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Contraluz, de Thomas Pynchon



Corría la voz de que Michelson y Morley no habían encontrado la menor diferencia en la velocidad de la luz al ir, venir o pasar de lado con relación a la Tierra desplazándose a lo largo de su órbita. Si había Éter ahí, en movimiento o en reposo, no tenía el menor efecto sobre la luz que transportara. El humor en las cantinas frecuentadas por los eteristas se tornó cada vez más sombrío. Como si tuviera la misma sustancia que una invención o una batalla, el resultado negativo ocupó su propio lugar en la historia de Cleveland, como otro de los misterios revelados de la luz.
—Es como esos cultos que creen que el mundo acabará el día tal y tal —comentó Roswell—, se deshacen de todas sus posesiones terrenales y se dirigen en grupo a la cima de alguna montaña a esperar, y entonces el fin del mundo no llega. El mundo sigue girando. ¡Menuda decepción! Todos tienen que descender aprisa la montaña con el rabo espiritual entre las piernas, salvo uno o dos idiotas incurablemente sonrientes que lo ven como una oportunidad para empezar una nueva vida, a partir de cero, sin estorbos, de hecho, para renacer.
-Y eso ocurrió con el resultado de Michelson-Morley. Todos hemos invertido mucha fe. Y parece que el Eter, tanto en movimiento como inmóvil, sencillamente no existe. ¿Qué hacemos ahora?
—Mantener la opinión contraria —dijo O.D. Chandrasekhar, que había venido a Cleveland desde Bombay, India, y no hablaba mucho, pero cuando lo hacía, nadie tenía la menor idea de qué quería decir—. Este resultado nulo puede interpretarse igual de fácilmente como una prueba de la existencia del Éter. Ahí no hay nada, pero la luz viaja. La ausencia de un medio que transporte la luz es el vacío de lo que en mi religión se llama akasa, que es la base o el fundamento de cuanto imaginamos que «existe».
Todo el mundo guardó silencio un momento, como reflexionando sobre sus palabras.
—Lo que me preocupa —dijo Roswell por fin— es que el Éter acabe siendo algo parecido a Dios. Si podemos explicar cuanto queremos explicar sin él, entonces, ¿por qué conservarlo?
—A menos... —señaló Ed— que sea Dios.

Contraluz, Thomas Pynchon, traducción de Vicente Campos

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Tremendísimo.
Este párrafo al menos ha debido de romper tres o cuatro conciencias.
En neolengua, la palabra éter, seguro que será suprimida. Creo que trataban de reducir todo a 500 términos.
Quizás ese éter sea el lugar en el que habita Pynchon. Más para allá que para acá.

Louis Charpentier

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