuando Goytisolo habla de opuestos entiendo que no quiere que se vea una relación entre las dos novelas. Pero creo que más que opuestos se trata de oposición. Y que para oponerte a algo lo primero que tiene que hacer es tenerlo presente. No se trata de “la similitud que cabe establecer entre los opuestos”, sino de la oposición de textos relacionados. Bernhard no pretende oponerse al Ulises sino escribir a la contra de Joyce. No se puede escribir igual después de Joyce, aunque cientos, miles de escritores piensen que sí se puede hacer. Y arriesgarse por caminos alejados de los trillados por la narrativa convencional, escribir no para complacer al lector sino por el empeño de consumar una obra literaria que encierre la belleza formal de su composición, hace que inevitablemente la obra y el autor se sitúen en la estela de Joyce. Como no se puede escribir igual después de Joyce, el autor debe asumir su influencia, aceptarla y adaptarla a sus objetivos estéticos. Porque de lo que se trata, al menos en el caso de Bernhard, aunque creo que debería darse en toda manifestación narrativa, no es contar una historia sino crear una obra artística. Y que lo sea a pesar de lo atroz y desmoralizante que sean los temas tratados.
Puedo hacer una sinopsis de la novela, explicar qué, cómo, cuándo y tratar sobre lo demoledor que es el “Sí” final. Puedo hablar de Broch, de Musil, de Kafka, de Walser e incluso de Goethe, para indicar los caminos que transita la narrativa de Bernhard. Puedo hablar de la extrema dificultad de sus textos y del esfuerzo que imponen al lector, aun tratándose de una de las obras más asequibles de Bernhard (¿quizás por eso la más famosa y reeditada?).

Lo que no puedo hacer es explicar el placer estético que provoca su lectura.

Lo que debería hacer todo escritor mediocre que osase leer a Bernhard sería o dejar de escribir definitivamente o suicidarse. Eso sí, si les preguntásemos si harían eso la respuesta sería “No”.

10/5/14

Hormigón, de Thomas Bernhard

Datos (Wikipedia et al.):

Prednisolon, principio activo Prednisolona, es un fármaco corticosteroide predominantemente glucocorticoide y de baja actividad mineralocorticoide, que resulta útil para tratar un amplio rango de inflamaciones y condiciones de enfermedad autoinmune, tales como asma, artritis reumatoide, colitis ulcerosa, Enfermedad de Crohn (o enteritis regional), esclerosis múltiple, cefalea en racimos, y lupus eritematoso sistémico.

Sandolanid, P/A Acetyldigoxin es un glucósido cardiaco. Se trata de un acetil derivado de digoxina con efecto positivo cardioinotrópico (actúan sobre la fuerza de contracción del corazón). Se prescribe para insuficiencia cardiaca congestiva crónica de clase II, III y IV.

Aldactone-Saltucin, P/A Espironolactona, es un medicamento usado como diurético por sus propiedades antagonistas de la aldosterona. La espironolactona es un fármaco sintético derivado de la 17-lactona, el cual es un antagonista competitivo renal de la aldosterona y un diurético ahorrador de potasio, indicado en medicina para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, ascitis en pacientes con enfermedad hepática, hipertensión arterial de baja renina, hipopotasemia, hiperaldosteronismo primario bilateral y el síndrome de Conn. Por su cuenta, la espironolactona es un diurético débil, por lo que generalmente se usa en combinación con otros diuréticos (en nuestro caso Butizide) 

