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7/7/09

Tiro en la cabeza (2008), de Jaime Rosales

Hay que respetar lo arriesgado de las propuestas del cineasta catalán. Con solo tres largometrajes, Las horas del día (2003), La soledad (2007) y Tiro en la cabeza (2008) ha consolidado un estilo muy personal basado técnicamente en el plano fijo sostenido, la acción fuera de campo (lo que de una sensación de distancia entre el espectador y la acción, al mismo tiempo que sitúa la cámara como objeto de observación no de creación de la acción) y temáticamente en la exploración de la cotidianidad y la rutina.
Eso tiene su riesgo.



De las tres mi prefiero Las horas del día, por la brutal interpretación de Alex Brendemöhl y, sobre todo, porque introduce un momento de ruptura en el momento preciso en que el espectador está a punto de desconectar.
Me explico.
Creo que alguna vez he comentado el tema, sobre todo en lo que respecta a la narrativa literaria, de lo arriesgado que es la inmersión en la rutina y el aburrimiento y las consecuencias que pueden revertir sobre el propio texto despojándolo de interés y convirtiéndolo en rutinario y aburrido. Algo parecido sucede con las películas de Rosales: Al explorar la vida cotidiana de un psicópata, de una familia o de un etarra, al mostrarnos los hechos intrascendentes de sus días, lo acerca humanamente al espectador con el que comparte esa rutina. El problema es que no sé hasta que punto el espectador quiere ver reflejada en la pantalla algunos hechos que se repiten diariamente y que, por lo general, no conforman el material narrativo de literatura y cine.



En Tiro en la cabeza asistimos desde mucha más distancia que en las otras películas de Rosales (no hay más que el sonido ambiente que capta la cámara pero no se puede acceder a los diálogos que los personajes mantienen) a los acontecimientos. El acto de ruptura narrativa con la cotidianidad sucede prácticamente al final del metraje. Hasta ese momento no hay apenas nada más que un ejercicio de estilo prolongado hasta el aburrimiento del espectador.
Entiendo la propuesta de Rosales. Pero creo también que esa propuesta no debe prolongarse innecesariamente. Ochenta minutos de rutina son demasiados minutos. El espectador, a la media hora, ha comprendido perfectamente cuales son las intenciones del director, se siente ya bastante identificado con la rutina del personaje y siente que la espera del desenlace brutal (se sabe, ya que está basado en un atentado real) se demora demasiado. Es decir, nos encontramos ante una película experimental sometida a las leyes del mercado, una propuesta inusual obligada a tener un metraje estandar para su exhibición en salas.
En consecuencia Tiro en la cabeza aburre. La soledad aburre. Las horas del día aburre. Y lo hacen porque se ajustan a las intenciones del director pero, sin embargo, tienen un metraje excesivo.



Tengo sentimientos contradictorios respecto a las películas de Rosales. Por una parte sus propuestas me parecen muy interesantes, sus puestas en escena impecables y ajustadísimas, su técnica tal vez excesivamente evidente, pero de eso se trata, y por otra me cuesta muchísimo mantener el interés en lo que se cuenta. La distancia que Rosales impone con su cámara fija, que mantiene al espectador en un segundo plano tras la cámara, no ante la pantalla, y la reiteración excesiva de momentos muertos, intrascendentes narrativamente, hacen que el espectador no entre en la película, se convierta en espectador de lo que el director le impone ver el tiempo que crea conveniente. Y no es que Rosales no sepa mantener ese “tiempo lento” en cada uno de sus planos, el problema (si es que hay algún problema… quizás todo se deba a mi adocenamiento como espectador mainstream) es la suma de todos esos planos, la acumulación de tanto tiempo muerto, que se podría solventar resolviendo la película como mediometraje.

28/5/09

Last Life in the Universe, de Pen-Ek Ratanaruang

Tres preguntas:

1.- ¿Es el tiempo cinematográfico, sobre todo el lento, más preciso en el cine oriental que en el occidental?
2.- ¿Es Tadanobu Asano el mejor actor japonés de la actualidad?
3.- ¿Es Takashi Miike un director sobrevalorado?

Las respuestas son: Sí, sí y sí.

Y aquí se acaba el post.




1. Si uno está viendo una película y empieza a pensar, por ejemplo, en que debería cortarse las uñas de los pies, o regar los geranios, o en su tía lejana a la que hace siglos que no ve, es que algo no funciona bien. Hay cierta morosidad en la lentitud cinematográfica europea, y occidental en general, que dispersa la atención del espectador.

1.1 Aunque no queda claro donde establecer la frontera entre oriente y occidente. ¿Dónde situar a los cineastas rusos, por ejemplo? Por afinidad y cercanía quizás deberíamos considerarlos europeos, pero no hay más que pensar en Tarkowski, maestro del tiempo lento, para darse cuenta que esa distinción tal vez no sea adecuada.

1.1.1 Sí, Tarkowski domina el tiempo lento, y también, como no, Bergman y Dreyer y… muchos otros. Haneke. Pero en Haneke el tiempo lento va más allá, tiene una función narrativa que roza lo metacinematográfico, un recordatorio de la presencia del director ante la cámara. No hay más que recordar el interminable plano fijo del jugador de ping-pong en 71 fragmentos de una cronología del azar, una película que en general, en la mayoría de sus planos, juega deliberadamente con la paciencia del espectador.

