18/7/05

La misteriosa llama de la reina Loana, de Umberto Eco

Si no fuera por el respeto reverencial que siento hacia el libro como objeto, inauguraría una sección de “libros que estrellarías contra la pared”. No se trata solamente de plantearte acabar o no el libro, es más bien de un rapto violento que acabará definitivamente con la lectura en trance, porque de otra manera, a pesar de todo lo que podamos pensar sobre el libro en cuestión, sabemos que acabaremos terminándolo, quizás esperanzados, quizás intrigados, quizás resignados.

En fin, acabé de leer La misteriosa llama de la reina Loana, la última novela de Umberto Eco, traducido al castellano como es habitual por Helena Lozano Miralles, y editada por Lumen.
Es precisamente la traductora de Eco quien percibe el abismo que debe salvar esta novela: No existe una equivalencia histórico cultural entre la Italia de los años cuarenta con la España de posguerra que permita un acercamiento entre el lector de la traducción española con el lector italiano heredero de la memoria que intenta rescatar el protagonista de la novela.
También incide Helena Lozano en como se recibirá el libro en “Hispanoamérica, qué recuerdos estimularía en todos aquellos que han tenido que vérsela con una tragedia histórica”, y pienso que es quizás en estos países donde la novela de Eco puede ser entendida más intensamente a causa de la necesidad de recuperar perentoriamente la memoria.
La verdad es que no deja de ser verdaderamente curiosa esta intromisión de la traductora en la novela, aunque sea al final, lo que apunta directamente a que es una obra que precisa la condescendencia del lector no italiano y la comprensión de su localismo: “Es el libro de una generación, construido con recuerdos que son de todos”, dice Eco, sí, pero de todos aquellos que comparten esos recuerdos.




La misteriosa llama de la reina Loana trata sobre un vendedor de libros antiguos que pierde la memoria y para recuperarla se encierra en la casa de su abuelo donde rescata del desván los libros, revistas, fumettis y discos que formaron la banda sonora y narrativa de su infancia.
La novela es singularmente desigual.

Decía Eco en La estructura ausente que (...)“el signo icónico construye un modelo de relaciones (entre los fenómenos gráficos) homólogo al modelo de relaciones perceptivas que construimos al conocer y recordar el objeto. Si el signo icónico tiene propiedades en común con algo, no es con el objeto sino con el modelo perceptivo del objeto; puede construirse y ser reconocido por medio de las mismas operaciones mentales que realizamos para construir el objeto de la percepción, con independencia de la materia en la que se realizan estas relaciones”

En estas condiciones, y ya que la mayoría de los lectores no podemos reconocer los signos icónicos que nos muestra Eco, ya que existe “dependencia” de la materia en que se realizan estas relaciones, ya que no podemos compartir ni tan solo un conocimiento histórico de la mayoría de los objetos que pasan por las manos del protagonista, podemos decir que no hay interrelación, que el discurso se pierde por falta de conectividad, que...

... no sé porque no lo estrellé contra la pared.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay que ponerse así, si eres una persona un poco culta, reconoces la mayoría ( no todos) de los cómics y claves de la novela.

Anónimo dijo...

¿Y si simplemente se nos invitase a reconstruir nuestra propia memoria después de asistir al prodigioso evento de la reconstrucción-iluminación de la de Yambo, suplicando a nuestra personal reina Loana un milagro, "oi nostoi", pero los nuestros propios?

Da la impresión de que querríais estrellar a Verne porque nunca viajaréis a la luna ni construiréis un submarino para tomar San Simón.

Portnoy dijo...

La verdadera razón para ponerse así es que la teoría de Eco sobre la narrativa incluye varios tipos de lectores. No quiero aburriros, pero se podría decir que el lector que más obtiene de las lecturas es aquel que es capaz de reconocer todos los niveles del texto.
El ejercicio de Eco va encaminado a aquellos que tienen sus mismas experiencias culturales. Solo quien tiene aproximadamente la misma edad del autor, vivió en el mismo país del autor y tuvo la oportunidad de acceder a la misma educación del autor es capaz de gozar plenamente de todas las lecturas del libro.
Es un libro excluyente, al que algunos solamente podemos acercarnos por aproximación. En otro casso me hubiese parecido interesante o curioso. En el caso de Eco me parece que me excluye deliberadamente.
Como lector mi única opción es ofrecerle el mismo trato.

(y a ver si no dejamos comentarios anónimos... que no cuesta nada dejar un nombre para poder reconoceros en próximas visitas... a pesar de eso gracias por vuestros comentarios)

Juan Carlos Sánchez dijo...

Me gusta eso de libro excluyente. Es exactamente lo que sentí cuando comencé a leerlo. Yo no intenté estrellarlo, pero lo dejé con disimulo sobre un estante..., de donde nunca más lo he rescatado.