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26/2/18

Nembrot (Transmigraciones y máscaras), de José María Pérez Álvarez.

«Raphel maí amech zabí aalmos»,
a gritar comenzó la fiera boca,
en la que no encajaban otros
salmos.

Y mi guía le dijo: «¡Ánima loca,
coge el cuerno y tocándolo desfoga
la furia o la pasión que así te toca!

Búscate el cuello y hallarás la soga
con que está atado, oh ánima confusa,
y que a tu enorme pecho casi ahoga».

Después me dijo: «A sí mismo se acusa:
éste es Nemrod(*), por cuya idea insana
en el mundo un lenguaje no se usa.

Déjale, porque hablarle es cosa vana:
que, igual que nadie entiende su lenguaje,
no comprende ninguna lengua humana».

Divina Commedia, de Dante Alighieri; en traducción de Ángel Crespo para Galaxia Gutemberg.

(*) En el original: Elli stessi s’accusa; / questi è Nembrotto per lo cui mal coto / pur un linguaggio nel mondo non s’usa.

Nemrod, Nembrotto, Nimrod, Nembrot, el "osado cazador delante del Señor", primer monarca de la humanidad, el primero en usar corona, el constructor de la torre de Babel.
El de varios heterónimos.
Aquel del que nadie entiende su lenguaje.

1 Un poco de ficción:

Tras la muerte de Xavier Uribe, cuya participación en el encuentro de Escritores de Literatura Popular de Barcelona se había anunciado, donde, como dijo “durante una semana debatiremos qué significa literatura popular, abstrusa locución donde cabemos Lafuente Estefanía, Pérez y Pérez, hay que echarle pelotas para dedicarse a escribir con ese pleonasmo congénito, Corín Tellado, Pérez Galdós, García Márquez y Xavier Uribe”, se encontraron en su piso de la calle Tomás Alonso de Vigo, arrinconados tras la puerta, como si alguien hubiese tenido la intención de llevárselos y luego lo olvidase, una serie de objetos que paso a enumerar:
Una botella de licor de café.
Una bolsa conteniendo los restos carbonizados (los libros no son fáciles de quemar, creedme) de las 74 novelas de Uribe.
La correspondencia remitida por Pedro Oliver a un tal Ernesto Jorge Bralt Cosío a la dirección del finado Uribe. Al estar incompleta, faltando las respuestas de Bralt a Oliver, no se puede colegir gran cosa, pero arroja ciertas sombras a la autoría de las novelas de Uribe.
Unos juguetes de niño, incongruentes con la soltería del escritor.
El mecanoscrito de una novela titulada Nembrot.





2 Demasiada realidad:
Nadie recuerda Nembrot, la novela de José María Pérez Álvarez, quizás porque hay que echarle pelotas para dedicarse a escribir con esa aliteración congénita. Nadie recuerda Nembrot porque la Realidad sepulta con su discurso monocorde cualquier expresión artística que no forme parte del sistema o no cree un peculiar y efímero escándalo. En su momento, Juan Goytisolo y algunos de los mejores críticos literarios alabaron la consistencia narrativa de la novela.
Pero la Realidad es un tremendo rodillo que aplasta todo cuanto encuentra a su paso.
Ya lo dije no hace mucho, lo que mayoritariamente se publica en España son novelas que no son nada. Son novelas en las que lo único que importa es el nombre y el apellido y cuyo contenido parece que ningún editor está dispuesto a cuestionar. La narrativa española es un producto de mercado donde lo único que importa es la marca.
Y fuera de ese mercado los escritores están condenados al olvido.





