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23/12/18

Las variaciones Bradshaw, de Rachel Cusk

Mis problemas con cierto tipo de narrativa (Parte 1)

De la contraportada: “Como siempre, Cusk indaga en las relaciones sentimentales y familiares con una lucidez hiriente. Aquí, el protagonista es un matrimonio que ha decidido trastocar las posiciones tradicionales: Thomas Bradshaw deja su trabajo para cuidar de su hija Alexa y se dedica a tocar el piano, una práctica que parece llenar el súbito vacío de su mediana edad. Su elección irrita tanto a sus padres como a sus suegros. En cambio, su intensa mujer, Tonie, ha aceptado un absorbente trabajo en la Universidad, apartándose así de la vida doméstica y reecontrando aspectos y modos de vida que creía perdidos. A lo largo de un año lleno de crisis y revelaciones...” etc o blablabla.

Aún así, a pesar de la advertencia, tomo en préstamo el libro en la biblioteca. Porque alguien ha dicho que Cusk es una de las grandes narradoras contemporáneas.

La novela resulta ser una nadería.

Si acaso la salva en ocasiones su tímida estructura en la que destaca algún capítulo que podría considerarse casi un relato.

Pero ni por esas.

A ver, es muy posible que yo pueda tener cierto tipo de prejuicios. Prejuicios que me impiden leer cierto tipo de novelas centrados en la “pareja” o en las “relaciones familiares” en las que los protagonistas suelen ser profesores universitarios o artistas o empresarios independientes o tener profesiones que les permitan tener años sabáticos o mierdas en vinagre por el estilo.
Prejuicios motivados por la envidia... quizás. Pero la gran mayoría de esas novelas me interesan bien poco. En primer lugar porque me excluyen. Y lo hacen porque no soy capaz de entender ni de ver dónde están los “problemas” de esas personas-personajes. Es más, me da la impresión que los propios autores pertenecen a ese mismo tipo de personas-personajes y que, es comprensible, estén muy preocupados por el devenir de sus vidas, la insatisfacción, la inseguridad de sus privilegiados trabajos y de su papel en la vida como padres y parejas.
Para mí todo eso es mucho más lejano e increíble que lo que proponga la más absurda novela de ciencia-ficción.
Es más, me importa una mierda la problemática sentimental y existencial de ese tipo de personas-personajes.

Me parece que no es redundante volver a señalar lo elitista que es el mundo literario. Leed la biografía de cualquier autor y veréis como se destacan sus estudios académicos y sus trabajos, ambos relacionados de alguna manera con la literatura. Eso sí, cada vez que irrumpe de alguna manera alguien ajeno a ese mundo se señala de forma ostentosa su procedencia laboral. Su intrusismo, en suma.

Lo que quiere el mundillo literario es historias de personas-personajes que sean como ellos. Lo que quieren es una narrativa acorde con su mundo, en el que aparezca de forma tangencial y anecdótica la verdadera esclavitud laboral. Lo que quieren, en definitiva, son narraciones que no desmonten su visión clasista y elitista de su mundo de casas de dos pisos en calles que se extienden hasta perderse de vista. Lo que quieren es que el orden y la pulcritud sea la enseña que los defina y distinga como “grupo social” y que ese mismo orden y pulcritud se demuestre en las novelas que escriben y publican.

El representante autoerigido de ese grupo es Jonathan Franzen así que todas las críticas recaen sobre él, no porque lo que escriba no sea acorde con las premisas que sus colegas escritores y sus empleadores editores exijan, crean y desarrollen. Simplemente, ese mismo “grupo social”, el gremio de la intelectualidad, que se sostiene a sí mismo a través de complejas relaciones de apoyos y contra-apoyos, necesitan, debido a la endeblez de su sistema corporativo, un chivo expiatorio sobre el que recaigan las culpas a fin de poder seguir con su labor.
Ahora bien, me pregunto, cómo este sistema endogámico puede interesar a lectores ajenos a él. ¿Interesa?

Es todo una estafa.

Creo que la verdadera literatura de nuestro tiempo se está haciendo en otro sitio y no se está publicando.

