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12/12/10

Los muertos, de Jorge Carrión

La Realidad (como Idea platónica) o Lo Real (como lo plantea Lacan): Las cosas, independientemente de su percepción.
La “realidad” (entre comillas, como quería Nabokov) tal y como la inferimos a través de nuestros sentidos (subjetiva)
La “realidad narrativa” que creamos cada vez que contamos unos hechos.

Sin ser un experto en cuestiones filosóficas (y a pesar de que reconozco que el razonamiento puede ser incongruente y falto de lógica) me atrevo a decir que la persistencia de la realidad se sustenta en la memoria. Ésta conforma lo que podíamos llamar “realidad recordada” que incluye tanto a la “realidad”, inferida y subjetiva, como a nuestra experiencia con la “realidad narrativa”.
De alguna manera el concepto Realidad sólo puede surgir a partir de la observación de que ciertas sensaciones persisten a lo largo del tiempo, empleando para ello la memoria.
Si imaginamos a una persona que no pueda recordar nada podríamos deducir que su vida se reduce a una continua constatación del presente. Sin referencias temporales cada instante sería un aluvión de sensaciones físicas carentes de antecedentes. Tal vez una persona sin memoria, o una especie carente de ella, no llegue a plantearse nunca el concepto-problema de la Realidad. La memoria nos permite controlar la acumulación de sensaciones que recibimos cada instante, nos permite eludir el bombardeo de la realidad a nuestros sentidos. Relegamos parte de la realidad, aquella que no tiene que ver directamente con nosotros, o no de manera determinante en cada momento, a un segundo plano. La Realidad sería el ruido de fondo de nuestra vida o el escenario vacío en el que se desarrolla.

Los muertos de Jorge Carrión se desarrolla en varios planos de “realidad narrativa”. Para potenciar esa suma de realidades en la que la historia alcanza toda su plenitud, el narrador de la novela (o de la no-novela) debe carecer de protagonismo, el autor es el medio por el que obtenemos la información necesaria y los lectores debemos ser espectadores de un artificio en apariencia sencillo (una serie de televisión). No hace falta decir después de esta presentación que Los muertos es un ejercicio narrativo complejo y abierto a múltiples lecturas, imposible de encasillar en un género, sin renunciar, al mismo tiempo, al entretenimiento.
Entretenimiento porque ese es uno de los requisitos indispensables de las series de televisión, que en estos momentos están explorando nuevas formas narrativas para innovar el género al mismo tiempo que, anacrónicamente, persisten los recursos del folletín decimonónico para fidelizar a la audiencia.

Los muertos, además de ser el de la novela, es el título de una serie de televisión. La obra literaria se convierte, en palabras de su autor en un “ensayo sobre la teleserie (que) ha sido escrito con palabras y ha descrito las imágenes y su intención ética y estética mediante figuras del lenguaje”. Sigue el texto: “En esa tensión entre la palabra y la imagen quizás radique el enigma del arte. Nosotros hemos intentado acercarnos a una traducción que sólo puede ser puro deseo”. Todas estas explicaciones parten del axioma de que “una transformación de Los muertos al lenguaje literario es sencillamente imposible”. Estamos pues ante un texto imposible, una aproximación a algo que, a causa de su inexistencia en la “realidad”, aunque plausible en el campo de Lo Real, el lector puede intuir pero no conocer. La imposibilidad de la transcripción literaria de la teleserie se basa en la existencia de ésta. La no existencia en la “realidad” del autor conlleva la posibilidad de la creación literaria de la realidad narrativa en la que la serie televisiva Los muertos existe. Además, de alguna manera, todos hemos visto la serie desde la perspectiva que podemos imaginar como transcurre en base a los textos que describen cada uno de los capítulos de las dos temporadas.
El juego es el siguiente.
En la primera temporada se describe la situación del entorno narrativo de Los muertos. Una ciudad posible, Nueva York, y unas condiciones de ciencia-ficción que entroncan tanto con Terminator (la aparición con grandes estallidos eléctricos de los cuerpos desnudos en algunos rincones de la ciudad) como con la herencia paranoico-narrativa de P. K. Dick (la memoria impuesta y las falsas sensaciones como bases de una realidad infundada) Las referencias cinematográficas son frecuentes ya que el cine acaba constituyéndose en la base de la memoria de los personajes de Los muertos. Literariamente es imposible captar la obvia diferencia entre los personajes de la novela y aquellos que creen ser. La primera temporada se focaliza en los personajes de Blade Runner. La serie de televisión nos permite contemplar cómo actores sin ningún parecido con los de la película de Ridley Scott interpretan a unos personajes que creen “ser” los personajes de la película. Las memorias autoimpuestas de los personajes de Los muertos los convierten en aquellos que creen ser en una ciudad como símbolo de un posible limbo (no olvidemos la persistente referencia a Lost, ni que Carrión escribió la novela mucho antes de que se revelase el misterio final de la serie… lo cual me lleva a reflexionar de nuevo en torno a Dick y su influencia en la narrativa contemporánea, incluyendo su mesianismo esquizoide palpable en el final de Lost)
Si en Blade Runner los personajes se debatían entre la imposibilidad de distinguir una vida real de otra recordada a través de una memoria inducida (una vida no vivida, pero real… Pero, ¿quién vive?, diría Gaff), en Los muertos, los personajes creen ser, ya que esos fragmentos de otras vidas recreadas por actores representando a seres con vidas no vividas es lo que recuerdan más intensamente, los personajes de Blade Runner. Lo importante no es si son o no son esos personajes, en Blade Runner, por mucho que algunos se empeñen, no es importante si Deckart es o no un replicante, sino que creen serlo y viven conforme a esa personalidad. Roy es Roy y Gaff es Gaff aunque no se parezcan en absoluto a Rutger Hauer o a Edward James Olmos.