3 Reseña
Apuntad:
Nembrot es la mejor novela española que he leído desde La saga/fuga de J.B.


No únicamente porque en la novela de José María Pérez Álvarez se mencione a la de Torrente Ballester, a través de un Mondoñedo irreal cuya consistencia se debe a Álvaro Cunqueiro, ni porque tenga ciertas concomitancias con ella, como la tiene por otra parte con las de Cunqueiro o con el Rayuela de Cortázar.
Es la mejor novela española que he leído en años por su narrativa contundente que no se pliega a la comodidad del lector; porque su léxico y su fraseología no renuncia a la rica tradición clásica, al tiempo que con esos elementos elabora un constructo moderno; porque su estructura no lineal, acaso circular, acaso como una O o como una O escrita de forma que no llega a cerrarse, esta configurada de forma que a través de distintos episodios no ordenados temporalmente podamos comprender, y sorprendemos con ello, las personalidades de los distintos personajes, sobre todo de los principales; porque a pesar de esas características, o, más bien, a pesar de lo que podáis pensar después de que las haya destacado, la lectura de Nembrot, sin dejar de ser exigente, es cómoda y satisfactoria; y porque Nembrot apela a la complicidad del lector dejando a la vista los trucos y las referencias al tiempo que le sumerge en una historia interesante y no exenta de misterio.

Nembrot habla del amor y la amistad y la impostura y los heterónimos y la muerte y la literatura. Es absoluta literatura. Por eso nadie habla de ella.

“Déjale, porque hablarle es cosa vana: que, igual que nadie entiende su lenguaje, no comprende ninguna lengua humana”

30/4/14

Yo no soy yo, evidentemente, de Gonzalo Torrente Ballester

Planteemos un esquema: Novela fragmentaria compuesta por capítulos de una Autobiografía; cada fragmento afecta a un personaje y funciona como un relato; cada uno de esos personajes es “autor” de una novela; esas tres novelas, junto a la Autobiografía componen la bibliografía de un autor de culto cuya verdadera personalidad se desconoce; un grupo de investigadores del departamento de Literatura de una Universidad estadounidense intentan descubrir el misterio de la(s) obra(s) y de su(s) autor(es); la investigación se mezcla con los capítulos literarios entresacando de ellos a las verdaderas (reales) personas que inspiraron a los personajes de las novelas.

Este resumen podría corresponder a una novela contemporánea, tiene incluso ecos de Los detectives salvajes y 2666 de Bolaño. Pero corresponde a una novela escrita en 1987 por Gonzalo Torrente Ballester.

No voy a descubrir nada si repito, otra vez, que Torrente Basteller es uno de los autores españoles injustamente olvidados… aunque, tal vez, no sea del todo exacto. Creo que más bien es en la actualidad un autor ninguneado. Creo que ocurre algo parecido con Cela, aunque por motivos diferentes. De Cela, por ejemplo, pesa demasiado todavía su altiva y provocadora y ególatra figura pública, lo que, paradójicamente, ya que en principio la desmesura mediática es una forma de publicidad, perjudica a su narrativa, eclipsada por sus excesos.
(Por cierto, es posible que dentro de esta novela de Torrente Ballester haya un retrato un tanto despiadado de Cela) 

Al contrario que Cela, Torrente Ballester mostró siempre un perfil mediático bajo y modesto, llegando a justificar en ocasiones la calidad de sus novelas por cuestiones alimenticias. Sin embargo, trabajando prácticamente a la sombra, GTB (así a partir de ahora), logró escribir la que sin duda es la Gran Obra Maestra Narrativa Española de la segunda mitad del siglo XX: La saga/fuga de J.B.
Lo cierto es que GTB, a pesar de sus méritos literarios, se puede considerar un autor irregular, como he dicho, él mismo confesó la utilidad alimentaria de algunos de sus textos, pero es, al mismo tiempo, un escritor versátil, erudito, imaginativo y (contemporicemos) vanguardista.


