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21/5/12

Hambre, de Knut Hamsun

¿Se puede hablar de Hamsun obviando que regaló la medalla de su premio Nobel a Goering Goebbels?
¿Se puede hablar de Hansum, se puede comentar su obra, sin recordar que fue un nazi declarado?
“Knut Hamsun era antisemita”, dice Markson en La soledad del lector.
También dice que fue conductor de un carro de caballos en Chicago o que hizo chasquear la liga de Selma Lagerlöf en la entrega de los Nobel.
Hambre fue publicada en 1888. Sus valores narrativos están por encima de la postura política de su autor. Quizás no, quizás se pueda pensar que su posicionamiento a favor del nazismo devalúe perpetuamente su obra. No entraremos en ese debate, pero de hecho estamos en ese debate.

— ¿Cómo es que una muchacha tan joven, es dueña de un cine?
— Mi tía me lo dejó.
— Gracias por ofrecer "Una Noche Alemana".
— No tuve opción, pero gracias.
— Adoro las películas de Riefenstahl especialmente "Piz Palu". Es fantástico conocer una chica francesa que sea admiradora de Riefenstahl.
— "Admiración", no es el término que yo usaría para describir a Fraulein Riefenstahl.
— Pero admira el director Pabst, ¿no?
— Yo soy francesa, monsieur. Los franceses respetamos a los directores de cine.
— ¿También a los alemanes?
— Incluso a los alemanes.
Inglourious Basterds; Quentin Tarantino


En ocasiones conozco datos respecto a algunos autores pero no puedo relacionarlas con sus obras al no haberlas leído. Leo Hambre sin referencias conscientes. Leí a Céline, su Viaje al fin de la noche, sin conectar conscientemente con la polémica de su postura política. Admiro a Cela al mismo tiempo que le desprecio como persona (o como personaje público, eso nunca queda demasiado claro)
Tal vez la condición del ser humano reducido a la miseria plasmado narrativamente no tenga nada que ver con las ideas políticas.
Sin embargo, no puedo ver una película de Riefenstahl sin sentir cierto rechazo.
Dejémoslo, el tema me aburre un poco.


Lo que más me ha interesado de Hambre es su completa oposición a Oblomov, de Goncharov.

Oblomov se publicó en 1859. Hamsun publicó Hambre 29 años después. Los personajes de ambas novelas conforman unas imágenes tan radicalmente opuestas que no puedo dejar de relacionarlos. Creo que no hay en la historia de la literatura dos personajes que se contrapongan tanto, que representen dos extremos irreconciliables, como el narrador de Hambre y el propio Oblomov.
La verdad es que se me ocurrió porque los dos personajes me dejaban, mientras leía sus respectivas novelas, la urgente necesidad de inmiscuirme en la narración. Como lector sentía que debía entrar en la novela, coger por la solapa a esos dos patéticos individuos y abofetearlos hasta hacerlos reaccionar.

Ahora vendría una lista en la que desarrollaría los caracteres opuestos de los dos personajes, del Oblomov que se abandona a la inacción y del narrador de la novela de Hamsun dispuesto a vivir únicamente del dinero que le proporcione la venta de sus artículos periodísticos, muriendo lentamente de hambre, consumido por la miseria.
Pero no hay lista.

"Escribir de noche -pensó Oblómov-, ¿cuando dormirá? Seguro que gana más de cinco mil al año. ¡Eso sí que está bien! Pero escribir todo el tiempo, derrochar el alma, el pensamiento en menudencias, cambiar de convicciones, comerciar con la inteligencia, violentar la propia naturaleza, sufrir la inquietud, la indignación, no conocer el reposo y estar siempre en movimiento... Y escribir, escribir siempre, ser como una rueda, una máquina: escribir mañana y pasado mañana, en días de fiesta, en verano, escribir constantemente: ¿Cuando podrá detenerse y descansar? ¡Qué desgraciado!"
Iván A. Goncharov, Oblómov, Alba editorial, traducción de Lydia Kúper de Velasco

