7/8/11

Ana Karenina, de Lev Tolstoi

Durante toda la lectura de la novela de Tolstoi me he estado preguntando sobre la elección de su título. ¿Por qué “Ana Karenina” y no “Konstantin Levin”? Ambos personajes son igual de importantes en el proyecto de Tolstoi de mostrar de forma crítica la hipocresía de una sociedad con rígidos prejuicios morales. De la misma manera que en Guerra y paz se alternaban los capítulos históricos con los de ficción narrativa, en Ana Karenina se suceden los episodios focalizados en Ana, Levin o en los numerosos personajes de la novela que se relacionan entre ellos dando al conjunto un aspecto de obra coral donde destacan los dos personajes principales. Ana y Levin no coinciden hasta el final y su encuentro es circunstancial, así que la relación entre ambos está supeditada al resto de los personajes, sobre todo a Oblonsky, hermano de Ana y amigo de Levin. En estas condiciones puede pensarse que Ana Karenina podrían ser dos novelas que se sobreponen, de hecho, la mayoría de las adaptaciones cinematográficas se centran en la historia de Ana y, mayoritariamente, la novela de Tolstoi es recordada por el magnífico retrato de una mujer enfrentada a las convenciones sociales capaz de sacrificarlo todo por amor. Pero nada es casual. Si bien la historia de Ana es fundamental y se ha convertido en un modelo literario, no podemos despreciar el resto de la narración con la que Tolstoi quiere dejarnos sus impresiones tanto sobre la sociedad, como ya se ha comentado, como sobre la vida y, por supuesto, la muerte. Hay, en todo el discurso que subyace a la novela, la intención de mostrar un modelo ideal de vida, eminentemente rural en cuanto es preferible a la de la ciudad, y una toma de posición moral, incluso teológica, ante nuestra existencia. He sentido en muchos momentos de la narración como si el propio Tolstoi estuviese narrativizado en la figura de Levin. Antes de casarse con Kitty, éste le entrega su diario donde tiene anotado aquello que le más le preocupa: su falta de inocencia y la imposibilidad de creer en Dios que choca con las creencias de la novia. Y me pregunto, ahora mismo no puedo comprobarlo personalmente, si esta “confesión” de Levin, mostrando todas sus dudas religiosas, no coincidirá en realidad con la misma Confesión de Tolstoi (*). Además, en el original ruso, según se lee en su biografía en la wikipedia, el nombre de Levin es Lyovin, y Lyova es el diminutivo de Lev.
Dejemos aparte la inmersión de Tolstoi en la novela, es evidente que hay mucho personal en la parte que corresponde a Levin, pero los relatos de Ana y éste son paralelos y confluyen anecdóticamente a través de un breve encuentro y mediante los puentes que establecen otros personajes de la novela. Es nuestro deber como lectores interpretar esta divergencia y casi oposición de las peculiaridades individuales de cada uno de ellos partiendo de la característica común a ambos, y es que, de alguna manera, tanto Ana como Levin se oponen, por circunstancias distintas, a las normas sociales establecidas. La mayor diferencia es evidente y de género: Ana es una mujer y la sociedad no puede permitirle su deseo de individualidad (no tanto la ejecución de ese deseo manifestado a través del adulterio, si no la proclamación pública de él); sin embargo Levin, como hombre, puede manifestar de forma más o menos evidente, sea a través de su torpeza social o de su rechazo grosero de las normas establecidas, su deseo de no amoldarse a lo establecido, prefiriendo el campo a la rigidez estéril de las convenciones de la sociedad urbana. Tanto Levin, como Vronsky, como Ana, los tres personajes que rompen con las normas de lo establecido, contemplan el suicidio como una solución a los problemas que conlleva su decisión. (Pero ante las ruedas del tren Ana se pregunta irremediablemente “¿qué he hecho?”, Vronsky falla al dispararse y Levin encuentra una salida de compromiso, vagamente religiosa, que le permite conciliar sus ideas)
Puesto que Ana es la única que completa el ciclo, aunque Tolstoi lo reduce a una insensatez emocional de la que, en última instancia el personaje se arrepiente, el título de la novela creo que está plenamente justificado. Además creo que el propósito del autor es equiparar a su personaje con las heroínas trágicas de la narrativa del XIX, caracterizadas por ser mujeres que se rebelan contra el orden social establecido y “reciben” el ejemplar castigo de una muerte prematura. Nunca he entendido que tiene de glorioso aleccionar al público mediante un discurso moralizante en torno a que la valentía de romper con las convenciones sociales lleva implícito el castigo de un destino trágico. Pero sutilmente Tolstoi nos señala que esas son las novelas que lee Ana Karenina en su reclusión debido al rechazo social que provoca su amor por Vronsky. La diferencia con Levin es que Ana es una mujer y la sociedad no le permite sobrellevar, como lo hace él, las exigencias de la hipócrita vida social. Levin puede escaparse, puede hallar una vía que le permita ser él mismo, puede incluso juguetear con la idea de ser creyente sin serlo, llegar a un convenio consigo mismo que le permita aceptar que en ciertos momentos cruciales en los que la desesperación le acucia, la idea de solicitar ayuda a una entidad todopoderosa, Dios, no se contradiga con los razonamientos que le llevan a concluir que Dios no puede existir. Pero la razón, según descubrimos en los momentos finales del pensamiento de Ana, parece ser dado al ser humano para “librarse de lo que le preocupa”(**). Y mientras Levin contemporiza, ella actúa. Pero lo hace porque cualquier otra opción le está prohibida.