La memoria, sea ésta del cariz que sea, se constituye en la generadora de la realidad de los personajes de la serie Los muertos.
Y en ese aspecto se centra la segunda temporada de la serie que contiene la tesis más importante de la novela de Carrión: La desaparición de la memoria histórica.
En la segunda temporada de la serie las familias de los Soprano y la de los Corleone luchan por el control de la ciudad. Es una lucha sin más sentido que la propia lucha, una carniceria motivada por recuerdos adquiridos y que se contraponen al pertenecer a dos realidades narrativas que coinciden en un mismo tiempo y un mismo lugar. La falta de memoria histórica que les permita contemporarizar sus acciones les conduce a una lucha sin sentido objetivo. Por otra parte, una serie de personajes que creen ser quienes sufrieron el exterminio nazi se agrupan para intentar evitar las sucesivas desapariciones que, como un virus implacable, va diezmando la población de la realidad de Los muertos: “Los que estamos aquí (…) ya hemos sufrido dos desapariciones. A la de cualquier ciudadano, a la que nos trae a este mundo extraño, nosotros le sumamos una anterior, colectiva, devastadora, inexpresable. Una desaparición sin nombre porque ningún nombre puede hacerle justicia”. La falta de nombre obedece tanto a que no hay nombre posible para el horror como a que no hay nada en la memoria impuesta que les permita saber el nombre (Holocausto, Shoah…) con el que se conoce históricamente. Pero la nueva desaparición de esas personas, que aún sin ser quienes creen ser son garantes y depositarios de la memoria del horror, nos hace reflexionar sobre la capacidad de pervivencia de la memoria histórica y de la urgente necesidad de ella.
Los muertos describe un mundo terrible. No porque en él nada sea lo que debería ser, algo únicamente cierto desde nuestra perspectiva de lectores-espectadores creyentes fervorosos en nuestra “realidad”, sino porque su desaparición, un deus ex machina introducido por los autores de la serie, nos lleva a cuestionarnos la pervivencia de nuestra propia realidad.
De todas formas, con su construcción de la novela, Carrión deja claro que la diversión, el entretenimiento, no es incompatible con la reflexión. Extrapola literariamente lo que está ocurriendo en el mundo de la televisión donde algunas pocas series (tampoco nos sintamos tan ufanos, son excepciones) elevan la narración a niveles literarios.
La serie finaliza con una sucesión de tomas de ciudades del mundo completamente vacías. Como espectadores de Los muertos “estábamos teniendo acceso a un mundo prohibido, a un infierno que nos acusaba como responsables”.
Y eso es casi todo.
Salvo que una reseña no puede alcanzar el grado de intensidad de una novela que nos hace reflexionar, al igual que una novela no puede captar la fuerza narrativa de una serie televisiva que conmueva nuestra conciencia, al igual que una serie televisiva o una película no pueden ni acercarse a describir la devastadora e inexpresable crudeza del horror y el exterminio.
Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.
Pero puede acercarse.
Leed Los Muertos.