La conciencia de mi honradez se me subió a la cabeza, tuve el sentimiento grandioso de que yo era un carácter, un faro completamente blanco en medio del mar cenagoso de los hombres (…)
Me senté y le expliqué que tenía un artículo que me agradaría mucho ver publicado en su periódico. Tanto trabajo y tantos esfuerzos me había costado.
— Lo leeré— dijo al cogerlo—. Sin duda todo lo que escribe le cuesta esfuerzos; pero es usted demasiado violento. ¡Si pudiese usted ser un poco más circunspecto! Hay siempre demasiado nervio. Pero lo leeré.
(…)
Todos los días trabajaba mucho, dándome apenas tiempo de tomar mi alimento antes de ponerme a escribir.
Mi lecho, como mi mesilla vacilante, estaban llenos de notas y cuartillas escritas, en las que trabajaba alternativamente. Agregaba a ellas las nuevas ideas que se me ocurrían durante el día, modificaba, daba vida a los puntos muertos con una palabra escogida de aquí o de allá, avanzaba con gran trabajo de frase en frase, a costa de grandes esfuerzos. (…)
Extractos de Hambre, de Knut Hamsun. No puedo citar ni la edición ni al traductor.

Da la sensación de que la famosa cita de Oblomov prefigura por oposición al escritor protagonista de Hambre. Por su parte, el narrador de la novela de Hamsun, desarrolla un orgullo desmedido por su actividad y el sacrificio que eso comporta. Como si en cada momento de su redacción, Hamsun tuviese presente a Goncharov y quisiera rebatir las teorías oblomovistas.
No sé, quizás sea un tema interesante a desarrollar. Lástima que todas mis simpatías sean para el bando de Oblomov.
A pesar de mi posicionamiento en la vagancia, reconozco que Hambre es un texto muy interesante, que desarrolla, quizás en una de sus primeras formas, al narrador desquiciado y, posiblemente, infidente que protagonizará tantas buenas novelas a lo largo del siglo XX.



EDITADO: 22/05/12

Leo en Los hijos de Nobodaddy de Arno Schmidt, en la segunda parte, El brezal de Brand, ambientada en Alemania, 1946:

(…) ahora simplemente imprimen viejos éxitos conocidos desde hace 20-30 años. Algunos de ellos aceptables (…) “Misterios” de Hamsun uno de los más aceptables; y yo me acordé: tiene, no obstante, lo que podría llamarse caracteres técnicamente “sobredesarrollados” —no porque lograra individualidades sobrehumanamente grandes, ¡Dios me libre! — pero todo esto es demasiado prolijo: después de 300 páginas no se sabe más acerca de los personajes que no se supiera ya después de 100; a esto lo llamo yo sobredesarrollado (…) (Prefiero el Gordon Pym: donde aparecen tamaños pulpos es porque el mar es profundo; no así en el caso del nazi Hamsun. — Aún lo estoy viendo cómo, moviendo el bastoncito, ya con 80 años y todavía no sensato, corteja la ocupación alemana, pasa revista a los submarinos, y se entusiasma con la “bestia rubia”.

(Traducción de Fernando Aramburu, ed DeBolsillo)


EDITADO: 23/05/2012


Premios Nobel de literatura: Una lectura crítica; de Laura Vaccaro

10/4/12

Aire de Dylan, de Enrique Vila-Matas

El escritor Juan Lancastre ha muerto. Su autobiografía, la obra en la que estaba trabajando a su muerte, ha sido quemada por su mujer, Laura Verás. La amante de Lancastre, Débora, que ahora comparte su vida con el hijo de Lancastre, Vilnius, que tiene un gran parecido con Dylan, se proponen inventar la autobiografía de Lancastre, para lo cual cuentan con la ayuda del narrador de Aire de Dylan.