14/9/12

Libertad, de Jonathan Franzen

Con las notas que he estado tomando estos últimos días, debo tener unas veinticinco maneras distintas de empezar la reseña de Libertad, de Jonathan Franzen.
En resumen, podría decir que se decantan en dos vertientes. La que confiesa la vergüenza de seguir hablando mal de Franzen, algo que ya es algo más que una tendencia y se está convirtiendo en un deporte; el “tiro al Franzen”. Y aquella en la que me muestro sorprendido por el dominio de la técnica narrativa del autor de Libertad, de la maestría literaria de un gran escritor para no contarnos nada.
Porque eso es lo que ocurre con Libertad, una novela escrita magistralmente que se convierte en una nadería, en una sucesión intrascendente de acontecimientos mínimos e insustanciales.

Pongamos orden a las notas.

1- “Meterse con Franzen”

Es famosa, tras la publicación de Las correcciones, su polémica con Oprah Winfrey, a cuyo programa de televisión no quiso acudir ya que, según dijo Franzen, él pertenecía a ''the high-art literary tradition''. Aunque años más tarde se disculpó (quizás debido a motivos promocionales; lo hizo tras publicar Freedom, no antes), la arrogancia y esnobismo de Franzen quedaron patentes.
Dejo mi selección favorita de Franzen facts:

Mientras trabajaba en Libertad, se le metió en la cabeza que ser padre quizá podría ayudarle con el proceso creativo. “Me planteé seriamente adoptar a un par de huérfanos de guerra iraquís”

“La riqueza de un país y su creación de literatura realista están ligadas”

“Wharton did have one potentially redeeming disadvantage: she wasn’t pretty”

“La literatura no goza de tan buena salud como para permitirse novelas difíciles o lejanas a la gente. No tengo problema con las obras «difíciles», pero sí con que solo ellas sean consideradas válidas”

El caso es que en su labor crítica pervierte su afirmación y considera que las obras difíciles no son válidas. Él, que confiesa no haber terminado Moby Dick, afirma que «la dificultad literaria puede operar como una pantalla de humo sobre un autor que no tiene nada interesante, acertado o entretenido que decir»
(Véase La novela: Una historia alternativa, de Steven Moore)

Y la cuestión es que él rechaza la dificultad literaria para acabar contando cosas nada interesantes, acertadas y entretenidas.



2- Tradición narrativa reivindicada por Franzen

Destaca Steve Moore otra frase de Franzen en su prólogo: «La narrativa es el arte humano más fundamental. La narrativa es contar cuentos, y podría decirse que nuestra realidad consiste en cuentos que nos contamos a nosotros mismos. La narrativa es también conservadora y convencional porque la estructura de su mercado es relativamente democrática…»

No es cuestión de seguir buscando citas en la red. Franzen, durante la promoción de Libertad, ha reivindicado continuamente la narrativa del siglo XIX, especialmente Dickens y Tolstoi. “La narrativa es conservadora y convencional” dice apelando a la estructura del mercado. Quizás sea así y la estructura del mercado narrativo no ha sufrido grandes modificaciones en el siglo pasado y que todo se reduzca a contar cuentos.
En el brutal inicio de “Risa en la oscuridad” Nabokov resumía en pocas frases la historia que iba a contar. Escribir la novela, explicaba, obedecía al placer de contar la historia. Y al de leerla, por supuesto (aunque eso a Nabokov no parecía (o es decía) interesarle demasiado) A Franzen no parece interesarle demasiado todos los avances literarios del siglo XX, ni el placer de escribir (ya que lo reduce todo a la “estructura del mercado narrativo”) Franzen escribe como si el siglo XX hubiese sido un error. Franzen pretende ser Dickens y Tolstoi.
Pero no es ninguno de ellos.