Cita literal

Naturalmente, al final del día, al final de los años, puesto que no tienes el contacto con el paciente –el contacto con el paciente lo ignoras: te dan unas cifras, un valor de p, una significación estadística–, quieres encontrar un paciente que te diga algo. Hace unos 10 años, lo encontré, y me voy a permitir presentar una transparencia, que está en alemán por varios motivos. En primer lugar, porque mucha gente aquí puede presumir de muchas cosas. Yo puedo presumir de que sé alemán y lo hago. En segundo lugar, porque en alemán este escritor tiene una musicalidad que es muy difícil, extraordinariamente difícil, de reproducir en castellano. Y en tercer lugar, y es lo más importante, porque la traducción de ese párrafo, que hizo Miguel Sáez, un magnífico traductor, es deficiente. Me he permitido traducirlo y se lo voy a leer cuidadosamente. La traducción la he hecho a conciencia, la he revisado mucho. El libro se llama Hormigón y fue editado en 1982. El autor es Thomas Bernhard. Dice así: 
“Pero ya que no quería reír ni llorar, me levanté y comprobé si había colocado en la maleta suficiente prednisolona y Sandolanid y Aldactone Saltucin. Nos da asco la química, me susurré a mí mismo. Nos da asco la química, pero de todas maneras, a esa química, más despreciada que cualquier cosa de este mundo, le debemos nuestra vida, nuestra existencia. Sin esta maldita química, ya haría decenios que nos habrían arrojado al cementerio o a donde fuera. Desde que a los cirujanos ya no les queda en mí nada que cortar, yo dependo completamente de esos medicamentos. Y cada día agradezco a Suiza y a sus industrias junto al lago de Ginebra el que existan y el que mediante ellas yo  exista, como probablemente muchos millones agradecen su vida y su existencia, aunque sea tan miserable, a esa gente en sus cajas de cristal, cerca de Vevey y de Montreaux, hoy tan severamente criticados por todos. Dado que hoy casi toda la humanidad está enferma y depende de los medicamentos, debería, por favor, reflexionar acerca de ello, de que existe en gran medida, casi exclusivamente por esa química a la que tanto demoniza.”¿Quién es el autor? Porque realmente este autor es, desde mi punto de vista, uno de los mayores escritores en alemán de este siglo. Este autor no sabía lo que era un placebo, pero padecía una enfermedad gravísima, el morbus Boeck, una sarcomatosis con infiltración pulmonar y miocardiopatía, y murió prematuramente a causa de ella hace 10 años.

Carlos Vallvé, Cuadernos de la Fundació Víctor Grífols i Lucas
INDUSTRIA FARMACÉUTICA Y PROGRESO MÉDICO - N.º 3 - (2001)


Más datos:

Morbus Boeck o Sarcoidosis: La sarcoidosis, (del griego sarx, que significa "carne") o enfermedad de Besnier-Boeck, es una enfermedad granulomatosa sistémica, de carácter autoinmune, que afecta a todas las poblaciones y etnias humanas, y fundamentalmente a adultos entre 20 y 40 años. Sus causas son desconocidas. Los síntomas pueden aparecer repentinamente, pero suelen manifestarse de manera gradual. El curso de la enfermedad es variable y puede ser desde asintomática hasta crónica (en el 5% de los casos), pudiendo llevar a la muerte (sólo en un 1% de los casos en que se hace crónica).
La enfermedad puede manifestarse en cualquier órgano del cuerpo, con mayor frecuencia en el pulmón y ganglios intratorácicos. También son frecuentes las manifestaciones oculares, cutáneas y hepáticas.
Su etiología es desconocida, la hipótesis más aceptada es que se trata de una respuesta inmunitaria a exposición de factores ambientales en individuos genéticamente predispuestos.


Análisis:

A través de los medicamentos que toma uno de los personajes de la novela llegamos a un diagnóstico sobre las causas de la muerte de Thomas Bernhard.

Nuestro ponente olvida que tanto en la primera como en la última página de Hormigón aparecen estas dos sencillas notas en el texto:

escribe Rudolph

Según el texto, se podrá, a través de la medicación, diagnosticar la enfermedad de Rudolph, no la de Bernhard.
O no.
Quizás Carlos Vallvé tenga razón respecto a la enfermedad de Bernhard. No puedo juzgarlo.


Otras cosas sin importancia:

Hormigón escrita en 1982, a la que seguirían El sobrino de Wittgenstein y El malogrado, es una novela extrañamente bernhardiana, ya que el soliloquio del narrador, Rudolph, es finalmente interrumpido por un acontecimiento externo que rompe en cierta manera su discurso y supone un anticlímax narrativo al tiempo que implica una revelación impactante en la historia. Es decir, Bernhard emplea un recurso de la narrativa clásica para contrapuntear su estilo transgresor.
¿Es la trama un recurso irrelevante para Bernhard? Y, en caso de ser así, ¿por qué esa especie de trama que se desarrolla al final tiene tanta importancia como para dar título a la novela?

