5/2/08

Dossier K, de Imre Kertész

Sin destino como novela autobiográfica. Lo más autobiográfico de mi autobiografía es que no hay nada autobiográfico en Sin destino. Lo autobiográfico de ella es que eliminé todo lo autobiográfico en aras de una fidelidad superior. Y que esta impersonalidad conseguida a fuerza de luchar se convierte finalmente en la irrupción y en el concepto de una personalidad muda en su particularidad.


Imre Kertész, Diario de la galera; Traducción de Adan Kovacsics para El Acantilado.

Ya he dicho alguna vez (Fiasco, Liquidación) que Kertész, junto a Coetzee, es uno de los últimos premios Nobel más interesantes, sobre todo en lo que respecta a su experimentación narrativa.
En Dossier K., Kertész juega con la ruptura de géneros: Así, una entrevista se convierte en una especie de autobiografía y, al mismo tiempo en una novela, si, como se comenta en el prólogo, “aceptamos la propuesta de Nietzsche, quien deriva el género de la novela de los diálogos platónicos”
Kertész parte de una extensa entrevista realizada por Zoltán Hafner en los años 2003 y 2004, que finalmente, insatisfecho con el resultado al parecer, desecha, para reconvertirla en una autoentrevista. El autor vuelve a alguno de los temas recurrentes de su narrativa, “el yo y el otro” y la incursión subrepticia de la realidad en la ficción.
Lo peculiar e interesante de este experimento literario consiste en que la autobiografía de Kertész se construye por negación o afirmación de pasajes de sus obras más famosas. La vida del escritor se reconstruye a partir de los rastros autobiográficos que aparecen diseminados en Sin destino y Fiasco, principalmente, pero también en Kaddish por el hijo no nacido y La bandera inglesa.
Por eso, tal vez, es interesante la cita de Diario de la galera que inicia este post que contrasta con la manera en que Kertész reconstruye su infancia y juventud a través de las diferencias o similitudes que le unen al Köves de Sin destino y a los múltiples personajes que aparecen en Fiasco, donde se muestra la vida (con un incontestable rasgo kafkiano) bajo el totalitarismo soviético.
Lo curioso es que siendo realidad lo que nos cuenta (partiendo del principio de que las entrevistas se refieren a lo “real” o de que al menos lo que en ellas se explica es más coincidente con la “realidad” que lo que se relata a través de los personajes de sus novelas) la autoentrevista-autobiografía de Dossier K. nos produce la sensación de ser una nueva ficción construida con retales de anteriores obras literarias. La exploración en la realidad que subyace en la ficción narrativa demuestra que la “realidad” es inaprensible y que cuanto más nos acercamos a ella más comprobamos como sólo es posible que perduren como ficciones algunos fragmentos escogidos de nuestra realidad.
Y aunque ya no nos puede sorprender este tipo de juegos narrativos en los que se entretejen realidad y ficción, no podemos dejar de asombrarnos ante la forma en que Kertész vuelve a jugar con esos conceptos. Dossier K. puede servir como aproximación a la vida y a la obra de Imre Kertész.

7 comentarios:

Shangri-la dijo...

Por si acaso interesa, amigo Portnoy, publicamos ayer un texto en Shangri-La sobre Dossier K., de Kertész.

Un saludo.

Hilvanes Y Retales dijo...

Yo leí el Kaddish y me sorprendió Kertész. Está entre los libros que rescato para releer lo subrayado y anotado.

Yo no descartaría de la lista a Pamuk,junto a Kertész y el magnífico Coetzee.

Victor Coral dijo...

tengo la impresión de que lo más interesante de Kertész no está tanto en la experimentación con los géneros -después de todo ya se ha hecho antes demasiado en cuanto a eso- sino en la sobriedad del estilo, en esa suerte de tersa honestidad. Tal vez sea ello lo que atrae a sus lectores.

malvisto dijo...

Estos ejercicios en los que se pone entre paréntesis el núcleo mismo de aquello que dice lo que es real, me gustan mucho: son bastante apasionantes. Jugar y poner en duda la propia vida. Porque si alguien nos diera a elegir entre leyenda y vida, creo que no habría ninguno que eligiera vida. Entonces ¿por qué somos tan biográficos, y reales? Prengunta dura. Tal vez le tenemos miedo a la falta de solemnidad.

mat dijo...

cuando la experimentación narrativa se torna imposible de evitar para algunos autores no puedo hacer otra cosa que respetarlos y aplaudir su incansable insistencia en eso de renovarse y desafiarse a ser otro sin dejar de ser el mismo.

Anónimo dijo...

Hace poco se publicó un artículo de Verdú (creo) sobre la novela actual en el que rozaba el tema este del papel que juega lo real o biográfico en la misma. (No creo que tenga nada que ver con la solemnidad, al contrario.) Alguna aportación ha hecho Kertesz, sí. A ver si Portnoy recoge estas migajas de argumentos y arma un "post" de los suyos. Ah, maldita pereza. Bartleby c'est moi.

No sé que quedará de todo esto. También entusiasmaron hace tiempo otros amaneceres, aquellas experimentaciones vacuas y provocadoras de los cincuenta. Por cierto, ha muerto -otra vez- Robbe Grillet. Al parecer había logrado sobrevivir a su obra. Incluso a los gusanos que habían devorado el cadáver de su obra. Hoy leía un artículo de Sábato en que rebatía los presupuestos de los objetivistas. Me ha resultado gloriosamente anacrónico. Dios, qué gusto saber que mis bostezos estaban cargados de razón, qué placer aburrirse sin remordimientos. (Y qué maldad...)

Settembrini dijo...

El anónimo era yo. Je.

Settembrini, o lo que queda de él.

Vale.