1.1.1.1 ¿Qué ocurre cuando ese efecto no ocurre deliberadamente o el efecto es el contrario? Vease Liverpool, de Lisandro Alonso

1.1.1.1.1 El peligro del “tiempo lento” es que puede provocar el rechazo del espectador. Se produce entonces el enfrentamiento entre el sector crítico que alaba y eleva a la categoría de arte realizando una reflexión intelectual sobre ciertas obras y aquél otro que ciertamente “no entiende” ese tipo de cine.

1.1.1.1.1.1 El punto anterior tiene sentido irónico y, no sé si por primera vez en este blog, el término “intelectual” tiene cierto matiz peyorativo.

1.2 No se puede hacer una distinción estricta entre en lo que a "tiempo lento" se refiere entre oriente y occidente. Sólo caben generalizaciones. Pero en ese sentido creo que los orientales lo dominan a la perfección, ya que no se trata de la lentitud en sí, sino del momento en que debe concluir para no ser excesivo.

1.2.1 Me explico, porque empiezo a sospechar que se puede pensar que soy un poco incongruente. Hace tiempo defendí Honor de cavalleria de Albert Serra como una película necesaria. También critiqué No es país para viejos, de Joel y Ethan Coen por no ser la película japonesa que debería haber sido. En ambas películas se dan ejemplos contrapuestos: Brolin atraviesa el desierto y el plano se corta antes de que termine su tránsito por la pantalla. La luna se alza sobre Don Quijote y Sancho y se eleva y se eleva y se eleva en un plano fijo. Ambas escenas demuestran el problema básico del “tiempo lento” occidental: No concluyen en el momento preciso, una por pacata y la otra por excesiva.

1.2.1.1 En Las horas del día Jaime Rosales nos lleva a una paradoja. Justo cuando empiezas a pensar en las uñas, en los geranios o en tu tía, introduce una ruptura narrativa que nos hace reconsiderar todo lo visto con anterioridad. El “tiempo lento” se eleva a la categoría de lo rutinario, de lo prosaico en la vida de un personaje fuera de lo común. Algo parecido a lo que ocurre con la película de Serra en la que se nos muestra lo que no aparece en el texto literario.

1.2.2 Takeshi Kitano domina el “tiempo lento”

1.2.2.1 “Tiempo lento” o “ver crecer la hierba” o “qué es lo que pasa cuando no pasa nada”. En Kitano siempre pasa algo y la hierba crece en su justa medida.

1.2.3 Reducirlo todo a Kitano sería absurdo. Recordar a Ozu y a Kurosawa un recurso fácil. Reducirlo todo al cine japonés sería igual de absurdo y sencillo. Tal vez no pueda sostener mi presunción de que el cine oriental maneja mejor el “tiempo lento” mas que a través de ejemplos. Por poner de otras nacionalidades citemos a Zhang Ke Jia y Pen-ek Ratanaruang, chino y tailandés respectivamente.

1.2.3.1 ¿Los directores orientales que encuentran financiación europea para sus películas pierden la capacidad de dominar el “tiempo lento”?

1.2.4 ¿Debemos reducir el problema del “tiempo lento” y su manejo a las exigencias de las compañías de distribución en cuanto a la duración del metraje?, ¿no sería hora ya de liberarse de esa imposición y aceptar la justa duración de las películas, que en la gran mayoría no debería exceder de una hora?

1.2.5 Yo quería escribir un post con infinidad de notas a pie de página. Como no sé componerla correctamente en html me he decidido por una estructura wittgensteiniana, pero me doy cuenta que la principal virtud del Tractatus es su innegable lógica. Evidentemente este galimatías no tiene ninguna.



2 Tadanobu Asano es el mejor actor japonés de la actualidad. No hay más que comentar.

2.1 Curiosamente ganó el premio a la mejor interpretación en Venecia en el año 2003 por su papel en Ruang rak noi nid mahasan ("Last Life in the Universe") de, precisamente, Pen-Ek Ratanaruang.

2.1.1 Tal vez esta película sea un ejemplo de cómo mantener un “tiempo lento” a través de las interpretaciones de sus actores. Asano puede parecer hierático e inexpresivo, puede llevar ese tipo de interpretación hasta el exceso, como ocurría en Vital, de Shinya Tsukamoto, pero aún así, es capaz de comunicar, de conectar con el espectador, de transmitir sentimientos y emociones. Baste recordar su contenida interpretación en Zatoichi de Kitano en la que le bastaba una mirada para transmitir toda la desesperación del samurai. Ratanaruang emplea todas las dotes de Asano para construir una historia lenta en las que las cosas ocurren alrededor, casi fuera de escena y de la narración, centrándose en los dos (que en realidad son tres) personajes principales.



2.1.1.1 En "Last Life in the Universe" a Asano le basta con limpiarse las gafas o reconocer la estupidez de arreglarse el cabello. Sencillamente genial.



3. (En el aeropuerto)
Recepcionista: ¿Sólo una maleta señor?
Yakuza: Sí, sólo hemos venido a matar a alguien y después nos volvemos.
Recepcionista: Espero que no secuestren el avión.
Yakuza: No te preocupes, no somos árabes.

(Takashi Miike interpretando a un yakuza en "Last Life in the Universe")


(Continuará)