Yo no soy yo, evidentemente, es tanto la búsqueda de la verdad sobre un autor y su identidad (o sobre las identidades de varios autores) con las vicisitudes de los expertos encargados de desvelar el misterio, como una muestra de fragmentos de novelas posibles que o bien GTB ideó para la ocasión, o bien retazos de narraciones inconclusas. 
Así tenemos una historia de escritores de posguerra con ecos de La Colmena y posiblemente precursora de Juegos de la edad tardía (1989) de Luis Landero. Una historia mítico-mágica-realista de las que tanto le gustaban a GTB. Y una especie de obra de teatro onírica. Ninguna de las novelas es desarrollada, existen "fuera" de la novela y de la Autobiografía. ¿Son obras de Preto? y, lo más importante, ¿quién es-fue Uxío Preto? Ese es el enigma que sirve para dar un hilo narrativo a la historia que se desarrolla en Yo no soy yo, evidentemente. También, como era de esperar, es un mcguffin y no lo es.

“De la literatura no hay que hablar, pues fue inventada para eso [para la confesión]”
Eso se dice en las páginas de la novela y como “confesión” debe tomarse toda la narrativa. Si parece un axioma excesivo, al menos debemos adoptarlo para abordar la novela de GTB.
En primer lugar (último) tenemos la Autobiografía póstuma de Uxío Preto, en la que desvela su autoría de tres novelas, Aquilina y la flauta de Pan, La ciudad de los viernes inciertos y La historia que se busca en los espejos, publicadas con los nombres de, respectivamente, Néstor Pereira, Pedro Teotonio Viqueira y Froilán Fiz.
Al mismo tiempo tenemos tres artículos periodísticos que embrollan el asunto en torno a la identidad del esquivo, por desconocido, Preto. Dichos artículos, firmados por Morris, Vázquez y Compton son obra también de Uxío Preto para incrementar el valor de sus descatalogados e inencontrables novelas.
En su Autobiografía (póstuma, recordemos) Preto afirma que sus otros nom-de-plume no son simples seudónimos sino completos desdoblamientos de su yo. Así, tanto Pereira, Viqueira como Fiz existieron realmente. La investigación se topa con personas que conocieron a esas personas, aliases del autor y casi personajes de su mente. No tan solo eso, se encuentran también con una persona que afirma ser el autor de la primera novela de Preto-Pereira-Pereyra.

Evidentemente una gran mentira subyace a todo el entramado de Yo no soy yo, evidentemente. La mentira inherente a toda narrativa.

“Cuando yo le dije que Uxío Preto no ha existido, no insinué que las obras que corren impresas con otros nombres se hayan escrito solas. Hay, efectivamente, alguien detrás; pero, ¿un solo hombre, varios, una sociedad anónima? (…) ¿Y por qué no? (…) Si usted, al estudiarlos en su sintaxis, hubiera mirado más allá de la Gramática, habría descubierto por lo menos, cuatro manos distintas. Hay una quinta dudosa, pero puede dejar de serlo y abrumarle con su evidencia”

Preto confiesa (pues para eso está la literatura) ser otros cuando escribía sus novelas. Radicalmente otro. Preto, Pereira, Viqueira y Fiz son personas (autores) diferentes. Esas son las cuatro manos. La quinta mano, presente en cada momento, nos abruma con su evidencia cuando pensamos en ella, pero es completamente invisible a lo largo del texto. ¿Qué texto? No la Autobiografía, ni las novelas que no conocemos (o sí). El texto es Yo no soy yo, evidentemente, evidentemente. Su autor, GTB. Los textos que Uxío se atribuye pueden remitirnos de forma vaga a Los gozos y las sombras, La Isla de los Jacintos Cortados, La saga/fuga de J. B. y Don Juan (al menos esas son las relaciones que puedo establecer). El título de la novela es en sí mismo elocuente y equívoco.

¿Se lamenta GTB de su invisibilidad como autor? Y es más, cuando el personaje desmesurado que recuerda a Cela se atribuye la autoría de la novela de Pereira, ¿se lamenta GTB de estar (o de intentar estar) eclipsado por el gran farsante de las letras españolas? Evidentemente, él no es él, sino todos los demás y ninguno de ellos. Jamás alcanzaremos las respuestas porque la literatura fue inventada para la confesión y la mentira.