Se trata de una historia dramática pero al mismo trivial para un narrador ocupado principalmente en sí mismo, en su trabajo que no desarrolla, en los preparativos de su viaje y en sus enfermedades que le impiden realizar sus propósitos. Una historia que finalmente le hacen “salir de sí mismo”, empatizar con quienes le rodean aunque no quiera reconocerlo:
“Realmente nos consolamos inmediatamente ante una persona todavía más desgraciada. Y nuestra enfermedad, incluso nuestra enfermedad mortal, no es casi nada”.

El hormigón es el destino final que esta sociedad nos reserva.




Ante eso no queda más que correr a encerrarnos, atiborrarnos a somníferos y despertar veintiséis horas después con la mayor angustia.

14/4/14

El sobrino de Wittgenstein, de Thomas Bernhard

(¿Hay un mensaje secreto en las novelas de Thomas Bernhard? Aquí el de El sobrino de Wittgenstein):



Baumgartnerhöhe, Trastorno, cara de luna, sólo me quedaban unas semanas, en el mejor de los casos unos meses, Tractatus logico-philosophicus, Baumgartnerhöhe, Am Steinhof. Baumgartyaerhöhe, Die Baumgartnerhöhe, Am Steinhof, taumaturgo, durante decenio, algún cambio meteorológico brusco e imprevisto, bajo un bisturí que se había puesto nervioso, Porque, sabido, en las condiciones más horribles, Am Steinhof, así llamada, enfermo mental, aquélla, siempre, designando una y otra vez las enfermedades de forma equivocada. maníaco, depresivo, enfermedades incurables, al menos arrastrándose, cortisona, mi, cada vez, cómo, precisamente porque era estudiante de teología, le faltó un pelo, casi también de mil amores,  Sinfonía Haffner, al final de nuestra vida, ser de mi vida, ser de mi vida, ser de mi vida, ser de mi vida, volvía a mí, loco, tubérculos, totalmente, fuente existencial, vivido, vivido, interpretado el papel, explotado, explotado, profundizamos, profundización de nuestra amistad, toda la escena, sucios, puro, puro, niños de las orillas del Traunsee, para ayudarlos a ellos y contentarse a sí mismo, toda la horrible escena, quizá , quizá, publicó, practicó, Tristán, él, yo amaba, en él, El Met no es nada. El Covent Garden no es nada. La Scala no es nada,  naturalmente, la Opera de Viena tampoco es realmente buena más que una vez al año, demencial, señor Barón, Eden-Bar, su residencia, demasiado absurda, aquí, dedicado a la muerte, de pronto, Eres mi único amigo, mi único ser, el único de todos los que tengo, a nadie, Un Mozart por favor. Un Strauss por favor. Un Beethoven por favor, normalizaba, con el miedo a la muerte, a causa de mi muerte, a causa de la suya, recibir, Tristán y La flauta mágica, Don Juan y El rapto. Renana, sanos, Fórmula I , señor Barón, Compañía de seguros metropolitana, Soy un empleado absolutamente modélico, Niedernhart, París, sólo para verte, maduro, Sigfrido, La valquiria, Stravinsky, La mujer sin sombra, La mujer sin sombra, La mujer sin sombra  La mujer sin sombra, Construiré un escenario flotante, y la Filarmónica tocará en otro escenario, a los pies del Traunstein. La mujer sin sombra debe ser interpretada en el Traunsee, entre Traunkirchen y Traunstein, La muerte de Klemperer ha desbaratado mis planes, con Böhme, La mujer sin sombra se me ha convertido en una pesadilla. un frac negro, fracs blancos, qué se imaginan, no estoy loco para encargarme dos fracs blancos, y además precisamente en la casa Knize, honorarios, Con los médicos estuve en buenas relaciones mientras tuve dinero, decía, pero luego, cuando no lo tienes, te tratan a patadas, tú, donde debes estar, yo, donde debo