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Astillas, de Celso Castro

De acuerdo, recelad: Celso Castro y yo publicamos en la misma editorial, Libros del Silencio

Pero sería una lástima que ese detalle enturbiase una recomendación que me parece importante, sobre todo en los tiempos que corren.
Ahora que se oyen voces airadas contra la autoficción y declarando la necesidad que tiene la narrativa de recuperar la figura del héroe; ahora que se advierte sobre la supuesta originalidad de lo “moderno” y que se denuncia que la base sobre la que se sustenta este indefinido movimiento ha sido repetida una y otra vez en el siglo pasado; ahora que prima lo grupal y que todo lo que provenga del “otro”, un “otro” ajeno al grupo al que uno pertenece, es cuestionable; ahora que parece que estamos buscando nuevas vías de la narrativa que aúnen tradición y modernidad; ahora, pues, sería una lástima dejar de pasar de largo astillas de celso castro
Porque astillas es un relato moderno no adscrito a ninguna corriente o grupo; porque bebe de la autificción y la metanarrativa y al mismo tiempo, las transforma de tal manera que no tiene nada que ver con ellas; porque es un relato clásico con (anti) héroe y, al mismo tiempo, no acepta las normas del clasicismo; no renuncia a las fuentes clásicas pero añade a ellas toda la innovación narrativa del siglo XX; porque la primera persona de astillas es un narrador infidente pero lleva hasta lo más patético su sinceridad; porque juega a romper el tiempo argumental, disgregándolo, manteniendo la linealidad del relato; porque mezcla distintos géneros de tal manera que poco importa calificar a astillas de novela realista, fantástica o psicodélica; porque hay muchos fantasmas literarios cruzando las páginas de astillas y descubrirlos, a ellos y a las imposturas de su narrador, es un juego para el lector, porque El afinador de habitaciones y astillas son las dos primeras partes de la trilogía de “relatos del yo” en las que nos encontramos a un (¿el mismo?) narrador desquiciado, febril, enfermizo, acosado por poderes fantasmales, acuciado por su ansia sexual que transforma en amor, un amor enfermizo que le convierte en un ser patético y desmedido, un narrador que llora sin cesar y fuma marihuana y toma anfetaminas y bebe coñac para calmar la ansiedad; porque todas esas características nos hacen pensar en una narración desquiciada, que lo es, pero al mismo tiempo lúcida, coherente, sincera y, sí, no lo neguemos, romántica.
En resumen, Castro es un enorme narrador y astillas una gran y frenética novela. Sería una lástima recelar, ignorarla por su independencia, dejarla pasar.

Y que nadie vuelva a preguntárselo después de Celso Castro: Los patos de Central Park cuando el lago se congela van a Riazor.

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Totalmente de acuerdo con lo primero; sinceramente desde hace mucho espero una reflexión tuya cuyo tema sea justo ése: la autoficción.

Y en cuanto a lo otro, ¿me podrías dejar de respirar? Esto de no poder leer lo que uno no quiere simplemente porque hay un charquito llamado óecano en medio.

Un saludo,

Tienes razón, Malvisto... es injusto ese charco y lo que dificulta la distribución... quizás dentro de pronto haya buenas noticias, aunque ya veremos.
En cuanto a la autoficción... no sé, me daría por autoficcionar el blog y no sería una reflexión. Como recurso narrativo no está mal, aunque habría que plantearse si no está en cierta manera agotado y explotado al máximo.

Un saludo y gracias por tu comentario

Con las dos últimas líneas ya me habrías convencido.

con un narrador tan patético como tú dices,como nos vamos a creer lo que cuenta?ni me fío ni me puede interesar lo que dice....que tristeza de libro,uffffffffffff!!!!

lo comparas con el guardián????te has pasado....de cursi.

Es cierto... son mucho más fiables las opiniones de un anónimo con doble personalidad.
Vamos, que alguien que firma Casacarilla me llame cursi es el colmo de la paciencia.

cascarilla en ambos casos!!!:)

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