Y para disfrutar con ellas.

9/11/10

Castroforte del Baralla

Debería escribir algo. Pero las cosas nunca funcionan como debieran. Así que marchando un post de emergencia y reivindicativo. Esto sonará extraño pero podéis considerarlo una declaración de principios: La saga/fuga de J. B. es la mejor novela española del siglo XX (y lo que llevamos del XXI)
Dicho esto, cedo la palabra a Gonzalo Torrente Ballester:

La única posibilidad restante era escribir, de aquella manera que antes dije, uno de mis poemas, uno de los que más o menos recordaba. Ya mis dedos apretaban el lápiz, ya el Espiritista me había acercado las cuartillas, cuando me decidí por la Balada periódica mixta de los amores del tornillo y de la tuerca, título provisional que requiere explanación, pero que, una vez explicado, se entiende perfectamente. Conviene recordar, sin embargo, lo que se llama en Aritmética "fracción periódica mixta", es a saber, aquella decimal cuyo cociente, después de unas cifras cualesquiera y de número indeterminado, repite indefinidamente otra serie que se llama período, según este ejemplo:

23,1234567567567567567567 ... 567

En mi balada se cuentan los amores de un tornillo del doce y de una tuerca del siete. La diferencia de calibres hace imposible la plenitud del amor, a menos que uno de ellos se sacrifique, y, o se haga del siete el tornillo, o del doce la tuerca. La situación se expone en tres estrofas. La cuarta y la quinta contienen el comienzo de la disputa. Al empezar la sexta, la tuerca, a quien corresponde el uso de la palabra, repite el primer verso de la cuarta, con terquedad femenina, escasez de imaginación y pobreza dialéctica: y, entonces, ese primer verso arrastra los siguientes, y así se inicia el círculo infernal de la repetición indefinida, de modo que el poema carece, propiamente hablando, de conclusión, y el recitador puede seguir repitiendo las estrofas cuarta y quinta hasta cansarse. En lo cual veo yo, no sólo el índice de la amorosa tragedia del tornillo y la tuerca, sino secretas significaciones de la naturaleza más profunda, en orden, quizás, a la organización cíclica del universo. Contiene además el poema ciertos elementos paralelísticos:

Mátira cóscora látura cal
Torcalirete, Turpolireta,
Lámbita múrcula séxjula ram,
Turpolireta fríndela mu gay.

Tórcolo mórmoro blésturo mor
Torcalirete, Turpolireta,
Sóculo mótulo vísculo son,
Torcalirete frindela mu yon.

Mátira múrcula séxjula vim
Torcalirete, Turpolireta,
Sóculo mórmoro látura pil,
Turpolireta gascunda mu lir.

"Lápilo glótulo mínulo tel,
Torcalirete, Turpolireta,
Nímulo rájulo tépilo vel",
Turpalireta vigunda fri ben.

"Tínito péculo glótulo tu
Torcalirete, Turpolireta,
Rátulo cáncayo límulo su",
Torcalirete gascunda fri gum.

"Lépilo glótulo mínulo tel,
Torcalirete, Turpolireta,
Nímulo rájulo tépilo vel",
Turpalireta vigunda fri ben.

"Tínito péculo glótulo tu
Torcalirete, Turpolireta,
..................................
..................................
Torcalirete gascunda fri gum.

No es que sea mi mejor poema narrativo, pues prefiero la Elegía a las pinzas de turmalina, que presenté a la Real Sociedad Lírica y Poética Santa Lilaila de Barallobre cuando quise ser admitido en ella como socio de número, y fui rechazado por todas las bolas negras posibles al juzgar el comité de recepción que el poema resultaba ininteligible, aunque iba acompañado de su traducción. Mis colegas de Castroforte no consideraron, al parecer, suficientemente líricas las pinzas de turmalina como para dedicarles nada menos que una elegía (en pentámetros y hexámetros rigurosos).

