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La tregua, de Primo Levi

Primo Levi y Philip Roth conversan:

Roth: (…) Trata de tu viaje de regreso desde Auschwitz a Italia. Hay una dimensión legendaria en ese tortuoso viaje, especialmente en el relato de tu largo periodo de gestación en la Unión Soviética, esperando que te repatriaran. La tregua podría haber estado marcada por una actitud de desesperación y de luto inconsolable, y nadie se habría extrañado; y, sin embargo, el libro nos sorprende por su exaltación eufórica. (…) no hay persona que no te interese, te lo pasas tan bien (*) y aprendes tanto, que no puedo dejar de preguntarme si, a pesar del hambre y del frío y del miedo, a pesar, incluso de los recuerdos, habrá algún momento de tu vida en que hayas disfrutado más que durante esos meses que llamas “un paréntesis de disponibilidad ilimitada, un regalo del destino, tan providencial como irrepetible”.

Levi: (…) La tregua se escribió catorce años después de Si esto es un hombre. Es un libro más “autoreflexivo”, más metódico, más literario, con un lenguaje mucho más profundamente elaborado. Dice la verdad, pero la filtra. (…) De modo que puse el énfasis en los episodios extraños, exóticos, traviesos (…) y dejé para las páginas iniciales y finales esa actitud de “desesperación y de luto inconsolable” a que tu te acabas de referir.
Philip Roth, El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras. Traducción de ramón Buenaventura.

(*) Supongo que Roth se refiere al nivel intelectual de las experiencias del narrador… en ningún momento de La tregua parece estar pasándolo bien, a no ser que comparemos el texto con el anterior de Levi Si esto es un hombre.
Es cierto que el libro derrocha cierta ingenuidad ante la libertad recobrada, quizás porque sea una libertad inesperada y por eso, al menos desde los recuerdos que Levi quiso dejarnos, parece que se disfruta y se exaltan episodios mínimos.
Pero hay constantes: El hambre, el frío, la inseguridad.
De todas formas esa aparente ligereza sirve para remarcar el formidable párrafo final de la novela, ante el cual no tengo absolutamente nada más que añadir:

Pero sólo después de muchos meses fue desapareciendo mi costumbre de andar con la mirada fija en el suelo, como buscando algo que comer o meterme en el bolsillo apresuradamente para cambiarlo por pan; y no ha dejado de visitarme, a intervalos unas veces espaciados y otras continuos, un sueño lleno de espanto.
Es un sueño que está dentro de otro sueño, distinto en los detalles, idéntico en la sustancia. Estoy a la mesa con mi familia, o con mis amigos, o trabajando, o en una campiña verde: en un ambiente plácido y distendido, aparentemente lejos de toda tensión y todo dolor; y sin embargo experimento una angustia sutil y profunda, la sensación definida de una amenaza que se aproxima.
Y, efectivamente, al ir avanzando el sueño, poco a poco o brutalmente, cada vez de modo diferente, todo cae y se deshace a mi alrededor, el decorado, las paredes, la gente; y la angustia se hace más intensa y más precisa, Todo se ha vuelto un caos: estoy solo en el centro de una nada gris y turbia, y precisamente sé lo que ello quiere decir, y también sé que lo he sabido siempre: estoy otra vez en el Lager, y nada de lo que había fuera del Lager era verdad. El resto era una vacación breve, un engaño de los sentidos, un sueño: la familia, la naturaleza, las flores, la casa. Ahora este sueño interior al otro, el sueño de paz se ha terminado, y en el sueño exterior, que prosigue gélido, oigo sonar una voz, muy conocida; una sola palabra, que no es imperiosa sino breve y dicha en voz baja. Es la orden del amanecer en Auschwitz, una palabra extranjera, temida y esperada: a levantarse, «Wstawać»”.
Primo Levi, La tregua; Traducción de Pilar Gómez Bedate


Duquena y Javier pasaron por aquí.

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Qué poderoso era Levi.

Y qué frágil.

Es curioso, yo recuerdo La tregua un poco como Roth, casi como una novela picaresca, aunque imagino que tienes razón en cuanto a la comparación con Si esto es un hombre: todos las leemos seguidas, y estamos deseando salir de ese infierno demencial. También es cierto que el sueño con el que cierra el libro cambia toda la perspectiva del mismo.

tiene cierto sentido, hablar de david lynch e inmediatamente después de primo levi; a levi el extrañamiento le viene dado por lo que le tocó vivir, lynch, en cambio, lo lleva de serie...
(a mí lo que me pasa cuando me enfrento a la obra de alguno de los supervivientes del holocausto es que cualquier otra cosa, después de su impacto, me parece banal... en este caso, lynch, al que admiro como modernillo de opereta, voy a decir que sólo es un pijo californiano con ansias de notoriedad y muchas ganas de parecer rarito; no me creo su esquizofrenia ni su psicoanálisis de baratillo; ahora, eso sí, sus pelis son de un esteticismo bárbaro)...

Es cierto, José, todo parece banal después de constatar los extremos de la naturaleza humana: la maldad absoluta y la capacidad de sobrevivir. Todo lo demás carece de importancia.
Pero seguimos adelante
(cuando en realidad deberíamos seguir perplejos y considerando seriamente la necesidad de que el ser humano se extinga)
Javier, creo que has encontrado una definición redonda de Levi, de la persona y de su literatura.
Tal vez Abbas, el libro debe reposar más en la memoria para alcanzar esa vertiente picaresca de la supervivencia. Pero ahora, dos días después de cerrar el libro, el sueño domina todo. Es imposible librarse de él.
Un saludo y gracias por vuestros comentarios.

Otro que no dejó el lager: Zoran Music.

De él hablo un poco en esta reseña de Los Falsificadores.

También menciono a Primo Levi ahí, naturalmente.

Vaya, Portnoy, justamente este último párrafo me persigue desde que leí el libro. Escribí un post al respecto.

Saludos,

Duquena

Está brutal el blog. Lo descubrí hace treinta minutos. Sigo abrumado.

Woah!

Llegué al blog gracias al dietario voluble de Vila Matas. Pero me estoy arrepintiendo. Qué de trabajo me vais a dar!
Genial blog

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