20/4/18

La soledad de las vocales, de José María Pérez Álvarez

Letanía.
Una letanía desesperada que anuncia que no hay futuro gritando que tampoco hay pasado.
Una letanía que enumera nadadoras y botellas.
Ora pro nobis, inquilino de la 9.
Ora pro nobis, cristo herrumbroso de sangre fundente.
Ora pro nobis, franz dertod, tuè par les allemands.
Una letanía de pérdidas y de ficciones perdidas.

Podría intentar hacer una especie de sinopsis de La soledad de las vocales, pero sería traicionar su esencia. Podría, incluso enumerar alguna otra novela en la que de forma más o menos tangencial se propone un escenario similar. Podría, entonces, comparar esas novelas con la de J. M. Pérez y destacar los puntos esenciales de divergencia. Podría, sí, pero eso implicaría poner en la misma página a otros escritores, escritoras y a otras novelas que, pienso, no merecen figurar junto a la de J. M. Pérez.

Volvemos pues al tema de siempre. La narrativa española vigente, mainstream, difundida por los principales, prepotentes, grupos editoriales (y de opinión) en oposición a la Literatura.
La conclusión (estadística) es que la Literatura no interesa.

Si la Literatura interesase (y ya no me refiero a cuestiones estadísticas) La soledad de las vocales, Nembrot, José María Pérez Álvarez, serían nombres que aparecerían asociados a un análisis de la Literatura contemporánea española.
Pero lo único que interesa es la narrativa. Y puesto que los grandes grupos insisten en copar el mercado de narrativa inane, cuando se supone, como parte principal del contrato, que las editoriales velan por la calidad y excelencia de lo que publican, se confunde narrativa con Literatura.
Y así vamos tirando.
Y los días pasan, y los meses y los años y la vida.
Y los nombres se olvidan.
Y las novelas caducan.

La soledad de las vocales es Literatura.
Pero lo curioso del caso es la gran habilidad que tiene J. M. Pérez para crear una obra Literaria de forma tan natural y directa, sin excesos, apelando a la atención lectora pero acompañándonos en la lectura. Creemos estar leyendo una novela cuando en realidad el autor nos coloca en el banco de un parque a escuchar la incesante letanía alcohólica del inquilino de la habitación 9 de la pensión lausana. Nos sitúa entre la incomodidad y el interés, entre el desasosiego y la empatía, en la tesitura de elegir entre la indiferencia, o el desprecio, hacia el narrador, por ser quien es, y la curiosidad por su historia, que remolonea en torno a unas cuantas obsesiones. O nos levantamos del banco o nos quedamos a escuchar. Y aunque lo que escuchamos no parece ser gran cosa, el lamento fervoroso de un perdedor, el grito pronunciado en soledad, lo que importa, lo que verdaderamente importa en estos casos, es la voz cautivadora del desahuciado, el canto de la sirena que te arrastra al interior del libro y te consume. Eso que raramente encontramos y que se suele denominar Literatura.

Levantarse del banco sería un gran error.

1 comentario:

Ángel Herrero López dijo...

SNAI Approves.

;)