28/11/08

Laberints, de Ramon Espelt

(…) con lo cual la maraña de tubos alcanzó un grado de tupidez tan grande que a primera vista aquello se asemejaba a un lío. «No, amigos míos. No un lío, sino todo un laberinto. El laberinto es la razón que se ríe de sí misma y desarrolla las posibilidades de oscuridad que su naturaleza le permite. A primera vista, claro. Si ustedes lo observan bien, mi Laberinto de Tubos no abandona en un solo momento de su trayecto el principio matemático. Quiere decir que el genio no está al alcance de todas las conciencias.»
G. Torrente Ballester, La saga/fuga de J.B.


Lewis Carroll Maze

Ramon Espelt consigue en Laberints “explorar el inagotable mundo de los laberintos, casi insinuado, compuesto de lugares y textos, de imágenes y films” (traduzco). El libro de Espelt es una invitación a explorar el laberinto como símbolo universal y como influencia en todos los ámbitos de la cultura.
Es inevitable la mención a Borges como impulsor del laberinto como referencia posmoderna desde La biblioteca de Babel, tema que recorre toda su obra:

¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad también está ordenada. Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas —traduzco a leyes inhumanas— que no acabamos nunca de percibir. Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.
Jorge Luis Borges: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; El jardín de senderos que se bifurcan (1941).



Espelt se introduce en el laberinto de las influencias del laberinto en nuestra cultura. Nos incita a seguir el rastro, a introducirnos, siguiendo el hilo que tiende su texto, las migas de pan de sus referencias, a que recordemos y descubramos esos jardines de senderos que se bifurcan en cuyo centro nos aguarda el brutal Minotauro.




De momento sigo explorando las sugerencias de Espelt dejando que el laberinto se multiplique en los espejos. Hay muchas referencias desconocidas, pero algunas son compartidas por el autor del libro y El lamento como este Homenaje a Resnais de Cortázar.


...Marienbad y Rayuela, The Shining y la Alice de Carroll, Borges y Fritz Lang, Calvino y Welles...


Entre las muchas e interesantes referencias sólo eché en falta una de La torre de los siete jorobados, de Emilio Carrere y Jesús de Aragón. Y no por la descripción de un laberinto que incluye (una torre en la novela y una torre que se hunde en las profundidades de la tierra en la película) sino porque la novela de Carrere-Aragón es en sí un laberinto.
Tampoco se menciona el laberinto de tubos de La saga/fuga de J.B., pero no es de extrañar. Sería imposible compilar todas las referencias al laberinto que albergan las obras literarias y cinematográficas.

Es una lectura recomendable y amena, aunque de momento sólo se puede encontrar en catalán. Agradezco desde aquí al amigo que tan generosamente me “recomendó” la obra de Espelt.
Ese mismo amigo me proporcionó un regalo inesperado. Una visión de una obra fundamental de nuestro tiempo como un laberinto en forma de árbol cuyas ramas se pierden en la incompletitud. La discreción me impide hablar más.

Así que finalmente volví a Bolaño y a la deconstrucción del laberinto. Londres como laberinto es una imagen recurrente, cierto. Pero en esta historia hay que adivinar quién es el Minotauro:

Y el taxista, un paquistaní, durante los primeros minutos los observó por el espejo retrovisor, en silencio, como si no diera crédito a sus oídos, y luego dijo algo en su lengua y el taxi pasó por Harmsworth Park y el Imperial War Museum, por Brook Street y luego por Austral y luego por Geraldine, dando la vuelta al parque, una maniobra a todas luces innecesaria.
Y cuando Norton le dijo que se había perdido y le indicó qué calles debía tomar para enderezar el rumbo el taxista permaneció, otra vez, en silencio, sin más murmullos en su lengua incomprensible, para luego reconocer que, en efecto, el laberinto que era Londres había conseguido desorientarlo.
Algo que llevó a Espinoza a decir que el taxista, sin proponérselo, coño, claro, había citado a Borges, que una vez comparó Londres con un laberinto. A lo que Norton replicó que mucho antes que Borges Dickens y Stevenson se habían referido a Londres utilizando ese tropo. Cosa que, por lo visto, el taxista no estaba dispuesto a tolerar, pues acto seguido dijo que él, un paquistaní, podía no conocer a ese mentado Borges, y que también podía no haber leído nunca a esos mentados señores Dickens y Stevenson, y que incluso tal vez aún no conocía lo suficientemente bien Londres y sus calles y que por esa razón la había comparado con un laberinto, pero que, por contra, sabía muy bien lo que era la decencia y la dignidad y que, por lo que había escuchado, la mujer aquí presente, es decir Norton, carecía de decencia y de dignidad, y que en su país eso tenía un nombre, el mismo que se le daba en Londres, qué casualidad, y que ese nombre era el de puta, aunque también era lícito utilizar el nombre de perra o zorra o cerda, y que los señores aquí presentes, señores que no eran ingleses a juzgar por su acento, también tenían un nombre en su país y ese nombre era el de chulos o macarras o macrós o cafiches.
Discurso que, dicho sea sin exagerar, pilló por sorpresa a los archimboldianos, los cuales tardaron en reaccionar, digamos que los improperios del taxista fueron soltados en Geraldine Street y que ellos pudieron articular palabra en Saint George’s Road. Y las palabras que pudieron articular fueron: detenga de inmediato el taxi que nos bajamos. O bien: detenga su asqueroso vehículo que nosotros preferimos apearnos. Cosa que el paquistaní hizo sin demora, accionando, al tiempo que aparcaba, el taxímetro, y anunciando a sus clientes lo que éstos le adeudaban. Acto consumado o última escena o último saludo que Norton y Pelletier, tal vez aún paralizados por la injuriosa sorpresa, no consideraron anormal, pero que rebalsó, y con creces, el vaso de la paciencia de Espinoza, el cual, al tiempo que bajaba, abrió la puerta delantera del taxi y extrajo violentamente de éste a su conductor, quien no esperaba una reacción así de un caballero tan bien vestido. Menos aún esperaba la lluvia de patadas ibéricas que empezó a caerle encima, patadas que primero sólo le daba Espinoza, pero que luego, tras cansarse éste, le propinó Pelletier, pese a los gritos de Norton que intentaba disuadirlos, las palabras de Norton que decía que con violencia no se arreglaba nada, que, por el contrario, este paquistaní después de la paliza iba a odiar aún más a los ingleses, algo que por lo visto traía sin cuidado a Pelletier, que no era inglés, menos aún a Espinoza, los cuales, sin embargo, al tiempo que pateaban el cuerpo del paquistaní, lo insultaban en inglés, sin importarles en lo más mínimo que el asiático estuviera caído, hecho un ovillo en el suelo, patada va y patada viene, métete el islam por el culo, allí es donde debe estar, esta patada es por Salman Rushdie (un autor que ambos, por otra parte, consideraban más bien malo, pero cuya mención les pareció pertinente), esta patada es de parte de las feministas de París (parad de una puta vez, les gritaba Norton), esta patada es de parte de las feministas de Nueva York (lo vais a matar, les gritaba Norton), esta patada es de parte del fantasma de Valerie Solanas, hijo de mala madre, y así, hasta dejarlo inconsciente y sangrando por todos los orificios de la cabeza, menos por los ojos.
Cuando cesaron de patearlo permanecieron unos segundos sumidos en la quietud más extraña de sus vidas. Era como si, por fin, hubieran hecho el ménage à trois con el que tanto habían fantaseado.
Roberto Bolaño, 2666.