Nota 1.- El narrador de Aire de Dylan no tiene nombre. Ya sabemos todos los equívocos que Enrique Vila-Matas ha tenido que desmentir en torno a sus narradores. Ni siquiera hacerlos físicamente distintos a él, incluso jorobados, ni proporcionarles un nombre y una personalidad que rompen con la linealidad narrativa, ha servido para que los lectores no identifiquemos narrador con autor. El narrador de Aire de Dylan no tiene nombre… ¿nadie va a preguntarle a Vila-Matas sobre este narrador y por qué precisamente éste, que tantas similitudes circunstanciales tiene con el autor, no tiene nombre?
Fin Nota 1

El fantasma de Lancastre tiene la persistencia de la permanencia. Se apropia de los mecanismos neuronales de su hijo para no desaparecer. Débora y Vilnius quieren tener una única idea al día y no llevarla a cabo. El juego narrativo que propone Vila-Matas nos lleva, sobre todo, a Hamlet de Shakespeare y a Oblomov, de Goncharov. Es un juego de referencias y paralelismos del que incluso los mismos personajes son conscientes. Se construye así una historia que algunos califican de liviana, con ciertas dosis de misterio y una intriga de poder (literario-editorial) en torno a la autobiografía de Lancastre.

Nota 2.- En sucesivas entrevistas concedidas, Enrique Vila-Matas ha insistido en mencionar como referente La verdadera vida de Sebastián Knight, de Vladimir Nabokov. Sin embargo el autor no es mencionado explícitamente en Aire de Dylan. Se convierte en una referencia oculta dentro del texto:

“Por un momento fue como si la máscara de Laura se hubiera revuelto en un infierno de agua y adherido a la cara de su hijo y el parecido entre los dos no quisiera esfumarse. Soy Laura o Laura es yo, parecía decirse Vilnius, soy ella o ella es yo, o quizás ambos somos alguien que ninguno de los dos conoce” (Aire de Dylan, pag. 323-324)

“la máscara de Sebastián se adhiere a mi cara, el parecido no quiere esfumarse. Soy Sebastián o Sebastián es yo, o quizá ambos somos alguien que ninguno de los dos conoce” (últimas líneas de La verdadera vida de Sebastián Knight, de Vladimir Nabokov, traducción de E. Pezonni)

En la novela de Nabokov hay una investigación sobre la vida de un escritor, Sebastián Knight, por parte de su hermanastro V (¡atención a la V!) para escribir una biografía que desmienta otra biografía escrita por el agente literario de Knight, ofensiva y plagada de mentiras. No vamos aquí a desvelar la trama de la novela, pero esa última línea, esa mención a las máscaras, hace que nos replanteemos todo lo leído.

¿Debemos replantearnos Aire de Dylan?
Fin Nota 2

Las historias se entremezclan en Aire de Dylan. Junto a la trama hamletiana, con unos malvados que representan al tío y a la madre del Hamlet de Shakespeare, se desarrolla una búsqueda que se traslada hasta Hollywood para averiguar la autoría de una frase atribuida a Scott Fitzgerald y que debería formar parte del libreto de la película Tres camaradas (“Three Comrades", dirigida por Frank Borzage en 1938): “Cuando oscurece siempre necesitamos a alguien”
La frase no aparece en la película, ni es de Scott Fitzgerald. El resto supondría desvelar parte de la trama.

Nota 3.- En el año 2000, Enrique Vila-Matas escribió en El País, a propósito de la publicación de una biografía de Dorothy Parker:
A Dorothy Parker le sentaba bien esta frase de su amigo Scott Fitzgerald: "Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien"
Fin Nota 3

La idea de escribir la falsa autobiografía de Lancastre se convierte en el motor narrativo de la última parte de la novela. Transformar a Lancastre, convertirlo en el escritor que no fue:
“una autobiografía inventada en la que el padre de Vilnius, de un modo transversal y típicamente postmoderno, habría tenido la osadía de ser muy crítico con él mismo y serlo, además de un modo harto despiadado”
(una autobiografía) “donde estaba previsto que Juan Lancastre quedara rematadamente mal y como notable ejemplo de escritor que supo reunir en sí mismo todos, absolutamente todos, los defectos de lo que durante un largo tiempo se dio en llamar la postmodernidad (suponiendo que esa palabra, postmodernidad, haya significado alguna vez algo realmente, más allá de su condición de etiqueta o de lugar común odioso”

