13/9/09

Guía de La broma infinita, de David Foster Wallace (y VII)

De la página 909 al final

Empezaba esta serie diciendo que La Guía de La Broma Infinita (LGDLBI) era una serie de notas personales para entender y recordar lo que iba leyendo.
Con lo que no contaba es con la depresión que me ha producido finalizar la lectura de la novela de David Foster Wallace… no sé, Don Gately en el hospital, Hal comportándose extrañamente en la AET y “cuando volvió en sí, estaba echado de espaldas en una playa sobre la arena muy fría y caía la lluvia de un cielo bajo y la marea estaba lejana
Hay una cama, ¿atornillada?, en el techo.
Y la cabeza desenterrada de James O. Incandenza.

Debo terminar con esto antes de que me obsesione enfermizamente.

LGDLBI se ha construido durante la lectura. Está llena de presunciones y errores. En sus últimas entregas, quizás influenciado por otras iniciativas, una vez controlado el derroche inicial de información, arrastrado por el entusiasmo, se ha convertido en una crónica de la narración y no de la lectura.
Presunciones y errores: Hay muchos, sí. El principal es que los acontecimientos no se precipitan, están ahí desde el principio… pero no lo sabemos, no sabemos nada aunque creemos saber.

Después de doscientas páginas sin aparecer, Don Gately reaparece en el hospital. Prácticamente el resto de la narración, exceptuando acontecimientos extraños en la AET, se centrará en el febril y traumático intento de recuperación del herido en el incidente en la Ennet House mediante un tratamiento sin calmantes (subraya “sin calmantes”… piensa en un dolor de muelas sin calmantes… ahora en una infección masiva tras una operación… exacto, SIN CALMANTES)
La realidad y el delirio se alternan sin distinción. Y es entonces, tal vez mientras DFW describe el derrumbe de Gately ante una montaña de Demerol, naufragando en un río de orina, que comprendes que LBI ha terminado hace tiempo, que LBI no termina jamás.
Sólo quedamos los lectores ante un libro que nos muestra a nosotros mismos. O convertidos en estatuas por la lucha entre Medusa y Odalisca. O tal vez tenemos la esperanza de desentrañar el futuro de la historia en pequeñas frases diseminadas a lo largo de la novela.

La verdad es que terminó. Ya no hay nada. Eso es todo, amigos.

Ni siquiera vale el intento de describir a LBI como la Gran Novela Contemporánea, la que define los rasgos de la novela moderna en fragmentación, incomplenitud y digresión.
Ya nada importa.
No hay más Broma Infinita.

13 comentarios:

Javier Moreno dijo...

La peor parte de la broma infinita es cuando el autor se mata.

Portnoy dijo...

Eso es muy duro.

Antonio Díaz Oliva dijo...

Concuerdo: la peor parte de LBI es cuando el autor se suicida.

Acabo de ver esto y -a 1 año de la muerte de DFW y las lecturas de LBI- no deja de tener cierta simbología:

http://tinyurl.com/kr33yy


Saludos desde Chile

Javier Moreno dijo...

La mejor parte de Infinite Jest es que Gately vive.

conde-duque dijo...

Enhorabuena, te mereces un premio o algo. Tiene muchísimo mérito haberse leído el libro entero. En serio. Debe ser casi como leer subrayando el Finnegans Wake.
Yo me declaro incapaz. Ni falta que hace, claro.
Pero, ahora que nadie nos oye, dinos la verdad: ¿a que es un puto coñazo? ;D

Portnoy dijo...

Sí, de alguna manera Gately sigue adelante.
Leer no merece premios, es un placer (cuando no lo es no sigo leyendo)... ya entenderás con esto que NO es un puto coñazo.
De todas formas definir cualquier cosa como "puto coñazo" es demasiado subjetivo y ambiguo.
Un saludo y gracias por vuestros comentarios

conde-duque dijo...