Sin embargo me quedan dudas respecto a las intenciones de Tolstoi, si Ana, en vez de alinearse en el bando de Margarita Gautier, debería hacerlo en el de Bovary. Me refiero a que lo que nos describe Tolstoi a lo largo de la novela es la decisión valiente de Ana Karenina de abandonar a su marido y a su hijo por la desmedida pasión que le une a Vronsky. Pero los problemas que se suscitan entre ellos tiene su origen en la desigualdad entre hombres y mujeres: Mientras que a Vronsky se le permite retomar su vida social a Ana toda relación le está vedada. Así pues el conflicto no se crea porque el personaje decida romper con las normas, sino por el deseo de volver a ese círculo social. ¿Hay crítica en ese sentido por parte de Tolstoi? Creo que lo que postula el autor a lo largo de la novela es el alejamiento de la sociedad urbana. Ana y Vronsky crean su propio reino en el campo, una especie de palacio rodeado de campos de cultivo que Vronsky quiere convertir en un complejo urbano-rural adjuntándole un hospital y diversas instalaciones lúdico-deportivas. En ese entorno Tolstoi muestra a los amantes aparentemente felices. Levin despilfarra en la ciudad durante el embarazo de Kitty y comprende que las exigencias económicas de la vida social son insoportables incluso para aquellos que aparentan poder permitírselo. La figura de su cuñado, Oblonsky, es representativa de todas las paradojas económico-sociales que se plantean en la novela. Por eso, finalmente, Levin y su familia se trasladan al campo, llegando a comprobar, en la parte final que funciona a modo de epílogo, que muchos de sus intereses sociales se han disipado por completo y que tanto su moderada y recién reconocida religiosidad no-creyente como su familia son más importantes para él que todos los dictados de la razón. De alguna manera la tesis puede resumirse en que Levin se refugia en el campo y triunfa y Ana y Vronsky se empeñan en volver a la ciudad y fracasan.
Uno de los más elogiosos capítulos dedicados a las excelencias del campo tiene lugar al inicio de la tercera parte, cuando Levin recibe la visita de su hermano. Ante la verborrea de éste, Tolstoi nos introduce en la mente de Levin: “A Konstantin Levin no le gustaba hablar ni oír comentarios sobre la belleza de la Naturaleza. Las palabras despojaban de hermosura lo que veía”. Sin embargo, contradiciendo este principio, durante todo el fragmento, Tolstoi vuelca toda su maestría en una descripción bucólica y precisa de los campos que envuelven al carruaje que transporta a los dos hermanos.
A esa tesis de supremacía de lo rural frente a lo urbano (***) se le une la aporía entre lo descrito despojado de hermosura y lo real. El motor de la narrativa desarrollada por el autor en Ana Karenina se alimenta de contradicciones y oposiciones.
A las oposiciones entre urbano y rural, hombre y mujer, ricos y pobres, se le suman las contradicciones que Tolstoi acumula al describir a sus personajes. Es cómo si intentara remedar con sus exposiciones las impresiones que en la vida real nos producen las personas. Así, cuando nos presenta a un personaje, Tolstoi remarca alguna de las cualidades destacables, positiva o negativamente, de la precisa situación que está viendo en ese momento de la narración. Sin embargo, a lo largo de la novela, contemplando las reacciones y pensamientos de los personajes a través del tiempo, nos vamos acercando más y más a su verdadera personalidad, modificando, en ocasiones sustancialmente, nuestra consideración en torno al personaje. Toda flaqueza y virtud es desvelada en su momento preciso, sin un juicio explícito por parte del autor-narrador, pero encaminándonos a una idea subyacente y alterando nuestras consideraciones previas. Vronsky es tanto un héroe como un estúpido, Oblonsky tanto un crápula como un irresponsable adorable, Karenin tanto un funcionario eficaz como un estúpido crédulo, Ana tanto una heroína como una celosa posesiva, Levin tanto un hombre que hace “lo que hacen los que no sirven para nada” como un teórico del humanismo.
Reducir (como algunos pretenden en un sobado homenaje a Tolstoi o como ha intentado, desvirtuando la obra, la imaginería de Hollywood) Ana Karenina a los amores apasionados de Ana y Vronsky es completamente ridículo. Hay más contenido narrativo y literario en algunos fragmentos de la novela que en la inmensa mayoría de lo escrito tras ella. Hay más comprensión y análisis de la psicología humana en los personajes de Tolstoi que en la mayor parte de los estudios sobre el tema.
Intentar reseñar Ana Karenina es un absurdo. Las palabras despojan de hermosura lo que hemos leído. Cada uno de sus capítulos es una muestra de la excelsitud, pocas veces superada por otros, de su autor. Su maestría a la hora de mostrarnos personas, más que personajes, que viven efectivamente en sus páginas, sin descripciones ni puestas en escena innecesarias, es indiscutible y raramente superada. Y la verdadera vida de sus personajes queda patente con la inherente obsesión con la muerte que nos acompaña como personas. Paradójicamente, otra de las sutiles contradicciones que poco a poco introduce Tolstoi, el único personaje capaz de enunciar ese temor a la muerte, un personaje que oscila entre la nobleza y el comunismo incipiente, capaz de romper con la sociedad y denunciar sus injusticias, un personaje bisagra entre dos mundos sociales en colisión (*****), es Nikolai Levin, hermano de Konstantin, el único personaje, dejando aparte a Ana, que muere durante la obra.