6/6/08

La saga/fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester (fragmento)

No me cansaré de repetirlo: con La saga/fuga de J.B. Gonzalo Torrente Ballester logró crear uno de los textos imprescindibles de la literatura española. Transcribo uno de mis fragmentos preferidos, en el que Barallobre y Bastida dialogan sobre el lenguaje poético de éste último:


"Decidí que, en lo sucesivo, escribiría mis versos en un alfabeto con clave, pero lo pensé mejor y, como tenía mucho tiempo libre, inventé un idioma." "¿Y no le da pena que su poesía no la pueda leer nadie?" "Eso es precisamente lo que busco." "¿Entonces?" Bastida hizo un esfuerzo como si fuera a confesar un crimen. "Lo que digo en mis versos es de mi exclusiva incumbencia. No le importa a nadie y encuentro ofensivo para los demás proponerles su lectura."

(...)

"Si tiene usted en cuenta que la disposición de las sílabas establece cambios en la significación, y que mi lengua agrupa fácilmente, o, por decirlo mejor, aglutina sílabas significantes con absoluta facilidad, y que, como en el griego o en el alemán, en una sola palabra se pueden encerrar significaciones plurales y organizadas que en otro idioma exigirían una oración completa y, a veces, todo un sistema sintáctico complejo, comprenderá usted lo que intento explicarle, aunque sin tecnicismos, puesto que no los domino, es a saber, que si cambio la disposición de los acentos de un verso, el nuevo verso significa otra cosa y no hace falta mucho para que signifique la contraria." "¿Podría usted explicármelo con un ejemplo?" "A eso iba. Partamos de unas cuantas clases de endecasílabos, los más usuales, cuyas acentuaciones son las siguientes:

oo-oo-o-oo-o
ooo-ooo-o-o
o-ooo-ooo-o

El verso formado por las siguientes sílabas:

las cu la vi te ba fos can mol de ca

puede organizarse de tres maneras:

lasculávi tebáfos can moldeca
lasculavite bafoscánmol deca
lascú lavitebá foscan moldé ca

cada una de las cuales significa una cosa distinta; pero mejor lo verá usted si le recito, de tres maneras de las varias posibles,el cuarteto a que ese verso pertenece, primero de un soneto, y le añado la traducción:

Lasculavi tebafos can moldeca
divilán voricer malagoscía;
arconta latilós debalatía
ormelabán orcalitán zos teca.

Que quiere decir, aproximadamente:

Ha quedado en el aire una luz demorada,
un poco gris y un poco púrpura, siento
que mi voluntad se demore también, aunque
en medio de la niebla.

La segunda manera de leerlo nos da una nueva versión:

Lasculavite bafoscánmol. ¿Deca
diví lanvoriscerma lagos cía,
ar contala tilós deba latía
ormelá banorcán litonzosté ca?

que quiere decir, con la misma aproximación:

No seas cretino. ¿Qué más da que las nubes
sean grises, que el aire sea claro,
que los vencejos atraviesen el cielo,
mientras estés hambriento?

Por fin, el tercer modo de enunciación, que es éste:

Las cú. Lavitebá, Foscan moldé ca.
Divilanvoris cermalagos cía.
Ar conta latilosde balatía
ormela banorcanli tonzosteca.

hace que las mismas sílabas adquieran este significado:

Escúchame. No llores más. Aún queda
una esperanza. No estás tan sola como
crees. Todas las noches pienso en ti
y me entristezco, porque eres bella y yo feo.»

"De donde se infiere —dijo Barallobre con sorna— que si a cada una de esas versiones aplicamos los métodos tradicionales de interpretación, nos resultan doce modos distintos de entender el mismo soneto." "Eso —Bastida bajó la vista, modestamente—, por lo menos."