Inciso:
Llevo 20 días intentando escribir esta lo-que-sea sobre la novela de Franzen y quiero acabarla ya, librarme de ella y de la novela de una vez.
El problema fundamental es que Franzen se equivoca al invocar a Dickens como su referente. Porque, no hay que dudarlo, Dickens es un grandioso, inconmensurable narrador, y el hecho de ser popular no le quita grandeza narrativa. Pero Franzen, buscando quizás esa popularidad para sí mismo olvida un detalle importante. A pesar de lo que se pueda pensar, Dickens, con sus denuncias sociales, no quiere cambiar la sociedad en la que vive. Las atroces desigualdades que describe no buscan estrictamente la ruptura de la sociedad en la que vivió y escribió. Le sirven de base para desarrollar uno de sus temas recurrentes, el del personaje injustamente desclasado y sus vicisitudes para acceder de nuevo al estatus social al que pertenece. Es una generalización que me permite decir que Franzen comete el mismo error partiendo del mismo principio. Tampoco quiere cambiar la sociedad. Pero cree que su clase social la forman una suerte de WASP’S intelectualoides, blancos, medianamente acomodados, con educación universitaria y en ella desarrolla sus narraciones con la pretensión de que ese fragmento de la sociedad estadounidense es toda la sociedad estadounidense. Pero sin la mordacidad con que, por ejemplo, DeLillo demole a esas personas, o la furia (sustitúyase ASP por lo que se prefiera) con la que Philip Roth destroza a sus personajes y ridiculiza su sociedad. (Por no hablar de Faulkner quien consigue que sus dramas rurales se conviertan en arquetipos universales)
El problema fundamental es que Franzen se equivoca. Y no solo apelando a Dickens como mentor.


3- Libertad

Decía que Libertad es una prodigiosa demostración de talento literario vacía de contenido.
Puede considerarse una opinión subjetiva y ciertamente discutible. Pero uno pasea por las páginas de la novela, sigue el trayecto marcado por Franzen para hacernos conocer las “desventuras” de la familia Berglund, soporta unas intervenciones sonrojantes en modo “deus ex machina” que pretenden devolver la “normalidad” y termina la novela con la sensación de haber sido estafado por un autor extremadamente controlador y omnipresente. Y ni siquiera hábilmente engañado.
“Las familias felices son todas iguales, pero cada familia infeliz lo es a su propia manera”
Y esa es la clave de Libertad de la que Franzen quiere mantenernos apartados citando continuamente Guerra y Paz de Tolstoi. Porque Libertad, voy a ser benévolo y creer que no de forma consciente, parece un intento de reescritura de Ana Karenina.
Sí de Dickens y de Tolstoi lo único que parece haber aprendido Franzen es a narrar acontecimientos, hay que decir que de alguna manera los que describe en Libertad son parecidos a los de Ana Karenina. O eso, o todos los relatos sobre familias infelices son todos iguales.
Pero, al contrario que en Las correcciones, cuya narración se iba construyendo a partir de las distintas focalizaciones en cada uno de los personajes, en Libertad el narrador omnisciente es demasiado omnisciente, demasiado manipulador, demasiado conservador, demasiado previsible, demasiado narrador. Se empeña tanto en construir una historia “perfecta” desde el punto de vista del escritor, de sí mismo, que olvida a los personajes, que se convierten en instrumentos a los que eliminar a su antojo, sin vida y sin carisma. Tanto que la muerte de uno de ellos, más que un acontecimiento trágico y catalizador del desenlace, se convierte en un vergonzoso ejemplo de manipulación narrativa. Desde su aparición ya queda claro que Franzen no sabe que hacer con ese personaje, que su aparición tiene como único objetivo hacerlo desaparecer. Y cuando eso ocurre, lo trágico se convierte en patético.
Y toda la novela, que apenas se sostenía, se desmorona.
Pero sí, está muy bien escrita.
También, aunque sea inusual, se puede escribir bien el manual de un electrodoméstico.

Resumen:
Leed otra cosa.

11/9/12

Bret Easton Ellis: Sin perdón en twitter

Hace tiempo que estoy en twitter. Podéis seguir (o no) la cuenta @JaviAviles
No es que diga muchas cosas, pero sirve para enterarse de algunas.
En fin. Cotilleamos las vidas de los otros. Y descubres episodios vergonzantes.

El día 6 de septiembre, a las 11 de la mañana Bret Easton Ellis escribió lo siguiente en twitter ‏( @BretEastonEllis ):
-Reading D.T. Max's bio of DFW and OMG is the solemnity of the David Foster Wallace myth on a purely literary level borderline sickening...
-Anyone who finds David Foster Wallace a literary genius has got to be included in the Literary Doucebag-Fools Pantheon...
-David Foster Wallace carried around a literary pretentiousness that made me embarrassed to have any kind of ties to the publishing scene...
-Saint David Foster Wallace: a generation trying to read him feels smart about themselves which is part of the whole bullshit package. Fools.
-Reading D.T. Max's bio I continue to find David Foster Wallace the most tedious, overrated, tortured, pretentious writer of my generation...
-DFW is the best example of a contemporary male writer lusting for a kind of awful greatness that he simply wasn't able to achieve. A fraud.
-David Foster Wallace was so needy, so conservative, so in need of fans--that I find the halo of sentimentality surrounding him embarrassing.
- Whether he's playing tennis with Jay McInerney, beating up Mary Karr or pissing all over Philip Roth: David Foster Wallace is insufferable.


