24/6/16

Manual de jardinería (para gente sin jardín), de Daniel Monedero

Según las estadísticas se editan en España más de 18000 libros cuyo tema es literario. A saber cuantos de ellos son novelas. O a saber cuantos de ellos son libros de relatos. A saber cual será el número exacto de relatos publicados. Miles, decenas de miles.
La mayor parte de esos libros, lo sé, pasarán sin pena ni gloria, sepultados tras la avalancha de novedades que se suceden sin más propósito que llevarse por delante a sus predecesores y ser a su vez soterrados. ¿Un despropósito? Quizás, sobre todo teniendo en cuenta la calidad narrativa y la temática realista-ramplona de la mayoría de novelas que sobreviven mínimamente a la sucesión devastadora.
Que quede claro que YO no tengo una misión. Que no estoy aquí para salvar la narrativa española, ni para descubrir a nadie ni señalar a nada.
Estoy aquí como podría no estarlo. Y si todavía estoy es porque me divierte.
Olvidémonos de mí.

Daniel Monedero tenía un blog muy interesante llamado Diario de Dillinger. No lo busquéis. Ya no se puede acceder a él. En un tiempo no muy lejano se estableció cierta complicidad entre El diario de Dillinger y El lamento de Portnoy. A resultas de eso hace poco me propuso enviarme su libro, Manual de jardinería (para gente sin jardín). Esta es toda la historia.
Pasemos al libro.

Por lo general los libros de relatos no suelen gustarme como conjunto. Entiendo que hay cierta separación temporal y alguna discrepancia estilística entre cada uno de ellos que confieren al libro una especie de falta de consistencia. Pensé, tras leer el primer relato del libro que este Manual de jardinería, iba a causarme la misma impresión. Sin embargo, avanzada la lectura de los relatos, empiezo a captar cierta coherencia narrativa. No se trata de que un relato llame a otro, ni que formen una especie de narración conjunta, sino que todos ellos tienen un elemento común que hace que, a pesar de que cada uno de ellos sea un mundo aislado, independiente y cerrado, entendamos la coherencia del conjunto. Ese elemento es la voz narradora, o si se quiere, el autor. Aquello mismo que en su momento hizo que Diario de Dillinger se convirtiese en un referente atractivo en mi deambular por la red.
O lo que es lo mismo: Monedero escribe muy bien. Es capaz de arrastrarnos al mundo emocional de sus personajes y mostrarnos la indefensión de estos (y de paso la nuestra). Todo ello con toques en ocasiones surrealistas y con una prosa que en algunos momentos, justos, precisos y equilibrados, roza lo poético como un toque de atención, perturbador y liberador al mismo tiempo.
Uno de sus personajes dice de sí mismo que es el mejor imitador de escritores que ha existido nunca. Es posible que Monedero se refiera irónicamente a sí mismo. Lo que resulta de ese (hipotético) ejercicio de imitación de escritores es una voz propia muy interesante.

(Además, con el ejemplar venía un sobre con semillas para iniciar un no-jardín, ¿quién puede resistirse a eso?)