estar, ¡Grotesco, grotesco! , normalizarme, lo verdadero y lo aparente, a normalizarse o, toman posesión de su puesto, escrita en el rostro, perdido, colina,  fresca en verano, como roto, en el lago, es la última vez, teatro, en medio de la Naturaleza, Neue Zürcher Zeitung, Zaida, Neue Zürcher Zeitung,  Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, famosa en el mundo entero, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung,  famoso en el mundo entero, Neue Zürcher Zeitung, famoso en el mundo entero, Neue Zürcher Zeitung, Zaida, Neue Zürcher Zeitung, sólo hay dos pasos, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Neue Zürcher Zeitung, Zaida, Neue Zürcher Zeitung, Cuarteto Julliard,  Amadeus, Trio di Trieste, Reina de la Noche, Zerbinetta, gigoló, él, él, él, una fortuna, torpes memorias, único, no algo disparatado, filosofante, ya mucho tiempo, alta, alguna sospecha, algún delito, alguna falta, culo de la Opera, culo de la Opera, responsable de campesinas del Reich, mis atormentadores, desvergonzado Tractatus, el más loco de la familia. Un multimillonario como maestro de aldea es sin duda una perversión, ¿no crees?, el extranjero, que siempre ha prestado oídos a lo excéntrico, engrandeció, el mundo se dejase engañar por los bufones de su familia, aquel inútil se hiciera de pronto célebre en Inglaterra, una eminencia intelectual, eliminaron,  Mi tío Ludwig, pruebas de amistad, una auténtica perfidia austriaca, exaltación, en su perfecto derecho, delante, con el necesario respeto, tuve, el señor Hunger en persona, el Presidente de la Academia en persona, ¿Pero dónde está el escritorcete?, ¡Te has dejado utilizar! ¡Se han defecado en tu cabeza! , escándalo, mares del Sur, especializado en novelas de aventuras, huésped de Austria, un profundo silencio, ser de mi vida, Bernhard que tiraba piedras a su propio tejado, Aceptar un premio es ya una perversión, pero aceptar un premio nacional es la mayor de las perversiones, nuestro, ese campo letal , Eden-Bar, piso, la situación era inmejorable, Sin embargo, para Edith era muy deprimente, lo que, podría, Le Monde, Times, entrada en escena, Frankfurter Allgemeine, Times, Süddeutsche Zeitung,  Le Monde, enfermedad del habitual del café, en ningún caso, sea el que sea,  permitirme, hogar, fuera, enfermedad de la numeración, desde el, señor Barón, grotesca, grotescamente, La partida de caza, Burg, Partida de caza,  Burg, miedo,  envidia, miedo artístico mortal, en cualquier circunstancia y por todos los medios, actores favoritos, Generala, La partida de caza, ni siquiera era bien intencionada, primer escenario del área lingüística alemana, Partida de caza, Partida de caza, la verdad es que estamos en contra de esta pieza horrible, mediocre y repulsiva, que nos ha obligado, ¿¡Tampoco le gusta al señor, eh!?, La partida de caza, aquella Partida de caza, un gran éxito, enormes aplausos, Un gran éxito. enormes aplausos, Partida de caza, También tú has sido víctima de la imbecilidad y de las intrigas y de la mala baba del Burgtheater,  y no me sorprende, a pesar de todo, directamente, el vivo y no el muerto, seguido, ni pasado ni futuro, embrutecimiento de la ciencia atómica, gobierno corrompido,  parlamento megalómano, reproductivos, Neuer Marka, inmediatamente si,  cierta perla, ¡La perla de tu corona!,  no responsable de sus actos, loco furioso,  Doscientos amigos asistirán a mi entierro y tú tendrás que pronunciar un discurso ante mi tumba, agresión, verdadero hogar.


De la traducción de Miguel Sáenz para Ed. Anagrama.