Uso el traductor automático y un poco de imaginación para transcribir los tweets:

-Leyendo la biografía de DFW de D.T. Max y OMG la solemnidad del mito de David Foster Wallace en un plano puramente literario está en el límite de lo enfermizo...
-El que encuentre a David Foster Wallace un genio literario tiene que ser incluido en el Literary Doucebag-Fools Pantheon...
-David Foster Wallace llevó una aureola de pretensión literaria que me da vergüenza tener relación con el panorama editorial...
-San David Foster Wallace: una generación tratando de leerle se siente inteligente, sin percatarse que forman parte del mismo paquete de mierda. Idiotas.
-Leyendo la biografía de DFW de D.T. Max sigo encontrando a David Foster Wallace el más tedioso, sobrevalorado, escritor torturado, pretencioso de mi generación...
-DFW es el mejor ejemplo contemporáneo másculino de escritor lujurioso de una especie de grandeza terrible que simplemente no fue capaz de lograr. Un fraude.
-David Foster Wallace era tan dependiente, tan conservadora(¿?) , estaba tan necesitado de admiradores- que encuentro el halo de sentimentalismo que le rodea embarazoso.
- Ya sea jugando al tenis con Jay McInerney, golpeando a Mary Karr o meandose encima de Philip Roth: David Foster Wallace es insufrible.

Comenta @renackman que la inquina de Ellis puede venir de esta entrevista:
an interview with David Foster Wallace, Larry McCaffery

(De nuevo traduzco automáticamente):

Lo que mencionas es el tipo de cinismo que hace a los lectores ser manipulados por la mala escritura. Creo que es una especie de negro cinismo sobre el mundo actual del que Ellis y algunos otros dependen para complacer a sus lectores.
(…)
Si los lectores simplemente creen que el mundo es estúpido y superficial y mediocre, Ellis puede escribir una novela mediocre, superficial y estúpida que se convierte en un comentario mordaz impasible sobre la maldad de todo.
(…)
Y el esfuerzo para hacerlo realidad, y no sólo para hablar de ello, requiere un tipo de coraje que no parecen tener todavía. Yo no veo esa clase de coraje en Mark Leyner o Emily Prager o Bret Ellis.

Más o menos.

DFW criticaba la falta de riesgo en la narrativa de Bret Easton Ellis.
Por su parte Ellis le devuelve (sin que Wallace pueda responder) una sarta de descalificaciones personales.
No hay ninguna valoración literaria en los comentarios de Bret Easton Ellis. Únicamente desprecio hacia la persona y sus lectores.
Está visto que todo “mundillo literario” (sea lo que sea eso o lo que entendamos como tal y dónde se desarrolle) consiste en el encontronazo público de egos desmedidos.

Franzen ejecuta su particular venganza sobre McEwan:

When Jonathan Franzen's much-talked-about novel Freedom is reprinted after the publishing errors that led to thousands of copies being pulped, it will be fascinating to see whether one line remains.
A character in the American author's novel is said to "struggle to interest himself" in Atonement, the award-winning book by Ian McEwan.
Coincidentally, McEwan reportedly commented that Philip Roth was the only major American novelist left after John Updike died last year.


O la versión en QueLeer :

La novela también contiene una pequeña pulla contra Ian McEwan al describir a un personaje que “se esforzaba en sentir algún interés” por Expiación. Franzen explicó que se trataba de una respuesta a la afirmación de McEwan según la cual Philip Roth es el único gran novelista norteamericano vivo –palabras que “desde luego no nos sentaron nada bien a quienes seguimos produciendo novelas aquí”-. Le pregunto si el comentario de McEwan le duele aún. “Terriblemente –contesta bromeando-. Le mandé una copia de la primera galerada de Libertad. Y ayer mismo recibí una respuesta increíblemente dulce de su parte, pese a la pulla que le lancé. Se muestra maravillosamente generoso y me ha desarmado por completo. Debe de ser un tipo verdaderamente majo. ¿Dijo algo sobre los novelistas norteamericanos? ¡Yo no lo recuerdo!”.