Nota 4.- Este último párrafo puede ser el origen del malentendido surgido en torno a la nota que la editorial adjuntó en la faja.
Fin Nota 4

La cuestión es que en la novela nadie escribe esa autobiografía. Los jóvenes Vilnius y Débora están demasiado ocupados en su tarea oblomovista y el narrador no recibe instrucciones ni datos por parte de ellos. Así que la autobiografía falsa de Lancastre es un proyecto que no avanza, digno de pertenecer al congreso literario sobre el fracaso con el que se abre la novela (acto que significa el ingreso tardío del narrador “en el teatro de la vida”) Finalmente el narrador declara que no escribirá las memorias de Lancastre.
“El aire es frío”

Nota 5.- Lo cual es una falsedad y una impostura. En realidad Aire de Dylan es la inventada autobiografía de Lancastre, está escrita y el lector la tiene en sus manos. Ahora bien, en este juego de máscaras que nos propone Vila-Matas apelando a Nabokov, no hay una certeza absoluta por parte del lector de quien es cada uno de los personajes. Es más, de quien debemos recelar con mayor intensidad es del propio narrador. Un narrador que ha superado la impostura vila-matiana para alcanzar la infidencia nabokoviana.
Así parece revelarlo el propio narrador en uno de los pasajes de la novela:

“A fin de cuentas, por increíble que pudiera parecer, estaba ante la verdadera primera gran oportunidad de mi gris vida de escritor. (…) una historia de la vida real de la que yo estaba siendo privilegiado testigo iba a tener que contarla en clave de memorias abreviadas de un escritor muerto, porque esa era mi callada intención: transformar lo que yo había vivido en las últimas semanas en la autobiografía del difunto Lancastre”

“Soy Laura o Laura es yo, parecía decirse Vilnius”, a lo que el narrador añade que es Vilnius o que Vilnius es él, y que es Lancastre y que Lancastre es él, y que es Débora y que Débora es él.
Recordemos que el narrador no tiene nombre, pero al mismo tiempo tiene todos los nombres. El narrador es polimorfo (“(Vilnius) Seguía siendo él mismo, pero en realidad estaba ya más abierto al infraleve arte de ser muchos”) y siempre habla de sí mismo.

Nota 5.1 Hermes es mencionado como polítropo, es decir, de multiforme ingenio, como Odiseo, y como conductor de las almas de los muertos al Hades. Lo cual enlaza con la anterior novela de Vila-Matas, Dublinesca, donde se celebra un funeral en Dublín, patria del moderno Odiseo, y determina el carácter crepuscular de Aire de Dylan. La aparición del segundo disco de Dylan, el primero que contenía composiciones suyas, The Freewheelin', publicado en mayo de 1963, coincide con la fecha del fin del mundo, acontecimiento contemplado por Lancastre y el narrador. Por consiguiente, todos estamos, los polimórficos avatares del narrador y también el lector, caminando de la mano de Hermes.
Y Hermes es tanto el origen de lo Hermético como de la Hermenéutica. Y creo que es aquí donde debemos detenernos. En el hermetismo de un texto que precisa una aguda interpretación.
Fin Nota 5.1
Fin Nota 5

Notas sin desarrollar:
a) ¿Es simbólica la representación en la novela de la muerte de Ofelia? ¿Sexo y muerte? ¿Tal y cual?
b) Películas que se exhibían en Barcelona en 1963. Nada sobre Tres camaradas.
c) Correlación personajes- autores: Narrador-Dickens; Lancastre- Joyce y Dickens; Vilnius-Joyce. ¿ Doctor Finnegans y/vs Monsieur Hire?
d) El Fin del Mundo

Creo que es un error calificar Aire de Dylan de novela liviana. Es decir, lo es, tiene un premeditado aire liviano, contagiado tal vez por la alegría oblomovista de sus personajes. Pero es, al mismo tiempo, un texto complejo y enrevesado, un laberinto endiablado que contiene en sí mismo la clave para salir de él. O para perderse para siempre en su interior, que es lo que muchos quisiéramos.

