20/9/17

Estado de gracia, de Joy Williams

El 3 de junio de 1844, en la isla de Eldey, frente a las costas suroccidentales de Islandia, Jon Brandsson y Sigourour Isleffson mataron a una pareja de alcas en su nido. Ketil Ketilsson aplastó el único huevo que había en el nido y el mundo perdió para siempre el alca gigante.
UN CRIMEN CONTRA LA NATURALEZA. Por fin, el uso adecuado del término. Nadie habla ya de los crímenes contra Dios. Quizá nadie lo hizo nunca. Y las alcas gigantes eran unas criaturas buenas. No eran malvadas como esas aves que se defienden. Y en cuanto a los hombres, me los imagino con buenas dentaduras, ropa caliente y amorcitos que les esperaban en casa. ¿Y adónde ha ido a parar todo el tiempo ahora que descansan a salvo en sus tumbas? He oído que otros se proclamaron merecedores de tal honor. Pero no se lo concedieron. Su petición descartada tras una investigación exhaustiva. Lo mismo que con el piloto de Hiroshima; todo el mundo quiere un trozo del pastel.


Ejemplar disecado de alca gigante en un museo en Leipzig.



Si empiezo a contarle la historia y no la termino, o si la empiezo pero no se la cuento como es debido, tal cual ocurrió, en el momento, el lugar y las circunstancias precisas, respetando la sucesión correcta de consecuencias, ¿acaso la historia no perdurará entonces como un ahogado, que no cesa de habitar los mares igual que un espectro?

Pues exactamente eso es esta magnífica novela de Joy Williams, una historia que perdura como un espectro. Desestructurada, fragmentada, no contada “como es debido”, se convierte en un ahogado que no cesa de habitar los mares de la narrativa.
Hay que leer esta novela y después hay que releerla para apreciar la sutileza con la que la historia está hilvanada, la maestría que demuestra Williams en el dominio de la voz narrativa (la de Kate en la primera y en la tercera parte; la omnisciente en la segunda) y el sentimiento desolador que domina todo el texto.
Es una novela increíblemente buena y compleja.
Solo puedo entender que esta escritora sea prácticamente desconocida en nuestro país y apenas mencionada cuando se habla de narrativa estadounidense contemporánea, como resultado de un ejercicio de discriminación patriarcal. Estado de gracia, la primera novela escrita por Williams, fue finalista en 1974 del National Book Award que ganó Thomas Pynchon con El arco iris de gravedad. The Quick and the Dead (Los vivos y los muertos) fue finalista, junto a Joyce Carol Oates por Blonde, en el año 2000 del Pulitzer Prize for Fiction, que ganó Michael Chabon por Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (novela mastodóntica pero mediocre) Pero creo que no se trata simplemente de machismo o de menosprecio a las escritoras. Es que la visión que Williams da de temas como, por ejemplo, la maternidad está muy alejada de los estereotipos convencionales. No se trata de que su narrativa de voz a las mujeres, sino que muestra una femineidad real y muy perturbadora. Y eso, en nuestra sociedad occidental, es punible.


La mecedora se mece en la fría corriente de aire. Está vacía, lo que anuncia muerte.

Estoy tentado a interpretar Los vivos y los muertos como un ejercicio de reescritura de Estado de gracia en otra clave. No lo voy a hacer, pero si quiero destacar los temas en común:

La muerte (por supuesto)
La orfandad.
La inutilidad de la figura paterna.
El maltrato a perros.
Los cementerios de animales, sean estos zoológicos destartalados o museos de taxidermia.
La muerte estúpida de personas indefensas.
La naturaleza.
Y las personas... y el desamparo de la vida.


A Bryant le encantaría, como es natural, que sus fieras se convirtieran en una atracción turística imprescindible, pero los visitantes sólo quieren ver atracciones indígenas. Las fieras son el eslabón más débil del negocio de Bryant. (...) El problema lo tiene con las fieras, porque nadie quiere verlas, aunque la entrada sólo cuesta setenta y cinco centavos. Tiene un oso negro, una llama, un leopardo, un búfalo, un coyote, tres ciervos y dos serpientes que se alimentan de huevos. Tiene un par de tiburones areneros, un tiburón toro, un acuario con tortugas, rayas águila y dos peces gato, lo que por sí solo debería garantizar medio centenar de visitantes diarios. Tiene loros, una avestruz, un cernícalo y un zopilote. Casi nadie acude a verlos. Pasan los días sin que nadie eche una ojeada a las fieras, pero de noche, Corinthian, su cuidador, las vigila, y cuando se marcha lo hace con una mirada pura y despreocupada. Porque nadie vigila a Corinthian. Ni daría un centavo por ver lo que él vio.
Corinthian sabe que el hecho de que nadie te mire ni te escuche es una de las pequeñas burlas que la muerte le tiene reservada a la vida. De momento nadie ha descubierto qué burlas podría tenerle reservadas la vida a la muerte.

Los fragmentos de la traducción de State of Grace, de Joy Williams, a cargo de Albert Fuentes para ed. Alpha Decay.

2 comentarios:

Inaudito 77 dijo...

Un libro maravilloso, en el que cuesta entrar y del que cuesta salir.
La facilidad que tiene Williams para adoptar ángulos singulares como narradora y establecer continuos puntos de fuga en las descripciones convierte su prosa en un delirio de imaginación, una verdadera experiencia.

Probablemente disfruté más con Los vivos y los muertos, pero quizás Estado de gracia sea una novela más rompedora, más subyugante.

Sus Cuentos escogidos, llevo leídos tan solo dos, prometen a este humilde lector horas y horas de gozo y alucinación.

Joy Williams es enorme.

Portnoy dijo...

Completamente de acuerdo.
Gracias por tu comentario.
Un saludo