Opiniones y discusiones.
Lo que finalmente prevalecen son los textos
(Franzen quizás no se ha dado cuenta, pero el comentario de McEwan se perderá en la hemeroteca, mientras que el suyo, por muy buenos amigos (¿?) que sean ahora, permanecerá para siempre)

Y ahí están los textos: La insustancial Libertad; las conservadoras (tanto narrativas como ideológicas) últimas novelas de McEwan; y las de Bret Easton Ellis… ¿quién? Ah, sí, el que escribió la película de Christian Bale.

Sin embargo, si apreciamos a David Foster Wallace somos unos
tontos sectarios en un saco de mierda.
Supongo que da igual a quién apreciemos.





Editado 13/9:
blumm me recuerda en twitter lo que Bret Easton Ellis colgó en esa red el día que murió Salinger: "Yeah!! Thank God he's finally dead. I've been waiting for this day for-fucking-ever. Party tonight!!!"
Sin comentarios
Espero que se entienda que el título hace referencia a que no hay perdón para BEE

10/8/12

Libertad, de Jonathan Franzen (II)

Apreciado señor Franzen:
No entiendo como una persona capaz de afirmar sobre sí mismo "I feel like I'm solidly in the high art literary tradition" es capaz de firmar después una novela tan anodina como Freedom.

Atentamente

PS: Es cierto que después usted dijo que había sido un error emplear la palabra "high", pero que lo hiciese, así como muchas otras de sus afirmaciones, dicen bastante sobre usted.
Volveremos sobre el tema.

6/8/12

Libertad, de Jonathan Franzen

Apreciado señor Franzen:

Ya en la segunda página de su novela tengo que luchar contra una frase tan redundante como esta:

Behind her you could see the baby-encumbered preparations for a morning of baby-encumbered errand.

Tras ella se adivinaban los preparativos con el engorro de un bebé para toda una mañana de recados con el engorro de un bebé.

Échele la culpa a la traducción, si quiere.

En serio: ¿Usar la expresión "hard times" (Tiempos difíciles) en el segundo párrafo? ¡Por favor!

Le advierto que, teniendo en cuenta que quedan unas 660 páginas por delante, se me hace dificil afrontar la novela con benevolencia.

Atentamente.

27/7/12

Punto de fuga, de David Markson




Light in august, Willem de Kooning;
1946, óleo y esmalte sobre lienzo, 139.7 x 105.4 cm ¡¿Museo de Arte Contemporáneo de Teherán?!
(Pulsa sobre la imagen para verla más grande)

Hay una cita en Punto de fuga que yo pensaba erróneamente que pertenecía a Las correcciones de Franzen. Sin embargo parece que sí hay una cita de Franzen, sin atribuir, en Punto de fuga.

Punto de fuga habla sobre la muerte. Y no. Formalmente es igual a La soledad del lector y no es para nada igual.

Otro vértigo, otra sesión de hipnosis.
Empezamos:
El título original es Vanishing Point. Se publicó en 2004. El protagonista es Autor.