–En el otro mundo entenderemos todo esto – le dijo bromeando.
– ¿En el otro mundo? ¡Oh, no me gusta el otro mundo! No me gusta. – exclamó posando sus ojos salvajes y asustados en el rostro de su hermano –. Parece que estaría bien abandonar toda esta confusión y esa ignominia, tanto la ajena como la propia; pero temo a la muerte, la temo terriblemente – Nikolai se estremeció.



Notas:
(*) Publicado por Acantilado
(**) Es de destacar, desde el punto de vista narrativo, la importancia de los últimos capítulos dedicados a Ana. Toda la novela es un magnífico mosaico psicosocial del comportamiento humano restringido a unas condiciones axiomáticas de falsa moral y comportamiento adecuado. Los capítulos dedicados al último viaje de Ana por las calles de Moscú, un viaje enloquecido en busca de Vronsky, constituyen, sin ninguna duda, el origen del Stream of consciousness y suponen la cima literaria de una novela cuyas exigencias son en sí mismas muy exigentes.
(***) Entendiendo lo rural como otra manera de pervivencia de una sociedad clasista y con terribles diferencias de clase. De hecho, mis primeras impresiones de Ana Karenina recogidas en el experimento fallido de Twitter (mis disculpas por no continuarlo) van encaminadas en esa dirección: Los sirvientes solo son visibles anecdóticamente, los campesinos asumen su condición de siervos y no aceptan que el “amo” trabaje a su lado… como ocurre con otros autores de la época, Tolstoi se limita a señalar las desigualdades sociales y, aunque no acepta como Dickens el status de la sociedad como el mejor posible, ahí está el personaje de Nikolai Levin o las digresiones sobre la organización colectiva del trabajo en el campo, finalmente Tolstoi no se adentra en esas disquisiciones. El drama de sus personajes es el de pertenecer a una sociedad concreta y la resolución de sus historias encierra suficiente crítica contra un estado social insostenible que se puede decir, con reservas (****), que sí se decanta por la denuncia de las desigualdades sociales.
(****) Las reflexiones finales de Levin parece que le llevan a asimilar esas diferencias sociales abandonando cualquier intento en lo que se refiere a las posibles maneras de aliviarlas.
(*****) Sí. Se adivinan en Ana Karenina los acontecimientos futuros que desembocarán en la Revolución.

9 comentarios:

Romina E. dijo...