11/2/13

Trastorno, de Thomas Bernhard


Me gusta leer a Bernhard, dijo el crítico, porque me permite dormirme durante media hora con el libro en las manos. Dejo que la somnolencia me invada y que la voz de Bernhard se apodere de mi cabeza y mientras duermo, una cabezadita de media hora con el libro en las manos, la voz de Bernhard sigue en mi cabeza, controlando la duermevela y la voz de Bernhard esta en mi cabeza y yo no estoy en la cabeza de Bernhard. “Mi tormento es algo a lo que usted no tiene acceso” le dice el príncipe al doctor, el padre del narrador de Trastorno y “Todos los hombres están más o menos locos” dice el príncipe y “En cada cabeza humana se encuentra la catástrofe humana que corresponde a esa cabeza” y yo estoy solo en mi cabeza, dice el crítico, con mi propia catástrofe a la que nadie más tiene acceso y la voz de Bernhard está en mi cabeza, pero yo no tengo acceso al tormento de Bernhard ni a su catástrofe humana más que a través de su voz. Pensaba, dice el crítico, que Trastorno era una de las novelas más asequibles de Benhard que había leído. Eso fue al principio. Pero no hay novela asequible de Bernhard porque Bernhard es conceptualmente antinarrativo, dice el crítico. "Todo el mundo” dice el crítico que decía el príncipe en la novela de Bernhard, “hablaba siempre un lenguaje que él mismo no entendía pero que, de vez en cuando, era entendido". Bernhard no escribía para ser entendido, supongo, dice el crítico, que lamentaba esos de vez en cuando en que era entendido. Al principio pensé que Trastorno era una de sus novelas más asequibles, dice el crítico, porque parecía existir un hilo narrativo a través de la voz del hijo del doctor que acompaña a su padre a visitar a sus pacientes y compraba la progresiva degradación física y moral de los habitantes de su región natal, pero la ilusión no duró demasiado. La voz del príncipe, a través del hijo del doctor, a través de Bernhard, dice el crítico, se apropia del relato, incorpora su demencia a la narración, una demencia que anula al otro, un monólogo que niega al lector, al tiempo que el hijo del doctor apela al lector a continuar. Bernhard es conceptualmente antinarrativo, dice el crítico, Bernhard no desprecia al lector, pero lo elimina de la ecuación, tal vez todo esto no sea más que un error, que lo que verdaderamente ocurre, dice, es que estamos incapacitados para comprender la literatura centroeuropea. Decía Hrabal que Kafka era un gran humorista que ni anglosajones ni latinos entendemos. ¿Y si, dice el crítico, Bernhard es un gran humorista al que nos resulta imposible entender? Aunque fuese así, dice el crítico, estaríamos de nuevo fuera de la ecuación. A no ser que estemos dentro y pensemos que estamos fuera porque, dice el crítico, cuando me adormezco con el libro en las manos, en mitad de una frase, la voz de Bernhard continúa hablando desde el interior de mi cabeza, frases que jamás escribió, que no son frases, sino el eco de un discurso lejano, del ritmo de la voz, del esqueleto de un monólogo que sucede dentro de mi cabeza a la que Bernhard ha accedido mientras que su cabeza, la de Bernhard, dice el crítico, permanece inaccesible obra tras obra, novela tras relato y lo que queda, cuando despierto y expulso a Bernhard de mi cabeza y sigo leyendo dejando que Bernhard se vuelva a introducir en mi cabeza, el verdadero Bernhard, el del texto, dice el crítico, es el sentimiento degradante de haberme convertido en parte de la sociedad a la que Bernhard critica y desprecia y me digo, no, no es eso, Bernhard era un humorista.

Los escritores mancillaban siempre la Naturaleza con sus obras, de forma más o menos diletante, “más o menos aplaudida”, más o menos totalmente desenfocada respecto a los acontecimientos.

Los extractos de Trastorno, de Thomas Bernhard, de la traducción de Miguel Sáenz para Alianza Editorial.

9/2/10

Thomas Bernhard (a propósito de)

Qué más da lo que yo escriba; en resumidas cuentas siempre son catástrofes. Esto es lo deprimente del destino del escritor: nunca consigues trasladar al folio lo que has pensado o imaginado; la mayoría se pierde durante el traslado. Lo que llegas a plasmar no es más que un pálido y ridículo reflejo de lo que habías imaginado. Esto es lo que más deprime a un autor como yo. En el fondo no puedes comunicarte. Todavía no lo ha conseguido nadie. En alemán mucho menos; es una lengua envarada y torpe, en el fondo horrible. Es una lengua espantosa que mata todo lo que es ligero y maravilloso. Lo único que se puede hacer, es sublimarla con el ritmo, confiriéndole musicalidad. Lo que escribo nunca corresponde a lo que he imaginado.

