8/6/05

Doris Kilman, un personaje de La señora Dalloway, de Virginia Woolf

La novela de Virginia Wolf esta basada principalmente en los personajes que sucesivamente se van convirtiendo en protagonistas parciales de la narración. El título parece querer centrar el interés principal en la señora Dalloway. No creo que se pretenda focalizar la narración desde la perspectiva de Clarissa, que puede provocar la incertidumbre de lo adecuado del título que suscitan quienes pretenden que la novela debería llamarse Septimus. Clarissa Dalloway es el personaje con el que el resto de los personajes tienen relación directa. Todos, inclusive Septimus y Lucrecia Warren Smith, vislumbrados tenuemente por la señora Dalloway en una antigua visita a Sir Bradshaw. La fiesta es la culmincion que aglutina a todos los personajes en un lugar común, incluido a Septimus, que irrumpe con la noticia de su muerte. Sin embargo hay una ausencia clamorosa en la fiesta de la señora Dalloway.
De todos los personajes que aparecen en la novela Doris Kilman es el peor tratado de todos y además lo es a todos los niveles

En opinión de Clarissa:

Hacía años y años que llevaba aquel impermeable; sudaba; en cuanto entraba en una habitación no pasaban cinco minutos sin que hiciera sentir su superioridad, tu inferioridad; lo pobre que era ella; lo rica que era una; cómo vivía en un cuartucho, sin un almohadón, sin una cama, sin una alfombra, o sin lo que sea, con el alma cubierta por la herrumbre de la ofensa, después de haber sido despedida de la escuela, durante la guerra, ¡pobre criatura, amargada y desdichada! Sí, porque no se la odiaba a ella sino al concepto de ella, y, sin duda alguna, este concepto llevaba incorporadas muchas cosas que no eran de la señorita Kilman; y la señorita Kilman se había convertido en uno de esos espectros con los que se lucha por la noche, uno de esos espectros que se ponen a horcajadas sobre nosotros y nos chupan la mitad de la sangre, dominadores y tiránicos, pero, sin la menor duda, si los dados de la fortuna hubieran caído de otra manera, más favorable a la señorita Kilman, Clarissa la hubiera amado. Pero no en este mundo. No.


Y en boca de la narradora (*)

Había visto la luz hacía dos años y tres meses. Ahora no envidiaba a las mujeres como Clarissa Dalloway; se apiadaba de ellas.
Se apiadaba de estas mujeres y las despreciaba desde lo más hondo de su corazón (...)


La señorita Kilman no estaba dispuesta a ser amable. Siempre se había ganado la vida. Sus conocimientos de historia moderna eran extremadamente concienzudos. De sus menguados ingresos siempre apartaba ciertas cantidades para donarlas a causas en las que creía (...)



Desde el punto de vista de Elisabeth (quizás la más condescendiente):

Su madre siempre trataba con mucha, mucha amabilidad a la señorita Kilman, pero la señorita Kilman formaba un apretujado haz de flores, y no sabía sostener una conversación ligera, y lo que interesaba a la señorita Kilman aburría a su madre, y ella y la señorita Kilman eran terriblemente amigas; y la señorita Kilman se hinchaba y parecía muy vulgar, pero la señorita Kilman era tremendamente inteligente.



La propia Doris Kilman:

—Yo nunca voy a fiestas—dijo la señorita Kilman, sólo para evitar que Elizabeth se fuera—. No me invitan.
(...)
—¿Y por qué van a invitarme?—dijo—. Soy fea, soy desdichada.
Le constaba que estas palabras eran una idiotez. Pero aquella gente que pasaba—gente con paquetes que la despreciaba—la obligaron a decirlas. De todos modos, ella era Doris Kilman. Tenía título académico. Era una mujer que había desarrollado su carrera en el mundo. Sus conocimientos de historia moderna eran más que respetables.
—No me compadezco de mí misma—dijo.
"Me compadezco", había querido decir, "de tu madre", pero no, no podía decir esto a Elizabeth.
—Compadezco mucho más a otra gente.


Desde nuestra perspectiva histórica podemos decir que Doris Kilman representaría la auténtica mujer liberada, sin embargo, hasta cuando la narración se focaliza en su personaje, no podemos extraer de él más que resentimiento y mezquindad.

Me cuesta recordar otro personaje literario cuya negatividad trascienda las distintas posibilidades o puntos de vista que ofrece la narración.
Por otra parte, quiero pensar debido a la fugacidad del personaje y su relativa intrascendencia en el conjunto de la narración, que se trata de alguna especie de desliz por parte de la autora. Como si, de alguna manera, se tratase de una inmiscusión de la realidad en la novela de Wolf, la intrusión en forma de personaje de una persona real dentro de la novela.
De no ser así, todo apuntaría a un snobismo descalificante que no sé en que situación nos dejaría como lectores.


(*) ¿Tiene sexo el narrador?

2 comentarios:

manuela pombo dijo...

creo que kilman es un personaje relamente importante en el transurso de la historia de mrs dalloway, que de por cierto es uno de mis lbros favoritos, para mi esta doris kilman, era resentida con todo el mundo si , pero mas alla de esto tenia un sentimiento profundo que hiba mas alla de la relacion normal entre profesaroa y alumna con elizabeth.

Anónimo dijo...

La señora Dalloway es un libro que nos permite ver la complejidad de los seres humanos y de las relaciones de unos con otros.
Doria kilman es una de esas personas que uno conoce a lo largo de la vida, y que lo dejan marcado, por su persepcion de la vida, por su brillante inteligencia, pero tambien por ese resentimiento que no la permite salir adelante en la vida y triunfar.