Nota 6.- El nombre del narrador es
Fin Nota 6

30/12/11

Oblómov, de Iván A. Goncharov (y II)

(Es posible que esta reseña contenga información relevante sobre el argumento de Oblómov)

“— ¡Alto ahí! No me diga que tiene una palabra amable para Oblómov —aquel primer «Ilych» que fue la ruina de Rusia —y el goce de quienes critican la sociedad” (La dádiva, Vladimir Nabokov)

“Un día a media mañana, caminaban por las aceras de madera del barrio de Viborg dos caballeros (…) Uno de ellos era Shtolz y el otro, un escritor, amigo suyo, hombre grueso, de rostro apático y pensativo, de ojos un tanto somnolientos”. Así se inicia el capítulo final de Oblómov, introduciéndose el propio Goncharov como personaje de la novela. Camina en compañía de su personaje, Shtolz, y le es revelada la historia de Oblómov. Esto no resulta nada extraño (no en nuestros días, saturados como estamos de juegos metaficcionales) teniendo en cuenta que estamos al final de la novela (que, precisamente, es lo que se le va a explicar al innominado Goncharov en el último capítulo). No es extraño porque leyendo la novela el lector (al menos es lo que me ha ocurrido y hacía mucho tiempo que no sentía una cosa parecida) tiene ganas de introducirse dentro de ella, irrumpir en la trama, agarrar a Oblómov de las solapas de su batín y gritarle “¡no te das cuenta!”, “¡haz algo! ¡reacciona!”

Decir esto a posteriori es fácil y quizás algo gratuito, pero Oblómov (1859) es el nexo de unión narrativo entre Madame Bovary (1857) y Anna Karenina (1877). De alguna manera las tres muestran el enfrentamiento de unos personajes contra la banalidad de una sociedad improductiva, con un protocolo espurio y una artificiosa rigidez moral. Las tres están escritas por hombres pero es conocida, aunque quizás apócrifa, la respuesta de Flaubert (“Madame Bovary soy yo”) y, en el comentario a Anna Karenina lo expliqué, Tolstoi parece centrarse más en sí mismo que en su personaje. Goncharov no puede identificarse con su personaje como, al parecer, lo hicieron Flaubert y Tolstoi, porque hacerlo supone renunciar a la acción. Oblómov y el oblomovismo, termino metanarrativamente acuñado por el propio Goncharov en la última frase de su novela, niegan toda actividad. No hay narrador posible dentro de la piel de un Oblómov porque entonces nunca nada sería escrito. A Oblómov no podemos más que observarle desde lejos, contemplarle en un escenario polvoriento y en penumbra en el que él se limita a dormitar.

“Escribir de noche – pensó Oblómov – ¿Cuándo dormirá? Seguro que gana más de cinco mil al año. ¡Eso sí que está bien! Pero escribir todo el tiempo, derrochar el alma, el pensamiento en menudencias, cambiar de convicciones, comerciar con la inteligencia, la imaginación, violentar la propia naturaleza, sufrir la inquietud, la indignación, no conocer el reposo y estar siempre en movimiento… Y escribir, escribir siempre, ser como una rueda, una máquina: escribir mañana y pasado mañana, en días de fiesta, en verano, escribir constantemente. ¿Cuándo podrá detenerse y descansar? ¡Qué desgraciado!
Volvió la cabeza hacia la mesa (…) y se alegró de estar tumbado (…)”

Por otra parte los personajes femeninos que eligen Flaubert y Tolstoi están determinados por el papel pasivo que les asigna la sociedad que las empuja a rebelarse, cada una a su manera y nada eficazmente (supongo que a causa de la mente masculina que subyace en su construcción como personajes). Goncharov elije un personaje masculino, el símbolo de la actividad en la sociedad del XIX, para reducirlo a la voluntaria inacción. ¿Voluntaria? Puede que el fondo de la crítica resida en la incapacidad histórica de Oblómov de actuar. Como producto de su época el personaje representa cierta clase social, descendiente de terratenientes, rentista, sin obligaciones de ningún tipo más allá de las sociales. En realidad Oblomóv es un ser incapaz.