Toda opinión es subjetiva, claro. Lo último era en broma, no lo decía para molestar (quizás a DFW le podría molestar, pero ya es imposible).
Me explicaré (brevemente), por si acaso.
Sé valorar la potencia del estilo de Foster Wallace y reconocer muchos de sus hallazgos (sobre todo me gustan sus artículos), pero en general despliega un estilo verborreico, hiperdetallista y excesivo que, desde mi punto de vista, busca más la demostración de facultades y el aplauso o la admiración que otra cosa. No quiere contar una historia sino demostrar lo requetebien que escribe. Así lo veo yo, al menos.
Sólo una fe ciega en la genialidad de este hombre puede hacer que nos empeñemos en atravesar ese desierto. Está claro que de vez en cuando hay perlas, pero no sé si merece la pena tanto esfuerzo (con las muchas cosas buenas que nos quedan por leer...). Por lo que dices, veo que sí puede merecer la pena.
Yo de entrada no tengo fe en la genialidad de nadie. A mí que se me demuestre, y a poder ser en las primeras páginas.
La enhorabuena no era en broma.
Un saludo.

ricard "glups" dijo...

Te copio del blog:
"LGDLBI se ha construido durante la lectura. Está llena de presunciones y errores".
Y también de uno de tus comentaristas (Javier Moreno; aunque Antonio Díaz coincide en lo que me interesa):
"La peor parte de la broma infinita es cuando el autor se mata".

Quizá todos los errores son presunciones: espejismos.

El autor se suicidó. Eso ya no es literatura. ¿O sí?

Hay quien considera que decidir ponerle punto final a tu vida es otro modo de escribirla, el de quien asume también el papel de autoeditor.

Me interesan los espejismos mentales, y sospecho que D Wallace sufrió algunos. De eso trato de averiguar algo en mi blog (por si os interesa)

http://espejismosmentales.blogspot.com/2008/11/suicidio.html

ricard "glups"

Javier Moreno dijo...

No estoy de acuerdo con el Duque.

No me parece que el estilo de Wallace sea verborreico. Otra cosa es que usara un vocabulario amplio. Pero Wallace es conciente de la amplitud de su vocabulario y hace que sus textos también sea conscientes. Son pocas las veces donde uno encuentra una palabra exótica fuera de lugar.

Y el exceso efectivamente dificulta la lectura, pero la dificulta de la misma manera que las matemáticas son difíciles y al mismo tiempo interesantes y llenadoras. El objetivo del hiperdetallismo y la variedad de fuentes y la riqueza, digamos, narrativa no es imposibilitar la lectura, sino —en mi opinión— enriquecer la experiencia de la misma. Una vez inmersos en ella continuar es un verdadero placer estético e informativo. Creo que Portnoy no exagera cuando dice que a veces nos gustaría que no se terminara jamás.

Tampoco me parece que la prosa decaiga. Si hay algo valioso en LBI es que el texto nunca pierde fuerza.

Finalmente, no creo que se necesite saber quién era Wallace (ni cómo era) para apreciar su lectura: prueba de ello es el hecho de que cuando salió la novela en el 96 Wallace era todavía bastante desconocido y aún así la novela de mil y tantas páginas tuvo gran respuesta de la crítica y el público.

La Broma Infinita es buena —¡buenísima!— a secas, sin aclaraciones. Es un libro de 1000 páginas que, aunque exigente, no cansa y se puede efectivamente leer. Es un proyecto pretencioso y difícil llevado a buen término. Probablemente una de las novelas más interesantes y ricas de la generación de escritores jóvenes norteamericanos de finales del siglo xx.

conde-duque dijo...

OK, confiaré en vosotros y le daré otra oportunidad a la broma infinita, a ver si tengo más suerte esta vez...

Portnoy dijo...

Javier ha hecho una defensa muy acertada de DFW. Especialmente cCoincido con él en que la prolijidad y la digresión (el hiperdetallismo) no imposibilitan la lectura sino que la enriquecen. No se entendería LBI sin esa voluntad de abarcar todos los detalles de la narración...
pero en fin, ya veo que te ha convencido.
Cuando le des esa oportunidad que merece nos lo cuentas.
Gracias por el enlace Ricard ( y sí, el suicidio no es literatura, pero el de DFW deja un abismo de posibilidades narrativas que nunca se concretará)
Un saludo y gracias por vuestros comentarios

Deprisa dijo...

La verdad es que empezar con esa novela me inspira una mezcla de aversión y atracción simultánea que no sé en qué va a acabar.

el infierno imaginario dijo...

Empecé a leer a D.F.W. por el libro de relatos "La niña del pelo raro" ya que no conseguí "La broma infinita". Creo que el próximo será Hablemos de langostas, antes de agarrar la novela comentada. Seguro qme equivoco.