Aun no he llegado a leer Tolstoi, pero muero de ganas por empezar con Ana. Es necesario o simplemente recomendable leer antes La guerra y la paz?
gracias!!!

GLÒRIA dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que la historia de amor de Ana es sólo una excusa para que el gran escritor ruso muestre el retrato de una sociedad hipócrita.
Hace años que leí esta novela pero no siento el personaje emparentado con el de Marguerite Gautier, en la vida real una niña pobre que llega del campo y tras un intento de trabajar como dependienta, aprovecha la aparición de un amante para convertirse en mantenida hasta que la tuberculosis acaba con ella. Ana es una dama de la alta sociedad que se enamora una sola vez. Su suicidio es el castigo que ella misma se impone en tanto que Gautier muere del mal de su tiempo.
Estupenda crónica.

Anónimo dijo...

muy buen comentario, me gusta, y por supuesto a mi no me salen ni de lejos tan bien, pero me parece que en el análisis del amor de Ana y Bronski has dejado pasar un detalle o dos: tanto en su viaje al extranjero como en su estancia en el campo queda manifiestamente expreso que se "aburren", estan enamorados sí pero carecen tanto de ambiente como de esa sensación de "sentirse necesarios", el otro detalle muy marcado por el autor en varias ocasiones y sobre todo en la visita que "Dolly", su cuñada, le hace en el campo, ahí queda clarísima la idea fundamental del autor, que por supuesto no podemos compartir, la del "egoismo" de Ana. Ana lo quiere todo, y para nosotros, herederos de Mayo, ese querer está perfectamente justificado en su pasión, para Tolstoy no. Hay entre Tolstoy y nosotros una muy distinta concepción del deseo .
Para el autor el deseo tiene que adaptarse, no a las convenciones "banales"(ese es el papel que juega Levin, inadaptado sí pero sólo inadaptado a lo banal) como a las convenciones "sagradas" esas que para nosotros ya no existen, por fortuna, aunque existan otras igual de alienantes y de "sagradas"

Krust dijo...

Muy interesante tu análisis sobre esta imperecedera novela, vaya que para nada un tolston...
Con tu permiso dejo un enlace de un artículo publicado en La Vanguardia de ayer sobre el libro en cuestión. Saludos.

www.lavanguardia.com/opinion/.../al-infierno-por-leer.html

Raúl Campos dijo...

Lo que más me sorprendió de Ana Karenina fue su absoluta actualidad, esto es, que más o menos seguimos con los mismo problemas sociales y vitales que en las postrimerías del siglo XIX.

Y la prefiero sobre la Bovary y la Grandet, porque no pierde la dignidad casi en ningún momento de la novela. Sólo cuando se insinúa a Levin durante el transcurso de una cena aparece la Karenina en actitud infantil y reprobable. Las otras dos son personajes indignos, universales, claro, pero indignos. En cambio Ana se comporta en todo momento con una altura ética y una resignación atribulada, a pesar de sus "errores", que la hacen digna del mayor de los recuerdos.

Un saludo.

Patucos dijo...

Yo pensé lo mismo.
"Konstantin Levin" así me hubiera gustado que se titulase, y sí, parece que nos habla Tolstoi por boca de Kostia, nos habla de Rusia la auténtica Rusia que no es la de los salones palaciegos.

Anónimo dijo...

Pues a mí también me pareció que el autor en realidad quería hablar de ese ser tan moral y tan íntegro que es Levin y que usaba la historia, algo más folletinesca y vendible de Ana Karenina (sin menoscabo a su profundidad) para que los lectores la asimilaran mejor. Me alegro de que alguien más informado confirme la teoría.

viviana dijo...

En mi opinión sin duda alguna el personaje de Levin es el propio León.
Un grande, ya leí varios de sus libros y todos me gustaron mucho.

mvserenity dijo...

Yo creo que la novela se llama "Ana Karenina" porque lo que Tolstoi también quería enfatizar es el lado trágico de la pasión desbordada que sólo persigue su deseo, en tanto Levin es el polo contrario, que busca construirse a sí mismo, no deconstruirse. Lo mismo pasa con Kitty, quien también buscó "curarse" del desamor y vivir para propósitos más elevados, de ahí que al final ambos se merecieran. Ana destrozó su vida por su obsesión hacia Vronsky, quien tmbn fue víctima del mismo deseo, pero que al final se convirtió en aburrimiento. Ana es ese "Gólum" que potencialmente somos todos.