1/3/05

Lars von Trier: Realidad y ficción en los dos lados de la cámara (y III)

Dogville (2001) supone, de nuevo, una arriesgada apuesta por parte de Lars von Trier. Y de nuevo incide en su peculiar punto de vista de que filmar no tiene nada que ver con la realidad. La puesta en escena de Dogville lleva hasta sus últimas consecuencias la máxima atribuida a Chejov “si una pistola aparece en el primer acto de una obra de teatro, debe dispararse en el tercero” De esta forma Trier prescinde de todo elemento que no vaya a ser usado en la película. Los edificios quedan reducidos a esquemáticas estructuras pintadas en el suelo con algún pequeño aditamento que revelará su utilidad en su momento. Dentro de ellos, sólo los muebles con alguna funcionalidad diegética permanecen, y los objetos de los interiores están reducidos a su mínimo número.



Lo importante en el filme de Trier es el drama humano que se desarrolla en la mísera y aislada población de Dogville.
El caso es que esta singular puesta en escena cinematográfica puede recordar a la de una obra de teatro. Sin embargo la peculiar forma de rodar de Trier cámara al hombro nos introduce completamente dentro del escenario de forma que el espectador (llamémosle pasivo) de una obra teatral no tiene cabida en un filme en el que la pretendida inmersión en la realidad (una falsa realidad, recordemos, una realidad filmada de forma que aparezca evidentemente falsa) es fundamental. La omnipresente voz en off que va hilvanando las distintas etapas de la historia también apunta en esa dirección, en la de mostrar la progresiva degradación de las condiciones de Grace en Dogville pero de forma documental, tanto en el tono como en el empleo de la voz en off, acercándonos a una realidad posible.



La parte más arriesgada de un comentario a la película de Trier llega cuando queremos analizar el significado. Yo me quedo simplemente con la historia. No comparto excesivamente aquellas visiones alegóricas que apuntan a cierta relación entre Grace y Jesucristo. De todas formas el final de la película me parece un tanto decepcionante. No tanto en la elección final de Grace, en esa espada flamígera que pide venganza. Si nos referimos a lo humano simplemente, motivo por el cual la analogía cristiana no me convence, el final de la historia apunta a lo miserable del ser humano en todos sus niveles, tanto de los desarraigados como de los poderosos. Lo que no acaba de convencerme es que una película cuyo mensaje puede ser aplicado de forma general, que apunta a la condición del ser humano, Trier en un desafortunado giro, parece que quiere aplicarlo única y exclusivamente a los Estados Unidos. La serie de fotografías finales y la canción de Bowie así parecen indicarlo.Me parece un desatino brutal transformar un mensaje aplicable de forma universal para restringirlo a alguien que nos es particularmente antipático. Trier ya lo había hecho en Dancer in the dark, pero en esa ocasión el mensaje parecía menos antiamericano, más cinematográfico, quizás. Pero en esta ocasión los títulos finales de la película carecen de sentido dentro del conjunto. Un escupitajo de realidad totalmente fuera de contexto.

Jóvenes americanos

Dogville