Autor tiene dos cajas de zapatos llenas de fichas con notas a las que ha empezado a darle forma. Sin embargo posterga su trabajo, “últimamente parece no tener mucha energía”
“Ni para el trabajo ni para nada más”
La edad, supone.
Acomoda sus notas, aunque eso no quiere decir que sepa hacia dónde irá el libro.
“No lineal. Discontinuo. Como un collage. Un montaje”
“Como ya es más que evidente” dice Autor. Y decimos nosotros que hemos leído la misma frase en La soledad del lector.
Su máquina de escribir es cada vez menos fiable. Tiene cuarenta años. El taller de reparación ha cerrado, cada vez es más difícil reponer las cintas.
¿Por qué no usa un computador?
¿Por qué escucha música en vinilo? LP’s a 33 1/3 rpm.
Continúa con sus notas. Cuestiona su pertinencia, como si se tratasen elementos extraños a él.
"Cædmon, sing me hwæthwugu" Caedmon se exhorta a sí mismo. Como Markson a Autor. Como Autor a Autor.
“Acaso Autor quiere decir estar entretenido al estar molesto?
En dado caso, ¿por qué todavía Autor está tan falto de energía?”
Autor se queda inhabitualmente dormido.
Le gustaría saber la opinión sobre lo horroroso del ataque al World Trade Center de Vonegut, autor de Matadero Cinco.
Sus notas se refieren obsesivamente a la muerte.
“Una no semificción semificcional”
“Tercamente intertextual y de sintaxis interconectiva críptica”
El experimento de Autor consiste en “ver qué tan poco de su propia presencia se escapa hasta el final”
Trata de estar fuera lo más posible. Todavía no sabe hacia donde irán las cosas y se pregunta en qué concluirá el libro sin él.
Se dirige hacia el punto de fuga, hacia la desaparición.
Sus notas se llenan de lugares donde murieron escritores y artistas.
Autor está falto de energía. Arrastra los pies. Tropieza con la banqueta, en las escaleras.
“¿Es morirse tan duro trabajo? ¿Tan duro trabajo?”
Autor da pasos en falso donde no debería
¿Son todas estas molestas discapacidades más serias de lo que en realidad cree Autor?
Persistentemente agotado. Continúa con ese vértigo tan peculiar, tiene la sensación de que algo le hace señas más allá de los límites de la visión.

Ahora recopilaré todas estas notas sobre Autor y las narrativizaré.

No se conoce la fecha exacta de su muerte, su cuerpo fue encontrado el 4 de junio de 2010, Greenwich Village

Ejercicio: Encontrar un nexo de unión entre el Dr. Hackenbush (Groucho Marx en Un día en las carreras) y el Judío Errante.
Quizás Hackenbush no tenga que ver con Groucho.

Duda: La sombra dominante en el cuadro de de Kooning ¿Lena, Christmas?

¿Es esta la frase de Franzen: “Me siento firmemente agarrado a la tradición de las artes literarias de élite”?
Franzen en Oprah Winfrey Show: “I feel like I'm solidly in the high-art literary tradition.”

Los extractos pertenecen a la traducción de Verónica Martínez Lira y Adriana Rieta Lira; Editorial Verdehalago (México, 2011)

24/12/10

Las correcciones, de Jonathan Franzen (y II)

La “Gran Novela Americana” es un artificio. Leemos:
La "Gran Novela Americana" sería conceptualmente una novela que destaca tanto en su forma como en su tema, de manera que se convierte en la representación más precisa del zeitgeist de Estados Unidos en el momento de su escritura.

La GNA es un artificio. La Navidad, tal y como la celebramos-padecemos ahora, demostración de la voracidad del sistema capitalista y del consumismo sin freno, almibarado con dosis de buenas intenciones y encaminada a la beatífica reunión familiar, es otro símbolo de nuestro zeitgeist y, por supuesto, un artificio.
Las correcciones, una novela aspirante a la calificación de GNA que culmina en la última Navidad de los Lambert, es doblemente artificiosa.

“La pregunta era: ¿Cómo salir de esta cárcel?” es tal vez el último pensamiento coherente de Alfred Lambert sumido en los estragos del Alzheimer. La enfermedad como metáfora. La cárcel de Alfred es un hospital donde intentan dar esperanzas a la familia (no al enfermo) a través de una cura experimental. La enfermedad de Alfred le hace confundir la realidad con su delirio personal. La familia intenta engañarse en la ficción de una cura imposible. La Navidad, con sus luces de colores y sus paquetes historiados (papel y lazos y muchas felicitaciones) es la ficción a la que Enid, la mujer de Alfred, se aferra para creer que es posible de forma natural perpetuar el espíritu de cohesión familiar. Y descubre que la realidad es más asequible y amable a través de Aslan, un nombre que remite al león de la saga de Lewis, también conocido como Mexican A, una droga de diseño cuyos efectos, que también conocen sus hijos, es “todo y nada”. Los hijos, Gary, Chip y Denise, viven sus ficciones particulares en forma de patriarcado que se derrumba, de infinito negocio lucrativo o de forzada complejidad sexual. Cada uno de los personajes, padre, madre e hijos, en sus cárceles individuales, se fuerzan a intentar un artificio de familia en un artificio navideño.
¿Cómo salir de esta cárcel? No hay forma de salir de ella, parece ser la tesis de Franzen, y la familia, como entorno donde se desarrollan las aptitudes sociales, se constituye en metáfora de la cárcel. De esta manera los personajes de Las correcciones, cada uno de los Lambert, se convierten en arquetipos con todos sus defectos, sus carencias afectivas y sus disfunciones psicológicas. Son héroes trágicos condenados no por el destino, como en las representaciones clásicas, sino por la mediocridad del artificio en el que viven.
Por eso Las correcciones es una novela dura, porque en ella nos podemos contemplar a nosotros mismos, porque entre toda la exageración que acompaña a todo arquetipo podemos siempre entresacar algo que nos representa. Y lo que Franzen nos muestra de nosotros mismos no es agradable. Y no hay forma de salir de esta cárcel:

(Te metes el cañón de la escopeta en la boca y le das al interruptor)
(…)
Viene uno provisto, desde pequeño, de una voluntad de arreglar las cosas por uno mismo y de un respeto a los objetos físicos individuales, pero, al final, hay algo en la maquinaria interna (incluida la maquinaria mental, como esa voluntad y ese respeto) que se queda obsoleto, y, en consecuencia, por mucho que a uno le queden aún ciertas partes que siguen funcionando bien, no sería descabellado defender la opción de arrojar la maquinaria humana entera a la basura.

Pero ni así. Ni la muerte parece ser escapatoria a esa cárcel. O se demora intencionadamente esa fuga radical ya que, a fin de cuentas, en la cárcel estamos vivos. Aunque sea al modo de una tragedia dostoievskiana.
Alfred es un padre de familia despótico incapaz de transmitir cariño a su familia. Enid es la madre que acepta sumisa su reducción al entorno hogareño. Los hijos, cada uno con sus peculiaridades, tienen inculcado en común la importancia de triunfar.
"A Gary le habría encantado disfrutar siendo un hombre rico y acomodado, pero el país no se lo estaba poniendo demasiado fácil".
"Chip había vivido con el convencimiento de que era posible tener éxito en Estados Unidos sin ganar dinero a espuertas".
"Denise, a quien triunfar le importaba muchísimo,…"

Cada uno de ellos tiene comportamientos caóticos heredados de varias de las características de la conducta de sus progenitores: Gary es despótico como su padre pero su hostilidad topa con la indiferencia de su cónyuge; Chip tiene la visión ingenua de su madre en torno a los negocios, y Denise se debate en la indecisión sexual condicionada por la respuesta de sus padres a su comportamiento.
Decir más sería lanzarse a destripar los entresijos de la novela.
Y ahí estamos nosotros, los lectores, herederos de los Lambert y de un entorno social que nos condiciona y nos engaña.

(Esta reseña sería mi particular felicitación navideña, si es que todavía se puede pensar en Navidad después de Franzen)


Las correcciones es una excelente narración tanto por la creación de personajes, que existen al mismo tiempo como individuos y arquetipos, como por su estructura no-lineal, ya que se va desarrollando separadamente a cada uno de los personajes y sus circunstancias, y por su estructura lineal, ya que toda la narración se encamina a situar el día de Navidad como momento culminante y catártico. Al mismo tiempo Franzen, tremendamente descriptivo y analítico, no renuncia a la belleza literaria, a las imágenes perturbadoras que sirven de contrapunto al realismo psicológico de los Lambert. Escojo al azar: “La tranquilidad de la casa, después de comer, era tan densa que casi alcanzaba a parar los relojes”.

Una maravilla perturbadora.


Los fragmentos de Las correcciones de la traducción de Ramón Buenaventura para Seix Barral

30/11/10

Las correcciones, de Jonathan Franzen

Lo dejo. Voy por la página 339. Enid se despide de Sylvia, a quien acaba de conocer en el crucero, y vuelve al camarote donde Alfred se debate contra la mierda. Lo dejo porque me deprime este duro relato sobre la familia, este crudo retrato psicológico sobre la sociedad estadounidense.
Debo reconocer entonces la fuerza narrativa de Franzen, el poder de sus certeras descripciones anímicas y la maestría para comunicar al lector la rabia, el rencor y las patologías de la modélica familia estadounidense.
Se acerca la Navidad. No puedo seguir con esta novela. Franzen me ha derrotado.