25/5/10

Lost, la conexión oriental

Contiene SPOILERS

En 1998 Hirokazu Koreeda dirige Wandâfuru raifu (After Life). En la película las personas que acaban de morir son recibidas en una especie de colegio donde se les comunica su fallecimiento y se les anuncia que tienen tres días para escoger el único recuerdo de su vida que podrán llevarse en su tránsito. Dicho recuerdo será recreado y filmado por un equipo cinematográfico especializado en el tema, para que sea esa filmación, esa recreación de un instante afortunadamente feliz en la vida de cada uno de los recién fallecidos, lo único que podrán llevar con ellos cuando sigan adelante.
La recreación de un momento feliz, una ficción sobre una realidad vivida pero condenada a extinguirse.
Más o menos sobre eso trataba
Lost.



1/3/09

Los libros de Lost (II)

Jack: -¿Cómo puedes leer?
Ben: - Mi madre me enseñó. (...) Estoy leyendo, Jack, porque es mejor que lo que tú estás haciendo.
Jack: - ¿Qué hago?
Ben: - Esperar que algo suceda.
Jack: - ¿Y qué sucederá?
Ben: - Dímelo tú, Jack.

(de los subtítulos de Argenteam)

Siguen las lecturas en Lost:
Ahora los malos leen a Joyce




Y los buenos se dedican a algo más ligero.



Alas, poor Yorich
El desastre es inminente.

Sea como sea, vuele con nosotros

13/5/08

Los libros de Lost

Dejando aparte las múltiples referencias que se hacen de distintas novelas, sea directamente o en los títulos como, por ejemplo, Alicia en el país de las maravillas (Carroll), Historia de dos ciudades y Nuestro amigo común (Dickens), Otra vuelta de tuerca (James), Los hermanos Karamazov de Dostoievski y relatos de Bierce, H.G. Wells y Stephen King entre otros, los personajes de Lost, excepcionalmente ya que no suele ser habitual en las series de televisión, leen.



Es normal que, en una isla, sin nada más que hacer (al menos hipoteticamente) las personas intenten llenar el tiempo como buenamente pueden. Curiosamente es Sawyer, en principio el personaje que menos esperas que se dedique a estas actividades, quien devora la "biblioteca del avión", aquellos libros que los viajeros perdieron tras el accidente. Entre otros, los libros que Sawyer lee son:
La colina de Wathership, de Richard Adams; Una Arruga en el tiempo: de Madeline L'Engle; Lancelot, de Walker Percy; Maldad bajo el sol, de Agatha Christie; The Fountainhead, de Ayn Rand y, asombroso, aunque pertenece a la biblioteca de "los Otros", La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares.



Aunque también es asombroso que le preste a Hurley Risa en la Oscuridad, de Vladimir Nabokov, aunque si no recuerdo mal, Hugo no termina de leerla. Otras novelas que algunos personajes leen y tiene que ver más o menos con la trama son El tercer policía de Flann O'Brien (Desmond), Una Breve historia del Tiempo (Aldo) y El Chancellor, de Julio Verne (Regina).
Aquí podéis ver alguna foto sobre lectores "perdidos"

Los Otros tienen una biblioteca más amplia pero, curiosamente, no más selecta. La elección de los títulos no es azarosa. Por eso quizás para contemplar la evolución de la serie es interesante fijarse que la primera vez que descubrimos a Los Otros, se encuentran inmersos en la discusión en un club de lectura de la novela Carrie de Stephen King.



Pero finalmente, cuando retienen a Ben prisionero, John le da, para que se entretenga Valis, de Philip K. Dick.



De King a Dick pasando por Bioy.
Y el tiempo.
Y los muertos
¿Estamos todos muertos?
Me fastidia que, termine como termine Lost, lo hará de forma decepcionante.

Lost fascina y entretiene por sus referencias y por las preguntas que suscita. Francamente me importa bien poco cualquier explicación "lógica", "física" o "matemática", que explique el misterio de la isla. No quiero respuestas ni conclusiones. Me basta el misterio y la habilidad para crear una historia de nada... pues eso es lo que hay en las narraciones clásicas sobre islas desiertas. Nada.


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6/5/07

Noticias

Algunas noticias de interés relativo indican que entre los restos del vuelo 815 de Sydney a Los Angeles no se han encontrado supervivientes, que la lucha entre los que poseen superpoderes continúa cinco años en el futuro, cinco años después de que la bomba destrozase Nueva York, que El lamento de Portnoy ha alcanzado su post número 500.
Continuaremos informando.