“(Oblómov a Zajar) –¿Acaso soy yo como “otros”? ¿Es que yo voy de un lado para otro; es que yo tengo que trabajar? ¿Acaso como poco? ¿Tengo aspecto mísero y famélico? ¿Me falta algo? Creo que tengo suficiente gente para que me sirva o me atienda. ¡Desde que nací no me puse yo mismo las medias ni una vez en la vida, gracias a Dios! ¿debo acaso preocuparme de algo? ¿Tengo algún motivo para ello? ¿Y a quién se lo digo? ¿No eres tú, acaso, el que me cuidó desde niño? Tú bien conoces mi delicada educación, sabes que jamás experimenté ni frío ni hambre, que no conozco la penuria, qué jamás tuve que ganarme el pan y que, en general, nunca me ocupé de asuntos vulgares. En ese caso, ¿cómo te atreves a compararme con “otros”? ¿Acaso mi salud es igual a la de esos “otros”? ¿Acaso yo puedo soportar y hacer lo que ellos? (…) Espera, espera (…) Te pregunto, ¿cómo has podido ofender cruelmente a tu señor, a quien de niño llevaste en tus brazos, a quien sirves desde hace un siglo y que es tu bienhechor?”

Esta actitud clasista y paternalista, la estratificación feudal de la sociedad del XIX y que Goncharov nos muestra con cierta ironía, justifica cualquier revolución. Pero de nuevo hablo a posteriori. Y para confirmar la opinión de Nabokov.

A pesar de todo lo que podemos reprochar a Oblómov y lo que representa, a pesar de todo lo injusta que nos pueda parecer la sociedad rusa, a pesar de lo indignante que resulta una sociedad basada en el servilismo, la grandeza de la novela de Goncharov es lograr que pasemos de puntillas por el entramado social y nos centremos en el drama humano de Oblómov, que, a pesar de la desigualdad imperante, consideremos el entorno social como un escenario en el que se desarrolla el drama y ponernos del lado y en la piel de su personaje.
Tantos deseos de una literatura progresista, tanta metanarrativa, tanta crítica social para que al final este indefenso lector caiga en las redes de un magistral escritor y quede subyugado por una historia de amor.
Porque Oblómov es una historia de amor.
Y al mismo tiempo es una novela que cuestiona las novelas de amor. Porque nuestra historia sentimental no tiene un final feliz. No al menos para el protagonista. Y el lector lo adivina y quiere saltar a las páginas y zarandear al personaje y empujarle y hacer que actúe. Pero nada de eso es posible.
El protagonista tarda más de cien páginas en levantarse de la cama. Sueña con su idílica infancia, un lugar al que es imposible retornar. Luego vive, vive intensamente una historia de amor. Y luego la realidad, la trivialidad de los actos cotidianos, hace que vuelva a refugiarse en la cama renunciando a una felicidad que él sabe no es más que otro ideal irrealizable.
La narración se resiente cuando Oblómov desaparece (o se aletarga) La felicidad de Olga y Shtolz se nos hace casi trivial, insoportable, porque se fundamenta en la desgracia de Oblómov, el cual, en su indolencia, es incapaz de percibir. En ese sentido se puede considerar la novela de Goncharov de irregular ya que la última parte de la narración, sin apenas presencia de Oblómov, se hace de alguna manera irrelevante. Quiero decir que después de la tensión dramática a la que nos somete el autor, el tramo final supone un anticlímax prolongado demasiadas páginas. Y al mismo tiempo una especie de traición al personaje.
Por todas sus contradicciones, por la intensidad narrativa de la mayor parte de la novela y por la identificación del lector con la acción pienso que Oblómov es una novela fundamental pero que al mismo tiempo, por la conclusión (por otra parte también coherente con su época), puede ser en cierta manera decepcionante.
Tal vez nos encontremos ante un cisma importante en narrativa entre los deseos del lector y la intención del autor.


Los fragmento de la traducción de Lydia Kuper de Velasco para Alba / DeBolsillo