3/3/05

La saga/fuga de J.B., de Torrente Ballester

Ya que estoy rescatando viejos comentarios no podría olvidar La saga/fuga de J.B. a mí entender una de las mejores novelas escritas en castellano durante el siglo pasado (y me quedo corto) Leyendo por la red descubro tesis de personas versadas en literatura que estudian las influencias de Joyce en la obra de Torrente Ballester. Yo no puedo llegar tan lejos, y mucho menos a comparar el Ulises con La saga/fuga en el aspecto lingüístico. A pesar de eso, y de lo peligrosas y estériles que pueden resultar esas comparaciones, debemos reconocer que hay puntos en común que se podrían resaltar. Tanto el Ulises de Joyce como La saga/fuga son novelas construidas resaltando el aspecto formal de la escritura, en las que predominan la corriente interna de pensamiento, diálogo interior que en el caso de la novela de Ballester es monólogo interior, un extenso monólogo que ocupa la primera parte de la novela. Joyce en el Ulises convierte los acontecimientos triviales de un día en Dublín en el tema de su novela, siendo este uno de los aspectos que resaltan la grandeza de la novela de Joyce, la primacía de la forma sobre el contenido. Sin embargo, la singularidad de La saga/fuga es combinar en igual grado de importancia, el aspecto formal con el contenido narrativo, un contenido de dimensiones míticas, en el que se dejan sentir ecos de Frazer y al mismo tiempo de otras novelas suyas, como Los gozos y las sombras. Si la novela ambientada en pequeñas ciudades de provincias supone una especie de género, La saga/fuga de J.B. supone la culminación literaria de ese género. Y que conste que no estoy intentando ningún tipo de gradación entre Joyce y Ballester. Dejemos pues al irlandés y sigamos con la novela.


La historia que nos cuenta La saga/fuga es, a grandes rasgos, el enfrentamiento secular entre dos familias de Castroforte del Baralla, los Barallobre, custodios del Corpo Santo de Santa Lilaila, y los Bendaña. Simbólicamente, mientras que los Barallobre representan la tradición feudal trasmitida matrilinealmente, los Bendaña representan a los conquistadores que se apoyan en el lado científico. En el momento culminante de la narración el aspecto científico que predomina es el de la lingüística, en el que los tres J. B. son especialistas. Porque existe un tercer J.B. en este crucial momento, José Bastida, creador de un particular método poético personal en el que el significado de las palabras sólo es conocido por él, significado que varía según la posición, la acentuación o el ritmo de las palabras dentro de las estrofas. Barallobre pretende utilizar a Bastida como sustituto en el eminente sacrificio de un J.B., anunciado por una conjunción planetaria. Pero los planes de Barallobre no cuentan con que, tras el aspecto desagradable y la aparente pusilanimidad de Bastida, se oculta un ingenio desmesurado, un pensamiento onírico que funciona a pulsaciones míticas, un caótico mundo poético. Este ingenioso, onírico y caótico J.B. es quien se encarga de explicarnos los antecedentes de la historia de los J.B., en una primera parte titulada Manuscrito (monólogo) de J(osé) B(astida). El mismo espíritu narrativo dominará las otras dos partes de la narración, aunque ya no estén explícitamente narradas por Bastida alcanzaran ese estatus literario al que podríamos llamar “cuento narrado por un idiota”.
Cómo desaparecen los J.B. esperando en el mar el regreso de Santa Lilaila, la batalla entre estorninos y lampreas, la Tabla Redonda y sus nada honestos propósitos, el combate “dialéctico” entre dos loros, los extraños relieves que adornan la catedral, poetas inéditos y no leídos, la no existencia geográfica de Castroforte del Baralla, la voracidad de las lampreas... todas estas cosas y muchas otras conducirán al enfrentamiento final entre el mundo racional y el mítico, que culminará con la desaparición de un J.B.
La aparente dificultad que a primera vista puede tener el estilo de la narración queda enseguida olvidado por lo suculento de lo narrado. Ya digo que este es uno de los grandes méritos de La saga/fuga de J.B.: la conjunción del aspecto formal, de una narrativa me atrevería a llamar superior, con una historia amena e interesante, que además deja en manos del lector la posible interpretación de ésta.

Gonzalo Torrente Ballester