Entrevista a Thomas Bernhard por Asta Scheib (1987)

Traducción de Thomas Kauf recogida en QUIMERA Nº 65.

Para leer a Bernhard es necesario que el tiempo se detenga, que nada perturbe la lectura. Mi mundo es un lugar ruidoso con camiones e interferencias, un sitio en el que Bernhard no es posible. La realidad es la gran enemiga de la literatura. “Nunca consigues trasladar al folio lo que has pensado o imaginado”, nunca consigues entender plenamente lo que el autor ha querido comunicar. Es un doble viaje con indicaciones subjetivas que se contradicen y conducen al desastre. En estas condiciones nunca leo a Bernhard. Tal vez otra cosa, escrita por él, traducida por Miguel Sáenz, pero los camiones y las interferencias. Así siempre hay en casa un libro inconcluso de Bernhard. Aún así adivino que Ungenach presagia Corrección (o al contrario) e intuyo que hay un único tema en el autor, siempre la misma dicotomía entre la vida y el pensamiento, entre la realidad y la creación:

Por más que abusemos, siempre se puede seguir pensando. Al final todo nos pone nerviosos, menos pensar. El que piensa puede envejecer sin problemas. O tener durante toda la vida una idea loca, una sola idea loca. Escuchar, leer, mirar, todo eso no es nada comparado con esa sola loca idea, pero ése es mi problema. (...) Una solución matemática naturalmente, resuelta de manera puramente matemática. Qué mal me siento a veces, como si estuviera moribundo y de pronto todo está bien otra vez, porque pienso. Pensando lo supero todo.
Almuerzo en casa de Ludwig W.

Leer a Bernhard es una catástrofe. Como dice Marías el estilo de Bernhard “es enormemente pegadizo, como una inoculación”, imitarlo es casi un reflejo involuntario. Pero a veces me encuentro con la necesidad de Bernhard, de leerlo para sacar adelante algunos de esos textos farragosos y presuntamente complicados, de recuperar la musicalidad de los textos de Bernhard para una nueva colisión.

Llenamos nuestra caja fuerte espiritual de esos Grandes Ingenios y Maestros Antiguos y recurrimos a ellos en el momento decisivo para nuestras vidas; pero cuando abrimos esa caja fuerte espiritual, está vacía, ésa es la verdad, nos quedamos ante esa caja fuerte espiritual vacía y vemos que estamos solos y realmente por completo sin recursos, así Reger. El hombre atesora en todos los campos durante toda la vida y al final se encuentra vacío, así Reger, también en lo que se refiere a su patrimonio espiritual.
Maestros antiguos.

Bernhard es uno de los Grandes Ingenios, para Marías dotado de un carácter cómico que pasa desapercibido, es ya uno de los Maestros Antiguos, y nosotros estamos solos, sin recursos, completamente vacíos.
Y el desastre ocurre porque uno puede llegar a pensar que Bernhard intenta captar algo inaprensible, siempre en fuga, imposible de plasmar a causa del carácter mecánico de la escritura que fluye a ritmo insoportablemente lento pero también que busca la irritación del lector, la implicación de éste no a través de la complicidad, como suele ser habitual, sino del enfrentamiento y la colisión.
Pero Bernhard, como Beckett, me anula.
Bernhard, como Beckett, deja que atisbe los límites de la narración.
Aquí estamos. Prácticamente, después de Bernhard, no hay nada más que la repetición y la copia. En el límite hay un abismo. Es lo que me muestra Bernhard.
Y en el límite no soy capaz de apreciar nada positivamente. Todo es cansancio y hartazgo y rabia ante la repetición y la copia.
Como lector-espectador todo cuanto leo-veo es intrascendente, innecesario, molesto. Inútil.


(Todos los fragmentos de las traducciones de Miguel Sáenz)